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Noticias de santa sofia

28-07-2020 | Fuente: abc.es
González Laya, de gira en Grecia en plena crisis diplomática con Reino Unido
La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, llega este martes a Atenas, la segunda ciudad que forma parte de la «mini» gira que la llevó ayer a Ankara, en plena crisis diplomática con Reino Unido por las restricciones, especialmente la cuarentena de 14 días, para los viajeros que procedan de España anunciada por el Gobierno británico este fin de semana. La titular de Exteriores ha emprendido este viaje para «estrechar las relaciones bilaterales con ambos países y compartir reflexiones sobre la situación del Mediterráneo», después de que la semana pasada aumentara la tensión entre Ankara y Atenas por el anuncio turco de querer realizar nuevas exploraciones de gas natural en aguas situadas al sureste de la isla griega de Rodas, una región que Turquía y Grecia consideran parte de su zona económica exclusiva. Turquía no es un país cualquiera para la diplomacia del Gobierno de Sánchez. España aspira a tener un papel mediador en los conflictos que tienen como protagonistas a Turquía, Grecia y Chipre, en primer plano, pero que se extienden a Libia con países como Egipto, Francia o Emiratos Árabes Unidos involucrados en los últimos meses. González Laya tiene previsto sostener una reunión con su homólogo Nikos Dendias, y luego será recibida por el primer ministro, Kyriakos Mitsotakis y la presidenta griega, Katerina Sakellaropoulou. Ayer lunes, la ministra española intentó rebajar las tensiones diplomáticas entre ambos gobiernos y anunció que Turquía está dispuesta a «pausar» durante un mes las exploraciones de gas natural en el Mediterráneo oriental para facilitar un entendimiento con Grecia. Choques sobre Santa Sofía Durante su visita en Turquía, la ministra de Asuntos Exteriores se manifestó sobre el cambio de estatus de la Gran Mezquita de Santa Sofía, lo que generó una fuerte controversia con su homólogo turco, Mevlut Cavusoglu, quien tuvo que intervenir para corregir sus palabras. González Laya dijo que para España «es importante que se mantenga el espíritu de este monumento que es una casa común para cristianos, católicos y musulmanes», dijo al tiempo que aseguró «nosotros creemos en el diálogo y dicho diálogo entre Turquía y la Unesco ayudará a preservar a Hagia Sophia». Sin embargo, su comentario despertó cierto resquemor en Cavusoglu, que aclaró seguidamente: «Si no le he entendido mal, ella dijo que prefiere mantenerla (refiriéndose a Santa Sofía) como una casa común. Por supuesto, si ella se refiere a una casa común para preservar Santa Sofía como un lugar que es patrimonio cultural de la humanidad con todas sus características y que está abierto a todos. Esto está bien», y continuó «pero si ella se refiere a que Santa Sofía, que fue convertida en una gran mezquita, permanecerá como un lugar donde otras creencias también puedan rezar, no estamos de acuerdo con eso».
