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Noticias de xenofobia

06-08-2018 | Fuente: elpais.com
Un vicepresidente de la Diputación de Alicante (PP ) pide deportaciones masivas ante la ?invasión de inmigrantes?
El resto de partidos piden su dimisión por incitar al odio y la xenofobia
09-07-2018 | Fuente: elmundo.es
David Byrne: "Estados Unidos y Europa corren el riesgo de caer en la xenofobia"
El ex líder de Talking Heads se presenta esta semana en España con el espectáculo de su último disco, 'American Utopia', donde vuelve a reflexionar sobre su país, en este caso bajo el gobierno de Trump y sus políticas inmigratorias. 
08-07-2018 | Fuente: elpais.com
Europa gira a la derecha a lomos de la xenofobia y el nacionalismo
EL PAÍS viaja a tres escenarios del cambio de tendencia: Austria, que asume la presidencia de la UE con un discurso que presenta al inmigrante como riesgo; Polonia, que acelera la ofensiva contra los jueces, e Italia, donde la izquierda pierde feudos que gobernaba desde la Segunda Guerra Mundial
07-07-2018 | Fuente: elpais.com
Europa gira a la derecha a lomos de la xenofobia y el nacionalismo
EL PAÍS viaja a tres escenarios del cambio de tendencia: Austria, que asume la presidencia de la UE con un discurso que presenta al inmigrante como riesgo; Polonia, que acelera la ofensiva contra los jueces, e Italia, donde la izquierda pierde feudos que gobernaba desde la Segunda Guerra Mundial
28-06-2018 | Fuente: abc.es
Rumanía, ante el reto de presidir la Unión Europea sin quedarse relegada
Restan aún seis meses, pero Rumanía se prepara ya para hacer frente a su primera presidencia europea. Será el 1 de enero de 2019 cuando comience el semestre en el que deberá impulsar las tareas del club comunitario al que se incorporó doce años antes, junto con Bulgaria. El país ha cambiado bastante desde entonces, aunque seguramente mucho menos de lo que los rumanos y sus socios europeos hubieran deseado, porque sigue habiendo frenos que impiden un desarrollo más rápido y avanzar en la deseada convergencia. La primera vez que tuve ocasión de viajar a Rumanía fue en 1986 con motivo de una visita de Estado de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía a un país entonces bajo la dictadura comunista de Nicolás Ceaucescu. Cuando regresé en 1990, un par de meses después de la caída del dictador, la tristeza que había percibido en la población en aquel viaje se había convertido en el entusiasmo que acompaña a la recuperación de la libertad. Llegó después la adhesión a la Unión Europea, si bien con una vigilancia obligada porque quedaban todavía muchas cosas por resolver en materia de seguridad, justicia, etc. Un año más tarde, Bucarest acogía una cumbre de la OTAN, mientras sus habitantes veían cómo se transformaba la capital, gracias a la llegada de los primeros fondos estructurales. Hoy, Bucarest, tras una acertada recuperación de su casco histórico, trata de hacer lo mismo con las bellas casas de sus paseos que tanto recuerdan a algunas zonas de París y que la desidia de años de comunismo había ido deteriorando. Pero Rumanía no es sólo Bucarest, sino un importante número de atractivos turísticos que van desde las joyas de Transilvania, con el famoso castillo de Bran, asociado a la figura del Conde Drácula, y que recibe casi un millón de visitantes cada año hasta el espectacular Lago Balea en los Cárpatos, pasando por los increíbles monasterios de Bucovina, por citar sólo unos cuantos lugares. Rumanía es consciente de que tiene un gran potencial turístico, pero sus autoridades saben también que les va a resultar difícil superar la exigua cantidad