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Noticias de sociedad

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Francia mantiene en vilo a Europa
La primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas se celebra este domingo en un ambiente inesperado. Hace cinco años los electores estaban preocupados por la crisis económica y el debate sobre la austeridad. La crisis sigue pesando sobre Francia, que en este quinquenio de presidencia socialista no ha sabido hacer las reformas que el país necesita con urgencia. Sin embargo, mañana los franceses votarán sobre todo preocupados por el terrorismo, todavía con el eco del atentado de los Campos Elíseos y con las calles de todo el país protegidas por un dispositivo de seguridad sin precedentes. En estas circunstancias, es de elogiar el comportamiento del Gobierno, que ha intentado sobre todo transmitir un mensaje de serenidad para evitar que sean las emociones y no la razón lo que impere en la conciencia de los electores. Ha sido un acierto evitar la difusión de imágenes truculentas de este último crimen para no favorecer interpretaciones malsanas de un asesinato cometido por integristas islámicos con la evidente intención de interferir en el resultado electoral. La candidata nacional-populista Marine Le Pen va a intentar aprovecharse de la situación capitalizando la frustración de una sociedad atemorizada y que, de un modo u otro, puede verse influida en las urnas por la amenaza terrorista que tan de cerca y dramáticamente conocen desde hace unos años. La responsabilidad histórica que ha recaído en los franceses es enorme, pues nunca antes los votantes de un solo país han tenido en sus manos de una forma tan directa el futuro de todo el proyecto europeo. Y no está claro que todos los candidatos sean conscientes de ello. Los más extremistas, tanto de derecha, la ya citada Le Pen, como el radical de izquierda, Jean-Luc Mélenchon, hablan claro sobre sus ideas antieuropeas. La socialdemocracia desnortada, y en crisis de identidad en toda Europa, ha sido derrotada de antemano, hasta el punto de que el presidente saliente ha renunciado a presentarse a la reelección, y el candidato socialista, Benoît Hamon, no aparecerá por la segunda vuelta. El centro-derecha acude a las urnas lastrado por su escandalosa concepción de las relaciones con el dinero público, y el inesperado favorito, Emmanuel Macron, carece de un partido que le respalde en su gestión si resulta elegido en la segunda vuelta. Es decir, que a falta de una propuesta clara y en circunstancias desfavorables, los franceses se verán obligados a optar por el mal menor.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
París resiste con estoicismo
¿Va a alterar el atentado del jueves una parte sustancial del voto del domingo en Francia? Me lo pregunto mientras subo las escaleras de la estación del metro Franklin D. Roosevelt, en los Campos Elíseos, a la altura del punto en el cual un policía fue asesinado el jueves por la noche por un sujeto que emergió de su vehículo disparando un kalashnikov, sin más objeto que el de llevarse por delante el máximo de gendarmes antes de ser él mismo abatido. Hirió de gravedad a un segundo agente y a una turista alemana. No tenía la menor posibilidad de sobrevivir a su acción. Nada nuevo. La dinámica habitual de los alucinados que buscan la identificación mística con el Daesh. Porque es de eso de lo que se trata, de una identificación mística. No organizativa. Cada vez más, quienes actúan son individuos que no han pisado nunca suelo sirio, que apenas han salido mucho más allá de esas sórdidas periferias urbanas en las cuales el islamismo radical y la delincuencia común se han ido amalgamando hasta hacerse indistinguibles y han acabado por configurar los «territorios perdidos de la República» que la ciudadanía percibe, cada vez más, como «estados dentro del Estado», como universos cerrados, impermeables a la ley y aun a la sociedad moderna y a sus más compartidos valores. Pero la sociedad -aún más que la naturaleza, para la cual acuñaron los clásicos la fórmula- «aborrece el vacío». El hueco que cedió la República ha sido obturado por los profetas de la vieja ley salafista. El yihadismo no ha sido, en esas periferias, un movimiento religioso. No sólo, ni siquiera en primer lugar. Ha sido, ante todo, una fratría, a mitad de camino entre el reconocimiento étnico y la autoprotección mafiosa. Modelo exacto Cualquier pobre diablo puede erigirse en héroe. Daesh adoptará su nombre y le dará la contraseña para entrar al paraísoEl autor del asesinato del jueves en los Campos Elíseos da el modelo exacto de esa comunidad de condenados. Del narcotráfico y la pequeña delincuencia a la cárcel. Y es allí, en la cárcel, donde el odio se reviste de una envoltura piadosa irrisoria. Pero eficacísima. Karim Cheurfi había sido ya condenado en 2005 a quince años de prisión por tres intentos de asesinato, de los cuales dos tenían por objetivo a policías. Después de su salida en 2013, siguió una carrera de delincuente menor y fue investigado, hace dos meses, por proclamar su proyecto de volver a intentar el asesinato policial. ¿Era un hombre del Daesh? Era una máquina de rencor. Daesh le proporcionó las siglas bajo las cuales hacer de su miseria una oscura teología. No es demasiado verosímil que nadie en el Daesh mismo supiera de su existencia antes de que ejecutara su sombrío sacrificio. Incluso, al reivindicar la acción, el comunicado del Daesh confunde su nacionalidad y su nombre. Es la estrategia habitual. Cualquier pobre diablo puede erigirse en héroe merecedor de todas las huríes celestes. Daesh adoptará su nombre y le dará la contraseña para entrar al paraíso: una estrategia eficaz y barata. No requiere organización. Ni siquiera más armas que las que ya se mueven para el delito común en las rudas periferias en donde su cultivo prolifera. ¿Va a hacer bascular, ese bárbaro estallido de irracionalidad, la decisión del votante en las elecciones más decisivas del último medio siglo francés? Salgo del metro que