27-07-2020 | Fuente: abc.es
El ministro turco desautoriza a González Laya sobre Santa Sofía: «Otras creencias no podrán venir a rezar»
La ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, ha iniciado su visita oficial a Turquía, donde se ha reunido con su homólogo turco y otros alto cargos en un momento de creciente tensión entre Ankara y la Unión Europea. Según han detallado fuentes diplomáticas a Europa Press, la ministra tendrá una agenda «muy intensa» hasta el martes cuando viaje a Atenas. En una conferencia conjunta con su homólogo turco, Mevlut Cavusoglu, en Ankara, la ministra ha dicho que era importante que la reconvertida Gran Mezquita de Santa Sofía siga siendo parte del patrimonio mundial de la humanidad, tras el reciente decreto firmado por el presidente turco Recep Tayyip Erdogan para que el templo pasara de museo a mezquita la semana pasada. «Para España es importante que se mantenga el espíritu de este monumento que es una casa común para cristianos, católicos y musulmanes», dijo al tiempo que aseguró «nosotros creemos en el diálogo y dicho diálogo entre Turquía y la Unesco ayudará a preservar a Hagia Sophia». Sin embargo, su comentario despertó cierto resquemor en su homólogo turco, Mevlut Cavusoglu, que aclaró seguidamente: «Si no le he entendido mal, ella dijo que prefiere mantenerla (refiriéndose a Santa Sofía) como una casa común. Por supuesto, si ella se refiere a una casa común para preservar a Hagia Sophia como un lugar que es patrimonio cultural de la humanidad con todas sus características y que está abierto a todos. Esto está bien», y continuó «pero si ella se refiere a que Hagia Sophia, que fue convertida en una gran mezquita, permanecerá como un lugar donde otras creencias también puedan rezar, no estamos de acuerdo con eso».<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">Singing different songs on <a href="https://twitter.com/hashtag/HagiaSofia?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#HagiaSofia</a> in a joint press event between visiting <a href="https://twitter.com/hashtag/Spain?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#Spain</a> Foreign Minsiter Arancha Gonzalez Laya and her host, <a href="https://twitter.com/hashtag/Turkey?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#Turkey</a>&#39;s Foreign Minister Mevlut Cavusoglu. . <a href="https://t.co/lAY3P9b4kr">pic.twitter.com/lAY3P9b4kr</a></p>&mdash; Abdullah Bozkurt (@abdbozkurt) <a href="https://twitter.com/abdbozkurt/status/1287704030400126978?ref_src=twsrc%5Etfw">July 27, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Un nexo cultural Santa Sofía fue construida en época del emperador bizantino Justiniano I, en el año 537, como la mayor iglesia de la comunidad cristiana de la época. Tras la conquista otomana de Constantinopla, la actual Estambul, fue reconvertido en mezquita en el año 1453 por decisión de Mehmet II, conocido como 'El Conquistador'. En 1934, el estatus de Santa Sofía fue cambiado al de museo por un decreto firmado por Mustafá Kemal Ataturk, el fundador de la Turquía moderna. Dos firmas han determinado el futuro del templo: el Consejo de Estado, el más alto tribunal administrativo, anuló el 10 de julio el decreto firmado por Ataturk y que ha mantenido Santa Sofía como museo durante 86 años. Horas después, Erdogan firmó una orden por la que reconvirtió el templo en una mezquita, haciendo realidad así «el sueño de su juventud», según dijo entonces. Santa Sofía, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO, es un nexo cultural para cristianos y musulmanes y también uno de los principales centros de atracción turística, con 3,7 millones de visitantes en 2019. La decisión de Erdogan ha desconcertado a los turcos, que ven Santa Sofía como un emblema de la Constitución laica del país, aunque no ha provocado una crítica rotunda por parte de la oposición. Erdogan ha prometido que seguirá abierta a los turistas y a los fieles de todas las religiones.
