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Noticias de xenofobia

13-10-2018 | Fuente: abc.es
Más de 240.000 personas se manifiestan en Berlín contra los partidos de derecha y la xenofobia
Los organizadores esperaban unos 40.000 asistentes. La manifestación contra el racismo y por una sociedad abierta, concebida como respuesta al ascenso del partido antieuropeo y antiextranjeros Alternativa para Alemania (AfD) terminó reuniendo ayer en Berlín a 242.000 personas, un éxito sin precedentes que puso en la calle un movimiento ciudadano transversal, por encima de partidos políticos e ideologías, dispuesto a demostrar que en Alemania son muchos más los que apuestan por la libertad y la tolerancia que los que proponen como receta social el cierre de fronteras. «Creo que es mi obligación como padre enseñar a mis hijos a colocarse del lado correcto», decía Alfred, arquitecto, con un hijo a hombros y otro en la sillita. «Mejor solidarios que sólidos arios», decía la pancarta que llevaba Monika, estudiante de Derecho de la Universidad Humbolt y que, como voluntaria, empujaba la silla de ruedas de Marie, una jubilada de 83 años que había salido de la residencia para asistir. «Esto ya sucedió una vez en Alemania y entonces no hicimos lo suficiente», alcanzaba a declarar Marie tras la pancarta de apertura: «Unteilbar (Indivisible). Por una sociedad abierta y libre: solidaridad en lugar de exclusión». En torno a los camiones que animaban la marcha con música techno y proclamas, varias asociaciones de gays y lesbianas coreaban «Resistencia, libertad». ?Es la manera que tenemos de decir que vamos a plantar resistencia a quienes desean devolver este país a posiciones nacionalistas. No querría tener que llegar al extremo de votar a Merkel, pero haré todo lo que sea necesario», explicaba Leon, pianista. «Queremos abrir los ojos a personas de buena fe que se están tragando eso de que cerrando las fronteras se terminarán los problemas», argumentaba Lydia, presidenta del APA de un colegio. Junto a pancartas enviando a la jubilación a los líderes de la CSU bávara, que este domingo se enfrentan a las urnas regionales en Baviera, ondeaban multitud de banderas de la UE. «Porque esta es la Alemania en la que queremos vivir», justificaba un grupo de alumnos de instituto, «qué habría sido de Alemania durante las últimas décadas si no hubiese pertenecido a la UE». «Porque es mentira que la culpa de todo sea de los refugiados», añadía otra de las chicas, «en nuestro colegio hay clases de integración y no es verdad que sean todos violadores. También hay muchos alemanes delincuentes». «Porque los cristianos creemos que todos somos hijos de Dios, independientemente de la nacionalidad que aparezca en nuestro pasaporte», defendía un sacerdote de San Clemens. Apoyaban la manifestación Amnistía Internacional, asociaciones de ayuda a refugiados, numerosos intelectuales y artistas, grupos vecinales y medioambientales, El ministro de Asuntos Exteriores, el socialdemócrata Heiko Maas, calificó de «extraordinario mensaje que tantas personas muestren una postura tan clara, que no nos dejamos dividir, y mucho menos por los populistas. Un nuevo nacionalismo no soluciona ni un solo problema».
