Infortelecom

Noticias de recesion economica

10-08-2019 | Fuente: elpais.com
Alerta máxima de los inversores por la guerra comercial
EE UU y China extienden su disputa al mercado de divisas y avivan el miedo del mercado a una recesión económica
18-07-2019 | Fuente: abc.es
Miles de manifestantes se han agolpado esta semana en el Viejo San Juan en lo más parecido a una rebelión popular contra un cúmulo de catastróficas desdichas. En virtud de una letanía de abusos, los 3,7 millones de habitantes de la entrañable isla de Puerto Rico sufren una vergonzosa pesadilla sin el mínimo respeto para la dignidad humana. Como telón de fondo, hay que recordar el huracán María que devastó la isla en septiembre de 2017, dejando en evidencia la enfermiza relación de este Estado Libre Asociado con Washington. La incompetencia y desconfianza demostrada por la Administración Trump en su propio vecindario dificultó el auxilio de las víctimas. Como parte de esa negligencia se ha intentado ningunear la gravedad de los daños estimados en 90.000 millones de dólares. Hasta el punto de ignorarse el verdadero número de víctimas que según las forzadas estadísticas ronda los 3.000 muertos. A esa catástrofe natural hay que sumar una catástrofe fiscal, ya que Puerto Rico lleva más de una década en recesión económica. En 2015, el gobierno de la isla declaró impagables las deudas acumuladas con sus acreedores y pensionistas. Un pufo de más de 120.000 millones de dólares que llevó a la intervención del Congreso de Estados Unidos a través de la llamada Ley Promesa, que ha supuesto tanto una sobredosis de austeridad como el menoscabo del autogobierno por la vía de la supervisión fiscal. La última gota que ha colmado la paciencia de los puertorriqueños ha sido el escándalo conocido como RickyLeaks. Se trata de casi 900 páginas de comunicaciones, a través de la aplicación Telegram, entre el gobernador Ricardo Rosselló y su equipo. El material, publicado por el Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico, es una enciclopedia de insultos, vulgaridades y tóxicos contenidos. Además de presentar indicios de una larga lista de delitos y prevaricaciones. En lugar de admitir su responsabilidad y dimitir, el gobernador de estirpe intenta aferrarse al puesto, aunque no pueda ya gobernar. A nadie se le escapa la ironía de que su residencia oficial en el Viejo San Juan se llame precisamente la Fortaleza.
29-06-2019 | Fuente: abc.es
El rechazo frontal de Donald Trump a la mera idea de una negociación multilateral es a la vez una cuestión ideológica y un problema de temperamento, con costes cada vez más altos para el planeta. En la reunión anual del G-20 en Osaka, el magnate neoyorkino ha vuelto a despreciar a sus aliados. Ni los europeos ni tampoco el primer ministro japonés han escapado a sus críticas. Por contraste, la camaradería con Vladimir Putin, horas después de que el ex agente de la KGB haya anunciado el fracaso del liberalismo político, es más que una broma pesada. Trump es un mal defensor de los intereses de su país en el mundo. El presidente norteamericano improvisa posiciones, fiándose de su intuición y sin una estrategia clara detrás, en vez de forjar coaliciones, encauzar problemas globales y aportar estabilidad. Uno de los factores que pueden acelerar una recesión económica es el deterioro progresivo de las instituciones y reglas internacionales. La evolución hacia un mundo menos organizado y más multipolar comenzó con el final de la guerra fría. Pero los regímenes multilaterales, con todas sus imperfecciones y carencias, funcionan como garantía de mínimos, para llegar a consensos imprescindibles. Las pasiones proteccionistas y ultranacionalistas de Trump, combinadas con su comportamiento de abusón de patio de colegio, suman una factura muy alta. Su capacidad de atención es otro factor preocupante: el presidente ha estado más pendiente de los debates en Miami entre los candidatos demócratas que de lo que ocurría en Japón. Sin un interlocutor norteamericano central y fiable, las negociaciones del G-20 se quedan cojas. China se beneficia más que nadie del vacío de poder que deja el repliegue de Estados Unidos. En Osaka, Xi ha vuelto a defender el libre comercio global, sin renunciar a una política de expansión económica agresiva y a crear un modelo propio para liderar a la tecnología digital y la inteligencia artificial. Los pactos entre los líderes de las dos superpotencias que eviten la guerra comercial son necesarios. Pero aún más importante es contar con un presidente norteamericano que no contribuya a acelerar el desorden internacional.