tomé en la estación de Ternes, junto al local en el cual Marine le Pen acababa de dar su último comunicado antes de cerrar, como todos los candidatos menos Mélenchon, los actos finales de su campaña en señal de duelo: «Una vez elegida Presidenta de la República, pondré en marcha inmediatamente y sin debilidad mi plan de batalla contra el terrorismo islamista y el laxismo penal para proteger a los franceses». No hay demasiadas dudas sobre lo que eso significa. Pero Marine le Pen no conserva nada de la grandilocuencia de su padre. Y es eso lo que da miedo. De aquellos excesos retóricos del viejo tribuno, uno salía con una mezcla de comicidad y anacronismo. Y extraía la clara conclusión de que jamás cosa tan ridícula llegaría lejos. Ahora que Marine sabe su posibilidad real de ser Presidenta, lo primero que ha hecho ha sido decapitar al progenitor. Con Jean-Marie expulsado del FN, el veto simbólico que de él heredara se desdibuja. Y todo pasa a ser posible. Jean-Marie hubiera proclamado lo mismo a destemplados gritos. Generando, en partes iguales, asco y risa. En la voz de Marine, suena con la frialdad de un enunciado matemático. Colas de turistas No, ni un solo voto se perderá en París a causa de un animal sin más neurona que su kalashnikov¿Será escuchada? Salgo a los Campos Elíseos. Anoche, tomados militarmente. Hoy, en el esplendor turístico de una preciosa primavera. Hay ramos de flores en el lugar en que el gendarme fue abatido. Lo demás persevera en su rutina. Ni siquiera hay a la vista más gendarmes de los que patrullan allí en un día cualquiera. A la vista, al menos. Desciendo, camino de la pirámide de cristal del Louvre. La cola ante la suntuosa exposición del centenario de Rodin es tan larga como cada día. Maldigo la ausencia de tiempo que me impedirá encerrarme en el Grand Palais y olvidar, en el intemporal sosiego de las prodigiosas esculturas rodinianas, este momento siniestro que nos envuelve a todos. La noria, a la entrada del jardín de las Tullerías, sigue girando, perezosa y atiborrada de turistas. Como cada día. Esta ciudad es así. La he visto reaccionar en sus más duros momentos. Después de «Charlie Hebdo», después del Bataclan? Y he sabido que no, que no había que «rezar por París», como la bienintencionada tontería en inglés, pray for Paris, pedía. No, no rezar. Ni compadecer. Sólo entender su fuerza. Y admirarla. Y, en ese instante en el cual reconozco sobre París los mismos rostros estoicos de siempre, en ese instante mismo, mi pregunta al salir del metro se me vuelve estúpida. No, ni un solo voto se perderá en París a causa de un animal sin más neurona que su kalashnikov. Ni un solo voto. Ni una sola inteligencia.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Ultras alemanes, lucha por el poder al fondo a la derecha
Se esperan más de 50.000 manifestantes hoy en Colonia para protestar contra la celebración del congreso federal de Alterntiva para Alemania (AfD), el partido anti europeo y xenófobo que cuenta con alrededor de un 10% de la intención de voto de cara a las generales de septiembre y que vive un momento de puñaladas traperas internas y despiadada lucha de poder. Los primeros disturbios ya se han producido esta mañana, con al menos un policía herido enfrentamientos con los manifestantes en los que volaban piedras y objetos contundentes. La policía ha desplegado 4.000 agentes para garantizar la paz en las calles de la ciudad, elegida para la celebración de este congreso por haber sido el escenario de la ominosa Nochevieja en la que más de mil mujeres sufrieron abusos sexuales a manos de solicitantes de asilo, la gran humillación a Alemania por parte de aquellos a los que Merkel abrió sus puertas y que dio un impulso a AfD en las encuestas, solidificando su presencia en 11 de los 16 parlamentos regionales, incluido el intrínsecamente liberal de Berlín. Colonia ha sido también escenario de las milicias urbanas organizadas por círculos cercanos a AfD y de los ataques indiscriminados a extranjeros a pie de calle por parte de grupos ultras, por lo que se ha convertido en elocuente espejo de las tensiones sociales e ideológicas que el día a día de la crisis de los refugiados ha inyectado en Alemania y muchos de los manifestantes que hoy protestan la consideran campo de batalla por las libertades y las garantías democráticas. Lucha por el control interno Pero el conflicto que ha de dirimirse en este congreso de AfD no tiene demasiado que ver con tensiones sociales ni con ideas sobre gestión de refugiados, se trata más bien de una prosaica pelea por el control muy similar a las que tienen lugar en las tradicionales formaciones políticas a las que este partido anti sistema tanto critica. Su hasta ahora líder, Frauke Petry , ha quedado aislada en la directiva y había en marcha un movimiento de jaque que ella ha tratado de evitar con un enroque, anunciando pocos días antes del congreso que no se presentará como candidata, ni en solitario, sin formando parte de la candidatura colegiada que cocinaban sus enemigos. Ni el lugar ni la fecha de la convocatoria del congreso federal son fruto de la casualidad. En coincidencia con la primera ronda de las elecciones francesas, AfD espera asociar su foto a la ola de euforia que recorrerá previsiblemente la extrema derecha europea en cuanto Marine Le Pen pueda exhibir los primeros resultados. En los últimos meses, Petry ha promovido un hermanamiento oficioso con la ultraderecha francesa, concretada en un acto electoral compartido con Le Pen y el holandés Geert Wilders. Con ellos coparte su aversión por la Unión Europea y muy especialmente por el euro . "El final del euro es cuestión de tiempo"Frauke Petry ?El final del euro es una cuestión de tiempo. Exigimos un serio debate sobre la permanencia de Alemania en el euro, porque nos perjudica. En su día aceptamos el euro porque los países se comprometieron a pagar cada uno su deuda, pero eso ha dejado de suceder, ahora es Alemania la que avala la deuda de todos, cuando no se ocupa de pagar directamente los rescates?, protesta airada