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Noticias de religion

19-08-2022 | Fuente: abc.es
Sharifa mira a su madre con gesto serio. Tiene diez años, nunca ha pisado la escuela. El chal rojo hace que sobresalgan su tez morena y sus ojos redondos. Ojos bonitos de mirada triste, vacía. «¿Mamá, por qué me has hecho esto?» , es la única frase que sale de su boca. Su madre, Rukia, llora desconsolada con un bebé en brazos. Sharifa es la mayor de seis hermanos y acaba de ser vendida a un pariente por 150.000 afganis, unos 1.500 euros al cambio. El dinero ya se lo han gastado porque lo necesitaban para pagar el tratamiento médico del padre, conductor de camiones que sufrió un accidente y se debate entre la vida y la muerte en un hospital de Pakistán. Ahora el comprador reclama a la pequeña, a quien quiere casarla con su hijo de 15 años. «Lamento que no me quede dinero para veneno y así poder suicidarme, no puedo vivir con esta pena y con mis hijos muertos de hambre, no puedo más», se desespera Rukia. Allí donde termina Kabul y comienza la montaña hay un mar de casas de adobe levantado en los últimos nueve años por 800 familias desplazadas de Kandahar. Llegaron a la capital huyendo de los combates entre las fuerzas internacionales y los talibanes y con el paso de los años este campo temporal se ha convertido en su casa. No tienen agua potable, ni electricidad, el hedor es insoportable en las arterias principales en las que confluyen los desagües de cada chabola y un ejército de niños semidesnudos juega entre las piedras. Son los pobres entre los pobres quienes tras la llegada del Emirato han pasado a ser miserables porque han perdido las pocas ayudas que llegaban a este lugar. Están abandonados. La familia de Sharifa comparte patio con otras tres familias. Aquí se enciende fuego una vez cada tres días para cocer arroz. El resto de la dieta se compone de pan seco, que es normalmente lo que se da a los animales en Afganistán porque se puede comprar un kilo por apenas 30 afganis (0'30 euros al cambio). «Antes teníamos trabajos temporales y había organismos internacionales que nos ayudaban. Unicef hizo los pozos, otros traían algo de comida y ropa? pero todo esto ha terminado en el último año. Los talibanes no solo no ayudan, sino que piden a las organizaciones afganas que tampoco lo hagan con el objetivo de que regresemos a Kandahar, no nos quieren en Kabul », lamenta Malek Aladat, el director de este campo en el que « se ha disparado la venta de niñas para matrimonios debido a la miseria extrema». Una niña, 150.000 afganis 1. Sharifa, de diez años, vendida por 150.000 afganis (1.500 euros) a un familiar para pagar la factura clínica de su padre en Pakistán / 2. Fariza, de 3 años, vendida también por 150.000 afganis. Su madre no quiere oír hablar del tema; su padre no descarta hacer lo mismo con sus otras dos hijas / 3. Fariza y su padre, Mohamed Azin Mikel Ayestaran Crisis económica El matrimonio forzado infantil es una práctica centenaria en Afganistán, que se multiplica en situaciones de crisis económica como la que sufre ahora el país. Cuanto más desesperada es la situación de las familias, aumentan los casos y estos son cada vez más extremos como denuncia Unicef, que en este último año ha llegado a documentar la entrega en matrimonio de una bebé de tan solo 20 días . De acuerdo con los datos de la agencia de la ONU, una cuarta parte de las mujeres de entre 15 y 49 años se han casado antes de los 18 años. Según la Constitución del país, aprobada por el régimen anterior, la edad legal para el matrimonio es 16 años para las chicas y 18 años para los chicos, pero el peso de la tradición de los matrimonios infantiles, sobre todo en zonas rurales, puede con la ley. 150.000 afganis «Estamos todos enfermos en casa y hemos decidido venderla antes de que su estado se agrave y muera. Mejor sacar algo de dinero ahora que no poder obtener un solo afgani si muere» Mohamed Azin Padre de Fariza, niña de 3 años vendida Fariza no puede ni siquiera preguntar a su padre por qué le ha esto. La niña tiene tres años. Vive a muy pocos metros de Sharifa y también acaba de ser vendida por 150.000 afganis. «Estamos todos enfermos en casa y hemos decidido venderla antes de que su estado se agrave y muera. Mejor sacar algo de dinero ahora que no poder obtener un solo afgani si muere», explica con frialdad su padre, Mohamed Azin. Tiene otras dos niñas y no descarta hacer lo mismo. En este caso la venta de la niña es una especie de garantía para cubrir un préstamo y si Mohamed logra devolver la cantidad en un plazo de diez años, no tendrá que entregar a Fariza. La madre no quiere ni oír hablar del tema y grita a su marido que prefiere morir que dar a la niña . La pequeña tiene unos ojos azules que iluminan el interior de la casita de adobe. Juega con sus hermanas ajena a la situación de la que es protagonista. Noticia Relacionada reportaje Si La muerte de Zaki, un símbolo del temor y el odio de los afganos a los talibanes Mikel Ayestaran Se cumple un año del triunfo talibán, un año del inicio de la caótica evacuación del aeropuerto de Kabul en el que decenas de miles de personas se jugaron la vida para escapar. Este futbolista murió al tratar de escapar un avión de carga de Estados Unidos en plena marcha Sharifa y Fariza ponen nombre y rostro a una tendencia que se agrava desde la llegada del 'emirato'. Una costumbre que está más allá de la religión y que marca para siempre la vida de unas niñas cuya venta sirve para aliviar de forma temporal los problemas económicos de las familias. El dinero se gasta rápido en este contexto, pero la pena de perder a una hija no se borra nunca como muestra el llanto inconsolable de Rukia mientras agarra la mano de Sharifa y el grito sordo de la madre de Fariza.
19-08-2022 | Fuente: abc.es
El mortífero incendio de la pequeña iglesia copta de Abu Sifin, en El Cairo, que dejó hace días 41 muertos por la tardanza de la llegada de los equipos de socorro y las pésimas condiciones de seguridad del inmueble, ha puesto de evidencia la discriminación lacerante que vive la comunidad cristiana de Egipto, la mayor de todo Oriente Próximo. Fuentes coptas -recogidas por algunos medios internacionales- subrayan que el abandono que sufren desde antiguo en Egipto no se refiere solo a la discriminación por el hecho de no ser musulmanes -lo que les cierra el paso a la promoción en la escala social y en los puestos públicos del Estado y el Ejército-, sino también al deterioro material de sus lugares de culto. Las 2.600 iglesias coptas de Egipto -ortodoxas y católicas- son insuficientes para una población de fieles que oscila entre los 15 y los 18 millones, y carece muchas veces del mínimo de condiciones de seguridad ante accidentes o avalanchas humanas. Egipto presume de tener uno de los modelos políticos islamistas más tolerantes del mundo, algo más que razonable por el hecho de que los cristianos coptos (egipcios) son muy anteriores a la llegada del islam. Y también por las normas de convivencia con las religiones monoteístas que prescribe el Corán, siempre que sus fieles paguen impuestos especiales y admitan ser ciudadanos de segunda. No obstante, las autoridades coptas se quejan de que -junto a la falta de ayudas públicas- el Gobierno central ha ahondado la discriminación mediante una ley de 2016 que establece los requisitos para construir o reformar una iglesia copta. Noticia Relacionada estandar No Al menos 41 muertos y 14 heridos al incendiarse una iglesia copta en Giza (Egipto) EP Las llamas y el humo acabaron desembocando en una estampida humana Según El Cairo, gracias a la norma se han podido «legalizar» 1.077 iglesias. Sin embargo, la Iniciativa Egipcia para los Derechos de las Personas (EIPR), la oenegé de derechos humanos más activa en el país, culpa a esa ley de haber ahondado aún más la brecha. Según la organización, solo el 20% de las solicitudes de construcción o de renovación de iglesias obtuvieron un visto bueno de las autoridades egipcias.