11-10-2018 | Fuente: abc.es
«Merkel ha convertido a la CDU en un partido centrista»
Diez años después de la caída de Lehman Brothers, el historiador británico Adam Tooze (Londres, 1967) publica «Crash. Cómo una década de crisis económica ha cambiado el mundo» (Crítica, 2018), donde trata de explicar las causas y el origen de la crisis económica que estalló en 2008. Consciente del reto que supone estudiar un periodo histórico reciente, cuyas consecuencias todavía están en marcha y cuyo desenlace parece no haber llegado, Tooze concede una entrevista en ABC para explicar cómo Estados Unidos y la Unión Europea afrontaron el desafío al que se vieron abocados de manera muy distinta. Ha escrito un libro sobre la crisis económica que comenzó en 2008. Me imagino que como historiador es un reto estudiar un periodo tan reciente, cuyas consecuencias todavía no están claras. ¿Sabe lo que respondió un político chino cuando le preguntaron sobre la importancia de la Revolución Francesa? Que era demasiado pronto para conocerla. Fue un líder de la generación posterior a Mao. Hablando en serio, existe una diferencia de grado pero no de calidad en un estudio de este tipo, porque antes he trabajado sobre la Primera Guerra Mundial, Versalles y la Alemania nazi, pero incluso cuando trataba esos temas históricos más clásicos era muy consciente de que enmarcaba mi interpretación en mi condición contemporánea. Si se escribe la historia del poder estadounidense y sus consecuencias para el mundo, que es el tema de mis últimos tres libros, constantemente cambia la perspectiva con la que juzgamos. Para mí, una de las cosas más fascinantes de trabajar en este tema es que mi ocupación consiste en comprobar cómo ha cambiado la Historia. Coges los periódicos, y tienes que contestar a esa pregunta. Creo que todos los historiadores quieren escribir un libro como «Crash», porque es una prueba mental. Ahora que la prensa y su credibilidad están siendo tan cuestionadas, ¿cómo ha trabajado con las fuentes que provienen de medios de comunicación, de periódicos, imprecindibles en una obra de este tipo? Creo que el escepticismo que hay en el momento actual es un gesto para quitar a la prensa su naturaleza legítima, y hay que resistirse. No creo que la mayoría de las noticias sean inventadas o falsas ni que los periodistas se inventen cosas, aunque algunos sí lo hagan, desde luego. Lo que sí existen son las diferencias políticas, y la forma de abordar ese problema es familiar y clásica: hay que intentar ser lo más conscientes de nuestros propios sesgos, y a partir de ahí construir nuestra narrativa. Este libro es político. Yo soy un liberal de izquierdas y no espero que los conservadores estén de acuerdo con él, o que aprecien sus interpretaciones. Pero uso una base de fuentes abierta, y si existen diferencias podemos debatir, discutir y decidir si estamos de acuerdo en algo o no. Lo que no puedo hacer es poner mi sesgo político de lado antes de escribir, y de hecho no creo que eso pueda hacerse. El libro explica cómo Estados Unidos y la Unión Europea gesionaron de forma diferente la crisis económica. Las diferencias, en principio, no son tan evidentes, pero los caminos luego se bifurcan. La crisis, al principio, se ve impulsada por los mismos problemas: en 2007, en 2008, hay una deflación de las burbujas inmobiliarias a ambos lados del Atlántico, y se desvela una interconexión peligrosa entre los bancos de las dos orillas. Hacia 2009, se puede decir en términos generales que las economías de Estados Unidos y la Unión Europea sufrieron una bajada y una subida igual, pero a partir de 2010 se observan las diferencias. Lo que ocurre en Europa es que los problemas fiscales de Grecia se convierten en una batalla respecto a la constitución fiscal de la zona euro. Lo que hicieron los estadounidenses, y no los europeos, fue conectar a todos sus bancos, tanto a los fuertes como a los