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Nuevo caso de contaminación por transgénicos en Albacete
30/10/2007

Greenpeace, la certificadora Sohiscert, la Asociación de Operadores en Agricultura Ecológica de Albacete, la Asociación de Consumidores y Usuarios Ecológicos La Tierrallana y la empresa Panadería Rincón del Segura han denunciado hoy un nuevo caso de contaminación de un maíz ecológico por maíces transgénicos.

El maíz ecológico, proveniente de la finca Casa de la Balsa (término municipal de Albacete), se cultivó expresamente para abastecer a la empresa Panadería Rincón del Segura, ubicada en Villares (Albacete), que se dedica a la producción y compra de cereales para su transformación en harinas y elaboración de productos de panadería ecológica para su distribución a nivel nacional.

“Este nuevo caso, que viene a sumarse a la larga lista de contaminaciones de los últimos años, es especialmente significativo dado que el término de Albacete ha sido declarado Zona Libre de Transgénicos”, ha declarado Juan-Felipe Carrasco, responsable de la campaña contra los transgénicos de Greenpeace.

La contaminación del maíz ha sido detectada por la certificadora Sohiscert tras los análisis de las muestras recogidas en una de sus inspecciones periódicas en Rincón del Segura. Como consecuencia se ha retirado a la productora ecológica la certificación para el maíz contaminado y sus derivados, paralizando la distribución de estos productos y devolviéndolos al agricultor. Hay que resaltar que se ha analizado la semilla utilizada por el agricultor, no habiendo encontrado en ella contaminación alguna, por lo que es evidente que la contaminación llegó durante el cultivo.

“Cumplimos una estricta normativa con multitud de trámites administrativos para llevar a cabo nuestro trabajo, mientras las empresas y productores de transgénicos gozan de un vacío legal y administrativo que les permite contaminar nuestros campos y alimentos sin ningún coste”, ha añadido Eduardo Merello, gerente de Sohiscert.

Esta contaminación genera graves daños. Por una parte, el agricultor pierde el valor añadido de su cultivo por ser ecológico. Además, paga las diferentes analíticas efectuadas para intentar localizar el foco de contaminación, retira el maíz contaminado y vuelve a transportarlo y se enfrenta a la incertidumbre sobre futuras cosechas por posibles nuevas contaminaciones. Por otra parte, la empresa Rincón del Segura asume daños económicos y de imagen al no poder cumplir con sus clientes, ya que compró a este agricultor la totalidad del maíz que necesitaba, y asume las mismas incertidumbres comerciales.

“Es dramático que en un país democrático sean las víctimas de la contaminación quienes paguen las consecuencias de una situación provocada por una empresa multinacional cuyo único objetivo es eliminar cualquier tipo de alternativa no transgénica a la producción de alimentos”, ha declarado Jose-Luis Sánchez, Secretario de Rincón del Segura y Vocal de la Asociación de Operadores.

Los agricultores, elaboradores y consumidores de alimentos ecológicos afirman sentirse desamparados y en injusta desigualdad de condiciones. “Las instituciones europeas y el Gobierno español no deberían poner en riesgo la salud pública y la protección del medio ambiente para promover los intereses de unas pocas multinacionales agroquímicas frente al interés general de quienes quieren consumir sin dañar el medio ambiente”, ha afirmado Fernando Llobell, presidente de La Tierrallana.

Las organizaciones firmantes han solicitado a los organismos públicos y a los responsables políticos de Agricultura y Medio Ambiente que realicen un estudio en profundidad de este caso para determinar responsabilidades y aplicar el criterio de “quien contamina paga”.

“Ya es hora de que la administración regional y nacional aplique las normas de la UE, facilitando el acceso público a los datos de distribución y ubicación territorial de las siembras con material transgénico”, ha afirmado Juan-Felipe Carrasco. “En tanto en cuanto no se den las mínimas garantías para producir sin contaminación genética, es urgente una moratoria sobre estos peligrosos cultivos y una retirada de las más de 50 variedades de maíz transgénico autorizadas por el Gobierno actual”, ha añadido.

Mientras países como Francia se están planteando vetar el uso de cultivos transgénicos, reconociendo que su diseminación no se puede controlar y que no se quiere asumir ningún riesgo, España los sigue cultivando cada vez más.



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