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Noticias de guerra

26-05-2020 | Fuente: abc.es
El gran ausente
Este lunes fue Memorial Day en Estados Unidos. Una fiesta nacional creada para recordar a los caídos en la guerra civil americana y ampliada, tras la Primera Guerra Mundial, para honrar la memoria de todos los estadounidenses que realizaron el mayor sacrificio posible en el servicio a su Patria. En la práctica es un fin de semana largo en el que se combina la ilusión del final de curso y el arranque del verano con el patriótico respeto a todos los que yacen en cementerios militares como el de Arlington. Por la letal pandemia, el Memorial Day de este año ha resultado especialmente introspectivo. La conmovedora portada dominical del New York Times -nada más y menos que una lista de las víctimas del coronavirus entreverada con pequeños detalles personales- ha capturado el luto requerido por un país a punto de sumar los 100.000 muertos por una epidemia agravada por sus propias contradicciones: desde carencias en sanidad pública hasta sus dolorosos niveles de desigualdad. La cifra de 100.000 muertos eclipsa la suma de todos los militares caídos en las guerras de Vietnam, el Golfo Pérsico, Irak y Afganistán. Por eso ha sido imposible obviar el inexcusable comportamiento del presidente Trump durante este emocional domingo. El ocupante de la Casa Blanca se dedicó a jugar al golf por primera vez desde marzo. Y entre hoyo y hoyo en su campo de Virginia, se administró una sobredosis de Twitter en la que amplificó mensajes racistas y sexistas, teorías conspirativas e insultos de patio de colegio. Ocupaciones que le impidieron sumarse a su propia solicitud de asistir a servicios religiosos como desafío a la «liberticida» cuarentena. Desde el minuto cero, Trump ha sido un negacionista de la tragedia del coronavirus. Por eso, el gran ausente en el despacho oval se dedica a subcontratar su responsabilidad y evita cuidadosamente liderar el luto nacional requerido por la mayor catástrofe sanitaria desde la gripe de 1918. Lo que verdaderamente le duele, más que la pérdida de tantos compatriotas, es la pérdida de la prosperidad económica que dificulta su reelección.
26-05-2020 | Fuente: abc.es
El ingreso de Colombia y Costa Rica en la OCDE fortalece la región central americana
El reciente anuncio de la admisión de Costa Rica en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que se hará efectiva en breve, y la consumación del ingreso oficial en ella por parte de Colombia el pasado 28 de abril, suponen un espaldarazo a dos países esenciales para la estabilidad y prosperidad de la región central americana (del Golfo de México al ecuador). México es miembro de la OCDE desde 1994, cuando el país se «modernizó» al entrar en vigor el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. Con el ingreso de Colombia y Costa Rica ya son cuatro las naciones latinoamericanas (la otra es Chile, que ingresó en 2010) en formar parte de la OCDE, en ocasiones conocida como el «club de los países ricos», pero que sobre todo es una asociación para promover altos estándares en las políticas públicas. Podría decirse que pertenecer a la OCDE es revalorizar el carnet de país «occidental» con la categoría «premium», lo que presupone haber alcanzado unas prácticas institucionales y económicas que debieran favorecer, por estar en la misma «longitud de onda», un entendimiento básico y confiado ?¡en las dos direcciones!? con Estados Unidos. El progreso de la región central americana ?del sur de Norteamérica al norte de Sudamérica? depende en gran medida de que pueda beneficiarse del enorme mercado estadounidense. De hecho, varios pequeños países salvan su economía con la exportación a Estados Unidos y la ayuda de las remesas que llegan desde allí. La entrada de Colombia y Costa Rica en la OCDE da a Estados Unidos mayor tranquilidad sobre el correcto rumbo de sus vecinos ?se quiera o no, la región siempre será un área de máxima seguridad para la superpotencia? y supone una señal de corresponsabilidad que ayuda a una relación más igual con Washington. Zonas francas de exportación La cercanía a Estados Unidos va a resultar beneficiosa para los países circundantes en la era en la que nos encontramos. El cuarteamiento de la globalización, que ya había comenzado antes de la pandemia que sufre el mundo (guerras comerciales, Brexit..), se está acelerando con el coronavirus. La ruptura de las cadenas de suministros ha alertado a las empresas sobre el riesgo de depender en exceso de las grandes distancias. Aunque en cierta forma eso puede alentar la autarquía en algunos países, la necesidad de mano de obra más barata que la nacional revalorizará la existencia de centros de producción a buen precio y con la experticia necesaria en un radio logístico sensato. Ahí entran en juego las zonas francas de exportación de la región ribereña del Caribe, como las de Costa Rica, República Dominicana y Colombia, que ofrecen una mano de obra cada vez más cualificada a precios competitivos. Para una empresa de Estados Unidos, o de otro país pero bien implantada en el mercado estadounidense, es especialmente rentable usar los beneficios fiscales de instalarse en esas zonas francas; la mercancía puede trasladarse en barco a su destino en poco tiempo, sin temor a mayores disrupciones. El Caribe ?o el Gran Caribe, incluyendo el Golf de México? se revalorizará como mar interior del Hemisferio Occidental. Mayor comercio de EE.UU. con la región En su último libro, «Desunited Nations», Peter Zeihan pronostica que, en la nueva era a la que nos encaminamos, Estados Unidos aumentará el comercio con su entorno regional, concentrando «por necesidad» en él sus importaciones y exportaciones, que totalizan 4,3 billones de dólares (todo el comercio latinoamericano, descontando el de las materias primas, es de 2,3 billones). Lo mismo ocurrirá en relación a Estados Unidos con los países de esa región central americana, cuyo comercio con otros continentes o incluso con la punta sur de Sudamérica se complicará. «Los países de la cuenca del Caribe están mucho más cerca de los centros de población estadounidenses de Houston, Nueva Orleans y Miami que de los mayores centros de población del Cono Sur», dice Zeihan, y añade: «mientras gran parte del mundo debe adaptarse a un mundo ?sin? Estados Unidos, estos países en cambio deben aprender a sobrevivir en un mundo solo ?con? Estados Unidos». Ese renovado interés de Washington por su propio hemisferio dará una mayor actualidad a la Doctrina Monroe, aumentando su celo por impedir que cualquier otra potencia merodee por la zona no solo importante para Estados Unidos a nivel de seguridad nacional, sino también de seguridad comercial. «En el Desorden», escribe Zeihan dando ese nombre a la nueva era de general replegamiento, «la interpretación estadounidense de Monroe será incluso más agresiva».
