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Noticias de justicia

06-06-2022 | Fuente: marca.com
La ida de cabeza de un entrenador argentino impidiendo un saque de banda y su pique con Gallardo
Beccacece, entrenador de Defensa y Justicia, fue el protagonista de la última jornada en el fútbol argentino por una acción poco deportiva y su posterior pique con Gallardo  Leer
05-06-2022 | Fuente: abc.es
Putin no hace caso a nadie y sigue obcecado en continuar su devastadora, sangrienta e injustificada guerra
El descontento general en la sociedad rusa por la «devastadora, sangrienta e injustificada guerra» que el presidente Vladímir Putin ha desencadenado contra el país vecino, contra Ucrania, cuyos pobladores, al igual que los rusos, son eslavos orientales y siempre se les consideró «hermanos», es más que palpable. Cada vez son más los empresarios, artistas, antiguos altos funcionarios, economistas y científicos que huyen de Rusia. Dimiten de sus cargos, liquidan sus negocios, abandonan sus cátedras, dejan sus teatros o cancelan espectáculos. Hasta entre los más próximos a Putin se adivinan disensiones. El ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, el jefe del Estado mayor del Ejército, Valeri Guerásimov, el director de del FSB (antiguo KGB), Alexánder Dvórnikov, o el comandante en jefe de la Flota del Mar Negro, el almirante, Ígor Ósipov, parecen no pintar ya nada. Nominalmente mantienen sus cargos, pero Putin ya no confía en ellos por calcular mal la ofensiva, por el alto número de bajas y por la lentitud con la que discurre el avance de las tropas. El politólogo Stanislav Belkovski sostiene que «Putin ha comenzado a dirigir personalmente la operación militar en Ucrania» con órdenes directas a los oficiales sobre el terreno. Según sus palabras, «la Operación Z permanece bajo el control total de Putin. No existe una sola figura que pueda imponerle una solución que a él no le interese». El presidente ruso, a juicio de Belkovski, «admite que el comienzo de la ofensiva no tuvo éxito y lo que debía haber sido una guerra relámpago fracasó. Por eso decidió tomar el mando, como hizo el zar Nicolás II durante la Primera Guerra Mundial». El alto número de víctimas entre los civiles ucranianos, las atrocidades cometidas en Bucha, las abultadas bajas en los dos bandos, la destrucción de ciudades enteras, como ha sucedido con Mariúpol, y la ausencia de argumentos sólidos que justifiquen la guerra no han disuadido a Putin de la necesidad de dar marcha atrás. Su poder prácticamente absoluto le permite desoír cualquier consejo sensato ante la ausencia de contrapesos y de una dirección más colegiada. Nadie ha concentrado tanto poder en 100 años Y es que casi nadie en Rusia en más de cien años ha concentrado tanto poder como para permitirse el lujo de actuar en solitario. Hasta se permite abroncar en público a sus más estrechos colaboradores como sucedió el pasado 21 de febrero, tres días del comienzo de la guerra contra Ucrania, cuando durante una reunión del Consejo de Seguridad, retransmitida por los principales canales de televisión, humilló al director del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), Serguéi Narishkin. En la época zarista, la corona rusa era un ejemplo más de absolutismo en la Europa de entonces, aunque el poder de aquellos monarcas estaba en ocasiones repartido en manos de allegados y validos. Uno de los personajes que más influyó en las decisiones Nicolás II fue el monje Grigori Rasputin, a quien su esposa Alejandra consideraba un «iluminado». Tras la Revolución de Octubre (1917), el poder de su cabecilla, Vladímir Lenin, pese a ser determinante, estuvo sometido en cierta manera al control de los Sóviets y del Politburó, órgano máximo de dirección y con carácter permanente. Más adelante, con Iósif Stalin ya en el Kremlin, las conjuras se tejían a nivel del Comité Central del Partido Comunista y del Politburó, algunos de cuyos miembros terminaron siendo purgados, enviados al Gulag o fusilados. Stalin logró instalar una sangrienta dictadura, pero en ocasiones bajo la supervisión del Politburó o de algunos de sus miembros, como fue el caso de Lavrenti Beria. El control del Comité Central y Politburó Todos los