débiles, y recapitalizarlos con dinero del Gobierno. Los bancos odian el dinero de esa procedencia. Los que tomaron esa decisión fueron estadounidenses conservadores, centristas y tecnócratas. La idea era que si se forzaba la inyección de dinero, los bancos se iban a apresurar a quitárselo de encima para recibir, lo antes posible, capital privado. Resultó ser un sistema muy eficaz para reestructurar el sistema bancario. Lo que ocurrió en Europa es que no emergió ningún modelo de este tipo. Además, en relación con los gobiernos nacionales, los bancos europeos son mucho más grandes que los de Estados Unidos, así que ni siquiera Alemania pudo obligar al Deutsche Bank a aceptar dinero del Gobierno. Las diferencias entre los conservadores europeos y los estadounidenses, que propusieron soluciones distintas frente a la crisis, ¿son ideológicas o responden a algún tipo de experiencia histórica? Es una pregunta muy interesante. La Historia importa en el caso de la Unión Europea, porque la forma en que Bruselas aborda la crisis se debe, de manera importante, al fracaso del proyecto de Constitución Europea en 2005. Con lo estipulado en el Tratado de Lisboa, que la sustituye, la solución no va a ser federal, como en Estados Unidos. No creo que sea una cuestión de la izquierda o de la derecha. Si la Constitución hubiera salido adelante, los demócratas cristianos de Alemania podrían haber propuesto algo, pero lo que dijeron en 2009 es que no podían actuar a nivel europeo sin ningún tipo de legitimidad institucional. Los conservadores centristas estadounidenses, que tienen mucho en común con los liberales centristas, pensaron la crisis como una situación de emergencia. Eran economistas de mercado que sabían, por la Historia, que, cuando golpea una crisis, para salvar al capitalismo el Gobierno tiene que actuar. Además, hay que tener en cuenta que Estados Unidos está en guerra; desde el 11-S, cuando los estadounidenses piensan en imágenes positivas de acción gubernamental, piensan en términos militares. Así que la crisis económica la ven como una de seguridad nacional, y por eso a los conservadores no les importa apoyar al Estado. Entonces, según señala, la Unión Europea gestionó peor la crisis por su falta de integración, y eso, precisamente, parece haber conducido a un aumento del nacionalismo en los estados. Una explicación sencilla, un poco cruda, pero creo que válida, es decir que los argumentos sobre el reparto del pastel, si el pastel no aumenta de tamaño, se vuelven más violentos. El problema es que para hacer que el pastel vuelva a crecer, necesitamos un juego de suma positiva. Grecia, curiosamente, fue uno de los pocos países de la Unión Europea donde la reacción política a la crisis aupó a un partido político populista de izquierdas. ¿Por qué? Cuando hay un terremoto, el efecto que tiene depende de tu distancia del epicentro, de la arquitectura, de lo bien que estén mantenidos los edificios, y de si hay una planta nuclear justo al lado. El choque, por tanto, puede tener consecuencias políticas distintas en función de las estructuras políticas, de cómo reaccionan las personas, y de si hay una olla a presión justo al lado a punto de estallar. En Grecia, la izquierda tiene una historia muy potente vinculada al nacionalismo, y Syriza, aunque es un partido progresista de izquierdas, sin duda es nacionalista. Lo primero que hizo Tsipras cuando fue elegido fue ir al monumento de la Gran Resistencia, porque, en la tradición de su partido, esa es la Grecia que representa. Merkel ha distorsionado por completo el sistema alemán, convirtiendo la CDU en un partido centrista. Esa decisión dejó un vacío en la derecha, donde surge Alternativa para Alemania, que es un producto de la crisis de la zona euro reforzado por la crisis de los inmigrantes de Siria. Todo el mundo tuvo que reaccionar al choque de alguna forma. Usted ha estudiado otros periodos de