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Noticias de union europea

25-05-2020 | Fuente: abc.es
Reino Unido estudia un plan para dar refugio a hongkoneses que quieran huir del comunismo chino
El Gobierno del primer ministro Boris Johnson está estudiando un plan para dar refugio en Reino Unido a miles de hongkoneses que quieran huir del comunismo chino, en un momento en que las protestas se han reactivado en la colonia británica a raíz de los temores provocados por la nueva ley de seguridad china, que busca prohibir la traición, secesión, sedición y subversión y Hong Kong considera una nueva afrenta a la libertad de expresión. Johnson mantuvo una reunión a principios de este año en la que expresó que el Ejecutivo está listo para dar refugio a los ciudadanos de Hong Kong, según información del Sunday Express. La apuesta de Johnson no parece casual, ya que la excolonia se caracteriza por su alto nivel en ciencia y tecnología, algo que el «premier» ha calificado como fundamental tras la salida del país de la Unión Europea. Laurie Fransman, abogada especialista en inmigración y asesora del Gobierno, colaboró a desempolvar el asunto hace unas semanas, al enviar una carta a la ministra del Interior, Priti Patel, en la que explicaba que no había motivos legales para negar el derecho de residencia en Gran Bretaña a los británicos de Hong Kong, aquellos nacidos antes de 1997, cuando el país devolvió la colonia a China, y además le expresó a los miembros del partido Conservador la posibilidad de que a los titulares de pasaportes británicos de ultramar se les pueda ofrecer legalmente el derecho de residencia en el Reino Unido. Además, ahora que los manifestantes han regresado a las calles de Hong Kong, el parlamentario «tory» Bob Seeley pidió al Gobierno de Johnson que revise su política sobre los derechos de los portadores del pasaporte especial británico y declaró que «sería una mancha en la reputación de nuestro país si otras naciones abrieran sus brazos, metafóricamente hablando, a la gente de Hong Kong con pasaporte BNO en esta hora de necesidad, antes de que el Reino Unido lo hiciera». Otros diputados de la formación apoyan su iniciativa, la que podría contar con la aprobación del primer ministro. Miles de ciudadanos de Hong Kong que tienen pasaporte británico podrían intentar mudarse al Reino Unido, según han señalado algunos medios británicos, por temor a las consecuencias de la nueva ley de seguridad. Antes de que Reino Unido devolviera la colonia a China en 1997, concedió un pasaporte a 3,5 millones de hongkoneses. No obstante, este pasaporte especial conocido con el nombre de BNO, siglas en inglés de British National Overseas, supone un estatus especial que permitía a sus portadores seguir conservando la ciudadanía del Reino Unido y su carné de identidad local, pero no otorga un permiso de residencia, ya que es un documento para «británicos en el extranjero» que solo permite una estancia de un máximo de seis meses en Gran Bretaña. El documento debe renovarse cada diez años pagando una tasa de poco más de cien euros, y actualmente miles de personas lo tienen en vigor y muchos incluso lo están renovando tras tenerlo caducado durante años. Sin embargo, desde hace tiempo hay una campaña para que se produzca un cambio en la legislación que les garantice la plena ciudadanía a estas personas, y que por tanto les permita emigrar con garantías. El debate no es nuevo, pero el temor a la nueva ley de seguridad y esta nueva puerta potencialmente abierta por parte del Gobierno británico, lo ha reavivado.
25-05-2020 | Fuente: abc.es
Así es Dominic Cummings, el «Rasputín» de Johnson que puede dimitir por saltarse el confinamiento
Dicen en los pasillos de Whitehall que Dominic Cummings es a Boris Johnson lo que Rasputín al Zar Nicolás. Aunque en la analogía hay una importante diferencia: mientras que la zarina Alexandra estaba tan absolutamente obnubilada por el monje con fama de sanador que incluso llegó a declararle en una carta que solo tenía un deseo, «caer dormida, dormir para siempre en tus hombros, abrazada por ti» (no nos equivoquemos, que su declaración no era romántica, sino la de una persona agobiada a su más fiel confidente), la pareja del primer ministro británico, Carrie Symonds, lo último que desea es un abrazo de Cummings. La periodista y el político, de 48 años, no hacen buenas migas. Aunque ella no es la única que no tiene buena relación con el consejero favorito de su pareja: si el pasado febrero la prensa británica se hizo eco de una acalorada discusión entre ambos en relación con la reestructuración del gabinete que el «premier» puso en marcha, desde entonces la polémica en torno a Cummings no ha dejado de crecer. Acusado por la prensa y por algunos ministros y asesores de tener una actitud muy agresiva que perjudica al jefe del Gobierno y, por tanto, al país, provocó entonces la salida del Ejecutivo de un peso pesado en media reorganización tras el triunfo del líder conservador en las elecciones del 12 de diciembre y tras la puesta en marcha del Brexit el 31 de enero. El exministro del Tesoro Sajid Javid renunció de forma inesperada después de haber recibido la orden de despedir a su propio equipo, a lo que se negó. Según un portavoz, «el primer ministro le indicó que tenía que despedir a todos sus asesores especiales y reemplazarlos con asesores especiales designados por ?el número 10? (la oficina del jefe del Gobierno). El canciller dijo que ningún ministro respetuoso con su equipo aceptaría esos términos». Inmediatamente fue reemplazado por el hasta ahora secretario en jefe del Tesoro, Rishi Sunak, que ha cobrado un gran protagonismo durante la crisis provocada por el coronavirus. John McDonnell, canciller en la sombra del Partido Laborista, aseguró que «Dominic Cummings claramente ha ganado la batalla para tomar el control absoluto del Tesoro e instalar a su títere» como ministro de Finanzas. La renuncia de Javid se produjo en medio de una escalada de tensión con Dominic Cummings, el principal asesor y mano derecha de Johnson, que no deja de aumentar. Hace una semanas volvió a estar en el centro de la polémica después de que un medio británico revelara que asistió a algunas reuniones del Grupo Asesor Científico para Emergencias (Sage), encargado de aconsejar al Gobierno en