26-05-2020 | Fuente: abc.es
Estados Unidos, entre el duelo y la vuelta a la normalidad
Un grupo de jóvenes disfrutaban este fin de semana en Nueva York de la tarde soleada en un pequeño parque enfrente de Newton Creek, una entrada del río East River que hace frontera entre Queens y Brooklyn. La tarde estaba casi para darse un chapuzón, pero nadie pondría un dedo del pie en lo que ha sido un desagüe industrial durante décadas. La reunión era ordenada, con los participantes sentados a distancia prudencial. La pulcritud en el seguimiento de la distancia social, que contrastaba con la abundancia de grupos caóticos, sin mascarilla, despreocupados en muchos parques de Nueva York, parecía un homenaje los caídos por el coronavirus. El puente que ha disfrutado EE.UU. en los últimos tres días es por Memorial Day, el festivo nacional que celebra a los muertos del ejército. Es una fecha, a la vez, solemne y festiva en el país. Celebra a los caídos, pero marca también el comienzo del verano. Este año ha coincidido con el momento en el que EE.UU. se acerca a las 100.000 víctimas por la pandemia, lo que impregna con otra capa de significado a la fecha. Los calificativos bélicos sobre el coronavirus han abundado en los últimos meses. Donald Trump, con una gran capacidad para la etiqueta, lo ha llamado el ?Enemigo Invisible?. Ninguna guerra ha matado a más estadounidenses desde la II Guerra Mundial. Pero Memorial Day es, a la vez, solemne y festivo. Es un día de cementerios y de playa. Se honra a los militares y se echa carbón a la barbacoa. Es el día que marca el inicio oficioso del verano: se peregrina a la costa, se multiplican las fiestas multitudinarias, los picnics, los desfiles. El de 2020 será, sin embargo, un verano raro. Las restricciones para frenar la pandemia siguen en pie, en diferentes grados, en casi todo el país. En Nueva York, el epicentro de la crisis, las playas estaban ayer cerradas. En California solo se podían utilizar para hacer ejercicio (aunque muchos se saltaron la normativa, en ocasiones con la aquiescencia de las autoridades locales). Las recomendaciones sobre distancia social, uso de mascarilla, limitación de ocupación en restaurantes, cierre de determinados sectores de entretenimiento, aplican en casi todos lados, en medio de un creciente temor a que regresen los brotes donde se creía que estaban controlados. El puente de Memorial Day es un anticipo del verano difícil que se viene encima, con preocupación por la relajación de algunos -las imágenes de fiestas multitudinarias en piscinas y lagos en Texas o Misuri han corrido como la pólvora- y por el impacto económico de la crisis, que salpicará a la temporada turística. El festivo fue también un ejercicio de contrastes en la antesala de la campaña presidencial. Trump quiso poner el acento en la vuelta a la normalidad y este fin de semana se le vio jugar a golf (uno de sus vicios, como también era de su antecesor, Barack Obama). Ayer acudió al cementerio militar de Arlington y a Fort McHenry, en Baltimore, a honrar a las víctimas. El miércoles irá a Florida a ver un despegue de astronautas. Sigue sin llevar mascarilla y presiona para que vuelvan los mítines y la convención republicana de agosto sea «con el recinto lleno». Quiere dejar la pandemia atrás o, al menos, crear la idea de que así es. Su contrincante de facto, el ex vicepresidente Joe Biden, apuesta por lo contrario: que no se olvide la tragedia. Ayer salió por primera vez de su casa desde mediados de marzo. Fue a un monumento a militares caídos y se puso la mascarilla que Trump renuncia a utilizar. La eligió de color negro.
