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Noticias de violencia

20-01-2021 | Fuente: abc.es
Los republicanos arropan a Biden y curan heridas
Rotas las relaciones con su jefe y queriendo aparentar normalidad, Mike Pence decidió representar ayer a la Administración saliente en la jura de Joe Biden en el Capitolio. Al hacerlo, el ya ex vicepresidente de Estados Unidos visitó con su mujer el mismo Capitolio en el que 14 días antes una turba quiso lincharle por negarse a invalidar el resultado de las elecciones. Ayer, Pence se encargó de demostrar al mundo que el grueso del Partido Republicano ha dejado de estar con Trump y respeta y honra el traspaso de poderes. Tras que Biden, ya presidente, dijera en su discurso que quería curar las heridas de la nación y pasar página, Pence aplaudió de pie, como hacían los demás. Normalmente, tras la jura, el nuevo presidente y su vicepresidente acompañan a sus predecesores a la escalinata oriental del Capitolio y los despiden desde allí. Al no estar Trump ayer, toda la atención recayó en Pence, quien además había dado el relevo a la primera mujer en ocupar el cargo. Le acompañó Kamala Harris hasta su coche, y ambos hablaron durante un buen rato, de forma distendida, como si el traspaso de poderes hubiera sido fácil, y no hubieran existido las incendiarias denuncias de fraude de Trump y el saqueo de ese mismo Capitolio el 6 de enero, en el que murieron cinco personas. Lealtad institucional Lo cierto es que, al final, los republicanos, comandados por Pence, arroparon a Biden. Estaban en la toma de posesión en el Capitolio hasta aquellos que votaron en contra de certificar los resultados de las elecciones en el pleno del 6 de enero, interrumpido por el saqueo, como el senador Ted Cruz. Cerca del presidente estaban los máximos líderes republicanos en el Senado, Mitch McConnell, y la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy. Ambos se reunieron con Biden y Harris dentro del Capitolio después de su jura, y les desearon mucha suerte en un signo de cordialidad y normalidad institucional ya después de la era Trump. En señal de paz, al menos de momento, les diputados republicanos se unieron a sus compañeros demócratas y le regalaron al presidente y la vicepresidenta dos fotografías enmarcadas de la ceremonia de jura que acababa de tener lugar. Fue Pence quien dio el golpe final a las aspiraciones de Trump de invalidar el resultado de las elecciones de noviembre, al negarse a impugnar el recuento en un pleno en el Capitolio el 6 de enero. Mientras la turba asaltaba aquel edificio donde ayer juró Biden, el propio Trump insultaba a su propio ?número dos? al llamarle «cobarde». En aquel momento, los asaltantes tomaron el Capitolio y comenzaron a gritar: «Ahorcad a Pence». Este fue evacuado por el Servicio Secreto, y en cuestión de minutos los agresores estaban sentados en la silla que había ocupado, llamándole «traidor». Trump no llamó entonces a su vicepresidente, y la relación entre ambos ha quedado completamente rota por ello. Se han visto una vez más, y en su despedida Trump mencionó a Pence apenas de pasada. Rechazo a Trump Horrorizados por aquella violencia del asalto al Capitolio, los líderes republicanos le han dado la espalda a Trump. El «impeachment», impulsado por los demócratas, ha prosperado en la Cámara, y ahora queda el juicio político en el Senado, que bien puede culminar en la inhabilitación del ex presidente. Con que se unan 17 senadores republicanos, de los 50 que hay, la suerte de Trump puede estar echada. El líder republicano en el Senado, McConnell, ha acusado abiertamente a Trump de haber «incitado» a los violentos que saquearon el Capitolio, y ha pedido a los integrantes de su bancada que voten en el juicio político «de acuerdo con su conciencia». Por esas desavenencias, Trump está tan molesto con su partido como con los demócratas. En su última noche en la Casa Blanca, sus asesores filtraron a los medios afines que una de las opciones que baraja el expresidente es fundar su propio partido, par el que quiere un nombre similar a «Partido Patriota», para poder enarbolar de nuevo la bandera del populismo. Sea como sea, él ha prometido devolvérsela a los republicanos que le han dado la espalda haciéndoles perder las primeras a las que se vayan presentando.
