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Noticias de vladimir putin

25-09-2018 | Fuente: abc.es
El opositor ruso Navalni, sentenciado a otros 20 días de prisión nada más salir de la cárcel
El líder opositor ruso Alexéi Navalni ha sido condenado este lunes a otros 20 días de prisión por haber organizado unas protestas no autorizadas, ha informado su portavoz, Kira Yarmysh. «Veinte días», ha escrito Yarmysh en su cuenta de la red social Twitter sobre una sentencia que el juez impuso a Navalni pocas horas después de haber salido en libertad tras cumplir una condena de 30 días de arresto por el mismo motivo. 20 ?????? ???? ????? (@Kira_Yarmysh) 24 de septiembre de 2018El principal adversario del presidente Vladímir Putin fue detenido ayer nada más poner el pie en la calle. A continuación, fue trasladado al juzgado Simónovski de Moscú, donde ha sido condenado a esta otra pena. Está aumentando de forma exponencial la presión de las autoridades rusas sobre el principal opositor para obstaculizar su actividad política y acallar sus denuncias contra la corrupción y contra los planes del Gobierno ruso de culminar su proyecto de elevar la edad de jubilación de 60 a 65 años para los hombres y de 55 a 63 años para las mujeres. Y eso que el seguimiento de sus llamamientos a la movilización sigue decayendo y se aleja cada vez más del poder de convocatoria que tuvo Navalni en diciembre de 2011, cuando irrumpió en el panorama político del país y se erigió en líder indiscutible de la oposición extraparlamentaria.
24-09-2018 | Fuente: abc.es
El opositor ruso Navalni, detenido nada más salir de la cárcel
El líder opositor ruso Alexéi Navalni fue detenido hoy en Moscú nada más recobrar la libertad tras cumplir un pena de 30 días de arresto por organizar una protesta no autorizada, informó en Twitter Leonid Vólkov, uno de sus más próximos colaboradores. «A Alexéi Navalni lo detuvieron el salir del centro de reclusión», escribió Vólkov en la red social. Agregó que al líder opositor se le acusa de una nueva falta administrativa: «Infracción durante la celebración de un mitin con daño a la salud de una persona». Según Vólkov, aunque esta falta se castiga con hasta 20 días de arresto, la acusación «apunta, desde luego, a la fabricación de un nuevo caso penal» contra Navalni. Ya en mayo pasado el dirigente opositor cumplió una pena de 30 días de arresto por manifestarse contra la investidura del presidente ruso, Vladímir Putin. «Navalni ahora ha estado preso 30 días, y estos 30 días han sido para Putin los peores y más difíciles en los últimos 20 años», escribió Vólkov, en alusión a las protestas por el aumento de la edad de jubilación y los malos resultados electorales del partido oficialista Rusia Unida. Según Volkov, Navalni será puesto a disposición del juez en el curso del día de hoy. El líder opositor, de 42 años, se ha convertido con sus denuncias de corrupción en el azote del entorno del jefe del Kremlin. Entre los altos funcionarios señalados por el dedo acusador de Navalni se encuentran el primer ministro, Dmitri Medvédev; el fiscal general Yuri Chaika; el presidente de la Duma o Cámara de Diputados, Viacheslav Volodin, y el director del Fondo de Pensiones, Antón Drozdov. Una de las últimas denuncias del Fondo de Lucha contra la Corrupción, que dirige Navalni, fue contra el comandante en jefe de la Guardia Rusa, general Vladímir Zólotov, acusado de montar una trama para robar millones de euros a ese cuerpo armado, que se subordina directamente a Putin. Zólotov respondió a las acusaciones con un vídeo en el que retó a duelo a Navalni y prometió hacerlo «picadillo en un par de minutos».