26-07-2020 | Fuente: abc.es
El retorno del califato
En la costa turca al sur de Bodrum, en la provincia de Mu?la, hay numerosas ruinas de iglesias bizantinas. Recuerdo lo que me impresionó hace un año visitar una de ellas en Kameriye, una islita desierta, en la que varias cabras estaban aposentadas en el interior del templo. El silencio solo era roto por los balidos de los chivos hasta que apareció un barco con unos doscientos turistas rusos que se apresuraron a tomar el lugar con sus cámaras. Muchos se santiguaban. Saben que la ortodoxia tiene profundas raíces en un territorio que bajo el mandato de Recep Tayip Erdogan se está convirtiendo en la sede de un nuevo califato que aspira a desbancar a Arabia Saudí de liderazgo del islam sunní. El pasado viernes, por primera vez desde 1934, el culto musulmán volvió a Santa Sofía. Erdogan dio un paso más en la expulsión del cristianismo de Turquía. A lo largo de sus años de poder por todo el país se han convertido antiguas iglesias secularizadas en mezquitas. De ellas se ha borrado la iconografía cristiana. Ese lento cambio se empezó a aplicar en Santa Sofía en 2010, cuando se cambió la iluminación para resaltar los elementos musulmanes y ocultar los cristianos. Recordemos la historia del lugar: fue construida por el emperador Justiniano en el año 537 como la catedral de la capital de su Imperio de Bizancio. El Imperio fue conquistado por los musulmanes en el siglo XV y en 1453 las tropas del Sultán Mehmet II saquearon el templo y destruyeron sus iconos y buena parte de sus obras de arte. Lo que sobrevivió, esencialmente mosaicos de Cristo, la Virgen y otros santos, fue finalmente tapado con pintura en el siglo XVII. La catedral fue mezquita hasta que en 1934 Mustafá Kemal Atatürk la convirtió en museo. A principios del siglo XX, en la Turquía Otomana de los sultanes vivían millones de cristianos grecoortoxos y armenios. Hoy se calcula que quedan unos 60.000 armenios y apenas 2.000 fieles de la iglesia griega. El acoso sobre Santa Sofía que arrancó en 2010 dio un paso más en 2016 cuando el Gobierno autorizó -o quizá sea más exacto decir que promovió- el que desde el minarete del museo se llamara a los musulmanes a la oración. Por eso el paso dado el viernes es sólo la conclusión de lo que era previsible. Veremos ahora cómo se cubren o hacen desaparecer los símbolos cristianos que fueron restaurados cuando la mezquita se convirtió en museo. Lo que es evidente, por la actuación de Erdogan, es que no puede quedar ni un trazo del pasado cristiano de la mezquita. ¿Se imaginan lo que harían algunos en España si se intentara borrar de la mezquita de Córdoba todos los trazos musulmanes que hay en ella? Pues a pesar de que la Unesco considera el lugar Patrimonio de la Humanidad no parece que esto preocupe mucho a quienes tan preocupados están por el culto católico en la mezquita catedral cordobesa. Recordemos en esta hora que este Erdogan es el mismo con el que José Luis Rodríguez Zapatero puso en marcha aquella filfa de la Alianza de Civilizaciones en la que España ponía el dinero y Turquía marcaba la línea de actuación. La rendición de la izquierda española ante el Islam es inequívoca. Lo que hizo Zapatero en 2007 -de lo que hoy se beneficia su ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, como Alto representante de la ONU para la Alianza de Civilizaciones con sede en Nueva York- ha sido completado después con un giro aún más peligroso por el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias entregado al islam chií de Irán. Con esta gente, no paramos de mejorar.
26-07-2020 | Fuente: abc.es
La lucha por el petróleo parte a Libia en dos
