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Noticias de mezquitas

18-05-2019 | Fuente: abc.es
El «conflicto eterno» de Sri Lanka
Con una sociedad aún conmocionada por los atentados que el pasado Domingo de Pascua segaron la vida de más de 300 personas, Sri Lanka recibe estos días la visita de un fantasma que creía enterrado. El pasado domingo, en respuesta a la masacre, una oleada de ataques contra mezquitas y comercios regentados por musulmanes en una ciudad cercana a la capital, Colombo, dejó una víctima mortal e impulsó al Gobierno ceilanés a decretar el toque de queda entre la comunidad musulmana. Una escalada de violencia que, en cierta forma y salvando las enormes diferencias circunstanciales que los separan, recuerda a un episodio muy reciente aún en la memoria colectiva y del cual justo hoy se cumple una década de su fin: la cruenta guerra civil que asoló el país durante 26 años, entre 1983 y el 18 de mayo de 2009. Con un balance estimado en torno a los 100.000 muertos, 800.000 desplazados en su momento álgido y un sinfín de tropelías cometidas por los dos bandos enfrentados, el conflicto ceilandés permanece como en uno de los más prolongados del sudeste asiático ?y también de los más olvidados por la comunidad internacional?. A lo largo de más de un cuarto de siglo, el Gobierno, perteneciente a la etnia mayoritaria, la cingalesa ?de religión budista?, combatió con todos los medios a su alcance a los Tigres de Liberación del Eelam Tamil, una organización terrorista guerrillera compuesta por miembros de la minoría étnica tamil, practicante del hinduismo. Nacida en 1976, los conocidos como «Tigres Tamiles» se alzaron en armas para lograr la creación de un Estado independiente de Sri Lanka llamado «Eelam» (Tierra Querida). La minoría tamil, históricamente recelada por los cingaleses ?en gran parte por haber sido favorecidos por la Corona británica durante la época de la colonización?, arrastraba entonces un profundo sentimiento de opresión que databa de más de dos décadas. Tras conseguir la independencia en 1949, los nuevos gobiernos de Ceilán ?nombre oficial de la isla entonces? iniciaron un período de reformas discriminatorias que, a lo largo de más de 20 años, lograron reducir a los tamiles a la mínima expresión a través de proyectos de ley «solo para cingaleses». Despojados del derecho al voto y el acceso a la universidad y a los servicios públicos, numerosos miembros de la comunidad tamil se fueron aglutinando en torno a la idea de un Estado propio en las regiones donde eran mayoría, en el norte y este del país. Crímenes de guerra Fue así como los Tigres Tamiles, tras una escalada de hostilidades con el Ejército a cada cuál más iracunda, acabaron enfrentándose oficialmente al Estado ceilanés en 1983 como respuesta a una huracanada revuelta conocida como «Julio Negro» que dejó cerca de 3.000 víctimas mortales de origen tamil. Las torturas y desapariciones (por parte del Ejército); atentados suicidas y uso de escudos humanos (por los tamiles); masacres indiscriminadas de civiles y atrocidades en general fueron la tónica habitual a partir de entonces. Repleto de treguas y negociaciones y mediaciones de países extranjeros para lograr la paz, el conflicto se enquistó hasta que, en de 2006, el Gobierno, decidido a resolverlo de una vez por todas, puso en marcha una ofensiva final que, lentamente, fue arrinconando a los Tigres Tamiles. Muy debilitada, la guerrilla fue finalmente aplastada el 18 de mayo de 2009 tras una acción final en la que tanto su líder, Velupillai Prabhakaran, como la último partida de combatientes que quedaba fueron abatidos por el Ejército. 26 años y decenas de miles de muertos después, la guerra veía al fin su desenlace. Desde entonces, la economía había mejorado sustancialmente, el turismo se había reavivado, el país se reconstruía y la convivencia iba regresando, a pesar de las heridas. Hasta el pasado 21 de abril. ¿La historia se repite? A simple vista, los paralelismos y similitudes entre la guerra y el desarrollo de la oleada de violencia vivida en el último mes pueden parecer evidentes. Dos religiones enfrentadas (budistas e hinduistas en su día, musulmanes y cristianos ahora) en una escalada de enfrentamientos cuyas vicisitudes, aunque hoy por hoy no se concibe que alcancen el mismo nivel de virulencia, nadie sabe a ciencia cierta en qué pueden llegar a derivar. Mario Esteban, investigador del Real Instituto Elcano especializado en la región de Asia-Pacífico, se muestra ampliamente «optimista» y no cree que las tensiones palpables lleguen a ir a más. «A diferencia de lo que ocurrió durante el conflicto, el Gobierno está tratando en esta ocasión de mantener la paz y el orden y no ha emprendido represalias contra la comunidad islámica, como sí hizo en su día con los tamiles», apunta. Sin embargo, Esteban admite que el hecho de que una parte de la comunidad islámica haya abrazado el salafismo a través de «corrientes externas procedentes de Arabia Saudí, Paquistán y el autoproclamado Estado Islámico, en cuyas filas han combatido ceilaneses», ha exacerbado inevitablemente el radicalismo religioso. En el otro extremo, Florentino Rodao, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, ve factible que, a corto o medio plazo, cingaleses y tamiles puedan llegar a aunar fuerzas y, en consecuencia, la violencia intercomunal resurja. «No está claro hasta qué punto puede pasar, pero es una posibilidad que hay que tener muy presente», valora.