24-09-2018 | Fuente: abc.es
Tres años de la intervención «clave» de Rusia en la guerra civil siria
El próximo domingo se cumplirán tres años desde que el presidente Vladímir Putin decidiese intervenir en Siria en ayuda de Bashar al Assad, que estaba entonces totalmente contra las cuerdas. Queda sólo por liberar el bastión rebelde de Idlib, situado al noroeste del país y fronterizo con Turquía, pero su recuperación se hará esperar tras el acuerdo alcanzado la semana pasada en Sochi entre Putin y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan. Putin aceptó suspender el asalto final al Idlib debido a las presiones de la comunidad internacional y, sobre todo, de Turquía. Pero Moscú espera que Ankara actúe ahora con mayor resolución contra los grupos yihadistas y modere a sus milicias aliadas para lograr que el enclave no sea un peligro ni para Assad ni para las dos bases militares que Rusia tiene en Latakia, la naval de Tartús y la aérea de Jmeimim. De que se consiga o no este objetivo depende que continúe el actual entente entre Rusia y Turquía, condición fundamental para la buena marcha de la operación hacia la victoria final en Siria y hacia la apertura definitiva de un proceso político en el que Assad, como desea el Kremlin, juegue un papel central. Un nuevo elemento inquietante e inesperado, aunque no por eso totalmente imprevisible, ha sido la enrarecida atmósfera que ha generado entre Rusia e Israel el derribo, el pasado martes frente a las costas de Latakia, de un avión de reconocimiento ruso Iliushin-20 por misiles sirios S-200. El Ministerio de Defensa ruso volvió ayer a culpar a Israel del incidente , ya que, según el portavoz castrense, Ígor Konashénkov, uno de los cuatro cazas F-6 israelíes que participaban en un bombardeo contra instalaciones del Ejército sirio en Latakia «se parapetó detrás de nuestro Il-20 y el sistema antiaéreo lo detectó como enemigo». Negligencia criminal «Los datos objetivos presentados hablan de falta de profesionalismo o, como mínimo, de negligencia criminal de los pilotos de los cazas israelíes, cuya acción produjo la muerte a 15 militares rusos», aseguró Konashénkov el domingo. A su juicio, Israel «incurrió en una clara violación del acuerdo ruso-israelí del 2015 para la prevención de este tipo de situaciones en Siria». El portavoz de Defensa cree además que Israel puso en peligro el tráfico en la zona de aviones comerciales. Israel declinó ayer comentar las palabras de Konashénkov, pero sigue negando su culpabilidad. Pese a los evidentes vínculos existentes entre Moscú y Damasco, ya desde la época soviética, y a la existencia de indiscutibles intereses rusos en Siria, Putin estuvo mirando para otro lado durante cuatro años. La guerra civil en el país árabe comenzó en 2011 y en 2015, cuando Assad estaba completamente acorralado y había perdido el control sobre más de dos tercios de su territorio, Rusia de repente decidió intervenir. Rusia, gran potencia Los analistas coincidieron entonces en señalar que debido a que la anexión de Crimea y la ayuda militar a los separatistas del este de Ucrania había dañado la imagen internacional de Rusia, además de provocar un rosario interminable de sanciones, la mejor forma de desviar la atención y tratar de recuperar el prestigio perdido era demostrando que Moscú colabora en primera línea para erradicar a grupos terroristas tan atroces como el Daesh y el Frente al Nusra (filial local de Al Qaida). Corrían por las televisiones mundiales terribles escenas de decapitaciones y torturas de verdugos del autoproclamado Estado Islámico. Putin retomaba así la iniciativa, reafirmaba el papel de Rusia como gran potencia y evitaba la caída de un nuevo dictador, algo que parece producirle alergia después de lo visto en Irak con Saddam Hussein y en Libia con Muammar Gaddafi. Tras una fase preparatoria que había comenzado en agosto, el 30 de septiembre de 2015, Rusia lanzaba sus primeros bombardeos contra posiciones yihadistas, aunque después quedó patente que los ataques masacraban también a muchos grupos de la oposición a Assad considerados moderados. Y es que Putin nunca ocultó que su objetivo en Siria, además de la cacareada lucha contra el terrorismo, era «estabilizar» el régimen «legítimo» de Assad. Tres años más tarde, Rusia tiene más cerca que nunca culminar con éxito su intervención militar. El mes pasado, el Ministerio de Defensa ruso distribuyó mediante un vídeo el primer documento pormenorizado sobre la participación de las Fuerzas Armadas rusas en el conflicto sirio y el número total de efectivos que han estado destinados en el país árabe desde el 30 de septiembre de 2015, que asciende a un total de 63.012. Esa cifra de militares rusos «han tenido experiencia de combate en Siria», subraya el informe, que eleva el número de generales a 434 y a 25.738 el de oficiales. Retirada no cumplida Putin ha anunciado hasta tres veces la retirada de sus tropas de Siria, pero en los tres casos han sido gestos propagandísticos dirigidos más bien a intentar tranquilizar a sus compatriotas, preocupados con el excesivo gasto militar cuando hay otras urgencias en el país. Al final, el presidente ruso tuvo que reconocer que sus soldados permanecerán en Siria «mientras su presencia resulte beneficiosa» y no ha vuelto a concretar ninguna nueva fecha para su repatriación. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que sus aviones llevaron a cabo más de 39.000 incursiones contra objetivos en territorio sirio, aniquilando a más de 86.000 terroristas y destruyendo cerca de 121.466 instalaciones pertenecientes a los insurgentes. El conflicto ha permitido experimentar al Ejército ruso 231 tipos diferentes de armamentos. Los aparatos más utilizados en las operaciones contra los extremistas en Siria están siendo los Sujói, el Su-24M y el Su-25SM, capaces de transportar una cantidad significativa de municiones, principalmente bombas aéreas. Los aviones Su-30,  Su-34 y Su-35 también realizan operaciones de combate destruyendo puestos de mando, campamentos y grupos de terroristas. El logro más indudable del Ejército ruso fue el despliegue de la base aérea de Jmeimim, en Latakia, en tan solo un mes. En la base fueron construidos todos los dispositivos de apoyo material y de ingeniería para el grupo aéreo ruso. Los complejos de defensa aérea S-400, Pantsir-S1, Buk-M2, junto a otros sistemas, son empleados para la defensa de la base, mientras que los drones monitorean su territorio. También los helicópteros de ataque Mi-28, Mi-35 y Ka-52 se utilizaron ampliamente en Siria. Ensayo de material militar Por otro lado, las Fuerzas Armadas rusas han ensayado en Siria misiles Iskander y Kalibr, capaces de portar armas nucleares tácticas, también cohetes para  equipar aviones de combate, los X-101, lanzaderas navales Bastión para golpear objetivos en la costa enemiga y casi todos los tipos de aeronaves que Rusia tiene en su arsenal. Han sido probados también los nuevos dispositivos de guerra electrónica, blindados de la última generación como el Taifún-K, robots de combate y para desminado, muy útiles sobre todo en Palmira. Lo que se desconoce a ciencia cierta es el número de bajas que han sufrido las fuerzas rusas en estos tres años. Putin promulgó en mayo de 2015, en la víspera del comienzo de la intervención armada en el país árabe, una ley que prohíbe facilitar cifras de militares muertos en «tiempos de paz». Los datos que se manejan ahora mismo se refieren a los casos de muertes más sonados, de altos mandos o los dos pilotos abatidos. También el de los 15 tripulantes del Il-20 derribado la semana pasada. Algún otro caso se ha traslucido gracias a las declaraciones de sus familiares. Todos ellos suponen en torno a un centenar de bajas. Contando también los más de 200 mercenarios rusos del grupo Wagner, aniquilados el pasado febrero en Deir ez Zor, al noreste de Siria, en un ataque de la coalición internacional que lidera Estados Unidos, salen más de 300 muertos. Algunas ONGs elevan la cifra a 400 y otras creen que solamente en Deir ez Zor hubo 600. Otro enigma es el costo real de la guerra en Siria para las arcas rusas. La editora británica IHS Jane's calculó el año pasado que Rusia gastaba cada día en Siria entre 2 y 3,5 millones de euros. La única vez que Putin habló de cifras al respecto fue en marzo de 2016 y declaró que, hasta ese momento, se habían gastado 33.000 millones de rublos (más de 500 millones de euros según el cambio de entonces). Hace justo un año, el diario económico ruso RBK publicaba su propio estudio, en el que elevaba la cantidad a 140.000 millones de rublos (2.050 millones de euros). El último cálculo lo hizo el partido opositor ruso «Yábloko» el pasado marzo y arrojaba una suma que podría oscilar entre los 172.300 millones y los 245.100 millones de rublos (de 2.300 a 3.270 millones de euros). Esto en mitad de una situación económica muy adversa para Rusia a causa de las numerosas tandas de sanciones impuestas por EE.UU. y la UE. Mercenarios, instrumento de la guerra de Rusia en Siria Rusia ayuda al régimen sirio con bombardeos de su aviación y de su fuerza naval. El personal miliar adscrito a la operación, por tanto, pertenece a la Fuerza Aérea y a la Armada. Rusia incluye en su dispositivo desplegado en Siria tropas para defender sus bases de Tartús y Jmeimim y mantiene unidades de la Policía Militar que actúan, según los casos, para ayudar en tareas de orden público en las localidades recuperados por el Ejército sirio o, como sucede en los Altos del Golán o Idlib, en misiones de observación y mantenimiento de la paz. Oficialmente, Moscú no tiene fuerzas de infantería combatiendo en Siria, ya que las unidades de mercenarios de la llamada Compañía Militar Privada (ChVK en sus siglas en ruso) Wagner, según se ha venido repitiendo en los ministerios de Defensa y Exteriores, «actúan bajo intereses privados» y «no están vinculadas al dispositivo militar ruso» en Siria. Se sabía de su existencia por las fotos colgadas por sus propios combatientes en las redes sociales, pero lo que les puso realmente a la luz fue el encontronazo que tuvieron con fuerzas estadounidenses el pasado mes de febrero en Deir ezzor, en donde sufrieron cuantiosas bajas. Este grupo lo creó el empresario conocido como el «chef de Putin», Evgueni Prigozhin, sancionado la semana pasada por Washington, junto con otras 33 personas y compañías, por sus vinculaciones con el Kremlin. Tres periodistas rusos fueron este verano asesinados en la República Centroafricana cuando intentaban investigar la presencia en este país del grupo Wagner.