20-01-2021 | Fuente: abc.es
Joe Biden es ya el 46º presidente de EE.UU.: «La democracia ha vencido»
«Juntos escribiremos una historia americana de esperanza, no de miedo. De unidad, no de división. De luz, no de oscuridad». Joe Biden pronunció estas palabras poco después de poner su mano sobre la Biblia y jurar su cargo de presidente de EE.UU. El escenario en el que lo decía, sin embargo, era un contraste descarado a las intenciones del nuevo ocupante de la Casa Blanca. Biden hablaba desde el lugar tradicional para la investidura de los presidentes, la escalinata de mármol del Capitolio. La misma que dos semanas antes había sido invadida por una turba de seguidores de Donald Trump, alentados por el propio ex presidente, para evitar la certificación de la victoria electoral de Biden. El mismo lugar en el que hubo cinco muertos -entre ellos, un policía-, en un capítulo bochornoso y trágico para la democracia más vieja y estable del mundo. El mismo lugar en el que, contra la tradición, no se presentó Trump, en una muestra de una brecha política que no se esfumará con un discurso. Biden habló a un público inexistente. El Mall, el amplio parque que va desde el Capitolio hasta el monumento a Abraham Lincoln, que se llena con cientos de miles de personas en las investiduras, estaba desierto. Sobre todo, ante el temor a un ataque de extremistas para desbaratar la toma del poder del nuevo presidente. Pero también por la pandemia de Covid-19, que acumula más de 400.000 muertos en el país y seguirá aumentando la factura mortal en la presidencia de Biden. Los pocos invitados a la ceremonia, separados entre sí, cubiertos con mascarillas, eran otro doloroso recuerdo del momento que vive EE.UU. Fuera del Capitolio, la ciudad estaba tomada por cerca de 25.000 miembros de la Guardia Nacional, con todos los alrededores del Mall -donde también está la Casa Blanca- parapetados con vallas y muros y con decenas de calles cortadas. Los alrededores de la zona acordonada estaban desiertos y en silencio, con apenas un puñado de curiosos en las vallas, a cientos de metros de la ceremonia, en una mañana fría de enero. Era una postal fantasmagórica de un traspaso de poder en un país en crisis política, económica y sanitaria. Esa atmósfera puso un velo sombrío en un momento histórico: Kamala Harris se convirtió, poco antes de la jura de Biden, en la primera mujer en conquistar la vicepresidencia de EE.UU. También la primera persona negra o asiática -Harris es de padre jamaicano y madre india- en llegar al segundo cargo de mayor jerarquía del país. Juró su lealtad a la Constitución sobre dos biblias: una de su familia y otra que perteneció a Thurgood Marshall, el primer negro en ser juez del Tribunal Supremo. «Aquí estamos, mirando al gran Mall en el que el Dr. King habló de su sueño», dijo Biden sobre el célebre discurso de Martin Luther King Jr. «Aquí estamos, donde hace 108 años en otra investidura, miles de manifestantes trataron de impedir que mujeres valientes marcharan en defensa de su derecho a votar», añadió mirando a Harris. «¡No me digáis que las cosas no pueden cambiar!» «Hemos vuelto a aprender que la democracia es valiosa, que la democracia es frágil», dijo Biden sobre los acontecimientos del 6 de enero, la traca final del intento de Trump de dar la vuelta a los resultados de las urnas. «Pero en este momento, amigos, la democracia ha vencido». De esa victoria, sin embargo, sale debilitada. La cruzada de Trump por revertir el resultado electoral ha calado entre sus votantes, pese a que ni su propia Administración, ni las autoridades de los estados -incluidos la mayoría de los republicanos-, ni los tribunales -empezando por el Supremo, de mayoría conservadora- encontraran evidencias del «robo» electoral masivo que ha predicado desde la noche del 3 de noviembre. Casi el 80% de los votantes republicanos, según las encuestas, creen que la victoria de Biden no es legítima. «Las últimas semanas y meses nos han enseñado una lección dolorosa», dijo el presidente en referencia a esos esfuerzos, aunque nunca citó a Trump. «Hay verdades y hay mentiras, mentiras que se dicen para conseguir poder y beneficios». «Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad como ciudadanos, como estadounidenses, y en especial como líderes que han jurado honrar nuestra Constitución y proteger nuestra nación, defender la verdad y derrotar las mentiras», prosiguió. Tendrá una labor ardua por delante, con buena parte del país que no se cree los resultados electorales y con un creciente calado de teorías conspiradoras y de cuestionamiento de la ciencia, desde la creencia en QAnon -la teoría infundada de la existencia de una red de pederastia en las altas esferas de la elite política, que iba a ser desmantelada por Trump- hasta el simple rechazo del uso de la mascarilla frente al covid. «Tenemos que rechazar la cultura en la que los propios hechos se manipulan, e incluso se