15-05-2019 | Fuente: elpais.com
Gobiernos y tecnológicas se comprometen a impedir la difusión de atentados por Internet
El Llamamiento de Christchurch toma el nombre de la localidad neozelandesa desde la que el autor de un ataque contra mezquitas lo retransmitió en directo por las redes el pasado marzo
15-05-2019 | Fuente: abc.es
Rachid Benzine, islamólogo: «Los franceses que se unieron a Daesh deben volver y ser juzgados aquí»
El islamólogo Rachid Benzine (Kenitra, Marruecos, 1971) acudió la semana pasada a la Casa Árabe de Madrid para conceder una charla titulada «Islam (s) y musulmanes: malentendidos y malentendientes», y, en el marco de ese evento, ABC tuvo la oportunidad de conversar con él. Este estudioso del islam abandonó su Marruecos natal cuando era un niño para asentarse con su familia en Francia, en la localidad de Trappes, donde creció y contempló como arraigaban algunas de las versiones más radicales de su religión, fanatismo que creó el caldo de cultivo perfecto para que sucediera la tragedia. Un total de 78 jóvenes de ese municipio se enrolaron en las filas de Daesh durante el auge del grupo terrorista en Siria e Irak en los últimos años. Benzine no se conformó con ser testigo de esa deriva y se interesó por comprenderla, acercándose, desde su concepción liberal de la fe y su profundo conocimiento del Corán y de los otros textos esenciales para los musulmanes, a la propaganda yihadista. Fruto de sus entrevistas con jóvenes que habían regresado del autodenominado Estado Islámico, y que se encontraban en prisión, escribió «Nour, pourquoi je n'ai-rien vu venir» (Seuil, 2016) («Nour, ¿por qué no lo vi venir?»), donde relata un intercambio imaginario de cartas entre un padre y su hija, una chica que se ha unido a los terroristas en Faluya. La obra cosechó éxito y captó interés, y se convirtió en una obra de teatro, «Lettres à Nour» («Cartas a Nour»). En esta entrevista, hubo tiempo de hablar sobre ella y también de otros desafíos a los que se enfrenta el islam en Francia, un país donde viven 6 millones de musulmanes y en el que el terrorismo islámico ha hecho un daño que ha enturbiado gravemente la convivencia. Usted es uno de los representantes del llamado islam liberal. ¿Me puede explicar en qué consiste esa lectura que hace de su religión? El islam liberal intenta tomar en cuenta las cuestiones que plantea la modernidad. A la vez, el islam liberal somete al Corán y a la tradición a una examen crítico, sobre todo a través de las ciencias humanas, y propone nuevas lecturas. Es, en definitiva, un islam que valora los derechos humanos, la igualdad entre hombres y mujeres, la diversidad religiosa y la libertad de conciencia. Todas las preguntas que se le plantean a un creyente que quiere vivir su religión en los albores del siglo XXI. ¿Cómo hay que leer las escrituras sagradas del islam para alcanzar una concepción de la religión de ese tipo? En primer lugar, hay que intentar consagrar mucho trabajo al Corán, y sobre todo a su primer contexto. Cuando se hacen estudios de historia sobre el Corán, sobre ese primer momento llamado islam primitivo, se descubre que es un periodo borroso. El Corán es el primer gran texto árabe y para estudiar esa etapa solo tenemos esa fuente. Además, toda la tradición musulmana que se refiere al Corán fue elaborada dos siglos más tarde. Fue la sociedad iraquí, de Bagdad, la encargada de hacerlo, a partir del año 750. Sin embargo, según la tradición musulmana, el Corán fue anunciado entre 610 y 632. Es decir, que entre 632 y 750 no tenemos gran cosa en lo que se refiere a documentos o literatura. Es un silencio total. Una vez que somos conscientes de eso, se puede empezar a trabajar sobre los textos. Es un trabajo colosal. Macron ha dicho en varias ocasiones que quiere crear un islam francés. Sin embargo, la islamóloga Razika Adnani considera que un proyecto de ese tipo es una utopía, y que está lejos de suponer «una solución para el salafismo y el radicalismo», como ha explicado en varios medios. ¿Qué le parece? Si miramos cómo se ha desarrollado el islam históricamente, vemos que la manera de vivir la religión en Pakistán, Senegal, Irán o Irak es diferente. Así que no es una utopía, porque el islam como religión se inscribe en una cultura, y esa cultura interroga al islam. Es una dialéctica continua. Por ejemplo, la manera de vivir el islam en Bélgica es muy diferente a la de Francia, porque el principio de laicidad