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Noticias de yihadismo

23-04-2022 | Fuente: abc.es
Matanza de Daesh en un mezquita sufí de Afganistán, tras varios ataques a objetivos chiíes
En pleno mes sagrado del ayuno musulmán, el yihadismo más radical no descansa en Afganistán, y ayer llevó a cabo un brutal atentado con explosivos contra una mezquita de la secta sufí en la ciudad norteña de Kunduz. El balance provisional es de 33 muertos, entre ellos varios niños. Aunque aún no ha sido reivindicado, el ataque lleva la marca de la filial afgana de Estado Islámico (Daesh). Este grupo suní se adjudicó varios ataques este mes contra otros objetivos de minorías musulmanas que considera 'heréticas'. Los más salvajes fueron el ataque a una escuela chií de las afueras de la capital, y esta misma semana un atentado también con explosivos contra una mezquita chií en Mazar-i-Sharif. Los chiíes afganos, de la etnia Hazara, constituyen en torno al 20 por ciento de los 38 millones de ciudadanos del país, y han sido tradicionalmente perseguidos y discriminados por el resto, que profesa la corriente suní, la mayoritaria en el islam. Los ataques, tanto de Daesh como del movimiento integrista talibán, proceden no solo de la 'obligación' que sienten los islamistas de combatir a los grupos musulmanes que consideran heréticos, sino también del sentimiento de revancha. Durante los veinte años de presencia de EE.UU. en Kabul, los Hazara chiíes ayudaron a los norteamericanos a tratar de instalar un régimen político y social más respetuoso de los derechos humanos. El ataque a la mezquita sufí de este viernes se enmarca en cambio en el rechazo visceral de los fundamentalistas suníes a esa corriente muy minoritaria en el islam, que trata de aplicar una religiosidad 'mística' y cultiva la devoción a los santos. La ola de ataques de Estado Islámico en Afganistán augura una nueva fase turbulenta en el país recuperado por los talibanes, por la rivalidad entre dos movimientos yihadistas -uno de carácter nacional y otro que aspira a ser global- que se presentan como la quintaesencia del islam radical.
05-04-2022 | Fuente: abc.es
Alemania denuncia que mercenarios rusos del Grupo Wagner habrían cometido matanzas de civiles en Mali
Alemania ha pedido a Mali que abra una investigación independiente sobre una posible matanza de civiles en ese país africano, con la participación de tropas rusas llegadas en los últimos meses en ayuda del régimen militar. Llueve sobre mojado. El pasado 21 de enero fuentes de Naciones Unidas filtraron a las agencias internacionales que han abierto una investigación sobre una supuesta matanza de civiles en la República Centroafricana, a mediados de ese mes, en una operación conjunta de militares locales con mercenarios rusos de la unidad Wagner. Moscú niega que este grupo paramilitar de elite tenga vínculos oficiales con el Ejército ruso, punto en el que discrepa con todas las capitales occidentales. El comunicado del Ministerio de Exteriores alemán afirma que el informe oficial de Mali sobre una reciente operación "saldada con la muerte de 200 yihadistas" no menciona víctimas civiles. No obstante, Berlín tiene información de oenegés en el terreno que denuncian la muerte de muchos civiles no islamistas. Alemania participa en la misión de la UE en Mali, y -tras la salida inopinada de las tropas francesas- es la segunda fuerza militar más numerosa con 350 soldados, después de la española, que cuenta con unos 500. La relación de la Junta militar de Mali con las capitales europeas se ha enrarecido tras el retraso 'sine die' de las elecciones previstas para finales del pasado mes de febrero. En diciembre, la situación entró en una fase ya crítica tras la decisión de la exmetrópoli, Francia, de retirar todas sus tropas de Mali, a raíz de las protestas populares -instigadas por el régimen- que veían en su presencia una "agenda oculta" de París, y no la mera lucha contra los movimientos yihadistas. La Unión Europea mantiene no obstante su decisión de mantener la misión militar tanto en Mali como en otros países de la región, dada la extensión de los grupos armados islamistas en todo el área del Sahel. El yihadismo tiene especial eco en esa amplia región -que comprende Mali, Mauritania, Níger, Burkina Fasso y el Chad- como consecuencia de la crisis económica, el subdesarrollo, y la actuación arbitraria de los gobiernos vinculados al ejército o a los clanes. Tras la retirada de las tropas francesas, el régimen militar de Mali pidió ayuda a Putin, que desde hace tiempo se muestra especialmente interesado en ocupar el puesto que dejan vacío los occidentales en el Sahel. Europa y Estados Unidos no van más allá de ofrecer formación y cooperación militar en la lucha contra los rebeldes, pero los rusos no tienen ni los medios ni la voluntad para ofrecer tampoco más. El pasado mes de ener0, el jefe del comando para Africa del Ejército norteamericano, el general Stephen Townsend, denunció en 'The Voice of America' la llegada de centenares de militares rusos de Wagner a la capital de Mali, pese a los esfuerzos de Moscú por negar su presencia en el Sahel.
