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Noticias de revoluciones

19-11-2017 | Fuente: abc.es
Haití, el país de las 102 guerras civiles y golpes de Estado, restablece su Ejército 22 años después
El presidente de Haití, Jovenel Moise, ha anunciado este sábado el restablecimiento del Ejército en el país después de 22 años, un asunto que divide a la nación caribeña que tiene una larga historia de golpes sangrientos e inestabilidad política. En concreto, en los 72 años anteriores al desembarco ordenado por Bill Clinton en Puerto Príncipe, en 1994, Haití había sufrido 102 guerras civiles, revoluciones, insurrecciones, revueltas o golpes de Estado. Haití no tiene Ejército desde 1995, cuando el expresidente Jean Bertrand Aristide lo disolvió tras regresar al poder después de otro golpe, dejando a la Policía Nacional responsable de la seguridad del país. Moise nombró este jueves al ex coronel del Ejército Jodel Lesage como comandante en jefe interino, lo que acercó a las tropas a la operación total. La cita debe aún ser aprobada por el Senado del país. «El Ejército es nuestra madre» El mandatario ha dado este sábado la bienvenida al esperado regreso del Ejército con un desfile que contaba con decenas de soldados en la ciudad costera de Cabo Haitiano, llamando a los haitianos a recordar la batalla de Vertieres ganada contra los franceses hace exactamente 214 años. «El Ejército es nuestra madre», ha asegurado Moise. «Cuando tu madre está enferma y usa ropa sucia no la matas. La llevas al hospital. Así que unámonos para brindar la atención necesaria a nuestra madre», ha añadido. El ministro de Defensa de Haití, Herve Denis, ha informado a Reuters de que el Ejército comenzará con alrededor de 500 soldados en los cuerpos de ingeniería, medicina y aviación, pero que aún está trabajando para llenar sus filas. Denis ha señalado que el Gobierno tiene pensado ampliar en última instancia a 5.000 soldados que trabajan para proteger las fronteras de Haití, luchar contra el terrorismo, frenar el comercio ilegal y ayudar a los haitianos afectados por los desastres naturales.
08-11-2017 | Fuente: abc.es
El hijo de Bin Laden hace un llamamiento a la «rebelión» contra «EE.UU. y sus agentes»
El hijo del fallecido líder de Al QaIda Usama bin Laden, Hamza, ha hecho este martes un llamamiento a la «rebelión» contra «Estados Unidos y sus agentes», reclamando venganza por la muerte de su padre en una operación en Pakistán en 2011. En un mensaje de audio publicado por la organización terrorista titulado «Osama, el combatiente contra los invasores e incitador de la rebelión contra los tiranos», Hamza bin Laden pide «incitar a las masas (..) hasta que se completen los preparativos (..) y estén preparadas para un levantamiento». En el mismo, el hijo del fundador de Al Qaida dice rechazar la democracia, argumentando que «la libertad no puede lograrse con inservibles trozos de papel metidos en una urna», según ha informado la emisora estadounidense Voice of America. «Invito a los musulmanes en general a vengarse de los estadounidenses, los asesinos del jeque (Usama bin Laden)», afirma en la grabación, de unos 25 minutos de duración. «Levantaos en rebelión contra la opresión y la tiranía, revolveos contra los agentes de los estadounidenses, iniciad levantamientos armados para derrocarles y establecer la 'sharia'», agrega, tal y como ha recogido la revista estadounidense 'Newsweek'. Asimismo, recalca que «un hierro sólo es doblado con otro hierro», pidiendo ataques contra objetivos occidentales y resaltando que el fallecido líder de Al Qaida "abandonó el mundo animándoos a continuar el camino de las revoluciones". Hamza bin Laden está incluido en la lista de terroristas internacionales de Estados Unidos y, si bien su papel exacto en el organigrama no está claro, ejerce funciones de propaganda a través de mensajes como este último. El 14 de agosto de 2015 el líder de Al Qaida, Ayman al Zawahiri, anunció oficialmente que Hamza bin Laden formaba parte de la organización que fundó su padre. Ya en este mensaje de audio, Hamza llamó a atentar en capitales occidentales. Posteriormente, Al Qaida publicó en julio de 2016 otra grabación de Hamza en la que amenazaba con vengarse de Estados Unidos y advertía de posibles atentados tanto en su territorio como fuera de él. En este mismo audio, el hijo de Bin Laden también instaba a las tribus saudíes a unirse a la filial de Al Qaida en la Península Arábiga (AQPA) para combatir con el reino saudí.