Frauke Petry, ?no pensamos que podamos compartir una moneda común con países que no son económicamente igual de fuertes que Alemania. Queremos que Europa vuelva a ser lo que fue?. Este discurso es calificado por sus amigos de ?pragmático? y como ?demasiado blando? por parte del ala más radical del partido, que tratará de hacerse con el control en el congreso de Colonia liderada por Björn Höcke , al que Petry abrió expediente hace unos meses por haber definido como ?vergonzoso? el monumento a las víctimas del Holocausto de Berlín pero al que la directiva, de hecho, se ha negado a expulsar. Höcke aporta el voto neonazi , del que muchos en AfD no están dispuestos a prescindir, y el ganador del pulso podría ser el vicepresidente Alexander Gauland , un veterano de 76 años que mueve los hilos más radicales con discreción y que tratará de arrancar a Petry el compromiso de participar en la campaña electoral, para no perder demasiado voto por el camino, a cambio no se sabe de qué. Petry abandera el voto burgués, conservador indignado y ávido de reacción al caos y la confusión que el Islam está inoculando en las sociedades occidentales. No es prescindible para el partido. Perfil nacional socialista Debido a esa fachada conservadora, AfD es a menudo considerado un partido de extrema derecha. En Colonia se refrendará un programa electoral nacionalista que incluye la celebración en Alemania de numerosas votaciones en referéndum, como en Suiza, el final del espacio Schengen y el cierre de fronteras, cuotas de deportaciones, prohibición del velo islámico y prédicas obligatorias en alemán en mezquitas. Hay 200 páginas llenas de peticiones de puntos de debate de este estilo que en su mayoría no podrán ser atendidas. Ya fijados en su programa electoral hay puntos como introducir de nuevo el servicio militar obligatorio, la intervención del Estado en la radio y televisión públicas, más presencia policial en las calles y en política exterior una reorientación de Alemania hacia la Rusia de Putin, un vecino con el que desean estrechar relaciones. Rechazan el Tratado de Libre Comercio entre la UE y EE.UU. (TTIP) por considerar que viola los pactos tácitos con Moscú tras la caída del Muro de Berlín, cuya violación consideran la causa de conflictos como el de Ucrania. Pero atendiendo a los apartados económicos de dicho programa, lo que encontramos son medidas de corte socialista, como severas subidas de impuestos para las rentas más altas y eliminación de las ayudas sociales denominadas Hartz IV, de unos 400 euros al mes, para sustituirlas por ?trabajos ciudadanos? a cargo del Estado, 1.000 euros mensuales por 30 horas semanales trabajadas, a cambio de una drástica reducción de los programas de reinserción laboral. AfD, por lo demás, pone en duda el cambio climático y reclama prolongar la vida de las centrales nucleares.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Marine Le Pen, extrema derecha, Emmanuel Macron, social-reformista, François Fillon, conservador, y Jean-Luc Mélenchon, extrema izquierda, pueden aspirar a pasar a la segunda vuelta de la elección presidencial más incierta de la V República. Este domingo, los 46.938.525 franceses inscritos en las listas electorales deberán escoger, entre ellos y otros siete candidatos, a los dos únicos finalistas que podrán participar en la segunda y definitiva vuelta, el próximo 6 de mayo. Los últimos sondeos legales y conocidos anunciaban la posible victoria preliminar este domingo de Marine Le Pen, previa a una posible derrota dentro de dos semanas. Según los mismos sondeos, Macron, Fillon y Mélenchon se disputaban el segundo puesto, en un pañuelo del 2 al 3% de las intenciones de voto. Si se recuerda que el margen de error reconocido, en todos los sondeos, es del 2 al 2,5%, cualquiera de ellos puede aspirar al duelo final con Le Pen en la segunda vuelta. El riesgo de una abstención superior al 30% y el ensangrentado tiroteo de la noche del jueves en los Campos Elíseos, han dramatizado las últimas 48 horas previas al voto. Analistas, historiadores y sondeos oficiosos sugieren que la incertidumbre y el miedo, asociados al terrorismo y la violencia suburbana, pudieran precipitar un posible vuelco electoral favorable en imprevisible medida para Le Pen y Fillon, la derecha y la extrema derecha. En la recta final, la juventud e inexperiencia de Macron se han percibido como un posible hándicap para el candidato reformista. Al mismo tiempo, la fragmentación sin precedentes del paisaje político nacional es una amenaza potencial para todos los candidatos. El voto francés parece llamado a influir en toda EuropaMarine Le Pen puede ganar la primera vuelta, este domingo. Pero perder la segunda, dentro de dos semanas. Su proyecto de Frexit, retirar a Francia de la Unión Europea (UE), es percibido como una aventura peligrosa para muchos sectores sociales. Emmanuel Macron puede pasar a la segunda vuelta. Pero es un candidato muy joven (39 años), sin experiencia en la cúspide del Estado: un riesgo para él y para Francia. Su modesta experiencia como ministro de Economía de François Hollande, durante dos años cortos, es un bagaje político equívoco y peligroso electoralmente. Antes de poder enfrentarse a Marine Le Pen, en segunda vuelta, François Fillon debe salvar el escollo de otro candidato ultraconservador, Nicolas Dupont-Aignant, un aventurero que tenía un 3 o 4% de intenciones de voto en los últimos sondeos. Cuando el «billete» de la segunda vuelta se juega en un pañuelo del 2 al 3% de los votos, la candidatura de Dupont-Aignant es un obstáculo temible para Fillon. Jean-Luc Mélenchon ha sido la gran revelación de la campaña como candidato de extrema izquierda populista, disputando a Fillon el tercer puesto entre los posibles ganadores. Sin embargo, el candidato de Francia Insumisa debe afrontar la competencia de otros dos candidatos de extrema izquierda: Nathalie Artaud (trostkista) y Philippe Poutou (anticapitalista) pueden conseguir unos votos preciosos para recortar las aspiraciones del candidato de la extrema