07-03-2022 | Fuente: abc.es
Francia elimina a un destacado terrorista de Al Qaida en Mali
Un comando de la operación ?Barkhan? ha abatido en el norte de Malí al coordinador financiero y logístico del grupo yihadista Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI), cuando los mercenarios de la ?empresa? rusa Wagner se han consolidado como guardia pretoriana del gobierno de Bamako, la capital, al sur de un Estado que se ha convertido en un pudridero militar, étnico y terrorista. La Junta militar que gobierna Malí desde el verano de 2021 pidió a Francia en febrero la retirada «inmediata» de los 5.000 soldados franceses estacionados en su territorio desde 2014. Iniciada la lenta, compleja y peligrosa retirada, los comandos franceses siguen su lucha contra la tela de araña de organizaciones terroristas islámicas que operan en Malí, sus estados vecinos y buena parte de la gigantesca franja desértica de Sahel. Estrategia militar La noche del 25 al 26 de febrero, una semana después del inicio de la muy lenta retirada de las fuerzas de ?Barkhan?, un comando francés, con apoyo logístico de drones y helicópteros, abatió a un dirigente histórico de AQMI, el yihadista argelino Yahia Djouadi, alias Abou Ammar al Jazair. En París, el Ministerio de la Defensa y los Ejércitos dio la noticia de la muerte del terrorista islámico a última hora de la mañana del lunes, con este comentario: «En el plano militar, la neutralización confirma la eficacia de la estrategia militar de la fuerza ?Barkhan?. Se trata de un cuadro histórico de varias organizaciones terroristas islámicas». Dicho de otro modo: Francia estima que la lucha contra el yihadismo, en África, a las puertas el Magreb y el Mediterráneo, sigue siendo una necesidad militar imperiosa. La personalidad de Abou Ammar al Jazair ilustra. por sí sola, las metamorfosis y amenazas más inmediatas de los terrorismos islámicos que operan en Sahel y todo el Magreb, en la costa sur del Mediterráneo, a pocas horas de todos los puertos europeos, de Atenas a Algeciras, pasando por Nápoles, Marsella y Barcelona. El yihadista nacido en Argelia se inició a finales del siglo pasado en la «lucha» contra Francia formando parte del Grupo Islámico Armado (GIA), para integrarse durante los últimos veinte años en sucesivos grupúsculos, entre Argelia y el corazón de Sahel, en Malí. Al servicio de sucesivos emires y dirigentes de varios grupúsculos yihadistas, Abou Ammar al Jazair participó en atentados que se cobraron numerosas víctimas en África, intentando favorecer la expansión hacia el norte, hacia Argelia, Túnez y Marruecos, de sus proyectos subversivos. La operación ?Barkhan? y sus 5.000 soldados -franceses, con apoyo de varios aliados europeos, entre los que se encuentra España- tenía por objeto combatir la expansión hacia el norte de las bandas yihadistas africanas. Exigiendo la retirada inmediata de esos soldados, estacionados en su territorio, los militares golpistas que tienen el poder en Bamako, la capital de Malí, ofrecieron un «respiro» a varias bandas yihadistas, amenazantes para la seguridad regional. La neutralización del yihadista nacido en Argelia es percibida en París como un triunfo táctico, confirmando el nuevo rostro que tiene la amenaza terrorista islámica. Mercenarios rusos Emmanuel Macron anunció en su día que la retirada de las tropas de ?Barkhan? debe prolongarse durante varios meses, para tomar posiciones al norte de Malí, primero, en Mauritania u otros países fronterizos, más adelante. La guerra yihadista y antiyihadista seguirá su propio curso, cuando los mercenarios rusos de ?Wagner?, propiedad de un «empresario» amigo de Vladimir Putin, se han convertido en una fuerza de presión e influencia. Oficialmente, los mercenarios rusos solo son una suerte de la guardia pretoriana de Assimi Goita, el coronel del Ejército de Tierra maliense que asumió el poder, tras el golpe de Estado, como líder de un Comité Nacional para la Salvación del Pueblo (CNSP). Esa función policial ofrece a Putin una baza importante: los mercenarios rusos pueden favorecer, en todo momento, maniobras y acciones que el dirigente ruso crea deseables para mover sus peones en el corazón del continente africano.