Las armas han callado esta semana en Libia y todos los ojos están puestos en la franja de 400 kilómetros que va desde la ciudad costera de Sirte hasta la base militar de Jufra, en el interior y a donde Rusia ha enviado refuerzos esta semana según la inteligencia estadounidense. Esta es la línea que marca el inicio de la provincia que alberga dos tercios de la producción petrolera libia, un país que cuenta con las mayores reservas de África. Después de nueve años de conflicto civil, convertido ya en una mini guerra mundial por la cantidad de actores externos implicados, Libia ha quedado partida en dos y es el petróleo el que marca la frontera. La producción y distribución están bloqueadas por las fuerzas rebeldes desde enero. El mariscal Jalifa Haftar tiene bajo su control los mejores pozos del país y por ello la producción se ha hundido de los 1,2 millones de barriles diarios, a apenas 100.000, una pérdida incalculable para el Gobierno de Unidad Nacional de Trípoli (GNA), reconocido por la comunidad internacional.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr"><a href="https://twitter.com/hashtag/Turkey?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#Turkey</a> plans to explore a slice of the Mediterranean claimed by the Tripoli-based <a href="https://twitter.com/hashtag/Libyan?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#Libyan</a> government <a href="https://twitter.com/hashtag/oilandgas?src=hash&amp;ref_src=twsrc%5Etfw">#oilandgas</a> <a href="https://t.co/bWI7amlOwo">https://t.co/bWI7amlOwo</a> <a href="https://t.co/pNgk7uAtjw">pic.twitter.com/pNgk7uAtjw</a></p>&mdash; Petroleum Economist (@PetroleumEcon) <a href="https://twitter.com/PetroleumEcon/status/1273179702954508295?ref_src=twsrc%5Etfw">June 17, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Tras la liberación de la capital, las fuerzas del GNA, apoyadas por Turquía, esperan la orden para lanzar una operación y recuperar el control de Sirte. Al otro lado les espera el petróleo que defienden los hombres del Ejército Nacional Libio (LNA, por sus siglas en inglés), liderado por Haftar y respaldados por Rusia, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Francia y Egipto. Este último país tiene luz verde del parlamento para desplegar tropas en Libia si el GNA supera la línea roja. Tras varios meses de cerco sobre la capital, el frente se traslada a esta parte de Libia que puede ser la causa de un choque a gran escala. «Turquía estaría abierta a diferentes opciones y una alternativa podría ser una fuerza internacional, pero no acepta que sean los rebeldes quienes tengan el control absoluto» de la zona petrolera, como ocurre desde 2015, apuntó el analista Galip Dalay en la web especializada Middle East Eye (MEE). Además del interés estratégico que supone para Ankara tener un gobierno aliado en esta parte del Mediterráneo, los turcos aspiran a jugar un papel clave en el sector petrolero y gasístico. Una muestra de la importancia que la operación libia tiene en el país fue la reunión que tuvo Recep Tayyip Erdogan con Fayez Sarraj, presidente del GNA, menos de 24 horas después de rezar en la reconvertida Gran Mezquita de Santa Sofía. Acuerdo de alto el fuego El despliegue en enero de barcos, drones y miles de milicianos islamistas sirios por parte de Recep Tayyip Erdogan en apoyo al GNA no solo frenó el avance sobre Trípoli, sino que dio un giro completo a la guerra, acabó con el cerco que sufría la capital y obligó a Haftar a retroceder. Los rebeldes, por su parte, cuentan con el apoyo de armas y de mercenarios rusos, pero el despliegue no está al nivel del efectuado por Turquía. Un informe confidencial de Naciones Unidas al que tuvo acceso la agencia DPA en mayo reveló que entre 800 y 1.200 milicianos del Grupo Wagner, empresa privada rusa, combaten en Libia junto a las tropas rebeldes. Ankara y Moscú trasladan al norte de África el pulso que ya libran en Siria, y pese a que el mensaje lanzado esta semana es el de que lograron un acuerdo para «trabajar a favor de un alto el fuego creíble», según declaró esta semana a la agencia Reuters el asesor de seguridad de Erdogan, Ibrahim Kalin, siguen reforzando su presencia militar. Así lo desvelaron nuevas imágenes obtenidas vía satélite por Estados Unidos que mostraban la llegada de aviones de carga rusos a la base de Jufra.
