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Noticias de taxis

19-04-2020 | Fuente: as.com
Ha puesto la sensibilidad de España a flor de piel: la sorpresa a este taxista que lleva pacientes sin cobrarles
Está siendo muy compartido en redes este genial detalle de los sanitarios que un taxista que lleva pacientes al hospital sin cobrar.
19-04-2020 | Fuente: abc.es
Las celebraciones de la Pascua ortodoxa discurren en Rusia sin autoridades y sin feligreses
El Patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, Kiril, ofició la pasada medianoche en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú la misa de Pascua en ausencia de feligreses y de las autoridades del país a causa de la epidemia de coronavirus. A diferencia de años anteriores, a los oficios religiosos no acudieron el presidente del país, Vladímir Putin, ni el primer ministro, Mijaíl Mishustin, ni tampoco el alcalde de la capital, Serguéi Sobianin. La misma tónica se ha seguido en la mayoría de las iglesias del país, pese a que en algunos lugares en las liturgias sí han estado presentes un cierto número de creyentes, a los que se ha aconsejado guardar la distancia de seguridad. Y eso que las autoridades habían pedido a las diócesis que llamaran a sus fieles a seguir las misas por televisión y rezar desde casa. En cualquier caso, según informan las agencias rusas, la mayor parte de los templos a lo largo y ancho de Rusia han permanecido abiertos. El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ya anunció el sábado que Putin no iría a la misa en la Catedral de Cristo Salvador y se quedaría en su palacete de Novo-Ogariovo, en las afueras de Moscú, en donde lleva confinado todo lo que va de abril. «El presidente no irá al templo y permanecerá en casa. Como saben, él vive y trabaja ahora en la residencia estatal de Novo-Ogariovo. Por la tarde, el presidente encenderá una vela en una pequeña capilla que hay en la finca del palacio», afirmó Peskov. Lo que sí ha hecho el máximo dirigente ruso ha sido felicitar a los rusos con motivo de la Pascua ortodoxa y aprovechar para dar ánimos. En un mensaje grabado en Novo-Ogariovo y difundido por los principales canales de televisión, Putin subraya que «este año la Pascua se celebra en medio de restricciones forzadas imprescindibles para combatir la propagación de la enfermedad». Según su opinión, «juntos, uniendo nuestras fuerzas, resolveremos todos los problemas y para ello tenemos todo, una economía fuerte y saneada, potencial científico, el equipo necesario y una base altamente profesional en el terreno de la atención médica». El presidente ruso sostuvo también que «estamos analizando cuidadosamente la experiencia de otros países, interactuamos activamente con nuestros amigos y colegas extranjeros, entendemos lo que está sucediendo, reconocemos los riesgos, sabemos lo que hay que hacer ante cualquier escenario y hacemos lo necesario actuando con previsión». Putin elogió la labor de las autoridades en la actual situación que, según él, «trabajan a buen ritmo y de forma ordenada y responsable».«La situación está totalmente bajo control (..) no hay duda de que vamos a superar dignamente este desafío», aseguró. Sin embargo, según el diario ruso «Kommersant» «veintiocho regiones del país han resultado no estar preparadas para afrontar la pandemia». Esta es la conclusión de una auditoría realizada el mes pasado por el Ministerio de Protección Civil de Rusia, cuyos datos indican que tales entes territoriales padecen carencia aguda de mascarillas, trajes y guantes de protección para el personal sanitario así como test de coronavirus, respiradores y otros equipos. Por su parte, la Alcaldía de Moscú se dispone a partir del día 22 a multar a todos aquellos automovilistas que, tras haber recibido el correspondiente salvoconducto con el código QR por trabajo, causas médicas o motivación justificada, no hayan además registrado la matricula de su vehículo en el sistema de seguimiento organizado a través de la web mos.ru. Para ello, según señaló Sobianin, «se utilizarán las cámaras viarias para verificar que los que viajan en coche cuentan con los pases». Si alguna cámara capta que la matrícula de un automóvil no está registrada en mos.ru «emitirán automáticamente la sanción», advirtió el alcalde capitalino. Militares, funcionarios de seguridad, abogados y periodistas también deberán registrar sus medios de transporte. Hasta los abonos de transporte público deberán figurar nominalmente en la base datos del Ayuntamiento. De lo contrario, no funcionarán. Los taxistas están obligados a comprobar que sus clientes llevan el salvoconducto o serán ellos quienes reciban la multa. Mientras tanto, la pandemia en Rusia se sigue expandiendo. En las últimas 24 horas, en Rusia se han detectado 6.060 nuevos casos de coronavirus, lo que supone un repunte de 1.275 contagios con respecto al día anterior, el mayor habido hasta ahora. El total en el conjunto del país se sitúa en 42.853 infectados y 361 fallecidos. Rusia ocupa ya el décimo lugar en el mundo en número de infectados. En Moscú se han registrado 3.570 nuevos casos de COVID-19 desde el sábado, lo que eleva el total a 24.324 enfermos y a 176 la cifra de muertos.