26-05-2020 | Fuente: elmundo.es
El plan de emergencia del Ejército y Cultura para salvar el patrimonio histórico
Los agentes del Plan Nacional de Emergencias en Patrimonio mostraron ayer cómo desinfectar edificios de interés cultural en una pandemia. Sus protocolos son más amplios y dramáticos y prevén situaciones destructivas como guerras o seísmos 
25-05-2020 | Fuente: abc.es
Trump rescata del olvido la guerra que EE.UU. no ganó pero inspiró su himno nacional
«En este lugar hace más de 200 años, los patriotas americanos mantuvieron su posición y repelieron una invasión británica en la Batalla de Baltimore durante la Guerra de 1812», recordó este lunes Donald Trump en el fuerte McHenry. Este fue el escenario, cargado de simbolismo, escogido por el presidente de Estados Unidos para pronunciar su discurso con motivo del Memorial Day , el día en que cada año el país recuerda a sus héroes caídos. Contra esa fortificación, entre el 13 y el 14 de septiembre 1814, las fuerzas británicas lanzaron desde sus buques un formidable bombardeo para tratar de doblegar la defensa estadounidense y penetrar en el puerto de la pujante Baltimore (Maryland). Pero a pesar de los parovosos cañonazos recibidos durante toda la noche, al despuntar el día se erguía todavía orgullosa sobre el vapuleado puesto una enorme bandera con quince barras rojas y blancas, y otras tantas estrellas. Ese era el número de estados que entonces formaban parte de Estados Unidos tras la incorporación de Vermont y Kentucky a las trece excolonias británicas originales. La escena era contemplada con emoción desde el lado británico por un abogado estadounidense y poeta aficionado llamado Francis Scott Key, que había ido a negociar la liberación de un prisionero. La imagen de aquella enseña ondeando al viento le cautivó. Tan honda impresión le dejó que dedicó al episodio un poema que en español dice así en sus primeros versos: «Oh, di tú, ¿puedes ver con la primera luz del alba / lo que con tanto orgullo saludamos en el último destello del crepúsculo, / cuyas amplias franjas y brillantes estrellas, a través de peligrosa lucha, / observamos sobre las murallas ondear gallardamente?» Al poema, inicialmente titulado «La defensa del fuerte McHenry», se le acopló la música de una popular canción que circulaba por las tabernas y así surgió « The Star Spangled Banner ». Es decir, el actual himno nacional de EE.UU. La bandera original que conmovió al autor de la letra es hoy una de las grandes joyas del Museo Nacional de Historia Americana de la Institución Smithsonian, en Washington. «Hicieron frente a la invasión y resistieron lo que tuvieron que sufrir, el hecho es que resistieron como nadie podía haber resistido antes», ensalzó Trump a los estadounidenses de entonces en su discurso, más de dos siglos después, en el fuerte McHenry. La defensa heroica de Baltimore hizo que los británicos desistieran de su ofensiva y contribuyó a que, poco después, la Guerra de 1812 llegara a su fin. La «Segunda Guerra de la Independencia» Sin embargo, aquel conflicto entre EE.UU. y Gran Bretaña de la segunda década del siglo XIX ha quedado prácticamente olvidada en la conciencia colectiva estadounidense. A pesar de que se prolongó durante cerca de tres años, de que en él murieron decenas de miles de personas y de que la letra del himno nacional se inspiró en una de sus batallas, ha sido relegada a un oscuro rincón de la historia, sin el protagonismo ni la épica que se concede, por ejemplo, a la Guerra de la Independencia, la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial. Para EE.UU. fue «en realidad un fracaso, y quizás por eso requiere hoy tan escasa atención», escribe Donald R. Hickey en «La Guerra de 1812. Un conflicto olvidado», una obra clave para entender la primera contienda internacional de Estados Unidos tras obtener su independencia y que libró, precisamente, contra su antigua metrópoli. De hecho, a menudo se la denomina «la Segunda Guerra de Independencia». A comienzos del siglo XIX, la tensión entre los dos países había ido in crescendo por una amplia variedad de agravios mutuos. Londres se quejaba de que EE.UU. comerciaba con la Francia de su enemigo Napoleón, mientras que los estadounidenses denunciaban el continuo abordaje a sus barcos y la incorporación por la fuerza de los marineros a la Royal Navy, así como del apoyo británico desde Canadá a los nativos que luchaban para impedir que el joven país norteamericano se expandiera hacia el oeste a costa de sus tierras. El entonces presidente de EE.UU., James Madison, acabó firmando la declaración de guerra a Gran Bretaña el 18 de junio de 1812. A lo largo del conflicto, los estadounidenses trataron sin éxito de invadir Canadá en diversos frentes y soportaron el bloqueo de sus puertos y las devastadoras incursiones enemigas en las costas de la bahía de Chesapeake. En su golpe más audaz e impactante, los británicos llegaron a hacerse con la capital, Washington, donde prendieron fuego al Capitolio y a lo que se conocería tiempo después como la Casa Blanca. Tras la Batalla de Baltimore y la defensa norteamericana en el fuerte McHenry, ambos países acercaron posturas para acabar con una guerra que a ninguno de los dos interesaba continuar. El 24 de diciembre de 1814 los respectivos delegados sellaron el final de la guerra con la firma del Tratado de Ghent, ciudad de la actual Bélgica. No obstante, el conflicto tuvo un epílogo en Nueva Orleáns, donde el futuro presidente estadounidense Andrew Jackson derrotó a los británicos ya entrado el año 1815, si bien su victoria no alteraría ya el resultado final de la guerra. Ninguna de las partes lograba los objetivos por los que se habían enfrentado y se puede considerar que acabó en empate. Estados Unidos conservaba su territorio intacto, pero no había podido expulsar a los británicos de Canadá. No había ganado, aunque al menos tampoco había perdido.