28-10-2017 | Fuente: abc.es
El sombrío legado de la revolución comunista sigue vivo en Rusia
Pese a que el consumismo y la ostentación llevan lustros instalados en el tejido social de Rusia, se da la paradoja de que el gran país eslavo no ha logrado todavía sacudirse la impronta del comunismo. Moscú, cada vez más esplendorosa en su acicalamiento a medida que se acerca la celebración del Mundial de Fútbol 2018, igual que San Petersburgo, el resto de las sedes del campeonato y muchas otras ciudades rusas, convive con elementos imborrables del pasado soviético. En mitad de la Plaza Roja, «corazón de Rusia» y lugar más emblemático de su rutilante capital, se yergue todavía el mausoleo con el cuerpo momificado del cabecilla de la Revolución de Octubre y fundador del Estado Soviético, Vladímir Ilich Uliánov (Lenin). A través de todo el inmenso país sigue habiendo calles y plazas que llevan su nombre y miles de bustos y estatuas en su recuerdo. Aunque en menor medida, se mantiene el mismo culto hacia otras figuras visibles de aquella revuelta o «golpe de Estado», como Sviérdlov, Kírov, Kalinin o Dzerzhinski. Stalin aparece mucho menos debido a que su memoria fue proscrita en el XX Congreso el PCUS, celebrado en febrero de 1956, tres años después de la muerte del sanguinario dictador comunista. Pero hoy día el Kremlin se afana en rehabilitar e incluso ensalzar al terrible carnicero y se hace con tres argumentos fundamentales: Stalin, pese a sus crímenes y excesos, llevó a su pueblo a la victoria contra el nazismo, industrializó el país y lo convirtió en una potencia mundial. Hasta Trotski, el único de los dirigentes bolcheviques al que apenas se le han dedicado calles o monumentos, es el protagonista de un serial de inminente estreno en el Primer Canal de televisión ruso. Los símbolos de aquella época están igualmente presentes. El escudo soviético corona hoy día multitud de edificios oficiales, entre ellos el de la Duma (Cámara Baja del Parlamento ruso) y el Ministerio de Exteriores. La hoz y el martillo está por todas partes, en instituciones, centros docentes, fábricas, institutos científicos, instalaciones para entrenamiento de cosmonautas, cuarteles, fachadas de las casas e incluso en los puentes y las locomotoras del ferrocarril. El himno soviético fue restablecido por el presidente ruso, Vladímir Putin, nada más llegar al poder. «Hay que reconocer que entonces la gente humilde vivíamos mejor, todo era mucho más barato y accesible que ahora», sostiene Zinaida, una jubilada que apenas consigue llegar a fin de mes. Tiene 82 años y prefiere no recordar las penalidades que sufrió, siendo una niña, durante la Gran Guerra Patria (la Segunda Guerra Mundial). Tampoco quiere hablar de otros momentos difíciles como la escasez, las colas y el descalabro económico que provocó en la Unión Soviética la carrera de armamentos durante la Guerra Fría. Nostalgia de la URSS El líder del actual Partido Comunista de Rusia (KPRF), Guennadi Ziugánov, recordó el lunes en una rueda de prensa convocada para informar de los actos organizados con motivo del centenario de la Revolución de Octubre que «la educación y la sanidad eran gratuitas en la URSS». Nostálgicos de la época soviética, empezando por el propio Putin, sigue habiendo. Lo son casi todos los mayores de 60 años, coinciden en señalar los institutos sociológicos, y eso pese a que sufrieron algún tipo de represalia de parte del sistema. O lo vieron en cabeza ajena, no sólo con penas en campos de concentración (Gulags) sino hasta con ejecuciones sumarísimas. A medida que la edad disminuye lo hace también el porcentaje de adeptos al comunismo. Svetlana, de 19 años, una estudiante de primer curso en la Facultad de Filología de la Universidad Lomonósov de Moscú (MGU), ve todo aquello como muy lejano. «Parece que el comunismo en nuestro país tuvo ciertas ventajas, pero yo creo que era un régimen demasiado duro y represivo», asegura. Sin embargo, según los resultados de una encuesta publicada a principios de mes por el centro sociológico ruso