relación a la emergencia del Covid-19, lo que despertó la desconfianza y múltiples críticas desde diversos frentes, incluida la oposición, y provocó que el Ejecutivo publicara la lista de miembros del Sage, en un ejercicio de trasparencia a medias, ya que su nombre no figura en ella. Los medios y la población se preguntaron, una vez más, por qué parece que Cummings está siempre detrás de todo lo que se cuece en el Gobierno y su presencia puso en duda la independencia del grupo científico. Se saltó el confinamiento En medio de una pandemia que acapara la mayoría de las noticias, su nombre ha vuelto a los titulares, tras conocerse que se saltó el confinamiento al que está sometida la población británica desde el pasado 23 de marzo al desplazarse entre su vivienda de Londres y el hogar de sus padres en el condado de Durham, a unos 400 kilómetros de distancia, según reveló una investigación de los periódicos The Mirror y The Guardian, cuando la pareja tenía síntomas de Covid-19. Cummings justificó la decisión en que su hijo necesitaba ser «atendido adecuadamente». Este fin de semana, otros medios informaron de que se habría saltado el confinamiento en más ocasiones. La policía de Durham condenó los hechos tras hablar con la familia del político, al menos una decena de diputados de su propio partido han pedido su dimisión y el líder del opositor partido Laborista, Keir Starmer, exige una investigación y condena la pasividad del primer ministro Boris Johnson, que ha cerrado las puertas a cualquier crítica, defiendo a capa y espada a su mano derecha. El hombre del Brexit El llamado «arquitecto del Brexit», ya que fue no solo uno de los principales promotores del divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea, sino su principal estratega, nació en Durham, al noreste de Inglaterra, en 1971. Está casado con la periodista Mary Wakefield, editora de la revista «The Spectator», donde también trabajó Johnson, y se convirtieron en padres de un niño en el 2016. Fanático de Rusia y de su cultura, habla perfectamente el idioma y es un ávido lector de novelistas como Dostoievski. Según el famoso periodista de «The Guardian» Patrick Wintour, está obsesionado con Anna Karenina, Bismarck y las matemáticas. Quizá de ahí viene su paciencia para hacer cálculos, tanto matemáticos como políticos. El último que le ha salido bien fue la ruptura del llamado «Muro rojo», las regiones tradicionalmente votantes del Partido Laborista que en las pasadas elecciones eligieron a los tories. Y les sirvieron el triunfo en bandeja. También es un amante de la ciencia y la tecnología, y se cree que, también por influencia suya, Boris Johnson le ha dado una gran importancia a estas áreas en sus discursos. La idea de convertir al Reino Unido en una potencia científica en la era post-Brexit fue una de las grandes promesas del «premier», que incluso ha dicho que, pese a sus planes de regular la inmigración con un estricto sistema de puntos, los científicos de alto nivel tendrán «vía libre» para vivir y trabajar en el país. Graduado en Historia Moderna por la Universidad de Oxford, Cummings tuvo su gran incursión en el Gobierno británico en 2007 bajo la protección del entonces secretario de educación Michael Gove. Y desde entonces se ha labrado un camino con pocos amigos, cada vez más enemigos y grandes victorias. Pese a ser tan inteligente como creativo, algo que nadie niega, sus formas ponen de los nervios a más de uno, ya que puede ser tan carismático como explosivo. En todo caso, la mejor forma de conocerlo ?o no? es leer su blog, en el que no se corta un pelo con sus opiniones. O leer lo que piensan otros de él. Como el ex primer ministro David Cameron, que en 2014 lo llamó «psicópata profesional». Boris Johnson, sin embargo, es su más fiel protector.
25-05-2020 | Fuente: abc.es
La Ley de Seguridad que quiere imponer China reactiva la revuelta de Hong Kong
No ha tardado Hong Kong en movilizarse contra la Ley de Seguridad Nacional que le quiere imponer China sin pasar por su Parlamento regional, anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular en Pekín. Tal y como se esperaba, ayer estallaron las primeras protestas, ya que muchos consideran que dicha regulación, que penará la subversión, la secesión, el terrorismo y las injerencias extranjeras, viola la autonomía de la que disfruta la excolonia británica bajo el principio de «un país, dos sistemas» y coarta sus libertades, mayores que en el resto de China. Ni la amenaza del coronavirus, ya controlado en la ciudad, ni la prohibición de manifestarse impidieron que miles de personas se congregasen en el distrito comercial de Causeway Bay, escenario habitual de las protestas del año pasado reclamando democracia. Al igual que entonces, la tensión fue en aumento entre los manifestantes, que se cubrían el rostro con máscaras y entonaban cánticos contra el régimen chino portando banderas y carteles, y los antidisturbios, que habían montado un fuerte dispositivo para evitar concentraciones y desplegado hasta su cañón de agua. Cargas y gas lacrimógeno Para dispersar a la multitud, los agentes dispararon gases lacrimógenos y cargaron contra las barricadas montadas en las calles que conducen al vecino distrito de Wan Chai, según mostró la radiotelevisión pública RTHK. Para despejar los obstáculos del camino, se ayudaron del cañón de agua, cuyo chorro acabó propulsando a varias personas y también a algunos periodistas. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes ataviados de negro, se enfrentaron a la Policía lanzando ladrillos y otros objetos. Al grito de «¡Levántate por la libertad, la revolución de nuestros tiempos!» y «¡La independencia es la única salida para Hong Kong!», quemaron neumáticos y basura en las calles y destrozaron los escaparates de algunas tiendas. Al anochecer, el Gobierno local informó en un comunicado de que la Policía había arrestado a al menos 180 personas, entre quienes había 40 que habían montado barricadas y también políticos y consejeros de distrito de la oposición demócrata. Se suman así a los más de 8.300 detenidos desde el estallido en junio de las manifestaciones contra la ya retirada ley de extradición a China, que empezaron de forma pacífica y derivaron en una violenta revuelta por la democracia que sacudía cada semana a Hong Kong hasta la llegada del coronavirus. Según el periódico South China Morning Post, los hospitales atendieron a una decena de heridos por las peleas callejeras. Por las redes sociales circulan imágenes de pandillas de jóvenes de negro, el uniforme de los manifestantes, pegando salvajemente a quienes trataban de retirar las barricadas, entre ellos un abogado de 40 años. Aunque no por una reyerta, sino por un ataque de pánico, en estado crítico se encuentra una limpiadora de 51 años que sufría del corazón y se desmayó cuando un grupo de personas entró a la carrera en el baño donde estaba trabajando. Un verano caliente Con el control de la epidemia del coronavirus y el anuncio de la Ley de Seguridad Nacional, que será promulgada entre junio y agosto, vuelve la agitación social y se espera otro «verano caliente». Además de criticar que dicha normativa sea impuesta directamente desde Pekín en el Anexo III de la Ley Básica, mini-Constitución de Hong Kong, la oposición demócrata teme perder las mayores libertades políticas de las que goza la excolonia británica. Y es que la ley prevé la creación de oficinas de la seguridad pública china para perseguir delitos como la subversión, el separatismo y el terrorismo, acusaciones que el autoritario régimen de Pekín usa habitualmente para condenar a los disidentes en el continente sin las garantías legales que priman en Occidente. Aunque las autoridades chinas y la jefa ejecutiva del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, insisten en que se respetarán los derechos políticos y económicos, la ciudad más libre de Asia teme un aumento de la represión. En el objetivo están la oposición demócrata y los activistas críticos con el régimen del Partido Comunista, que ahora tienen libertad de expresión y reunión para organizar movilizaciones multitudinarias como la vigilia anual recordando la matanza de Tiananmen. Tras su devolución por parte del Reino Unido en 1997, China se había comprometido a respetar dichas libertades bajo el principio de «un país, dos sistemas», vigente en teoría durante 50 años. Alertando de que la nueva Ley de Seguridad Nacional supondrá el fin de dicho modelo, 186 diputados y diplomáticos de 23 países han firmado una declaración denunciando la «flagrante violación» de la Declaración Conjunta Sino-Británica que selló en 1984 el retorno de Hong Kong. «Si la comunidad internacional no puede confiar en que Pekín cumpla su palabra sobre Hong Kong, la gente tendrá recelos para aceptarla en otros asuntos», advirtió el comunicado, redactado por el último gobernador de la colonia, Christopher Patten, y el secretario de Exteriores británico, Malcom Rifkind. Entre los firmantes destacan 44 diputados británicos, ocho miembros de la Cámara de los Lores y senadores estadounidenses muy críticos con China, como Marco Rubio y Ted Cruz. Los planes de Pekín han sido denunciados también por la Unión Europea, Australia, Canadá y Estados Unidos, que amenaza con revisar el estatus económico especial que otorga a Hong Kong como castigo al régimen. En un encuentro con los diputados de esta ciudad y de la vecina Macao, el viceprimer ministro Han Zheng les aseguró que «la intención del Gobierno es firme y la ley será implementada hasta el final». Tal y como informa la televisión estatal CCTV, también les dijo que solo se dirigiría contra un número pequeño de personas: los activistas que buscan la independencia, los radicales violentos y los manifestantes que pretenden hundir la economía local con su canto de guerra «Si ardemos, vosotros os quemáis con nosotros», sacado de «Los juegos del hambre». Por su parte, el Gobierno local respondió anoche en un comunicado a las críticas internacionales defendiendo la necesidad de la ley por la violencia de las protestas, prometiendo además libertad e independencia judicial. Pero, al ser China un régimen autoritario, pocos se lo creen. Pekín apela a la «coexistencia pacífica» con EE.UU. para evitar una nueva «Guerra Fría» Junto a la guerra comercial, las disputas territoriales en el Mar del Sur de China y las acusaciones sobre el coronavirus, la revuelta de Hong Kong se suma a la larga lista de enfrentamientos que el régimen de Pekín mantiene con Estados Unidos. Compareciendo en la Asamblea Nacional Popular, la reunión anual del Parlamento orgánico chino, el ministro de Exteriores, Wang Yi, intentó ayer rebajar la tensión, exacerbada por la catástrofe global que ha desatado la pandemia. «Tenemos que estar alerta ante los esfuerzos de algunas fuerzas políticas en América que quieren secuestrar las relaciones con China y están empujando a ambos países hacia una denominada nueva Guerra Fría», señaló en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín ante un reducido grupo de periodistas. Con el fin de evitar contagios, a todos ellos se les había hecho la prueba del coronavirus horas antes y habían sido aislados hasta la rueda de prensa. Para Wang, «desgraciadamente, no solo el coronavirus está barriendo el mundo, un virus político también se está extendiendo por EE.UU. Este virus político aprovecha cada oportunidad para manchar a China». Ante la creciente hostilidad internacional hacia el régimen de Pekín por la pandemia y el riesgo de desacoplamiento de Occidente con la segunda mayor economía del planeta, advirtió de que «esto es un peligroso intento de revertir el curso de la Historia?. Asegurando que «China no tiene intención de cambiar a EE.UU., y mucho menos de reemplazarlo?, propuso «por el bien de los dos pueblos, y también por el futuro de la humanidad, encontrar un modo de coexistir pacíficamente a pesar de las diferencias en los sistemas y culturas de ambas sociedades». Curiosamente, Wang Yi trataba de disipar los temores a un mundo bipolar, pero acabó recurriendo a la misma «coexistencia pacífica» que ya enarbolara la extinta Unión Soviética durante la «Guerra Fría». Con un tono más mesurado, que contrasta con el que emplean los «lobos guerreros? que están proliferando entre los diplomáticos chinos, tendió la mano a sus vecinos, Rusia, Japón y Corea del Sur. Además, apeló a la colaboración con la Unión Europea, pero eludió la crisis con Australia por la investigación del coronavirus. Y, dentro de la «diplomacia de las mascarillas» con que Pekín intenta mejorar su imagen, también prometió más ayuda para África.