25-05-2020 | Fuente: abc.es
La Fiscalía rusa pide 18 años de prisión por espionaje para un antiguo marine estadounidense
El caso del ex infante de marina norteamericano, Paul Whelan, detenido en Moscú el 28 de diciembre de 2018 y acusado de espionaje por llevar supuestamente encima un dispositivo USB con una lista de agentes pertenecientes a un departamento de los servicios secretos rusos continúa siendo uno de los principales motivos de discordia y tensión en las relaciones entre Moscú y Washington, enfrentados ya por la paridad nuclear, la anexión de Crimea, el envenenamiento de Skripal y las guerras en Siria y Ucrania. El juicio contra Whelan, de 50 años de edad, comenzó el 23 de marzo y hoy ha quedado visto para sentencia, que será emitida, según el tribunal, el próximo 15 de junio. Desde su arresto, ha estado todo el tiempo en prisión preventiva. En la vista celebrada hoy se han presentando las últimas alegaciones y el fiscal ha pedido para él una condena de 18 años de cárcel en «régimen severo». Se declara inocente Su abogado, Vladímir Zherebénkov, manifestó a la prensa que su defendido se ha vuelto a declarar inocente y solicitó la absolución. Según Zherebénkov, los testigos de la acusación han sido fundamentalmente miembros del Servicio Federal de Seguridad (FSB o antiguo KGB) y en las pruebas presentadas contra Whelan «hay indicios de incitación al delito por parte de una persona, que llevó la iniciativa en todo momento». El juicio contra el exmarine, que tiene nacionalidad estadounidense, canadiense, británica e irlandesa, ha tenido lugar a puerta cerrada por las restricciones debidas al coronavirus y por la información «confidencial» que, según el juzgado, incluían los materiales de la causa. Ello ha imposibilitado que pudiera ser lo transparente que habían pedido las autoridades norteamericanas. Trato «horrible» Nada más comenzar el proceso, el embajador de EE.UU. en Rusia, John Sullivan, aseguró que «esto es un problema en nuestras relaciones, es horrible cómo tratan a Paul». De acuerdo con las palabras pronunciadas entonces por Sullivan, «está detenido sin ninguna prueba de su culpabilidad». Sus familiares denunciaron que padecía una hernia y no fue atendido debidamente, además de que sufrió otro tipo de malos tratos en la cárcel. El propio Whelan afirmó en octubre que fue agredido por guardias de la prisión y amenazado con una pistola, comportamientos que las autoridades rusas niegan que hayan tenido lugar. Zherebénkov sostiene que su cliente cayó en un trampa que le tendió una persona de la que recibió un dispositivo USB mientras estaba en su habitación del hotel Metropol de Moscú. Creyó que contenía fotografías de unas vacaciones en Rusia, pero, según la acusación, se trataba de una lista con información altamente sensible de un organismo ruso secreto. Justo cinco minutos después, aparecieron hombres armados del FSB y lo detuvieron «con las manos en la masa», informaron entonces los servicios de inteligencia rusos. Posible canje Fuentes de la investigación sostienen que el exmarine, que tiene ciertos conocimientos de lengua rusa, llevaba años contactando con personas que conocía en las redes sociales rusas. La agencia rusa Rosbalt informó entonces que la CIA examinaba las identidades de esas personas y, con aquellas que podían tener interés por su proximidad a información secreta, entablaba una relación más constante. La misma fuente señaló que el exmarine viajó a Rusia varias veces. Ahora se especula con la posibilidad de que Whelan pueda ser canjeado por el piloto ruso Konstantin Yaroshenko, encarcelado en Estados Unidos por cargos de contrabando de estupefacientes, o por el traficante de armas, Víctor But, también en prisión en EE.UU. Según informaciones aparecidas en la prensa en los últimos meses, Whelan nació en Ottawa (Canadá) y fue expulsado en 2008 del Ejército estadounidense por un delito de hurto. Sirvió en Irak. Antes de ser arrestado en Rusia, trabajaba como director de seguridad de la empresa estadounidense BorgWarner de componentes para vehículos. Según su hermano David, viajó a la capital rusa en diciembre de 2018 para acudir a la boda de un amigo.