secretarios generales del PCUS tuvieron un peso más que significativo a la hora de tomar decisiones, pero sin que la cúpula del partido los perdiera de vista. Hasta el punto de que, como le sucedió a Nikita Jrushiov, podían ser destituidos. Todos los demás en adelante (Leonid Brézhnev, Yuri Andrópov, Konstantín Chernenko y Mijaíl Gorbachov) estaban obligados a mantenerse dentro de las directrices generales emanadas de los Congresos del partido, del Comité Central y del Politburó. Tras la desintegración de la URSS, el predecesor de Putin, Borís Yeltsin, puso en marcha una nueva Constitución de talante marcadamente presidencialista. Lo hizo tras un choque armado con el Parlamento, al que cañoneó sin piedad. Pero Yeltsin, no obstante, estuvo sometido a poderes fácticos como el empresarial, el mediático y controlado en cierta medida por el Parlamento. Respetó además el poder judicial. Las elecciones, pese a numerosos defectos, eran calificadas de «democráticas» por la Comunidad Internacional. El primer presidente de la Rusia postsoviética tuvo además que bregar con los militares, sobre todo después de embarcarse en una catastrófica guerra en Chechenia. El actual presidente ruso, sin embargo, ya desde el primer momento, empezó a desmontar la imperfecta democracia construida por su mentor. Primero reforzó sus ya abultados poderes hasta lograr una centralización comparable solamente a la existente en la época de Stalin, aunque con apariencia de democracia. Seguidamente hizo que la propiedad cambiara de manos, especialmente en el sector energético, a favor de empresarios afines. Llevó a cabo así una nacionalización encubierta de los principales sectores económicos. Después la emprendió con la prensa independiente. Canales de televisión, emisoras de radio y los principales diarios fueron adquiridos por empresas estatales, como el monopolio energético Gazprom, o por corporaciones dirigidas por oligarcas fieles al presidente. Más poder que Stalin El siguiente paso fue apuntalar la llamada «vertical del poder», que condujo a la abolición de las elecciones de gobernadores regionales, a una draconiana y arbitraria ley de partidos, a una criba sin precedentes de las organizaciones no gubernamentales y a la aprobación de una ley contra el extremismo que criminaliza a todo aquel que no comparta el punto de vista oficial. Las dos Cámaras del Parlamento, copadas por el partido del Kremlin «Rusia Unida», son verdaderos apéndices de la Presidencia y la Justicia es una correa de transmisión de sus intereses políticos como se ha demostrado en procesos claramente amañados, entre ellos el que mantiene en prisión al principal líder opositor, Alexéi Navalni. Como ha venido denunciando Navalni, en Rusia la división de poderes no existe ni tampoco elecciones auténticamente democráticas, ya que, según sus indagaciones, la manipulación de los resultados de las votaciones es algo habitual. Putin hizo encima que se enmendara en 2020 la Constitución a fin de poder presentarse a dos mandatos más, lo que supondría mantenerse al frente del país hasta 2036. Para desmontar la precaria democracia que construyó su predecesor, Putin se ha valido siempre de los servicios de inteligencia. La necesidad de un «estado fuerte» fue siempre una obsesión para él. En ese camino fueron muchos los que acabaron en prisión. Otros cayeron tiroteados o envenenados sin que, en la mayoría de las ocasiones, se haya podido esclarecer quién encargó los crímenes. El número de exiliados políticos ha ido en aumento y ahora, tras la invasión de Ucrania, se ha acrecentado hasta el extremo de que el mandatario ruso ha logrado vaciar el país de opositores. El resultado de esta feroz política es que Putin ha eliminado cualquier contrapeso. Tiene un poder equiparable al que tuvo Stalin e incluso más, ya que no tiene que rendir cuentas ante ningún «comité central». Él mismo afirma que sólo el «pueblo» puede cuestionar sus decisiones, ponerle al mando o quitarle. Y eso se mide mediante unas elecciones que sus adversarios han considerado siempre trucadas. De manera que el presidente es en solitario el único centro de decisión en Rusia, el único que da las órdenes en relación con la intervención armada en Ucrania.