14-05-2019 | Fuente: abc.es
La «ventana democrática» se cierra sin que América Latina la haya aprovechado
La democracia está en retroceso en el mundo, también en Latinoamérica. Si en la década de 1990 toda la región, salvo Cuba, había establecido marcos democráticos plenos, hoy son diversos los países americanos que muestran serias deficiencias democráticas. Y lo peor es que esos sistemas que podrían calificarse de «iliberales» pueden muy bien no ser una excepción temporal: si algunos países latinoamericanos se anticiparon en la senda populista, la extensión del populismo a otras partes del mundo hace que ya no exista una situación democrática «normal» a la que regresar. La «ventana democrática» se está cerrando sin que la mayor parte de los países latinoamericanos haya aprovechado en serio esa gran oportunidad para generar sólidas instituciones y establecer un verdadero Estado de derecho . La «década de oro» económica de la región (2003-2013 aproximadamente) supuso un aumento de los ingresos de los gobiernos que, si bien ayudaron parcialmente a combatir el nivel de pobreza, reducir el coeficiente de desigualdad y generar un espacio de clase media, al mismo tiempo fueron desaprovechados para ahondar en la consolidación democrática. Apuntarlarse en el poder Esos fáciles ingresos, derivados en gran medida del «boom» de las materias primas, fueron usados por muchos gobernantes para apuntalarse en el poder, derramando beneficios entre quienes participaron en la cooptación de las instituciones ?órganos electorales, legislativos y judiciales? para asegurar su permanencia en el poder, mediante reformas constitucionales, discutibles sentencias de cortes supremas y un ventajismo electoral que, cuando menos, alimentó las sospechas de fraude. La desmesura del caso Odebrecht muestra a qué llevó mucha de aquella bonanza. Esto pudo verse como un descamino que podría corregirse con nueva ola de recuperación democrática cuando ciertos líderes dejaran el poder. Sin embargo, las alternancias que se han producido en algunos países (el desmoronamiento de los partidos tradicionales, aunque puede tener sus elementos positivos, sobre todo está dejando a ciertos electorados sin estándares de referencia) y el clima internacional no ayudan a Latinoamérica a reconducir la situación. Apagada la «primavera latinoamericana» Esta visión poco optimista es compartida por diversos observadores. Diálogo Interamericano ?uno de los principales «think tanks» sobre la región, con sede en Washington? ha publicado recientemente un informe titulado «Promesas incumplidas», en cuya introducción la expresidenta costarricense Laura Chinchilla reconoce que los problemas de la región no son únicos, pero considera que en pocos otros lugares se puede decir que haya «una sensación tan fuerte de oportunidad perdida». «Latinoamérica es hoy una región particularmente identificada con promesas incumplidas, potencial sin explotar y negocios inconclusos», advierte. Y constata que cada vez que ha habido momentos de progreso económico en diversos países, después «una nueva recesión económica, un nuevo fracaso político, un nuevo trastorno social ha socavado sus logros y los ha atrasado varios años, cuando no décadas». En ese mismo informe, en el capítulo dedicado a revisar la fortaleza institucional de los países latinoamericanos, la investigadora Catalina Botero escribe que a pesar de las ganancias económicas y sociales de la primera década de este siglo, hoy «la excitación por la primavera latinoamericana se ha apagado, y también el optimismo sobre las no tan nuevas democracias». El gran engaño Debido a los éxitos geopolíticos de Rusia y China (en este último caso también económicos) y la menor preocupación de la Administración Trump por promover sistemas democráticos en el mundo, la democracia misma ha sido destronada como sistema al que todo país se veía obligado a tender. Eso «ha conducido a una desconcertante falta de interés ?por decir lo menos? por el retroceso democrático en América Latina», indica Botero. En su último libro, «The Great Delusion. Liberal Dreams and International Realities», el teórico de las relaciones internacionales John Mearsheimer comenta que los años que siguieron a la caída del Muro de Berlín llevaron a pensar en un triunfo sin retorno de la democracia como sistema político (ese era el sentido del «fin de la historia» entonces proclamado por otro teórico, Francis Fukuyama), pero eso fue un engaño o delirio («delusion»). Sin modelos internacionales que arrastren en esa dirección, Latinoamérica ya no se ve presionada para la consolidación de instituciones que contrapesen los diferentes poderes del Estado, de manera que algunas tendencias históricas, como el caudillismo, vuelven a cobrar fuerza.