25-05-2020 | Fuente: abc.es
La Ley de Seguridad que quiere imponer China reactiva la revuelta de Hong Kong
No ha tardado Hong Kong en movilizarse contra la Ley de Seguridad Nacional que le quiere imponer China sin pasar por su Parlamento regional, anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular en Pekín. Tal y como se esperaba, ayer estallaron las primeras protestas, ya que muchos consideran que dicha regulación, que penará la subversión, la secesión, el terrorismo y las injerencias extranjeras, viola la autonomía de la que disfruta la excolonia británica bajo el principio de «un país, dos sistemas» y coarta sus libertades, mayores que en el resto de China. Ni la amenaza del coronavirus, ya controlado en la ciudad, ni la prohibición de manifestarse impidieron que miles de personas se congregasen en el distrito comercial de Causeway Bay, escenario habitual de las protestas del año pasado reclamando democracia. Al igual que entonces, la tensión fue en aumento entre los manifestantes, que se cubrían el rostro con máscaras y entonaban cánticos contra el régimen chino portando banderas y carteles, y los antidisturbios, que habían montado un fuerte dispositivo para evitar concentraciones y desplegado hasta su cañón de agua. Cargas y gas lacrimógeno Para dispersar a la multitud, los agentes dispararon gases lacrimógenos y cargaron contra las barricadas montadas en las calles que conducen al vecino distrito de Wan Chai, según mostró la radiotelevisión pública RTHK. Para despejar los obstáculos del camino, se ayudaron del cañón de agua, cuyo chorro acabó propulsando a varias personas y también a algunos periodistas. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes ataviados de negro, se enfrentaron a la Policía lanzando ladrillos y otros objetos. Al grito de «¡Levántate por la libertad, la revolución de nuestros tiempos!» y «¡La independencia es la única salida para Hong Kong!», quemaron neumáticos y basura en las calles y destrozaron los escaparates de algunas tiendas. Al anochecer, el Gobierno local informó en un comunicado de que la Policía había arrestado a al menos 180 personas, entre quienes había 40 que habían montado barricadas y también políticos y consejeros de distrito de la oposición demócrata. Se suman así a los más de 8.300 detenidos desde el estallido en junio de las manifestaciones contra la ya retirada ley de extradición a China, que empezaron de forma pacífica y derivaron en una violenta revuelta por la democracia que sacudía cada semana a Hong Kong hasta la llegada del coronavirus. Según el periódico South China Morning Post, los hospitales atendieron a una decena de heridos por las peleas callejeras. Por las redes sociales circulan imágenes de pandillas de jóvenes de negro, el uniforme de los manifestantes, pegando salvajemente a quienes trataban de retirar las barricadas, entre ellos un abogado de 40 años. Aunque no por una reyerta, sino por un ataque de pánico, en estado crítico se encuentra una limpiadora de 51 años que sufría del corazón y se desmayó cuando un grupo de personas entró a la carrera en el baño donde estaba trabajando. Un verano caliente Con el control de la epidemia del coronavirus y el anuncio de la Ley de Seguridad Nacional, que será promulgada entre junio y agosto, vuelve la agitación social y se espera otro «verano caliente». Además de criticar que dicha normativa sea impuesta directamente desde Pekín en el Anexo III de la Ley Básica, mini-Constitución de Hong Kong, la oposición demócrata teme perder las mayores libertades políticas de las que goza la excolonia británica. Y es que la ley prevé la creación de oficinas de la seguridad pública china para perseguir delitos como la subversión, el separatismo y el terrorismo, acusaciones que el autoritario régimen de Pekín usa habitualmente para condenar a los disidentes en el continente sin las garantías legales que priman en Occidente. Aunque las autoridades chinas y la jefa ejecutiva del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, insisten en que se respetarán los derechos políticos y económicos, la ciudad más libre de Asia teme un aumento de la represión. En el objetivo están la oposición demócrata y los activistas críticos con el régimen del Partido Comunista, que ahora tienen libertad de expresión y reunión para organizar movilizaciones multitudinarias como la vigilia anual recordando la matanza de Tiananmen. Tras su devolución por parte del Reino Unido en 1997, China se había comprometido a respetar dichas libertades bajo el principio de «un país, dos sistemas», vigente en teoría durante 50 años. Alertando de que la nueva Ley de Seguridad Nacional supondrá el fin de dicho modelo, 186 diputados y diplomáticos de 23 países han firmado una declaración denunciando la «flagrante violación» de la Declaración Conjunta Sino-Británica que selló en 1984 el retorno de Hong Kong. «Si la comunidad internacional no puede confiar en que Pekín cumpla su palabra sobre Hong Kong, la gente tendrá recelos para aceptarla en otros asuntos», advirtió el comunicado, redactado por el último gobernador de la colonia, Christopher Patten, y el secretario de Exteriores británico, Malcom Rifkind. Entre los firmantes destacan 44 diputados británicos, ocho miembros de la Cámara de los Lores y senadores estadounidenses muy críticos con China, como Marco Rubio y Ted Cruz. Los planes de Pekín han sido denunciados también por la Unión Europea, Australia, Canadá y Estados Unidos, que amenaza con revisar el estatus económico especial que otorga a Hong Kong como castigo al régimen. En un encuentro con los diputados de esta ciudad y de la vecina Macao, el viceprimer