09-04-2020 | Fuente: abc.es
Mujeres y hombres de Bogotá se alternarán los días pares e impares para salir de casa
A simple vista, sin tener que sacar la identificación, a puro ojo y sin complicaciones: a partir del lunes 13 de abril, las mujeres de Bogotá saldrán momentaneamente de la cuarentena los días pares y los hombres, los impares, y solo una persona por familia. La población transgénero podrá ir al mercado o al banco de acuerdo con su identidad de género y no con la cédula, con lo que se respetan sus derechos. Así lo anunció ayer la alcaldesa Claudia López, quien indicó que el proceso pedagógico empieza este jueves 9 de abril y que a partir del lunes de Pascua la multa de un millón de pesos (unos 240 euros, poco más del salario mínimo en Colombia) se hará efectiva a quien desacate a orden. De esa forma, López soluciona el asunto de cómo apretar la cuarentena sin ahorcar a los más de siete millones de habitantes, y lo que es más apremiante, le pone freno a la salida a la calle de personas que, especialmente en sectores populares de la ciudad, siguen desafiando el encierro preventivo impuesto por la Alcaldía desde el pasado 20 de marzo y que el presidente Iván Duque extendió esta semana hasta el 27 de abril para todo el país, con posibilidades de extenderlo. La idea de la alcaldesa no es nueva. En Panamá, país vecino a Colombia, entró en vigencia el pasado 1 de abril, como forma de detener el contagio en el istmo, ya que es el país centroamericano con mayor número de casos positivos por coronavirus. Allí, mujeres y hombres se rotan los días de salida y el domingo, solución salomónica, nadie sale a la calle -excepto en caso de necesidad extrema-. Si bien a nadie le gusta que le restrinjan la movilidad, en Panamá el debate ha sido fuerte porque las autoridades locales han detenido a personas transgénero para pedirles la identificación, y como en ella puede aparecer su sexo de nacimiento ?no hay cambio en la documentación oficial a menos que se sometan a cirugía para cambio de sexo-, les multan con 200 dólares. En Bogotá ?que tiene casi el doble de la población de toda Panamá-, en cambio, los que protestan ahora son los políticos con el «pico y género», en alusión a la medida de «pico y placa» a la que están tan familiarizados los bogotanos y con la que se trata de disminuir el tráfico en la ciudad de acuerdo con el número final ?par o impar- de la placa del automóvil. Sus argumentos giran básicamente sobre casos como los que se presentan en Panamá, temiendo que la transfobia determine acciones arbitrarías de la policía y afecte a los derechos de los ciudadanos. Otros concejales de la ciudad cuestionaron el porqué de establecer las salidas por género y no por cédula, dado que esa idea por identificación la habían propuesto los partidos de la oposición; y otros más cuestionaron la valoración técnica de la medida. Cifras capitales El 8 de abril la ciudad reportó 992 casos, de los cuales 490 son de mujeres y 502 de hombres. Es decir, la capital tiene prácticamente la mitad de los positivos registrados del país. El 13% de los afectados está hospitalizado, un 4.1% adicional está en la UCI y el 82% permanece en casa. Lo que empezó como un contagio importado hoy no se conoce bien cómo se ha dado, solo que deambula por todos lados y se multiplica con las interacciones humanas y la falta de previsión y acatamiento de los protocolos. Y hay una particularidad: la mayoría de las personas con síntomas o positivas están en un rango de edad entre los 30-39 años, seguidas por los grupos de 40-49 y 20-29, es decir, una población joven, muy activa y clave en la fuerza laboral que se requerirá para sacar adelante la ciudad tras el paso de la pandemia. Si bien cambian las salidas, el resto de las medidas y las 32 excepciones se mantienen. Es decir, todo el personal de salud, servicios ciudadanos, domicilios, transporte de alimentos y seguridad quedan exentos de esta restricción. A los taxistas, en cambio, les exige controles y el registro de cada pasajero que utilice un taxi, con datos completos, como medida de seguimiento.