05-05-2019 | Fuente: abc.es
Erdogan, el Sultán en declive
Nada ha trascendido sobre la razón y las pruebas de la Fiscalía de Estambul para ordenar la detención de hace dos semanas a dos supuestos espías de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) -en realidad dos ciudadanos palestinos-, Samer Samih Shabaan y Zaki Mubarak, por presuntos vínculos con el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi. Pero el caso se complicó esta semana cuando Turquía anunció que uno de los prisioneros se había suicidado en prisión. «Uno de los dos detenidos por las autoridades de Turquía bajo la acusación de haber espiado a favor de Emiratos Árabes Unidos se ha quitado la vida en la cárcel», ha informado un responsable del Ministerio de Justicia turco a la agencia de noticias Anatolia. Sin embargo, los familiares del palestino fallecido, identificado como Zaki Mubarak, cuestionan el suicidio y alegan que murió bajo custodia turca después de ser arrestado por cargos falsos de espionaje. Añadieron que las acusaciones contra él eran «de risa» y que creen que fue detenido con la ayuda de miembros de la Hermandad Musulmana por su abierta oposición a ellos y a la organización Hamas. Su familia en Gaza dice que seguirán luchando para descubrir la verdad sobre la muerte de Zaki Mubarak. La Policía turca reveló que lo encontraron ahorcado en su celda en Estambul pocos días después de ser arrestado, por lo que Ankara dice que estaba espiando a los disidentes árabes en el país. «Es imposible que Zaki se quitara la vida. Estaba cien por cien seguro de que sería liberado», dijo el hermano de Zaki, Zain Al Din, al diario con sede en en Abu Dhabi «The National». «Su abogado nos aseguró que sería puesto en libertad en dos días. ¿Por qué querría quitarse la vida?», subraya su hermano que, además, asegura que la familia había hablado por teléfono con Zaki y que él se había «reído», llamando a su detención «unas vacaciones». «Mi hermano temía que lo estuvieran usando como un peón político», concluyó Al Din. Posición en Siria Con el paso del tiempo, analistas turcos afirman, en privado por miedo a las represalias, que esta operación es el típico recurso de los dictadores de buscar un enemigo exterior para intentar tapar los graves problemas internos. Turquía, entre otros problemas para el presidente, Recep Tayyip Erdogan, se encuentra en recesión económica con problemas de empleo. La Comisión Electoral de Turquía confirmó la derrota en el ayuntamiento de Estambul del partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Erdogan, y en Ankara. En el ámbito exterior, el Gobierno turco se distancia de Occidente por su posición en Siria contra los kurdos que combatían a los terroristas del Daesh. Además, afronta un complicado litigio armamentístico por los aviones de combate F-35 con Estados Unidos por su acercamiento a Rusia a quien ha comprado misiles antiaéreos S-400, un preocupante distanciamiento con la OTAN y un papel activo en conflictos de Oriente Próximo como Libia, frente a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Sin Estambul y Ankara Los analistas políticos turcos subrayan que estas detenciones, ante los graves problemas internos, resultan un intento torpe de desviar la atención de la opinión pública turca hacia un enemigo fantasma en el exterior. Estos analistas recuerdan el supuesto intento de golpe de Estado en julio de 2016 por parte de algunas unidades de las Fuerzas Armadas, encabezadas por un gran enemigo en el exterior, el predicador Fetulá Gülen. Miles de ciudadanos turcos fueron detenidos y perdieron su puesto de trabajo. Estados Unidos ha negado la extradición de Gülen, que vive exiliado en Estados Unidos y que rechaza cualquier relación con lo que se considera un autogolpe de Erdogan para recuperar iniciativa política en un momento débil para sus intereses, tras dos elecciones generales donde no consiguió la mayoría que pretendía para reformar a su gusto la Constitución y donde tuvo que soportar que el partido prokurdo (HDP), el partido Democrático de los Pueblos, entrara en el Parlamento. Se acaba la sensación de que el nuevo Sultán, como se le conoce a Erdogan por sus últimas actuaciones y su mansión, y su partido son invencibles, tras los resultados de las elecciones municipales con la pérdida de Estambul y Ankara. La Comisión Electoral turca confirmó el triunfo de Ekrem Imamoglu, el político socialdemócrata que ha acabado con 25 años de dominio de partidos islamistas en la alcaldía de Estambul, es una estrella al alza en la política turca. Imamoglu, de 48 años, es la figura política que podría vencer en las urnas a Erdogan tras verse perfilado, con mucho respaldo popular, como uno de los nuevos dirigentes del Partido Republicano del Pueblo (CHP), el principal de la oposición. Tiene potencial incluso para dar un vuelco a la política de Turquía en los próximos años.
