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Noticias de religion

18-05-2019 | Fuente: abc.es
El «conflicto eterno» de Sri Lanka
Con una sociedad aún conmocionada por los atentados que el pasado Domingo de Pascua segaron la vida de más de 300 personas, Sri Lanka recibe estos días la visita de un fantasma que creía enterrado. El pasado domingo, en respuesta a la masacre, una oleada de ataques contra mezquitas y comercios regentados por musulmanes en una ciudad cercana a la capital, Colombo, dejó una víctima mortal e impulsó al Gobierno ceilanés a decretar el toque de queda entre la comunidad musulmana. Una escalada de violencia que, en cierta forma y salvando las enormes diferencias circunstanciales que los separan, recuerda a un episodio muy reciente aún en la memoria colectiva y del cual justo hoy se cumple una década de su fin: la cruenta guerra civil que asoló el país durante 26 años, entre 1983 y el 18 de mayo de 2009. Con un balance estimado en torno a los 100.000 muertos, 800.000 desplazados en su momento álgido y un sinfín de tropelías cometidas por los dos bandos enfrentados, el conflicto ceilandés permanece como en uno de los más prolongados del sudeste asiático ?y también de los más olvidados por la comunidad internacional?. A lo largo de más de un cuarto de siglo, el Gobierno, perteneciente a la etnia mayoritaria, la cingalesa ?de religión budista?, combatió con todos los medios a su alcance a los Tigres de Liberación del Eelam Tamil, una organización terrorista guerrillera compuesta por miembros de la minoría étnica tamil, practicante del hinduismo. Nacida en 1976, los conocidos como «Tigres Tamiles» se alzaron en armas para lograr la creación de un Estado independiente de Sri Lanka llamado «Eelam» (Tierra Querida). La minoría tamil, históricamente recelada por los cingaleses ?en gran parte por haber sido favorecidos por la Corona británica durante la época de la colonización?, arrastraba entonces un profundo sentimiento de opresión que databa de más de dos décadas. Tras conseguir la independencia en 1949, los nuevos gobiernos de Ceilán ?nombre oficial de la isla entonces? iniciaron un período de reformas discriminatorias que, a lo largo de más de 20 años, lograron reducir a los tamiles a la mínima expresión a través de proyectos de ley «solo para cingaleses». Despojados del derecho al voto y el acceso a la universidad y a los servicios públicos, numerosos miembros de la comunidad tamil se fueron aglutinando en torno a la idea de un Estado propio en las regiones donde eran mayoría, en el norte y este del país. Crímenes de guerra Fue así como los Tigres Tamiles, tras una escalada de hostilidades con el Ejército a cada cuál más iracunda, acabaron enfrentándose oficialmente al Estado ceilanés en 1983 como respuesta a una huracanada revuelta conocida como «Julio Negro» que dejó cerca de 3.000 víctimas mortales de origen tamil. Las torturas y desapariciones (por parte del Ejército); atentados suicidas y uso de escudos humanos (por los tamiles); masacres indiscriminadas de civiles y atrocidades en general fueron la tónica habitual a partir de entonces. Repleto de treguas y negociaciones y mediaciones de países extranjeros para lograr la paz, el conflicto se enquistó hasta que, en de 2006, el Gobierno, decidido a resolverlo de una vez por todas, puso en marcha una ofensiva final que, lentamente, fue arrinconando a los Tigres Tamiles. Muy debilitada, la guerrilla fue finalmente aplastada el 18 de mayo de 2009 tras una acción final en la que tanto su líder, Velupillai Prabhakaran, como la último partida de combatientes que quedaba fueron abatidos por el Ejército. 26 años y decenas de miles de muertos después, la guerra veía al fin su desenlace. Desde entonces, la economía había mejorado sustancialmente, el turismo se había reavivado, el país se reconstruía y la convivencia iba regresando, a pesar de las heridas. Hasta el pasado 21 de abril. ¿La historia se repite? A simple vista, los paralelismos y similitudes entre la guerra y el desarrollo de la oleada de violencia vivida en el último mes pueden parecer evidentes. Dos religiones enfrentadas (budistas e hinduistas en su día, musulmanes y cristianos ahora) en una escalada de enfrentamientos cuyas vicisitudes, aunque hoy por hoy no se concibe que alcancen el mismo nivel de virulencia, nadie sabe a ciencia cierta en qué pueden llegar a derivar. Mario Esteban, investigador del Real Instituto Elcano especializado en la región de Asia-Pacífico, se muestra ampliamente «optimista» y no cree que las tensiones palpables lleguen a ir a más. «A diferencia de lo que ocurrió durante el conflicto, el Gobierno está tratando en esta ocasión de mantener la paz y el orden y no ha emprendido represalias contra la comunidad islámica, como sí hizo en su día con los tamiles», apunta. Sin embargo, Esteban admite que el hecho de que una parte de la comunidad islámica haya abrazado el salafismo a través de «corrientes externas procedentes de Arabia Saudí, Paquistán y el autoproclamado Estado Islámico, en cuyas filas han combatido ceilaneses», ha exacerbado inevitablemente el radicalismo religioso. En el otro extremo, Florentino Rodao, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, ve factible que, a corto o medio plazo, cingaleses y tamiles puedan llegar a aunar fuerzas y, en consecuencia, la violencia intercomunal resurja. «No está claro hasta qué punto puede pasar, pero es una posibilidad que hay que tener muy presente», valora.