15-03-2020 | Fuente: abc.es
«El presidente Putin es quien controla todo en Siria»
En Siria, donde este fin de semana se cumplen nueve años del inicio del levantamiento pacífico contra el régimen de Baschar al Assad, millones de inocentes se han acostumbrado a vivir con miedo al propio miedo: miedo a ser detenido, miedo a una bomba, miedo a un secuestro, miedo a perder todo lo que aman. «Durante mi infancia se tenía miedo a todo: al régimen, al poder, a los militares e incluso a las personas. Las personas solían tener miedo unas de otras, desconfiar de los demás. Crecí con miedo. Mi generación es una generación asustada», escribe la escritora siria Dima Wannous (Damasco, 1982) en «Los que tienen miedo» (Editorial Sitara), una novela que no ahonda en la violencia explícita de Siria, tan ampliamente detallada en esta década, sino en la psicología de los que esperan su tragedia. Desde hace años, Occidente habla de guerra civil en Siria, pero no parece usted muy de acuerdo con esta denominación. Es falso que sea una guerra civil, todos los periodistas me preguntan sobre cómo está yendo la guerra civil en Siria. Una guerra civil es una guerra entre los ciudadanos, y no, es un régimen alauí que mata a su pueblo. No hablo del pueblo, sino del poder. Los occidentales no conocen la realidad de lo que ocurre en Siria. Está esa impresión de que Assad lidera un régimen laico que protege a las minorías y que lucha contra el terrorismo. Los primeros liberados fueron los islamistas y terroristas. Han encarcelado a intelectuales favorables a una revolución pacífica. Occidente no le da importancia a lo que ocurre. ¿Qué ha perdido en estos años? He sufrido mucho. He perdido mi identidad, no tiene que ver con la nación o nacionalismo. He perdido la identidad de tener un lugar donde poder vivir, mi casa, mis padres.. Lo he perdido todo. Aunque tengo todavía el pasaporte sirio, que renuevo cada dos años, y pago 800 euros por él, no tengo el derecho de entrar en el país con este pasaporte. Es fácil perder la memoria y la capacidad de visitar el lugar donde has crecido. Al mismo tiempo creo que mi vida comenzó en 2011. No puedo volver a la Siria anterior, esa no era mi vida, era una prisión de la que no era consciente. ¿Es el mismo miedo para hombres y mujeres en Siria? Ha sido el mismo miedo, de hombres y mujeres. Me opongo a organizar conferencias para hablar de los derechos de las sirias cuando hombres y mujeres, todos, estamos privados de derechos. Aunque sí es cierto que las mujeres están aún peor por la familia, sociedad y el poder. No es fácil debido a tantos prejuicios y rumores sobre la tradición y la vida privada. El miedo controla a la gente. Tengo muchos amigos que se han vuelto locos después de la revolución, sobre todo en Europa, porque lo han perdido todo. Es muy duro. ¿Hasta Al Assad sufre esa locura? Assad está sostenido por los rusos e iraníes, no tiene miedo a un destino como el de Gadafi. Hace unas semanas, Putin estuvo en Siria y fue Bashar al Assad quien fue a visitarlo y no al revés. Es Putin quien controla el ejército. Lo controla todo. Por supuesto Bashar al Assad tiene miedo a perder la capacidad de utilizar ese miedo contra la gente. ¿Por qué un libro sobre el miedo? Me mudé a Beirut cuando empezó la revolución siria en 2011. Desde allí intenté empezar una novela, pero fue muy duro encontrar la historia. Cada vez que intentaba escribir sobre la revolución, no había lugar para la imaginación por lo que estaba ocurriendo en Siria. No pude escribir nada durante tres años, pero pensando sobre el miedo que sentíamos creí que era algo común de todos los sirios. Hemos vivido bajo el terror durante más de 40 años: primero con Assad padre y luego con su hijo. Con el paso de los años, la acumulación del miedo te lleva a tal extremo de que dejas de sentirlo más. Una vez que eres arrestado, el nivel máximo de miedo ya ha pasado. Algunos amigos me decían que estaban más felices en prisión porque estaban seguros y no pasándolo peor aterrorizados. La mejor manera de entender qué ha pasado en cualquier revolución u otro gran evento político es por medio de la psicología de la gente, incluso de un criminal como Bashar al Assad. Es muy útil para poder