05-06-2022 | Fuente: abc.es
Putin acumula más poder en Rusia que Stalin o el zar Nicolás II
El descontento general en la sociedad rusa por la «devastadora, sangrienta e injustificada guerra» que el presidente Vladímir Putin ha desencadenado contra el país vecino, contra Ucrania, cuyos pobladores, al igual que los rusos, son eslavos orientales y siempre se les consideró «hermanos», es más que palpable. Cada vez son más los empresarios, artistas, antiguos altos funcionarios, economistas y científicos que huyen de Rusia. Dimiten de sus cargos, liquidan sus negocios, abandonan sus cátedras, dejan sus teatros o cancelan espectáculos. Hasta entre los más próximos a Putin se adivinan disensiones. El ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, el jefe del Estado mayor del Ejército, Valeri Guerásimov, el director de del FSB (antiguo KGB), Alexánder Dvórnikov, o el comandante en jefe de la Flota del Mar Negro, el almirante, Ígor Ósipov, parecen no pintar ya nada. Nominalmente mantienen sus cargos, pero Putin ya no confía en ellos por calcular mal la ofensiva, por el alto número de bajas y por la lentitud con la que discurre el avance de las tropas. El politólogo Stanislav Belkovski sostiene que «Putin ha comenzado a dirigir personalmente la operación militar en Ucrania» con órdenes directas a los oficiales sobre el terreno. Según sus palabras, «la Operación Z permanece bajo el control total de Putin. No existe una sola figura que pueda imponerle una solución que a él no le interese». El presidente ruso, a juicio de Belkovski, «admite que el comienzo de la ofensiva no tuvo éxito y lo que debía haber sido una guerra relámpago fracasó. Por eso decidió tomar el mando, como hizo el zar Nicolás II durante la Primera Guerra Mundial». El alto número de víctimas entre los civiles ucranianos, las atrocidades cometidas en Bucha, las abultadas bajas en los dos bandos, la destrucción de ciudades enteras, como ha sucedido con Mariúpol, y la ausencia de argumentos sólidos que justifiquen la guerra no han disuadido a Putin de la necesidad de dar marcha atrás. Su poder prácticamente absoluto le permite desoír cualquier consejo sensato ante la ausencia de contrapesos y de una dirección más colegiada. Nadie ha concentrado tanto poder en 100 años Y es que casi nadie en Rusia en más de cien años ha concentrado tanto poder como para permitirse el lujo de actuar en solitario. Hasta se permite abroncar en público a sus más estrechos colaboradores como sucedió el pasado 21 de febrero, tres días del comienzo de la guerra contra Ucrania, cuando durante una reunión del Consejo de Seguridad, retransmitida por los principales canales de televisión, humilló al director del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), Serguéi Narishkin. En la época zarista, la corona rusa era un ejemplo más de absolutismo en la Europa de entonces, aunque el poder de aquellos monarcas estaba en ocasiones repartido en manos de allegados y validos. Uno de los personajes que más influyó en las decisiones Nicolás II fue el monje Grigori Rasputin, a quien su esposa Alejandra consideraba un «iluminado». Tras la Revolución de Octubre (1917), el poder de su cabecilla, Vladímir Lenin, pese a ser determinante, estuvo sometido en cierta manera al control de los Sóviets y del Politburó, órgano máximo de dirección y con carácter permanente. Más adelante, con Iósif Stalin ya en el Kremlin, las conjuras se tejían a nivel del Comité Central del Partido Comunista y del Politburó, algunos de cuyos miembros terminaron siendo purgados, enviados al Gulag o fusilados. Stalin logró instalar una sangrienta dictadura, pero en ocasiones bajo la supervisión del Politburó o de algunos de sus miembros, como fue el caso de Lavrenti Beria. El control del Comité Central y Politburó Todos los secretarios generales del PCUS tuvieron un peso más que significativo a la hora de tomar decisiones, pero sin que la cúpula del partido los perdiera de vista. Hasta el punto de que, como le sucedió a Nikita