18-08-2022 | Fuente: abc.es
El mortífero incendio de la pequeña iglesia copta de Abu Sifin, en El Cairo, que dejó hace días 41 muertos por la tardanza de la llegada de los equipos de socorro y las pésimas condiciones de seguridad del inmueble, ha puesto de evidencia la discriminación lacerante que vive la comunidad cristiana de Egipto, la mayor de todo Oriente Próximo. Fuentes coptas -recogidas por algunos medios internacionales- subrayan que el abandono que sufren desde antiguo en Egipto no se refiere solo a la discriminación por el hecho de no ser musulmanes -lo que les cierra el paso a la promoción en la escala social y en los puestos públicos del Estado y el Ejército-, sino también al deterioro material de sus lugares de culto. Las 2.600 iglesias coptas de Egipto -ortodoxas y católicas- son insuficientes para una población de fieles que oscila entre los 15 y los 18 millones, y carece muchas veces del mínimo de condiciones de seguridad ante accidentes o avalanchas humanas. Egipto presume de tener uno de los modelos políticos islamistas más tolerantes del mundo, algo más que razonable por el hecho de que los cristianos coptos (egipcios) son muy anteriores a la llegada del islam. Y también por las normas de convivencia con las religiones monoteístas que prescribe el Corán, siempre que sus fieles paguen impuestos especiales y admitan ser ciudadanos de segunda. No obstante, las autoridades coptas se quejan de que -junto a la falta de ayudas públicas- el Gobierno central ha ahondado la discriminación mediante una ley de 2016 que establece los requisitos para construir o reformar una iglesia copta. Noticia Relacionada estandar No Al menos 41 muertos y 14 heridos al incendiarse una iglesia copta en Giza (Egipto) EP Las llamas y el humo acabaron desembocando en una estampida humana Según El Cairo, gracias a la norma se han podido «legalizar» 1.077 iglesias. Sin embargo, la Iniciativa Egipcia para los Derechos de las Personas (EIPR), la oenegé de derechos humanos más activa en el país, culpa a esa ley de haber ahondado aún más la brecha. Según la organización, solo el 20% de las solicitudes de construcción o de renovación de iglesias obtuvieron un visto bueno de las autoridades egipcias.
17-08-2022 | Fuente: abc.es
Sharifa mira a su madre con gesto serio. Tiene diez años, nunca ha pisado la escuela. El chal rojo hace que sobresalgan su tez morena y sus ojos redondos. Ojos bonitos de mirada triste, vacía. «¿Mamá, por qué me has hecho esto?» , es la única frase que sale de su boca. Su madre, Rukia, llora desconsolada con un bebé en brazos. Sharifa es la mayor de seis hermanos y acaba de ser vendida a un pariente por 150.000 afganis, unos 1.500 euros al cambio. El dinero ya se lo han gastado porque lo necesitaban para pagar el tratamiento médico del padre, conductor de camiones que sufrió un accidente y se debate entre la vida y la muerte en un hospital de Pakistán. Ahora el comprador reclama a la pequeña, a quien quiere casarla con su hijo de 15 años. «Lamento que no me quede dinero para veneno y así poder suicidarme, no puedo vivir con esta pena y con mis hijos muertos de hambre, no puedo más», se desespera Rukia. Allí donde termina Kabul y comienza la montaña hay un mar de casas de adobe levantado en los últimos nueve años por 800 familias desplazadas de Kandahar. Llegaron a la capital huyendo de los combates entre las fuerzas internacionales y los talibanes y con el paso de los años este campo temporal se ha convertido en su casa. No tienen agua potable, ni electricidad, el hedor es insoportable en las arterias principales en las que confluyen los desagües de cada chabola y un ejército de niños semidesnudos juega entre las piedras. Son los pobres entre los pobres quienes tras la llegada del Emirato han pasado a ser miserables porque han perdido las pocas ayudas que llegaban a este lugar. Están abandonados. La familia de Sharifa comparte patio con otras tres familias. Aquí se enciende fuego una vez cada tres días para cocer arroz. El resto de la dieta se compone de pan seco, que es normalmente lo que se da a los animales en Afganistán porque se puede comprar un kilo por apenas 30 afganis (0'30 euros al cambio). «Antes teníamos trabajos temporales y había organismos internacionales que nos ayudaban. Unicef hizo los pozos, otros traían algo de comida y ropa? pero todo esto ha terminado en el último año. Los talibanes no solo no ayudan, sino que piden a las organizaciones afganas que tampoco lo hagan con el objetivo de que regresemos a Kandahar, no nos quieren en Kabul », lamenta Malek Aladat, el director de este campo en el que « se ha disparado la venta de niñas para matrimonios debido a la miseria extrema». Una niña, 150.000 afganis 1. Sharifa, de diez años, vendida por 150.000 afganis (1.500 euros) a un familiar para pagar la factura clínica de su padre en Pakistán / 2. Fariza, de 3 años, vendida también por 150.000 afganis. Su madre no quiere oír hablar del tema; su padre no descarta hacer lo mismo con sus otras dos hijas / 3. Fariza y su padre, Mohamed Azin Mikel Ayestaran Crisis económica El matrimonio forzado infantil es una práctica centenaria en Afganistán, que se multiplica en situaciones de crisis económica como la que sufre ahora el país. Cuanto más desesperada es la situación de las familias, aumentan los casos y estos son cada vez más extremos como denuncia Unicef, que en este último año ha llegado a documentar la entrega en matrimonio de una bebé de tan solo 20 días . De acuerdo con los datos de la agencia de la ONU, una cuarta parte de las mujeres de entre 15 y 49 años se han casado antes de los 18 años. Según la Constitución del país, aprobada por el régimen anterior, la edad legal para el matrimonio es 16 años para las chicas y 18 años para los chicos, pero el peso de la tradición de los matrimonios infantiles, sobre todo en zonas rurales, puede con la ley. 150.000 afganis «Estamos todos enfermos en casa y hemos decidido venderla antes de que su estado se agrave y muera. Mejor sacar algo de dinero ahora que no poder obtener un solo afgani si muere» Mohamed Azin Padre de Fariza, niña de 3 años vendida Fariza no puede ni siquiera preguntar a su padre por qué le ha esto. La niña tiene tres años. Vive a muy pocos metros de Sharifa y también acaba de ser vendida por 150.000 afganis. «Estamos todos enfermos en casa y hemos decidido venderla antes de que su estado se agrave y muera. Mejor sacar algo de dinero ahora que no poder obtener un solo afgani si muere», explica con frialdad su padre, Mohamed Azin. Tiene otras dos niñas y no descarta hacer lo mismo. En este caso la venta de la niña es una especie de garantía para cubrir un préstamo y si Mohamed logra devolver la cantidad en un plazo de diez años, no tendrá que entregar a Fariza. La madre no quiere ni oír hablar del tema y grita a su marido que prefiere morir que dar a la niña . La pequeña tiene unos ojos azules que iluminan el interior de la casita de adobe. Juega con sus hermanas ajena a la situación de la que es protagonista. Noticia Relacionada reportaje Si La muerte de Zaki, un símbolo del temor y el odio de los afganos a los talibanes Mikel Ayestaran Se cumple un año del triunfo talibán, un año del inicio de la caótica evacuación del aeropuerto de Kabul en el que decenas de miles de personas se jugaron la vida para escapar. Este futbolista murió al tratar de escapar un avión de carga de Estados Unidos en plena marcha Sharifa y Fariza ponen nombre y rostro a una tendencia que se agrava desde la llegada del 'emirato'. Una costumbre que está más allá de la religión y que marca para siempre la vida de unas niñas cuya venta sirve para aliviar de forma temporal los problemas económicos de las familias. El dinero se gasta rápido en este contexto, pero la pena de perder a una hija no se borra nunca como muestra el llanto inconsolable de Rukia mientras agarra la mano de Sharifa y el grito sordo de la madre de Fariza.