de tres millones de turistas que reciben anualmente de otros países, si no consiguen una sustancial mejora en sus infraestructuras -todavía muy deficientes y hay muy pocas autopistas-, en sus alojamientos hoteleros y en las garantías de seguridad de todo tipo para lios turistas. Para logar ese objetivo, la llegada de los fondos europeos es fundamental, pero también la capacidad para gestionarlo. España tiene una gran experiencia en ese terreno y otros países centroeuropeos que precedieron a Rumanía en su ingreso en la UE, han logrado, posiblemente un mejor aprovechamiento de esas ayudas. Rumanía recibió desde su ingreso y hasta 2014 cerca de 20.000 millones de euros en fondos comunitarios y la previsión es que hasta 2020 reciba otros 43.000, pero no parece que esté adecuada respuesta desde la Administración rumana. Hace pocas fechas, una rumana, la comisaria europea de política regional, Corina Cretu, ponía de relieve que las facturas recibidas sólo cubrían el 77 por ciento del total del dinero asignado, lo que representaba el rendimiento más reducido de todos los Estados de la UE. Quizás en esta parálisis de actuación influya el enfrentamiento que vive el país entre el presidente, el conservador Klaus Iohannis, y el lider del partido en el Gobierno, Liviu Dragnea, que acaba de ser condenado a tres años y medio de cárcel por un delito de abuso del poder al haber cobrado subvenciones por la creación de empleos inexistentes. El aumento de las actuaciones judiciales contra una corrupción que se encuentra no sólo en la política sino todavía -pese a las mejoras registradas en los últimos años-, en bastantes niveles de la sociedad rumana, está provocando que muchos funcionarios antes de tomar decisiones. Muchos se escudan en que las condiciones burocráticas son muy complejas para no dar luz verde a algunos proyectos por el temor a verse acusados de corrupción. Sin duda, estas situaciones frenan la marcha de la economía rumana y hacen que los casi cuatro millones de rumanos que salieron del país desde la caída del comunismo, vean pocas expectativas de regreso. Sólo en España hay un millón de rumanos que prefieren seguir en nuestro país a volver al suyo, donde los salarios son mucho menores y las condiciones de vida todavía manifiestamente mejorables. A pesar del crecimiento de la economía, cinco regiones de Rumanía se encuentran hoy entre las 20 más pobres de la UE. Pese a todo la población rumana se muestra confiada en que su país pueda un día ser un miembro de la Unión Europea que no tenga nada que envidiar al resto. De hecho, un 80 por ciento sigue mostrándose a favor de la UE, pese a la oleada de euroescepticismo que vive el Viejo Continente. Por ahora, sin embargo, Rumanía ni forma parte del euro, ni está en el espacio Schengen de libre circulación de personas. El Gobierno rumano, como explica su ministro de Asuntos Europeos, Víctor Negrescu, se plantea con ilusión esta primera presidencia de la Unión Europea, en la que se ha marcado cuatro objetivos: la convergencia europea, a través del crecimiento, la cohesión, la competitividad y la conectividad; lograr una Europa más segura; favorecer que la UE sea un actor global más fuerte; y fomentar la Europa de los Valores Comunes (solidaridad, igualdad de oportunidades, democracia, respeto por la dignidad humana, lucha contra el racismo , la xenofobia y la intolerancia, etc). Sin embargo, como sucede siempre, la actualidad será la que marque los temas a los que habrá que hacer frente en el semestre de Presidencia rumana. Y es muy posible que, para entonces, el espinoso asunto de la inmigración esté aún sobre la mesa.