25-07-2020 | Fuente: abc.es
Erdogan «reconquista» Santa Sofía y se burla de Occidente
Recep Tayyip Erdogan cumplió «un sueño de juventud» y rezó en la primera fila de la reconvertida Gran Mezquita de Santa Sofía. Dos semanas después de firmar el decreto para que el templo pasara de museo a mezquita, el presidente encabezó una oración multitudinaria repleta de símbolos y gestos que evocaron a 1453, cuando el Sultán Mehmed II conquistó la entonces Constantinopla y con ella el que había sido mayor templo de la cristiandad durante casi un siglo. «Santa Sofía estará al servicio de todos los musulmanes como mezquita y de toda la humanidad como patrimonio cultural», declaró el mandatario islamista frente a la tumba de Mehmed «el conquistador», que visitó nada más terminar un rezo en el que él mismo recitó en público varios versos del Corán. Erdogan y un grupo numeroso de invitados estuvieron en el interior de una Santa Sofía cubierta con una alfombra verde de lana de 2.000 metros cuadros para no dañar el suelo y con los mosaicos bizantinos estratégicamente tapados con cortinas, para cumplir con los preceptos del islam. El imam encargado de dirigir la oración, Ali Erbas, presidente de la Dirección de Asuntos Religiosos, ascendió a un mimbar flanqueado por dos banderas verdes con una espada en su mano, símbolo de la conquista otomana. «El islam crece y los turcos están construyendo un nuevo futuro», señaló el religioso durante su intervención en esta jornada histórica que se retransmitió en directo por televisión. En las imágenes se veía a miles de personas en los alrededores del templo -350.000, según Erdogan-, muchos de ellos con camisetas y pins especiales diseñados para la ocasión con los rostros de Erdogan y Mehmed II. Este enorme templo nació como «Santa Sofía de Constantinopla», icono del Imperio Bizantino, y era sede del patriarca ortodoxo y lugar de coronaciones hasta la conquista otomana. Entonces se taparon los símbolos ortodoxos, se levantaron los minaretes y hasta 1935 fue mezquita. Ese año, Mustafá Kemal Ataturk, creador de la Turquía moderna, ordenó el final del culto y que pasara a ser un museo. Pero 86 años después Erdogan vuelve a variar su estatus. «Santa Sofía servía a Erdogan para lamentar las ?injusticias padecidas por los piadosos turcos?. A partir de ahora será una más de las 3.200 mezquitas de Estambul y sería una sorpresa ver más de cien personas rezando dentro de pocos meses», señaló en su cuenta de Twitter el analista Soner Cagaptay, autor de libros como «El imperio de Erdogan». En declaraciones al canal alemán DW, el Nobel de Literatura turco, Orhan Pamuk, calificó la reconversión de «mensaje populista que demuestra que Erdogan no respeta más el secularismo del fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Ataturk. Quieren enviar al exterior el mensaje de que no estamos contentos con Occidente y ese no es un mensaje que me gusta». El jefe de la oposición, Kemal Kilicdaroglu, del partido republicano CHP, no estuvo presente en el primer rezo no porque se opusiera a la reconversión, sino porque no veía necesario que la ceremonia tuviera que convertirse en un espectáculo mediático, según recogieron los medios locales. En la vecina Grecia comenzaron a oírse las campanas de muchas iglesias ortodoxas de todo el país a la hora en la que comenzaron los rezos, lamentando este hecho en un monumento que para los griegos sigue siendo un símbolo importante de Bizancio y de la religión cristiana: fundado y construido por emperadores bizantinos, un símbolo del cristianismo y de la identidad pluralista de la ciudad de Estambul, antigua capital del imperio bizantino. El Arzobispo de Atenas y Primado de la Iglesia Ortodoxa Griega encabezó una letanía en la Catedral de Atenas a la misma hora, y declaró que era un «día de luto y sufrimiento para toda la Ortodoxia, el Cristianismo y el Helenismo». La fecha coincidía con el aniversario de la restauración de la democracia en 1974 y el regreso del político Constanino Karamanlis tras la caída de la Junta de los Coroneles. El primer ministro Kiriakos Mitsotakis envió un mensaje a los millones de cristianos greco ortodoxos, insistiendo que el cambio de estatus de Santa Sofía no era «una muestra de poder, sino evidencia de debilidad».Y hasta el presidente Donald Trump expresó su preocupación al Arzobispo Greco Ortodoxo de América, Mons. Elpidoforos, sobre la protección de los derechos humanos y las libertades religiosas en Turquía. También el mundo cultural está sorprendido y hasta indignado: se considera que Turquía no cumple sus obligaciones con la UNESCO y «es un golpe indiscutible al patrimonio cultural de la humanidad», como afirma un comunicado del Ministro de Exteriores heleno, recordando la Convención de la Unesco de 1972. El comunicado griego también resalta que en un momento en el que se necesitan convergencias y pasos unificadores, «los movimientos que incitan a las divisiones religiosas y culturales y amplían las grietas en lugar de salvarlos, no contribuyen a la comprensión y al acercamiento de los pueblos». El cambio de uso del monumento, además de su simbolismo, representa importantes riesgos para la estructura del edificio así como la de los valiosos mosaicos y otras obras de arte de su interior, que se podrían ver dañadas o quizás sean tapadas en el próximo futuro. En la ceremonia de ayer se habían colocado nuevas alfombras con símbolos otomanes en el suelo y grandes cortinas escondían los frescos que representan a la Virgen y el Niño .