para analizar el presente y el futuro pero sin prejuicios. No quiero escribir sobre violencia. Todos sabemos que este régimen es lo peor que ha ocurrido en Siria. ¿Ha pasado por ese miedo de los protagonistas? Crecí en un ambiente familiar muy rebelde, muy abierta, teniendo en cuenta que vivíamos en Siria. Fui a las escuelas controladas por el Baaz. Sentía que ese miedo estaba por todos lados, incluso en el aire. Yo no he tenido miedo de que me arrestaran, pero mi prima se quedó en Siria y fue detenida varias veces. Era una actriz muy famosa. Le dije que si se quedaba iban a matarla. El régimen quería que todos los intelectuales dejaran el país para que solo se quedaran leales e islamistas. Mi padre era alauí, mi madre suní. Yo alauí. Es muy peligroso ser alauí (como los Assad) y opositor del gobierno. Ser alauí y escribir en contra del régimen es muy peligroso. A los 20 años empecé a escribir en un periódico libanés donde criticaba también a los Assad. Una vez, el ministro de información sirio, que creo que llegó a vivir en España, me dijo: «O paras y te callas porque dices cosas estúpidas o vas a la cárcel, aunque seas alauí e hija de un escritor muy conocido». Mis amigos no se atrevían a hablar en la calle, era peligroso para ellos. ¿Es una novela sobre su experiencia? No es el caso, aunque claro que hay cosas en común, porque soy una escritora. No puedo separarme al 100% de mis emociones y mi memoria. Estoy en todos los libros que escribo Solo se educa mediante el miedo.. El miedo fue la manera de educar y la mentalidad allí. Cada mañana, todos los estudiantes teníamos que gritar por la vida de Hafez al Assad y luego Bashar al Assad, aunque cuando él llegó al poder yo ya había dejado atrás el colegio. Había fotos en todas partes, todo el mundo llevaba fotos de Assad. Una vez, cuando tenía cinco o seis años, iba en un taxi con mi madre y me llamó la atención que el taxista no llevara una foto de Hafez al Assad. Entonces le pregunté por qué no la llevaba. Se asustó un poco y miró a mi madre. «¿Tu hija es de los mujabarat (servicios secretos del régimen)?», preguntó. Durante mi adolescencia tenía la sensación que los taxistas eran de los mujabarat, la gente no decía nada en los taxis. Después de la revolución he descubierto algo muy sorprendente para mí. Cada noche iba un local de Beirut con amigos para hablar de lo que estaba pasando en Siria. Un día mi ya exmarido estaba en Damasco me llamó y me pidió ir a Siria con urgencia. Fui para verle durante dos días, y me mostró varios papeles con toda la conversación en detalle. Sabía que estaba Hizbola pero no me imaginaba tal represión para que grabaran toda la conversación. Me pidió que tuviera cuidado con lo que decía porque él seguía en Damasco. Ese miedo es también algo psicológico. Desde hace un tiempo hay touroperadores para visitar Siria y hacer turismo de guerra.. Eso es horrible. Los turistas van a la zona controlada por Assad y Rusia. Es una suerte de normalización de las relaciones. Ahora hay millones de sirios que tienen prohibido entrar de vuelta al país. Por ejemplo, hay directores de cine que utilizan las ciudades destruidas para decir mentiras como que el régimen lucha contra el terrorismo. Utilizar esa destrucción para fomentar el turismo o un cine de ese estilo lo encuentro inhumano. En estos nueve años varios autores occidentales han publicado libros sobre Assad, los sirios, Daesh? Pero en las librerías españolas apenas hay autores sirios. Sí. La primera razón es el lenguaje, la mayoría de los sirios que han dejado el país no hablan más allá del árabe. En el sistema del régimen se aprende un poco de inglés o el francés en el colegio pero no es nada. Llegamos a la universidad sin la capacidad de poder expresarnos. Su política consistía en aislar al pueblo, no darle el medio de comunicarse con Occidente. Después los intelectuales no hablan la lengua del país en el que se refugian, manteniendo la idea de retornar a Siria en dos o tres años por lo que no se esfuerzan en aprender la lengua. Conozco a un sirio que reside en Madrid desde hace seis años. Le pregunté hace dos semanas que por qué no hablaba nada de español, y me decía que porque perdía la paciencia muy rápido.
