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04-04-2022 | Fuente: abc.es
El peculiar motivo por el que Vladímir Putin no mueve su brazo derecho al andar
Su nombre está en boca de todos, pero se sabe muy poco sobre quién es Vladímir Putin. Su pasado como agente secreto de la KGB , su vida privada y sus intenciones políticas son una incógnita de la que, sin embargo, en ocasiones se desvelan algunas claves. Su obsesión por el secretismo y por generar incertidumbre le acompañan desde que hace dos décadas ascendió al poder en Rusia. Su gélido rostro, ausente de emociones o gestos, hace que sea difícil analizarle. Una de las cosas que han llamado la atención de los expertos es que Putin, al andar, no mueve su brazo derecho. Lo deja colgando, rígido, pegado a su cuerpo, mientras que el izquierdo sí se mueve con naturalidad al ritmo de sus pasos. <blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">What&#39;s up with Putin&#39;s right arm? <a href="https://t.co/ANmoBfebKX">pic.twitter.com/ANmoBfebKX</a></p>&mdash; Francis Scarr (@francska1) <a href="https://twitter.com/francska1/status/1489500903199625222?ref_src=twsrc%5Etfw">February 4, 2022</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Una serie de expertos de la revista médica inglesa British Medical Journal (BMJ) se propusieron analizar el motivo detrás de este curioso gesto, planteando en un principio que fuese el síntoma o consecuencia de alguna enfermedad. Sin embargo, observaron que también lo reproducían otros líderes rusos como Dmitri Medvedev, Anatoly Serdyukov, Sergei Ivanov o Anatoly Sidorov, que también recibieron en su día formación militar. Putin fue agente de la KGB (del Comité para la Seguridad del Estado), en la que se mantuvo desde su ingreso en 1975 hasta la caída de la URSS en 1991 . Los miembros de la KGB recibían una férrea educación en la que se les inculcaban diferentes técnicas militares, como esta ausencia de movimiento en el brazo, bautizada por la BMJ como 'la marcha del pistolero', de acuerdo con un manual de entrenamiento de la agencia de inteligencia soviética recogido por NBC News. El objetivo de este gesto es que los agentes tuviesen la mano derecha (la del brazo inmóvil) preparada para proteger su pistola o para sacarla rápidamente de la funda. Putin ya no va armado, pero mantiene el gesto.
03-04-2022 | Fuente: abc.es
Putin usa el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial como arma de propaganda
A través de sus libros, la premiada escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich supo recoger el sentimiento de confusión de los ciudadanos soviéticos que vieron desmoronarse el Estado en el que habían nacido, donde habían recibido su educación y por el que habían llegado a sacrificar sus vidas. Hay algo de ese lamento en los discursos del antiguo agente de la KGB y presidente de Rusia, Vladímir Putin, y también en su voluntad de reivindicar los episodios de la Historia que considera útiles para fortalecer el músculo del nacionalismo ruso y lograr sus objetivos políticos. Desde el inicio de la invasión de Ucrania, Putin ha vuelto a demostrar cómo la evocación interesada del pasado es una de sus herramientas preferidas de propaganda, intentando equiparar su ?operación militar especial? con la lucha librada por las tropas soviéticas contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. «La Gran Guerra Patriótica se usa para unir tras un logro común a la polarizada población rusa», confirma el historiador James Pearce, autor de ?The Use of History in Putin?s Russia? (Vernon Press, 2020). «Irónicamente, se trata de una victoria que llevó a cabo Stalin, el líder más brutal de la URSS. El Kremlin cuenta con pocos éxitos de su propia cosecha para lograr respaldo», añade. «Los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial movilizan una suerte de orgullo nacional», coincide Jonathan Dekel-Chen, profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén. «El Gobierno ruso plantea que los líderes de Kiev son como los nacionalistas ucranianos de 1941, con los que se aliaron los nazis». Los 'banderites' Cuando Putin califica de ?nazi? al Gobierno de Zelenski o dice que su objetivo es ?desnazificar? Ucrania, sugiriendo que los que se resisten a la invasión son ?banderites? o seguidores del polémico nacionalista ucraniano Stepan Bandera, se escucha un eco histórico preso de la manipulación. Nacido en Galitzia -una región que entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial pasó del Imperio Austrohúngaro a Polonia y más tarde a la URSS-, Bandera es un personaje clave para comprender la retórica del Kremlin. Miembro de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, participó en numerosas actividades terroristas, como el asesinato en junio de 1934 del ministro del Interior polaco Bronislaw Pieracki. Condenado a muerte, su pena acabó siendo conmutada por otra de prisión, pero su estancia entre rejas terminó antes de tiempo, pues fue liberado en septiembre de 1939, después de que las tropas soviéticas y nazis invadieran Polonia según lo acordado en la cláusula secreta del pacto Ribbentrop-Mólotov. «En febrero de 1941, ellos [los nacionalistas de Bandera] llegaron a un acuerdo con los líderes de la Inteligencia Militar Alemana (Abwehr) para formar dos batallones de fuerzas de operaciones especiales», cuenta el historiador Serhii Plokhy en ?The Gates of Europe? (Penguin Random House, 2017). «Uno de los batallones, Nachtigall, figuraba entre las primeras tropas alemanas que entraron en Leópolis el 29 de junio», añade, refiriéndose al avance de la Wehrmarcht durante la Operación Barbarroja. Al día siguiente, Bandera proclamó allí la independencia de Ucrania, mientras la perversión del antisemitismo empujaba a sus seguidores a participar en los pogromos contra la población judía. A pesar de su alianza oportunista con Bandera, el nazismo no estaba realmente interesado en respaldar sus aspiraciones. Después de la proclamación de independencia, los alemanes reprimieron el movimiento nacionalista y enviaron a su líder a un campo de concentración. Como explica el historiador Timothy Snyder en su libro ?Tierras de sangre? (Galaxia Gutenberg, 2017), Ucrania resultó particularmente castigada durante la Segunda Guerra Mundial, pues la riqueza de su suelo la convirtió en un punto de colisión entre el Tercer Reich y la URSS. Mientras Hitler soñaba con poblarla de ?agricultores arios? e incorporarla al ?espacio vital? alemán, Stalin la contemplaba como el granero que le permitiría industrializar su imperio rojo. Sus brutales políticas económicas, con la deportación de los ?kulaks? y la colectivización forzada, provocaron un genocidio, el llamado ?Holodomor?, que supuso