24-05-2020 | Fuente: abc.es
Al menos 120 detenidos en las primeras protestas en Hong Kong contra la «ley antisubversión» de China
No ha tardado Hong Kong en movilizarse contra la Ley de Seguridad Nacional que le quiere imponer China sin pasar por su Parlamento regional, anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular en Pekín. Tal y como se esperaba, este domingo han estallado las primeras protestas, ya que muchos consideran que dicha regulación, que penará la subversión, la secesión y el terrorismo, viola la autonomía de la que disfruta la excolonia británica bajo el principio de «un país, dos sistemas» y amenaza sus libertades, mayores que en el resto de China. Ni la amenaza del coronavirus, ya controlado en la ciudad, ni la prohibición policial de manifestarse para guardar la distancia social han impedido que la multitud se congregue en el distrito comercial de Causeway Bay, escenario habitual de las protestas del año pasado reclamando democracia. Como entonces, la tensión ha ido en aumento entre los manifestantes, que iban ataviados con máscaras y entonaban cánticos contra el régimen chino portando banderas y carteles, y los antidisturbios, que habían montado un fuerte dispositivo para evitar concentraciones y desplegado hasta su cañón de agua. Para dispersar a la multitud, los agentes han disparado gases lacrimógenos y han llevado a cabo cargas entre las barricadas montadas en las calles que conducen al vecino distrito de Wan Chai, según ha mostrado la radiotelevisión pública RTHK. A tenor de un comunicado de la Policía difundido en Facebook, a las 16.30 (10.30, hora peninsular española) habían sido arrestadas ya 120 personas, entre las que figuraban 40 que habían montado barricadas en la calle Gloucester. Se suman así a los más de 8.300 detenidos desde el estallido en junio de las manifestaciones contra la ya retirada ley de extradición a China, que empezaron de forma pacífica y derivaron en una violenta revuelta por la democracia que sacudía cada semana a Hong Kong hasta la llegada del coronavirus. Con el control de la epidemia y el anuncio de la Ley de Seguridad Nacional, que podría ser promulgada a finales de junio, vuelve la agitación política y se espera un «verano caliente». Además de criticar que dicha normativa sea impuesta directamente desde Pekín en el Anexo III de la Ley Básica, mini-Constitución de Hong Kong, la oposición demócrata teme perder las mayores libertades políticas de las que goza la excolonia británica. Y es que la ley prevé la creación de oficinas de la seguridad pública china para perseguir delitos como la subversión, el separatismo y el terrorismo, acusaciones que el autoritario régimen de Pekín usa habitualmente para condenar a los disidentes en el continente sin las garantías legales que priman en Occidente. Aunque las autoridades chinas y la jefa ejecutiva del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, insisten en que se respetarán los derechos políticos y económicos, la ciudad más libre de Asia teme un aumento de la represión. En el objetivo están la oposición demócrata y los activistas críticos con el régimen del Partido Comunista, que ahora tienen libertad de expresión y reunión para organizar movilizaciones políticas como la vigilia anual recordando la matanza de Tiananmen. «Un país, dos sistemas» Tras su devolución por parte del Reino Unido en 1997, China se había comprometido a respetar dichas libertades bajo el principio de «un país, dos sistemas», vigente en teoría durante 50 años. Alertando de que la nueva Ley de Seguridad Nacional supondrá el fin de dicho modelo, 186 diputados y diplomáticos de 23 países han firmado una declaración denunciando la «flagrante violación» de la Declaración Conjunta Sino-Británica que selló en 1984 el retorno de Hong Kong. «Si la comunidad internacional no puede confiar en que Pekín cumpla su palabra sobre Hong Kong, la gente tendrá recelos para aceptarla en otros asuntos», advirtió el comunicado, redactado por el último gobernador de la colonia, Christopher Patten, y el secretario de Exteriores británico, Malcom Rifkind. Entre los firmantes destacan 44 diputados británicos, ocho miembros de la Cámara de los Lores y senadores estadounidenses muy críticos con China, como Marco Rubio y Ted Cruz. Los planes de Pekín han sido denunciados también por la Unión Europea, Australia, Canadá y Estados Unidos, que amenaza con revisar el estatus económico especial que otorga a Hong Kong como castigo al régimen. Compareciendo este domingo ante los medios en la Asamblea Nacional Popular, el ministro de Exteriores chino, Wan Yi, ha intentado rebajar la tensión, exacerbada también por las acusaciones de la Casa Blanca sobre la catástrofe global del coronavirus. «Tenemos que estar alerta ante los esfuerzos de algunas fuerzas políticas en América que quieren secuestrar las relaciones con China y están empujando a ambos países hacia una denominada nueva Guerra Fría», señaló. Ante la creciente hostilidad internacional hacia China y el riesgo de desacoplamiento con la segunda mayor economía del planeta, Wang Yi advirtió de «esto es un peligroso intento de revertir el curso de la Historia». Asegurando que «China no tiene intención de cambiar a EE.UU., y mucho menos de reemplazarlo», propuso «por el bien de los dos pueblos, y también por el futuro de la humanidad, encontrar un modo de coexistir pacíficamente a pesar de las diferencias en los sistemas y culturas de ambas sociedades». Curiosamente, Wang Yi trataba de disipar el regreso a un mundo bipolar, pero acabó recurriendo a la misma «coexistencia pacífica» que ya enarbolara la extinta Unión Soviética durante la «Guerra Fría».