no existe en el primer país. Cuando Macron habla del islam de Francia, se refiere a la cuestión de la organización del culto. Es decir, a la formación de los imanes, que es muy importante, y a la construcción de las mezquitas o al peregrinaje. La cuestión es cómo institucionalizar la religión para obtener transparencia, sobre todo en lo que se refiere a la financiación. El presidente no alude a un cambio teológico o religioso, porque el Estado no puede ocuparse de esos aspectos. Como usted acaba de señalar, Francia es un país laico, con una ley de separación de la Iglesia y el Estado que data de 1905. Allí viven ahora seis millones de musulmanes. ¿Cómo pueden integrarse y convivir en un país que ha puesto cortapisas a la religión? El gran problema de la organización del islam es que a sus diferentes tendencias les cuesta dialogar entre ellas. Cuando las personas no quieren dialogar entre ellas, es muy difícil que se organicen. A pesar de la separación establecida en 1905, el Estado necesita interlocutores para ciertos auntos, como la ética o la organización del culto. La cuestión es cuál es la legitimidad de los interlocutores. Creo que, en lugar de una institución nacional, hay que partir de lo local, de los departamentos, región por región, y luego crecer hasta que se conseguir una institución que sea representativa de todos los musulmanes. Usted nació en Marruecos y luego, cuando era un niño, se asentó con su familia en Francia. Creció en Trappes, de donde han salido 78 personas para unirse a las filas de Daesh. Muchos eran jóvenes que se habían educado como franceses. ¿Cómo puede explicar este fenómeno desde su experiencia? Trappes tiene una población de 32.000 habitantes. Ha habido casos de jóvenes que han sido un éxito. Pero un grupo de ellos se ha ido a Siria. El número se eleva porque a menudo son de la misma familia. En Trappes, había un ambiente que propiciaba que sucediera algo así: la inmigración tras la guerra civil de Argelia, la presencia de los Hermanos Musulmanes, los salafistas.. Cuando la salida hacia Siria fue posible, algunos jóvenes creyeron que era su ocasión para vivir lo que llaman «el verdadero islam». Creían que en Francia no se podía ser musulmán del todo. Y por eso decidieron marcharse. He trabajado sobre el discurso de Daesh, con sus textos y vídeos. También he ido durante un año y medio a las cárceles para entrevistarme con jóvenes que habían vuelto de Siria o Irak. Creo que fueron atraídos por los cuatro sueños o promesas de Daesh. Primero, por la unidad del mundo musulmán, que se iba a posicionar contra Occidente, recuperando sus antiguas fronteras. Segundo, por la vuelta de la dignidad. He escrito un libro llamado «Cartas a Nour». Es un intercambio epistolar entre un padre y su hija, que se ha unido al grupo terrorista. Hay un momento en el que la chica dice: «Se puede reparar una injusticia, pero una humillación no se cura nunca». Algunos jóvenes sentían que el discurso de Daesh les devolvía la dignidad y el orgullo. La vuelta a la pureza fue el tercer sueño prometido. Los captados pensaban que se habían alejado del auténtico islam, y consideraban que los gobiernos musulmanes no estaban en sintonía con la verdadera religión. Esa voluntad de pureza conducía al deseo de purificación, por lo que la violencia se convertía en un acto moral. Por último, el cuarto sueño de Daesh fue dar sentido a sus vidas. Les dieron una especie de kit que contenía una revolución religiosa y política. En «Cartas a Nour», la hija que se ha unido a Daesh escribe esto a su padre: «Me doy cuenta de la inutilidad y del vacío de mi vida de antes». Hay autores que consideran que el terrorismo deriva del nihilismo, o que hay una vinculación. ¿Está usted de acuerdo? No, el yihadismo no es nihilismo. El yihadismo es un movimiento revolucionario que quiere cambiar el mundo. La mayoría de las personas que se marchan a Siria no buscan morir, sino vivir su propia experiencia. Cuando se unen a Daesh, tienen la impresión de que van a participar en una revolución, y que su vida va a ser útil. Usted ha entrevistado a jóvenes que se hicieron terroristas y que ahora han vuelto a Francia. Hay un debate sobre las responsabilidades, sobre quién es el culpable de que algo así haya podido suceder: el Estado, la sociedad, la religión o los propios chicos, por irresponsables y desconsiderados con el país en el que han crecido. ¿Qué piensa usted? Es culpa de todo el