izquierda. Hundimiento del PS Esa balcanización palmaria del paisaje político francés tiene otro matiz histórico: el patético hundimiento del socialismo nacional. En los últimos sondeos, Benoît Hamon, el candidato oficial del PS, apenas se cotizaba con el 7-8% de las intenciones de voto. El peor resultado potencial de la historia del PS. Un desastre anunciado, consecuencia última de la herencia de François Hollande y del comportamiento esquizofrénico del candidato socialista. Hamon ha optado por una tercera vía que puede conducirlo al suicidio político: «Sí al pacto fiscal europeo, pero para renegociarlo desde la izquierda», «sí a la UE, pero para renegociar los tratados y democratizarlos»? Proyectos ultrateóricos, que contrastan con la claridad meridiana de los cuatro candidatos que pueden aspirar a la segunda vuelta. La pareja Le Pen/Mélenchon defiende con claridad un proyecto de ruptura con Europa y la sociedad abierta, en defensa del búnker ultra nacionalista. La pareja Fillon/Macron defiende con claridad los pilares fundacionales de la Alianza Atlántica y la UE, la política monetaria de la zona euro, y el respeto de los compromisos de Estado con esos pilares del sistema político occidental. A partir de tales propuestas antagónicas, el voto francés parece llamado a influir en toda Europa, a favor o en contra del búnker ultra nacionalista o la sociedad abierta.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Marine Le Pen, la figura revelación de la ultraderecha
Marine Le Pen (Neuilly-sur-Seine, 1968), madre de tres hijos y divorciada en dos ocasiones para vivir como pareja de hecho con un dirigente de su partido, ha transformado el Frente Nacional (FN, extrema derecha), fundado por su padre, Jean-Marie Le Pen, en el primer partido obrero de Francia, el tercero en importancia nacional en todas las elecciones presidenciales, legislativas y municipales del último quinquenio. Durante medio siglo largo, el FN de Jean-Marie Le Pen fue un partido de extrema derecha tradicional, muy vinculado a todos los grupúsculos extremistas de su tiempo, de carácter expresamente neonazi en muchas ocasiones. Elegida presidenta del FN en el congreso de Tours del 15 y 16 de enero de 2011, inició a paso de carga un giro al centro que tuvo réditos políticos inmediatos. Marine Le Pen comenzó por expulsar del FN a dirigentes o militantes expresamente neonazis. Sin abandonar nunca las tesis tradicionales de la extrema derecha francesa (salida del euro, cierre de fronteras, hostilidad radical hacia el liberalismo capitalista, etcétera), Marine ?como la llaman los militantes de su partido? se convirtió en una estrella política con brillo propio. Marine Le Pen ha conseguido que su partido logre una gran adhesión, un electorado fiel que le perdona incluso las acusaciones de financiación ilegal de su movimiento por los que ya ha sido sancionada en el Parlamento Europeo. Pero la líder no ha logrado evitar que genere también mucho rechazo en otra parte de la sociedad. La candidata se mueve como una funambulista entre las propuestas radicales heredadas y la cara más aceptable con la que pretende conquistar el Elíseo. Evita las alusiones a la II Guerra Mundial que tantos quebraderos de cabeza costaron a su padre -e incluso a ella misma en esta campaña-, y arremete contra la inmigración esgrimiendo la inseguridad, la preferencia francesa y el patriotismo económico, su tema de campaña favorito tras comprobar que le funcionó en EEUU a Donald Trump. Todo ello tras haber cortado en 2015 el cordón umbilical con su progenitor después de la última salida de tono del patriarca, lo que le valió un culebrón familiar durante meses pero acabó por independizar a la líder y consagrarla como uno de los rostros más reconocibles de la ultraderecha europea. Nacida el 5 de agosto de 1968, Marine Le Pen comenzó pronto su militancia política, siempre a la sombra de su padre. A los 18 años se afilió al Frente Nacional y, ayudada por su apellido, no tuvo problemas en escalar peldaños en su estructura interna. En un partido al que le costaba encontrar cargos y candidatos, la hija del líder fue pronto un valor electoral que se presentó a diversas elecciones legislativas y locales, carrera que compaginó con la de abogada en París entre 1992 y 1998. Cuando en 2002 su padre accedió a la segunda vuelta, Francia descubrió en infinidad de intervenciones televisivas que tras su melena rubia se escondía un verbo ágil y un carácter fuerte. Había nacido una estrella política que, con el paso de los años, se fue afianzando. Primero en el partido, donde tuvo que soportar los ataques de la vieja guardia que le consideraban una "arribista" y que no aprobaban el giro "amable" que encabezaba. Hasta que en 2011 se hizo con las riendas del FN, al que al año siguiente dirigió en sus primeras presidenciales, donde con el 17,9 % de los votos acabó tercera, pero tuvo un mayor porcentaje que su padre diez años antes. Su legitimidad ya no podía ser contestada desde dentro y Le Pen se lanzó a la conquista de nuevos horizontes, acompañada de una nueva guardia pretoriana más joven y moderna, en la que destacan su marido, Louis Aliot, y su mano derecha, Florien Philippot. Esa estrategia le ha permitido ganarse a las clases obreras y desfavorecidas que se consideran olvidadas por el sistema y que pagan los efectos de la globalización sobre su modo de vida. Le Pen eligió la circunscripción de Hénin-Beaumont como laboratorio de su apuesta, un territorio del norte del país marcado por la desindustrialización y que convirtió en su feudo electoral. En las municipales de 2014, su partido conquistó una decena de ayuntamientos, lo que les permitió nombrar dos senadores. Ese mismo año, en las europeas, acabaron como la fuerza más votada con un cuarto de los sufragios, algo que se repitió en las regionales del año siguiente, cuando rozaron los 7 millones de votos, un récord en la historia del partido. Un resultado que ahora tendrá que multiplicar para ascender al Elíseo y culminar su sueño de desalojar del poder a las élites «desconectadas del pueblo».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El voto del miedo se ha movilizado