VTsIOM, un 24% de la población no sabe nada de la represión estalinista. El director del instituto, Valeri Fiódorov, afirma que tal conocimiento aumenta con la edad. Entre los mayores de 60 años, el 86% sí saben de las purgas, persecución y exterminio llevado a cabo por el NKVD, la policía de Stalin y órgano precursor del KGB. El 53% de los encuestados creen que la mayor parte de los represaliados eran «personas inocentes». Pero el que puso la primera piedra del «terror rojo» fue Lenin con su tenebroso Comité de Excepción (ChK), la Cheka, a cuyo frente puso a Félix Dzerzhinski. En ese contexto de atrocidades sin límite fue ejecutado el último Zar ruso, Nicolás II, y toda su familia, el 17 de julio de 1918 en Ekaterimburgo. Nicolás II es hoy día venerado en Rusia. Pese a ello, en un reciente sondeo, el 56% estima que el papel de Lenin en la historia del país fue «positivo». Muchos psicólogos rusos consideran que lo más patente que ha quedado de la revolución bolchevique ha sido la «mentalidad de homo sovieticus», es decir, la predisposición a la uniformidad y a ser dirigidos por un «líder fuerte e incontestable». A juicio del periodista ruso exiliado en Ucrania, Evgueni Kisiliov, Putin ha sabido «aprovechar tal circunstancia». La herencia revolucionaria Lo más evidente, precisamente, de la herencia revolucionaria, aunque las autoridades rusas sean ahora alérgicas a las revoluciones, es el modelo sibilino de organización del Estado, su enorme opacidad y su carácter coercitivo. El político liberal ruso, Grigori Yavlinski, cree que «Putin se ha inspirado en el modelo comunista para construir su poder autoritaria organizado de manera vertical». En lo económico, asegura el exconsejero presidencial, Andréi Illariónov, «es un capitalismo monopólico de Estado». Utilizando como símil la palabra Gosplan, el órgano que en la URSS organizaba los planes quinquenales, Yavlinski llama al capitalismo de Putin Gosklan, palabra formada a partir de las palabras Estado (gosudarstvo) y clan.
18-06-2017 | Fuente: abc.es
Nicolas Grimaldi: «No es que sean religiosos y se fanaticen; son fanáticos y la religión es su coartada»
Como una prólogo macabro, el terrorismo llamó a la puerta de François Hollande meses antes de ser presidente en 2012. Pese a que el radicalizado Mohamed Merah asaltó un colegio judío de Toulouse y mató a tres niños, cerrando una serie de asesinatos retransmitidos con una Go Pro, el entonces candidato socialista apenas se refirió al terrorismo en campaña. Más tarde, los casi 240 muertos en sus dos últimos años de mandato pesaron sobre él como una losa infinita. Y aunque hubo más, como paradoja, con el último atentado en los Campos Elíseos en la cuenta atrás de su mandato, Daesh no influyó en las elecciones como sí lo ha hecho en Reino Unido. El trauma de los atentados, que ha llevado a toda una generación a sospechar de las grandes multitudes, viene asociado al fanatismo de unos desbocados caballos de Dios, como el título de una película marroquí donde varios jóvenes, habitantes de chabolas, atentaron en Casablanca en uno de los peores ataques terroristas en Marruecos con 45 muertos. El filósofo Nicolas Grimaldi (París, 1933), profesor emérito de la Universidad de la Sorbona, ha dedicado su último libro, «Los nuevos sonámbulos» (Editorial Pasos Perdidos), a reflexionar sobre las raíces del fanatismo y de los terroristas que asesinan en nombre de una idea como si fueran sonámbulos. La prensa francesa se debate sobre si el fenómeno de Daesh en Europa se debe a la islamización del radicalismo, sostenido por el islamólogo Olivier Roy, o a la radicalización del islam, defendido por su colega Gilles Kepel. «Para Roy, todo tiene que ver más con el nihilismo de la juventud, antes con las Brigadas Rojas en Italia, o la Facción del Ejército Rojo, en Alemania, y ahora con estas «brigadas verdes», dijo Kepel a este periódico en una entrevista el pasado diciembre. «Olivier Roy considera que la ideología no tiene ninguna importancia. No digo solo que sea únicamente la radicalización del