ministro Han Zheng les aseguró que «la intención del Gobierno es firme y la ley será implementada hasta el final». Tal y como informa la televisión estatal CCTV, también les dijo que solo se dirigiría contra un número pequeño de personas: los activistas que buscan la independencia, los radicales violentos y los manifestantes que pretenden hundir la economía local con su canto de guerra «Si ardemos, vosotros os quemáis con nosotros», sacado de «Los juegos del hambre». Por su parte, el Gobierno local respondió anoche en un comunicado a las críticas internacionales defendiendo la necesidad de la ley por la violencia de las protestas, prometiendo además libertad e independencia judicial. Pero, al ser China un régimen autoritario, pocos se lo creen. Pekín apela a la «coexistencia pacífica» con EE.UU. para evitar una nueva «Guerra Fría» Junto a la guerra comercial, las disputas territoriales en el Mar del Sur de China y las acusaciones sobre el coronavirus, la revuelta de Hong Kong se suma a la larga lista de enfrentamientos que el régimen de Pekín mantiene con Estados Unidos. Compareciendo en la Asamblea Nacional Popular, la reunión anual del Parlamento orgánico chino, el ministro de Exteriores, Wang Yi, intentó ayer rebajar la tensión, exacerbada por la catástrofe global que ha desatado la pandemia. «Tenemos que estar alerta ante los esfuerzos de algunas fuerzas políticas en América que quieren secuestrar las relaciones con China y están empujando a ambos países hacia una denominada nueva Guerra Fría», señaló en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín ante un reducido grupo de periodistas. Con el fin de evitar contagios, a todos ellos se les había hecho la prueba del coronavirus horas antes y habían sido aislados hasta la rueda de prensa. Para Wang, «desgraciadamente, no solo el coronavirus está barriendo el mundo, un virus político también se está extendiendo por EE.UU. Este virus político aprovecha cada oportunidad para manchar a China». Ante la creciente hostilidad internacional hacia el régimen de Pekín por la pandemia y el riesgo de desacoplamiento de Occidente con la segunda mayor economía del planeta, advirtió de que «esto es un peligroso intento de revertir el curso de la Historia?. Asegurando que «China no tiene intención de cambiar a EE.UU., y mucho menos de reemplazarlo?, propuso «por el bien de los dos pueblos, y también por el futuro de la humanidad, encontrar un modo de coexistir pacíficamente a pesar de las diferencias en los sistemas y culturas de ambas sociedades». Curiosamente, Wang Yi trataba de disipar los temores a un mundo bipolar, pero acabó recurriendo a la misma «coexistencia pacífica» que ya enarbolara la extinta Unión Soviética durante la «Guerra Fría». Con un tono más mesurado, que contrasta con el que emplean los «lobos guerreros? que están proliferando entre los diplomáticos chinos, tendió la mano a sus vecinos, Rusia, Japón y Corea del Sur. Además, apeló a la colaboración con la Unión Europea, pero eludió la crisis con Australia por la investigación del coronavirus. Y, dentro de la «diplomacia de las mascarillas» con que Pekín intenta mejorar su imagen, también prometió más ayuda para África.
24-05-2020 | Fuente: abc.es
Netanyahu arremete contra la Justicia, los medios y la Policía en la primera sesión de su juicio por corrupción
El juicio a Benjamín Netanyahu por corrupción, abuso de confianza y malversación arrancó este domingo con un ataque frontal del primer ministro israelí contra «funcionarios en la policía, fiscales y los medios», porque considera que «están intentando acabar con el Gobierno en contra de la voluntad del pueblo». El premier llegó al Tribunal del Distrito de Jerusalén «con la espalda erguida y la cabeza alta» y rodeado de ministros y altos cargo del Likud que le mostraron todo su apoyo en este día histórico en el que por primera vez un primer ministro israelí en activo comparecía ante la Justicia. Netanyahu denunció que «lo que se está juzgando es un esfuerzo para frustrar la voluntad del pueblo, para derrocarme a mí y al campo de la derecha» y adelantó que seguirá «liderando el Estado de Israel». El veterano dirigente tachó las acusaciones en su contra de «ridículas» y se mostró como víctima de un intento de «derrocar al Gobierno». Mientras Netanyahu atacaba a diestro y siniestro en el interior del juzgado, en las calles de la ciudad santa se organizaron dos protestas. Frente a su residencia oficial, en el barrio de Rehavia, los miembros de la campaña «Bandera negra» se concentraron tras una gran pancarta que rezaba «crime-minister» (juego de palabras entre primer ministro y delincuente) y pidieron a gritos su dimisión. A las puertas del tribunal, sin embargo, llegaron sus más fieles seguidores luciendo camisetas que decían «nunca caminarás solo» y gritando consignas contra el ex fiscal general Avichai Mandelblit, encargado de investigar durante tres años las acusaciones al primero ministro, a quien acusaron de «golpista» y «antisemita». En ninguna de las dos concentraciones se observó respeto alguno por las restricciones impuestas por el coronavirus, la pasión pudo con la distancia social o las mascarillas y las fuerzas de orden bastante tuvieron con controlar los ánimos. El primer ministro, cuya vista duró apenas 50 minutos, «está decidido a librar una guerra contra las instituciones legales de Israel y dividir a la población. Es el comportamiento que esperas de líderes que se adoran a ellos mismo más que al estado al que juraron servir y proteger», apuntó en su artículo de opinión en el diario «Haaretz» Chemi Shalev, quien calificó el proceso legal que arrancó en Jerusalén