17-08-2022 | Fuente: abc.es
El presidente ruso Vladimir Putin ha confirmado la información que publicó ABC sobre la puesta en marcha de un 'mercado persa' de venta de armas a raíz de las maniobras militares simultáneas en Venezuela y Moscú celebradas del 13 al 27 de agosto. Putin inauguró ayer el capítulo ruso de «Armia 2022» en Moscú donde ofreció una amplia variedad de armamento a sus aliados y socios de América Latina, Asia y África en el marco de «una cooperación técnico-militar lo más amplia y multilateral posible». «Rusia está dispuesta a ofrecer a sus aliados y socios el armamento más moderno, desde armas de fuego hasta blindados, artillería, aviación militar y drones de asalto«, dijo al inaugurar el foro militar que tiene lugar fuera de Moscú. Noticia Relacionada estandar Si Las maniobras militares con Rusia, China e Irán impulsan un 'mercado persa' de armas en Venezuela Ludmila Vinogradoff Los 'juegos de guerra' arrancan con amplio despliegue de tanques, drones y francotiradores El evento cuenta con la presencia de representantes de cientos de estados , que podrán ver esta semana los distintos tipos de armamento moderno en el polígono militar Alábino y el aeródromo Kúbinka, a las afueras de Moscú, informaron las agencias DW, EFE y Reuters. En la inauguración de los juegos de guerra destacó que Moscú «valora sinceramente los lazos históricamente fuertes, amistosos y de confianza con los países de América Latina, Asia y África», donde Rusia cuenta con «muchos aliados, socios y correligionarios», dijo el presidente ruso citado por DW. Defensa del mundo multipolar Esos países aliados, dijo, «no se someten al llamado poder hegemónico, sus líderes muestran auténtico carácter y no se subordinan a nadie». Y, al dirigirse a militares de diferentes países en el pabellón de exposiciones Patriot, acompañado del ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, dijo que «contribuyen a la defensa del mundo multipolar«. En la ciudad de Barquisimeto, al noroeste de Venezuela, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, conocido por su fidelidad a Moscú, -lleva 8 años en el cargo- , también inauguró los juegos de guerra 2022, dos días después de iniciarse oficialmente el 13 de agosto. Nicolás Maduro no acudió al evento. En el fuerte Terepaima de Barquisimeto los ejercicios militares se enmarcan en la modalidad de tanques blindados, el entrenamiento de francotiradores con distancias largas, municiones, fusiles de asalto y drones teledirigidos. Los o rganizadores rusos, chinos e iraníes han puesto su mirada en el gran bazar de armas que se exhibe tanto en Venezuela como en las sedes de 30 países más. Putin ha invitado a los compradores a hacer los pedidos de todo el armamento que ha sido probado en Ucrania. El presidente ruso destacó que «prácticamente todo» el armamento que Rusia quiere exportar «ha sido empleado en acciones militares reales». «Muchas de esas armas superan a sus análogos extranjeros en años, si no en décadas», dijo al referirse al armamento hipersónico que es capaz de superar cualquier escudo antimisiles, según Moscú. Putin asegura que «Rusia ha exportado en lo que va de año 5.400 millones de dólares en armas y planea vender una cantidad similar en la segunda mitad de 2022». También destacó que sus aliados «no se someten al llamado poder hegemónico , sus líderes muestran auténtico carácter y no se subordinan« a nadie, ya que apuestan por un desarrollo soberano y por solucionar colectivamente los problemas de la seguridad regional y global sobre la base del derecho internacional.
17-08-2022 | Fuente: abc.es
Dino, Giovanni, Gandi y Fringuello. Estos fueron los nombres de batalla de Mario Fiorentini (Roma, 1918), fallecido el martes a los 103 años, un símbolo de la resistencia contra el nazifascismo , convirtiéndose en el partisano italiano más condecorado, con tres medallas de plata y tres cruces de guerra, entre otras distinciones. Fiorentini fue comandante del grupo ' Antonio Gramsci ', dirigiendo las principales acciones contra los nazis, en el período dramático de la ocupación de Roma, entre finales de 1943 y junio de 1944. Combatió a tres batallones alemanes, convirtiendo Roma en la capital europea de la guerrilla urbana. Noticia Relacionada estandar No Meloni condena por primera vez el fascismo y las leyes raciales de Mussolini Ángel Gómez Fuentes La líder de Hermanos de Italia, favorita para ganar las elecciones en Italia, reniega del régimen fascista Italia le ha rendido homenaje por su vida extraordinaria. «Gran dolor por la pérdida de Mario Fiorentini, símbolo de la resistencia antifascista italiana . Nos deja un gran ejemplo de valentía y humanidad», declaró el alcalde romano, Roberto Gualtieri . Su muerte ha servido a los italianos para recordar con orgullo la Resistencia. Resistencia partisana no solo comunista La también llamada Resistencia partisana fue un movimiento político y militar que se opuso al fascismo y a las tropas de ocupación nazis. Este fenómeno histórico abarca un periodo muy concreto que va del 8 de septiembre de 1943, cuando Italia fue invadida por la Alemania nazi, al 25 de abril de 1945, con la rendición de las tropas alemanas y la liberación de Milán, favoreciendo la proclamación del actual régimen democrático y republicano. La fecha del 25 de abril fue elegida para la celebración de la Liberación de Italia del nazifascismo, una importante fiesta nacional. Existe el mito de la Resistencia como si fuera solo comunista, lo que es una falsedad ideológica. También hubo monárquicos, católicos, socialistas, liberales y muchos jóvenes que no tenían partido. No solo fue un movimiento político-militar en el ámbito de la guerra de liberación, sino que también tuvo un carácter social, plural, porque hubo muchas formas de oponerse al nazifascismo. Por ejemplo, hubo monjas, como Enrichetta Alfieri, la directora de las religiosas en la cárcel de San Vittore, en Milán -llena de prisioneros arrestados por los nazis-, que se puso del lado de los encarcelados, salvando, entre otros, al mítico Indro Montanelli, el gran periodista italiano de la segunda mitad del siglo XX. Alfieri fue descubierta, arrestada y sentenciada a muerte. De ella dijo Montanelli: «Algunas cosas solo pueden ser hechas por santos y héroes. La hermana Enrichetta era ambas». EFE Sin duda, entre esos héroes se recuerda hoy a Mario Fiorentini. Combatió junto