Jrushiov, podían ser destituidos. Todos los demás en adelante (Leonid Brézhnev, Yuri Andrópov, Konstantín Chernenko y Mijaíl Gorbachov) estaban obligados a mantenerse dentro de las directrices generales emanadas de los Congresos del partido, del Comité Central y del Politburó. Tras la desintegración de la URSS, el predecesor de Putin, Borís Yeltsin, puso en marcha una nueva Constitución de talante marcadamente presidencialista. Lo hizo tras un choque armado con el Parlamento, al que cañoneó sin piedad. Pero Yeltsin, no obstante, estuvo sometido a poderes fácticos como el empresarial, el mediático y controlado en cierta medida por el Parlamento. Respetó además el poder judicial. Las elecciones, pese a numerosos defectos, eran calificadas de «democráticas» por la Comunidad Internacional. El primer presidente de la Rusia postsoviética tuvo además que bregar con los militares, sobre todo después de embarcarse en una catastrófica guerra en Chechenia. El actual presidente ruso, sin embargo, ya desde el primer momento, empezó a desmontar la imperfecta democracia construida por su mentor. Primero reforzó sus ya abultados poderes hasta lograr una centralización comparable solamente a la existente en la época de Stalin, aunque con apariencia de democracia. Seguidamente hizo que la propiedad cambiara de manos, especialmente en el sector energético, a favor de empresarios afines. Llevó a cabo así una nacionalización encubierta de los principales sectores económicos. Después la emprendió con la prensa independiente. Canales de televisión, emisoras de radio y los principales diarios fueron adquiridos por empresas estatales, como el monopolio energético Gazprom, o por corporaciones dirigidas por oligarcas fieles al presidente. Más poder que Stalin El siguiente paso fue apuntalar la llamada «vertical del poder», que condujo a la abolición de las elecciones de gobernadores regionales, a una draconiana y arbitraria ley de partidos, a una criba sin precedentes de las organizaciones no gubernamentales y a la aprobación de una ley contra el extremismo que criminaliza a todo aquel que no comparta el punto de vista oficial. Las dos Cámaras del Parlamento, copadas por el partido del Kremlin «Rusia Unida», son verdaderos apéndices de la Presidencia y la Justicia es una correa de transmisión de sus intereses políticos como se ha demostrado en procesos claramente amañados, entre ellos el que mantiene en prisión al principal líder opositor, Alexéi Navalni. Como ha venido denunciando Navalni, en Rusia la división de poderes no existe ni tampoco elecciones auténticamente democráticas, ya que, según sus indagaciones, la manipulación de los resultados de las votaciones es algo habitual. Putin hizo encima que se enmendara en 2020 la Constitución a fin de poder presentarse a dos mandatos más, lo que supondría mantenerse al frente del país hasta 2036. Para desmontar la precaria democracia que construyó su predecesor, Putin se ha valido siempre de los servicios de inteligencia. La necesidad de un «estado fuerte» fue siempre una obsesión para él. En ese camino fueron muchos los que acabaron en prisión. Otros cayeron tiroteados o envenenados sin que, en la mayoría de las ocasiones, se haya podido esclarecer quién encargó los crímenes. El número de exiliados políticos ha ido en aumento y ahora, tras la invasión de Ucrania, se ha acrecentado hasta el extremo de que el mandatario ruso ha logrado vaciar el país de opositores. El resultado de esta feroz política es que Putin ha eliminado cualquier contrapeso. Tiene un poder equiparable al que tuvo Stalin e incluso más, ya que no tiene que rendir cuentas ante ningún «comité central». Él mismo afirma que sólo el «pueblo» puede cuestionar sus decisiones, ponerle al mando o quitarle. Y eso se mide mediante unas elecciones que sus adversarios han considerado siempre trucadas. De manera que el presidente es en solitario el único centro de decisión en Rusia, el único que da las órdenes en relación con la intervención armada en Ucrania.