islam, hay que tener en cuenta los factores sociales, pero él exonera el islam de todo. No se trata de criminalizar el islam, sino de ver que hay una guerra en el seno de la religión para lograr la hegemonía». En su libro, Grimaldi compara los fanatismos, va a su raíz en el hombre y sus apariciones en campos tan insospechados como el arte. En su ensayo sostiene que el fanatismo ha existido y existirá siempre. Estamos frente a un hecho sociológico muy banal y expandido. Hay que recordar el mes de junio de 1848 en Francia o en 1870-1871, años en los que se degüella al obispo por ser obispo. También, las Brigadas Rojas en los años de plomo en Italia o la Fracción del Ejército Rojo en los años 70. No eran musulmanes y la religión no aparece en esos hechos. Hay un problema sociológico o psicopatológico porque una parte de la humanidad no se reconoce en la otra. Para que el fanatismo se desarrolle hace falta una grieta que desgarre la sociedad entera. Su origen puede ser económico, cultural o psicológico. Pero no hay ninguna homogeneidad en esos fanáticos: no son todos musulmanes. Unos han sido creados en familias católicas, luteranas sin problemas y de repente sus compañeros reconocen en ellos un radicalismo. Nadie sabe qué ha pasado. Mi ensayo no intenta dilucidar el origen de esa grieta en la sociedad sino el muelle de cualquier fanatismo. Insiste en que los fanáticos suprimen la realidad y actúan como si estuvieran ciegos. Cualquier creencia consiste en tomar una ficción, un relato, algo novelesco, por algo real. Tomar una ficción por una realidad y luego considerar la realidad como un pequeño obstáculo para la realización de un sueño. Ocurre cada día. Este fenómeno es propio del sueño y también del juego. Cuando soñamos, toda la realidad se borra y es algo irreal que nos obsesiona y nos invade, parecido al juego, aunque este es deliberado y el sueño, involuntario. Lo que se observa en esos deportistas es como si su exigencia fuera el juego, como si su misma existencia fuera un sueño deliberado, mientras que el sueño es involuntario: me decido a jugar, me pongo a jugar. «Todos podemos ser fanáticos» Se dice que los fanáticos de Daesh tienen conocimientos precarios del islam. ¿Siempre ha sido así con otros fanatismos? La Filosofía clásica ha pensado en general que la creencia era la consecuencia de un conocimiento precario, débil, como si se tratase de un tímido ante el conocimiento. Y me parece que es una equivocación. Lo mismo describió Ortega y Gasset en «El Espectador». Decía que los fanáticos eran aquellos que tomaban una creencia como algo más válido que cualquier evidencia. La creencia no sigue una timidez de conocimiento sino una arrogancia de la voluntad: creo porque me gusta creer, que cuando creo, creo lo que me gusta y lo que quiero creer. Siempre hemos pensado o creído que lo verdadero se impone por su misma naturaleza. Ahora bien, la experiencia nos pone en evidencia lo contrario. Por eso, en el ensayo recuerdo las discrepancias entre los pintores más famosos del S. XIX, y luego que esa discordancia terminó en el Dadaísmo. ¿También eran fanáticos los negacionistas del Holocausto? Sí. Aunque hubiera 100.000 testimonios de víctimas de los campos de concentración, aunque los ejércitos rusos y americanos entraran en Alemania y grabaran lo que vieron, unos pocos no quieren creer y es un efecto de su voluntad. Les viene posible negar lo que saben, y aunque lo sepan no quieren creerlo. En el libro, evoco el atentado de Charlie Hebdo y me planteo que si esos jóvenes hubiesen buscado en Francia gente que les tuviera más simpatía y connivencia, no habrían podido encontrar a nadie como esos periodistas. Compartían ese militantismo contra el colonialismo y neocolonialismo, esa contracultura, etc. Eran sus «mejores amigos» y querían matarlos y los mataron. ¿Por qué? No quieren saber lo que saben. No quieren ver la realidad aunque actúen sobre ella. Se han hecho ciegos a la realidad. Están obsesionados por una idea. No es que sean religiosos y se hacen fanáticos, sino que son