06-03-2020 | Fuente: abc.es
Prohibido navegar cerca de Lesbos
El puerto de Mitilini, que bordea la ciudad, está en plena actividad. Hoy es viernes, un día laboral en el que no se esperan ni manifestaciones ni violencia. Los habitantes van a lo suyo en esta bonita isla en la que quedan muestras de su actividad y riqueza en los siglos XIX y XX: grandes casas y almacenes, reflejo del floreciente comercio, sobre todo de aceite, quesos, embutidos, en época otomana y posteriormente ya tras convertirse en territorio griego independiente. Hay calma porque el Gobierno conservador de Mitsotakis, que se comprometió formalmente a proteger la soberanía del país, no solo ha aumentado la presencia del ejército y de la policía en la frontera y las islas más cercanas a Turquía, junto con los guardacostas que patrullan incesantemente, sino que ha prohibido desde el dia 2, con una orden NAVTEX, la circulación de cualquier embarcación en 18 zonas marítimas alrededor de las islas de Lesbos, Jíos y Samos. La orden proviene de los servicios de la Armada griega y solo permite navegar en dichas aguas a los barcos de la marina y de los servicios de guardacostas griegos, a las fuerzas de Frontex y de la OTAN y a las embarcaciones con actividad comercial, como los ferries que comunican a las islas con el resto del país. Esto hace que no pueden navegar, en principio hasta el 12 de Marzo, ninguna embarcación de recreo, de turistas, de ONGs y hace más fácil el detectar cualquier movimiento sospechoso en el mar. Una medida práctica adoptada por el Gobierno que tranquiliza a los griegos y sobre todo a quienes viven cerca de la frontera y en las islas más afectadas por estas llegadas irregulares. Ademas los medios transmiten a diario la información gubernamental: esta mañana se informó de que desde las 6 de la mañana del jueves hasta las 6 de la mañana de hoy viernes en la zona fronteriza cerca del río Evros, que divide Grecia de Turquía, se han arrestado a 8 personas (7 de Afganistán y 1 de Siria), las autoridades impidieron 2.867 intentos de entrar ilegalmente en el país. «Que se vayan todos» También en el puerto de Mitilini se puede ver el buque porta tanque «Rodos» que continúa anclado en el puerto: cada poco tiempo entran en él grupos de personas, formado por gente que ha llegado a la isla después del 1 de marzo. Estan siendo ya identificados y registrados por la policía (se calcula que son más de 500 personas en total) y luego son trasladados al buque. No podrán solicitar asilo y serán expulsados próximamente, tras viajar dentro de uno o dos días (nadie sabe cuándo exactamente) a un puerto del centro de Grecia y posteriormente a un centro especial en la provincia de Serres. Pero esta medida no tranquiliza a nadie: existe la creciente sospecha de que en la isla (y en otras más cercanas) el problema de la inmigración ilegal va a ser perpetuo. En la puerta del edificio neoclásico de la Región del Norte del Egeo (que en griego se denomina periferia) un enorme cartel recibe a los visitantes que llegan desde la carretera del aeropuerto: «Queremos que nos devuelvan nuestras islas, queremos que nos devuelvan nuestras vidas». A ello no es ajeno el responsable de esta región, Kostas Mutzúris, un carismático ingeniero