mundo. La sociedad ha fallado, porque son hombres y mujeres que han crecido en ella. Que hijos de la sociedad francesa decidieran ir a un país en guerra quiere decir que nos hemos equivocado colectivamente en algo. Creo que tiene que ver con la utopía, los sueños y la esperanza. Muchos jóvenes dudan de la sociedad francesa y de su capacidad para proponerles una vida digna. Además, también es un fallo del islam. No hemos sabido desactivar sus lecturas mortíferas. Los líderes musulmanes que no han sabido enfrentarse a la ideología de Daesh son responsables. Daesh es un tipo de islam, y aunque no sea el que conocemos ni el que nos gusta, también forma parte de esta religión, que puede tener una versión violenta. ¿Qué le decían esos jóvenes con los que se entrevistó? Casi todo lo que he escrito en «Cartas a Nour» viene de lo que he escuchado en las prisiones. Allí me he encontrado con gente brillante intelectualmente, gente con estudios que no tiene problemas psicológicos o dificultades para encontrar su lugar en la sociedad. Se han unido a Daesh porque es una ideología que puede seducir a los jóvenes. Algunos no se arrepienten para nada de haberse ido, porque sostienen que les empujaba un ideal. No hay un único perfil. En otro fragmento de «Cartas a Nour», el padre recuerda a su hija: «No te equivoques de combate: la libertad, la democracia, la emancipación de los pueblos, pasan por la educación». En Francia, después de los atentados contra «Charlie Hebdo», hubo chicos de instituto que dijeron que, al fin y al cabo, los dibujantes se lo «habían buscado un poco». ¿Qué ha pasado con la educación? Me consta que hay barrios conflictivos donde el trabajo en los institutos es realmente duro. Efectivamente. En los barrios donde las condiciones económicas y sociales no son perfectas, donde vive gente que tiene muchos problemas, la educación nacional no puede hacerlo todo. En esos barrios, los profesores están muy entregados y son valientes, porque es mucho más difícil enseñar en esos centros que en institutos de clase media o burguesa. Los problemas son enormes. Hay muchos jóvenes que no controlan el idioma y que tienen dificultades psicológicas, económicas o sociales. Además, los adolescentes adoran la provocación. Después de los atentados contra «Charlie Hebdo», hubo jóvenes que dijeron «Yo no soy Charlie». Como adultos, tenemos que aprender a desactivar ese discurso, a trabajar con ellos. Hay padres que han perdido a hijos en los atentados de Bataclan y que van a institutos donde se han dicho esas cosas. Cuando cuentan su testimonios, los chicos se callan. Por eso he escrito «Cartas a Nour», que mezcla emoción y razón. El ser humano no es solo racional. Es también emocional. Si se mezclan las dos cosas, se comprende mejor un mensaje. En Francia hay un debate sobre lo que se debe hacer con los jóvenes que se unieron a Daesh y ahora quieren regresar. El ministro del Interior, Christophe Castaner, ha hecho declaraciones contradictorias al respecto ¿Cuál es su punto de vista? Creo que nuestra sociedad tiene la capacidad de recibirlos, así que deberían volver y ser juzgados severamente, porque, si cumplen sus penas allí, de todas formas no podremos impedirles que regresen a Francia. Lo emocional, que es el miedo de la población, no debe actuar sobre lo político.
07-05-2019 | Fuente: abc.es
China destruye mezquitas y crea campos de concentración para musulmanes
Desde el año 2016, más de una veintena de mezquitas han sido demolidas en la región china de Xinjiang y millones de musulmanes han sido recluidos en campos de concentración. La cruzada que el gobierno chino comenzó hace unos años contra el islam ha empezado a salir a la luz. La islamofobia y la intención de sofocar el separatismo en la región son las dos principales causas de estas agresivas medidas. En Xinjiang, situada al noroeste del país, más del 50% de su población está compuesta por uigures y kazajos. Ambos grupos étnicos profesan la religión musulmana y utilizan lenguas escritas con el alfabeto árabe. Asimismo, sus más de 9 millones de personas ejercen una firme oposición a lo que denominan «preponderancia cultural impuesta por el Partido Comunista de China» en la región y albergan un fuerte sentimiento de independencia. Aunque el islamismo supone poco más del 1% en China, es la religión que predomina en Xinjiang. Es por eso por lo que las autoridades chinas han prohibido la práctica religiosa en la