entre 1932 y 1933 la muerte por hambre de unos 3,3 millones de ucranianos, sobre todo campesinos. Putin sostiene un retrato de su padre, que combatió durante la Segunda Guerra Mundial - Reuters «El uso del término ?nazi? pretende despertar los recuerdos de la insurrección nacionalista ucraniana durante la guerra, dirigida por la figura de Bandera, con el que el Kremlin suele asociar al Gobierno de Ucrania», explica Pearce. «Con la invocación de esa memoria, se pretende dar a entender que Rusia se defendió en una ocasión a sí misma de los enemigos exteriores y que puede volver a hacerlo. Ese enemigo exterior es hoy la OTAN, a pesar de que nunca ha amenazado a Rusia», expone. «Ucrania no es un país perfecto, pero está intentando convertirse en liberal y democrático», subraya Dekel-Chen. «Zelenski ganó las elecciones para combatir la corrupción y poner fin a la guerra en el Donbass», añade. «Los ciudadanos luchan por dejar atrás la influencia rusa, tener independencia política y acercarse a la cultura de Occidente, lo que no solo implica entrar en sus alianzas». Según recordaba esta semana la BBC, resulta imposible negar la existencia de grupos de extrema derecha en Ucrania, que a menudo coquetean con una estética e ideología de indudable inspiración nazi o nacionalista radical. Así ocurre con el Batallón Azov -que nació durante las protestas del Maidán y el inicio de los combates en el Donbass en 2014, y cuyos integrantes portan parches con símbolos como el ?Wolfsangel? o el ?Sol negro?, empleados por las SS en sus uniformes-, pero también con el partido Svoboda (Libertad), que cuenta con un escaño en el Parlamento ucraniano y reivindica a Bandera, y con Pravy Sektor (Sector Derecho), que se enorgullece de esa misma herencia y no tiene ningún diputado. El relativo auge de esos grupos radicales responde al hostigamiento ruso, según explica el Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo en un artículo donde analiza el caso del Batallón Azov. «El Gobierno ucraniano aceptó e incorporó a estas milicias paramilitares a sus Fuerzas Armadas a finales de año [en 2014, antes de la Presidencia de Zelenski], otorgando así cierta legitimidad a estos grupos», denuncia, matizando que su papel es minoritario en el conflicto. De hecho, exagerar su poder es una de las excusas del Kremlin para justificar la presunta necesidad de ?desnazificar? Ucrania, término que recuerda a la política aplicada por los Aliados sobre Alemania cuando acabó de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un paralelismo imposible e injusto. Zelenski contempla la tumba de su abuelo, que combatió con el Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial - Facebook «Hay extremistas ucranianos, como en casi todos los países europeos», resume Dekel-Chen. Con mayoría absoluta en la Rada -en la que ocupa 254 de los 450 escaños-, Servidor del Pueblo, el partido de Zelenski, es una formación populista y proeuropea, con una ideología vaga, pero de corte moderado. El propio presidente no solo es judío, sino nieto de un soldado del Ejército Rojo que perdió a parte de su familia cuando los alemanes quemaron su pueblo en la Segunda Guerra Mundial, según contó hace poco en una entrevista con la CNN. Por si no fuera suficiente, el mandatario ucraniano publicó un emotivo mensaje en su cuenta de Facebook el 9 de mayo de 2019, comentando una fotografía en la que aparecía depositando flores en la tumba de su abuelo. «Gracias a los que lucharon contra el nazismo y ganaron», escribió. «La contribución de los ucranianos a la victoria fue enorme. Nadie tiene derecho a privatizarla», añadió, en una aparante crítica velada al Kremlin. Esa apropiación rusa de la victoria soviética forma parte del acercamiento interesado de Putin hacia la historia. Poco después de ganar sus primeras elecciones presidenciales en marzo de 2000, restableció la música del antiguo himno de la URSS, cambiando la letra que glorificaba a Lenin por otra que alababa a la tierra y los antepasados; en una de sus declaraciones más conocidas, calificó de «tragedia» la desaparición de la Unión Soviética; y, durante el 70 aniversario del Día de la Victoria, pronunció un emocionado discurso en recuerdo a la victoria Ejército Rojo sobre Tercer Reich, omitiendo los aspectos más oscuros de esa gesta militar. Aunque el jefe del Kremlin no reivindica a todos los líderes de la URSS -como expresó en una carta del pasado junio, considera a Lenin el culpable de la desmembración de la Rusia histórica en varios estados-, sí toma los elementos que más le convienen de ese período. Buscando la grandeza «Putin ve a la Rusia actual como la heredera natural del Imperio zarista y de la URSS», resume Pearce, que recuerda que los guiños al pasado comunista han ido acompañados del florecimiento de la iglesia ortodoxa rusa y la relevancia del Patriarca Kirill. «Su visión es que la mejor versión posible de Rusia es un gran poder gobernado por una figura fuerte y central. Putin se presenta a sí mismo y al Kremlin como la encarnación de las grandes glorias de la URSS y el Imperio zarista. Es un gran admirador de Alejandro III. Su idea de modernización es utilizar el pasado como un motor de progreso e inspiración para reconstruir el estado y la nación», puntualiza. A pesar de esa insistencia de Putin y aunque estudiar el pasado confirma la estrecha relación entre Rusia y Ucrania -la matriz medieval de ambos países fue la Rus de Kiev, un estado eslavo y ortodoxo que desapareció con la invasión mongola del siglo XIII-, resulta imposible obviar las diferencias que también existen entre ambos países. «Mientras la narrativa histórica rusa se ha construido sobre esa noción de un autócrata poderoso, la imaginación política ucraniana se ha labrado con el legado del Sich de Zaporiyia. Esta democracia militar cosaca navegó entre tres grandes poderes, Rusia, Polonia y Turquía, durante casi 200 años, y mantuvo su independencia hasta que el líder electo de la Sich firmó en 1654 una alianza con Moscú, que introdujo progresivamente a Ucrania en la órbita de Rusia», concluye Pearce. En ?Voces de Chernóbil?, uno de sus trabajos más célebres, Alexiévich recoge el testimonio de Marat Filípovich Kojánov, ingeniero jefe del Instituto de Energía Nuclear de Bielorrusia, que cuenta por qué no fue capaz de protestar contra la propaganda soviética sobre la explosión del reactor a pesar de las evidencias acerca de la catástrofe. «Nos hemos acostumbrado a creer», confiesa. «Yo soy de la generación de la posguerra y estoy educado en esta creencia. ¿De dónde viene esa creencia? Habíamos salido victoriosos de una guerra monstruosa». Conocedor de esa debilidad, Putin trata de alimentar la fe ciega de millones de ciudadanos.