a la que sería su esposa, Lucia Ottobrini, fallecida en 2015. Logró escapar hasta en cuatro ocasiones de las prisiones alemanas en la capital italiana. Su madre, María, era católica, mientras que su padre era de religión judía. Cuando los nazis llamaron a la puerta de la casa familiar, el 16 de octubre de 1943, el famoso día de la redada del gueto, el barrio judío de Roma, Mario, que casualmente estaba en casa de sus padres y guardaba un depósito de bombas debajo de su cama, logró escapar por los tejados. El padre y la madre fueron capturados, pero se salvaron sobornando a los carceleros con joyas. Esa fecha se recuerda como el Sábado Negro y ha quedado grabada como una de las más tristes y oscuras en la historia de Roma. Unos 300 miembros de la Gestapo, con la colaboración de funcionarios del régimen fascista, apresaron a 1.259 personas (689 mujeres, 363 hombres y 207 niños y niñas) residentes principalmente del barrio judío, pero también en otras zonas de Roma. Casi todos fueron deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Solo dieciséis volvieron a sus casas. Entre esos supervivientes solo había una mujer, Settimia Spizzichino, que había sido deportada junto a la madre, dos hermanas y una sobrina. Una vida de novela Sobre todo a partir de esa redada, la vida de Mario Fiorentini adquirió rasgos de novela, tras asumir la jefatura del GAP (Grupos de Acción Patriótica, partisanos del Partido Comunista Italiano) 'Antonio Gramsci', encabezando las principales acciones bélicas contra los hombres de Hitler y Mussolini, con algunos ataques sorprendentes en el centro de la capital italiana. Dicen que sin él y su grupo no hubiera existido la Resistencia de Roma. Fiorentini concibió el famoso y sangriento atentado de vía Rasella, el 23 de marzo de 1944, en el que participaron 12 partisanos. Causó la muerte de 33 soldados alemanes y 2 civiles italianos. Fue el ataque urbano contra soldados alemanes más sangriento y célebre de toda Europa occidental y creó controversias. Mario Fiorentini no intervino en la emboscada, pues era muy conocido en el barrio. Al día siguiente, 24 de marzo de 1944, se produjo la represalia alemana, con la masacre de las Fosas Ardeatinas, en la que murieron 335 prisioneros. Acabada la guerra, Fiorentini rechazó la posibilidad de ocupar un puesto político o de entrar al Parlamento. Se graduó en Matemáticas y se concentró en la investigación, realizando estudios originales de álgebra y geometría algebraica. Enseñó en las universidades de Ferrara, Montreal y en el MIT de Boston. La Asociación Nacional de Partisanos (ANPI) lo recuerda como un «gran ejemplo», cuya memoria permanecerá en la historia italiana.
17-08-2022 | Fuente: abc.es
Es un error muy extendido en Occidente llamar hindú a todo lo que viene de la India. Tomando una parte, la mayor, por el todo, tal simplificación obvia la extraordinaria complejidad de este gigantesco país que es un subcontinente de lo más diverso. Con 3,2 millones de kilómetros cuadrados (seis veces la superficie de España) y más de 1.400 millones de habitantes , pronto superará a China como la nación más poblada del planeta y cuenta con seis religiones, cientos de grupos étnicos y más de 120 lenguas, de las que 23 son oficiales. Profesada por casi un 80 por ciento de la población, la más extendida de dichas religiones es el hinduismo, un conjunto de creencias con más de 330 millones de deidades que supera ampliamente al islam (14,2%), cristianismo (2,3%), sijismo (1,7%), budismo (0,7%) y jainismo (0,4%). Como elemento unificador, sobre todas ellas prima la ciudadanía india, pero en los últimos años ha habido un auge del nacionalismo hindú que abre un peligroso debate identitario y revive las históricas tensiones con otros credos, sobre todo el musulmán. En medio de este clima cada vez más revuelto, la India cumple hoy 75 años de su independencia del imperio británico, que tuvo lugar el 15 de agosto de 1947 con la sangrienta partición de Pakistán, de mayoría musulmana. En trenes que llegaban a las estaciones llenos de cadáveres, se calcula que entre 10 y 15 millones de refugiados cruzaron a un lado y otro de la frontera entre estos dos nuevos Estados. Nacidos bajo una montaña de entre medio millón y dos millones de muertos, India y Pakistán siguen enfrentados por Cachemira. La disputa de Cachemira Esta bella región del Himalaya, de mayoría musulmana pero controlada en su mayor parte por Nueva Delhi, no solo marca las relaciones con Islamabad y Pekín, que también posee una zona en disputa, sino de la propia política india. La erradicación de sus protestas separatistas es uno de los principales objetivos del primer ministro Narendra Modi, que llegó al poder en 2014 con un discurso de marcado carácter nacionalista hindú. Tras su abrumadora reelección en mayo de 2019, en agosto de ese mismo año derogó el Artículo 370 de la Constitución, que otorgaba la autonomía a Cachemira y Jammu desde 1954. Muy criticada por los musulmanes y la oposición del Partido del Congreso, la formación de la poderosa familia Nehru-Gandhi que ha dirigido la política nacional durante las últimas décadas, dicha reforma sigue avanzando en el ideario nacionalista del primer ministro. Con la promesa de construir un país nuevo y fuerte, Modi pertenece al derechista BJP (Partido Popular de la India), que se agrupa bajo el amplísimo paraguas de la RSS (Organización Nacional de Voluntarios), fundada en 1925 e inspirada en el fascismo italiano. Uno de sus miembros, Nathuram Godse, asesinó en 1948 a Mahatma Gandhi por creer que había cedido a los musulmanes en la Partición de Pakistán. Aunque Gandhi sigue siendo reverenciado como uno de los padres de la patria por su filosofía de no violencia, los nacionalistas hindúes más radicales cuestionan su figura y reivindican a Subhas Chandra Bose. Aliado de Gandhi y Nehru, fue presidente del Partido del Congreso, pero se distanció de su pacifismo y, tras ser expulsado, incluso llegó a reunirse con Hitler en Berlín y a aliarse con los nazis y el Japón imperial para luchar contra los británicos en la II Guerra Mundial y conseguir así la independencia. Por todas partes hay carteles de propaganda del primer ministro Modi y del ministro principal de Uttar Pradesh, Yogi, las dos principales figuras del nacionalismo hindú Pablo M. Díez En este ambiente cada vez más polarizado, aterrizamos en Nueva Delhi. Con la pausa impuesta por la pandemia, han pasado seis años desde el último viaje y quince desde el primero, para cubrir entonces el 60.