05-06-2022 | Fuente: abc.es
La 'doble deuda' con la que Francia ahogó a Haití en el siglo XIX
Bajo el calor sofocante, a veces húmedo, y sometidos a un trabajo arduo, en el que había que esquivar las picaduras de las serpientes y los insectos, procurar no resultar herido durante la faena en los molinos y evitar los latigazos o los castigos del siniestro Código Negro, los esclavos de las plantaciones de Santo Domingo cultivaban la caña de azúcar y convertían su tierra en la colonia más rica del Caribe. En su libro ?Haiti. The Aftershocks of History? (Picador, 2012), Laurent Dubois, uno de los historiadores que han investigado el asombroso pasado de ese Santo Domingo que luego se llamó Haití, y que en los medios de comunicación suele aparecer asociado a noticias sobre catástrofes y desastres naturales, como si fuera un lugar condenado al sufrimiento y la desdicha, describe el ambiente que alumbró la revuelta de esclavos de 1791, uno de los acontecimientos más fascinantes del siglo XVIII. Para comprender las tragedias que siguieron a esa revuelta -en la actualidad, Haití es el país más pobre de América y uno de los más pobres del mundo, situado en los últimos puestos del Índice de Desarrollo Humano-, el periódico estadounidense ?The New York Times? (NYT) publicó la semana pasada una serie de artículos de fondo histórico, en los que explicaba lo que sucedió durante las décadas posteriores. Se trata de un gran trabajo periodístico que ha tenido una doble repercusión, pues no solo ha trasladado a la opinión pública los entresijos de un período apasionante, sino que también ha abierto un debate sobre la manera de relacionarse de reporteros e historiadores. Una litografía del siglo XIX representa al presidente haitiano Jean-Pierre Boyer recibiendo la ordenanza de Carlos X - Biblioteca Nacional de Francia Una nueva cadena Con los abusos del banco francés Crédit Industriel et Commercial (CIC) a finales del siglo XIX y la ocupación estadounidenses a principios del XX, el NYT citaba como una de las causas del subdesarrollo de Haití la suma que Francia obligó a pagar en julio de 1825 a su antigua colonia. Para conseguir que el Rey Carlos X reconociera su independencia y espantar el fantasma de una incursión militar -las tropas napoleónicas llegaron a la isla en 1802, pero al año siguiente fueron derrotadas-, los haitianos aceptaron pagar 150 millones de francos para indemnizar a los antiguos colonos propietarios o sus descendientes, una cifra que luego se redujo a 90 millones. Según los cálculos de los reporteros del rotativo neoyorquino, la suma total abonada a lo largo de seis décadas equivalió a 560 millones de dólares actuales, lo que provocó la pérdida de entre 21 mil y 115 mil millones para el crecimiento del país. Superado por la cantidad, a Puerto Príncipe no le quedó más remedio que endeudarse con bancos franceses, lo que originó la llamada ?doble deuda?. Profesora en la Escuela Normal Superior de la Universidad Estatal de Haití y miembro de la Sociedad Haitiana de Historia, Gusti-Klara Gaillard (1) ha aportado información valiosa para conocer este episodio. A través del análisis de un documento llamado ?Rapport au Roi? (?Informe para el Rey?) redactado por una comisión nombrada por Carlos X en septiembre de 1825 -un documento que, entre otras cosas, contiene una propuesta de artículos para la ley sobre el pago de las indemnizaciones y establece un precio para cada tipo de esclavo-, Gaillard ha concluido que, para obtener su independencia, los haitianos tuvieron que indemnizar a los colonos propietarios por la pérdida de sus bienes inmuebles y también de los esclavos que estaban asociados a los mismos. Se trata de un hallazgo clave, que la historiadora desarrolla en ?La deuda de la independencia. La libertad del género humano monetizada (1791-1825)?, un artículo de próxima publicación. Como Gaillard recuerda, otro presidente haitiano, Alexandre Pétion, ya había contemplado en la primera década del siglo XIX pagar una indemnización a Francia, pero que, en ningún caso, incluyera la pérdida de los esclavos, pues estos habían llevado a cabo una revuelta exitosa entre 1791 y 1793 y se habían convertido en ciudadanos franceses libres con el decreto aprobado por la Convención Nacional en febrero de 1794. Según los cálculos de 'The New York Times', la suma total abonada a Francia lo largo de varias décadas equivalió a 560 millones de dólares actuales, lo que provocó a Haití la pérdida de entre 21 mil y 115 mil millones para su crecimiento «El pago de la deuda es una de las principales razones del subdesarrollo de Haití, pero no podemos decir que sea la única. Hay un contexto más general. Se