23-03-2019 | Fuente: elmundo.es
Casado agita el fantasma de la recesión económica: "Vuelve la crisis con Sánchez y su socio Pablo Iglesias"
El presidente del PP pide unir el voto del centro derecha en su partido: "El patriotismo no está reñido con las matemáticas" 
29-10-2018 | Fuente: abc.es
Recesión económica, corrupción y violencia, los retos del nuevo presidente de Brasil
El nuevo presidente de Brasil tendrá como principal desafío unir un país muy dividido y desgastado por una de las elecciones más polarizadas de su historia. Son 208 millones de brasileños que esperan un país más seguro, menos corrupto y que renueve la autoconfianza, que vuelva a ser una de las economías más potentes del mundo. Uno de los principales desafíos será afrontar la fuerte desigualdad económica, que se ha recrudecido en cuatro años de crisis política y recesión. El otro es mantener el combate a la corrupción y atacar los desvíos multimillonarios de fondos públicos, que han mermado las inversiones en infraestructura, sanidad y educación, esenciales en el gigante emergente. En cuatro años, la Operación Lavacoches combatió duramente la corrupción, llevando a la prisión a ejecutivos, magnates e importantes políticos de todos los partidos, entre ellos el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), el líder popular más importante de Brasil hasta la ascensión de Jair Bolsonaro. Empresas paralizadas Por otro lado, ese proceso de limpieza judicial derribó a la presidenta petista Dilma Rousseff, dejó en su lugar un impopular presidente, Michel Temer, y afectó también la economía, al paralizar las principales empresas del país, responsables por un 13% del PIB. Brasil necesitará salir de la recesión de cuatro años, que ha afectado incluso a empresas españolas que son algunas de las principales inversoras del país. El nuevo mandatario deberá recuperar la confianza en la economía y abrir nuevas oportunidades a 13 millones de desempleados. La seguridad ha sido otra de las exigencias de los electores en esta disputa. En la actualidad se registran cerca de 63.000 muertes al año y más de 600.000 brasileños presos en cárceles que son verdaderas mazmorras, sin derechos humanos mínimos. La inseguridad pública en estados del norte del país y en Río de Janeiro, o la sensación de ella en estados como Sao Paulo donde los índices de violencia son bajos, han calentado el debate sobre la liberación del porte de armas. Brasil es también uno de los principales productores de drogas del continente, ruta del narcotráfico mundial a África y Europa. El nuevo gobierno deberá enfrentar el crimen organizado, controlar las fronteras por las que pasan drogas y el contrabando de armas, preservando la Amazonía. La crisis de los venezolanos En las relaciones exteriores, el presidente deberá buscar salidas para recibir el flujo, cada vez más fuerte, de refugiados venezolanos y presentar una postura firme frente al gobierno de Nicolás Maduro, que ha sido un tema clave en el debate de esta elección. Otro reto será defender los valores esenciales de la Constitución brasileña de 1988, especialmente la libertad de expresión, y especialmente el combate a las noticias falsas, que fueron protagonistas en las redes sociales, alimentadas por militantes en ambos lados del tablero. Los grandes desafíos -Recuperar la economía y sacar al país de una recesión que afecta a los sectores más pobres, entre ellos, 13 millones de desempleados. -Enfrentar la inseguridad pública. El país registra más de 63 mil homicidios al año y tiene más de 600 mil brasileños tras las rejas. -Mantener la campaña anticorrupción iniciada hace cuatro años con la Operación Lavacoches y atacar los desvío que han empobrecido al país.