28-06-2018 | Fuente: abc.es
Rumanía, el más europeísta y el que menos rendimiento obtiene de los fondos de la UE
Restan aún seis meses, pero Rumanía se prepara ya para hacer frente a su primera presidencia europea. Será el 1 de enero de 2019 cuando comience el semestre en el que deberá impulsar las tareas del club comunitario al que se incorporó doce años antes, junto con Bulgaria. El país ha cambiado bastante desde entonces, aunque seguramente mucho menos de lo que los rumanos y sus socios europeos hubieran deseado, porque sigue habiendo frenos que impiden un desarrollo más rápido y avanzar en la deseada convergencia. La primera vez que tuve ocasión de viajar a Rumanía fue en 1986 con motivo de una visita de Estado de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía a un país entonces bajo la dictadura comunista de Nicolás Ceaucescu. Cuando regresé en 1990, un par de meses después de la caída del dictador, la tristeza que había percibido en la población en aquel viaje se había convertido en el entusiasmo que acompaña a la recuperación de la libertad. Llegó después la adhesión a la Unión Europea, si bien con una vigilancia obligada porque quedaban todavía muchas cosas por resolver en materia de seguridad, justicia, etc. Un año más tarde, Bucarest acogía una cumbre de la OTAN, mientras sus habitantes veían cómo se transformaba la capital, gracias a la llegada de los primeros fondos estructurales. Hoy, Bucarest, tras una acertada recuperación de su casco histórico, trata de hacer lo mismo con las bellas casas de sus paseos que tanto recuerdan a algunas zonas de París y que la desidia de años de comunismo había ido deteriorando. Pero Rumanía no es sólo Bucarest, sino un importante número de atractivos turísticos que van desde las joyas de Transilvania, con el famoso castillo de Bran, asociado a la figura del Conde Drácula, y que recibe casi un millón de visitantes cada año hasta el espectacular Lago Balea en los Cárpatos, pasando por los increíbles monasterios de Bucovina, por citar sólo unos cuantos lugares. Rumanía es consciente de que tiene un gran potencial turístico, pero sus autoridades saben también que les va a resultar difícil superar la exigua cantidad de tres millones de turistas que reciben anualmente de otros países, si no consiguen una sustancial mejora en sus infraestructuras -todavía muy deficientes y hay muy pocas autopistas-, en sus alojamientos hoteleros y en las garantías de seguridad de todo tipo para lios turistas. Para logar ese objetivo, la llegada de los fondos europeos es fundamental, pero también la capacidad para gestionarlo. España tiene una gran experiencia en ese terreno y otros países centroeuropeos que precedieron a Rumanía en su ingreso en la UE, han logrado, posiblemente un mejor aprovechamiento de esas ayudas. Rumanía recibió desde su ingreso y hasta 2014 cerca de 20.000 millones de euros en fondos comunitarios y la previsión es que hasta 2020 reciba otros 43.000, pero no parece que esté adecuada respuesta desde la Administración rumana. Hace pocas fechas, una rumana, la comisaria europea de política regional, Corina Cretu, ponía de relieve que las facturas recibidas sólo cubrían el 77 por ciento del total del dinero asignado, lo que representaba el rendimiento más reducido de todos los Estados de la UE. Quizás en esta parálisis de actuación influya el enfrentamiento que vive el país entre el presidente, el conservador Klaus Iohannis, y el lider del partido en el Gobierno, Liviu Dragnea, que acaba de ser condenado a tres años y medio de cárcel por un delito de abuso del poder al haber cobrado subvenciones por la creación de empleos inexistentes. El aumento de las actuaciones judiciales contra una corrupción que se encuentra no sólo en la política sino todavía -pese a las mejoras registradas en los últimos años-, en bastantes niveles de la sociedad rumana, está provocando que muchos funcionarios antes de tomar decisiones. Muchos se escudan en que las