22-09-2018 | Fuente: abc.es
Moscú advierte a Washington de que «juega con fuego»
Las autoridades rusas han reaccionado con indignación a la nueva tanda de sanciones decretadas por Estados Unidos. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, hablaba ayer de «histeria», el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, de «competencia desleal» y su viceministro, Serguéi Riabkov, más duro todavía, advertía que los estadounidenses «juegan con fuego» y «amenazan la estabilidad mundial». Riabkov aseguró que se trata del paquete «número 60» de sanciones que Washington impone a Rusia desde 2011. Fue anunciado el jueves y afectará a 33 empresas y particulares vinculados al Kremlin, entre ellos Evgueni Prigozhin, conocido como el «chef» del presidente Vladímir Putin y a quien se le atribuye la creación de la «fábrica de trolls» de San Petersburgo y el grupo de mercenarios que actúa en Siria y la República Centroafricana llamado «Wagner». «Continúa la histeria sancionadora en Washington que es muy variada en todas sus manifestaciones», aseguró Peskov en su habitual comparecencia ante los medios. Según sus palabras, la actitud de EE.UU. «impide hacer una valoración sobria de a dónde puede conducir todo esto». El portavoz de la Presidencia rusa anunció sin precisar que habrá represalias. «Competencia desleal» Desde Sarajevo, Lavrov acusaba una vez más a la cúpula norteamericana de «competencia desleal» con el objetivo de perjudicar el negocio ruso de exportación de armas. China también ha sido sancionada por Estados Unidos por comprar aviones de combate Su-35 y misiles S-400 a Rusia. El jefe de la Diplomacia rusa anunció que su país y otros de Asia y América están «preparando medidas para depender lo menos posible del dólar», la moneda estadounidense. El viceministro de Exteriores, Riabkov, dijo que Washington «está haciendo tambalear de forma irreflexiva la estabilidad mundial». A su juicio, los americanos «juegan con fuego» y sostiene que por esa vía «EE.UU. no logrará ningún resultado» en su política con Rusia. Esa misma opinión expresó hace justo un mes Putin en Sochi, tras entrevistarse con su homólogo finlandés, Sauli Niinistö, y a la vista de la serie de sanciones contra Rusia aprobadas entonces por Washington. Calificó aquellas medidas de «contraproducentes» y «carentes de sentido». Pero el horizonte se presenta mucho más sombrío, ya que EE.UU. ha amenazado con sanciones mucho más severas, que podrían afectar al sistema bancario ruso, si Moscú no acepta una inspección para comprobar el estado de sus arsenales de armas químicas. El Ministerio de Exteriores ruso ya ha adelantado que no permitirá ninguna verificación.
19-09-2018 | Fuente: abc.es
La provincia siria de Latakia alberga dos bases militares rusas
Tras la llegada a Siria de un régimen de corte socialista con Hafez al Assad, padre de Bashar al Assad, Damasco y Moscú estrecharon lazos. La cooperación militar llevó a que la Unión Soviética se dotara, a partir de 1971, de una base naval en el Mediterráneo, la de Tartús (Latakia), que sirvió para pertrechar, reparar y abastecer a la flota soviética en sus singladuras frente a la norteamericana. Pero, tras la desintegración de la URSS, la base quedó prácticamente en desuso hasta que el actual presidente Vladímir Putin decidió recuperarla. El nuevo desembarco se produjo en 2013 y, a 30 de septiembre de 2015, cuando Rusia comenzó la actual intervención militar en Siria, ya contaba con 1.700 efectivos para dar servicio in situ a los navíos rusos. Un año después, en octubre de 2016, Moscú decidió convertir Tartús en una base permanente. Para su defensa, se desplegaron varias lanzaderas de misiles S-300. El antiguo jefe del Estado Mayor de la Marina rusa, el almirante Víctor Krávchenko, aseguró entonces que «se trata de crear una infraestructura completa. No son sólo barcos y muelles, sino un sistema de mando, medios de vigilancia y defensa, sistemas de defensa antiaérea y costera. También implica desplegar un importante contingente terrestre para proteger las instalaciones», recalcó. La base naval cuenta ahora también con misiles S-400 y puede albergar simultáneamente hasta once buques, incluidos los de propulsión atómica. Contra los insurgentes La otra base que Rusia tiene en la zona, la de Jmeimim, también en Latakia pero más al norte, se empezó a construir deprisa y corriendo nada más comenzar los bombardeos rusos en Siria de hace tres años. Las operaciones aéreas rusas contra los insurgentes sirios se lanzan fundamentalmente desde Jmeimim, aunque en ocasiones toman parte aparatos emplazados en portaaviones. Según sendos acuerdos firmados entre Moscú y Damasco, Rusia podrá seguir utilizando ambas bases durante los próximos 50 años, independientemente de cuánto dure la actual guerra. En diciembre del año pasado, cuando fue ratificado el acuerdo de utilización de Tartús y Jmeimim, Putin manifestó que «las dos bases rusas que permanecen en el suelo sirio constituyen un factor importante para la defensa de nuestros intereses nacionales y la seguridad de nuestro país». Pero la presencia rusa en Latakia ha hecho que la provincia se convierta en un lugar aparentemente seguro para arsenales y fábricas de armamentos del Ejército sirio, como la que fue atacada el lunes por la aviación israelí. No obstante, las dos bases rusas han sido atacadas numerosas veces por las milicias rebeldes. Rusia es el principal aliado de Assad, gracias al que ha logrado recuperar el control del territorio sirio casi en su totalidad, a excepción de la provincia de Idlib, objeto de un acuerdo alcanzado el lunes entre Moscú y Ankara.