03-04-2022 | Fuente: abc.es
¿Quiere Putin 'desnazificar' Ucrania? Así utiliza el Kremlin el recuerdo de la Segunda Guerra Mundial
A través de sus libros, la premiada escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich supo recoger el sentimiento de confusión de los ciudadanos soviéticos que vieron desmoronarse el Estado en el que habían nacido, donde habían recibido su educación y por el que habían llegado a sacrificar sus vidas. Hay algo de ese lamento en los discursos del antiguo agente de la KGB y presidente de Rusia, Vladímir Putin, y también en su voluntad de reivindicar los episodios de la Historia que considera útiles para fortalecer el músculo del nacionalismo ruso y lograr sus objetivos políticos. Desde el inicio de la invasión de Ucrania, Putin ha vuelto a demostrar cómo la evocación interesada del pasado es una de sus herramientas preferidas de propaganda, intentando equiparar su ?operación militar especial? con la lucha librada por las tropas soviéticas contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial. «La Gran Guerra Patriótica se usa para unir tras un logro común a la polarizada población rusa», confirma el historiador James Pearce, autor de ?The Use of History in Putin?s Russia? (Vernon Press, 2020). «Irónicamente, se trata de una victoria que llevó a cabo Stalin, el líder más brutal de la URSS. El Kremlin cuenta con pocos éxitos de su propia cosecha para lograr respaldo», añade. «Los recuerdos de la Segunda Guerra Mundial movilizan una suerte de orgullo nacional», coincide Jonathan Dekel-Chen, profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén. «El Gobierno ruso plantea que los líderes de Kiev son como los nacionalistas ucranianos de 1941, con los que se aliaron los nazis». Los 'banderites' Cuando Putin califica de ?nazi? al Gobierno de Zelenski o dice que su objetivo es ?desnazificar? Ucrania, sugiriendo que los que se resisten a la invasión son ?banderites? o seguidores del polémico nacionalista ucraniano Stepan Bandera, se escucha un eco histórico preso de la manipulación. Nacido en Galitzia -una región que entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial pasó del Imperio Austrohúngaro a Polonia y más tarde a la URSS-, Bandera es un personaje clave para comprender la retórica del Kremlin. Miembro de la Organización de Nacionalistas Ucranianos, participó en numerosas actividades terroristas, como el asesinato en junio de 1934 del ministro del Interior polaco Bronislaw Pieracki. Condenado a muerte, su pena acabó siendo conmutada por otra de prisión, pero su estancia entre rejas terminó antes de tiempo, pues fue liberado en septiembre de 1939, después de que las tropas soviéticas y nazis invadieran Polonia según lo acordado en la cláusula secreta del pacto Ribbentrop-Mólotov. «En febrero de 1941, ellos [los nacionalistas de Bandera] llegaron a un acuerdo con los líderes de la Inteligencia Militar Alemana (Abwehr) para formar dos batallones de fuerzas de operaciones especiales», cuenta el historiador Serhii Plokhy en ?The Gates of Europe? (Penguin Random House, 2017). «Uno de los batallones, Nachtigall, figuraba entre las primeras tropas alemanas que entraron en Leópolis el 29 de junio», añade, refiriéndose al avance de la Wehrmarcht durante la Operación Barbarroja. Al día siguiente, Bandera proclamó allí la independencia de Ucrania, mientras la perversión del antisemitismo empujaba a sus seguidores a participar en los pogromos contra la población judía. A pesar de su alianza oportunista con Bandera, el nazismo no estaba realmente interesado en respaldar sus aspiraciones. Después de la proclamación de independencia, los alemanes reprimieron el movimiento nacionalista y enviaron a su líder a un campo de concentración. Como explica el historiador Timothy Snyder en su libro ?Tierras de sangre? (Galaxia Gutenberg, 2017), Ucrania resultó particularmente castigada durante la Segunda Guerra Mundial, pues la riqueza de su suelo la convirtió en un punto de colisión entre el Tercer Reich y la URSS. Mientras Hitler soñaba con poblarla de ?agricultores arios? e incorporarla al ?espacio vital? alemán, Stalin la contemplaba como el granero que le permitiría industrializar su imperio rojo. Sus brutales políticas económicas, con la deportación de los ?kulaks? y la colectivización forzada, provocaron un genocidio, el llamado ?Holodomor?, que supuso entre 1932 y 1933 la muerte por hambre de unos 3,3 millones de ucranianos, sobre todo campesinos. Putin sostiene un retrato de su padre, que combatió durante la Segunda Guerra Mundial - Reuters «El uso del término ?nazi? pretende despertar los recuerdos de la insurrección nacionalista ucraniana durante la guerra, dirigida por la figura de Bandera, con el que el Kremlin suele asociar al Gobierno de Ucrania», explica Pearce. «Con la invocación de esa memoria, se pretende dar a entender que Rusia se defendió en una ocasión a sí misma de los enemigos exteriores y que puede volver a hacerlo. Ese enemigo exterior es hoy la OTAN, a pesar de que nunca ha amenazado a Rusia», expone. «Ucrania no es un país perfecto, pero está intentando convertirse en liberal y democrático», subraya Dekel-Chen. «Zelenski ganó las elecciones para combatir la corrupción y poner fin a la guerra en el Donbass», añade. «Los ciudadanos luchan por dejar atrás la influencia rusa, tener independencia política y acercarse a la cultura de Occidente, lo que no solo implica entrar en sus alianzas». Según recordaba esta semana la BBC, resulta imposible negar la existencia de grupos de extrema derecha en Ucrania, que a menudo coquetean con una estética e ideología de indudable inspiración nazi o nacionalista radical. Así ocurre con el Batallón Azov -que nació durante las protestas del Maidán y el inicio de los combates en el Donbass en 2014, y cuyos integrantes portan parches con símbolos como el ?Wolfsangel? o el ?Sol negro?, empleados por las SS en sus uniformes-, pero también con el partido Svoboda (Libertad), que cuenta con un escaño en el Parlamento ucraniano y reivindica a Bandera, y con Pravy Sektor (Sector Derecho), que se enorgullece de esa misma herencia y no tiene ningún diputado. El relativo auge de esos grupos radicales responde al hostigamiento ruso, según explica el Observatorio Internacional de Estudios sobre el Terrorismo en un artículo donde analiza el caso del Batallón Azov. «El Gobierno ucraniano aceptó e incorporó a estas milicias paramilitares a sus Fuerzas Armadas a finales de año [en 2014, antes de la Presidencia de Zelenski], otorgando así cierta