24-07-2020 | Fuente: elpais.com
La apertura de Santa Sofía como mezquita, en imágenes
Con la presencia del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, la antigua basílica Santa Sofía de Estambul acoge su primer rezo musulmán tras ser reconvertida en mezquita
14-07-2020 | Fuente: abc.es
Las relaciones de Turquía con la UE toman un rumbo «peligroso»
De socio prioritario, candidato en puertas del ingreso en la Unión Europea, Turquía ha pasado a ser un país cuyo comportamiento «estresa continuamente nuestras relaciones», en palabras del Alto Representante para la política exterior europea, Josep Borrell. Los ministros europeos de Asuntos Exteriores se reunieron ayer en Bruselas, por primera vez de forma presencial desde el inicio de la pandemia, y aunque no entraron en discusiones concretas todavía, Grecia puso sobre la mesa la opción de diseñar sanciones contra Turquía para tratar de disuadir al régimen de Recep Tayyip Erdogan de seguir avanzando en esos puntos de fricción que la ministra española Arancha González Laya calificó como «peligrosos». En los últimos años, Turquía se ha distanciado de Europa y ha apagado sus ambiciones de llegar a ser miembro con la misma velocidad que algunos de los países de la UE le han dicho que tampoco están de acuerdo con esta perspectiva. El ministro luxemburgués, Jean Asselborn, que seguramente es el único de los ministros aún en ejercicio de los que participaron en la reunión de 2004 en la que se acordó conceder a Turquía el estatus de país candidato, cree que la situación ha cambiado radicalmente. «Hace 15 o 16 años -dijo al llegar ayer a Bruselas- tenía grandes esperanzas de que Turquía pudiera convertirse en un país europeo, un gran país musulmán, que promueva la democracia. Lamentablemente, tenemos que admitir que esto va en la dirección equivocada». Sobre todo después del misterioso golpe de Estado de julio de 2017, Erdogán ha emprendido una carrera hacia la radicalización político-religiosa y ha expandido claramente sus ambiciones de potencia regional desde Siria hasta Libia, muy cerca de los intereses europeos. Por un lado resultó el cancerbero ideal para socorrer a la UE en el peor momento de la crisis de los refugiados, pero por el otro planea llevar a cabo exploraciones y perforaciones en aguas chipriotas, donde Ankara no reconoce la soberanía de la isla. Por ello, el ministro griego de Exteriores, Nikos Dendias, dijo a su llegada al Consejo ayer que «tanto nosotros como Chipre pedimos a la UE que elabore una lista de sanciones lo bastante significativas para aplicarlas en caso de que Turquía viole los derechos soberanos de Grecia o de Chipre». Francia, que es el país con el que las tensiones han sido más significativas en las últimas semanas a causa de un grave incidente naval en el Mediterráneo, también pidió una «aclaración» sobre las relaciones con Turquía. Enfriar la situación La UE ha dejado claro en varias declaraciones formales del Consejo Europeo que los planes de Turquía «vulneran los derechos soberanos de terceros estados, no se ajusta al Derecho del Mar y no puede tener efecto jurídico alguno». Por ahora Borrell ha tratado de enfriar un poco la situación, al recordar que «las sanciones son un instrumento, no una política», aunque sin descartar nada: «El Consejo debe prepararse para ver qué medidas podrían tomarse». La lista de los asuntos que enturbian las relaciones de la UE con Turquía es larga: desde su intervención en Siria en contra de la coalición internacional de la que forman parte varios países europeos o su entrada en la guerra de Libia violando el embargo de armas decretado por la ONU, pasando por las perforaciones en aguas chipriotas. Sin embargo, la reciente decisión de volver a convertir en una mezquita abierta al culto la vieja basílica bizantina de Santa Sofía ha sido interpretada por Grecia como una provocación, mientras que la ministra española cree que Ankara debería «reconsiderarla». Para Luxemburgo, constituye una declaración «con la que Turquía ha borrado de alguna manera su acercamiento a la Unión Europea». Para desgracia de los dirigentes europeos, Turquía cuenta con un instrumento esencial para hacer presión y que es mucho más fácil de aplicar y más efectivo que cualquier sanción: cumplir su amenaza de abrir la frontera a todos los candidatos a la emigración ilegal, refugiados o no, para que intenten llegar a territorio griego o búlgaro. Borrell había estado hace una semana en Ankara, pero sus conversaciones con el canciller turco, Mevlüt Cavusoglu, fueron muy complicadas. Este le amenazó abiertamente con la posibilidad de dejar de contener a los emigrantes, si la UE opta por una actitud incómoda hacia sus intereses. La visita no sirvió en ningún caso para mejorar las cosas, sino para encuadrar la gravedad de las tensiones que se están gestando.