fanáticos y la religión les propone una coartada, algo para justificar su juego. ¿El fanatismo no tiene religión ni época? Solo hay que mirar cuántos militantes se unieron al proyecto de Stalin para acabar con Trotski en México o la complicidad de un artista como (David Alfaro) Siqueiros. Tenemos que darnos cuenta de que es una patología social y sociológica. El fanatismo acompaña a la historia como su sombra, aunque la lucha de las clases sea siempre la misma. Cómo el otro pueda ser considerado como si no fuese un semejante, como si no fuéramos miembros de la misma sociedad. Cómo alguien experimenta eso. ¿Aceptaría matar a un grupo de personas para salvar a la sociedad? Nunca en la historia una matanza sirvió para salvar a los demás Recuerdo que un filósofo judío del viejo Jerusalén me preguntó lo mismo. Le respondí que no: primero por razones morales y porque nunca en la historia las matanzas sirvieron para salvar a los demás. Se dice de manera muy vulgar que no se puede hacer una tortilla sin romper unos huevos, pero ¿cuántos huevos se han roto para la tortilla de la felicidad? No se trata de sacrificar a la humanidad para la salvación, sino por y para un sueño, para una quimera. ¿Todos podemos ser fanáticos? Voy a recordar un pequeño dato del Mayo del 68: los alumnos querían prohibir entonces la enseñanza de Platón porque pensaban que Platón era desmovilizador. Voy a confesarle que los años que siguieron al 68, si hubiera estado en el poder, me habría gustado despedir al 20% de la gente de la Universidad porque me parecía que lo que perseguían era acabar con ella, hacían todo lo posible para destrozarla. De Gaulle, que no estaba dispuesto a que el Estado permitiera un levantamiento, se enfadó con Pompidou porque Pompidou no habría permitido una matanza: «A usted e le permitirá un fracaso, pero la historia no le tolerará una matanza», le dijo. Recuerde las persecuciones de la Iglesia en Francia, las de Felipe II en los Países Bajos, o en Francia las de Luis XIV contra los luteranos, los protestantes? fueron matanzas tremendas; no eran hombres. Todos podemos ser fanáticos si no estamos atentos, tenemos que estar en guardia siempre. Apenas hay una pequeña distancia entre cualquier juicio y el fanatismo. Cada uno está a punto de hacerse fanático en todo momento. ¿Hay vacuna? Ese es el gran problema. No tengo respuesta para conseguir la vacuna. Se decía que la III República iba a terminar con el fanatismo mediante la enseñanza, puesto que la verdad nos hace a todos iguales. Para acabar con el fanatismo, en 1763 Voltaire escribió un tratado de la tolerancia y 30 años más tarde, un suspiro, los mismos discípulos de Voltaire fueron luego diputados en la Convención Nacional (Revolución Francesa), donde estaba Robespierre, y votaron la Ley de los Sospechosos (pedía la detención de todos los enemigos de la Revolución), que hizo de la intolerancia una virtud cínica. La vacuna contra el fanatismo sería el compromiso. La verdad en sí misma es intolerante. La Revolución Francesa tenía que acabar con el fanatismo y fue el origen del nuevo fanatismo, el terror. Lo mismo que con todas las revoluciones. En campaña, muchos vaticinaban el final de la V República. ¿Qué ha supuesto la V República? ¿Veremos pronto su final? La V República empezó en 1958 con una constitución parlamentaria y se reformó en 1962 para que al presidente, elegido por el pueblo entero, se le proporcionen poderes que ningún rey se hubiera atrevido a tener. Lo que caracteriza a la V República es un imperativo, no le preocupa tanto el consenso, sino que el Gobierno pueda gobernar. Es una democracia muy antidemocrática para que el gobierno acabe con la precariedad y los pequeños problemas ministeriales, cuando un Gobierno podía durar apenas unos meses. ¿La voz del pueblo será el terror o la voz de los diputados será el negocio? Como ciudadano no pido que se gobierne, espero ser administrado bien. Quisiera una administración fuerte y un Gobierno débil. Dicho esto, me parece que nos dirigimos hacia otra constitución.