º aniversario de la independencia en 2007. Entre medias ha habido cinco visitas en las que el principal debate político era el económico : el desarrollo como segunda potencia emergente tras China y la lucha contra la miseria que todavía abunda. Aunque la cuestión sigue estando ahí, como atestiguan los 300 millones de personas bajo el umbral de la pobreza (22% de la población), parece que las preocupaciones han cambiado. Al llegar a Delhi y otras grandes ciudades como Calcuta o Bangalore, nos sigue recibiendo el caos de siempre: los interminables y ensordecedores atascos, pero con coches mejores y mayores que los Tata Indica que colapsaban las carreteras en el pasado; la misma miseria medieval de sus arrabales, los edificios destartalados y, entre millones de personas que nacen, viven y mueren en las calles, los mendigos tullidos que se arrastran entre las vacas y las pilas de basura y los niños harapientos que se contorsionan para pedir limosna en los semáforos. Más obras y más tensión Al igual que los coches, las infraestructuras son mejores y mayores, como se aprecia en las obras públicas por doquier, sobre todo en la avenida que va desde la Puerta de la India hasta el nuevo Parlamento y el Palacio Presidencial. «Me gusta Modi y me encanta el ministro principal Yogi (de Uttar Pradesh)», se enorgullece Rajesh Raj, vendedor de Delhi, ante uno de los numerosos carteles propagandísticos con las dos principales figuras del nacionalismo hindú. Aunque asegura que «no hay problemas de convivencia » porque «todos tenemos libertad ahora en la India y ya no hay opresión», musulmanes como Abdul o sijs como Singh opinan justo lo contrario. «Modi es un nazi», dice este último, mientras el primero se mofa del politeísmo hindú porque «adoran a vacas o monos» y denuncia «la represión en Cachemira». Buena prueba de esta tensión creciente son los incidentes de los últimos meses. En Agra, la ciudad del Taj Mahal, varios estudiantes musulmanes de Cachemira fueron arrestados en octubre por celebrar la victoria de Pakistán sobre la India en la Copa del Mundo de Cricket. A finales de mayo, una portavoz del gobernante BJP, Nupur Sharma, dijo que la tercera esposa del profeta Mahoma era una menor de edad. Su comentario, en un acalorado debate televisivo sobre una disputa entre un templo hinduista y una mezquita en la ciudad sagrada de Varanasi , encendió la polémica no solo entre el islam indio, sino en una veintena de países musulmanes. En Udaipur, un sastre hindú que había apoyado en las redes sociales a la política del BJP fue asesinado por dos musulmanes, avivando el riesgo de violentos enfrentamientos religiosos como en el pasado. Viernes de oración en la Mezquita de la Vieja Delhi, fuertemente vigilada por la Policía para evitar incidentes Pablo M. Díez Mientras los partidos de cada bando juegan esta peligrosa baza con fines electoralistas, los turistas hindúes se hacen 'selfis' en la monumental Mezquita de la Vieja Delhi tras la oración del viernes , fuertemente vigilada por la Policía. Ni siquiera entre los musulmanes hay una opinión unánime sobre esta división social. «Corremos un serio peligro para el futuro», advierte Shagar, vestido de blanco, pero otro joven ataviado a la occidental, Miraz, asegura que «no hay ningún problema grave, solo la habitual tensión entre ambas comunidades». Para el analista político Guruswamy Mohan, «el Gobierno piensa que este debate le da votos, pero es un juego muy peligroso porque está creando la división entre la sociedad ». Tirando del populismo y aprovechando la mediocridad de Rahul Gandhi, un buen orador como Modi encandila a los hindúes con la ilusión de un país poderoso que ya es la sexta economía mundial y será la tercera en 2035. Recurriendo al victimismo, Modi promete resarcirles de la colonización británica e incluso de los conquistadores musulmanes de Asia Central, como el Gran Imperio Mogol que se asentó en el subcontinente indio entre los siglos XVI y XIX y dejó un vasto patrimonio cultural y una influencia imborrable. Pero Mohan alerta de que « una nación hindú no casa bien con la democracia porque esta religión está muy estratificada por las castas y no es inclusiva, por lo que hay que seguir avanzando hacia un Estado secular sin caer en dichos errores». Olvidando a los 200 millones de musulmanes con los que conviven, muchos votantes de Modi y el BJP creen que «lo indio es solo lo hindú».
15-08-2022 | Fuente: abc.es
Es un error muy extendido en Occidente llamar hindú a todo lo que viene de la India. Tomando una parte, la mayor, por el todo, tal simplificación obvia la extraordinaria complejidad de este gigantesco país que es un subcontinente de lo más diverso. Con 3,2 millones de kilómetros cuadrados (seis veces la superficie de España) y más de 1.400 millones de habitantes , pronto superará a China como la nación más poblada del planeta y cuenta con seis religiones, cientos de grupos étnicos y más de 120 lenguas, de las que 23 son oficiales. Profesada por casi un 80 por ciento de la población, la más extendida de dichas religiones es el hinduismo, un conjunto de creencias con más de 330 millones de deidades que supera ampliamente al islam (14,2%), cristianismo (2,3%), sijismo (1,7%), budismo (0,7%) y jainismo (0,4%). Como elemento unificador, sobre todas ellas prima la ciudadanía india, pero en los últimos años ha habido un auge del nacionalismo hindú que abre un peligroso debate identitario y revive las históricas tensiones con otros credos, sobre todo el musulmán. En medio de este clima cada vez más revuelto, la India cumple hoy 75 años de su independencia del imperio británico, que tuvo lugar el 15 de agosto de 1947 con la sangrienta partición de Pakistán, de mayoría musulmana. En trenes que llegaban a las estaciones llenos de cadáveres, se calcula que entre 10 y 15 millones de refugiados cruzaron a un lado y otro de la frontera entre estos dos nuevos Estados. Nacidos bajo una montaña de entre medio millón y dos millones de muertos, India y Pakistán siguen enfrentados por Cachemira. La disputa de Cachemira Esta bella región del Himalaya, de mayoría musulmana pero controlada en su mayor parte por Nueva Delhi, no solo marca las relaciones con Islamabad y Pekín, que también posee una zona en disputa, sino