19-02-2022 | Fuente: abc.es
Mali pide la retirada «inmediata» de los soldados franceses de su territorio
Mali pide a Francia la retirada «inmediata» de los 5.000 soldados estacionados en su territorio, denunciando una «violación flagrante» de los acuerdos entre ambos Estados y abriendo un nuevo frente de crisis. Francia y sus aliados europeos y africanos anunciaron el jueves la «retirada» escalonada de los soldados que han realizado, durante ocho años, misiones de lucha contra el yihadismo terrorista y apoyo a la integridad de varios Estados africanos de la región sahariana de Sahel. El presidente Emmanuel Macron anunció una retirada escalonada y un repliegue estratégico a otras posiciones regionales. Operación que se prolongaría durante cuatro y seis meses. La junta militar que dio un golpe de Estado el verano del 2020, denuncia ese repliegue, exigiendo una retirada «inmediata». Assimi Goita, el coronel del Ejército de Tierra maliense que asumió el poder, tras el golpe de Estado, como líder de un Comité Nacional para la Salvación del Pueblo (CNSP), cuenta con el apoyo personal de Vladimir Putin y los mercenarios rusos de la compañía Wagner, cuyo primer accionista es un amigo íntimo del presidente ruso. Desde hace semanas, las manifestaciones de protesta popular contra la presencia militar francesa están ilustradas con muchas banderolas que presentan a Putin como un amigo del militar golpista en el poder en Bamako, la capital de Mali. Problemas logísticos La exigencia de una retirada «inmediata» de la presencia militar francesa plantea temibles problemas logísticos en las dos grandes bases militares, en Gao y Gossi, en el corazón de Mali. Antigua ciudad imperial, capital de una región secesionista con flecos guerra civilistas, Gao ha sido el escenario de numerosos conflictos locales, regionales, étnicos, internacionalizados, con mucha frecuencia, desde hace años. Francia controla el aeropuerto de la ciudad. Pero una retirada apresurada puede estar acompañada de incidentes ensangrentados. Gossi, por su parte, es una ciudad altamente conflictiva igualmente, donde se han sucedido enfrentamientos militares, étnicos y de muy diversa naturaleza, desde hace décadas. Francia debe retirar «inmediatamente» entre 4.500 y 5.000 soldados, seis drones, seis caza bombarderos, veinte helicópteros, ocho aviones de transportes, 260 vehículos blindados, 350 vehículos logísticos, 170 vehículos blindados ligeros? estacionados en una región desértica, donde imponen su ley, armada, varios grupúsculos yihadistas, los mercenarios rusos y los militares golpistas. En Bamako, la capital maliense, los milicianos rusos trabajan oficiosamente como guardia pretoriana del Gobierno de la junta militar golpista. Detalle que inquieta a Francia y sus aliados europeos y africanos.