10-07-2020 | Fuente: abc.es
La Justicia turca permite convertir Santa Sofía en una mezquita
El máximo tribunal administrativo de Turquía ha permitido que la antigua iglesia bizantina de Santa Sofia de Estambul pueda convertirse en mezquita, dejando la decisión sobre ese paso en manos del Gobierno. La basílica ortodoxa, construida en el siglo VI, fue convertida en mezquita tras la conquista de Constantinopla por los otomanos en 1453 y mantuvo ese estatus hasta 1934, cuando un decreto ministerial le quitó toda función de templo y la convirtió en museo. El sector nacionalista e islamista turco lleva décadas exigiendo la apertura del edificio al culto islámico, y el propio presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha respaldado recientemente esta petición.
10-07-2020 | Fuente: abc.es
Erdogan cumple su sueño de reconvertir Santa Sofía en mezquita
La Justicia turca cumplió con las filtraciones adelantadas por los medios oficiales a lo largo de la semana y decidió por unanimidad anular el estatus de museo que tenía Santa Sofía de Estambul desde 1934. Este movimiento dio luz verde a las autoridades para que este templo, nacido como catedral hace 1.500 años, vuelva a convertirse en mezquita. Así se cumplirá uno de los sueños del presidente y ex alcalde de Estambul, Reccep Tayyip Erdogan, que a los pocos minutos de conocer la decisión del Consejo de Estado firmó el decreto para una conversión que hizo que el emblemático edificio pasara del ministerio de Turismo al de Asuntos Religiosos. Poco importaron los mensajes de la Unesco, que pidió a los turcos «dialogar» antes de dar este paso, o de Grecia, que calificó la decisión de una «provocación abierta» al mundo civilizado. El portavoz del parlamento, Mustafa Sentop, dijo que la abrirán al culto «lo antes posible, no más tarde de la próxima semana». Santa Sofía es una de las joyas arquitectónicas del conocido como «Cuerno de Oro» de Estambul, en la ribera occidental del Bósforo, y ha sido testigo de excepción de luchas políticas y religiosas, de ascensos y caídas de imperios. La enorme mole de piedra roja nació como «Santa Sofía de Constantinopla», icono del Imperio Bizantino, y era sede del patriarca ortodoxo y lugar de coronaciones. Durante 900 años se mantuvo como templo cristiano hasta que el sultán Mehmed II capturó la ciudad en 1453 e hizo de esta basílica una mezquita. Se taparon los símbolos ortodoxos, se levantaron los minaretes y hasta 1935 fue templo musulmán. Ese año, Mustafá Kemal Ataturk, creador de la Turquía moderna, ordenó el final del culto y que pasara a ser un museo. 85 años después, Erdogan enmienda lo que siempre consideró un «muy grave error» y el laicismo impulsado por Ataturk queda cada vez más lejos. El líder islamista anunció que se dirigiría a la nación a las 08.53 de la tarde, un gesto más para celebrar la reconversión de Santa Sofía en el 600 aniversario de la conquista otomana. «El efecto de refuerzo que este movimiento puede traer a Erdogan en cuanto a popularidad es pequeño y efímero, mientras que el daño causado a la imagen de Turquía será significativo y permanente», alertó en su cuenta de Twitter el analista Soner Cagaptay, investigador del The Washington Institute y autor de libros como ?Erdogan's Empire: Turkey and the Politics of the Middle East?. En palabras de Cagaptay, el presidente «busca