16-05-2019 | Fuente: abc.es
Austria prohíbe el velo islámico en las escuelas
Austria ha completado ya el trámite parlamentario para la prohibición del uso del velo islámico en los colegios de primaria, por parte de las niñas de entre 6 y 10 años de edad, y queda a la espera de los esperados recursos ante el Tribunal Constitucional. Los padres que incumplan la normativa se expondrán a multas iniciales de 440 euros y que irán aumentando en la medida en que se produzcan reincidencias. La normativa veta expresamente "el uso de indumentaria ideológica o religiosa que conlleve cubrir completamente la cabeza" y excluye también expresamente la kipá judía o el patka que portan los jóvenes de religión sij porque ?estas prendas no cubren todo el cabello o su mayor parte?. La ley ha salido adelante con los votos del partido conservador (VÖP) de Sebastian Kurz y el FPÖ de extrema derecha con el que gobierna en coalición en Viena. La exministra socialdemócrata de Educación Sonja Hammerschid ha criticado en su intervención parlamentaria que la prohibición no resultará efectiva, porque las niñas se pondrán el velo en cuanto salgan del colegio, e incluso será contraproducente, porque evitará que muchas familias musulmanas acepten los procesos de integración debido a que se ven atacadas en sus creencias religiosas. El diputado conservador Rudolf Taschner, por el contrario, definió en el Parlamento el velo de las niñas como un "símbolo de opresión" y argumentó que la ley buscaba liberar a las niñas del sometimiento. "El compromiso con los valores de la Ilustración no es populista", dijo el parlamentario sobre las acusaciones de la oposición de que el gobierno solo buscaba darse publicidad. La Comunidad Islámica de Creyentes de Austria (IGGÖ), la mayor asociación musulmana del país centroeuropeo, ha criticado por su parte la nueva norma como "destructiva" y "desintegradora", considerando especialmente desafortunada, además, la circunstancia de que haya sido aprobada durante el mes sagrado del Ramadán. El presidente de la IGGÖ, Ümit Vural, abogado de profesión, aseguró que agotará "todas las vías legales" para revertir una normativa que considera "discriminatoria" y que atenta contra "la libertad religiosa".
15-05-2019 | Fuente: elmundo.es
Religión | Muere el obispo de Astorga, presidente de la comisión antipederastia
El papa Francisco le nombró obispo en noviembre de 2015 tras aceptar la renuncia del anterior prelado, Camilo Lorenzo Iglesias. 
15-05-2019 | Fuente: abc.es
Rachid Benzine, islamólogo: «Los franceses que se unieron a Daesh deben volver y ser juzgados aquí»
El islamólogo Rachid Benzine (Kenitra, Marruecos, 1971) acudió la semana pasada a la Casa Árabe de Madrid para conceder una charla titulada «Islam (s) y musulmanes: malentendidos y malentendientes», y, en el marco de ese evento, ABC tuvo la oportunidad de conversar con él. Este estudioso del islam abandonó su Marruecos natal cuando era un niño para asentarse con su familia en Francia, en la localidad de Trappes, donde creció y contempló como arraigaban algunas de las versiones más radicales de su religión, fanatismo que creó el caldo de cultivo perfecto para que sucediera la tragedia. Un total de 78 jóvenes de ese municipio se enrolaron en las filas de Daesh durante el auge del grupo terrorista en Siria e Irak en los últimos años. Benzine no se conformó con ser testigo de esa deriva y se interesó por comprenderla, acercándose, desde su concepción liberal de la fe y su profundo conocimiento del Corán y de los otros textos esenciales para los musulmanes, a la propaganda yihadista. Fruto de sus entrevistas con jóvenes que habían regresado del autodenominado Estado Islámico, y que se encontraban en prisión, escribió «Nour, pourquoi je n'ai-rien vu venir» (Seuil, 2016) («Nour, ¿por qué no lo vi venir?»), donde relata un intercambio imaginario de cartas entre un padre y su hija, una chica que se ha unido a los terroristas en Faluya. La obra cosechó éxito y captó interés, y se convirtió en una obra de teatro, «Lettres à Nour» («Cartas a Nour»). En esta entrevista, hubo tiempo de hablar sobre ella y también de otros desafíos a los que se enfrenta el islam en Francia, un país donde viven 6 millones de musulmanes y en el que el terrorismo islámico ha hecho un daño que ha enturbiado gravemente la convivencia. Usted es uno de los representantes del llamado islam liberal. ¿Me puede explicar en qué consiste esa lectura que hace de su religión? El islam liberal intenta tomar en cuenta las cuestiones que plantea la modernidad. A la vez, el islam liberal somete al Corán y a la tradición a una examen crítico, sobre todo a través de las ciencias humanas, y propone nuevas lecturas. Es, en definitiva, un islam que valora los derechos humanos, la igualdad entre hombres