como «Benjamín Netanyahu contra el Estado de Israel». El aliado de Netanyahu en el gobierno de unidad nacional, Benny Gantz, pidió respeto a la «presunción de inocencia» de su socio, pero mostró su confianza en el sistema legal del país, el mismo que, según el actual primer ministro trata de «derrocar» al ejecutivo que lideran de forma rotatoria. A un mes de poner en marcha la anexión de Cisjordania, Netanyahu sigue los pasos de Ehud Olmert, ex primer ministro de su mismo partido que fue juzgado y declarado culpable por un delito de corrupción por el que pasó 16 meses en prisión. La diferencia es que la acusación contra Olmert llegó cuando ya había dejado la jefatura de Gobierno. Moshe Katsav, presidente del país entre 2000 y 2007, también del Likud, fue sentenciado a cinco años de prisión en 2010 por «violación y agresiones sexuales». Los tres casos por los que se le juzga Los casos contra Netanyahu son los conocidos como «Caso 1000», en el que está imputado por fraude y violación de confianza por recibir regalos como puros, joyas y viajes por un valor de unos 180.000 euros de empresarios millonarios de Hollywood, a cambio de favores; el «Caso 2000», en el que le imputan también por fraude y violación de confianza debido a la conspiración con el dueño del diario «Yedioth Ahronoth», Arnon Mozes, también acusado, a cambio de obtener una cobertura favorable, y el último en explotar, y el más grave, es el «Caso 4000», en el que hará frente a cargos por sobornos, fraude y violación de confianza tras presionar para garantizarse una cobertura informativa favorable para él y su mujer a Walla, portal de noticias propiedad de Shaul Elovitch, principal accionista de Bezeq, el gigante de las telecomunicaciones en el país. A cambio, le habrían ofrecido favores gubernamentales en forma de regulaciones que reportaron millones de dólares a su compañía. Los jueces fijaron la próxima vista el 19 de julio y en ella no será necesaria la presencia del jefe de Gobierno.
24-05-2020 | Fuente: abc.es
Netanyahu se sienta en el banquillo para defender su inocencia en tres casos de corrupción
El primer ministro de Israel con más tiempo en el cargo vuelve a hacer historia, pero esta vez por ser el primer jefe de Estado en activo que comparecerá ante la Justicia. Si no hay cambios de última hora, el Tribunal del Distrito de la Ciudad Santa acogerá la primera sesión del juicio a Benjamín Netanyahu, a quien la Fiscalía imputa tres delitos de soborno, fraude y abuso de autoridad, que le pueden acarrear una pena de hasta diez años de prisión. El juicio debía haber comenzado a mediados de marzo, pero se retrasó a hoy debido a las medidas especiales adoptadas para frenar la expansión del coronavirus. El líder del Likud llega reforzado a esta jornada clave para su futuro político tras haber logrado formar un gobierno de unidad nacional. Así se cerraron 18 meses de inestabilidad política en los que los israelíes fueron llamados en tres ocasiones a las urnas. Netanyahu siempre ha defendido su inocencia y se siente víctima de «una caza de brujas», es la frase que más ha repetido durante los tres años de investigaciones dirigidas por el fiscal gener­al de Israel, Avichai Mandelblit. El primer ministro «está decidido a librar una guerra contra las instituciones legales de Israel y dividir a la población. Es el comportamiento que esperas de líderes que se adoran a ellos mismo más que al estado al que juraron servir y proteger», opina en su artículo de opinión en el diario Haaretz, Chemi Shalev, quien califica el proceso que arranca en Jerusalén como: «Benjamín Netanyahu contra el Estado de Israel». A un mes de poner en marcha la anexión de Cisjordania, Netanyahu sigue los pasos de Ehud Olmert, ex primer ministro de su mismo partido que fue juzgado y declarado culpable por un delito de corrupción por el que pasó 16 meses en prisión. La diferencia es que la acusación contra Olmert llegó cuando ya había dejado la jefatura de Gobierno. Moshe Katsav, presidente del país entre 2000 y 2007, también del Likud, fue sentenciado a cinco años de prisión en 2010 por «violación y agresiones sexuales». Tres casos abiertos Los casos contra Netanyahu son los conocidos como «Caso 1000», en el que está imputado por fraude y violación de confianza por recibir regalos como puros, joyas y viajes por un valor de unos 180.000 euros de empresarios millonarios de Hollywood, a cambio de favores. El 'Caso 2000', en el que le imputan también por fraude y violación de confianza debido a la conspiración con el dueño del diario 'Yedioth Ahronoth', Arnon Mozes, también acusado, a cambio de obtener una cobertura favorable. El último caso en explotar, y el más grave, es el «Caso 4000», en el que hará frente a cargos por sobornos, fraude y violación de confianza tras presionar para garantizarse una cobertura informativa favorable para él y su mujer a Walla, portal de noticias propiedad de Shaul Elovitch, principal accionista de Bezeq, el gigante de las telecomunicaciones en el país. A cambio, le habrían ofrecido favores gubernamentales en forma de regulaciones que reportaron millones de dólares a su compañía. El Tribunal del Distrito de la Ciudad Santa, situado en la calle Saladino, en el corazón de la Jerusalén oriental ocupada militarmente por Israel desde 1967 y anexionada en 1980, será testigo de un día histórico. En el banquillo estará sentada la persona que aspira a culminar la tercera gran anexión del Estado judío tras las de Jerusalén Este y los Altos del Golán (1981). Será un proceso largo contra un político que, hasta el momento, se ha mostrado dispuesto a todo para seguir en el poder y lo ha conseguido.