condiciones burocráticas son muy complejas para no dar luz verde a algunos proyectos por el temor a verse acusados de corrupción. Sin duda, estas situaciones frenan la marcha de la economía rumana y hacen que los casi cuatro millones de rumanos que salieron del país desde la caída del comunismo, vean pocas expectativas de regreso. Sólo en España hay un millón de rumanos que prefieren seguir en nuestro país a volver al suyo, donde los salarios son mucho menores y las condiciones de vida todavía manifiestamente mejorables. A pesar del crecimiento de la economía, cinco regiones de Rumanía se encuentran hoy entre las 20 más pobres de la UE. Pese a todo la población rumana se muestra confiada en que su país pueda un día ser un miembro de la Unión Europea que no tenga nada que envidiar al resto. De hecho, un 80 por ciento sigue mostrándose a favor de la UE, pese a la oleada de euroescepticismo que vive el Viejo Continente. Por ahora, sin embargo, Rumanía ni forma parte del euro, ni está en el espacio Schengen de libre circulación de personas. El Gobierno rumano, como explica su ministro de Asuntos Europeos, Víctor Negrescu, se plantea con ilusión esta primera presidencia de la Unión Europea, en la que se ha marcado cuatro objetivos: la convergencia europea, a través del crecimiento, la cohesión, la competitividad y la conectividad; lograr una Europa más segura; favorecer que la UE sea un actor global más fuerte; y fomentar la Europa de los Valores Comunes (solidaridad, igualdad de oportunidades, democracia, respeto por la dignidad humana, lucha contra el racismo , la xenofobia y la intolerancia, etc). Sin embargo, como sucede siempre, la actualidad será la que marque los temas a los que habrá que hacer frente en el semestre de Presidencia rumana. Y es muy posible que, para entonces, el espinoso asunto de la inmigración esté aún sobre la mesa.
26-06-2018 | Fuente: abc.es
Cuando los consensos que rigen la vida pública dejan de funcionar y la confianza empieza a escasear, los monstruos periclitados tienden a reencarnarse y poner a prueba sociedades enteras que hasta ahora creían en la democracia, los derechos humanos, la separación de poderes y el imperio de la ley como parte de todas esas lecciones dolorosamente aprendidas durante el «corto siglo XX». Un siglo abreviado por el historiador marxista Eric J. Hobsbawn pero suficientemente longevo como para generar tantas ilusiones y utopías como desengaños y desastres. En Italia -el primer gran país europeo en sucumbir al nacional-populismo- se agolpan ya algunas de las ocurrencias más tóxicas contra la inmigración irregular. Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, está empeñado en cumplir su promesa electoral de anteponer los intereses de los italianos por encima de todo. Una jerarquización de prioridades que en su caso implica llevar a la cuna del fascismo por un peligroso camino de confrontación y xenofobia. Salvini es un excomunista que nunca se ha ganado un sueldo fuera del politiqueo de tertulia. Además de un oportunista racista, como demuestra cada vez que puede en redes sociales, y un vergonzoso palmero de Putin. Es verdad que está en la cresta de la ola electoral pero también es verdad que es el ministro del Interior que cierra los puertos italianos a barcos cargados con «carne humana»; el que insiste en contar y recontar gitanos; y el que acaba de proponer campos de internamiento en el sur de Libia? El presidente de EE.UU. no puede resistir la idea de quedarse atrás en estos sueños de la sinrazón. Y para estar a la altura, Trump ha llegado a plantear, vía Twitter mientras se desplazaba a su campo de golf en Virginia, olvidarse del debido proceso de ley para los «sin papeles». Según este último eructo, los inmigrantes ilegales deben ser deportados de inmediato sin intervención judicial o la posibilidad de presentar alegaciones. Con el argumento paranoico de que «no podemos permitir que todas esas gentes invadan nuestro país».