puede decir que el subdesarrollo empezó en el siglo XVII, desde el inicio de la época colonial», explica el historiador y abogado Malick Ghachem, profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés). «Es difícil saber si la deuda es la causa del subdesarrollo. Pudo jugar un papel, pero no hay que caer en la historia contrafactual, tomando solo la hipótesis de un desarrollo virtuoso de la isla en el caso de que no la hubiera habido. Hay que ver todas las posibilidades. Haití fue escenario de guerras civiles a principios del siglo XIX y se puede plantear que el dinero se hubiera perdido en gastos militares. Es muy difícil hacer hipótesis en períodos tan largos», añade el historiador Paul Chopelin, profesor de la Universidad Jean Moulin Lyon 3. «Santo Domingo fue la colonia más importante del primer imperio francés, la más rica gracias a la caña de azúcar, pero una de las más terribles a nivel humano. Los esclavos llegados desde África sumaban el 90 por ciento de la población», resume el historiador Paul Cohen, profesor de la Universidad de Toronto. «Antes del año 2000, esta historia era ignorada por la mayor parte de los franceses y evocada de manera muy rápida en los programas escolares. Todo empezó a cambiar con la ley Taubira». Promulgada en mayo de 2001, la ley Taubira recibe su nombre de Christiane Taubira, exdiputada por Guayana que llegó a ser ministra de Justicia del expresidente François Hollande. En su primer artículo, establece que la trata negrera y el esclavismo constituyen un crimen contra la humanidad, y reclama, en el segundo, que ese fenómeno histórico se incluya en los programas escolares y se convierta en objeto de investigaciones históricas. Dos años después, el por entonces presidente de Haití Jean-Bertrand Aristide reclamó a Francia devolver la indemnización de la independencia, que cifró en unos 22 mil millones de dólares. Según el libro ?A Concise History of the Haitian Revolution? (Wiley-Blackwell, 2011) de Jeremy D. Popkin, «el Gobierno francés rechazó firmemente la petición de Aristide, y la irritación francesa contra él por sacar el tema a la luz ha sido citada como una de las razones por las que ese país se unió a Estados Unidos para forzar a Aristide a abandonar su puesto en febrero de 2004». El expresidente haitiano Jean-Bertrand Aristide reclamó a Francia devolver la indemnización de independencia, que cifró en unos 21,7 mil millones de dólares Periodismo histórico «El expresidente Hollande visitó Guadalupe en mayo de 2015 y dijo que iba a pagar la deuda de Francia cuando llegara a Haití. Llegó a Haití y dijo que la deuda de Francia era moral, pero no financiera», señala Ghachem. «Es un tema difícil, porque el Quai d?Orsay no quiere abrir esta cuestión, que tiene implicaciones en las relaciones de Francia con sus antiguas colonias, no solo del norte de África, sino también del oeste, y del sur de Asia», añade. «Creo que pocos franceses saben que Haití fue una colonia en el siglo XVIII, y que hay traumas más recientes, como la Segunda Guerra Mundial y la guerra de Argelia, que acaparan más la atención», comenta, por su parte, Chopelin. «Los artículos del NYT dan la impresión de que el episodio de la deuda ha sido ocultado de la historia de Francia, pero es que todo el siglo XIX es mal conocido y poco enseñado», considera. Aunque los historiadores consultados alaban el trabajo del periódico estadounidense y celebran su alcance -por ejemplo, el banco CIC anunció a través de un comunicado que va a financiar «trabajos universitarios independientes» para aclarar el papel que jugó en Haití hace dos siglos-, muchos también han afeado al NYT sus pretensiones, como si hubiera abordado un tema apartado por otros investigadores. «Los historiadores no dicen que el NYT se haya equivocado, sino que han exagerado su propia contribución, minimizando las de otros expertos», señala Cohen, que se pronunció minuciosamente en Twitter sobre la polémica. «Con todo, hay que decir y repetir que lo que han hecho es magnífico, porque han demostrado el extraordinario potencial de un periodismo histórico, de un matrimonio entre investigación histórica y periodismo», concluye. Notas: (1) Gusti-Klara Gaillard está habilitada para dirigir investigaciones (Universidad de París 1 Panteón Sorbona) sobre 'Haití-Francia: una práctica de las relaciones desiguales en los siglos XIX y XX. Economía, política, cultura'. Su trabajo sobre la indemnización que Haití pagó a Francia en el siglo XIX se apoyó en los trabajos de antiguos historiadores (Jean Fouchard, el padre Cabon..) y de colegas actuales (J-.F. Brière, M. Lewis, P. Force, F. Beauvois), además de en la ley Taubira.
