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Noticias de referendum

16-07-2018 | Fuente: abc.es
Una exministra británica pide un nuevo referéndum sobre el Brexit
La exministra de Educación británica Justine Greening ha pedido este lunes la celebración de un segundo referéndum sobre el Brexit y ha calificado el plan de Chequers de la primera ministra británica, Theresa May, como «una chapuza». En un artículo publicado hoy en el diario «The Times», Greening dice que el acuerdo sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea remitido la pasada semana por el Ejecutivo británico a Bruselas «contiene lo peor de ambos mundos». Para la exministra, que dimitió de su cargo el pasado enero, la decisión final debería ser «devuelta a la gente» y estar fuera de las manos de «políticos bloqueados». Greening considera que fuera de eso solo quedan tres opciones: el acuerdo de May, continuar en la Unión Europea o cortar con el bloque comunitario sin ningún acuerdo. El nuevo plebiscito que propone la política conservadora debería «ofrecer una primera y segunda votación de preferencia para que se pueda alcanzar un consenso». Asimismo, señala que «el estancamiento parlamentario arriesga un voto de desconfianza y, lo que es peor, un gobierno de Corbyn, lo que sería desastroso para la economía». Tanto la primera ministra como el líder de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, han descartado que se vaya a realizar una segunda votación. Mientras tanto, agrupaciones como «People's vote» (El voto del pueblo) también exigen al Gobierno la oportunidad de votar en una consulta acerca de si aceptan o no el acuerdo sobre el Brexit que alcance la primera ministra con Bruselas. Entre los partidarios de la campaña se encuentran la parlamentaria conservadora Anna Soubry, la laborista Chuka Umunna, la del Partido Verde Caroline Lucas y la diputada del partido Liberal Demócrata Layla Moran. Justine Greening abandonó su cargo como responsable de la cartera de Educación a comienzos de este año, en una reestructuración del gabinete de May, después de rechazar ocupar el puesto de ministra de Trabajo y Pensiones. Tras reunirse con la primera ministra, Greening aseguró que continuar defendiendo la «movilidad social» en la educación estaba por encima de su «carrera ministerial».
16-07-2018 | Fuente: abc.es
Eritrea y Etiopía sellan dos décadas de guerra fronteriza
Desde que llegó al poder el pasado abril, el flamante primer ministro etíope, Abiy Ahmed Ali, ha liderado el deshielo de las relaciones con la vecina Eritrea, país con el que la histórica Abisinia -la segunda nación más antigua del mundo en adoptar el cristianismo- mantiene 20 años de tensión de posguerra. El presidente eritreo, Isaias Afewerki, llegó a Adís Abeba el sábado para una visita que ha dado lugar a la reapertura de ayer de su embajada en la capital etíope tras la firma del acuerdo de paz el pasado lunes con el que se declaró el fin del «Estado de guerra». «Las palabras no pueden expresar la alegría que sentimos ahora. La historia se está haciendo mientras hablamos», expresó emocionado el presidente eritreo el pasado fin de semana durante un almuerzo ofrecido por el líder etíope. «Ha habido muchas muertes pero hoy somos una sola persona; quien olvide esto no comprende nuestra situación», agregó. Antes, el jefe de gabinete del primer ministro etíope le había dado dedicado un cariñoso tuit: «¡Bienvenido a casa, presidente Isaias!». En las calles, miles de etíopes mostraron su alegría ante el histórico encuentro entre su primer ministro y el líder eritreo para dejar atrás los enfrentamientos que se produjeron entre estos países por las disputas fronterizas. Con la independencia en 1993 de Eritrea por referéndum, Etiopía perdió su salida al mar. Desde entonces, el conflicto entre ambas naciones del Cuerno de África se ha saldado con cerca de 100.000 muertos, especialmente entre los sangrientos 1998 y 2000. Además, el Gobierno etíope ordenó expulsar alrededor de 70.000 etíopes de origen eritreo. Reformas en Etiopía El polvoriento pueblo de Badme representa la disputa fronteriza, cuya soberanía asumió Eritrea en 2002 tras la participación de una comisión internacional de fronteras creada en virtud de un acuerdo de paz entre las dos partes, pero del que Etiopía renegó hasta hace apenas un mes, manteniendo su presencia militar para evitar la renuncia definitiva de este enclave. Sin embargo, el pasado 5 de junio, el primer ministro etíope anunció que estaba dispuesto a poner fin a la presencia etíope en la localidad sin condiciones previas mediante la aplicación del Acuerdo de Argel, firmado en el año 2000 y que delimita la frontera con Eritrea. Como respuesta, Afewerki anunció hace menos de un mes el envío de una delegación oficial a Adís