09-06-2017 | Fuente: abc.es
Turquía se vuelca con Catar en la crisis del Golfo
Turquía ha tomado claro partido en la crisis diplomática que amenaza con incrementar la inestabilidad en Oriente Próximo, una región del mundo ya suficientemente convulsa de por sí. El presidente, Recep Tayyip Erdogan, ha ratificado las dos acuerdos aprobados por el Parlamento turco para el envío de tropas de su país a Catar. Los Gobiernos de Ankara y Doha habían firmado el acuerdo el pasado mes de mayo, pero todavía tenía que ser refrendado por la Gran Asamblea Nacional Turca, algo que los diputados del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y del ultraderechista Movimiento de Acción Nacional (MHP) se apresuraron a hacer tras la explosión de la crisis, a pesar de que hay cerca de 300 protocolos y acuerdos pendientes de aprobación parlamentaria. La medida se ha tomado después de que la tensión se disparara en el Golfo arábigo cuando cinco países árabes, entre ellos Arabia Saudí y Egipto, decidieron cortar relaciones diplomáticas con Catar bajo la acusación de que el pequeño y rico país «apoya organizaciones terroristas». Estos, además, han cerrado su espacio aéreo a los aviones con bandera de Catar y el transporte de alimentos, lo que complica el acceso al mercado internacional del pequeño país, famoso por sus inmensas reservas energéticas y por la cadena de televisión estatal Al Jazeera. Turquía ya tiene desplegados 90 soldados en una base militar provisional en Catar. Según fuentes citadas por el diario Hürriyet, entre 200 y 250 militares se desplazaran en los próximos dos meses al país árabe, en lo que sería la primera fase del nuevo despliegue. El número de barcos y aviones de guerra que Ankara enviará a la base, que se podría convertir en permanente, se determinará tras una inspección sobre el terreno, de acuerdo con las mismas fuentes. Asimismo, según dicta el acuerdo, agentes de la Gendarmería turca entrenarán a unidades cataríes y los dos países podrán realizar maniobras militares conjuntas. «Las tropas turcas vienen a Catar para aumenta la seguridad entoda la región», ha asegurado el ministro de Exteriores catarí Mohammed bin Abdulrahman al-Thani. Aunque Turquía no ha querido criticar directamente la decisión de Arabia Saudí, su posicionamiento junto a Catar complica el rol de «mediador» que Erdogan dijo que quería para su país en esta crisis. Y es que Ankara y Doha comparten más que acuerdos militares. Arabia Saudí señala a los Hermanos Musulmanes, una organización política y social islamista que en Egipto alcanzaron el poder tras las revoluciones árabes, como una de esas «organizaciones terroristas» a las que acusa a Catar de apoyar. Turquía, en especial el Gobierno del AKP, es uno de los principales valedores de los Hermanos Musulmanes en la región. Relación económica Además, durante los últimos años, los mismos en los que una fallida política exterior ha aumentado su número de enemigos en la zona, Turquía experimenta un aumento de la inversión catarí. En una reciente visita al país árabe, Erdogan aseguraba su intención de aumentar las relaciones económicas bilaterales. «En 2017 llevaremos a cabo proyectos de industria de defensa por valor de 2.000 millones de dólares». Y no es solo en el campo militar. «Catar es el séptimo país de la lista donde las constructoras turcas tienen más proyectos», en palabras del propio ministro vice primer ministro turco Mehmet Simsek. «Es especialmente destacable el éxito de nuestras empresas en los proyectos del metro y el aeropuerto de Doha. Me gustaría también subrayar que estamos listos para cualquier contribución con nuestros amigos cataríes en la organización del Mundial de Fútbol de 2022».