24-05-2020 | Fuente: abc.es
Hong Kong prepara otro «verano caliente» contra la Ley de Seguridad china
Tras la revuelta del año pasado reclamando democracia, interrumpida durante estos últimos meses por la epidemia del coronavirus, Hong Kong se prepara para otro «verano caliente» de protestas contra el autoritario régimen chino. Cuando parecía que no había problema más importante que la amenaza global de la pandemia, que ha rebrotado en el nordeste del país con casos importados de la vecina Rusia, en la antigua colonia británica ha caído como una bomba la decisión de Pekín de promulgar una Ley de Seguridad Nacional para penar la subversión, la secesión, el terrorismo y las injerencias extranjeras. Anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular, la reunión anual del Parlamento orgánico de China, la moción será aprobada la próxima semana para que su Comité Permanente redacte esta nueva Ley lo antes posible. Aunque la legislación de Hong Kong compete a su Parlamento local en virtud del principio «un país, dos sistemas», que otorga a la ciudad autonomía y más libertades que al resto de China, Pekín tiene potestad para promulgar directamente ciertas normas. Así se lo permite el artículo 18 de la Ley Básica, que hace de mini-Constitución de Hong Kong y establece que las regulaciones nacionales se pueden incluir en su Anexo III cuando se refieran a la defensa, asuntos exteriores y «otras cuestiones fuera de los límites» de su Gobierno regional. Amparándose en esta premisa, el régimen pretende imponer dicha Ley de Seguridad Nacional sin que sea debatida ni enmendada en el Consejo Legislativo (Legco) de Hong Kong, donde la oposición demócrata montaría una bronca monumental. Como el Comité Permanente de la Asamblea Nacional se reúne dos veces al mes y puede llevarle dos o tres sesiones redactar esta ley, se calcula que entrará en vigor entre junio y agosto. En virtud del artículo 23 de la mini-Constitución de Hong Kong, el Gobierno local tenía que haber promulgado esta ley, pero medió millón de personas se echaron a las calles cuando intentó hacerlo en 2003. Ahora, con el enrarecimiento del clima político y la previsible victoria de la oposición demócrata en las elecciones al Parlamento de septiembre, Pekín ha perdido la paciencia y tomado cartas en el asunto. De esta manera, quiere dotarse de una herramienta ilegal para «detener y castigar las injerencias extranjeras que persigan actividades subversivas, secesionistas de infiltración o dañinas» para Hong Kong. Pero, al tratarse de un régimen autoritario, sus intenciones han vuelto a hacer saltar todas las alarmas entre los grupos opositores de la ciudad, que disfrutan de unas libertades que no existen en el resto de China y temen perderlas. Sus miedos se basan en la represión que sufren los disidentes en el continente, que legalmente pueden ser detenidos por la Policía hasta seis meses sin pasar por un tribunal y suelen ser condenados por delitos como «subversión contra el poder del Estado» y «buscar problemas». Sin ir más lejos, por esos cargos fue sentenciado a once años de prisión el difunto Nobel de la Paz Liu Xiaobo. Además, la ley prevé la implantación en Hong Kong de oficinas de la seguridad pública china, lo que espanta en la ciudad por su fama de intimidar y hacer «desaparecer» a los activistas que osan desafiar al Partido Comunista. Al ser una de las ciudades más libres de Asia, a Hong Kong le aterra perder su autonomía y el principio de «un país, dos sistemas» que, desde su devolución por parte del Reino Unido en 1997, en teoría tenía que estar vigente durante 50 años. Ahora es «un país, un sistema» «El presidente Xi Jinping se ha cargado toda la pretensión de «un país, dos sistemas». Están anunciando al mundo que Hong Kong ya no está bajo este principio. Ahora es "un país, un sistema" cuando puedan imponer esta ley. También le están diciendo al mundo que la Declaración Sino-Británica está eliminada y lo que queda es la confrontación de China contra Hong Kong», criticó ante los medios el veterano político Lee Cheuk-yan, presidente del Partido Laborista y uno de los organizadores de las masivas manifestaciones del año pasado. Como uno de los líderes de la Alianza de Hong Kong en Apoyo a los Movimientos Democráticos y Patrióticos de China, viene luchando contra el autoritarismo de Pekín desde la matanza de Tiananmen, donde fue detenido por llevar donaciones recogidas en Hong Kong. Por su destacado papel y su gestión al frente del Museo de Tiananmen en la ciudad, el único que hay en China, Lee es uno de los que teme ser objetivo de la nueva Ley de Seguridad Nacional. Lo mismo le ocurre al joven y combativo activista Joshua Wong, acusado por la propaganda china de «traidor» por el apoyo que recibe desde Estados Unidos. «Esta Ley de Seguridad Nacional matará los movimientos democráticos de Hong Kong, ya que sus protestas pueden ser clasificadas como intentos de subversión contra la autoridad, justo lo que ahora ocurre en China», escribió en Twitter Wong, quien llamó a nuevas movilizaciones. Para calmar los ánimos, la jefa ejecutiva del Gobierno local, Carrie Lam, compareció el viernes por la noche con todo su equipo con el fin de apoyar la Ley. «Nos proporcionará el mejor sistema para garantizar la prosoperidad y la estabilidad de Hong Kong y no afectará al sistema capitalista ni al imperio de la ley. Tampoco dañará los intereses de los inversores extranjeros, que están legalmente protegidos», anunció, según recoge el periódico ?South China Morning Post?. Pero el proyecto de ley despierta tantas inquietudes que la Bolsa de Hong Kong sufrió sus mayores pérdidas en cinco años al caer un 5,6 por ciento y los banqueros temen una fuga de capitales de la ciudad, uno de los centros financieros del mundo. En el frente diplomático, el Reino Unido, Australia y Canadá han firmado una declaración conjunta instando a China a respetar el principio de «un país, dos sistemas» y la Unión Europea ha pedido «debate democrático, consulta a las partes interesadas y respeto a los derechos y libertades de Hong Kong». Por su parte, EE.UU. podría modificar el estatus económico especial que le concede a la ciudad, por donde entra el 70 por ciento de la inversión extranjera en China. Al igual que el año pasado, cuando una ley de extradición a China ya retirada desató las mayores protestas de su historia, Hong Kong se prepara para otro «verano caliente».