y mujeres, la diversidad religiosa y la libertad de conciencia. Todas las preguntas que se le plantean a un creyente que quiere vivir su religión en los albores del siglo XXI. ¿Cómo hay que leer las escrituras sagradas del islam para alcanzar una concepción de la religión de ese tipo? En primer lugar, hay que intentar consagrar mucho trabajo al Corán, y sobre todo a su primer contexto. Cuando se hacen estudios de historia sobre el Corán, sobre ese primer momento llamado islam primitivo, se descubre que es un periodo borroso. El Corán es el primer gran texto árabe y para estudiar esa etapa solo tenemos esa fuente. Además, toda la tradición musulmana que se refiere al Corán fue elaborada dos siglos más tarde. Fue la sociedad iraquí, de Bagdad, la encargada de hacerlo, a partir del año 750. Sin embargo, según la tradición musulmana, el Corán fue anunciado entre 610 y 632. Es decir, que entre 632 y 750 no tenemos gran cosa en lo que se refiere a documentos o literatura. Es un silencio total. Una vez que somos conscientes de eso, se puede empezar a trabajar sobre los textos. Es un trabajo colosal. Macron ha dicho en varias ocasiones que quiere crear un islam francés. Sin embargo, la islamóloga Razika Adnani considera que un proyecto de ese tipo es una utopía, y que está lejos de suponer «una solución para el salafismo y el radicalismo», como ha explicado en varios medios. ¿Qué le parece? Si miramos cómo se ha desarrollado el islam históricamente, vemos que la manera de vivir la religión en Pakistán, Senegal, Irán o Irak es diferente. Así que no es una utopía, porque el islam como religión se inscribe en una cultura, y esa cultura interroga al islam. Es una dialéctica continua. Por ejemplo, la manera de vivir el islam en Bélgica es muy diferente a la de Francia, porque el principio de laicidad no existe en el primer país. Cuando Macron habla del islam de Francia, se refiere a la cuestión de la organización del culto. Es decir, a la formación de los imanes, que es muy importante, y a la construcción de las mezquitas o al peregrinaje. La cuestión es cómo institucionalizar la religión para obtener transparencia, sobre todo en lo que se refiere a la financiación. El presidente no alude a un cambio teológico o religioso, porque el Estado no puede ocuparse de esos aspectos. Como usted acaba de señalar, Francia es un país laico, con una ley de separación de la Iglesia y el Estado que data de 1905. Allí viven ahora seis millones de musulmanes. ¿Cómo pueden integrarse y convivir en un país que ha puesto cortapisas a la religión? El gran problema de la organización del islam es que a sus diferentes tendencias les cuesta dialogar entre ellas. Cuando las personas no quieren dialogar entre ellas, es muy difícil que se organicen. A pesar de la separación establecida en 1905, el Estado necesita interlocutores para ciertos auntos, como la ética o la organización del culto. La cuestión es cuál es la legitimidad de los interlocutores. Creo que, en lugar de una institución nacional, hay que partir de lo local, de los departamentos, región por región, y luego crecer hasta que se conseguir una institución que sea representativa de todos los musulmanes. Usted nació en Marruecos y luego, cuando era un niño, se asentó con su familia en Francia. Creció en Trappes, de donde han salido 78 personas para unirse a las filas de Daesh. Muchos eran jóvenes que se habían educado como franceses. ¿Cómo puede explicar este fenómeno desde su experiencia? Trappes tiene una población de 32.000 habitantes. Ha habido casos de jóvenes que han sido un éxito. Pero un grupo de ellos se ha ido a Siria. El número se eleva porque a menudo son de la misma familia. En Trappes, había un ambiente que propiciaba que sucediera algo así: la inmigración tras la guerra civil de Argelia, la presencia de los Hermanos Musulmanes, los salafistas.. Cuando la salida hacia Siria fue posible, algunos jóvenes creyeron que era su ocasión para vivir lo que llaman «el verdadero islam». Creían que en Francia no se podía ser musulmán del todo. Y por eso decidieron marcharse. He trabajado sobre el discurso de Daesh, con sus textos y vídeos. También he ido durante un año y medio a las cárceles para entrevistarme con jóvenes que habían vuelto de Siria o Irak. Creo que fueron atraídos por los cuatro sueños o promesas de Daesh. Primero, por la unidad del mundo musulmán, que se iba a posicionar contra Occidente, recuperando sus antiguas fronteras. Segundo, por la vuelta de la dignidad. He escrito un libro llamado «Cartas a Nour». Es un intercambio epistolar entre un padre y su hija, que se ha unido al grupo terrorista. Hay un momento en el que la chica dice: «Se puede reparar una injusticia, pero una humillación no se cura nunca». Algunos jóvenes sentían que el discurso de