Abeba. La férrea dictadura de Eritrea, considerada como la Corea del Norte africana por su total falta de libertades, ha confirmado el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Etiopía, con la reapertura de las embajadas, así como de los vuelos y las telecomunicaciones. Desde la llegada al poder en Etiopía del reformista Ahmed Ali, que ha levantado prohibiciones a varios medios y páginas web, ha liberado a miles de presos políticos y ha puesto fin al estado de emergencia vigente durante más de dos años para sofocar los disturbios y protestas de grupos opositores, Etiopía busca abrirse al resto del mundo tras años de relativo aislamiento. La reconciliación podría cambiar la política y la seguridad en el Cuerno de África, una de las regiones más pobres del mundo y de la que cientos de miles de jóvenes han huido a Europa en los últimos años en busca de seguridad y oportunidades. Según la revista «Foreign Policy», uno de los motivos del deshielo de las relaciones ha sido la amenaza común del Frente de Liberación del Pueblo Tigrayan (TPLF), facción de la coalición gobernante que dominó la política etíope durante más de dos décadas. A principios de este año, el rechazo al TPLF llevó a Etiopía al borde del colapso, ya que grupos étnicos más grandes, liderados por los Oromo y Amhara, bloquearon las carreteras hacia Adis Abeba en protesta contra la gestión del gobierno, que se vio obligado a echar a su primer ministro, liberar a miles de presos políticos y aceptar el nombramiento de Ahmed, un líder oromo, como nuevo jefe de estado. Ante las reformas de su homólogo etíope, el líder eritreo Isaias Afewerki, que combatió junto a las milicias del TPLF contra el régimen comunista de Derg en los años ochenta hasta que la ocupación de la frontera de Eritrea por Etiopía destruyó toda alianza, denunció «el legado tóxico y maligno de TPLF» a los que llamó buitres en su discurso del pasado 20 de junio en el que anunció el envío de una delegación diplomática a Adis Abeba.
13-07-2018 | Fuente: abc.es
Theresa May detalla su propuesta de Brexit a Bruselas
Han tenido que pasar dos años desde el referéndum del Brexit para que el Gobierno británico detallase el plan definitivo con la UE para acordar su salida del bloque comunitario en marzo del año que viene. En el documento, el más extenso hasta la fecha (100 páginas) y titulado «Libro Blanco del Brexit», Reino Unido le propone a Bruselas un acuerdo que se sostiene en cuatro pilares básicos: un mercado común de bienes, un acuerdo laxo en servicios, máxima cooperación posible en materia de defensa y facilidades para la movilidad de los ciudadanos. May lo ha catalogado como una «propuesta integral, ambiciosa y que logra el equilibro necesario entre derechos y obligaciones». Sin embargo, como era de esperar, desde el bando «brexiter» consideran inadmisible seguir bajo el reglamento común, lo que les situaría como «vasallos de Europa» y confirmándose, a su juicio, el «Brexit in name only» (Brexit solo en el nombre). Las reacciones no se han hecho esperar: los laboristas lo catalogan como «inviable», según el portavoz laborista Keir Starmer, y desde las propias filas «tories», el diputado brexiter por bandera, Jacob Rees-Mogg, se refiere al acuerdo como el «mayor vasallaje desde que el rey Juan I rindió tributo a Felipe II de Francia en Goulet en 1200». Mercado común de bienes En el documento no se menciona el término unión aduanera, de cuyo sistema la «premier» dijo que el país abandonaría, pero sí se propone «un área de libre comercio para bienes», con equivalencia normativa y un «dispositivo facilitado de aduanas». Y esta fórmula se parece mucho a una unión aduanera. El Libro Blando del Brexit cataloga el conjunto de la propuesta como un «acuerdo de asociación», pese a que May fue tajante en el pasado asegurando que en ningún caso Reino Unido sería «miembro asociado de la UE». Unas palabras que finalmente no podrá cumplir por la necesidad de evitar la imposición de controles fronterizos que se acabarían instalando en una vuelta a lo que sería una frontera dura con Irlanda, algo inadmisible para Bruselas. Pero la «premier» sigue cediendo e incluso se compromete a respetar las actuales normas comunitarias sobre subsidios estatales, a fin de asegurar una competencia «justa» y evitar el proteccionismo económico. Los intercambios comerciales seguirían efectuándose bajo las normas europeas que Londres tendría que seguir respetando, algo que los más euroescépticos de los «tories» han denunciado como intolerable. Los servicios, excluidos Esa zona de libre comercio los excluye y, por tanto, al 80% de la economía británica y la mayor parte de los intercambios entre ambas partes. Sin un acuerdo preferente para la mayor actividad económica entre Reino Unido y la UE, se queda