de la propia política india. La erradicación de sus protestas separatistas es uno de los principales objetivos del primer ministro Narendra Modi, que llegó al poder en 2014 con un discurso de marcado carácter nacionalista hindú. Tras su abrumadora reelección en mayo de 2019, en agosto de ese mismo año derogó el Artículo 370 de la Constitución, que otorgaba la autonomía a Cachemira y Jammu desde 1954. Muy criticada por los musulmanes y la oposición del Partido del Congreso, la formación de la poderosa familia Nehru-Gandhi que ha dirigido la política nacional durante las últimas décadas, dicha reforma sigue avanzando en el ideario nacionalista del primer ministro. Con la promesa de construir un país nuevo y fuerte, Modi pertenece al derechista BJP (Partido Popular de la India), que se agrupa bajo el amplísimo paraguas de la RSS (Organización Nacional de Voluntarios), fundada en 1925 e inspirada en el fascismo italiano. Uno de sus miembros, Nathuram Godse, asesinó en 1948 a Mahatma Gandhi por creer que había cedido a los musulmanes en la Partición de Pakistán. Aunque Gandhi sigue siendo reverenciado como uno de los padres de la patria por su filosofía de no violencia, los nacionalistas hindúes más radicales cuestionan su figura y reivindican a Subhas Chandra Bose. Aliado de Gandhi y Nehru, fue presidente del Partido del Congreso, pero se distanció de su pacifismo y, tras ser expulsado, incluso llegó a reunirse con Hitler en Berlín y a aliarse con los nazis y el Japón imperial para luchar contra los británicos en la II Guerra Mundial y conseguir así la independencia. Por todas partes hay carteles de propaganda del primer ministro Modi y del ministro principal de Uttar Pradesh, Yogi, las dos principales figuras del nacionalismo hindú Pablo M. Díez En este ambiente cada vez más polarizado, aterrizamos en Nueva Delhi. Con la pausa impuesta por la pandemia, han pasado seis años desde el último viaje y quince desde el primero, para cubrir entonces el 60.º aniversario de la independencia en 2007. Entre medias ha habido cinco visitas en las que el principal debate político era el económico : el desarrollo como segunda potencia emergente tras China y la lucha contra la miseria que todavía abunda. Aunque la cuestión sigue estando ahí, como atestiguan los 300 millones de personas bajo el umbral de la pobreza (22% de la población), parece que las preocupaciones han cambiado. Al llegar a Delhi y otras grandes ciudades como Calcuta o Bangalore, nos sigue recibiendo el caos de siempre: los interminables y ensordecedores atascos, pero con coches mejores y mayores que los Tata Indica que colapsaban las carreteras en el pasado; la misma miseria medieval de sus arrabales, los edificios destartalados y, entre millones de personas que nacen, viven y mueren en las calles, los mendigos tullidos que se arrastran entre las vacas y las pilas de basura y los niños harapientos que se contorsionan para pedir limosna en los semáforos. Más obras y más tensión Al igual que los coches, las infraestructuras son mejores y mayores, como se aprecia en las obras públicas por doquier, sobre todo en la avenida que va desde la Puerta de la India hasta el nuevo Parlamento y el Palacio Presidencial. «Me gusta Modi y me encanta el ministro principal Yogi (de Uttar Pradesh)», se enorgullece Rajesh Raj, vendedor de Delhi, ante uno de los numerosos carteles propagandísticos con las dos principales figuras del nacionalismo hindú. Aunque asegura que «no hay problemas de convivencia » porque «todos tenemos libertad ahora en la India y ya no hay opresión», musulmanes como Abdul o sijs como Singh opinan justo lo contrario. «Modi es un nazi», dice este último, mientras el primero se mofa del politeísmo hindú porque «adoran a vacas o monos» y denuncia «la represión en Cachemira». Buena prueba de esta tensión creciente son los incidentes de los últimos meses. En Agra, la ciudad del Taj Mahal, varios estudiantes musulmanes de Cachemira fueron arrestados en octubre por celebrar la victoria de Pakistán sobre la India en la Copa del Mundo de Cricket. A finales de mayo, una portavoz del gobernante BJP, Nupur Sharma, dijo que la tercera esposa del profeta Mahoma era una menor de edad. Su comentario, en un acalorado debate televisivo sobre una disputa entre un templo hinduista y una mezquita en la ciudad sagrada de Varanasi , encendió la polémica no solo entre el islam indio, sino en una veintena de países musulmanes. En Udaipur, un sastre hindú que había apoyado en las redes sociales a la política del BJP fue asesinado por dos musulmanes, avivando el riesgo de violentos enfrentamientos religiosos como en el pasado. Viernes de oración en la Mezquita de la Vieja Delhi, fuertemente vigilada por la Policía para evitar incidentes Pablo M. Díez Mientras los partidos de cada bando juegan esta peligrosa baza con fines electoralistas, los turistas hindúes se hacen 'selfis' en la monumental Mezquita de la Vieja Delhi tras la oración del viernes , fuertemente vigilada por la Policía. Ni siquiera entre los musulmanes hay una opinión unánime sobre esta división social. «Corremos un serio peligro para el futuro», advierte Shagar, vestido de blanco, pero otro joven ataviado a la occidental, Miraz, asegura que «no hay ningún problema grave, solo la habitual tensión entre ambas comunidades». Para el analista político Guruswamy Mohan, «el Gobierno piensa que este debate le da votos, pero es un juego muy peligroso porque está creando la división entre la sociedad ». Tirando del populismo y aprovechando la mediocridad de Rahul Gandhi, un buen orador como Modi encandila a los hindúes con la ilusión de un país poderoso que ya es la sexta economía mundial y será la tercera en 2035. Recurriendo al victimismo, Modi promete resarcirles de la colonización británica e incluso de los conquistadores musulmanes de Asia Central, como el Gran Imperio Mogol que se asentó en el subcontinente indio entre los siglos XVI y XIX y dejó un vasto patrimonio cultural y una influencia imborrable. Pero Mohan alerta de que « una nación hindú no casa bien con la democracia porque esta religión está muy estratificada por las castas y no es inclusiva, por lo que hay que seguir avanzando hacia un Estado secular sin caer en dichos errores». Olvidando a los 200 millones de musulmanes con los que conviven, muchos votantes de Modi y el BJP creen que «lo indio es solo lo hindú».