nacido en Lesbos que llegó a ser profesor y después rector de la Universidad Politécnica de Atenas. Fue elegido responsable de esta región en las elecciones locales del 2 de junio del año pasado y desde su campaña electoral anunciaba que luchaba por mejorar la vida de las islas y sus puertos (su especialidad en ingeniería), así como conseguir gestionar mejor el tema de la inmigración «y no distorsionar la composición de las poblaciones y su religión». El tema en su edificio fue utilizado en las manifestaciones convocadas en enero, en la que se mostraban también barcas con personas. Muchos de sus adversarios consideraron que era inaceptable que se explotara la figura de estas personas, que son víctimas y «no a los perpetradores y responsables de su encarcelamiento masivo en nuestras islas». Moutzouris se enfrentó frontalmente al primer ministro y a la programación del tema migratorio: según la nueva ley aprobada en el Parlamento, teóricamente con nuevos o reformados centros en las cinco islas donde llegan los inmigrantes se les acogerá y en un tiempo récord (cuatro meses comparado con el año o más en muchos casos ahora) se estudiará su solicitud de asilo y de ser conseguida abandonarían la isla hacia otras partes de Grecia. De no recibir asilo, serían expulsados del país (lo que supondría que serán deportados a Turquía). Todos recuerdan los enfrentamientos violentísimos entre las fuerzas antidisturbios de la policía y los habitantes locales hace unos días cuando llegaron las máquinas y las grúas destinadas a las obras del nuevo centro de Lesbos. Finalmente el Gobierno retiró tanto a los antidisturbios como a la maquinaria. Después hubo enfrentamientos entre población local y inmigrantes y muchas manifestaciones. Ahora? silencio, lo que quiere decir que muchos locales piensan que han ganado la batalla y se acabaran yendo todos, mientras que otros atacan a las ONGs como causantes de la situación, como espías o colaboradores de potencias extranjeras enemigas de Grecia, o como personas que de forma inocente (la palabra «solidaridad» para ellos es peyorativa) ayudan a que esta situación se eternice. Desconfianza Yorgos, un taxista algo cínico lo resume: «¿Vd. se cree que nos harán un nuevo centro con la que se montó? A ver si cierran el actual y se van todos». Otros muchos habitantes de la isla reconocen que la isla ha cambiado totalmente, primero por la crisis y después por esta invasión de gente desesperada. «Siempre hubo inmigrantes, pero eran pocos y desaparecían. Ahora se quedan y los tenemos hasta en la sopa y nos dan miedo». Lo dice la dependienta de una panadería en la parte más comercial de la ciudad, la calle Hermes, que no me dice su nombre. Ella no ha sufrido ataque alguno ni le han intentado robar, pero esos grupos de chicos jóvenes, en su mayoría afganos, sirios o pakistaníes, le inspiran desconfianza. También reconoce a regañadientes que el que haya más gente de fuera en la isla supone un aumento de trabajo (y de ganancias) para todos: hoteles, comercios, transporte marítimo y aéreo, alquileres de casa y apartamentos? lejos han quedado la temporada turística de solo 3 meses y la comunicación marítima con solo dos barcos por semana: ahora hay al menos dos al día.