fuera también el sector financiero y lo que eso implica: la City. El gigante financiero de Londres queda en el limbo a expensas de lo que suceda en las negociaciones futuras, pero lo que parece es que se aleja del viejo continente. «Es un verdadero golpe al sector financiero británico y al sector de servicios profesionales asociados», ha dicho Catherine McGuinness, líder administrativa de la City. Resolución de conflictos El texto habla de la creación de un «comité conjunto» que tendría en cuenta al Tribunal de Justicia Europeo. No estar bajo la supervisión de órganos europeos ha sido otra de esas líneas rojas que May ha tenido que cruzar. Incluso, el Ejecutivo ha pedido permanecer en diversas agencias o programas comunitarios como la Agencia Europea de Seguridad Aérea, la Agencia Europea del Medicamento, Europol, Eurojust y el programa de intercambio Erasmus, entre otras. Para continuar en todas ellas, Reino Unido deberá seguir abonando su parte como cualquier otro país miembro. Inmigración Aunque recupera el control de sus fronteras y se necesitará permiso para poder trabajar en Gran Bretaña, el Gobierno se compromete a permitir que los ciudadanos accedan sin visado en vacaciones, viajes de negocios ypara estudiar. Además, el Ejecutivo también quiere seguir permaneciendo en el plan de salud de la UE y establecer disposiciones específicas de seguridad social para asegurarse de que los británicos que vivan y se jubilan en cualquier país miembro puedan beneficiarse de los derechos de pensión y atención médica.
12-07-2018 | Fuente: elpais.com
No espere un verano tranquilo en la Bolsa... siete de infarto para no olvidar
La guerra comercial iniciada por Trump o la inestabilidad política en algunos países preocupan a los analistas El referendum del 'brexit' en 2016 o la devaluación del yuan chino de 2015 son algunos de los veranos más memorables
12-07-2018 | Fuente: elpais.com
Incorporar el lenguaje inclusivo en la Constitución ?requiere un referéndum?
Tres juristas explican que no se puede tocar "ni una coma" de la Ley de leyes sin un amplio consenso parlamentario
11-07-2018 | Fuente: elpais.com
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11-07-2018 | Fuente: elpais.com
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11-07-2018 | Fuente: elpais.com
Torra y la líder de Escocia defienden un referéndum pactado en Cataluña
Nicola Sturgeon ha recibido esta tarde al presidente de la Generalitat en un viaje oficial a la región que perdió la consulta de independencia en 2014
10-07-2018 | Fuente: abc.es
Siempre me ha parecido que el Reino Unido no se merecía tener como ministro de Exteriores a un impresentable tan «fake» como Boris Johnson. Los políticos sin escrúpulos que mienten, polarizan y manipulan no se merecen llegar muy lejos, ni tan si quiera en los tiempos del nacional-populismo. La dimisión de la cara más visible, y dura, del Brexit podría ser una de las mejores noticias del año si la primera ministra Theresa May consigue aguantar el tipo ante sus correligionarios más eurófobos. El muy poco diplomático Boris ha tardado un largo fin de semana en tomar la decisión de abandonar su puesto, siguiendo la estela dimisionaria del ministro para el Brexit, David Davis. Toda una estampida teniendo en cuenta que el pasado viernes, el gabinete en pleno escenificó a lo Gilbert y Sullivan una opereta de consenso en Chequers, la residencia de campo de los primeros ministros. Desde su cómoda ambigüedad, el líder laborista Jeremy Corbyn se ha pitorreado sentenciando que «el consenso de Chequers ha tardado dos años en producirse y dos días en desvanecerse». Boris no ha tenido agallas para dimitir ipso facto aunque fiel a su escatológica tradición afirmó que el plan para un Brexit blando era «a big turd», es decir «un gran zurullo» que el diccionario de nuestra Real Academia define como «pedazo rollizo de materia blanda», sinónimo de mojón. Una descripción perfectamente aplicable también al propio Boris Johnson por muchos libros que escriba sobre Churchill. La estrategia auspiciada por Theresa May plantea formar con la Unión Europea lo más parecido a una zona de libre comercio para mercancías. Lo cual significa asumir las regulaciones de Bruselas pero sin participar en su formulación, confirmándose el diagnóstico de que el Reino Unido no tenía ni idea del lío en el que se estaba metiendo votando a favor del Brexit en el referéndum del 23 de junio de 2016. Parte de este embrollo, por supuesto, es la agravada crisis que sufre el gobierno conservador británico desde hace dos años. Entre líneas rojas, un partido fracturado y la amenaza de que 48 diputados tories fuercen una moción de censura en los Comunes, lo único muy claro en toda esta saga es que Boris Johnson quiere llegar como sea a primer ministro.