25-06-2018 | Fuente: abc.es
Los aliados de Salvini en Europa, amigos de Puigdemont en Bélgica
El vicepresidente y ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, ha manifestado en el pasado su adhesión a la causa independentista en Cataluña. En más de una ocasión, el político xenófobo se ha dejado fotografiar con una estelada en un jardín, y también con una camiseta donde la estelada y la ikurriña iban acompañadas de este mensaje: «Catalunya i Euskal Herria Independencia». Su partido, además, forma parte del Movimiento por una Europa de Naciones y Libertad, una agrupación de formaciones de extrema derecha europeas donde también figura Vlaams Belang. Lo curioso es que Vlaams Belang, un partido belga que ha causado altercados de corte racista, es uno de los apoyos con los que el expresidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, cuenta en su fuga. Vlaams Belang participó en la manifestación que el pasado 7 de diciembre se celebró en Bruselas para apoyar el desafío secesionista catalán. «Estamos aquí juntos, mano a mano con miles de catalanes para enviar un mensaje claro: Cataluña será independiente y nada puede para eso», afirmó entonces su líder, Tom Van Grieken. El partido, junto a la Liga Norte que lidera Salvini, pertenece al Movimiento por una Europa de Naciones y Libertad, que en su página web se define como una alianza que se basa en «la preservación de la identidad de los pueblos y las naciones de Europa, en consonancia con las características específicas de cada pueblo. El derecho al control y la regulación de la inmigración se encuetra entre los valores compartidos por los miembros». Muchos de los partidos que pertecen a esa alianza se enfrentan a la acusación de xenofobia. Las frases de Salvini en su gestión de la crisis migratoria le han valido ese reproche; lo cierto es que las declaraciones del ministro del Interior, que ha llegado a bromear en Twitter sobre la llegada de inmigrantes o que les ha llegado a espetar que la «buena vida» se ha acabado para ellos, le han valido numerosas críticas. Si buceamos en la hemeroteca, descubrimos que las sensibilidades y el tono de Vlaams Belang no se diferencian mucho de las del político italiano. En 2012, ABC informaba de que la formación había lanzado una página web en la que animaba a los ciudadanos a denunciar a los inmigrantes en situación irregular.
24-06-2018 | Fuente: elpais.com
Si cae Merkel, cae Europa
La UE se halla asediada desde fuera por Trump y Putin y desde dentro por la xenofobia
24-05-2018 | Fuente: abc.es
Cuando Luigi Di Maio, el líder sin oficio ni beneficio del Movimiento 5 Estrellas, desveló la opción para encabezar el nuevo gobierno de Italia acordado con la Liga Norte lo hizo en los siguientes términos: «El nombre que le hemos dado al presidente de la República es el nombre de Giuseppe Conte». Un profesor de Derecho de 54 años y mucho fondo de armario que Di Maio describió como «un profesional del más alto nivel». El previsible escrutinio al que ha sido sometido el currículo de Giuseppe Conte ha demostrado que tiene más agujeros que un queso suizo. Su trayectoria, especialmente en lo referente a estudios de postgrado, está algo más que embellecida. Ya que contiene casi más trolas que verdades, lo cual no le ha descalificado para recibir formalmente el encargo de formar gobierno y convertirse en el «abogado defensor del pueblo italiano». Sin base política ni experiencia de gobierno, la mayor cualificación de Giuseppe Conte parece ser su voluntad de implementar la delirante agenda acordada por el populismo anti-sistema respaldado en las urnas hace dos meses por un 50 por ciento de los votantes italianos. Un preocupante desembarco en el núcleo político del Viejo Continente aliñado con xenofobia, nacionalismo, guerra al multilateralismo de la Unión Europea y muchísima comprensión hacia las «cositas» del presidente ruso Vladimir Putin. Al quedarse con el currículo al aire, Giuseppe Conte ilustra esa paradoja política de aparentar una formación sólida pero con un profundo desprecio a lo académico. Problema compartido por otras democracias occidentales donde es posible hacer carrera en la política a partir de muy limitados méritos disimulados con la obsesión por alardear de títulos, cualificaciones y estudios de un carácter más bien inventado. Sin olvidar la connivencia de partidos políticos convertidos en agencias de colocación para personajes con tanta ambición como mediocridad. Esta calaña de «movers and shakers», por supuesto, no respeta ni la universidad, ni la academia, ni la inteligencia, ni el conocimiento. En última instancia, son catedráticos y doctores en medrar mientras se pitorrean de todos aquellos que han invertido el tiempo, el estudio y esfuerzo requeridos para formarse.
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