Daesh les devolvía la dignidad y el orgullo. La vuelta a la pureza fue el tercer sueño prometido. Los captados pensaban que se habían alejado del auténtico islam, y consideraban que los gobiernos musulmanes no estaban en sintonía con la verdadera religión. Esa voluntad de pureza conducía al deseo de purificación, por lo que la violencia se convertía en un acto moral. Por último, el cuarto sueño de Daesh fue dar sentido a sus vidas. Les dieron una especie de kit que contenía una revolución religiosa y política. En «Cartas a Nour», la hija que se ha unido a Daesh escribe esto a su padre: «Me doy cuenta de la inutilidad y del vacío de mi vida de antes». Hay autores que consideran que el terrorismo deriva del nihilismo, o que hay una vinculación. ¿Está usted de acuerdo? No, el yihadismo no es nihilismo. El yihadismo es un movimiento revolucionario que quiere cambiar el mundo. La mayoría de las personas que se marchan a Siria no buscan morir, sino vivir su propia experiencia. Cuando se unen a Daesh, tienen la impresión de que van a participar en una revolución, y que su vida va a ser útil. Usted ha entrevistado a jóvenes que se hicieron terroristas y que ahora han vuelto a Francia. Hay un debate sobre las responsabilidades, sobre quién es el culpable de que algo así haya podido suceder: el Estado, la sociedad, la religión o los propios chicos, por irresponsables y desconsiderados con el país en el que han crecido. ¿Qué piensa usted? Es culpa de todo el mundo. La sociedad ha fallado, porque son hombres y mujeres que han crecido en ella. Que hijos de la sociedad francesa decidieran ir a un país en guerra quiere decir que nos hemos equivocado colectivamente en algo. Creo que tiene que ver con la utopía, los sueños y la esperanza. Muchos jóvenes dudan de la sociedad francesa y de su capacidad para proponerles una vida digna. Además, también es un fallo del islam. No hemos sabido desactivar sus lecturas mortíferas. Los líderes musulmanes que no han sabido enfrentarse a la ideología de Daesh son responsables. Daesh es un tipo de islam, y aunque no sea el que conocemos ni el que nos gusta, también forma parte de esta religión, que puede tener una versión violenta. ¿Qué le decían esos jóvenes con los que se entrevistó? Casi todo lo que he escrito en «Cartas a Nour» viene de lo que he escuchado en las prisiones. Allí me he encontrado con gente brillante intelectualmente, gente con estudios que no tiene problemas psicológicos o dificultades para encontrar su lugar en la sociedad. Se han unido a Daesh porque es una ideología que puede seducir a los jóvenes. Algunos no se arrepienten para nada de haberse ido, porque sostienen que les empujaba un ideal. No hay un único perfil. En otro fragmento de «Cartas a Nour», el padre recuerda a su hija: «No te equivoques de combate: la libertad, la democracia, la emancipación de los pueblos, pasan por la educación». En Francia, después de los atentados contra «Charlie Hebdo», hubo chicos de instituto que dijeron que, al fin y al cabo, los dibujantes se lo «habían buscado un poco». ¿Qué ha pasado con la educación? Me consta que hay barrios conflictivos donde el trabajo en los institutos es realmente duro. Efectivamente. En los barrios donde las condiciones económicas y sociales no son perfectas, donde vive gente que tiene muchos problemas, la educación nacional no puede hacerlo todo. En esos barrios, los profesores están muy entregados y son valientes, porque es mucho más difícil enseñar en esos centros que en institutos de clase media o burguesa. Los problemas son enormes. Hay muchos jóvenes que no controlan el idioma y que tienen dificultades psicológicas, económicas o sociales. Además, los adolescentes adoran la provocación. Después de los atentados contra «Charlie Hebdo», hubo jóvenes que dijeron «Yo no soy Charlie». Como adultos, tenemos que aprender a desactivar ese discurso, a trabajar con ellos. Hay padres que han perdido a hijos en los atentados de Bataclan y que van a institutos donde se han dicho esas cosas. Cuando cuentan su testimonios, los chicos se callan. Por eso he escrito «Cartas a Nour», que mezcla emoción y razón. El ser humano no es solo racional. Es también emocional. Si se mezclan las dos cosas, se comprende mejor un mensaje. En Francia hay un debate sobre lo que se debe hacer con los jóvenes que se unieron a Daesh y ahora quieren regresar. El ministro del Interior, Christophe Castaner, ha hecho declaraciones contradictorias al respecto ¿Cuál es su punto de vista? Creo que nuestra sociedad tiene la capacidad de recibirlos, así que deberían volver y ser juzgados severamente, porque, si cumplen sus penas allí, de todas formas no podremos impedirles que regresen a Francia. Lo emocional, que es el miedo de la población, no debe actuar sobre lo político.