04-06-2017 | Fuente: abc.es
Tras las huellas de la herida abierta en Oriente Medio
Mientras unos y otros se acusan de haber lanzado la primera piedra, Oriente Medio se desangra, los muros crecen y todos aquellos que pueden emigran a Europa o a Estados Unidos. Los menos, con papeles; la mayoría, de forma ilegal y sin billete de vuelta. Oriente Medio se parte en pedazos cada vez más pequeños. «Oriente Medio, Oriente roto» es un recorrido en primera persona, vital y periodístico, por los conflictos que he tenido el privilegio de cubrir desde que en 2005 decidí subirme a este bote con destino a lugares y a experiencias inimaginables para la «gente normal». Yo buscaba cubrir situaciones complicadas, guerras, revoluciones.., coberturas cuyo escenario actual es Oriente Medio. Por eso mi brújula apunta a esa región, porque es una zona con problemas que aparecen a diario en las noticias. Este viaje tiene paradas en Irán, Líbano, Georgia, Irak, Afganistán, Pakistán, Egipto, Túnez, Siria, Libia.., pedazos imprescindibles de una vida de nómada guiada por la brújula de la actualidad por una región que se desangra como una enorme herida abierta. Estos son algunos de los momentos clave de este recorrido. IRÁN: Milagro tras el terremoto Tumbado en la camilla boca arriba, con los ojos medio abiertos, parece deshidratado, desnutrido, presenta un cuadro de confusión y sufre contusiones múltiples y diversas fracturas, según la primera revisión. Encontrar a una persona viva después de diez días «es un milagro», me confiesa con rotundidad el doctor Eduardo Armijo, hombretón navarro con cuerpo de levantador de piedras, el encargado de atender a este muerto viviente, que logra decir solo la palabra «Jalaledin», su nombre. Tras aplicarle insulina y una dosis de calmante, se le prepara para su traslado a un centro hospitalario de Teherán. Siempre tendré la duda de si realmente asistí a un milagro o si se trataba de alguien empeñado en buscar a parientes desaparecidos o rescatar sus pertenencias entre los escombros, que quedó sepultado por un nuevo derrumbe. PAKISTÁN: La casa de Osama Bin Laden No hay que ser un lince para dar con la vivienda de Osama: basta con seguir la procesión de vecinos que caminan a ambos lados de la carretera en dirección a una casa blanca de tres alturas rodeada por una tapia. Se alza en medio de un gran prado a las afueras de esta localidad de ciento cincuenta mil habitantes, famosa por albergar el equivalente al West Point de Pakistán. Abbottabad se encuentra a las puertas de las zonas tribales que conforman la frontera entre Pakistán y Afganistán y que son el gran santuario yihadista. Lo suficientemente cerca para llegar a ellas, lo suficientemente lejos para vivir a resguardo de los ataques de los aviones no tripulados. Es, además, más cómoda y está más próxima a las comodidades de la capital, Islamabad, un argumento de peso que debió de convencer al líder de Al Qaeda para plantar aquí su refugio. El «enemigo público número uno» a cuya captura «vivo o muerto» George Bush puso un precio de cincuenta millones de dólares había muerto a los cincuenta y cuatro años en el exilio paquistaní, su tercer país de acogida después de pasar por Sudán y Afganistán. La imagen de Osama vestido de uniforme militar, tocado con un turbante blanco y Kaláshnikov en mano, no era la que correspondía a un magnate saudí de su categoría. Cuando Obama hizo pública la noticia de su muerte en un mensaje especial dirigido a la nación, los ciudadanos norteamericanos estallaron de alegría y se echaron a las calles para celebrar la muerte del enemigo público número uno, de la persona a la que consideran responsable del atentado contra las torres gemelas. LIBIA: En la morgue de Gadafi Tirado sobre una manta. Desnudo de cintura para arriba. Despojado de sus túnicas extravagantes y con el pecho ensangrentado, Muamar Gadafi se despide de los suyos en una cámara frigorífica del mercado central de Misrata. Cuarenta años en el poder, mansiones y millones derrochados no le han servido para diferenciarse en el momento de su muerte de los miles de fallecidos en la revuelta. Su mirada altiva, caída