19-09-2018 | Fuente: abc.es
Putin desactiva la crisis abierta con Israel tras el derribo de un avión ruso
El derribo ayer de un avión de reconocimiento ruso Iliushin-20 por misiles sirios S-200, que habían sido disparados durante un ataque de cuatro aviones israelíes F-16 y cuyo objetivo era abatirlos, ha abierto una crisis, de momento diplomática y no excesivamente virulenta, entre Rusia e Israel. El incidente recuerda lo sucedido en noviembre de 2015 cuando aviones de combate turcos, también F-16, derribaron un cazabombardero ruso Sujói-24 en la frontera entre Turquía y Siria. El presidente Vladímir Putin terminó ayer quitando hierro al incidente y dejando claro que no habrá crisis en las relaciones con Israel. Pero, por la mañana, el Ministerio de Defensa ruso responsabilizó a Israel de lo sucedido con el Il-20, cuya caída al mar Mediterráneo, el lunes cerca de la localidad siria de Latakia, causó la muerte de sus 15 tripulantes. el momento en el que la aeronave rusa desapareció de los controles de radar, cuatro aviones israelíes F-16 atacaban posiciones en Latakia. Como un «escudo» Según el comunicado dado a conocer por el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, el general Ígor Konashénkov, los aparatos israelíes utilizaron como «escudo» el avión ruso, que fue alcanzado por misiles S-200 disparados por la artillería antiaérea siria. Konashénkov calificó de «hostiles» las acciones de Israel y aseguró que sus aviones «crearon deliberadamente una situación peligrosa», ya que el Il-20 ruso se disponía a aterrizar y en las inmediaciones se encontraba el navío francés «Auvergne». Según sus palabras, «quince militares rusos han muerto por culpa de las acciones irresponsables de Israel en Siria». El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, por su parte manifestó que Rusia «ha advertido repetidamente a Israel del peligro de sus ataques contra Siria, por lo que la responsabilidad del incidente recae completamente sobre este Estado. Rusia se reserva el derecho de responder de forma adecuada». Konashénkov considera «imposible» que el control aéreo israelí no se percatará de la presencia del Il-20, que al ser empleado como «escudo» por los pilotos de los F-16, «lo pusieron a merced de la defensa antiaérea siria». Además, subrayó el general ruso, Israel no avisó con la debida antelación de sus planes de ataque, lo que «impidió situar el Il-20 en una zona segura». Este avión ruso, un turbohélice de reconocimiento y lucha radioelectrónica, desapareció de las pantallas de radar hacia las diez de la noche (hora española) del lunes. Volaba en ese momento sobre el Mediterráneo a unos 35 kilómetros de la costa de Siria. Se disponía a tomar tierra en la base aérea rusa de Jmeimim, situada al noroeste de Siria junto a Latakia. Los restos del avión y varios de los cadáveres fueron hallados ayer por la Marina rusa a 27 kilómetros al oeste de la ciudad de Baniyas (provincia de Latakia). Tras el enfado mostrado por el Ministerio de Defensa, cuyo titular, Shoigú, habló por teléfono con su homólogo israelí, Avigdor Lieberman, para mostrar una vez más su malestar, fue el portavoz de la Presidencia rusa, Dmitri Peskov, quien se expresó al respecto, pero bajando considerablemente el tono de los reproches. Aunque afirmó que en el Kremlin reina una «preocupación extrema» por la muerte de los 15 tripulantes del Il-20, declinó entrar en materia. «No voy a dar ninguna valoración. La situación se está analizando. Los primeros resultados de este análisis se han ofrecido en la declaración del Ministerio de Defensa, que de manera unívoca calificó de provocadoras esas acciones», manifestó Peskov en su habitual comparecencia ante los medios de comunicación rusos. El portavoz del presidente Vladímir Putin dijo además que el derribo del avión no influirá de ninguna manera en el acuerdo alcanzado el lunes entre Rusia y Turquía para pacificar la situación en Idlib. También ayer fue convocado el embajador de Israel en Moscú, Harry Koren, a dar explicaciones en el Ministerio de Exteriores ruso. Pero acudió la encargada de negocios de la legación israelí, Keren Cohen Gat, que