región. Asimismo, el ejecutivo chino ha introducido tecnologías de reconocimiento facial o de análisis de datos para «vigilar y hacer seguimiento» a los habitantes de la región, según un informe publicado por Human Rights Watch. Este control del gobierno incluye características personales de la población como su grupo sanguíneo, su altura, su entorno religioso y hasta su afiliación política. El gobierno de Xi Jinping ha llevado a cabo un levantamiento de la cultura e identidad de uigures y kazajos que ya se han denominado como «Estado excavadora». Desde hace tres años, al menos 24 mezquitas de la región han sido demolidas, de acuerdo con una investigación llevada a cabo por el diario británico «The Guardian» y el sitio web Bellingcat, que muestra evidencias de la represión sufrida por las minorías musulmanas. Estos medios han difundido diversas fotografías en las que se evidencia la desaparición de multitud de templos a lo largo y ancho del territorio de Xinjiang. Un ejemplo de esta destrucción de símbolos musulmanes es la mezquita de Kargilik, la más grande del territorio y situada en la ciudad del mismo nombre, al sur de Xinjiang. Ya no existe. El edificio, construido en el año 1200, es recordado por sus impresionantes torres, su entrada y la belleza de su jardín interior. En ella se reunían habitantes de varias poblaciones cercanas cada semana para rezar hasta que, en 2018, fuera casi completamente arrasada, según las imágenes de satélite a las que ha accedido «The Guardian». La población local lamenta la situación y alerta de que el derribo de las mezquitas es sólo una de las cosas que se pueden ver físicamente, pero que existen otras medidas represivas de las que no se tiene tanta información. Campos de concentración Otra de las grandes decisionews para sofocar el llamado «extremismo» y separatismo de la población de Xinjiang es la creación de campos de concentración. Cerca de un millón de ciudadanos están o han estado detenidos en centros de reeducación de la región, según una estimación de un grupo de expertos citados por la ONU y desmentido por Pekín. Estos férreos opositores al gobierno chino son trasladados a diferentes campos de trabajo que se han construido con un secretismo casi absoluto. Allí, los detenidos ?en su mayoría de origen uigur y kazajo? están obligados a estudiar y los someten a un régimen de autocrítica acompañado de diversas torturas físicas. La portavoz de asuntos exteriores del gobierno chino, Geng Shuang, ha dicho que estas informaciones son «totalmente contrarias a los hechos», expresando su fuerte descontento y oposición. Además, ha destacado que hoy la región de Xinjiang es políticamente estable y que la gente «vive y trabaja en paz». Esto se suma a la propaganda difundida por las autoridades, en la que califican estos campos como «centros de formación profesional» que persiguen mejorar la convivencia y la estabilidad de la región frente al extremismo existente. Este ataque a las mezquitas y la población musulmana se culmina con restricciones en el idioma uigur en favor del mandarín, única lengua en la que se imparte la educación. Además, se promueven los matrimonios interétnicos y se fomentan actos para exaltar el patriotismo y la cultura china. Todo ello para acabar con cualquier tipo de sentimiento separatista, escondido, eso sí ?por el gobierno chino? bajo una lucha contra el terrorismo islamista.
30-04-2019 | Fuente: abc.es
Detenido un hombre en Nueva Zelanda por un paquete bomba que ya fue desactivado
La Policía de Nueva Zelanda ha detenido este martes a un hombre de 33 años por su relación con un paquete bomba con munición que ha sido encontrado en la localidad de Christchurch, donde el pasado 15 de marzo un supremacista blanco llevó a cabo un ataque contra dos mezquitas que acabó con la vida de 50 personas, según ha informado el diario local «New Zealand Herald». Un equipo de desactivación de explosivos ha llegado hasta el lugar, así como la Policía, la Fuerza de Defensa y los Bomberos, después de que se informara de la presencia de un paquete sospechoso en una vivienda vacía. Los especialistas han comprobado que el paquete sospechoso contenía una bomba y munición, por lo que los artificieros han trabajado para neutralizarlo y han logrado desactivarlo. El superintendente del distrito de Canterbury, John Price, ha confirmado que la bomba ha sido desactivada por los expertos en explosivos de la Fuerza de Defensa de la Policía.