14-08-2022 | Fuente: abc.es
Shadab Rahimi, Khatera Safi y Subot Kohi abandonaron Afganistán para escapar del fundamentalismo islámico impuesto por los talibanes. Refugiados en España, recuerdan y relatan el camino que les llevó a dejar todo atrás para conservar su vida. Shadab Rahimi De San Bernardo SHADAB RAHIMI (26 años) «Cuando vi a ese hombre ahorcado en la grúa, decidí abandonar el país» Shadab Rahimi decidió abandonar Kabul cuando vio a un hombre ahorcado en una grúa cerca de su casa. Ahora vive como refugiado en Leganés, donde toma clases de español. Le gusta «llevar la barba bien afeitada» y pasear por las noches en un parque cercano a su casa, mientras agradece a Dios el hecho de seguir vivo, porque siente que aquí no le va a «matar nadie». Antes de la llegada de los talibanes, trabajaba como informático en una empresa norteamericana y daba clases de inglés a niños de la comunidad. Vivía en una casa cerca del aeropuerto con sus padres, su mujer y una de sus cuatro hermanas. Cuenta que, aunque la protección sobre ellas debía ser constante, puesto que Afganistán nunca fue un país del todo seguro -él mismo fue víctima de un atentado terrorista-, «todas pudieron estudiar en la Universidad». Hoy esto no sería posible. Noticia Relacionada reportaje Si Las escuelas secretas para niñas que desafían a los talibanes Mikel Ayestaran La llegada del 'emirato' supuso el cierre de las aulas para las estudiantes de secundaria y ahora florecen escuelas secretas en domicilios particulares para hacer frente a la decisión talibán Intuía que la firma del Acuerdo de Doha en 2020, que supuso la retirada de facto de las tropas norteamericanas del país, devolvería el terror a sus calles. Cuando se hizo efectiva, siguió por televisión cómo los talibanes, empezando por Kandahar, iban sometiendo provincia tras provincia hasta tomar el Palacio Presidencial de Kabul el 15 de agosto de 2021. Ese día Shadab vio a alguno de sus amigos correr hacia al aeropuerto. Le gritaban: «Ven con nosotros, escapa y salva tu vida». Sin imaginar todo lo que le esperaba, rio y volvió a casa. Fue a la mañana siguiente cuando empezó a ponerse nervioso. Ninguno de sus conocidos respondía al teléfono, la gente estaba huyendo en aviones militares y empezó a escuchar disparos y explosiones fuera de su casa. Su madre no le permitía salir a la calle, «eres nuestro único hijo varón. Si mueres, ¿qué vamos a hacer sin ti?». La situación en la capital afgana ya era insostenible. «Los talibanes patrullaban todas las calles, golpeaban a niños y mujeres y disparaban a la gente. Cuando vi a ese hombre colgado de una grúa , volví a casa y le dije a mis padres que debíamos escondernos y hacer las maletas para huir», cuenta Shadab. Siguiendo las indicaciones del periodista Antonio Pampliega y de Mustafa, un traductor del Ejército español, debían dirigirse al aeropuerto con una prenda de color rojo para que los militares españoles pudieran identificarles. Con muchas dificultades, puesto que la madre de Shadab iba en silla de ruedas y su hermana estaba embarazada, se desplazaron en coche al aeropuerto. A cien metros de la puerta principal, la gente se amontonaba a los lados de la carretera. «Nunca había visto nada igual, parecía una película de zombis». Los talibanes habían bloqueado la entrada principal: «Empezaron a disparar al aire, todo el mundo empezó a correr». Caos en el aeropuerto En ese momento, Shadab, que iba al volante, dio la vuelta y escapó para buscar otro camino, dejando atrás a las milicias talibanes. Cuando consiguieron llegar a la zona desde donde despegaban los aviones militares, se adentraron entre la muchedumbre. «Había más de mil personas amontonadas, durmiendo en el suelo y colapsando el acceso. No podíamos acceder a la puerta, no podíamos volver hacia donde estaban los talibanes y, si nos quedábamos quietos, nos aplastaba la gente que venía por detrás», cuenta. Después de esperar varias horas, la gente empezó a avanzar. «Era la primera vez que estábamos cerca de la puerta de embarque», afirma Shadab. Una vez allí, una soldado búlgara o portuguesa, no lo recuerda bien, disparó al aire para que su madre y su hermana pudieran pasar entre la gente. «Había personas que entregaban a sus niños a los militares. Fueron momentos muy duros. Mi mujer dejó atrás a toda su familia», comenta. Finalmente, Shadab y su familia lograron subir al avión : «Habíamos conseguido dejar atrás la crueldad. Fue la primera vez que me relajé. Me sentía como un pájaro que escapa de una jaula». El 23 de agosto de 2021, después de hacer una parada en Dubai, llegaron a España. Shadab cuenta, con los ojos vidriosos, que nunca olvidará a las primeras personas que le acogieron: «Ahora pienso como una persona que está viva. Allí, cuando me iba a dormir, solo deseaba poder despertar ». Vive con tristeza la situación en la que se encuentra su país, «hay hambre, violencia.. si estás en contra de los talibanes tus vecinos te denuncian y te matan por la noche. Primero que la religión está la Humanidad». Antes de volver paseando a casa, comenta la guerra de Ucrania: «Es un país europeo, Afganistán está en Asia. Soy consciente, primero ayudas a tu vecino, pero no podemos olvidarnos de quien está allí». Khatera Safi Ignacio Gil KHATERA SAFI (27 años) «Los talibanes quieren expulsar a las mujeres afganas de la sociedad» Mujer, fiscal y jugadora del equipo paralímpico nacional de baloncesto, Khatera Safi estuvo amenazada desde el primer momento en que los talibanes volvieron al poder. «El día que llegaron a Kabul fue uno de los peores de mi vida. Yo luchaba por los derechos de las mujeres en Afganistán . Ahora los talibanes quieren expulsarnos de la sociedad», afirma. Trató de escapar del país nada más caer la capital, con la primera operación del Ejército español, Antígona I , pero no lo consiguió: «Esperé tres días en el aeropuerto, estaba colapsado, los talibanes golpeaban a todo el mundo. Hubo una explosión y, como no puedo correr, caí al suelo hiriéndome las rodillas. La gente me aplastaba . Entonces volví a casa para esconderme». Ella y su familia tuvieron que cambiar de localización, ya que muchos vecinos delataban a los disidentes para ganarse el favor del nuevo régimen. Durante dos meses vivieron escondidos , con miedo a que alguien pudiera matarles por el trabajo de Khatera como jurista, contrario a la Ley islámica. «Me sentía como una prisionera. Mi padre salía a veces a por comida, pero no quería que los talibanes le mataran por mi culpa», cuenta. No hay esperanza En octubre de 2021, con la ayuda de la organización 'Too young to wed', huyó a Pakistán junto a uno de sus hermanos, donde estuvieron cinco meses antes de volar a España. Sin embargo, tuvo que dejar atrás al resto de su familia, que todavía permanece en Afganistán: «Cuando finalmente pude venir a España, estaba emocionada y triste al mismo tiempo. No soy del todo feliz aquí . Estoy preocupada por mi familia, ellos siguen en peligro. Viven escondidos, no pueden trabajar y no tienen dinero para comprar comida. Espero que el Gobierno de España pueda ayudarles a escapar». Khatera es pesimista respecto al futuro de Afganistán y de los afganos. Por su especialización, conoce bien las prácticas de los talibanes, así como la 'Sharía' que rige desde hace un año el país. «No hay esperanza para los afganos, especialmente para las mujeres. A ellas no les permiten estudiar, no pueden trabajar, las maltratan. Viven con miedo a expresarse, no pueden ser independientes. Necesitan ayuda», afirma. Ahora, su principal preocupación es encontrar trabajo para pagar las necesidades de sus familiares. Entrena todos los días en el gimnasio que hay cerca del centro de refugiados donde vive. Recibe clases de español, aunque se queja de que «es mucho más difícil que el inglés». Espera poder mudarse pronto a otra ciudad española, seguir estudiando y jugar al baloncesto: «Quiero tener una vida activa en España. Encontrar trabajo cuanto antes, volver a jugar al baloncesto, que es mi pasión, seguir estudiando Derecho y, si se puede, algún día llegar a ser fiscal». Subot Kohi Imagen cedida SUBOT KOHI (67 años) «La comunidad internacional ha vendido a los afganos» Subot Kohi no abandonó Afganistán con la última llegada de los talibanes, sino cuatro años antes. Era periodista en Kabul, lo que, al igual que su ateísmo, le ponía   en el punto de mira de grupos fundamentalistas islámicos. «El Corán tiene paradojas que no se amoldan al presente. Se escribió hace 1.400 años..», afirma. Perdió a 14 compañeros de profesión en un atentado terrorista cerca de la embajada estadounidense. Después de aquello llegó a Madrid, donde regenta un restaurante junto a su mujer. «Durante mi vida he salido y he vuelto en muchas ocasiones a Afganistán. Ahora no creo que pueda. El futuro del país es dramático, el islamismo radical se ha impuesto». Subot cuenta que antes había trabajo, negocios, las mujeres podían estudiar, se celebraban elecciones, había prensa.. «Ahora la gente lucha por llevarse un trozo de pan a la boca. Los intelectuales, los progresistas, la gente que simplemente no es fundamentalista vive escondida. Los niños y las mujeres viven en la pobreza y la inseguridad». Siguió la caída del régimen afgano en manos de los talibanes por televisión. También estuvo en contacto con amigos y familiares que no habían logrado huir del país. De hecho, actualmente intenta que el Ministerio del Interior rescate a dos familias que viven atemorizadas, ya que colaboraron con el Ejército español. «La comunidad internacional ha vendido a los afganos. Estados Unidos ha dejado sin salida a la población», afirma. No está en contra de la retirada de las tropas occidentales, pero achaca el desmoronamiento del Ejército afgano a lo pactado en Doha: «El Gobierno afgano fue engañado, le dijeron a los altos funcionarios que no lucharan contra los talibanes. Podrían haber resistido y la situación del país hoy sería distinta». Subot dice vivir tranquilo y feliz desde su llegada a España. «Quiero agradecer el trato que he recibido. Tenéis un país excelente con una cultura fuerte. No me siento fuera de lugar , no me siento como un extranjero aquí», dice. Sí se queja, sin embargo, del olvido que sufre la causa afgana: «Cuando empezó la guerra en Ucrania todo el mundo se centró en eso. Es normal, se trata de una cuestión importante para las economías europeas, pero nosotros tenemos que pensar en la gente que necesita comer en Afganistán».