no quiso hacer ninguna declaración tras su encuentro en la Cancillería rusa. Armas para Hizbolá Entre tanto, Tzahal, el Ejército israelí, daba a conocer un comunicado responsabilizando de la catástrofe del Il-20 al régimen de Bashar al Assad, a Irán y a la milicia chií Hizbolá. Según la nota, «en el momento del ataque el avión ruso derribado no se encontraba en la zona de operaciones (..) el objetivo de la incursión era un centro dependiente de las tropas sirias de fabricación de armas de exterminación masiva para que Hizbolá las empleara contra Israel». Así mismo, el Ejército israelí aseguró estar dispuesto a «facilitar a Rusia toda información relevante» que sirva para esclarecer los hechos. Esta misma oferta se la hizo poco después por teléfono el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a Putin, indicando que enviará a Moscú al máximo responsable de la Fuerza Aérea del país para ayudar en la investigación. Netanyahu expresó al jefe del Kremlin sus condolencias por la muerte de los militares rusos. Putin fue quien puso punto final al percance dando a entender que no pondrá en peligro las relaciones con Israel como sí sucedió con Turquía hace tres años. El derribo del cazabombardero ruso provocó una crisis con Ankara, sanciones incluidas, que sólo empezó a resolverse después de que Erdogan pidiera disculpas, en el verano de 2016. Durante su rueda de prensa conjunta con el primer ministro húngaro, Viktor Orban, el presidente ruso dijo ayer que lo de ahora y lo de hace tres años «son cosas distintas (..) entonces el ataque del caza turco fue premeditado, pero lo sucedido ahora parece más bien una cadena de casualidades trágicas (..) ningún avión israelí derribó al nuestro deliberadamente». Al ser preguntado sobre qué medidas piensa adoptar contra Israel, Putin respondió que «nuestras acciones de respuesta apuntarán ante todo a dar mayor seguridad a nuestros militares y a nuestras instalaciones en Siria».
19-09-2018 | Fuente: abc.es
El derribo del avión «complica la situación» entre Rusia y Siria
El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, consideró hoy que el derribo este lunes de un avión ruso por parte de las fuerzas armadas sirias «complica la situación» entre Moscú y Damasco, pero rechazó que el incidente afecte a la coalición internacional que combate el yihadismo en la región. «Creo que complica la situación para las familias de los rusos que murieron allí y creo que complica la situación entre el régimen (sirio) y Rusia. Pero no nos afecta a nosotros de ninguna manera», declaró Mattis a un grupo de periodistas en el Pentágono, donde el responsable recibió a su homólogo filipino, Delfin Lorenzama. Ayer, las defensas antiaéreas sirias abrieron fuego contra cazabombarderos israelíes que se habían adentrado en su territorio, pero erraron en el blanco y acabaron derribando una aeronave rusa que se encontraba en la zona y causaron la muerte de quince militares rusos. El Kremlin ha culpado a Israel del incidente por haber provocado la situación con sus «acciones hostiles». Sin embargo, desde Washington, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado a las fuerzas gubernamentales sirias como únicas responsables, mientras que el Departamento de Estado estadounidense ha calificado la acción de «suceso desafortunado». Mattis también abordó la situación en la provincia de Idleb, último bastión de la oposición siria en el que también se cobijan yihadistas, después de que los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Turquía, Recep Tayyip Erdogan, alcanzaran ayer un acuerdo para suspender la ofensiva anunciada por el Gobierno de Al Asad. «Es uno de los problemas más complejos y uno de los escenarios más complicados en estos momentos. Estoy seguro de que aún no está todo resuelto», señaló Mattis. La ofensiva sobre Idleb ha desatado las alarmas entre la comunidad internacional porque podría generar una grave crisis humanitaria y por las acusaciones cruzadas entre los distintos bandos sobre el posible uso de armas químicas, lo que ha llevado a la Casa Blanca a advertir de que una acción semejante acarrearía consecuencias.