dejar su sello político y religioso y en su ciudad natal y con Santa Sofía completa su trilogía de mezquitas tras patrocinar la construcción de las de Camlica y Taksim». Llamada al diálogo de la Unesco Erdogan firmó el decreto de manera inmediata, sin hacer caso al mensaje de la Unesco que le pedía «diálogo antes de adoptar una decisión que tendrá impacto en el valor universal de este lugar», incluido en la lista de Patrimonio de la Humanidad. Grecia, Rusia y Estados Unidos también trataron de mediar para que Turquía no alterara el estatus de este lugar, pero tampoco tuvieron éxito. La decisión del Consejo de Estado turco conlleva que Santa Sofía deje de ser un museo, pero se mantiene bajo la etiqueta de «templo», lo que significa que seguirá abierto a los turistas fuera de las horas de culto, como lo está la Mezquita Azul. Con el cambio en Santa Sofía de Estambul, Erdogan completa la quinta reconversión de iglesias bizantinas nacidas también como Santa Sofía en Trabzon, Vize, Iznik y Enez. El gobierno islamista del AKP ha sido el encargado de reconvertir todas ellas y adaptarlas al culto, aunque su impacto mediático y simbólico no se puede comparar con la de Estambul, que durante casi un siglo fue emblema mundial del cristianismo.
03-07-2020 | Fuente: abc.es
Turquía se aleja de Occidente
Dentro de dos semanas un tribunal administrativo turco decidirá si la basílica de Santa Sofía en Estambul ?hoy museo y patrimonio de la humanidad de la Unesco? vuelve a convertirse en mezquita, tal y como desea el presidente Erdogan. El episodio, que probablemente se resolverá en contra del sentir de la comunidad política internacional y de la cristiana, tiene ?para el régimen instalado en Turquía desde el 2002? un fuerte simbolismo. No solo hace rememorar en el imaginario colectivo del musulmán otomano la caída de Constantinopla en el siglo XV, y la conversión en mezquita de la basílica-catedral de Bizancio, sino que también es una paletada al Estado secular fundado por Ataturk en los años 30 del siglo pasado. Tayyip Erdogan, el «nuevo sultán» según The Economist, al que sus seguidores más fanáticos se limitan a denominar «reis». jefe, es coherente con sus principios islamistas, aunque llegó a la jefatura del gobierno vestido con ropajes de moderado. Al término de su accidentado paso por la alcaldía de Estambul pasó diez meses en la cárcel por la lectura de un poema en el que se llama abiertamente a la yihad, la guerra santa. Con su nuevo partido ?Justicia y Desarrollo? arrasó en 2002, y desde entonces nadie parece capaz de apearle del poder. La línea de Erdogan ha sido calificada de «nacionalismo neo-otomano», nostálgico del viejo imperio que pretende volver a forjar con sus intervenciones militares en los dos conflictos regionales más graves: el de Siria y el de Libia. Su relación con Europa es ambigua, pero los hechos ?en particular el chantaje que ejerce con los refugiados sirios en campamentos turcos que sueñan con desplazarse a la UE? reflejan el desprecio de Erdogan y su camarilla islamista hacia el viejo rival de Occidente. En la relación con E.UU. las apariencias engañan. La presunta empatía de Erdogan con Trump no va más allá del gusto por los gestos destemplados, pero ideológicamente son polos opuestos. Turquía es el eje oriental cada vez más inseguro de un vínculo atlántico en crisis.