13-02-2022 | Fuente: abc.es
El Daesh busca un nuevo líder ante la ausencia de figuras conocidas en su núcleo duro
La muerte del líder de Estado Islámico, Abú Ibrahim al Hashimi al Quraishi, en una operación llevada a cabo por las fuerzas especiales de Estados Unidos en la provincia siria de Idlib (noroeste) ha sumido al grupo yihadista en un nuevo proceso para elegir quién encabezará la red, si bien la presión militar internacional ha reducido el círculo de confianza del que podría salir el nuevo dirigente terrorista. Al Hashimi, quien fue nombrado tras la muerte de octubre de 2019 del 'califa' del grupo, Abú Bakr al Bagdadi -también en una operación estadounidense en Idlib-, estuvo poco más de dos años al frente del grupo, periodo en el que no realizó declaraciones ni participó en actos públicos. La muerte de Al Hashimi genera dudas sobre la capacidad organizativa de Estado Islámico de reagruparse y nombrar a un líder con las credenciales militares y religiosas de los anteriores jefes de la organización terrorista, que tuvieron una especial relevancia en sus capacidades de reclutamiento. The Soufan Center, el centro de estudios que dirige el exagente del FBI Ali Soufan, ha resaltado que «ante el surgimiento de filiales descentralizadas y ramas en África y el sur de Asia, cómo afecte esto a sus operaciones e ideologías definirá la violencia y el conflicto en muchos lugares clave». «Si el núcleo de Estado Islámico es incapaz de comunicarse con sus ramas regionales, grupos como Estado Islámico en África Central (ISCA), Estado Islámico en África Occidental (ISWA) y Estado Islámico Provincia de Jorasán (ISKP) podrían centrarse más en asuntos locales o provinciales», ha explicado. En este sentido, Hassan Hassan, experto en yihadismo y redactor jefe de la revista 'New Lines Magazine', ha apuntado a la especial relevancia de la red conocida como 'qaradish', que aglutina al principal núcleo central y fundacional de Estado Islámico, socavada durante los últimos años de lucha antiterrorista. Hassan ha incidido en que el grupo ya nombró a Al Hashimi como líder a pesar de no pertenecer a una comunidad árabe --si bien Estado Islámico aseguró que pertenecía a la tribu de los coraichitas, de la que era miembro el profeta Mahoma--, en una muestra del debilitamiento de la organización. El nombramiento tuvo lugar después de que el principal favorito para suceder a Al Baghdadi, Abu Alí al Anbari, con una posición cimentada en el movimiento yihadista internacional, muriera en un bombardeo estadounidense en 2018, privando al 'califa' de su entonces mano derecha. Al Hashimi fue además diferente a los anteriores líderes debido a que era una figura prácticamente desconocida, en contraste con Al Baghdadi o el yihadista jordano Abú Musab al Zarqaui, quien fundó en 2004 Al Qaeda en Irak (AQI), del que surgiría posteriormente Estado Islámico. Pese a ello, Hassan ha destacado que los servicios de Inteligencia identificaron rápidamente a Al Hashimi y lograron determinar su paradero, a pesar de no haber aparecido en público o emitido comunicados, algo que habitualmente ha servido para localizar a los sospechosos. De esta forma, ha dicho que esto fue en parte posible «debido a que el número de candidatos para el Estado Islámico post-califato era extremadamente pequeño», antes de agregar que el hecho de que Al Bagdadi y Al Hashimi estuvieran escondidos en Siria demuestra su frágil situación en Irak. «Agreguen a estos problemas internos una serie de factores que benefician a sus enemigos, incluida la creciente fortaleza de grupos rivales y gobiernos y el debilitamiento del movimiento yihadista internacional, y queda claro que las posibilidades de recuperación de la organización son escasas», ha argüido. Los desafíos de un perfil bajo En esta línea, Colin Clarke, investigador de The Soufan Center, ha dicho que la muerte de Al Hashimi "es un varapalo para Estado Islámico, especialmente si su sustituto