30-04-2019 | Fuente: abc.es
Detenido un exmilitar de EE.UU. que preparaba un atentado contra una multitud en California
Las fuerzas de seguridad estadounidenses arrestaron el viernes a un exsoldado del Ejército de EE.UU. que supuestamente planeaba un ataque terrorista contra una multitud de personas en el sur del estado de California, informó anoche el Departamento de Justicia en un comunicado. De acuerdo con la nota, el arresto se practicó después de que un agente encubierto del FBI contactara con el sospechoso y le entregara una bomba desactivada, que él pensaba que podía funcionar y que sirvió para localizarle. El detenido Mark Steven Domingo, de Reseda (California), había trabajado en el pasado como soldado de Infantería y posee experiencia en combate en Afganistán. «Esta investigación interrumpió con éxito una amenaza muy real, planeada por un soldado de combate entrenado y que en repetidas ocasiones declaró que quería causar el mayor número de víctimas», aseguró el fiscal del Distrito Central de California, Nick Hanna. Apoyo a la yihad La oficina del fiscal, el FBI y el Departamento de Policía de Los Ángeles consideraron que el arrestado planeaba una «trama de terrorismo escalofriante». Según documentos judiciales, Domingo expresó en varios mensajes en internet y a una fuente del FBI «su apoyo a la yihad (guerra santa) violenta, un deseo de buscar un castigo por los ataques contra musulmanes, y una disposición a convertirse en mártir». Tras sopesar varios blancos posibles como judíos, iglesias y policías, el sospechosos decidió detonar una bomba en un acto ocurrido el pasado fin de semana en Long Beach (California). De hecho, el arrestado pidió a un cómplice, que colaboraba con el FBI, que buscara a alguien que fabricara bombas, señaló la fiscalía, que agregó que Domingo compró la semana pasada cientos de clavos para emplearlos como metralla dentro del artefacto explosivo. El escrito judicial recoge que Domingo publicó en internet un vídeo profesando su fe islámica el pasado 2 de marzo y al día siguiente publicó otro donde aseguraba que «EE.UU. necesita otro acto como Las Vegas», en referencia al tiroteo en esta ciudad de octubre de 2017. Tras el atentado contra dos mezquitas en Christchurch (Nueva Zelanda), a mediados de marzo, el acusado señalaba en otro mensaje que «debía haber un castigo» por ese ataque. Si es declarado culpable de los cargos de buscar apoyo material y de intentar perpetrar un ataque podría afrontar una sentencia máxima de 15 años en prisión, según el Departamento de Justicia.
30-04-2019 | Fuente: elpais.com
El FBI detiene a un presunto terrorista que planeaba un gran atentado con bomba en Los Ángeles
El sospechoso es un exmilitar de 26 años convertido al islam que buscaba ejecutar "un nuevo Las Vegas" en venganza por los ataques contra mezquitas en Nueva Zelanda, según la investigación
29-04-2019 | Fuente: abc.es
De Nueva Zelanda a Sri Lanka: en las trincheras de la guerra de religiones
El mes pasado fueron las mezquitas de Nueva Zelanda. Este, las iglesias y hoteles de Sri Lanka. En nombre de un supremacismo blanco que teme a los supuestos «invasores» musulmanes o de la yihad contra los cristianos, en Christchurch y Colombo se han cavado las trincheras de una guerra de religiones que los extremistas de ambos bandos quieren propagar por todo el mundo. Además de las tumbas de cientos de inocentes que lo único que hacían era rezar en sus respectivos lugares sagrados. Con sus atentados masivos, y convenientemente difundidos por las redes sociales, los radicales solo persiguen provocar una cadena de represalias que siga retroalimentándose y desate el odio global. Acción-reacción: esa es la máxima de dos extremos que, una vez más, vuelven a tocarse usando los mismos discursos y estrategias. ABC ha estado cubriendo las dos masacres sobre el terreno y en ambas ha visto lo mismo: radicales que mataban en nombre de una raza o religión y víctimas rotas por el dolor y la incomprensión. Si le cambiamos las palabras al manifiesto supremacista del australiano Brenton Tarrant, quien mató a tiros a medio centenar de musulmanes en las mezquitas neozelandesas, lo que dice es lo mismo que el clérigo radical Mohamed Zahran Hashim en su vídeo reivindicando en nombre del Daesh los ataques suicidas contra las iglesias ceilanesas, que se cobraron más de 250 vidas. Con fusil al hombro, hasta lucen el mismo negro siniestro en el traje paramilitar que viste uno y la túnica que lleva el otro. «Aunque se ha especulado sobre la conexión entre el tiroteo de Nueva Zelanda y el atentado de Nueva Zelanda, este se empezó a organizar antes porque un ataque así requiere meses de preparación. Además, Tarrant cometió su matanza en nombre de la raza porque es un supremacista blanco. Pero los yihadistas estarán muy satisfechos si el mundo lo percibe como una guerra entre el islam y el cristianismo», advierte por teléfono desde Estados Unidos Colin Clarke, experto del Centro Soufan. Autor del libro «After the Caliphate» («Después del Califato»), calcula que entre 40 y 50 ceilaneses