crisis en el siglo XX. No sé si se siente tentado a establecer paralelismos entre ellos y el actual, o si le parece desacertado. He tenido que escribir este libro para explicar que la crisis económica estadounidense fue una crisis europea, y que la Reserva Federal rescató a todos los bancos europeos. Que yo sepa, este relato no se ha publicado en francés, alemán o español, y tampoco en inglés. Todo el mundo habla del Plan Marshall, pero no de esto. Sin embargo, creo que su pregunta se refiere al populismo. Soy bastante escéptico cuando se intentan establecer paralelismos muy fuertes. La política extremista en los años 20, 30, fue una política de autosacrificio, con gente uniformada que celebraba la muerte o la muerte heroica. Amanecer Dorado, en Grecia, es lo más similar. Pero eso es ahora es minoritario, y, en realidad, siempre lo fue; la diferencia es que, en la matriz cultural de la primera mitad del siglo, era posible trasladar algo que estaba en los márgenes hacia la normalidad, porque, por ejemplo, ser un hombre durante ese tiempo significaba imaginarse a sí mismo como un soldado, de derechas o de izquierdas. Por suerte, creo que esto ha desaparecido de nuestro sistema político. El racismo sigue siendo perjudicial y existe mucha violencia, pero no tiene ese imaginario épico para insertarse en el discurso. Ha explicado que Estados Unidos gestionó de forma acertada la crisis económica. ¿Cómo se explica, entonces, la victoria de Trump? Bannon decía que todo había cambiado a partir de 2008. Es una de las grandes ironías. El precio que pagaron los centristas, de izquierdas y derechas, por gestionar la crisis, fue la pérdida de legitimidad. Ahí está la aparición del Tea Party o Sanders. Es dramático. Ahora, entre los jóvenes de Estados Unidos, es totalmente normal decir que se es socialista, algo impensable hace veinte años. Trump no ganó las elecciones por una mayoría de votos; ganó en tres o cuatro estados clave. Además, el discurso del Partido Republicano, desde los años 70, para las bases electorales, ha abierto la puerta a Trump. Es un discurso vinculado con la raza, con la xenofobia. En su libro, indica que los votantes de Trump tienen ingresos superiores a los del estadounidense promedio. No parece que hubiera, por tanto, motivación económica, malestar económico, para apoyarle. ¿Fue, entonces, cultural? Porque también señala que muchos varones blancos, sin formación universitaria, pasaron a votar republicano en las presidenciales de 2016. En Estados Unidos, los negros y los latinos suelen votar demócrata, y el sueldo promedio del votante demócrata siempre va a ser un poco más bajo. En la clase obrera que ha votado a Trump existe un estrés, una ansiedad, que no se debe a la globalizacón en general, o a la desigualdad, sino a cuestiones vinculadas al tema de la raza. Hoy en día, cuando se habla de proteccionismo, la imagen del obrero que hay que proteger es siempre la de un tipo blanco, aunque un número importante de obreros en la construcción o en las fábricas son mujeres, negros y latinos. Trump es la política de la fantasía. Su política comercial favorece al acero y al aluminio. Existen mil veces más obreros que usan el acero y el aluminio que los que lo hacen. Si te interesa la clase obrera de los Estados Unidos, no hay que poner impuestos a su materia prima, sino a su competencia, a los productos finales, a los coches. Por último, en «Crash» señala que una de las causas de la derrota de los demócratas en 2016 fue tratar con condescendencia a Trump. ¿Qué críticas debe hacerse el Partido Demócrata si quiere volver de nuevo a la Casa Blanca? Desconozco la respuesta (se ríe). Si los demócratas buscaban un candidato que desilusionara a la gente a la que le había gustado Obama, Clinton era la persona apropiada. Era más impopular que él en 2008.
07-10-2018 | Fuente: abc.es
Un día en primera línea de la crisis migratoria en EE.UU.