14-05-2019 | Fuente: as.com
Varios dogmas de fe en la religión zidanista (su ascendencia con la plantilla, la justicia de sus decisiones, su regreso plenipotenciario?) están en duda y aún no hemos llegado ni al verano.
13-05-2019 | Fuente: abc.es
Muere el diputado argentino que fue tiroteado por dos personas cerca del Congreso
El diputado argentino Héctor Olivares, que fue víctima el jueves de un ataque a tiros en las inmediaciones del Congreso de su país, falleció este domingo tras no poder superar las graves heridas sufridas. Como consecuencia del atentado ya había muerto su asesor, Miguel Yadón, en el momento de producirse. «Un gran dolor la muerte del diputado Olivares. Un fuerte abrazo a su familia, correligionarios y amigos», escribió en Twitter el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, de la coalición oficialista Cambiemos, al igual que el legislador fallecido. Fruto de la investigación de los hechos, la Policía detuvo a seis personas, entre ellas los dos presuntos atacantes que iban dentro del automóvil desde el que se efectuaron los disparos, que las autoridades atribuyen a razones puramente personales y no políticas. El diputado fallecido, que tenía 61 años y representaba a la provincia de La Rioja, estaba ingresado desde el jueves en el Hospital Ramos Mejía de Buenos Aires. El último parte médico, conocido el sábado, informaba de que fue operado y permanecía en estado crítico, debido principalmente a una «falla multiorgánica» que le afectaba al corazón, a un pulmón y a los riñones. Según se vio en las imágenes de las cámaras de seguridad de la zona del Congreso, por donde Olivares caminaba junto a Ayadón poco antes de las siete de la mañana, dos personas los esperaban en un coche y una de ellas les disparó a ambos, lo que causó la muerte de Yadón e hirió de gravedad al diputado. Tras varios registros y una rápida investigación, se lograron varias detenciones, entre ellos la de un español. Los dos principales sospechosos, arrestados cuando trataban de fugarse, son Juan Jesús Fernández -conocido como «El Gitano»- y su sobrino Juan José Navarro Cádiz -alias «El cebolla»-, detenido en Uruguay y a la espera de ser extraditado. Fernández declaró el sábado y, según su abogado, Ramiro Rúa, quien disparó fue Navarro Cádiz. Versiones contrapuestas La versión de «el Gitano» señala que él se encontraba bebiendo con amigos por la zona cuando se encontró con su sobrino, que estaba «muy violento» y en un momento salió del coche en el que ambos se encontraban y realizó los disparos «a cualquiera». «Dentro del auto estaba muy irascible Navarro Cádiz. Estaba muy violento, había discutido con su esposa. Era una situación cotidiana. Él (Fernández) trató de calmarlo y de repente sacó el arma y disparó a cualquiera, fue a voleo, eso le hubiera podido tocar a cualquiera», aseguró Rúa. Después de los disparos, Fernández «se asustó y se fue», añadió su abogado. El viernes, tras conocerse todas las detenciones -que incluyen presuntos cómplices de Fernández y Navarro- la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, valoró que «en muy pocas horas» se «resolvió» el caso, y dijo que los arrestados forman un «clan mafioso» que no dudó en matar a una persona por «asuntos de carácter personal, por códigos de sangre mal llamados códigos de honor». La muerte de Olivares, que tenía dos hijos, ha conmocionado el abanico político de Argentina, tanto del oficialismo como de la oposición. «Lamento profundamente la muerte del diputado Olivares. Exigimos el total esclarecimiento de estos dos crímenes. Con respeto y con verdad, sin especulaciones políticas ni declaraciones desatinadas. Le envío mis sinceras condolencias a sus seres queridos», señaló el diputado del peronismo kirchnerista Agustín Rossi. La Unión Cívica Radical, partido de Olivares, advirtió de que exigirán «justicia y que los asesinos cumplan una condena efectiva». «Lamento profundamente la muerte del Diputado Héctor Olivares. Mis condolencias a sus familiares y amigos. Los asesinos y sus cómplices deberán pagar por estos crímene», afirmó la propia Bullrich.
10-05-2019 | Fuente: as.com
"El Ramadán no es un problema para jugar y rendir bien"
Dos titulares del Elche han iniciado esta semana el Ramadán. Yacine Qasmi y Karim Azamoum son fieles a su religión y durante estos últimos cinco días han cumplido con el ayuno.