fueron a luchar a Siria para el Daesh y podrían haber regresado, como sospechan las autoridades locales. «El ataque ha sorprendido porque el grupo que lo ha cometido ?la Organización Nacional de Monoteísmo (National Thowheeth Jama´ath) del clérigo Hashim? no era conocido», analiza Clarke. Pero, a su juicio, «Sri Lanka es un país ideal para que actúen los yihadistas porque puede haber armas y explosivos por su pasado en guerra», señala refiriéndose a las tres décadas de conflicto con los Tigres Tamiles, la guerrilla que buscaba la independencia de esta etnia hinduista y fue derrotada en 2009. De hecho, la Policía investiga a muchos de sus antiguos miembros por si hubiera conexiones con esta masacre, ya que los Tigres Tamiles fueron pioneros en los atentados suicidas y perfeccionaron tanto los chalecos bomba que llegaron a perpetrar más de 160 ataques de este tipo. Siguiendo con la dinámica de «acción-reacción» que persiguen los terroristas, Clarke alerta de que «el próximo mes se celebra el Ramadán y podemos esperar algún atentado parecido en otros países». En medio de una creciente tensión religiosa, la comunidad musulmana ha condenado los atentados contra las iglesias colgando carteles de condolencias en sus mezquitas. «El islam no ampara ni matar ni suicidarse. Quienes lo hacen diciendo que actúan en nombre de Alá no son auténticos musulmanes», criticaba el viernes Mohamed Nafees Ashraff a las puertas de la majestuosa Mezquita Roja de Colombo. Dueño de una tienda de ropa cercana, ubicada en este barrio donde abundan los comercios de musulmanes, se había ofrecido voluntario para vigilar la entrada y salida de fieles a la oración del mediodía, la más importante para esta religión. «La gente de Nueva Zelanda se conmovió y nos apoyó mucho a los musulmanes. Hoy, nosotros sentimos lo que los extremistas le han hecho a los cristianos y vamos a rezar por ellos y a ayudarlos», promete temiendo que acaben pagando justos por pecadores y se estigmatice a su religión. Pero el daño ya está hecho y se ha abierto una brecha entre cristianos y musulmanes, que representan, respectivamente, el 7,6 y 9,6 por ciento de este país budista de 22 millones de habitantes. «Había cierta relación con los vecinos musulmanes, a los que saludábamos y les decíamos ?hola, hermano, hola hermana?, pero ahora los estamos evitando porque son de la misma religión que los terroristas. Aunque es muy triste, no podemos confiar en ellos y no queremos ni verlos», reconoce Cristina Fernando, herida en el atentado en la iglesia de San Antonio. Lo más triste de todo es que, al final, tan inocentes son las víctimas de Sri Lanka como las de Nueva Zelanda, entre las que había muchos refugiados que habían huido de la guerra o de la persecución que sufrían en sus propios países. Una guerra y una persecución que, con su estrategia de «acción-reacción», los extremistas de cada bando quieren llevar a todo el mundo.
28-04-2019 | Fuente: abc.es
Los yihadistas de Sri Lanka reviven el horror suicida de los Tigres Tamiles
Llevando su locura hasta el final, los yihadistas de Sri Lanka están dispuestos a morir matando, incluso a sus propias esposas e hijos si no pueden llevarse por delante a nadie más. Cercados por la Policía en un escondrijo de la costa oriental, cerca de la ciudad de Kalmunai, seis terroristas del grupo que atentó hace una semana contra iglesias y hoteles de lujo se enfrentaron a tiros y bombazos cuando iban a ser detenidos el viernes por la noche. Tras un tiroteo de una hora, en el que tres de ellos fueron abatidos por las Fuerzas Especiales fuera de la casa, los otros tres se hicieron expotar en su interior. Cuando, ya al amanecer, los agentes y soldados entraron en la chamuscada vivienda, les aguardaba el horror. Junto a los cuerpos reventados de los tres kamikazes, encontraron los cadáveres carbonizados de tres mujeres y seis niños, que serían familia de los terroristas. Lo mismo hizo el domingo pasado la esposa embarazada de uno de los terroristas suicidas que atacaron los hoteles de Colombo, quien se hizo estallar junto a sus hijos cuando la Policía se personó en su casa para registarla, matando a tres agentes. En el asalto del viernes noche, las fuerzas de seguridad no sufrieron ninguna baja, pero sí confirmaron la muerte de un civil alcanzado por el fuego cruzado. Además, la agencia Reuters informó ayer de que había una mujer y una niña heridas. Al parecer, serían la esposa e hija del cabecilla del grupo, el clérigo radical Mohamed Zahran Hashim, quien se inmoló el pasado domingo en el restaurante del hotel Shangri-La de Colombo a la hora del desayuno. Mientras las imágenes emitidas por Reuters muestran a los soldados sacando en brazos a una niña que parece conomocionada, fuentes policiales revelaron a dicha agencia que la esposa de Hashim está grave. Entre las cenizas y cascotes del enfrentamiento, los agentes encontraron explosivos en abundancia en la vivienda, ubicada al sur de otra ciudad también atacada el Domingo de Resurreción, Batticaloa. En esta zona de población musulmana, que se llama