legitimidad a estos grupos», denuncia, matizando que su papel es minoritario en el conflicto. De hecho, exagerar su poder es una de las excusas del Kremlin para justificar la presunta necesidad de ?desnazificar? Ucrania, término que recuerda a la política aplicada por los Aliados sobre Alemania cuando acabó de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un paralelismo imposible e injusto. Zelenski contempla la tumba de su abuelo, que combatió con el Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial - Facebook «Hay extremistas ucranianos, como en casi todos los países europeos», resume Dekel-Chen. Con mayoría absoluta en la Rada -en la que ocupa 254 de los 450 escaños-, Servidor del Pueblo, el partido de Zelenski, es una formación populista y proeuropea, con una ideología vaga, pero de corte moderado. El propio presidente no solo es judío, sino nieto de un soldado del Ejército Rojo que perdió a parte de su familia cuando los alemanes quemaron su pueblo en la Segunda Guerra Mundial, según contó hace poco en una entrevista con la CNN. Por si no fuera suficiente, el mandatario ucraniano publicó un emotivo mensaje en su cuenta de Facebook el 9 de mayo de 2019, comentando una fotografía en la que aparecía depositando flores en la tumba de su abuelo. «Gracias a los que lucharon contra el nazismo y ganaron», escribió. «La contribución de los ucranianos a la victoria fue enorme. Nadie tiene derecho a privatizarla», añadió, en una aparante crítica velada al Kremlin. Esa apropiación rusa de la victoria soviética forma parte del acercamiento interesado de Putin hacia la historia. Poco después de ganar sus primeras elecciones presidenciales en marzo de 2000, restableció la música del antiguo himno de la URSS, cambiando la letra que glorificaba a Lenin por otra que alababa a la tierra y los antepasados; en una de sus declaraciones más conocidas, calificó de «tragedia» la desaparición de la Unión Soviética; y, durante el 70 aniversario del Día de la Victoria, pronunció un emocionado discurso en recuerdo a la victoria Ejército Rojo sobre Tercer Reich, omitiendo los aspectos más oscuros de esa gesta militar. Aunque el jefe del Kremlin no reivindica a todos los líderes de la URSS -como expresó en una carta del pasado junio, considera a Lenin el culpable de la desmembración de la Rusia histórica en varios estados-, sí toma los elementos que más le convienen de ese período. Buscando la grandeza «Putin ve a la Rusia actual como la heredera natural del Imperio zarista y de la URSS», resume Pearce, que recuerda que los guiños al pasado comunista han ido acompañados del florecimiento de la iglesia ortodoxa rusa y la relevancia del Patriarca Kirill. «Su visión es que la mejor versión posible de Rusia es un gran poder gobernado por una figura fuerte y central. Putin se presenta a sí mismo y al Kremlin como la encarnación de las grandes glorias de la URSS y el Imperio zarista. Es un gran admirador de Alejandro III. Su idea de modernización es utilizar el pasado como un motor de progreso e inspiración para reconstruir el estado y la nación», puntualiza. A pesar de esa insistencia de Putin y aunque estudiar el pasado confirma la estrecha relación entre Rusia y Ucrania -la matriz medieval de ambos países fue la Rus de Kiev, un estado eslavo y ortodoxo que desapareció con la invasión mongola del siglo XIII-, resulta imposible obviar las diferencias que también existen entre ambos países. «Mientras la narrativa histórica rusa se ha construido sobre esa noción de un autócrata poderoso, la imaginación política ucraniana se ha labrado con el legado del Sich de Zaporiyia. Esta democracia militar cosaca navegó entre tres grandes poderes, Rusia, Polonia y Turquía, durante casi 200 años, y mantuvo su independencia hasta que el líder electo de la Sich firmó en 1654 una alianza con Moscú, que introdujo progresivamente a Ucrania en la órbita de Rusia», concluye Pearce. En ?Voces de Chernóbil?, uno de sus trabajos más célebres, Alexiévich recoge el testimonio de Marat Filípovich Kojánov, ingeniero jefe del Instituto de Energía Nuclear de Bielorrusia, que cuenta por qué no fue capaz de protestar contra la propaganda soviética sobre la explosión del reactor a pesar de las evidencias acerca de la catástrofe. «Nos hemos acostumbrado a creer», confiesa. «Yo soy de la generación de la posguerra y estoy educado en esta creencia. ¿De dónde viene esa creencia? Habíamos salido victoriosos de una guerra monstruosa». Conocedor de esa debilidad, Putin trata de alimentar la fe ciega de millones de ciudadanos.
02-04-2022 | Fuente: abc.es
Más armas para Ucrania: tanques soviéticos y otros 300 millones en armamento de EE.UU.
El repliegue ruso en Kiev y otras ciudades del norte abre un nuevo capítulo de la invasión, en la que Moscú priorizará ganar el control del Donbass. Ucrania contará en el nuevo escenario con un nuevo flujo de armamento proporcionado por EE.UU. y sus aliados. Washington aprobó el pasado viernes el envío de otros 300 millones de dólares en equipamiento militar a Ucrania, después de los 800 millones que acordó a mediados de marzo. La decisión se produce pocos días después de la última conversación entre el presidente de EE.UU. Joe Biden, y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, en la que el primero aseguró que su Administración trabajaba «contrarreloj» para el envío de ayuda militar -todavía no había llegado el armamento de ese paquete de 800 millones-, mientras que el presidente de Ucrania le pidió más contribuciones. Desde el comienzo de la guerra, EE.UU. ha autorizado una ayuda militar a Ucrania de 1.600 millones de dólares. El último envío incluirá sistemas de misiles guiados por láser, drones de ataque, drones de defensa, vehículos blindados, munición, armas ligeras y otro tipo de equipamiento, según el Pentágono. Armas de la URSS Al mismo tiempo, EE.UU. y sus socios trabajan para transferir tanques de fabricación soviética a Ucrania. Según ?The New York Times?, no está decidido el número de vehículos que se entregarán ni de qué países procederán. Pero la intención es que sean un apoyo en la residencia del ejército ucraniano en el Donbass, donde Rusia tiene un control mucho más establecido que en otros frentes. Es la región en el este que tiene zonas bajo control de separatistas prorrusos desde 2014 y que tiene frontera con Rusia, lo que facilita el abastecimiento de las tropas rusas. Una mayor presencia de tanques facilitaría a Ucrania llevar a cabo ataques de artillería de larga distancia contra objetivos rusos.