09-05-2019 | Fuente: marca.com
Klopp, una religión sin títulos
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07-05-2019 | Fuente: abc.es
China destruye mezquitas y crea campos de concentración para musulmanes
Desde el año 2016, más de una veintena de mezquitas han sido demolidas en la región china de Xinjiang y millones de musulmanes han sido recluidos en campos de concentración. La cruzada que el gobierno chino comenzó hace unos años contra el islam ha empezado a salir a la luz. La islamofobia y la intención de sofocar el separatismo en la región son las dos principales causas de estas agresivas medidas. En Xinjiang, situada al noroeste del país, más del 50% de su población está compuesta por uigures y kazajos. Ambos grupos étnicos profesan la religión musulmana y utilizan lenguas escritas con el alfabeto árabe. Asimismo, sus más de 9 millones de personas ejercen una firme oposición a lo que denominan «preponderancia cultural impuesta por el Partido Comunista de China» en la región y albergan un fuerte sentimiento de independencia. Aunque el islamismo supone poco más del 1% en China, es la religión que predomina en Xinjiang. Es por eso por lo que las autoridades chinas han prohibido la práctica religiosa en la región. Asimismo, el ejecutivo chino ha introducido tecnologías de reconocimiento facial o de análisis de datos para «vigilar y hacer seguimiento» a los habitantes de la región, según un informe publicado por Human Rights Watch. Este control del gobierno incluye características personales de la población como su grupo sanguíneo, su altura, su entorno religioso y hasta su afiliación política. El gobierno de Xi Jinping ha llevado a cabo un levantamiento de la cultura e identidad de uigures y kazajos que ya se han denominado como «Estado excavadora». Desde hace tres años, al menos 24 mezquitas de la región han sido demolidas, de acuerdo con una investigación llevada a cabo por el diario británico «The Guardian» y el sitio web Bellingcat, que muestra evidencias de la represión sufrida por las minorías musulmanas. Estos medios han difundido diversas fotografías en las que se evidencia la desaparición de multitud de templos a lo largo y ancho del territorio de Xinjiang. Un ejemplo de esta destrucción de símbolos musulmanes es la mezquita de Kargilik, la más grande del territorio y situada en la ciudad del mismo nombre, al sur de Xinjiang. Ya no existe. El edificio, construido en el año 1200, es recordado por sus impresionantes torres, su entrada y la belleza de su jardín interior. En ella se reunían habitantes de varias poblaciones cercanas cada semana para rezar hasta que, en 2018, fuera casi completamente arrasada, según las imágenes de satélite a las que ha accedido «The Guardian». La población local lamenta la situación y alerta de que el derribo de las mezquitas es sólo una de las cosas que se pueden ver físicamente, pero que existen otras medidas represivas de las que no se tiene tanta información. Campos de concentración Otra de las grandes decisionews para sofocar el llamado «extremismo» y separatismo de la población de Xinjiang es la creación de campos de concentración. Cerca de un millón de ciudadanos están o han estado detenidos en centros de reeducación de la región, según una estimación de un grupo de expertos citados por la ONU y desmentido por Pekín. Estos férreos opositores al gobierno chino son trasladados a diferentes campos de trabajo que se han construido con un secretismo casi absoluto. Allí, los detenidos ?en su mayoría de origen uigur y kazajo? están obligados a estudiar y los someten a un régimen de autocrítica acompañado de diversas torturas físicas. La portavoz de asuntos exteriores del gobierno chino, Geng Shuang, ha dicho que estas informaciones son «totalmente contrarias a los hechos», expresando su fuerte descontento y oposición. Además, ha destacado que hoy la región de Xinjiang es políticamente estable y que la gente «vive y trabaja en paz». Esto se suma a la propaganda difundida por las autoridades, en la que califican estos campos como «centros de formación profesional» que persiguen mejorar la convivencia y la estabilidad de la región frente al extremismo existente. Este ataque a las mezquitas y la población musulmana se culmina con restricciones en el idioma uigur en favor del mandarín, única lengua en la que se imparte la educación. Además, se promueven los matrimonios interétnicos y se fomentan actos para exaltar el patriotismo y la cultura china. Todo ello para acabar con cualquier tipo de sentimiento separatista, escondido, eso sí ?por el gobierno chino? bajo una lucha contra el terrorismo islamista.