es otro operativo de bajo perfil, en lugar de una celebridad visible como Al Bagdadi". «Los líderes menos conocidos habitualmente tienen problemas para inspirar a nuevos seguidores y generar una propaganda que resuene entre potenciales reclutas», ha dicho, si bien ha advertido de que «dada la histórica resiliencia de Estado Islámico, hay pocos motivos para creer que el golpe será el mazazo mortal que Estados Unidos desea». Clarke, en un artículo de opinión publicado en 'Politico', ha resaltado que el reemplazo del líder de Estado Islámico «probablemente será un desafío» para el grupo, «especialmente si el nuevo líder no es alguien con una reputación que iguale a la de los anteriores cabecillas yihadistas, como Al Bagdadi y Al Zarqaui». «La sucesión presenta a los grupos terroristas con decisiones difíciles. Los líderes carismáticos y de alto perfil pueden ser efectivos a la hora de reclutar, pero también presentan objetivos atractivos a los esfuerzos antiterroristas», ha explicado. De esta forma, ha recordado que "las transiciones de liderazgo crean además el riesgo de diferencias entre comandantes destacados, abriendo tensiones de larga duración entre facciones que se encuentran en competencia interna", lo que abriría un nuevo frente de crisis para la organización yihadista. Por contra, Ben Connable ha apuntado en un artículo para el 'think tank' Atlantic Council que la muerte de Al Hashimi «es irrelevante para el esfuerzo general de disuadir y derrotar a los grupos terroristas en el mundo». «No ha dado un 'duro golpe' a Estado Islámico (..) porque no es el tipo de organización que pierde el paso cuando su líder es eliminado», ha argüido, antes de recordar que el grupo «funciona como una organización paraguas para muchas organizaciones regionales semiindependientes y a nivel de país». Reorganizaciones pasadas En este sentido, ha dicho que George W. Bush afirmó tras el anuncio de la muerte de Al Zarqaui que se trataba de «un duro golpe» para Al Qaida, mientras que sobre el terreno fue reemplazado y se registró un «significativo aumento» de la violencia en Irak. Connable ha sostenido que Donald Trump describió a Al Baghdadi como «el importante» tras su muerte, si bien Al Hashimi ha encabezado un proceso de reestructuración que llevó a la «expansión» del grupo yihadista a nivel mundial, con un mayor número de combatientes a finales de 2021 que en cualquier momento de las últimas dos décadas, según datos del Wilson Center. «En lugar de vacilar, Estado Islámico probablemente continuará recuperándose de su derrota operacional en Siria e Irak. Expandirá sus operaciones en Afganistán (..) y seguirá socavando la estabilidad con ataques terroristas en Europa, África Asia e incluso América Latina y Estados Unidos», ha reseñado. Pese a todo ello, la coalición internacional contra Estado Islámico ha resaltado esta semana que la muerte de Al Hashimi «es otro golpe significativo» a la organización y ha recalcado que «sigue comprometida a lograr una derrota duradera» del grupo. «Nosotros, como coalición, mantendremos la presión necesaria para evitar cualquier intento de Estado Islámico de reconstituirse o recuperar y mantener territorio en Siria e Irak», ha dicho, ante el repunte de los ataques del grupo durante los últimos meses, incluid el perpetrado en enero contra una cárcel en la provincia siria de Hasaka (noreste) gestionada por las autoridades kurdas, en un intento por tomar las instalaciones y liberar a miles de reos. Por ello, la coalición ha subrayado que «la derrota duradera de Estado Islámico en Siria e Irak» sigue siendo su «principal prioridad». «Seguiremos usando la experiencia de la coalición para hacer frente a las ramas y redes globales de Estado Islámico y llevando a sus miembros ante la justicia. Usaremos todas las herramientas disponibles en la búsqueda de este objetivo y no descansaremos hasta que Estado Islámico deje de constituir una amenaza», ha remachado.