Del viejo Baruch de Spinoza -y quizá aún más de los años- he ido aprendiendo una norma moral básica: «No reír, ni lamentar, ni maldecir las acciones humanas; sólo entenderlas». Ayer, en la calma tensa de la jornada electoral francesa, más que nunca, percibí que sólo en esa firmeza fría puede asentarse la prudencia política. La última vez que estuve en Saint-Denis, la gendarmería acababa de tomar al asalto el piso de la célula islamista que ejecutó la matanza del Bataclan. El edificio, en la esquina de la calle Corbillon con la de la République, tenía sus paredes acribilladas, carbonizadas las ventanas por los explosivos. Y la población de esta ciudad musulmana, en torno al corazón cristiano de Francia, la Basílica de Saint-Denis, se mantenía esquiva y silenciosa. La gran explanada de la basílica se había transformado en plataforma de todas las cadenas de televisión, cuyas cámaras apuntaban al lugar en donde se dirimió el combate. Los vehículos blindados de la policía se apelmazaban en la plaza contigua. Ha pasado un año y medio de aquello. Hoy, no son las furgonetas policiales las que se conglomeran en la plaza. Ni hay unidades móviles obstruyendo el acceso a la basílica. La plaza es la del mercado de todos los domingos. Y, en ella, campea la indolencia bulliciosa del Saint-Denis norteafricano. La basílica del siglo XII se asienta como un milagro de sosiego a la luz del mediodía. Me pierdo unos minutos en su interior. Sería un delito no hacerlo. Como cada vez, doy vueltas a la fantástica paradoja de que el sepulcro del Charles Martel que cortó la progresión árabe sobre Europa en el año 732, esté aquí. Y, alrededor de él, la más importante ciudad árabe de la Europa del siglo XXI. Sin derecho a voto Mi visita al bello templo gótico es hoy muy breve. Apenas una concesión estética, antes de volver a la poco bella realidad política. El ayuntamiento de Saint-Denis cierra el costado izquierdo de la explanada. Basílica y ayuntamiento: dos emblemas de Francia. Los locales municipales cumplen la función de colegio electoral. No demasiado concurrido, éste. Las mujeres veladas y los hombres ociosos se atarean con bullicio en el mercado. Puede que la política no pese mucho en esta población que se sabe sólo a medias parte de la República francesa. Puede que muchos de ellos, ni siquiera tengan el estatuto legal que permite hacer uso de las urnas. «Lo esencial es que alguien pare a Le Pen en la segunda vuelta. Ni Hamon ni Mélenchon servirían para eso»«Para nosotros, los extranjeros, sería una tragedia que Le Pen ganara». El camarero de esta pequeña tasca, en la que sirven un cuscús estupendo, es un tipo locuaz. Me pregunta de dónde vengo. Y, antes de que yo responda, me cuenta que él nació aquí, pero que su familia viene de Argelia. Un tonto pudor me impide preguntarle por qué, entonces, dice «nosotros, los extranjeros». Los dos sabemos la respuesta. Y encadena su preferencia: él votará a Fillon, pero no le importa si es Macron quien gana. «Lo esencial es que alguien pare a Le Pen en la segunda vuelta. Ni Hamon ni Mélenchon servirían para eso». Un musulmán, que sabe lo difíciles que pueden ponerse las cosas en Francia si el Frente Nacional gana, apuesta por votar a un político tan confesionalmente católico como Fillon, porque es «lo más seguro». Me digo que esa paradoja debía estar recorriendo a una buena parte de la sociedad francesa. El voto del miedo fue ayer la clave de la primera vuelta. Dedico la tarde a pasear por los alrededores del parque de Luxemburgo. Los colegios electorales de la orilla izquierda están calmos. No hay colas excesivas. Se controla la entrada con mayor cuidado, eso es todo. En algunos, el carné de prensa me abre paso. En otros, no. La preocupación por la seguridad es lógica y no insisto. En la calle Claude Bernard me cruzo con cuatro soldados, en despliegue de combate y con el subfusil ametrallador en posición de tiro. Nadie se alarma. La posibilidad de un atentado yihadista estaba descontada desde mucho antes de las elecciones. Las matanzas de «Charlie Hebdo», del Bataclan, de Niza? son lección aprendida. Y el asesinato del jueves en los Campos Elíseos no habrá modificado en nada las intenciones de voto. También esa posibilidad estaba descontada. La abstención no ha subido gran cosa. Pese al poso de amargura con el cual los ciudadanos ven a sus políticos, pocos han considerado que fuera el momento de abofetearlos. Se ha votado contra el peligro mayor de un populismo que promete sacar a Francia de la UE en seis meses. Lo cual equivale, sencillamente a volar la UE. Se ha votado con resignación. Aunque no se apreciase especialmente al hombre al cual se votaba. Se ha votado el mal menor. Y, en principio, ha funcionado. Macron es, con diferencia, el que mejor puede concitar la unidad nacional frente al peligro populistaTodas las combinatorias daban el paso de Le Pen a la segunda vuelta. De sus posibles contrincantes, Emmanuel Macron es, con diferencia, el que mejor puede concitar la unidad nacional frente al peligro populista. Su perfil es transversal a izquierda y derecha: puede acumular el voto de ambas. Frente a Le Pen. Y da igual que nos guste o que no nos guste. Como, nos guste o no nos guste, hay que constatar que Fillon ha aniquilado a la derecha. Sus votantes podrán replegarse sobre un Macron cuyo perfil amalgama retóricas socialistas y prácticas liberales. Como, nos caiga Hamon simpático o antipático, debemos tomar nota de que la destrucción a la cual ha llevado al PS es absoluta: ha tenido la grandeza, nada fácil, de reconocer eso; Hollande aún no lo ha hecho. La herencia de la izquierda queda en manos de un alucinado Mélenchon. No es trágico; es ridículo. Prudencia fría Los dos pilares de la Vª República se han desmoronado: izquierda como derecha. Toca ahora preparar sin ellos una segunda vuelta en la cual en Francia se jugará el futuro de Europa. No es tan malo, pese a todo, el horizonte. La que anoche se proclamó «candidata del pueblo», Marine Le Pen, perderá. Da igual si es alguien tan confuso como Macron quien gana. Es la hora para una prudencia fría: no nos regocijemos, no reprochemos ni maldigamos. Hagamos el esfuerzo de entender cómo se extingue un mundo.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Socialistas y conservadores apoyan a Macron frente a Le Pen