Una nube de polvo se levanta cuando Rubén García da un portazo desde dentro de su ranchera, en otra calurosa mañana en El Paso, Texas. Con una mano en el volante, enseña un SMS que le acaba de mandar la Policía de Aduanas y Fronteras (ICE, en sus siglas en inglés), la «migra», como la conocen los hispanos. El mensaje informa de la puesta en libertad de más de 150 inmigrantes indocumentados, adultos y menores, pertenecientes a unas 75 familias, arrestados por la Patrulla de Fronteras tras cruzar el Río Grande y que han pasado varios días en centros de detención. «Díganos cómo proceder», cierra la misiva. «¿No es de locos?», suelta García. La «migra» le pregunta a él, el director de un centro de apoyo al inmigrante, Annunciation House, qué hacer con esas personas. El mensaje es solo un ejemplo de la crisis migratoria en la frontera Sur de EE.UU., con una política agresiva contra los inmigrantes que las propias autoridades no pueden acometer, azuzada desde Washington, que deja un rastro de drama humano y que es imposible saber a quién beneficia. «Es una situación desbordada», dice, mientras ataca una bolsa de cacahuetes y teclea las instrucciones a la «migra»: veinte familias a esta parroquia, treinta familias a aquella residencia de ancianos, otros veinte a esa otra iglesia? Después del escándalo de la aplicación de la política de «tolerancia cero» a familias de inmigrantes, ordenada por Donald Trump y que implicaba la separación entre adultos y menores, el presidente de EE.UU. tuvo que dar marcha atrás. Pero los arrestos en la frontera continúan y ahora los centros de detención de familias de El Paso están saturados y, de manera transitoria, se ven obligados a soltarlos mientras esperan su procesamiento por parte de un juzgado de inmigración. Rubén García, en otro de los espacios del centro de apoyo al inmigrante, Annunciation House - J.A. «Nos los mandan a nosotros porque no tienen lugar. La «migra» no quiere soltar gente a la calle», explica García, que lleva dedicado a apoyar a inmigrantes en situación difícil desde 1978, pero nunca se había enfrentado a una crisis como la que se vive en los últimos cinco años y, sobre todo, la que se desató a comienzos de verano con la aplicación de la «tolerancia cero» de Trump. En el caso de un adulto, puede estar detenido de forma indefinida hasta que le toque el turno de ver al juez de inmigración. Pero no es así para familias con menores, para los que la ley establece estándares más exigentes. «Hay gente incluso que pasa directamente andando el puente entre El Paso y Ciudad Juárez», dice en referencia la ciudad mexicana al otro lado del Río del Grande, mucho mayor que su hermana tejana y uno de los lugares más peligrosos del mundo, donde se mezclan narcos, traficantes de personas y vendedores de souvenirs. Los puentes entre ambas ciudades son el segundo paso fronterizo terrestre más transitado de EE.UU., después del que une a Tijuana y San Diego, en California. «Se entregan en el puente porque saben que la ?migra? no tiene ahora dónde encerrarlos», explica, y pone la ranchera rumbo a una de las parroquias donde llegarán por la tarde los inmigrantes. Centros abarrotados El abarrotamiento de los centros para familias es solo un ejemplo de la crisis migratoria. A poco más de media hora de El Paso, las autoridades federales han levantado un centro de detención de menores con casi 4.000 camas. Conocido como Tornillo, por la localidad fronteriza en la que se encuentra, se ha convertido en un infame campo de concentración de niños, que en las últimas semanas han sido enviados hasta aquí de forma masiva, por la noche y en autobuses después de viajes de varios días desde todos los puntos de EE.UU. «Anoche llegaron trescientos», cuenta García. Se supone que estos son centros transitorios, por los que pasan los menores hasta que encuentran un sponsor -un familiar o un amigo de la familia- que se haga cargo de ellos hasta que tengan su citación con el juez. Pero las autoridades ya reconocen que pasan detenidos de media casi dos meses y para muchos se puede alargar más. Un reciente informe oficial, elaborado por el Inspector General del Departamento de Seguridad Interior, reconocía que la Administración Trump no estaba preparada para implementar la «tolerancia cero». El ansia por mostrar «mano dura» fue contraproducente: no paró la llegada de indocumentados, solo empeoró sus condiciones de detención y forzó a las autoridades a incumplir la normativa de detención de menores. García insiste en que es imposible separar el clima político de EE.UU. de la situación que se vive hoy en la frontera. Trump ha azuzado el racismo latente en la sociedad estadounidense para auparse al poder, con el inmigrante no blanco como cabeza de turco. «Él no puede decir que no los quiere porque tienen la piel color café. Así que dice que son narcos, criminales o violadores». Hoy, sin