01-02-2022 | Fuente: abc.es
Malí expulsa al embajador francés y abre la puerta a una mayor presencia rusa
La presencia de mercenarios rusos en Malí, Libia, Sudán, República Centro africana, Mozambique y Burkina Faso se ha convertido en un problema creciente para Francia y Europa, desestabilizando frágiles Estados en Sahel, la gigantesca región donde el islamismo es una amenaza para el Magreb y el Mediterráneo. En Bamako, la capital de Malí, la junta militar anunció la tarde del lunes la expulsión del embajador de Francia, en un plazo de setenta y dos horas. París se apresuró a 'llamar' a su embajador, protestando con energía contenida. Se trata del penúltimo choque diplomático entre Malí y Francia, desde el golpe de Estado del 2020, deteriorando la situación en un territorio donde más de 5.000 soldados franceses intentan combatir la amenaza terrorista islámica. Los militares que dieron el golpe de Estado se apresuraron a recurrir a los servicios oficiosos de los mercenarios rusos de la empresa Wagner, una compañía rusa especializada en servicios de seguridad controlada por un amigo íntimo de Vladimir Putin. La llegada de mercenarios rusos a Malí fue percibida como una amenaza creciente por Francia y los aliados europeos, presentes, en distinta medida, en la fuerza de intervención franco-europea en Sahel. La expulsión del embajador francés en Bamako es el penúltimo incidente bilateral. Los militares golpistas reaccionan con mucha violencia verbal contra las advertencias francesas en materia de seguridad nacional y regional. Advertencias acompañadas de un replanteamiento de la presencia militar en Sahel, presentada, desde hace años, como indispensable para contener la expansión del yihadismo islámico hacia el Magreb y el Mediterráneo. Se sospecha con fundamento que los mercenarios rusos también han desembarcado en Burkina Faso, tras el golpe de Estado del pasado 24 de enero. Los mismos mercenarios de la compañía privada Wagner hace años que están presentes en Libia, Sudán, Centro África, cumpliendo misiones muy diversas: del apoyo a facciones políticas próximas a los intereses rusos en la región, al abastecimiento en armas y 'servicios' a los gobiernos de turno, de una fragilidad inquietante. En ese marco, regional, africano, la crisis entre París y Bamako tiene una importancia particular. Antigua potencia colonial, Francia es la única potencia militar con una presencia significativa en la región estratégica de Sahel. Amenazadas las posiciones francesas, los mercenarios rusos son percibidos como peones de la estrategia rusa en África.
14-11-2021 | Fuente: abc.es
Francia, país occidental preferido por la yihad para atentar
Según la Fondation pour L?innovation Politique (Fondapol), Francia es el primer blanco occidental del yihadismo terrorista y la nación que ha sufrido más atentados desde hace varias décadas. Entre 1979 y 2021, Francia sufrió 82 atentados islamistas, una media de dos atentados por año, cobrándose un total de 330 muertes. La tendencia se agravó a partir de 2012, cuando diversos grupúsculos, bandas criminales y «lobos solitarios» cometieron 55 atentados. París, su periferia, su «banlieue» (suburbios) y su región, Isla de Francia, sufrieron el 70% de las sucesivas y ensangrentadas «olas» terroristas. Según Fondapol, Francia sufrió entre 1979 y 2021 el 90% de los atentados terroristas cometidos en Europa. El 49% de las víctimas europeas fueron francesas. 1979 está considerado históricamente como el año «bisagra» del crecimiento ensangrentado de la amenaza terrorista islámica, en Francia, Europa y el resto del mundo. Hasta entonces, el terrorismo tuvo otras «motivaciones», «revolucionarias» (comunistas), nacionalistas y separatistas. Tras la revolución islámica iraní (1979), liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, el yihadismo subversivo comenzó a convertirse en una amenaza global, cuyo primer aldabonazo fue el magnidicio del 11-S contra las Torres Gemelas de Nueva York. Francia se convirtió por las mismas fechas en el primer blanco europeo, occidental, de sucesivos grupúsculos, bandas y ?familias? yihadistas, que culminaron con la sucesión de atentados del 2015 (Charlie Hebdo, Bataclan), 2016 (Niza) y 2020 (Niza y periferia de París). Países árabes Desde hace veinte años, los países musulmanes fueron las primeras víctimas del 90% de los atentados islamistas cometidos en el mundo. Afganistán, Irak, Somalia, Nigeria, Pakistán, Siria, Argelia, Yemen, Egipto y las Filipinas son los países más afectados por la gangrena terrorista. Un portavoz de Fondapol comenta a ABC este proceso de este modo: «Cinco o seis millones de franceses son musulmanes y están muy divididos entre ellos. La propaganda islamista alimenta la vocación de muchos ?lobos solitarios?. Por otra parte, las intervenciones militares de Francia en Siria, Oriente Medio y Sahel atizan la hostilidad yihadista».