02-04-2022 | Fuente: abc.es
Ucrania denuncia el asesinato de centenares de civiles en las localidades liberadas a las afueras de Kiev
Después de seis semanas de guerra bajo la constante amenaza de un asalto ruso, Kiev proclama victoria porque ya no hay presencia rusa en toda la región. La viceministra de Defensa, Hanna Maliar, declaró a los medios que «todo el óblast (región) de Kiev está ahora libre de ocupantes rusos». Las tropas enemigas fracasaron en su intento de llevar a cabo una operación relámpago sobre la capital, tampoco pudieron cercarla y, finalmente, optaron por retirar sus tropas de forma acelerada de las posiciones más próximas a Kiev. Vladímir Putin se queda sin el golpe de efecto que buscaba en Kiev para acabar con el Gobierno de Volodímir Zelenski y sus hombres fueron incapaces de cruzar el río Irpín. Esta victoria, sin embargo, es parcial, ya que miles de soldados rusos siguen invadiendo Ucrania, los combates se endurecen en los distintos frentes abiertos en el Donbass y, según el Pentágono, «las unidades que estaban en las zonas próximas a Kiev podrían estar reposicionándose para intentar un nuevo asalto». El norte de la capital se ha convertido en un cementerio de soldados rusos, cuyos cuerpos siguen tirados en bosques y trincheras. Circular por los caminos rurales y carreteras de la zona supone un recorrido por un museo de chatarra calcinada. Tanques y blindados rusos destrozados por el fuego ucraniano son la imagen de la derrota estratégica sufrida por Moscú a las puertas de Kiev. Irpín, liberado Ya no hay fuerzas rusas en Hostomel, Bucha e Irpín, los tres grandes núcleos urbanos. Esta última localidad ha sido el punto más cercano a Kiev a la que han llegado las tropas enemigas. Antes de la guerra tenía unos 60.000 habitantes, ahora apenas quedan unas decenas y, pese al final de los combates, mantienen una misma rutina diaria. A las doce del mediodía todo el que puede se acerca al sótano del hospital donde se enciende un generador durante una hora para poder cargar teléfonos móviles, linternas o cualquier aparato eléctrico. No hay luz, ni gas y cada uno sobrevive con los víveres que tenía guardados porque tampoco ha llegado ningún tipo de ayuda humanitaria. El norte de la capital se ha convertido en un cementerio de soldados rusos, cuyos cuerpos siguen tirados en bosques y trincheras «Yo trabajaba en este hospital, soy médico y tengo experiencia militar porque me tocó servir en Afganistán en la época de la URSS. Necesitamos ayuda médica urgente porque hay muchos heridos y enfermos a quienes atender y yo apenas les puedo dar apoyo por teléfono», lamenta Vasilyi durante la recarga de sus teléfonos. Este doctor asegura que «no me sorprende la no intervención miliar europea porque Bruselas tiene miedo de Rusia, por eso quiero decir que son unos cobardes. Hay que ser mucho más activos para frenar a los rusos». A su lado está sentada Tatiana, quien asiente a cada palabra y quiere añadir que «esto no ha terminado, las tropas rusas ya no están en las calles de Irpín, pero los conocemos y sabemos que volverán». Tatiana se ha quedado junto a su marido y carga el móvil para poder hablar con su hijo, que vive en Letonia. Sus familiares les pidieron que salieran de su casa en busca de un lugar seguro, pero se negaron y han resistido en un sótano helador durante las seis semanas. Tumbas en las calles Según los datos de la municipalidad unos 200 vecinos han muerto a causa de los combates, pero la cifra sube cada día porque los servicios de rescate encuentran cuerpos en sótanos y apartamentos. Los dejan junto al portal, tapados con un manta y luego pasan a retirarlos con una furgoneta para llevarlos a un depósito. En los días más duros de la contienda no se podía enterrar a los fallecidos y por ello los vecinos optaron por hacerlo de manera improvisada en jardines, parques o en la misma escuela municipal, que también fue atacada en varias ocasiones. Algunas de estas tumbas tienen una cruz con el nombre del difunto, otras no, son un simple montículo de tierra anónimo. «Yo trabajaba en este hospital, soy médico y tengo experiencia militar porque me tocó servir en Afganistán en la época de la URSS. Necesitamos ayuda médica urgente porque hay muchos heridos y enfermos a quienes atender y yo apenas les puedo dar apoyo por teléfono», lamenta el doctor Vasilyi En el parque central de Irpín, entre frondosos árboles y barbacoas, descansa María Sharapova. A esta mujer de 83 años un mortero le mató el 6 de marzo cuando estaba sentada en un banco. Ahora descansa a dos metros del agujero dejado por el proyectil y del banco en el que permanece su bolso con sus objetos personales desparramados. Oleksander pasa junto a la cruz de madera y maldice a Putin y a los rusos porque «son unas bestias, unas bestias de verdad. Mira lo que nos han hecho y lo peor es que estamos seguros de que volverán. Lo hicieron en Chechenia y lo harán aquí, por eso pido que dejen los cuerpos de sus soldados en el campo para que aunque sea sirvan de fertilizante para la tierra». Los rusos salieron hace una semana de Irpín y desde entonces los servicios de rescate no han parado de recuperar cuerpos y poco a poco los van retirando. En otras ciudades próximas recién liberadas como Bucha la imagen es aun más cruda porque no ha habido tiempo de hacerlo y siguen en las aceras. El alcalde de esta ciudad aseguró que al menos 300 vecinos fueron enterrados estas semanas en una fosa común. Las autoridades ucranianas anunciaron un toque de queda de 48 horas en todas las zonas liberadas con el objetivo de retirar cadáveres e intentar desminar y limpiar las ciudades de toda la munición sin explotar. Las fuerzas ucranianas evacúan a una anciana en Irpín - EFE Sin puentes a Kiev Irpín no es una ciudad reducida a escombros, pero tiene varios barrios afectados por los proyectiles y muchas calles están cortadas por vehículos y tanques calcinados. Los dos grandes puentes que le conectan con Kiev fueron destruidos por el ejército ucraniano para frenar el avance enemigo y ahora apenas quedan dos pasos menores para cruzar el río. Los militares se disponen a habilitar puentes provisionales para facilitar el regreso de los civiles que quieran regresar para ver cómo están sus casas. Valery Ivanovich se presenta como «ingeniero y ciudadano de honor de Irpín» y recuerda que «el 23 de febrero estábamos celebrando mi cumpleaños y estaba aquí toda mi familia. Al día siguiente estalló la guerra y mis hijos y nietos se fueron, pero yo decidí quedarme junto a mi mujer». Valery quiere mirar más allá de la guerra hablar de la situación política porque «esta situación es consecuencia del mal trabajo de los políticos, del gobierno y de los diplomáticos de Ucrania y Rusia y ahora no sabemos cómo terminará». Desde Moscú, venden esta retirada de la región de Kiev como un «cese drástico de la actividad militar» y aseguran que el objetivo primordial desde el comienzo es el Donbass, al este de Ucrania. En Moscú no utilizan la palabra guerra y hablan de «operación especial», pero digan lo que digan en Moscú, los ucranianos no les creen y por eso saben que el silencio que reina ahora en el cielo de la región de Kiev puede volver a romperse en cualquier momento.