Emmanuel Macron, el candidato social reformista en el que se han refugiado buena parte de los franceses moderados, se perfila como favorito ante la elección presidencial definitiva del 7 de mayo, después de que él y la ultraderechista Marine Le Pen superaran la criba de la primera vuelta. Con el 97% de los votos escrutados, Macron (23,86%) gana por dos puntos y medio a Le Pen (21,43%). El antiguo ministro de Economía y Finanzas de François Hollande sale reforzado de la votación de ayer, en la que toda Europa tenía puestos sus ojos por lo mucho que se jugaba en ellas. el apoyo que se han apresurado a brindarle en la segunda dos de los descartados, tanto el conservador François Fillon como el socialista Benoît Hamon, consolidan sus posibilidades de ser el próximo inquilino del Elíseo. El candidato de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon, no quiso anoche dar consignas a sus seguidores sobre el voto en la segunda vuelta: «Cada uno sabe cuál es su deber», afirmó. La histórica jornada de deja fuera de la elección final a las dos fuerzas políticas tradicionales de Francia, que se venían alternando en el poder desde hacía décadas, con una derrota histórica en el caso del socialismo galo. Emmanuel Macron y Marine Le Penencarnan la renovación que se venía anunciando en del paisaje político francés, desde dos ángulos antagónicos. Macron, que ha sido banquero de negocios (Rothschild) además de miembro del Ejecutivo de Hollande durante dos años cortos, es el favorito como posible ganador de la segunda vuelta. A lo largo de la campaña, Macron había confirmado de manera insistente su visión liberal de la economía y su aspiración a un cierto reformismo de centro izquierda. Es un defensor de todos los pilares de la sociedad abierta occidental (Alianza Atlántica, UE, Pacto fiscal europeo..). Hace días, Wolfgang Schäuble, uno de los ministros de finanzas más influyentes del mundo, así como uno de los patriarcas del Pacto fiscal europeo, defensor a ultranza de las políticas de austeridad de la zona euro y una de las personalidades más conservadoras de Europa, «aconsejó» votar al que ha destapado como la principal revelación de estas presidenciales. En sus primeras palabras tras conocer su victoria, Macron se mostró confiado y modesto, apelando a la unión nacional para poder reformar Francia: «Los franceses han votado por la renovación -proclamó-. Nuestro deber es ofrecer esa renovación en las próximas elecciones legislativas. Como hizo De Gaulle en su día, debemos unir lo mejor de la derecha, lo mejor del centro y lo mejor de la izquierda, para defender las reformas que necesita nuestro país». «Quiero ser el presidente de los patriotas contra la amenaza de los nacionalistas», dijo. Le Pen no parte favorita en la segunda ronda. Ha conseguido menos votos externos que Macron y tiene menos «reservas» y menos apoyos. Sin duda, una parte de la derecha puede sentir la tentación de votar por ella, pero le será muy difícil pasar del 23 al 51% de los votos nacionales. Sus proyectos de ruptura con el euro, la UE y la Alianza Atlántica son un hándicap muy difícil de vencer. En su primer discurso tras los resultados, lanzó un desafío apocalíptico: «Solo yo soy la candidata del pueblo francés. Pido a todos patriotas que me apoyen para asegurar la salvación de Francia, amenazada por el capitalismo salvaje, Europa y la mundialización. Debemos restaurar nuestra moneda y nuestras fronteras para asegurar la supervivencia de la nación». A juicio de los mejores historiadores de la V República, el pase de Macron y Le Pen anuncia un vuelco en la historia política nacional, con varios rasgos inéditos. En primer lugar, la extrema derecha se instala en el paisaje político. Le Pen ha prometido el «Frexit», la salida de Francia de la UE y de la Alianza Atlántica. En esa línea, propone romper con el Pacto Fiscal Europeo y restaurar la moneda nacional, el franco, en un proceso histórico de «bunkerización» nacional y ruptura con los pilares de la sociedad abierta del modelo político occidental. Los dilemas de la derecha En segundo lugar, la derecha tradicional tendrá que «componer» con esa realidad inédita en la historia del régimen. Históricamente, siempre ha denunciado los proyectos apocalípticos del Frente Nacional de extrema derecha. En una situación de fragilidad excepcional, la derecha francesa deberá confirmar sus distancias, negociar o «aliarse» con la extrema derecha. Tales alternativas pueden provocar la balcanización de las derechas francesas. En un tono grave y solemne, Fillon reconoció ayer su fracaso personal y razonó su voto para la segunda vuelta, en estos términos: «El programa de la extrema derecha es una amenaza para Francia y para Europa. Ante la segunda vuelta, mi voto personal será para Emmanuel Macron, con el fin de combatir el programa extremista de la extrema derecha». Tras Fillon, otros pesos pesados conservadores, como Alain Juppé, Raffarin y Baroin, pidieron votar a Macron. Galería de imágenes Vea la galería completa (10 imágenes) La extrema izquierda populista, por su parte, se instala por vez primera en la vida política nacional, relegando al PS a un humillante e imprevisible cuarto puesto en el «ranking» de la influencia nacional. Su candidato, Jean-Luc Mélenchon, tiene un programa muy semejante al de la familia Le Pen, defendido desde las posiciones de la extrema izquierda populista. El socialismo francés sufre una de las derrotas más humillantes de su historia y deberá igualmente «componer» con una extrema izquierda de nuevo cuño. Benoît Hamon fue el primero en reaccionar a su propio suicidio político, pidiendo la «unión de la izquierda» en la segunda vuelta. Pidió «votar todos a una contra la extrema derecha», en lo que coincidió con los ex primeros ministros Manuel Valls y Bernard Cazeneuve.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