18-09-2018 | Fuente: abc.es
Orban acude a Putin en busca de consuelo a sus disgustos con la UE
El primer ministro húngaro, Viktor Orban, es el «socio» europeo preferido del presidente Vladimir Putin y mantienen encuentros de forma muy regular. Esta vez le ha tocado viajar a Moscú, ya que el año pasado Putin lo hizo dos veces a Budapest, y coincide con una verdadera tormenta en sus relaciones con la Unión Europea a cuenta de la inmigración. «No se puede decir que siempre haya existido un buen clima internacional para nuestra cooperación. Pero para eso están todas las cosas desagradables, para que podamos enfrentarnos juntos a ellas y creo que lo estamos logrando», le dijo ayer Orban a Putin nada más comenzar la reunión que mantuvieron en el Kremlin. Después, durante la rueda de prensa conjunta, el presidente ruso afirmó, en relación con la inmigración a Europa que «estos problemas deben resolverse dentro de la UE, pero a juzgar por lo que sucede, dudo de que vaya a reducirse», el flujo de desplazados. Dando la razón a su interlocutor húngaro, Putin señaló que «al principio hablaban de inmigrantes de Siria, Irak, otros países de Oriente Próximo, y ahora ya hablan del África negra. El número de inmigrantes crece en todo momento». Según su opinión, «si se incentiva esa inmigración con ayudas sociales cuantiosas y otras ventajas, no hay motivos para que cese ese flujo». Orban le correspondió una vez más criticando las sanciones de la UE contra Rusia. «Pese a que nuestro intercambio comercial ha caído por culpa de las sanciones de la UE, hemos podido revertir la tendencia a nuestro favor. Hoy he venido para expresar mi agradecimiento por todo el trabajo que hemos hecho juntos», le dijo el primer ministro húngaro al jefe del Kremlin. Los dos mandatarios hablaron de cooperación y, en particular, de la construcción de dos nuevos reactores atómicos en la central nuclear de Paks, la única en funcionamiento en Hungría. El proyecto está a cargo de la corporación rusa Rosatom.
18-09-2018 | Fuente: abc.es
El «hackeo» amenaza de nuevo las elecciones de EE.UU.
A pesar del presidente, hay verdadero miedo en Washington a que, de nuevo, unas elecciones, en este caso las legislativas que se celebrarán el seis de noviembre, sean vulnerables a injerencias extranjeras, especialmente procedentes de Rusia. Por ese motivo, Donald Trump se ha visto obligado a firmar un decreto mediante el cual aplicará sanciones automáticas contra cualquier «persona, entidad extranjera o país que autorice, conduzca o apoye cualquier injerencia extranjera en unas elecciones de EE.UU.». No se trata de un problema menor, porque 30 millones de estadounidenses residen en Estados que disponen de forma mayoritaria de sistemas de votación electrónicos que no dejan rastro alguno en papel y por tanto son extremadamente vulnerables a operaciones de «hackeo». Trump, reticente a aceptar cualquier prueba de interferencia extranjera en las presidenciales de 2016, emitió el decreto el 12 de septiembre sin pompa ni ruido. No hizo mención a él en Twitter y dejó que fuera el consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, quien diera los detalles. Este explicó en una conversación con periodistas que el decreto es «sólo un esfuerzo más de los muchos que ha hecho esta Administración en contra de las injerencias extranjeras en las elecciones y en cualquier proceso de decisión política». Por lo demás, Bolton se negó a aclarar si la orden partía directamente del presidente o era obra de los jefes de las agencias de inteligencia, que tendrán un periodo de 45 días después de las elecciones de noviembre para analizar e informar a la Casa Blanca de posibles manipulaciones de la votación. La principal preocupación del Gobierno norteamericano es asegurar los centros donde se permite la votación por vías exclusivamente electrónicas, algo que en total afecta a 35.000 urnas de las 350.000 que funcionan en todo el país. Aunque en 31 de los 50 Estados se puede votar de forma digital, este método ha sido adoptado de forma generalizada y sin que deje rastro de papel en Georgia, Nueva Jersey, Carolina del Sur, Luisiana y Delaware, que suman una población de 30,7 millones de habitantes y deciden 40 de los 435 escaños de la Cámara de Representantes, en la que las encuestas prevén una ventaja de los demócratas de sólo 16 votos. El sistema de votación electrónica Tal es la inquietud en estas elecciones que a apenas cuatro semanas de que comience el voto por adelantado, una juez federal ha alertado de que Georgia, con 10 millones de habitantes y 14 escaños, es vulnerable a injerencias durante el voto. Un grupo de activistas demandó a las autoridades de Georgia tras detectar fallos de seguridad en sus servidores electorales. Le pedían a la juez que anulara el voto electrónico y obligara a usar papeletas físicas, algo que rechazó el lunes por la cercanía de la jornada