Saindamarud y está a 370 kilómetros al este de Colombo, la Policía registró otra casa donde el grupo terrorista pudo haber grabado el vídeo reivindicando los atentados. Allí se encontraron la bandera del Estado Islámico (Daesh) que aparece de fondo y los uniformes negros que visten los ochos terroristas, así como un dron, 150 cartuchos de explosivos y miles de bolas de acero para cargar de metralla las bombas de sus kamikazes. Con sus inmolaciones, los yihadistas de Sri Lanka reviven el horror de los Tigres Tamiles, la guerrilla hinduista que luchó tres décadas por su independencia hasta su derrota en 2009. Pioneros de los atentados suicidas, perpetraron 160 ataques de este tipo, que perfeccionaron con chalecos bomba muy sofistificados. Debido a tan trágicos precedentes, el último enfrentamiento ha vuelvo a disparar la tensión en Sri Lanka, donde hoy se cumple una semana de los salvajes atentados en cadena que dejaron 250 muertos y medio millar de heridos. Bajo la psicosis terrorista, la Iglesia católica ha suspendido todas las misas por seguridad. En su lugar, el arzobispo de Colombo, cardenal Malcom Ranjith, dirá una homolía desde su residencia que será emitida por televisión y en Negombo, donde más de cien personas fueron asesinadas en la iglesia de San Sebastián, se celebrará un acto de recuerdo en la carpa fuera del dañado templo. Para impedir nuevos ataques, el Ejército ha desplegado a 10.000 soldados por toda la isla, que están buscando a los terroristas huidos con explosivos. Tras la detención de alrededor de un centenar, entre los que hay yihadistas de Siria y Egipto, aún quedan otros cuarenta dispuestos a asestar otro golpe en cuanto puedan. Más de una treintena son ceilaneses que han vuelto de luchar a las órdenes de Daesh en Siria e Irak, adonde empezaron a marcharse jóvenes musulmanes radicalizados a partir de 2013. Muchos de ellos proceden de esta región del este de Sri Lanka, donde también nació y predicó el clérigo Hashim. En Katanduky, un área pequeña densamente poblada por la comunidad musulmana, hay 63 mezquitas y, según el periódico local «The Daily Mirror», once de ellas predican el fundamentalismo wahabista. Aunque las mezquitas moderadas aseguran haber denunciado a las autoridades los mensajes de odio que pregonaba Hashim, no hicieron nada y este desapareció en marzo de 2017 tras un incidente armado con un grupo sufí contrario a su radicalismo. Sus compañeros de la Organización Nacional de Monoteísmo (National Thowheeth Jama´ath) reniegan ahora de su violencia, pero el presidente del país, Maithripala Sirisena, prohibió ayer este grupo y otra formación llamada Jamathei Milathu Ibrahim para acabar con el extremismo. En medio de una creciente tensión religiosa, la Policía detuvo ayer a una persona con 40 machetes en una mezquita y a otras tres con granadas y cuchillos. Justo lo que pretendían los terroristas: empezar una guerra de religiones en Sri Lanka.
27-04-2019 | Fuente: abc.es
Un muerto y tres heridos en un ataque a una sinagoga en California
El presunto autor del tiroteo de este sábado en una sinagoga cerca de San Diego (California), identificado como John Earnest de 19 años, dejó escrito un manifiesto antisemita en las redes sociales y reconoció haberse inspirado en la matanza perpetrada el 15 de marzo en Nueva Zelanda. El tiroteo en una sinagoga de la localidad estadounidense de Poway, a 30 kilómetros al norte de San Diego, dejó una persona muerta y tres heridos. El alcalde de Poway, Steve Vaus, indicó que todo hacía indicar un «crimen de odio» dadas las declaraciones del autor del tiroteo al entrar en la sinagoga. En rueda de prensa, el sheriff de la ciudad, William Gore, confirmó la identidad del presunto autor del tiroteo como John Earnest, un joven de raza blanca de 19 años que llevaba un rifle AR-15. Gore señaló que habían localizado una «carta abierta» firmada por una persona del mismo nombre en la que reconocía su odio a los judíos y prometía defender su raza europea. Asimismo, explicaba que tomó la decisión de llevar a cabo el tiroteo en la sinagoga tras conocer la matanza de Nueva Zelanda del pasado mes, en la que 50 personas resultaron muertas y otras tantas heridas cuando un supremacista blanco abrió fuego contra las personas presentes en dos mezquitas. Por su parte, el presidente estadounidense, Donald Trump, subrayó en un acto electoral en Wisconsin que «esta noche el corazón de EE.UU. está con las víctimas del horroroso tiroteo de Poway». «La nación entera llora la pérdida de vida, y reza por los heridos, y está en pie en solidaridad con la comunidad judía. Condenamos con contundencia el mal de antisemitismo y el odio, que debe ser derrotado», afirmó Trump. Poway es una pequeña localidad de 50.000 habitantes a 30 kilómetros al norte de San Diego. El año pasado un hombre entró en una sinagoga en Pittsburgh (Pensilvania) y abrió fuego contra los asistentes, provocando la muerte a 11 personas, en el mayor ataque contra la comunidad judía en la historia reciente de Estados Unidos.
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