UKIP pide la prohibición del velo facial en el Reino Unido
El partido populista eurófobo UKIP pedirá en su programa para las elecciones del 8 de junio que se prohíban los velos faciales en el Reino Unido, el niqab y el burka con que se tapan sus caras algunas musulmanas. UKIP lo justifica por motivos de seguridad en la lucha antiterrorista y para favorecer la integración de esas mujeres. El partido ha cambiado de postura, pues en 2013 no apoyaba la prohibición, que está ya en vigor en varios países europeos. ?Las mujeres musulmanas necesitan integrarse en la sociedad británica y no puedes hacer esto escondiéndote tras un velo?, ha argumentado el nuevo líder de UKIP, el cuestionado Paul Nuttal, en una entrevista en la BBC. Justificó su cambio personal de postura en el tema alegando que ha aumentado la amenaza terrorista. UKIP se opondrá también a los tribunales de justicia islámica, la ?sharía?, que operan de manera subrepticia en algunos ámbitos musulmanes del Reino Unido, incluidos bancos árabes de la City de Londres. ?No se puede permitir un sistema judicial paralelo en este país? En el Reino Unido se calcula que viven tres millones de musulmanes, sobre una población total de 64 millones. Nuttal niega que su exigencia de prohibir el burka y el niqab, el velo que solo deja ver los ojos, sea un ataque a la comunidad musulmana e invoca los motivos de seguridad: ?Tenemos una alerta alta y para que sean efectivas las cámaras de CCTV [circuito de televisión callejero] necesitamos ver las caras de la gente. Nos guste o no, este es el país del mundo con más cámaras de CCTV?. UKIP recuerda que los primeros ministros Tony Blair, Gordon Brown y David Cameron sopesaron en su día la prohibición. En la capital británica las mujeres con niqab son una presencia corriente, sobre todo en barrios del Este como Algate, donde reside una amplia comunidad musulmana de extracción modesta, o en calles de lujo como Knightsbridge, la zona de Harrods, tomada por árabes de alto nivel económico que pasan temporadas en la capital. La opinión pública del Reino Unido está en contra de la prohibición del velo facial. Según una encuesta de la firma YouGov en el verano pasado, el 57% apoya que se pueda llevar por la calle el burka y el niqab, en nombre de la tradicional tolerancia británica y el multiculturalismo. En la Europa continental, salvo excepciones como España e Italia, se han ido aprobando leyes que prohíben el velo integral. Francia, el país europeo con más musulmanes, fue el pionero en vetarlo en los espacios públicos, con una ley de Sarkozy de abril de 2011. La multa por llevarlo es de 150 euros, que se eleva hasta a 30.000 para quienes coacciones a una mujer para que lo vista. El año pasado se dieron pasos también para prohibir el llamado ?burkini? en las playas, pero las instancias judiciales superiores lo autorizaron. Bélgica proscribió el velo facial en las calles en 2011. Holanda en noviembre de 2016 y las multas son de 410 euros. En Italia no existe una prohibición estatal, pero sí se han aprobado algunas locales, como la de Lombardía en enero del año pasado. En el Reino Unido el único límite está en los centros de enseñanza, a los que se autoriza a establecer libremente su propio código de vestimenta, lo que en la práctica a veces lleva a la prohibición del burka y el niqab en las aulas. UKIP es el único partido que concurre a las elecciones con propuestas contra el velo facial.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Los programas de Macron y Le Pen: sociedad abierta contra búnker ultra nacionalista
Ante la segunda y decisiva vuelta, el próximo 6 de mayo, el programa de Emmanuel Macron es de corte liberal/reformista, en los antípodas de todas las tradiciones socialistas; mientras que el programa de Marine Le Pen es una síntesis ideal del «búnker» ultra nacionalista y el «socialismo en un solo país» de las tradiciones comunistas. El programa económico de Macron es muy liberal en lo económico y reformista en lo social: Propone la supresión de más 120.000 puestos de funcionarios durante los próximos cinco años, la reducción de los impuestos para las empresas y las familias, fiscalidad empresarial favorable a la contratación, reforma del sistema nacional de seguridad social, nuevas ayudas a la «movilidad» de los parados y la revalorización de los salarios mínimos y pensiones. Por su parte, el programa económico de Le Pen es ultra nacionalista, anti liberal y anti capitalista: Contiene un proyecto de salida de Francia de la UE, el Frexit, la ruptura con el euro y restauración del franco, moneda nacional, la ruptura con la Alianza Atlántica y relaciones privilegiadas con la Rusia de Putin, la restauración de las fronteras nacionales, para romper con el espacio policial común del Convenio de Schengen, la ruptura con los tratados comerciales multilaterales y fiscalidad «patriótica», con nuevos impuestos para las empresas que den trabajo a extranjeros. En el programa de Macron se alternan las medidas compartidas parcialmente con el programa conservador de Fillon y las medidas compartidas parcialmente con el programa de los socialistas reformistas (Manuel Valls, derrotado en la elección primaria que eligió candidato del PS a un «rupturista» partidario del «socialismo auténtico», Benoît Hamon). Con la derecha de Fillon, Macron comparte la necesidad de reducir la burocracia y el número de funcionarios. Fillon proponía suprimir 500.000 empleos de funcionarios. Macron propone suprimir 120.000. Con los socialistas reformistas, comparte el proyecto de «preservar pero reformar» el modelo social. En el programa de Marine Le Pen alternan las medidas compartidas con todas las extremas derechas europeas y las medidas compartidas con la extrema izquierda francesa. Con las extremas derechas europeas, Le Pen comparte el proyecto de «cerrar fronteras», «restaurar la moneda nacional» y salir de la UE. Con la extrema izquierda francesa (Mélenchon y los grupúsculos trotskistas), Marine Le Pen comparte su denuncia del «liberalismo salvaje» (culpable de todos los males que se ciernen sobre Francia, a su modo de ver), su denuncia de Macron como candidato «ultra liberal»), su deseo de nacionalizar la banca, su proyecto de «restaurar la soberanía nacional contra la tiranía capitalista de los mercados».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El bávaro Seehofer vuelve a presentarse candidato