23-05-2020 | Fuente: abc.es
Brexit en tiempos de pandemia
en medio de la emergencia del coronavirus, el gobierno de Boris Johnson tiene además que negociar con la Unión Europea un acuerdo económico y comercial permanente. El período transitorio por el que se siguen aplicando las normas comunitarias termina en diciembre de 2020 y los tories ha convertido en un principio sagrado su negativa a pedir la prórroga y seguir siendo lo que llaman un «Estado vasallo». El primer ministro, con su desenvoltura habitual, afirma que si Bruselas no le facilita las cosas está dispuesto a saltar al precipicio del «no acuerdo» y cortar por lo sano con el mercado europeo. Pero el equipo negociador de Michel Barnier no tiene prisa y se remite a lo establecido para la salida del Reino Unido en enero, en especial las garantías de que no habrá competencia desleal una vez fuera de la Unión y la regulación de la situación futura de Irlanda del Norte. Este territorio se mantendrá en la unión aduanera y, a cambio, habrá que establecer controles aduaneros en el Mar de Irlanda, un pacto del que ahora reniegan muchos conservadores en Londres. Brexit ya era un mal negocio antes del coronavirus. Con la economía en depresión y un gobierno fuertemente criticado por su reacción tardía ante el virus, tiene aún menos sentido el aislamiento británico y la desconexión de sus mejores aliados. Un buen ejemplo es la solicitud que han hecho de participar en el Sistema de Alerta y Respuesta Europeo ante las pandemias, después de haber causado baja en el mismo. En teoría, la salida de la UE permitía al Reino Unido jugar con más libertad en la globalización. Pero ese mundo de mercados abiertos y reglas multilaterales ha entrado en decadencia acelerada. Las tensiones entre Estados Unidos y China ilustran el auge del nacionalismo. Uno de los mejores antídotos sigue siendo la integración europea. La respuesta económica frente a la crisis, puesta en marcha desde las instituciones de la UE y alentada por Angela Merkel y Emmanuel Macron, desmiente una vez más las cansinas profecías anglosajonas sobre el final inminente del sueño europeo.
20-05-2020 | Fuente: abc.es
Abbas vuelve a amenazar con cancelar los acuerdos de seguridad con Israel y EE.UU. si no se frena la anexión
Como hizo en febrero tras hacerse público el «plan del siglo» de Donald Trump, Mahmud Abbas volvió a anunciar que «la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el Estado de Palestina quedan absueltos de todos los acuerdos y entendimientos con los gobiernos americano e israelí y todas las obligaciones contempladas en estos, incluyendo las de seguridad». En esta ocasión, Abbas mostró de esta forma su malestar con el plan de anexión de Cisjordania que los israelíes pretenden poner en marcha el 1 de julio y que supondrá el final de la solución de los dos Estados en la que trabaja la comunidad internacional, sin éxito, desde hace décadas. El presidente palestino amenaza una y otra vez a Israel con la cancelación de los acuerdos, pero estos siguen vigentes y esta vez tampoco habrá cambios, según revelaron distintas fuentes oficiales palestinas en condición de anonimato. El veterano mandatario instó al Estado judío a «hacerse cargo de sus obligaciones como potencia ocupante con todas las consecuencias y repercusiones en base a la ley internacional y humanitaria, en particular la Cuarta Convención de Ginebra». Se trata de un comunicado presidencial calcado al de febrero o al que emitió en 2018 cuando Trump reconoció Jerusalén como capital de Israel y ordenó el traslado de su legación desde Tel Aviv a la ciudad santa. «¿Cuántas veces va a leer el mismo papel? ¿Cuántas veces puedes repetir la misma amenaza? ¿Cómo puede decir ahora que renuncia a unos acuerdos a los que ya aseguró haber renunciado hace cinco años? Esta es una de las causas por las que la comunidad internacional ya no se toma en serio estas amenazas», declaró un representante de Fatah, partido que controla Cisjordania, al diario The Jerusalem Post. El acuerdo de seguridad entre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) e Israel y Estados Unidos tiene como principal pretexto «la lucha contra el terrorismo». Las fuerzas de seguridad palestinas reciben formación de la CIA, el ejército israelí y el Shin Bet. Una de las consecuencias de este trabajo conjunto es la anulación de la amenaza de Hamás, facción palestina islamista rival de Abbas, en Cisjordania. Advertencias internacionales Las palabras de Abbas se suman a las del rey Abdalá de Jordania, quien alertó del riesgo de un «conflicto masivo» con su país en caso de que se consume la que sería la tercera anexión israelí, tras la de Jerusalén oriental en 1980 y los Altos del Golán, 1981. La Unión Europea, las Iglesias de Jerusalén o la Organización de Cooperación Islámica, también han pedido a a Israel que detenga sus planes de anexionarse los asentamientos judíos de Cisjordania y todo el Valle del Jordán. Estas advertencias chocan con la firme determinación del nuevo gobierno de unidad que lidera Benjamín Netanyahu, deseoso de extender la soberanía israelí a esa zona, que según el derecho internacional, está ocupada.