para siempre. Sus palabras amenazantes, mudas frente a los insultos que le profieren los civiles que hacen cola para ver su cuerpo. No vienen en señal de duelo: vienen para mostrar su odio. Acuden en familia, como Fuad, que trae a su hijo Alí. «Se llama igual que mi padre, al que nunca conoció porque le mató este canalla. Quiero que el niño le vea la cara de cerca y no olvide nunca quién mató a su abuelo», asegura, y levanta los dedos al cielo al grito de «¡Dios es grande!», auténtico salvoconducto en la nueva Libia pos-Gadafi. Fuad insta a Alí a golpear el cadáver, a meterle los dedos en los agujeros de bala. No hay respeto alguno por los restos de un ser tan odiado. «Huele como todos los muertos y está amarillo como todos. ¿Qué tenía de superhombre? Nada, absolutamente nada», reflexiona Rafah, exveterano del ejército libio que se acuerda en estos momentos de los «miles de jóvenes que ha perdido Misrata por su culpa». Me quedo ese olor a sangre, a muerte y a sudor, los gritos de odio de la gente, los dedos de los niños golpeando la cabeza Gadafi y tirándole del pelo, y la sensación de ser testigo de la historia, de tener delante de los ojos un fragmento de la historia reciente. SIRIA: Emboscada en Latakia Al Haffe se encuentra a veintidós kilómetros de Latakia y era el único feudo suní en esa zona costera de mayoría alauí, secta del islam a la que pertenece la familia del presidente Bashar Al Assad. Yo iba en mi coche, detrás del convoy de los cascos azules de la ONU. Me frotaba las manos porque era el único periodista extranjero presente, me invadía la sensación de euforia habitual en nuestra profesión cuando creemos que tenemos un tema exclusivo entre manos. Tras abandonar la autopista tomamos un camino rural, y en el primer tramo me sorprendió la presencia de varios grupos de niños con banderas nacionales y fotos del presidente. Parecía que nos daban la bienvenida, que alguien les había informado de que iba a pasar un convoy hacia Al Haffe. De pronto, mi conductor frenó en seco. «¡Guarda la cámara, que no te vean!» Fadi Barsa conservó la calma al volante de su Citroen C2. Dejó distancia con los vehículos blindados de Naciones Unidas, abrió la ventanilla y encendió la radio. Sonaban canciones patrióticas a todo volumen. Todo en cuestión de segundos y sin quitarme ojo para que no hiciera tonterías. Frente a nosotros, un pasillo de manifestantes enloquecidos golpeaba con palos y barras de hierro los todoterrenos y los zarandeaba. Fadi comenzó a girar el volante para dar media vuelta, esquivó a unos jóvenes que corrían como posesos hacia los todoterrenos blancos y puso de nuevo el vehículo en dirección a Latakia. Dos encapuchados cerraban el paso con picos en las manos, pero se apartaron ante el pequeño utilitario de color gris. Ellos esperaban a los todoterrenos. Seguí la escena por el retrovisor y pude ver que uno de los Toyota había logrado también girar, pero un vehículo de la seguridad, uno de los coches que nos acababa de ofrecer el gobernador de la provincia como escolta, le frenó para que pudieran seguir zarandeándolo. Avanzaban casi pegados a nosotros cuando sonó la primera ráfaga. «Ta ta ta ta ta ta..» ¿Quién disparaba? Se acabó lo de mirar por el retrovisor, clavé la vista al frente y lancé un grito a Fadi, una súplica desde lo más profundo de mi estómago para que se alejara de allí.
31-05-2017 | Fuente: elpais.com
?En febrero de 1917 se produjo un caleidoscopio de revoluciones?
El historiador Julián Casanova reconstruye en ?La venganza de los siervos? los sucesos que cambiaron el mundo
12-04-2017 | Fuente: elpais.com
Cronología | Los días que cambiaron Rusia (y el mundo)
Las fechas imprescindibles para comprender una de las revoluciones más importantes del siglo XX
11-04-2017 | Fuente: elpais.com
Cronología | Los días que cambiaron Rusia (y el mundo)
Las fechas imprescindibles para comprender una de las revoluciones más importantes del siglo XX
07-04-2017 | Fuente: elpais.com
Un continente rico con gente pobre
Latinoamérica aprendió que las revoluciones sirven para centralizar aún más el poder
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