El presidente de Baviera, Horst Seehofer , no puede presentarse como candidato a las elecciones generales alemanas de septiembre. Es parte de convenio de colaboración que mantiene la Unión Socialcristiana bávara (CSU) con la Unión Cristianodemócrata de Merkel (CDU) , que comparten candidatura a escala federal. Pero sí se presentará de nuevo a las regionales en 2018 . Este fin de semana, apenas se conoció el resultado del congreso de Alternativa para Alemania (AfD), el partido anti euro y anti extranjeros que está robando voto a los grandes partidos tradicionales, el propio Seehofer llamó a un par de estrechos colaboradores para adelantar la noticia y el rumor había saltado ya esta mañana a la prensa. El hecho de que Seehofer aplace su jubilación política tiene consecuencias para Angela Merkel porque el presidente bávaro lleva varios años ejerciendo de principal líder de la oposición. Frente a la gran coalición de Berlín con los socialdemócratas, Seehofer ha abanderado desde la propia familia política de Merkel el rechazo a su política de fronteras y refugiados . El anuncio de su tercera candidatura a la presidencia del partido y a la presidencia de Baviera significa por una parte, como concluye el diario Bild, que no hay alternativa de liderazgo. Y por otra parte significa que Merkel no ha conseguido quitarse esa incómoda piedra en el zapato . Tensión entre los conservadores alemanes El momento de máxima tensión entre ambos tuvo lugar a finales de 2016, cuando la CSU rompía por primera vez en su historia una regla no escrita de protocolo y evitaba invitar a Merkel a intervenir con un discurso en su congreso anual. Ya en la edición anterior, Seehofer hizo un feo a la canciller alemana, manteniéndola en el escenario, en pie y durante quince minutos, aguantando un chaparrón de críticas directas a su política de refugiados. Pero en 2016 ni siquiera fue invitada y la situación llegó a ser tan violenta que resultó necesario organizar un cumbre en Múnich , el pasado mes de febrero, tras la que Merkel y Seehofer destacaron, juntos y públicamente, las ?grandes coincidencias? que unen a los dos partidos y su intención de seguir presentándose juntos a las elecciones. Pero Seehofer se ha negado hasta ahora a renunciar a la exigencia en la que ha materializado su oposición a la política de refugiados de Merkel, la introducción en la ley de inmigración de un tope máximo a la llegada anual de refugiados , que sería de 200.000 personas y que Merkel continúa rechazando hasta la fecha. La continuidad de esta exigencia durante la campaña electoral abre una fisura en el voto conservador de la que podría beneficiarse la extrema derecha. "Los votantes saben ahora que la política bávara seguirá siendo la misma que hasta ahora".Markus Söder El número dos de Seehofer en el partido y actual presidente del grupo parlamentario popular europeo, Manfred Weber, ha sido el primero en celebrar públicamente la decisión de quién llevaba meses coqueteando con la idea de retirarse de la política para disfrutar de la tranquilidad de sus amados Alpes. ?Estoy feliz por esa decisión, creo que es un acierto que vuelva a presentarse y estoy convencido de que tanto las bases del partido como la población de Baviera piensan mayoritariamente lo mismo que yo?, ha dicho Weber tras hacerse público. ?Creo que era muy importante que, ante las importantes votaciones que se avecinan, los votantes sepan que la CSU sigue y seguirá siendo lo mismo que hasta ahora y ese es el mensaje que estamos recibiendo de nuestro líder?, ha añadido el ministro bávaro de Finanzas, Markus Söder, que como el resto de políticos bávaros evita mencionar que la decisión supone prolongar el destierro de Karl Theodor zu Guttenberg. La joven promesa cristianosocial, que algunos llegaron a ver como posible sucesor de Merkel en el liderazgo conservador alemán, se vio obligado a dimitir como ministro de Defensa cuando una plataforma de internet lanzó acusaciones anónimas sobre un presunto plagio en su tesis doctoral. Zu GUttenberg vive desde entonces en Estados Unidos y su regreso a la política alemana, una vez rehabilitado, seguirá aplazado indefinidamente mientras siga al frente de la CSU el hombre que lo dejó caer. La renovación generacional del partido no se producirá por el momento. "Somos la derecha del centro"Horst Seehofer Además de hacer frente contra la llegada masiva de refugiados, Seehofer ejerce una fuerte presión contra las negociaciones para incorporar Turquía a la Unión Europea. ?Dejémonos de engaños, no tenemos perspectivas comunes con Turquía?, ha declarado recientemente. También mantiene posiciones más críticas con Bruselas y con la política del BCE. "Somos el clásico partido burgués. Pero también abarcamos el espectro democrático más hacia la derecha del centro", define el propio Seehofger, cuyo programa pretende ser el de un "verdadero partido popular, no una formación clientelista que sólo se ocupa de los intereses de determinados grupos?. En el documento de 42 páginas elaborado por su equipo como base del programa electoral de septiembre, se presentan como "partido conservador del futuro" con "raíces cristiano-judías". El programa lleva por título "El orden" y rechaza claramente la idea de una sociedad multicultural. Aboga por la celebración de plebiscitos a nivel federal, rechaza la doble ciudadanía y defiende un estado fuerte como respuesta al terrorismo, con la implicación del ejército dentro del país para combatir esta amenaza, así como fronteras claras para el islam tanto político como religioso.