electoral. En 2017 el Gobierno federal notificó a 21 Estados de que habían sido objeto de intentos de «hackeo» procedentes de Rusia en 2016. En julio, el fiscal especial Robert Mueller presentó cargos contra 12 funcionarios rusos por infiltración en los sistemas electorales de varios condados en Georgia, Florida e Iowa. La implantación de sistemas de votación electrónica en EE.UU. comenzó después del agónico recuento de las presidenciales de 2001 en Florida, donde la perforación de las papeletas físicas demoró 36 días la proclamación de George W. Bush como ganador. En teoría esas modernas urnas electrónicas, que no tienen conexión a Internet, están diseñadas a prueba de injerencias. Pero son vulnerables por su método de transmisión de datos: las máquinas contienen unos módems que se conectan a líneas telefónicas para transmitir los resultados electorales a la junta electoral. Esas conexiones se producen con «routers» que pueden ser y de hecho han sido «hackeados» en el pasado. Según Andrew Appel, profesor de ingeniería informática en la universidad de Princeton y experto en procesos de votación, «si la seguridad de quien ofrece esa conexión telefónica no es perfecta ?y no existen las conexiones perfectas? hay un riesgo de vulnerabilidad en esa transmisión». La supuesta manipulación de las elecciones de 2016 por parte de Rusia, que investiga el fiscal Mueller, ha creado dos bandos enfrentados: el presidente y los republicanos que le apoyan creen que no es necesario alterar el sistema de votación, mientras los demócratas demandan una vuelta a las papeletas tradicionales que les costaron la presidencia en 2001. Los críticos con el presidente creen que el decreto firmado la semana pasada, que no menciona a Rusia, es completamente insuficiente. «Debemos asegurarnos de que Vladimir Putin, Rusia y otros agentes extranjeros entienden que responderemos de forma decisiva, con duras consecuencias, a los que interfieran en nuestras elecciones», dijeron el senador demócrata Chris Van Hollen y republicano Marco Rubio en un comunicado crítico con Trump. La preocupación de estos senadores y de una gran cantidad de legisladores, sobre todo demócratas, es que una serie de medidas quirúrgicas, como la inutilización de las máquinas o la anulación de votos, acaben sembrando el caos la jornada electoral o, peor, decanten el resultado a favor de los candidatos más extremistas.
18-09-2018 | Fuente: abc.es
Un acuerdo nada sencillo de ejecutar para Siria
Rusia y Turquía volvieron a demostrar que las decisiones importantes en esta nueva Siria se adoptan a miles de kilómetros de Damasco y que Estados Unidos carece de peso en los despachos donde se debate el futuro de esta guerra. Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan anunciaron que, de momento, no habrá una ofensiva a gran escala contra Idlib, última provincia fuera del control del Ejército y bastión del brazo sirio de Al Qaeda. Ese es el único punto claro y tangible tras una cumbre en la que le memorándum final no parece nada sencillo de ejecutar. El 15 de octubre es la fecha acordada para la entrada en vigor de la zona de desmilitarización que patrullarán rusos y turcos, pero es también el día para el que los grupos opositores deberán haber entregado sur armamento pesado y, lo que parece aun más complicado de lograr, para que los combatientes del brazo sirio de Al Qaeda abandonen la zona. Esta es la exigencia número uno de Moscú y ahora Erdogan deberá conseguir que los grupos a los que apadrina y arma desde 2011 consigan separarse y expulsar a los combatientes leales a AQ, que podrían ser unos 10.000, según las cifras que baraja Naciones Unidas. ¿Cuál será su destino? El aspecto esperanzador del acuerdo es que los firmantes son países con peso real en una guerra en la que tienen desplegados a sus ejércitos. Tanto Rusia como Turquía están metidos de lleno en este conflicto y defienden sus propios intereses. No se trata de una serie de medidas abstractas adoptadas por Naciones Unidas en Ginebra, sino de puntos muy concretos negociados por Putin y Erdogan, patrocinadores del Gobierno de Damasco y de la oposición armada y política respectivamente. Moscú y Ankara tienen sus propias agendas. Putin necesita asegurar sus bases militares en Latakia y para ello debe eliminar cualquier amenaza de la vecina Idlib. El líder ruso también quiere ganarse el respaldo de Erdogan en su pulso personal con Donald Trump y lo consigue ya que al suspender la ofensiva el presidente turco gana tiempo para seguir reforzando las milicias sirias con las que pretende frenar la amenaza de los kurdos, que son los grandes aliados de Estados Unidos. Todo esto y mucho más está sobre la mesa en la que se debate el futuro de Siria, un país que se limita a poner el tablero donde se disputan estas grandes partidas, la destrucción y los muertos.
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