07-05-2019 | Fuente: abc.es
«La extrema derecha, la extrema izquierda y el movimiento islamista son las fuentes del antisemitismo en Francia»
Cruces gamadas sobre el retrato de Simone Veil, superviviente de Auschwtiz y expresidenta del Parlamento Europeo, en los buzones de un barrio de París. Cruces gamadas sobre las lápidas del cementerio judío de Quatzenheim, una pequeña localidad de Alsacia. Mireille Knoll, una anciana de 85 años, asesinada de varias puñaladas por su «pertenencia a una religión», el judaísmo, en su piso de la capital francesa. Insultos antisemitas, negacionismo y saludos nazis de algunos miembros de los chalecos amarillos, que recorren las calles desde noviembre. En Francia, las agresiones antisemitas aumentaron un 75% en 2018, pasando de las 311 de 2017 a las 541 del año pasado, informó hace tres meses el ministro del Interior, Christophe Castaner. Aunque la comunidad judía parece bien acogida en la sociedad francesa, algunos mitos de raigambre antisemita persisten. Un 89% de los ciudadanos franceses «están de acuerdo» en que los «franceses judíos» son tan franceses «como los otros», según un sondeo de Ipsos. Al mismo tiempo, el 36% cree que «los judíos tienen una relación especial con el dinero», dando crédito a ese mito que hace del judío un hombre rico. Las dificultades con la memoria histórica agravan este panorama. Un sondeo de la empresa CSA revelaba en 2012 que la mayoría de los jóvenes franceses desconocen qué fue la redada del Velódromo de Invierno, triste episodio de colaboracionismo durante la Ocupación nazi. El expresidente Jacques Chirac fue el primero en reconocer la responsabilidad de Francia en ese suceso, que se saldó con la deportación de miles de judíos a campos de exterminio. Lo hizo en 1995, medio siglo después de que se produjera. Chirac también fue el primer presidente que no era un adulto durante la Segunda Guerra Mundial. El antisemitismo, se puede concluir, es un fenómeno que salpica la historia francesa desde el siglo XIX. «La patria de los derechos del hombre -leemos en «A vueltas con la cuestión judía» (Anagrama, 2011), de Élisabeth Roudinesco-, la primera que emancipó a los Judíos, en 1791, estuvo también, alrededor de 1850, entre las primeras que generaron tesis antisemitas, y ya en 1940 traicionó su propio ideal con la instauración del régimen de Vichy». Abraham Bengio (Tánger, 1949), presidente de la Comisión de Cultura de la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo (Licra, por sus siglas en francés), acudió al Centro Sefarad-Israel de Madrid para explicar las causas del rebrote de ese odio en Francia. Su asociación trabaja desde 1927, año de su fundación, para combatir la violencia contra los judíos. Las agresiones antisemitas aumentaron un 75% en Francia de 2017 a 2018. ¿Por qué se ha producido ese incremento? ¿Está el antisemitismo incrustado en la sociedad francesa? Ha habido un aumento de las agresiones racistas en general, y en particular de las antisemitas, en Francia. Hay que relativizar los datos: se dice que en 2018 aumentaron un 75% respecto a 2017, pero 2017 fue un año tranquilo. Por otra parte, no se puede negar que antes del año 2000 se contaban unas 100 agresiones anuales contra los judíos. A partir de entonces, hay entre 250 y 1.000 cada año. Hay varias razones para este aumento impresionante. La primera, que el efecto sedante del Holocausto se ha acabado. La tragedia de la Segunda Guerra Mundial fue enorme. Cuando terminó, proclamar que se era antisemita no resultaba posible. Era demasiado odioso. Georges Bernanos decía algo muy cínico: «Hitler ha deshonrado el antisemitismo». Es decir, que en Francia, antes de 1939, la derecha era antisemita, pero jamás hubiera matado o agredido a nadie; la Shoah había «deshonrado» al antisemitismo, entonces. Por otro lado, los últimos supervivientes del Holocausto se están muriendo. Si hablas a los jóvenes de hoy en día de la guerra, es como si les hablaras de los romanos o de Napoleón. Además, los movimientos ultraderechistas están levantado la cabeza. La ultraderecha es antisemita porque lo tiene en los genes. El antisemitismo forma parte de su patrimonio ideológico. En Francia, el Frente Nacional es una de las fuentes del antisemitismo. La segunda es el movimiento islamista. La mayoría de los musulmanes son personas apacibles que quieren vivir en paz con sus vecinos y practicar su religión, pero una parte hace una lectura fundamentalista del Corán, seleccionando los versículos más contrarios a la libertad y la tolerancia. Eso, junto al antisionismo fanático, que no solo odia la política de Netanyahu, sino la de cualquier gobierno israelí, está en el origen de agresiones muy preocupantes. Ningún judío había muerto en Francia por el hecho de serlo después de la Segunda Guerra Mundial. Desde 2004, ha habido 12 judíos asesinados por serlo, y todos, sin excepción, a manos de islamistas. A eso añade una tercera fuente, es que es la ultraizquierda, que se ha olvidado de la lucha de clases y la ha reemplazado por la raza. A eso hay que sumar la creencia popular absurda de que los judíos tienen mucho dinero, como ocurrió en el caso de Ilan Hamimi, un judío francés que fue secuestrado y torturado y que solo tenía una tienda de telefonía móvil, pero no poder económico. Los chalecos amarillos han sido acusados de antisemitismo. Han aparecido vídeos donde se puede ver a sus integrantes llamando «gran mierda» al filósofo francés Alain Finkielkraut, que tiene ascendencia judía. También le espetaron «Francia