07-10-2018 | Fuente: abc.es
Brasil busca este domingo un camino que puede reflotarlo o socavar aún más la profunda crisis económica y política en que se ha sumergido en los últimos cuatro años, tras el estallido de un gigantesco escándalo de corrupción, que derribó a la última presidenta electa, Dilma Rousseff, y llevó a la prisión al mayor líder político del país, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva. Con un país dividido entre los que detestan a Lula y su Partido de los Trabajadores (PT), los que le tienen verdadera pasión y los están en el medio de esa tormenta, más de 147 millones de brasileños votarán en 5.570 municipios de 27 estados, en uno de los comicios más dramáticos desde 1990, cuando realizó su primera elección directa después de tres décadas de dictadura. Los brasileños elegirán no sólo al presidente, sino también gobernadores, senadores y diputados, representantes de 27 estados. Serán 556.000 urnas electrónicas en Brasil y en 171 localidades en el resto del mundo, en la que representa una de las mayores elecciones globales y de las más modernas, donde la última novedad es que más de 87 millones votarán biometricamente, identificados por la impresión digital, y usando una aplicación en el móvil sin necesidad de documento de papel. En un escenario muy imprevisible, los dos favoritos a ir a una segunda vuelta el 28 de octubre son el ultraderechista Jair Bolsonaro, con un 35% en los sondeos, y el filósofo petista, Fernando Haddad, con un 22%. El empuje con el que ha crecido en el último mes, después de un atentado que casi le quitó la vida, puede impulsar a Bolsonaro a llevarse la elección en una primera vuelta, como buscan sus militantes, tratando de anular el fuerte rechazo del 45%, fomentado principalmente por mujeres y la campaña #EleNão (Él no). Para vencer en primera ronda son necesarios más del 50% de los votos. Polarización El exmilitar y Haddad son los representantes de una polarización concentrada en la imagen de Lula y su partido, que gobernó el país durante 13 años, dejando el recuerdo de una euforia con una economía pujante e importantes conquistas sociales que situaron a Brasil en un inusual puesto de vanguardia internacional. El colofón de esos tiempos, protagonizados por Rousseff, dejó también la marca de un país emergente que dejó de lado sus prioridades para despilfarrar fondos en los estadios del Mundial de Fútbol 2014 y en la organización de la Olimpiada Río 2016, una ilusión que se desbarató con los escándalos de la estatal Petrobras y un cartel de constructoras, salidos a la luz hace cuatro años. «Independientemente del resultado, el vencedor de esta elección ya es Bolsonaro, porque fue quien pautó el debate. El eje de la discusión se dislocó hacia la derecha, inflamando aún más el debate estructural», explica Fabio Luis Barbosa dos Santos, doctor en Historia Económica de la Universidad de São Paulo (USP). En tercer lugar en las encuestas está el laborista Ciro Gomes, soñando con un viraje que a estas alturas, con un 11%, sería espectacular. Gomes es exministro de Lula y uno de los economistas que detuvo la hiperinflación en la década de 90, depende de una unión de los electores de centro, por un «voto útil», que abandonarían en el camino a otros dos prestigiosos políticos, el socialdemócrata, Geraldo Alckmin, con el 10%, y la ambientalista Marina Silva, que se ha