03-03-2020 | Fuente: abc.es
Un policía griego en Kastaniés: «Por este puesto fronterizo no pasa nadie desde el viernes»
«Aquí no pasa nadie, ni con documentos de viaje legales desde el viernes por la noche». Lo dice tajante el policía griego con uniforme impoluto que está delante del puesto fronterizo de Kastaniés, famoso desde el pasado viernes cuando comenzaron a llegar miles de personas a sus proximidades en autobuses y taxis que querían entrar en Grecia y continuar su viaje al resto de Europa. Los que consiguieron colarse y fueron detenidos son de otros países menos de Siria, y tras estar residiendo en Turquía durante meses o años recibieron mensajes en sus móviles asegurándoles que la frontera turca estaba abierta, que podían pasar por Grecia y seguir su viaje. Muchos se han manifestado desesperados y lo siguen haciendo algunas horas al día tirando piedras a la Policía, los militares y los antidisturbios griegos que vigilan y contestan con gases lacrimógenos. También les caen encima gases lacrimógenos turcos, los que suelen utilizar las fuerzas del orden del país vecino. Desde la madrugada del sábado pasado hasta las 18.00 horas de día de ayer, se había rechazado la entrada ilegal a 26.532 personas y se detuvo a 218 que consiguieron colarse en territorio heleno. Se dice que muchos bajan andando hacia Alexandrúpolis, siguiendo el río Evro y otros se devuelven a Estambul o permanecen en la ciudad de Adrianópolis (Edirne en turco) ubicada a ocho kilómetros de la frontera. Kastaniés, un pueblo pequeño y pacífico que está al lado de la frontera turcogriega es limpio y modesto, menos de mil habitantes, educados y algo reservados como lo son la gente del norte del país. La señora Rula, sentada tomando café ayer por la mañana con sus amigas, muy contenta de que el pueblo se fuera llenando de cámaras y periodistas, más que otros días, porque venía el primer ministro Kiriakos Mitsotakis «por primera vez como presidente del gobierno» con «unos europeos que vienen a apoyarnos». A pocos metros, al lado de la Iglesia de San Jorge, unos empleados municipales estaban encalando partes del centro cultural, donde Mitsotakis junto con la plana mayor europea (la presidenta de la Comisión Ursula von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo Charles Michel y el del Parlamento Europeo, David Sassoli, el vicepresidente de la Comisión Margaritis Schinas y el primer ministro de Croacia Andrej Plenkovic y su ministro de Exteriores) hicieron declaraciones pronto por la tarde. Eso sí, tanto ellos como sus acompañantes estaban algo despeinados, porque habían sobrevolado en helicóptero la frontera con Turquía (la mayor parte es frontera fluvial, divididos los dos países por el río Evros). Buena acogida Tras las declaraciones, transmitidas en directo y sin preguntas después, todo el pueblo salió a la calle, intentando ver a Mitsotakis entre sus invitados europeos. Se le veía porque es casi tan alto como su padre, que medía 1.90. En un claro mensaje de apoyo y solidaridad europeo, Mitsotakis consideraba que su deber es velar por la soberanía de su país: «Grecia protegió y seguirá protegiendo sus fronteras y el intento de Turquía de ayudar a millares de refugiados e inmigrantes a entrar de forma ilegal en nuestro país ha fracasado y seguirá fracasando si continúa con esta estrategia», dijo. En esta zona, tradicionalmente conservadora y nacionalista, todos los presentes consideraron que «Kiriakos lo hizo bien». Le llaman Kiriakos, su nombre de pila (Domingo) para distinguirlo de su padre, Kostas, también primer ministro entre 1990 y 1993 y presidente del partido Nueva Democracia . En este pueblo la gente, cuando ve a un inmigrante ilegal, no se preocupa. Sabe que se irá pronto, hacia Tesalónica y Atenas y que no intentará robar ni hacer daño, y muestra de ello es que la gente sigue dejando sus casas abiertas. «Si no se va, se lo lleva pronto la policía». Y la señora Karatzas, con marido jubilado en el pueblo y buen inglés porque vivió en Australia, cuenta como por la noche de hace dos días pasaron delante de su puerta unos afganos y otros somalíes. Se los llevó detenidos la policía. Los locales saben también que aunque los vean por la carretera no los pueden recoger: podrían ser acusados de tráfico de personas. Hasta los taxistas necesitan ver sus documentos y solo pueden transportar a los que son legales y pueden moverse por el país. Si no les espera días de detención, juicio y multa o cárcel. Nada que ver con el rechazo de la población local en muchas islas y en ciudades donde hay campamentos de personas que han solicitado asilo: la generosidad y solidaridad del 2015 se ha ido gastando y ahora la mayoría quiere que se vayan de vuelta o a otros países europeos, porque en Grecia, después de la crisis, «no hay nada para ellos».
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