es nuestra. Vuelve a Tel-Aviv». ¿Considera que el movimiento tiene un componente antisemita? Sería injusto decir que todos lo hacen. Los chalecos amarillos son un movimiento amplio y heterogéneo que al principio tenía reivindicaciones sobre el precio de los carburantes, el nivel de vida o el poder adquisitivo, y que no tenían nada que ver con el antisemitismo. Se ganaron la simpatía de la mayor parte de la sociedad francesa, con el 80% de apoyo. Luego, la violencia y algunas reivindicaciones absurdas lo han reducido. Los chalecos nunca han tenido portavoces que hablaran en su nombre o una línea ideológica. Los que quedan están bajo la influencia de la ultradereha y de la extrema izquierda. De entre ellos, los que no votan, que son mayoría, tienen simpatía por los extremos. Son gente, aunque suene elitista decir esto, que nunca ha leído un periódico ni oído una emisión de radio decente. Su única fuente de información es internet, con ideas complotistas y sobre contubernios donde el antisemitismo juega un papel central. Por ejemplo, hay algún miembro de la protesta que ha salido a la calle con un cartel donde pone: «Macron, puta de los judíos». El problema es que los otros chalecos no han protestado ni han dicho que se retire porque desacredita el movimiento. De Macron, que no es judío, también se dijo que era víctima de ataques antisemitas, al parodiarse que hubiera trabajado para la banca Rothschild. Sí. Por ser banquero de los Rothschild, que ahora son insignificantes en Francia, no como en el siglo XIX. La banca Rothschild alude directamente a los judíos. Ha habido chalecos amarillos que han hecho pintadas con la palabra «Juden», «judíos» en alemán, en almacenes de París. Es la misma palabra que los nazis escribían en los comercios judíos durante la noche de los cristales rotos para marcar los comercios que había que agredir. También hay chalecos que han manifestado su adhesión a Dieudonné. El humorista que inventó la «quenelle». Dicen que es un saludo nazi invertido, aunque él lo niega. Dieudonné es exhumorista, en realidad. Se ha pasado al Frente Nacional, es amigo de los Ayatolás y viaja a Irán, no por amor a la religión, sino por odio a Israel y a los judíos. Dice que la «quenelle» significa que «se la vamos a meter hasta el fondo a los judíos». Hay chalecos amarillos que hacen ese gesto en un cementerio judío o delante de la fotografía de Ana Frank. El problema es que no haya otros chalecos que denuncien que hacer eso es una perversión que no tiene nada que ver con sus reivindicaciones, porque, cuando se hace un vez tras otra, eres cómplice o estúpido. Volviendo a ese imaginario del antisemitismo, que define al judío como un banquero rico, o como un ser en la sombra que manipula el mundo a su antojo, es llamativo que muchos movimientos de derecha radical hayan puesto en el punto de mira a Soros, un magnate húngaro al que acusan de expandir el «progresismo». No conozco bien el tema de Soros. Sé que es de origen judío, húngaro, y quizá un capitalista poco dado a la filantropía, pero Orbán le ha utilizado para azuzar el antisemitismo en su país, con la idea de que es judío y rico. Nuestra prioridad para combatir el racismo y el antisemitismo no está solo en escuelas, institutos o en la universidad, sino también en internet. El ciberodio es horrible. Primero, porque es anónimo. Segundo, porque va a una velocidad increíble. Publicas algo, y en poco tiempo da la vuelta al mundo. El ciberodio también es muy difícil de combatir porque es apátrida. ¿Cuál es la sede social que alberga ese contenido odioso? En Estados Unidos hicieron un experimento hace pocos años. Tenían un robot de inteligencia artificial. Duró 24 horas, porque el robot se volvió nazi a fuerza de leer tuits. Esto demuestra lo peligrosas que pueden ser las redes cuando no se controlan. Por eso, nuestro objetivo es que la ley en Francia, y en toda Europa, cambie. A veces parece que hay cierto desconocimiento en Francia sobre algunos episodios antisemitas de su pasado. Por ejemplo, un sondeo publicado en 2012 afirmaba que la mayoría de los jóvenes no sabían qué había sido la redada del Velódromo de Invierno, uno de los episodios más graves de la Ocupación. ¿Puede suceder algo así en Alemania, por ejemplo? Los alemanes han hecho un trabajo admirable. Cuando visité Alemania por primera vez, hace ya bastantes años, tenía cierto recelo. Sin embargo, descubrí un país donde se había hecho un trabajo de memoria admirable. Me reconcilié con los alemanes de hoy. En el parlamento alemán, en la entrada, hay un letrero donde pone «Dem Deutschen Volke». En una placa, te explican que el que fundió el metal para poner esas palabras, el autor de ese símbolo del orgullo nacional alemán, fue un judío asesinado en Auschwizt. En Francia, cuando se hizo una estatua del capitán Dreyfus, era para ponerla delante de la Escuela Militar. La Escuela Militar y el ministro de Defensa dijeron que ni hablar, que no era posible poner una estatua de Dreyfus allí. Ahora la puedes ver en París, pero está en el patio del Museo de la Historia del Judaísmo. Francia padeció la Ocupación, aunque hubo colaboracionistas franceses terribles. Sobre el hecho de que un porcentaje muy elevado de los jóvenes no sepa lo que es la Shoah, ni haya oído hablar de la redada del Velódromo de Invierno, me temo que, si se hicieran encuestas sobre acontecimientos nacionales en España o en Reino Unido, no tengo muy claro que hubiera un conocimiento mayor.
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