desplomado en un mes, del 16% al 4%. Puede sorprender por ser el único capaz de vencer a Bolsonaro en los sondeos de segunda vuelta. Operación Lavacoches La corrupción revelada por la Operación Lavacoches, encabezada por una red de jueces, fiscales y la Policía Federal, salpicó a políticos de los partidos más importantes: el PT, un viejo abanderado de la ética, el socialdemócrata PSDB y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del actual presidente, Michel Temer, el más impopular de la historia, con un 4%. Las investigaciones llevaron a la cárcel en abril de este año a Lula, que pese a las condenas y acusaciones por corrupción y blanqueo de fondos, era el favorito para vencer en los comicios con un 39% de los votos, que registraba hasta el mes pasado, cuando la Corte Electoral (TSE) le prohibió definitivamente su candidatura. En medio de esas frustraciones surgió el candidato alternativo Bolsonaro, un excapitán del Ejército, por el diminuto Partido Social Liberal (PSL), que con un discurso machista, homofóbico y racista, ha conquistado una importante base de electores que no quieren al PT de vuelta. «Bolsonaro es la respuesta de una sociedad asustada. Quien está sin trabajo tiene miedo del hambre, y quien trabaja, tiene miedo del desempleo. Todos tienen miedo de la violencia y también, miedo de la policía», escribe Luis Barbosa. Una guerra sucia El líder nacionalista, autoritario y que llegó a ser entusiasta del chavismo, de la estatalización y se ha convertido en un liberal de última hora, ha crecido exponencialmente en la ruina brasileña, que en los últimos cuatro años ha visto resurgir el desempleo, la recesión económica y ha perdido el orgullo de ser brasileño, ante la repercusión internacional de los escándalos de corrupción, que dejaron huellas por el mundo. La violencia es otro de los grandes problemas del país. Con más de 62 mil asesinatos en el último índice de seguridad pública, el discurso de Bolsonaro, favorable a la liberación de las licencias de armas y la reducción de la edad mínima penal, ha encontrado eco entre electores que buscan salidas simples para problemas más complejos, como deficiencias educacionales, en la sanidad, en el transporte y en la falta de viviendas dignas, con más de 100 millones de brasileños sin acceso a saneamiento básico. Para Barbosa, Bolsonaro promete el orden por la truculencia, en un contexto de desprestigio de los movimientos sociales y de la política tradicional, así como ocurrió con Donald Trump en EE.UU., con Recep Tayyip Erdogan, en Turquía, o con el recrudecimiento del fascismo en Italia. Con una campaña que ha salido de la tradicional propaganda de televisión para crecer en redes sin control, especialmente en WhatsApp, la distribución de noticias falsas se ha alimentado ferozmente, llevando a incidentes violentos, especialmente entre los electores de Bolsonaro. El incidente más grave fue la puñalada contra Bolsonaro, el pasado 6 de septiembre, dada por un albañil aparentemente desequilibrado. Días antes, Bolsonaro pedía a sus correligionarios que «acribillasen a petistas». Lo cierto es que Brasil está en una encrucijada entre el petismo y el antipetismo. «Cualquier gobierno que venga será inestable, como fue (Fernando) Collor», compara Barbosa, recordando al independiente electo en 1990, que cayó tras solo dos años en el poder por una investigación del Congreso.