inventan«, dijo. Biden no obvió la encrucijada política en la que se encuentra el país. «Sé que hablar hoy de unidad puede sonar como una fantasía ingenua. Sé que las fuerzas que hoy nos dividen son profundas y reales«, dijo sobre un país polarizado, con una brecha política que ha partido familias, ha disparado la violencia extremista y ha convertido la cooperación entre partidos en una aventura imposible. A pesar de ello, insistió una y otra vez en la necesidad de que el país, que se ha dado la espalda, se una. «Debemos acabar con esta guerra incívica de rojos contra azules, de campo contra ciudad, de conservadores contra liberales», dijo, y abogó por «empezar de nuevo: comencemos a escucharnos, a vernos, a mostrar respeto los unos por los otros«. «El camino es la unidad», sentenció Biden sobre la manera de sortear las crisis que azotan al país. Es difícil saber si su llegada al poder será un punto de inflexión en la división de EE.UU. Los líderes republicanos al menos buscaron escenificar unidad institucional alrededor del nuevo presidente. El vicepresidente saliente, Mike Pence; y sus dos máximos exponentes en el Congreso, el senador Mitch McConnell y el diputado Kevin McCarthy, no fueron a despedir a Trump a la base aérea de Andrews y sí comparecieron en el Capitolio con Biden. Tras su discurso, el nuevo presidente cumplió con el boato de las investiduras -la visita a Arlington, el desfile inaugural, la recepción de regalos, las fotos en la escalinata, la entrada en la Casa Blanca-, todo con la sordina de realizarse sin público. Un comienzo sobrio y gris de una presidencia que recibe un país dividido y en crisis.
19-01-2021 | Fuente: abc.es
Trump no se rinde en su discurso de despedida: «El movimiento que comenzamos acaba de empezar»
A menos de un día de tener que abandonar la presidencia, Donald Trump tiene un mensaje a la nación: no está acabado. En un discurso de despedida que acaba de difundir la Casa Blanca, el presidente número 45 de Estados Unidos afirma: «Mientras me preparo para entregar el poder a una nueva Administración el miércoles al mediodía, quiero que sepan que el movimiento que comenzamos solo acaba de empezar». El presidente Trump todavía no ha aclarado si se presentará a las elecciones presidenciales de 2024, aunque es una opción que sus colaboradores han hecho circular estas pasadas semanas. De momento, se retirará a Florida, donde reside ahora oficialmente. El Senado aún tiene pendiente el juicio político del «impeachment», que comenzará en días venideros. Antes de abandonar el cargo, el presidente ha vuelto a condenar el saqueo del Capitolio del 6 de enero, en el que murieron cinco personas. «Todos los estadounidenses están horrorizados por el asalto a nuestro Capitolio. La violencia política es un ataque a todo lo que valoramos. Nunca se puede tolerar», dijo en su vídeo. Momentos antes, el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, le acusó de haber «provocado» aquella insurrección con sus denuncias de fraude. Eso sí, Trump quiere dejar claro que no guarda rencores, a pesar de sus inacabables denuncias de fraude, que no ha aceptado ni una sola corte de justicia. En su discurso, Trump dice: «Esta semana damos la bienvenida a una nueva Administración y rezamos por su éxito en mantener a EE.UU. seguro y próspero». Reivindica su legado En su último discurso, el presidente Trump reivindica el populismo con el que llegó, brazo en alto, a la Casa Blanca. «Logramos todo lo que nos propusimo s, y mucho más. Sobre todo, hemos reafirmado la idea sagrada de que en EE.UU. el gobierno responde al pueblo. Restauramos la idea de que en EE.UU. nadie cae en el olvido, porque todos importan y todos tienen voz. Asumí las batallas más difíciles, peleé muy duro, tomé las decisiones más complicadas, porque para eso me eligieron». Después, el presidente hace repaso de lo que considera sus mayores logros. «Nuestra agenda no era de derechas o izquierdas, de republicanos o demócratas, sino de trabajar por el bien de una nación, y eso quiere decir toda la nación», dice. En política exterior, Trump se enorgullece especialmente de plantarle cara a China por sus abusos comerciales. Según dice: «Restauramos la fuerza estadounidense en casa y nuestro liderazgo en el extranjero. Construimos la mayor economía de la historia del mundo. Revitalizamos nuestras alianzas y unimos a las naciones del mundo para enfrentarse a China como nunca antes». También se presenta Trump como un pacifista. «Como resultado de nuestra diplomacia audaz y realista, logramos una serie de acuerdos de paz históricos en Oriente Próximo. Es el amanecer de un nuevo Oriente Próximo y estamos devolviendo por ello a nuestros soldados a casa. Estoy especialmente orgulloso de ser el primer presidente en décadas que no ha iniciado nuevas guerras». Trump se irá de la Casa Blanca al amanecer del miércoles, sin darle el relevo personalmente a su sucesor en el cargo.