04-06-2022 | Fuente: abc.es
Condenado el presidente de Colombia a cinco días de arresto domiciliario por no proteger un parque natural
El presidente de Colombia, Iván Duque, ha sido condenado a cinco días de arresto domiciliario por incumplir una sentencia para la protección del Parque Nacional Natural Los Nevados. El Tribunal Superior de Ibagué ha publicado este sábado el fallo por desacato a una sentencia de la Corte Suprema de Justicia en la que declaró como sujeto de derechos al Parque. La sentencia considera que el Gobierno que encabeza Duque no ha cumplido con la creación de una Comando Especial de la Fuerza Pública para delitos ambientales en ese parque nacional. «Declarar en desacato de la orden impartida en el aparte (i) por la Sala de Casación Laboral de la Honorable Corte Suprema de Justicia en la sentencia STL10716 de 2020, al señor presidente de la República de Colombia, Doctor IVÁN DUQUE MÁRQUEZ, de conformidad con la parte motiva de esta providencia», indica el documento. Por ello ordena como sanción por el desacato imponerle al presidente Iván Duque «medida de arresto domiciliario por cinco (5) días, para cuyo cumplimiento se encarga al señor Director de la Policía Nacional o el Superior que atienda las funciones de policía en el Palacio de Nariño y multa equivalente a quince (15) salarios mínimos legales mensuales vigentes».
03-06-2022 | Fuente: elmundo.es
Emilio Lledó: "El nacionalismo es una máquina de cultivar ignorancia"
El profesor y filósofo publica, a los 94 años, un tratado de alertas donde reflexiona sobre conceptos esenciales de la modernidad: educación, ética, libertad, democracia, justicia o belleza 
03-06-2022 | Fuente: elmundo.es
Buscan a una anciana en Barcelona a quien su hijo se llevó por la fuerza en un taxi
La anciana, de 93 años, que se mueve en silla de ruedas y asistida por una cuidadora, acudió a la Ciudad de la Justicia por un trámite y a la saluda su hijo se presentó y la subió "a la fuerza" en un taxi tras "forcejear con la cuidadora" 
03-06-2022 | Fuente: elmundo.es
Los whatsapps acreditan que el jefe de los puertos informaba a Armengol de los concursos que amañaba
Gual de Torrella envió mensajes a la presidenta sobre el "arreglo" del concurso del club náutico de Ibiza y cuando le comunicó que la Justicia lo había tumbado la líder socialista le contestó: "¡Joder! Mala noticia" 
02-06-2022 | Fuente: abc.es
Von der Leyen anuncia en Varsovia la liberación de los fondos europeos para Polonia
Polonia vive la noticia con gran alivio. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado en Varsovia la liberación, condicionada al cumplimiento de las reformas judiciales, de los fondos europeos para el plan de recuperación pospandemia de Polonia, con un año de retraso respecto al resto de los socios europeos. «La UE seguirá de cerca la evolución de las reformas polacas en tres puntos: liquidación de la Sala Disciplinaria, reincorporación de los jueces destituidos y reforma del sistema judicial», ha advertido von der Leyen, en alusión a aquellos aspectos controvertidos de los cambios en la Justicia del país aprobados ya por Varsovia y pendientes de cumplimiento. En una comparecencia conjunta de Von der Leyen, el presidente polaco, Andrzej Duda, y el primer ministro, Mateusz Morawiecki, la presidenta de la Comisión Europea ha relacionado también la decisión con la solidaridad entre los estados europeos y su unidad en el apoyo a Ucrania, en especial en la recepción de millones de refugiados ucranianos por parte de Polonia, que ha elogiado por su generosidad. Pese a que el anuncio de Von der Leyen ha sido presentado por el Gobierno como «un éxito polaco», este paso no asegura por sí mismo el traspaso de los ansiados 35.400 millones de euros. En primer lugar, los Estados miembros de la Unión Europea deben aprobar el presupuesto polaco el 17 de junio en Luxemburgo y, si los avances en libertad judicial que realiza Polonia son satisfactorios para Bruselas, el desembolso escalonado del dinero comenzará con la llegada de la primera parte de los fondos prevista para septiembre. La previsión de gastos presentada por el Gobierno de Morawiecki destina el 43% de las inversiones en clima y medio ambiente y el 20% a la modernización y digitalización de la administración. Desde hace meses, el Gobierno polaco califica de «histórica» la «transformación» de las infraestructuras en todo el país que prevé llevar a cabo con estos fondos y von der Leyen ha declarado que espera «con ansias» las implementación de todos los proyectos y reformas. El anuncio de la liberación de los fondos europeos supone, además, una especie de enterramiento del hacha de guerra entre la Comisión y el gobierno polaco del partido nacionalista PiS. Tras varios cruces de acusaciones, en los que Morawiecki llegó a afirmar que Bruselas practicaba el«chantaje» económico contra su país, una propuesta de reforma realizada por el presidente Andrzej Duda fue acogida como «una señal positiva», y esta expresión fue a su vez aprovechada por Morawiecki la semana pasada para adelantar la esperada liberación de fondos. La invasión rusa de Ucrania es sin duda el detonante de una nueva buena voluntad por ambas partes de limar asperezas y mostrar un frente europeo tan unido como sea posible en todos los flancos, dejando en segundo plano diferencias que empequeñecen ante la magnitud de la amenaza que Polonia tiene a sus puertas. A la espera de que von der Leyen concrete los términos en los que se transferirán los fondos europeos a Polonia, el ejecutivo polaco saluda la noticia como un «éxito» internacional y doméstico de su diplomacia. En la Cumbre de Bruselas del pasado martes, Morawiecki aseguró estar «feliz de que este largo proceso quede atrás», pero lo cierto es que las disputas judiciales entre Varsovia y Bruselas siguen todavía pendientes.