25-09-2018 | Fuente: abc.es
Para llevar 2.500 años muerto, Tucídides parece estar más de moda que nunca. Y no precisamente por sus esfuerzos como pionero historiador empeñado en intentar responder a la más difícil de todas las preguntas ?¿Por qué?? sin limitarse a funcionar como un mero cronista de la guerra del Peloponeso. A este resucitado clásico griego le interesaba mucho más identificar las causas del gran conflicto entre Esparta y Atenas que contar hazañas bélicas. Al imponer una nueva ronda de aranceles sobre productos de China por valor de 200.000 millones de dólares, la Administración Trump está poniendo una vez más a prueba la viabilidad de la relación entre dos gigantes hasta ahora unidos por el bolsillo. Una conexión basada en que los americanos compraban de todo a los chinos y a cambio los chinos han ayudado a financiar la deuda requerida por un país incapaz de alcanzar un mínimo consenso político sobre sus números rojos. La reiterada «trampa de Tucídides» insiste en la inevitabilidad de un conflicto cuando el orden internacional es cuestionado por una emergente potencia (Atenas-China). Y ese reto de poder es percibido como una amenaza inaceptable por parte de su establecido rival (Esparta-Estados Unidos). A este inquietante run-run no ayuda, por supuesto, la espiral de asertividad protagonizada por China en términos de revisionismo, militarismo y toda la pléyade de conflictos territoriales que cada vez la separan más de sus vecinos. Como potencia mercantilista, cada vez con mayor confianza en sus fortalezas, China no se va a amedrentar. Y la prueba está en su respuesta en forma de 60.000 millones de dólares en aranceles sobre productos americanos, además de acusar a la Administración Trump de «matonismo comercial». Este conflicto librado desde enero, con potencial para generar una nueva recesión económica, no solo amenaza la interdependencia forjada por Estados Unidos y China en el arranque del siglo XXI. También alimenta el riesgo de hacer realidad al Tucídides más tramposo.
13-09-2018 | Fuente: abc.es
Barack Obama: los sueños rotos del «Yes, We can»
Después de los ocho años de presidencia del republicano George W. Bush, el pueblo estadounidense quería un cambio. Tras vivir uno de los peores momentos de su historia ?los atentados del 11-S?, que desembocaron en dos guerras en el exterior ?Irak y Afganistán?, Estados Unidos, que se enfrentaba a una importante recesión económica, necesitaba un discurso esperanzador. Ante la ciudadanía se presentó entonces Barak Obama, un joven senador demócrata con un discurso culto y ambicioso, lleno de promesas. Inmerso en un constante conflicto racial, el país convirtió entonces los orígenes de Obama más en una oportunidad ?ser el primer presidente afroamericano de EE.UU.? que en un inconveniente. Su carrera, en ascenso imparable, le llevó a ganarle las primarias demócratas a Hillary Clinton, y a lograr la victoria en las presidenciales de 2008 frente al republicano John McCain. El eslogan de campaña, «Yes, We can», resultó premonitorio pero también irreal. Barack Obama juró su cargo como presidente de EE.UU. el 20 de enero de 2009, convirtiéndose en el primer mandatario afroamericano elegido por el pueblo estadounidense.Comprometido con las causas sociales y el medio ambiente y con un talante conciliador, Obama comenzó su andadura con uno de los mayores índices de popularidad, que incluso le harían acreedor al Premio Nobel de la Paz pocos meses depués de llegar a la Casa Blanca. Pero tras generar tan altas expectativas llegó la frustración de las promesas incumplidas, que le abocaron a marcharse del Despacho Oval con un saldo discutible después de ocho años de gestión; los últimos, con las dos cámaras del Congreso en manos republicanas. Durante su primer mandato logró varios de sus objetivos, como la retirada de tropas de Irak, o el alumbramiento de su polémica reforma sanitaria, la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, más conocida como Obamacare; también encontró ?y mató? al terrorista más buscado, Osama bin Laden, cerrando una herida abierta en el pueblo estadounidense desde 2001. Acabar con las torturas, el cierre de Guantánamo y un mayor control en la venta de armas fueron otras de sus promesas: las dos últimas no logró cumplirlas. Emprendió una reforma bancaria, y mejoró la economía, rebajando el paro al 5%, pero la clase media blanca se sintió perjudicada y marginada. Este malestar serviría de trampolín a Donald Trump. Muy criticada fue su política exterior por acuerdos como el alcanzado con Irán ?tumbado por su sucesor?, su acercamiento a China, su falta de firmeza con el régimen de Bashar al Assad o la intervención en Libia, un país que sigue desnortado desde la caída de Gadafi. Obama intentó gestionar el país sin arrogancia y tendiendo puentes, política interpretada por muchos como una pérdida de influencia exterior. Buen presidente para muchos, muy discutido para otros tantos. La llegada de Trump le está haciendo pasar por bueno.