30-03-2022 | Fuente: abc.es
Rusia ve innegociable el Donbass y exige que Kiev se pliegue a su demanda
La reunión del martes en Estambul de las delegaciones rusa y ucraniana para tratar de encontrar una salida al actual conflicto se saldó con avances muy leves. Los representantes de Kiev presentaron a sus colegas rusos el borrador de un posible acuerdo para poner fin a las hostilidades y anunciaron que hubo acuerdo en que, a cambio de renunciar a la adhesión a la OTAN, Ucrania recibiría garantías de seguridad de varios países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Turquía e Israel. Propusieron además fórmulas, una de ellas con una extensión de la negociación de hasta 15 años, para posibilitar que Donbass y Crimea volviesen a formar parte de Ucrania. Sin embargo, el jefe de la delegación rusa y asesor del Kremlin, Vladímir Medinski, echó este miércoles un verdadero jarro de agua fría sobre los deseos de Kiev de solventar la actual situación de forma aceptable y rápida. Medinski advirtió en una comparecencia televisada ante los medios de comunicación que «la postura de Rusia en relación con Crimea y Donbass no ha cambiado». Dicho de otra forma, Moscú sigue considerando a Crimea parte constitutiva de la Federación Rusa y a las dos autoproclamadas repúblicas de Donbass, Donetsk y Lugansk, estados independientes. Es más, Rusia no piensa ni sentarse a hablar con nadie de su «derecho soberano» sobre Crimea y, en cuanto a Donetsk y Lugansk, sigue defendiendo oficialmente que sus respectivos territorios no son lo que marcan los acuerdos de Minsk dentro del contorno de la llamada «línea de contacto», sino las dos provincias al completo tal y como figuran en la demarcación vigente desde la época soviética. De ahí los combates que actualmente libran las fuerzas separatistas de Donbass contra el Ejército ucraniano en su afán de hacerse con más territorio. Pero es que Medinski encima incidió en que «Kiev, por primera vez, ha mostrado por escrito voluntad de cumplir las demandas fundamentales de Moscú para construir relaciones normales y, espero, de buena vecindad con Rusia en el futuro». Y es que en Estambul ya se especificó que las «garantías de seguridad» que recibirá Ucrania no se extenderán a Crimea y Donbass. Kiev incluso se comprometió a que nunca intentará recuperar por la fuerza tales territorios. Así que Medinski vendió el resultado de las negociaciones en Estambul como un «éxito» para Rusia. Según sus palabras, «Ucrania esencialmente aceptó las demandas fundamentales de no unirse a la OTAN, renunciar a las armas nucleares y otras armas de exterminación masiva y negarse a desplegar bases militares extranjeras en su territorio. Se compromete también a no realizar maniobras militares con fuerzas extranjeras sin el consentimiento de los países garantes, uno de los cuales es Rusia». De esta última exigencia y de la inclusión de Rusia en el grupo de países que deberán garantizar la seguridad de Ucrania nadie dijo nada a la prensa en Estambul. «Si se cumplen estas condiciones, quedará eliminada la amenaza de crear una cabeza de puente de la OTAN en territorio ucraniano», dijo Medinski Finalmente, el jefe de la delegación rusa aseguró que «si se cumplen estas condiciones, quedará eliminada la amenaza de crear una cabeza de puente de la OTAN en territorio ucraniano». «Esto es en esencia el significado y la importancia del documento acordado preliminarmente con Ucrania a un nivel lo suficientemente alto (?). El trabajo continúa», añadió Medinski, en relación con las reuniones de negociación previstas en adelante. Ultraconservador Se da la circunstancia de que Medinski, de 51 años de edad, nació en la ciudad de Smelá, en la región de Cherkasy, en la parte central de Ucrania, en el seno de una familia rusa. Su padre era militar y estuvo allí destinado. Pero se trasladaron a Moscú a principios de los años 80. Tras finalizar la escuela, Medinski ingresó en el Instituto Estatal de Relaciones Exteriores de Moscú (MGIMO), cuyos estudios finalizó en 1992. Ingresó más tarde en Rusia Unida, el partido del presidente Vladímir Putin, y en 2003 se convirtió en diputado. Fue nombrado ministro de Cultura en mayo de 2012, cargo que ocupó hasta enero de 2020. Desde entonces es asesor de Putin y ahora jefe de la delegación negociadora rusa en las conversaciones con Ucrania. La oposición rusa le considera un político «ultraconservador» muy en la línea de Putin. Tiene varios libros escritos sobre la historia de Rusia y una novela ?Stená? (?El Muro?), publicada en 2012, que se ha llevado incluso al teatro. En 2015, Medinski calificó a Putin de «genio absoluto de la política real contemporánea». Una de los pronunciamientos más criticados de Medinski fue cuando, en 2019, defendió el polémico pacto Mólotov-Ribbentrop, entre la URSS y la Alemania nazi, como «un triunfo de la diplomacia de Iósif Stalin». También ha salido en apoyo de figuras como el zar Iván el Terrible. Censor cultural Estando al frente del Ministerio de Cultura, Medinski fue el artífice de la prohibición del filme ?El niño 44?, protagonizada por el británico Tom Hardy y ambientada en la URSS de Stalin, por «tergiversar los hechos históricos». Otra película que no pudo proyectarse en los cines rusos fue ?La muerte de Stalin? del director escocés Armando Iannucci. Medinski la consideró un «escarnio» y «un ejemplo claro de la guerra ideológica contra Rusia» de Occidente. De manera que, tal y como piensan muchos analistas, la función de Medinski no es otra que la de dar una imagen de supuesto interés en hallar un acuerdo para poner fin a la guerra en Ucrania, cuando, a juzgar por los hechos sobre el terreno, no parece existir el menor interés en otra cosa que no sea ultimar la ocupación de todo Donbass, incluyendo la ciudad mártir de Mariúpol, y, tal vez, mantener bajo el control de las tropas rusas la provincia de Jersón y la franja que une Donetsk con Crimea a través de Berdiansk. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, estimó este miércoles en relación con el actual estado de las conversaciones con Ucrania que «por el momento, no podemos informar de nada muy prometedor o de un avance. Hay mucho trabajo por hacer». Señaló también que «evitamos de forma cuidadosa hacer declaraciones públicas sobre el fondo» de los asuntos tratados en las conversaciones, ya que, subrayó, «creemos que las negociaciones deben llevarse a cabo con discreción». No obstante, Peskov dijo que «es positivo que la parte ucraniana haya finalmente comenzado a formular de manera concreta sus propuestas y a ponerlas por escrito». El martes en Estambul, el viceministro de Defensa ruso, Alexánder Fomín, habló de «reducir drásticamente» las operaciones militares en el entorno de Kiev y Chernígov a fin de «aumentar la confianza mutua y crear las condiciones necesarias para nuevas negociaciones con el objetivo final de firmar un acuerdo» con Ucrania. Sin embargo, las autoridades ucranianas han denunciado bombardeos contra Chernígov y no observan un repliegue real del Ejército ruso. El ayudante de la Presidencia ucraniana, Oleksiy Arestóvich, aseguró ayer que «la guerra continúa». Acusó a las fuerzas rusas de colocar minas en su retirada de algunas zonas.