20-05-2020 | Fuente: abc.es
La presidenta de Taiwán abre su segundo mandato rechazando de nuevo la unión con China
Tras su abrumadora reelección en enero, la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, ha tomado posesión este miércoles reforzada por su éxito en la lucha contra el coronavirus. A pesar de su cercanía y estrechos contactos con China, esta isla de 23 millones de habitantes solo ha tenido 440 contagios y siete fallecidos gracias a las medidas de prevención y concienciación ciudadana que tomó en cuanto estalló la epidemia en enero en Wuhan. Todo un ejemplo para el resto del planeta que, sin embargo, se ve mermado por su ausencia en la Organización Mundial de la Salud (OMS) debido al veto de Pekín, que reclama su soberanía pese a que Taiwán es un país independiente con su propio Gobierno elegido democráticamente, Ejército, moneda, pasaporte y fronteras. Aprovechando su respaldo electoral y su buena gestión frente a la pandemia, reconocida internacionalmente, Tsai ha vuelto a hacer gala de su discurso soberanista rechazando el principio de «un país, dos sistemas» que le propone China continental para una futura reunificación. «Ambas partes tienen el deber de encontrar un modo de coexistir a largo plazo y prevenir que se intensifiquen el antagonismo y las diferencias», pronunció en su investidura, según informa la agencia Reuters. Aunque la presidenta reiteró las palabras «paz, paridad, democracia y diálogo», dejó claro que «no aceptaremos el uso de las autoridades de Pekín del (modelo) ?un país, dos sistemas? para degradar a Taiwán y minar el ?statu quo? en el Estrecho (de Formosa)». Alegato por la independencia De hecho, fue el miedo a ese principio lo que llevó a Tsai Ing-wen a la victoria electoral, ya que es el mismo modelo que está vigente en Hong Kong pero ha quedado en entredicho por las protestas del año pasando reclamando democracia. Para Taiwán, que sufrió cuatro décadas de dictadura bajo el Kuomintang (1949-1987), es imposible dejarse seducir por un régimen autoritario por mucho que su economía dependa de China y haya un millón de empresarios con fábricas con el continente. «Continuaremos con estos esfuerzos y tenemos voluntad de implicarnos en un diálogo con China para hacer más contribuciones a la seguridad regional», propuso Tsai en una ceremonia celebrada en el jardín del Palacio Presidencial, antigua residencia del gobernador japonés durante la época colonial. Sin mascarillas, pero con distanciamiento social, al acto acudieron personalidades de la vida pública y diplomáticos de los solo 15 países que reconocen a Taiwán como Estado, ya que Pekín impone el principio de «una sola China» para aislar internacionalmente a la isla. Felicitación de Pompeo Pero Tsai recibió en vídeo felicitaciones desde Corea del Sur, Japón, el Reino Unido y Alemania y un mensaje muy especial del secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, que fue leído en voz alta. «Su coraje y visión dirigiendo la vibrante democracia de Taiwán es una inspiración para la región y el mundo», aseguró Pompeo en una misiva que levantará ampollas en Pekín, como también hizo la llamada de Tsai a Trump para felicitarle por su victoria electoral a finales de 2016. Con el recrudecimiento de la «Guerra Fría» entre EE.UU. y China por el coronavirus, y la creciente hostilidad occidental hacia el régimen del presidente Xi Jinping, Taiwán está potenciando su papel internacional. Aunque la isla no ha podido participar ni como observador en la Asamblea anual de la OMS, como habían reclamado EE.UU., la Unión Europea, Japón y otros países, Tsai Ing-wen prometió seguir luchando para integrarse en organizaciones internacionales y reforzar sus lazos con sus aliados democráticos. Por delante tiene cuatro años en los que el mundo, y la posición de China, serán muy diferentes por el impacto de la pandemia.