embargo, la preocupación de García no está en los problemas estructurales de la crisis migratoria: su objetivo inmediato es preparar alojamiento y víveres para dos o tres días para los inmigrantes soltados por el ICE mientras consiguen que un familiar o amigo les pague un billete de autobús para quedarse de forma transitoria con ellos. Jueces muy duros «Se busca que se marchen de El Paso con un familiar. Este no es un buen sitio para los procesos de inmigración», dice Brinkley Johnson, una voluntaria llegada desde California. «En El Paso los jueces son muy duros». Lo confirma Linda Rivas, una abogada que da servicios legales a inmigrantes desde el centro Las Américas. «El porcentaje de personas que consigue el asilo en El Paso es muy bajo. Menos del 7% gana su caso aquí. Muchas veces no tienen la oportunidad de salir a otro sitio. En el último año, no han concedido ni una sola libertad provisional», explica. «Es una farsa del debido procedimiento legal», dice un abogado criminalista de El Paso, que prefiere mantenerse en el anonimato, sobre el tratamiento judicial a los inmigrantes indocumentados ante las violaciones de los derechos de estas personas, a las que se somete a juicios rápidos, sin posibilidad de articular una defensa. «Con la llegada del fiscal general Jeff Sessions, se está minando la independencia de los jueces en los casos migratorios», añade Rivas. «Se impone cuotas a los jueces, se les rebajan los tiempos procesales, se les quita potestad de cerrar casos». Nadie tiene la solución de un problema complejo, que va más allá de las fronteras de EE.UU. y en el se mezclan la violencia, la desigualdad, el ansia de supervivencia, la xenofobia y los intereses políticos. Pero García, mientras se afana por convencer a la dueña de un motel que aloje a treinta familias un par de noches, tiene claras tres cosas: cuando las autoridades eran más laxas, «los inmigrantes se iban al interior y ni nos enterábamos, se ponían a trabajar y se convertían en miembros productivos de la sociedad»; el inmigrante «no le quita trabajo a nadie», porque los estadounidenses no quieren partirse el espinazo recogiendo fresa en California; y si hay una víctima de todo esto son las personas que él trata de ayudar cada día, maltratadas por traficantes de personas antes de cruzar la frontera y por las autoridades después.
01-10-2018 | Fuente: elpais.com
La xenofobia en Alemania se topa con la Iglesia
Parroquias de toda Alemania acogen a migrantes y desafían la política de asilo del Estado
28-09-2018 | Fuente: elpais.com
Sánchez reivindica en la ONU que España ?no se ha dejado radicalizar por la xenofobia?
El presidente defiende la inmigración y la pluralidad frente a ?narrativas excluyentes?
21-09-2018 | Fuente: abc.es
Brexit en el alero
La cumbre informal de Salzburgo revela dos visiones contrapuestas de la Unión. La primera es la de aquellos que defienden la Europa organizada y los valores de las democracias liberales. A su cabeza, Angela Merkel y Emmanuel Macron, una pareja todavía poco hecha. Ambos entienden el proceso de integración recorrido como un camino exitoso, inspirado en un ideal de civilización cosmopolita. Es la lección aprendida después de bajar a los infiernos en las dos guerras mundiales. Enfrente se han situado los gobiernos que desentierran el nacionalismo y la xenofobia, como ocurre en el caso de Hungría, Polonia e Italia. Los dos primeros además se alejan de las exigencias básicas de respeto al Estado de Derecho en los Estados miembros, al debilitar la independencia judicial o atacar la libertad de expresión. Este choque entre socios hace inútil plantear grandes acuerdos a nueve meses de las elecciones europeas. Las cuestiones pendientes en las que la Unión se juega su futuro, como el gobierno del euro, la seguridad o la inmigración tendrán que esperar. En Salzburgo solo se atisban las bases de un posible pacto sobre el Brexit, un caso de desintegración que reclama una solución pragmática. Pero la partitura ensayada en la ciudad de Mozart es lo más opuesto a su música clara y redonda y aún no suma a todos. Con el fin de evitar una frontera en el Mar del Norte, se podría ensayar una fórmula ambigua e intermedia para garantizar la libre circulación de mercancías dentro de la isla de Irlanda. En el fondo es una manera de aparcar el problema y resolverlo con los británicos fuera, protegidos por un período transitorio. Los negociadores esperarán a la conferencia del partido conservador a principios de octubre antes de intentar cualquier transacción. Si lo consiguen, Theresa May sería reconocida entre los suyos por la tenacidad con la que ha doblegado tanto a los tories euroescépticos como a los europeístas. Sería una naufraga que toca tierra, aferrada al doble argumento de cumplir el mandato del referéndum e impedir la llegada al poder de un laborismo muy escorado a la izquierda.