19-01-2021 | Fuente: abc.es
El líder republicano del Capitolio acusa a Trump de «provocar» la insurrección
El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, ha culpado abiertamente a Donald Trump de «provocar» a la turba que el 6 de enero saqueó el Capitolio y provocó cinco muertos, en una señal de ruptura total a apenas unas horas de que el presidente abandone el cargo, y cuando aún se enfrenta al juicio político del «impeachment». En una intervención este martes en el pleno del Senado, que está considerando a los candidatos a ministros de Joe Biden, McConnell señaló que «la turba fue alimentada con mentiras». «Fueron provocados por el presidente y otras personas con poder, y trataron de usar el miedo y la violencia para impedir un trámite específico del poder legislativo del gobierno federal al que se oponían», añadió. McConnell fue inusualmente duro con Trump y dijo que, a pesar de sus acciones, los senadores se mantuvieron «unidos y decidimos que una turba enfurecida no tendría poder de veto sobre el estado de derecho en nuestra nación». Los asaltantes intentaron impedir que el Capitolio validara la victoria de Biden en las elecciones. Es más, el líder republicano alabó al demócrata Biden por disponerse a asumir el cargo «sin hacer llamamientos a un cambio ideológico radical» y recordó que es un «candidato presidencial que dijo que nos representaría a todos». Horas en el cargo A McConnell le quedan horas como líder de la mayoría del Senado. Tras la jura de Biden, este miércoles, toman posesión de sus escaños tres senadores demócratas. Los dos que ganaron la segunda vuelta de Georgia, Rafael Warnock y Jon Ossoff, y el sustituto de Kamala Harris, que de senadora de California pasa a ser vicepresidenta. Su sustituto será un hispano, Alex Padilla. Harris renunció al escaño el lunes. A partir de entonces los republicanos tendrán 50 escaños, y los demócratas otros 50. El voto de desempate le corresponderá a la vicepresidenta Harris, que desde ese cargo ejerce también de presidenta del Senado. Repudió los hechos El 6 de enero, el republicano McConnell ya repudió los intentos de Trump de invalidar la victoria de Biden, en un discurso en el pleno, minutos antes de que ese mismo hemiciclo fuera asaltado a la fuerza. «Debemos respetar los límites de nuestro propio poder. No podemos quitarles derechos a los ciudadanos. No podemos imponernos y anular las decisiones de las cortes y de los estados en base a unos argumentos tan pobres, tan escasos», dijo McConnell en un discurso recibido por un silencio sepulcral. «Si anulamos estas elecciones por las alegaciones de la parte perdedora, nuestra democracia entraría en un ciclo mortal. Sería imposible que esta nación aceptara de nuevo unos resultados electorales», añadió. Después de aquellos hechos, McConnell se ha apartado mientras los demócratas han avanzado el «impeachment» de Trump en la Cámara de Representantes. Después de su recusación en la Cámara, el Senado debe juzgarle, para decidir sobre su inhabilitación (ya no podrá ser expulsado porque abandona el cargo este miércoles). McConnell ha pedido a cada senador que vote de acuerdo con su conciencia. Para inhabilitar a Trump se necesitarían 67 votos de los 100 que hay en el Senado, es decir, 16 republicanos deberían unirse a los demócratas.
18-01-2021 | Fuente: as.com
La violencia no siempre es el camino: videojuegos donde no hay que matar para progresar
Repasamos juegos que ofrecen mecánicas que desafían la convención de "matar enemigos para avanzar".