27-10-2021 | Fuente: abc.es
EE.UU. cree que Daesh puede atacar desde Afganistán en seis meses
El Pentágono está convencido que la filial del Estado Islámico en Afganistán podría rearmarse aprovechando los vacíos de poder en ese país y perpetrar atentados fuera de sus fronteras en apenas seis meses, si Estados Unidos no hace nada para remediarlo. Se trata de la admisión de una creciente amenaza agravada por la salida este verano de las tropas estadounidenses de ese país tras dos décadas de misión armada. Uno de los factores clave para la inteligencia militar norteamericana es que el Estado Islámico en Afganistán es enemigo jurado de los talibanes, que han tomado el poder, y rival de Al Qaida. Por eso, los mandos uniformados que testificaron el martes en una comisión del Senado dijeron que de momento el Estado Islámico, o Daesh, está centrado en «crear el caos» en Afganistán. Según dijo en su comparecencia Colin Kahl, subsecretario de Defensa, «es nuestra opinión que los talibanes y el Estado Islámico Jorasán [nombre dado a esa filial en la zona] son enemigos mortales. Aquí que los talibanes están motivados para perseguir al Estado Islámico. La posibilidad de que lleguen a lograrlo, creo, aun no es segura». La inteligencia militar estadounidense está convencida de que el Estado Islámico, casi destruido en Irak y Siria, puede resurgir en Afganistán tras la salida de las tropas aliadas, y perpetrar ataques contra Occidente en un periodo de entre seis y 12 meses. A Al Qaida, más debilitada aún, puede tomarle entre uno y dos años, si es que la guerra entre ambas facciones no altera esas estimaciones. Este último grupo terrorista ya planificó los atentadas terroristas del 11-S desde Afganistán, algo que precipitó la misión armada de EE.UU. y sus aliados que primero depuso a los talibanes y después se prolongó casi dos décadas. Cuando EE.UU. mató a su líder, Osama bin Laden, fue en Pakistán. La Administración Biden defiende que tiene el equipamiento necesario para diezmar a esos grupos terroristas utilizando únicamente ataques aéreos, en su mayoría con drones o aviones no tripulados. El gran problema desde el punto de vista de Washington, que preocupa especialmente a los senadores que convocaron a los funcionarios del Pentágono, es que EE.UU. ha dejado de tener bases aéreas en Afganistán o en sus países vecinos, lo que dificulta controlar los nuevos brotes de yihadismo. El subsecretario Kahl reveló que está habiendo contactos bastante avanzados con Uzbekistán y Tayikistán para abrir bases americanas o de uso compartido en ambos países, pero de momento no hay acuerdo alguno que anunciar. Lo más cerca que están los aviones de EE.UU. es en las bases de Catar o Bahrein, ambas a unos 2.000 kilómetros de distancia de Kabul. Ataques con drones Ya durante la presidencia de Barack Obama, de la que Biden fue vicepresidente, EE.UU. intensificó los ataques con drones en países en los que no tenía tropas sobre el terreno, especialmente en Yemen, donde destruyó a la filial local de Al Qaida, encabezada por el clérigo Anuar el Aulaki, quien en 2011 murió en un ataque con esos mismos aviones no tripulados. Donald Trump mantuvo esa táctica, que ahora hereda y refuerza Biden. La apresurada retirada de tropas ordenada de Joe Biden ha sido, desde el punto de vista estadounidense, un fracaso, y ha hecho desplomarse su popularidad, sobre todo después de que un ataque contra la evacuación en agosto matara a más de 60 civiles afganos y 13 uniformados estadounidenses. Biden ha defendido que los generales le aconsejaron consumar la evacuación de este modo, y le respaldaron en su decisión de no dejar unos cientos de uniformados sobre el terreno para labores de supervisión y entrenamiento.