12-09-2018 | Fuente: abc.es
AfD dinamita el sobre los presupuestos en Alemania
punto de arrancar ayer el debate presupuestario en el Bundestag, el partido nacional-populista AfD anunciaba en rueda de prensa una moción para incluir hoy miércoles, jornada de la intervención de Merkel, una pregunta sobre «el daño que la figura de Frank-Walter Steinmeier está haciendo a la Presidencia de Alemania». Los copresidentes de AfD, Alexander Gauland y Alice Weidel, arremetieron contra Steinmeier por haber apoyado públicamente el concierto contra la xenofobia y la violencia celebrado el 3 de septiembre en Chemnitz, después de que ultras y hooligans marchasen por esta ciudad exhibiendo símbolos de apología del nazismo, por «violar la neutralidad del cargo». Con igual dureza criticaron al diario «Bild», celebrando que «hayan caído ya un par de directores» por defender a los refugiados y a la Iglesia, a la que Weidel comparó con la del Tercer Reich. Reconocieron contactos con el jefe de la inteligencia alemana de Interior, Hans Georg Maassen, que el día anterior había puesto en duda la «caza al extranjero» en Chemnitz y la autenticidad de los vídeos que la denunciaban, pero que después se ha retractado. Se distanciaron de los elementos neonazis de Pegida, pero defendieron la «revolución pacífica» que está teniendo lugar en Alemania, que dará lugar en su opinión a un «cambio de sistema». «Naturalmente estaremos encantados cuando la señora Merkel caiga, pero no será suficiente con eso», dijo Gauland. Brotes xenófobos Ya en la sala de plenos, el presidente del Bundestag Wolfgang Schäuble (CDU), con todo su peso político, sentó la base de un debate inevitablemente marchado por los brotes xenófobos que sufre Alemania. «Las personas que temen los rápidos y numerosos cambios, la ola migratoria, hay que tomarlas tan en serio como a las que han crecido en un ambiente de solidaridad global», dijo. Y añadió: «No cualquier grito en una manifestación desacredita a los participantes. Pero la no violencia está por encima de cualquier disenso. La xenofobia, el saludo hitleriano, la parafernalia nazi, los ataques a establecimientos judíos no merecen comprensivo ni indulgencia». La policía alemana abrió ayer una decena de investigaciones contra manifestantes que exhibieron símbolos anticonstitucionales en las marchas ultraderechistas y mañana empezará el primer juicio en Chemnitz contra un hombre de 33 años acusado de haber hecho el saludo hitleriano.
10-09-2018 | Fuente: elpais.com
La democracia menguante
El pluralismo político como forma de gobierno sufre la amenaza de la desigualdad, la xenofobia y las redes sociales
09-09-2018 | Fuente: elpais.com
Suecia elige hoy entre el sistema o la xenofobia ultraconservadora
Unos siete millones de suecos están llamados a las urnas en unos de los comicios más inciertos de la historia del país
05-09-2018 | Fuente: elpais.com
Sánchez hace campaña en Suecia, uno de los últimos bastiones de la socialdemocracia y del eje antixenofobia
El presidente viaja para apoyar en un mitin a Loften, presionado por la extrema derecha, y contesta desde Estocolmo al discurso de Torra, que asimila España a Turquía
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