30-03-2022 | Fuente: elmundo.es
Vicente Vallés: "Putin no se va a conformar con ninguna situación que no le permita decir que ha ganado"
El periodista presenta 'Operación Kazán', su primera novela, una trama de espías en la que la Rusia moderna es la continuación de los medios y los fines de la URSS. 
29-03-2022 | Fuente: elmundo.es
Putin no está loco
La manipulación, la propaganda y la demagogia que el Gobierno ruso disemina por su país son una continuación de las prácticas de la URSS, explica la escritora de origen estonio Sofi Oksanen 
23-03-2022 | Fuente: abc.es
Suecia y Finlandia: «No somos neutrales, estamos para ayudar como esperamos que nos ayuden»
En una rueda de prensa conjunta, los embajadores de Suecia y Finlandia en España, Teppo Tauriainen y Sari Rautio , han expresado este miércoles el compromiso de sus países con la seguridad y defensa europea aunque sus países no pertenezcan a la OTAN. «No somos países neutrales con los países nórdicos o con los países miembros de la UE. En cambio, somos solidarios con nuestros vecinos y socios de la UE. Eso significa que si pasa algo a nuestros vecinos o a los miembros de la UE estamos ahí para ayudar y esperamos que también otros nos ayuden si pasa algo en nuestros países», indicó el diplomático sueco en presencia de su colega finlandesa. Esta rueda de prensa en la Embajada de Suecia tenía como objetivo informar a los medios de comunicación españoles «cómo afecta la invasión de Rusia a Ucrania a sus políticas de seguridad». A la postre, se trata del mensaje político más importante que han dado los embajadores de estos dos países nórdicos en España en muchos años. El embajador sueco, Teppo Tauriainen, durante su intervención - EFE Con los colores de Ucrania en la solapa -con un lazo la finlandesa y con un pin el sueco-, los embajadores condenaron nada más comenzar la invasión rusa en Ucrania: «Apoyamosla independencia y soberanía de Ucrania. Estamos viendo cómo Rusia ataca civiles y apoyaremos las investigaciones en el Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra» contra la Rusia de Putin, explicó la embajadora finlandesa. Hay que recordar que un día después de la invasión de Ucrania, el presidente ruso, Vladímir Putin, amenazó «con graves repercusiones políticas y militares» si Suecia y Finlandia entran en la OTAN. Ambos países sí entraron en 1995 en la UE conjuntamente. Explicaron que la «neutralidad» que se achaca a Suecia y Finlandia en determinados foros no es tal en el mismo momento que entraron en la UE, aunque al no estar en la alianza militar de la OTAN pueda llevar a la confusión. «Hace 20 años que abandonamos la palabra de neutralidad para nuestra política de seguridad y defensa aunque todavía utilizamos no alineamiento», indicó Teppo Tauriainen. En este sentido, ambos diplomáticos informaron que la invasión de Rusia en Ucrania ha provocado un aumento del apoyo ciudadano a una futura membresía en la Alianza Atlántica. En este sentido, los partidos conservadores de ambos países hablan ya abiertamente de estar a favor del ingreso en la OTAN. Tanto en Suecia como en Finlandia se están produciendo iniciativas parlamentarias y de Gobierno para reenfocar su seguridad y defensa: verán a la luz en abril y mayo «Nuestra relación con la OTAN es muy estrecha y esta cooperación fomenta la seguridad en toda Europa. No somos países neutrales, un país miembro de la UE no puede ser neutral, hay solidaridad dentro de la UE. Otra cosa es estar aliados militarmente, es un poco distinto de neutralidad», subrayó Sari Rautio. Ambos embajadores explicaron que sus países subirán igualmente al 2 por ciento sus inversiones en defensa. Finlandia alcanzará esa cifra gracias a la compra de cazas F-35 a EE.UU. (64 cazas por 8.638 millones de euros) y Suecia elevará su gasto actual del 1,26% a la cifra del 2% que han acordaron los países de la OTAN en la Cumbre de Cardiff en 2014. Tanto en Suecia como en Finlandia se están produciendo iniciativas parlamentarias y de Gobierno para reenfocar su seguridad y defensa. Así, el embajador sueco informó e que su Gobierno ha acordado un nuevo grupo de trabajo al respecto, cuyas conclusiones serán presentadas a finales de mayo: «No es sobre la entrada a la OTAN o no, sino más amplio. Aunque partidos de la oposición sí llevarán este asunto de la OTAN en el grupo de trabajo». Por su parte, la embajadora finlandesa informó de que «un nuevo libro blanco [de Defensa] será presentado en abril en el Parlamento y surgirán debates». La embajadora de Finlandia, Sari Rautio - EFE Respecto a las amenazas de Putin, ambos embajadores reconocieron que no son nuevas -«durante los últimos años se han producido»- aunque sí han sido de modo más directo y claro esta vez, sobre todo en el caso sueco. «Es inaceptable. Nosotros decidimos cómo queremos garantizar nuestra seguridad y defensa. Tenemos una larga lista de acuerdos con países», dijo Tauriainen . «No prestamos tanta atención a la retórica [..] Hay un debate abierto sobre la política exterior de seguridad y defensa. El apoyo de los finlandeses a la membresía de la OTAN ha aumentado y es un efecto que hay que mirar», manifestó Rautio al ser preguntada por ABC sobre esas declaraciones del presidente ruso. Ambos países están contribuyendo con armas para fortalecer al ejército ucraniano, como han hecho el resto de países europeos. En el caso de Suecia fue una decisión histórica pues no autorizaba el envío de armas a algún país en guerra desde 1939 cuando asistió precisamente a su vecino finlandés tras la invasión de la URSS de Stalin. La embajadora finlandesa rechazó que Ucrania deba seguir el ejemplo de su país en cuanto a neutralidad (la llamada 'finlandización' de Ucrania) como posible solución al conflicto: «Cada país es oberano», concluyó.