02-06-2022 | Fuente: abc.es
Von der Leyen liberará los fondos europeos para Polonia si cumple con las reformas judiciales
Polonia vive la noticia con gran alivio. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha anunciado en Varsovia la liberación, condicionada al cumplimiento de las reformas judiciales, de los fondos europeos para el plan de recuperación pospandemia de Polonia, con un año de retraso respecto al resto de los socios europeos. «La UE seguirá de cerca la evolución de las reformas polacas en tres puntos: liquidación de la Sala Disciplinaria, reincorporación de los jueces destituidos y reforma del sistema judicial», ha advertido von der Leyen, en alusión a aquellos aspectos controvertidos de los cambios en la Justicia del país aprobados ya por Varsovia y pendientes de cumplimiento. En una comparecencia conjunta de Von der Leyen, el presidente polaco, Andrzej Duda, y el primer ministro, Mateusz Morawiecki, la presidenta de la Comisión Europea ha relacionado también la decisión con la solidaridad entre los estados europeos y su unidad en el apoyo a Ucrania, en especial en la recepción de millones de refugiados ucranianos por parte de Polonia, que ha elogiado por su generosidad. Pese a que el anuncio de Von der Leyen ha sido presentado por el Gobierno como «un éxito polaco», este paso no asegura por sí mismo el traspaso de los ansiados 35.400 millones de euros. En primer lugar, los Estados miembros de la Unión Europea deben aprobar el presupuesto polaco el 17 de junio en Luxemburgo y, si los avances en libertad judicial que realiza Polonia son satisfactorios para Bruselas, el desembolso escalonado del dinero comenzará con la llegada de la primera parte de los fondos prevista para septiembre. La previsión de gastos presentada por el Gobierno de Morawiecki destina el 43% de las inversiones en clima y medio ambiente y el 20% a la modernización y digitalización de la administración. Desde hace meses, el Gobierno polaco califica de «histórica» la «transformación» de las infraestructuras en todo el país que prevé llevar a cabo con estos fondos y von der Leyen ha declarado que espera «con ansias» las implementación de todos los proyectos y reformas. El anuncio de la liberación de los fondos europeos supone, además, una especie de enterramiento del hacha de guerra entre la Comisión y el gobierno polaco del partido nacionalista PiS. Tras varios cruces de acusaciones, en los que Morawiecki llegó a afirmar que Bruselas practicaba el«chantaje» económico contra su país, una propuesta de reforma realizada por el presidente Andrzej Duda fue acogida como «una señal positiva», y esta expresión fue a su vez aprovechada por Morawiecki la semana pasada para adelantar la esperada liberación de fondos. La invasión rusa de Ucrania es sin duda el detonante de una nueva buena voluntad por ambas partes de limar asperezas y mostrar un frente europeo tan unido como sea posible en todos los flancos, dejando en segundo plano diferencias que empequeñecen ante la magnitud de la amenaza que Polonia tiene a sus puertas. A la espera de que von der Leyen concrete los términos en los que se transferirán los fondos europeos a Polonia, el ejecutivo polaco saluda la noticia como un «éxito» internacional y doméstico de su diplomacia. En la Cumbre de Bruselas del pasado martes, Morawiecki aseguró estar «feliz de que este largo proceso quede atrás», pero lo cierto es que las disputas judiciales entre Varsovia y Bruselas siguen todavía pendientes.