20-05-2020 | Fuente: abc.es
Alemania blinda sus vacunas para evitar posibles compras hostiles y extranjeras
El gabinete de ministros de Merkel se ha otorgado este miércoles nuevos poderes para vetar posibles ofertas públicas de adquisición hostiles y extranjeras para compañías relacionadas con la atención médica, una medida diseñada para garantizar el suministro continuo de productos esenciales durante la crisis del coronavirus y los medicamentos o vacunas, una vez los laboratorios alemanes los tengan listos. La regulación nueva permitirá al Gobierno bloquear las adquisiciones de fabricantes de vacunas, precursores químicos, medicamentos, equipos de protección o maquinaria médica, como ventiladores. El Ejecutivo podrá examinar las implicaciones de seguridad de una oferta desde fuera de la Unión Europea tan pronto como el comprador posea más del 10% de las acciones de la empresa de atención médica, cuando hasta ahora el umbral era del 25%. Tensión en los mercados La decisión ha sido tomada después las tensiones en los mercados globales en torno a materiales considerados cruciales en la lucha contra la pandemia. También se han producido en los últimos días casos que han alarmado a la opinión pública alemana, como el reconocimiento por parte del director general del grupo farmacéutico Sanifi, Paul Hudson, de que entregaría «primero» a Estados Unidos a vacuna, ya que este país «comparte el riesgo» en la búsqueda del tratamiento en el marco de una colaboración con la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado (BARDA), y al intento del Gobierno de Estados Unidos de comprar Curevac, una empresa farmacéutica de biotecnología alemana que trabaja en el desarrollo de una vacuna contra la enfermedad. Desde la industria farmacéutica alemana se han escuchado críticas a esta decisión. «Durante una crisis, es más importante que nunca pararse en mercados abiertos», ha declarado el miembro de la junta de la Federación de la Industria Alemana, Stefan Mair, en un comunicado. La empresa BioNTech, que también compite en la carrera por encontrar una vacuna, se ha quejado de una toma de control que, considera, puede entorpecer el desarrollo de los fármacos. Empreas estratégicas Anteriormente, el Gobierno alemán aprobó en abril una iniciativa que refuerzaba el control sobre los intentos de compra de empresas estratégicas por parte de inversores extranjeros, en el marco de una reforma acelerada por la pandemia del coronavirus. Alemania busca reforzar la legislación y dar prioridad a «la preservación de los intereses alemanes de seguridad», en particular «el abastecimiento de determinados bienes esenciales, como las vacunas», explica el ministro de Economía, Peter Altmaier. Berlín ya tenía la posibilidad de bloquear adquisiciones de más del 10% del capital en ámbitos considerados «sensibles» como la defensa y las telecomunicaciones, robótica, inteligencia artificial y biotecnología, si la operación representa un peligro para la seguridad pública. A estos sectores se suma ahora el sanitario y farmacéutico. Bastará una simple sospecha de amenaza contra algún país de la Unión Europea, no solamente contra Alemania, para iniciar un control por parte del ministerio de Economía.
20-05-2020 | Fuente: abc.es
La OMS aprueba la investigación de la pandemia en medio de amenazas de EE.UU.
La asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se cerró ayer con la aprobación de una resolución para llevar a cabo una «evaluación imparcial, independiente y completa» de la respuesta global a la pandemia de coronavirus. Se acordó sin la objeción de ninguno de los miembros, incluido EE.UU., que en las últimas horas ha redoblado la presión contra la OMS. Su presidente, Donald Trump, ha acusado desde hace semanas a la organización encuadrada en la ONU de estar al servicio de China -a quien responsabiliza de la pandemia- y el lunes por la noche envió una carta muy crítica a su director general, Tedros Adhanom. La resolución fue auspiciada por la Unión Europea y contaba ya con el apoyo de más de cien países. La investigación también revisará la actuación de la OMS, pero no está definido cuándo arrancarán las pesquisas, qué amplitud concreta tendrá y qué papel jugarán en ella las autoridades de la organización internacional. Sí está claro, sin embargo, que la aprobación del texto no reduce la escalada de tensiones entre EE.UU., la OMS y China en lo que se refiere al coronavirus. Pekín firmó el documento, pero dejó el apoyo a su aplicación en el aire. «China apoya la idea de una revisión integral de la respuesta global al Covid-19 después de que se hay controlado para sumar la experiencia y responder a las deficiencias», defendió el presidente del país, Xi Jinping, en su discurso, según informa Pablo M. Díez desde Pekín. El estudio deberá «basarse en la ciencia y en la profesionalidad, dirigido por la OMS y conducido de manera objetiva e imparcial». La presión de algunos países a la OMS para que investigue la responsabilidad de China ha sido respondido con represalias por parte de Pekín. Ayer se supo que ha impuesto un arancel adicional a la cebada a Australia, después de que el país defendiera la investigación del origen del virus, que se expandió desde la ciudad china de Wuhan. EE.UU. también apoyó el texto de la OMS, pero constató varias objeciones. Una de ellas es el compromiso del documento a mantener el acceso a la «salud sexual y reproductiva» durante la pandemia. Otra, más relacionada con el futuro control del virus, tiene que ver con el llamamiento a un «acceso universal, a tiempo y equitativo» a una posible vacuna contra el Covid-19. Según la delegación de EE.UU., ese lenguaje envía un «mensaje equivocado a los innovadores» en lo que tiene que ver con la defensa de la propiedad intelectual de esos progresos médicos. Esta semana, un laboratorio de Massachussetts ha presentado resultados prometedores para una vacuna que podría estar lista a finales de año o principios del que viene. Congelación permanente de la financiación Antes de la aprobación, sin embargo, Trump calentó la asamblea el lunes por la noche con el envío de una carta a Tedros, en la que le amenaza con eliminar de forma permanente la financiación de EE.UU. y con dejar de ser miembro de la OMS si no ejecuta reformas estructurales y demuestra «independencia frente a China». Frente a la indefinición del calendario para realizar la investigación sobre la pandemia, Trump advirtió que «no tenemos tiempo que perder» y exigió a la OMS acción inmediata: «Si la OMS no se compromete a mejoras sustanciales en los próximos 30 días, convertiré en permanente el congelamiento temporal de la financiación de EE.UU. y reconsideraré nuestra pertenencia a la organización». El pasado mes, Trump anunció la suspensión de la financiación a la OMS, a la que ha aportado el 20% de su presupuesto en los dos últimos años. En la carta, Trump enumera los errores y la lentitud de la OMS a la hora de informar a la comunidad internacional sobre la pandemia, las alabanzas sobre la gestión de China de la crisis -aunque es algo que también hizo el presidente de EE.UU.- y su permisividad con Pekín a la hora de confiar en su información y de supervisar su respuesta a la emergencia. Trump ha calificado a la OMS de «marioneta de China» y que calificado su gestión de la crisis de «extremadamente costosa para el mundo».
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