16-01-2021 | Fuente: abc.es
¿Por qué a Trump y no a Maduro? La UE quiere regular el «poder censurador» de las redes
¿Por qué se bloquea la cuenta en redes de Trump y no la de Maduro, Rohani o Bolsonaro? Es la pregunta del millón desde que Twitter, Facebook y otras corporaciones decidieron expulsar al presidente Donald Trump de sus redes sociales. Algo difícil de justificar para los líderes europeos que se debaten sobre qué hacer con las gigantes tecnológicas y la conversación en línea sin por ello socavar la libertad de expresión. Con una administración como la de Joe Biden, a priori más alineada con la Unión Europea que la saliente de Trump, los partidarios de una regulación más estricta al otro lado del Atlántico están prestando mucha atención a la propuesta de Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés) que se está cocinando en las instituciones europeas y que prevé regulaciones más estrictas para las empresas tecnológicas además de dar a los usuarios el derecho de reclamar a las plataformas que eliminan su contenido. Su lema viene a ser: lo que es ilegal fuera de internet debe serlo también en internet. Las instituciones europeas pretenden así actualizar sus armas legales, ya que de momento se cuenta solo con una directiva vigente sobre el comercio electrónico que data del 2000. Dos años más tarde, el Google hegemónico que todos conocemos inició su gran despegue, marcando el comienzo de lo que la socióloga estadounidense Shoshana Zuboff llama «la era del capitalismo de vigilancia». A partir de ese momento, Facebook (y el resto de plataformas de la misma compañía), Twitter y Amazon lideraron en Occidente el ejército de «guardianes de acceso» que hoy deciden sobre la libertad de expresión en la red. Si bien el presidente ejecutivo de Twitter, Jack Dorsey, ha defendido la decisión de bloquear la cuenta de Trump reconociendo haber sido incapaz de promover conversaciones «saludables», la canciller Angela Merkel encabeza a quienes abogan por que los gobiernos, y no las plataformas privadas, sean las encargadas de regular el contenido dañino de las redes. En Alemania la negación del Holocausto es un delito por el que las plataformas tienen 24 horas para suprimir todo comentario ilícito si no quieren ser multadas (por montos de hasta 50 millones de euros). La disparidad de opiniones no termina ahí. El Gobierno polaco, aliado natural del trumpismo, ha iniciado un proyecto de ley que prohibiría que las empresas de redes sociales eliminen publicaciones que no infrinjan la ley polaca. «Que sean los jueces y no las corporaciones» Para la UE, las teorías de la conspiración pueden poner en peligro la salud y dañar la cohesión de nuestras sociedades, conducir a la violencia pública y generar malestar social. «Terceros países, en particular Rusia y China, se han involucrado en operaciones de influencia específicas y campañas de desinformación, buscando socavar el debate democrático y exacerbar la polarización social», reza el informe sobre desinformación china publicado la pasada primavera. La propuesta presentada por la Comisión Europea prevé unificar la estrategia para lidiar con el contenido que se considere ilegal. Hasta la fecha, la UE se limitaba a proponer un código de buenas conductas contra el discurso del odio al que se suscriben las gigantes tecnológicas. Las instituciones europeas pretenden acabar con el dogma de la sección 230 de la legislación estadounidense, que otorga a las empresas de medios sociales inmunidad de responsabilidad civil por el contenido publicado por sus usuarios. Desde hace años, especialmente en esta legislatura, la Eurocámara defiende una mayor presencia pública para regular las normas digitales de la UE. «La solución no es obligar a las plataformas a regular y restringir la libertad de expresión. No deben ser las corporaciones sino las instituciones democráticas y los jueces quienes decidan suprimir o no un mensaje que consideren ilegal», consideró Kim Van Sparrentak, de los Verdes neerlandeses, en la comisión de Mercado Interno y Protección del Consumidor (IMCO) del PE que tuvo lugar el pasado lunes. En esa misma reunión, Prabhat Agarwal, que encabeza la unidad de la Comisión Europea responsable de regular las plataformas online y el comercio electrónico, sostuvo ante los eurodiputados que «ya no es aceptable en nuestra opinión que las plataformas tomen solo determinadas decisiones clave sin ningún control, sin rendición de cuentas, sin ningún tipo de diálogo o transparencia sobre el tipo de decisiones que toman». Desde la comisión para Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior (LIBE) se insta a la Comisión a que las medidas de retirada de contenidos solo se apliquen a los «contenidos ilícitos» por la legislación europea o nacional, y no a los «contenidos nocivos», como los bulos, protegidos por las normas en materia de libertad de expresión. Entretanto, Bruselas avanza en la senda de la soberanía tecnológica y regulatoria con hitos como la entrada en vigor en 2018 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), sobre protección de datos de las personas físicas.
15-01-2021 | Fuente: elmundo.es
Matan a una mujer de 33 años en su casa de Oza-Cesuras (La Coruña)
La Guardia Civil mantiene abierta una investigación para aclarar lo sucedido y ha descartado que se trate de un caso de violencia de género 
15-01-2021 | Fuente: as.com
El campeón de golf Ángel 'Pato' Cabrera, detenido por presunta violencia doméstica
El ganador del US Open y del Masters de Augusta fue detenido en Río de Janeiro por la Interpol. Tres de sus exmujeres le acusan de violencia física y agresión verbal.
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