14-08-2022 | Fuente: abc.es
Dino, Giovanni, Gandi y Fringuello. Estos fueron los nombres de batalla de Mario Fiorentini (Roma, 1918), fallecido el martes a los 103 años, un símbolo de la resistencia contra el nazifascismo , convirtiéndose en el partisano italiano más condecorado, con tres medallas de plata y tres cruces de guerra, entre otras distinciones. Fiorentini fue comandante del grupo ' Antonio Gramsci ', dirigiendo las principales acciones contra los nazis, en el período dramático de la ocupación de Roma, entre finales de 1943 y junio de 1944. Combatió a tres batallones alemanes, convirtiendo Roma en la capital europea de la guerrilla urbana. Noticia Relacionada estandar No Meloni condena por primera vez el fascismo y las leyes raciales de Mussolini Ángel Gómez Fuentes La líder de Hermanos de Italia, favorita para ganar las elecciones en Italia, reniega del régimen fascista Italia le ha rendido homenaje por su vida extraordinaria. «Gran dolor por la pérdida de Mario Fiorentini, símbolo de la resistencia antifascista italiana . Nos deja un gran ejemplo de valentía y humanidad», declaró el alcalde romano, Roberto Gualtieri . Su muerte ha servido a los italianos para recordar con orgullo la Resistencia. Resistencia partisana no solo comunista La también llamada Resistencia partisana fue un movimiento político y militar que se opuso al fascismo y a las tropas de ocupación nazis. Este fenómeno histórico abarca un periodo muy concreto que va del 8 de septiembre de 1943, cuando Italia fue invadida por la Alemania nazi, al 25 de abril de 1945, con la rendición de las tropas alemanas y la liberación de Milán, favoreciendo la proclamación del actual régimen democrático y republicano. La fecha del 25 de abril fue elegida para la celebración de la Liberación de Italia del nazifascismo, una importante fiesta nacional. Existe el mito de la Resistencia como si fuera solo comunista, lo que es una falsedad ideológica. También hubo monárquicos, católicos, socialistas, liberales y muchos jóvenes que no tenían partido. No solo fue un movimiento político-militar en el ámbito de la guerra de liberación, sino que también tuvo un carácter social, plural, porque hubo muchas formas de oponerse al nazifascismo. Por ejemplo, hubo monjas, como Enrichetta Alfieri, la directora de las religiosas en la cárcel de San Vittore, en Milán -llena de prisioneros arrestados por los nazis-, que se puso del lado de los encarcelados, salvando, entre otros, al mítico Indro Montanelli, el gran periodista italiano de la segunda mitad del siglo XX. Alfieri fue descubierta, arrestada y sentenciada a muerte. De ella dijo Montanelli: «Algunas cosas solo pueden ser hechas por santos y héroes. La hermana Enrichetta era ambas». EFE Sin duda, entre esos héroes se recuerda hoy a Mario Fiorentini. Combatió junto a la que sería su esposa, Lucia Ottobrini, fallecida en 2015. Logró escapar hasta en cuatro ocasiones de las prisiones alemanas en la capital italiana. Su madre, María, era católica, mientras que su padre era de religión judía. Cuando los nazis llamaron a la puerta de la casa familiar, el 16 de octubre de 1943, el famoso día de la redada del gueto, el barrio judío de Roma, Mario, que casualmente estaba en casa de sus padres y guardaba un depósito de bombas debajo de su cama, logró escapar por los tejados. El padre y la madre fueron capturados, pero se salvaron sobornando a los carceleros con joyas. Esa fecha se recuerda como el Sábado Negro y ha quedado grabada como una de las más tristes y oscuras en la historia de Roma. Unos 300 miembros de la Gestapo, con la colaboración de funcionarios del régimen fascista, apresaron a 1.259 personas (689 mujeres, 363 hombres y 207 niños y niñas) residentes principalmente del barrio judío, pero también en otras zonas de Roma. Casi todos fueron deportados al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Solo dieciséis volvieron a sus casas. Entre esos supervivientes solo había una mujer, Settimia Spizzichino, que había sido deportada junto a la madre, dos hermanas y una sobrina. Una vida de novela Sobre todo a partir de esa redada, la vida de Mario Fiorentini adquirió rasgos de novela, tras asumir la jefatura del GAP (Grupos de Acción Patriótica, partisanos del Partido Comunista Italiano) 'Antonio Gramsci', encabezando las principales acciones bélicas contra los hombres de Hitler y Mussolini, con algunos ataques sorprendentes en el centro de la capital italiana. Dicen que sin él y su grupo no hubiera existido la Resistencia de Roma. Fiorentini concibió el famoso y sangriento atentado de vía Rasella, el 23 de marzo de 1944, en el que participaron 12 partisanos. Causó la muerte de 33 soldados alemanes y 2 civiles italianos. Fue el ataque urbano contra soldados alemanes más sangriento y célebre de toda Europa occidental y creó controversias. Mario Fiorentini no intervino en la emboscada, pues era muy conocido en el barrio. Al día siguiente, 24 de marzo de 1944, se produjo la represalia alemana, con la masacre de las Fosas Ardeatinas, en la que murieron 335 prisioneros. Acabada la guerra, Fiorentini rechazó la posibilidad de ocupar un puesto político o de entrar al Parlamento. Se graduó en Matemáticas y se concentró en la investigación, realizando estudios originales de álgebra y geometría algebraica. Enseñó en las universidades de Ferrara, Montreal y en el MIT de Boston. La Asociación Nacional de Partisanos (ANPI) lo recuerda como un «gran ejemplo», cuya memoria permanecerá en la historia italiana.
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