20-03-2022 | Fuente: abc.es
El Papa tiende una mano al patriarca de Moscú para que denuncie la guerra en Ucrania
Ante el rearme alemán, en 1935, Pierre Laval, ministro de exteriores francés, viajó a Rusia para arrancar a Molotov y Stalin un pacto de no agresión entre París y Moscú. Les explicó cuántas divisiones tenía Francia para defenderse del ejército alemán, y solicitó a la URSS que redujera las presiones contra los católicos, pues eso ayudaría a París en sus relaciones con la Santa Sede. ?¡Ah, el Papa!?, respondió irónico Stalin. ?¿Pero cuántas divisiones tiene el Papa??, le preguntó. No le faltaban razones al líder soviético, pues la Guardia Suiza llega apenas a los 200 soldados y no es una amenaza militar para ningún Estado. Pero se equivocaba al escatimar la capacidad geopolítica de la Santa Sede. En la famosa piazza della Minerva de Roma, a espaldas del Panteón, tiene su sede la llamada 'Pontificia Accademia Ecclesiastica', donde casi ininterrumpidamente desde 1706 se preparan los diplomáticos del Vaticano. Cada año recibe doce nuevos alumnos. Son sacerdotes, que, además de estudiar 'Historia de la diplomacia', 'Estilo diplomático', o 'Diplomacia eclesiástica', deben pasar un año en territorio de misiones para no olvidar los problemas de la gente real. De esta 'escuela' salió en 2004 el lituano Visvaldas Kulbokas. Primero fue enviado como secretario a las nunciaturas de Líbano y Rusia; después, desde 2012, a la Secretaría de Estado. Y el pasado junio, el Papa convirtió a este sacerdote de 47 años en nuncio en Ucrania. Es uno de los pocos embajadores que siguen en Kiev y uno de los principales rostros de la estrategia del Vaticano para detener la guerra. ?Sigo aquí porque no sólo represento a la Santa Sede ante Ucrania; represento al Papa ante la gente?, explicó. Aunque asegura que la nunciatura está en una zona alejada de los ataques, trabaja y duerme lejos de las ventanas del edificio, y lleva siempre consigo una mochila con lo necesario, por si tiene que escapar deprisa. Por supuesto, está en continuo contacto con sus jefes, incluido el Papa Francisco. El pontífice está movilizando todos sus recursos para parar la guerra. Espiritualmente, junto a todos los obispos del mundo, consagrará este viernes ambos países, Rusia y Ucrania, a la Virgen María. Políticamente, su línea sigue el milenario 'manual' vaticano, que consiste en tener siempre abierto un canal con el agresor. Por algo 'pontífice' significa 'constructor de puentes'. Tiempo para el acuerdo La estrategia vaticana va en dos direcciones. Por un lado, el Papa está elevando exponencialmente el tono de sus condenas de la guerra para que Rusia acepte un alto el fuego. Por otro, la secretaría de Estado Vaticana pide a todos los actores que eviten declaraciones que provoquen una escalada aún peor y que apuesten por una salida negociada. ?No es tarde para alcanzar un acuerdo?, insiste el cardenal Pietro Parolin, número dos de la Santa Sede. En público y en privado repite que el Vaticano está dispuesto a mediar entre Kiev y Moscú. Se lo transmitió a Serguéi Lavrov en una conversación telefónica. ?Por ahora no ha querido servirse de esta posibilidad?, explicó el purpurado. Lo cierto es que tampoco ha sido necesario, pues la mediación turca y la israelí están dando frutos. Visto que los canales están abiertos y que en este momento la mediación directa no es urgente, el Papa ha emprendido una campaña de ?diplomacia religiosa? para llegar a personas de confianza de Vladimir Putin. Poco más de 24 horas después de la entrada de tanques rusos en Ucrania, el Papa se plantó en la embajada de Rusia ante la Santa Sede para que su voz llegara hasta Moscú. El actual embajador ruso ante el Vaticano, Aleksandr Avdeev, fue ministro de Cultura en el periodo en el que Vladimir Putin fue primer ministro. Pero mucho más relevante fue la conversación que esta semana el pontífice consiguió mantener por Zoom con el Patriarca Kirill, líder de la Iglesia ortodoxa rusa. En una de sus pocas declaraciones tras la invasión, el patriarca ha justificado esta guerra como una defensa de los valores y la fe del pueblo ruso ante la agresiva cultura occidental, que tiene por icono el ?gay pride?. A pesar de las delicadas relaciones entre católicos y ortodoxos, Francisco, usó palabras insólitamente duras, y le dijo que esta guerra es injustificable. ?En el pasado, incluso en nuestras Iglesias, se hablaba de guerra santa o guerra justa. Hoy ya no podemos hablar así. Se ha desarrollado una conciencia cristiana de la importancia de la paz?, le dijo el Papa. Además, ?como pastores religiosos tenemos el deber de estar cerca y ayudar a todas las personas que sufren por la guerra?, una referencia explícita a las víctimas civiles en Ucrania. Influencia de Kirill Es poco probable que Kirill haya hablado con el Papa sin el permiso de Putin. Por eso, entre las posibles interpretaciones de ese encuentro, hay quien lo ve con optimismo como un primer paso del Kremlin para avalar un eventual alto el fuego. Lo que está claro, es que el Patriarca de Moscú es uno de los pocos con posibilidades de influir sobre Vladimir Putin. Este viernes, en su mitin-concierto por el octavo aniversario de la anexión de Crimea en el estadio moscovita de Luzhnikí, Vladimir Putin citó un versículo del evangelio de san Juan: ?No hay un amor más grande que el dar la vida por los amigos ?, dijo en referencia a los soldados rusos que están en el frente. No suelen acabar bien quienes usan la Biblia para justificar la violencia. Quizá Kirill le recuerde el Libro del Éxodo, donde aparece el quinto mandamiento, que es bastante explícito: ?No matarás?.