24-05-2020 | Fuente: abc.es
Al menos 120 detenidos en las primeras protestas en Hong Kong contra la «ley antisubversión» de China
No ha tardado Hong Kong en movilizarse contra la Ley de Seguridad Nacional que le quiere imponer China sin pasar por su Parlamento regional, anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular en Pekín. Tal y como se esperaba, este domingo han estallado las primeras protestas, ya que muchos consideran que dicha regulación, que penará la subversión, la secesión y el terrorismo, viola la autonomía de la que disfruta la excolonia británica bajo el principio de «un país, dos sistemas» y amenaza sus libertades, mayores que en el resto de China. Ni la amenaza del coronavirus, ya controlado en la ciudad, ni la prohibición policial de manifestarse para guardar la distancia social han impedido que la multitud se congregue en el distrito comercial de Causeway Bay, escenario habitual de las protestas del año pasado reclamando democracia. Como entonces, la tensión ha ido en aumento entre los manifestantes, que iban ataviados con máscaras y entonaban cánticos contra el régimen chino portando banderas y carteles, y los antidisturbios, que habían montado un fuerte dispositivo para evitar concentraciones y desplegado hasta su cañón de agua. Para dispersar a la multitud, los agentes han disparado gases lacrimógenos y han llevado a cabo cargas entre las barricadas montadas en las calles que conducen al vecino distrito de Wan Chai, según ha mostrado la radiotelevisión pública RTHK. A tenor de un comunicado de la Policía difundido en Facebook, a las 16.30 (10.30, hora peninsular española) habían sido arrestadas ya 120 personas, entre las que figuraban 40 que habían montado barricadas en la calle Gloucester. Se suman así a los más de 8.300 detenidos desde el estallido en junio de las manifestaciones contra la ya retirada ley de extradición a China, que empezaron de forma pacífica y derivaron en una violenta revuelta por la democracia que sacudía cada semana a Hong Kong hasta la llegada del coronavirus. Con el control de la epidemia y el anuncio de la Ley de Seguridad Nacional, que podría ser promulgada a finales de junio, vuelve la agitación política y se espera un «verano caliente». Además de criticar que dicha normativa sea impuesta directamente desde Pekín en el Anexo III de la Ley Básica, mini-Constitución de Hong Kong, la oposición demócrata teme perder las mayores libertades políticas de las que goza la excolonia británica. Y es que la ley prevé la creación de oficinas de la seguridad pública china para perseguir delitos como la subversión, el separatismo y el terrorismo, acusaciones que el autoritario régimen de Pekín usa habitualmente para condenar a los disidentes en el continente sin las garantías legales que priman en Occidente. Aunque las autoridades chinas y la jefa ejecutiva del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, insisten en que se respetarán los derechos políticos y económicos, la ciudad más libre de Asia teme un aumento de la represión. En el objetivo están la oposición demócrata y los activistas críticos con el régimen del Partido Comunista, que ahora tienen libertad de expresión y reunión para organizar movilizaciones políticas como la vigilia anual recordando la matanza de Tiananmen. «Un país, dos sistemas» Tras su devolución por parte del Reino Unido en 1997, China se había comprometido a respetar dichas libertades bajo el principio de «un país, dos sistemas», vigente en teoría durante 50 años. Alertando de que la nueva Ley de Seguridad Nacional supondrá el fin de dicho modelo, 186 diputados y diplomáticos de 23 países han firmado una declaración denunciando la «flagrante violación» de la Declaración Conjunta Sino-Británica que selló en 1984 el retorno de Hong Kong. «Si la comunidad internacional no puede confiar en que Pekín cumpla su palabra sobre Hong Kong, la gente tendrá recelos para aceptarla en otros asuntos», advirtió el comunicado, redactado por el último gobernador de la colonia, Christopher Patten, y el secretario de Exteriores británico, Malcom Rifkind. Entre los firmantes destacan 44 diputados británicos, ocho miembros de la Cámara de los Lores y senadores estadounidenses muy críticos con China, como Marco Rubio y Ted Cruz. Los planes de Pekín han sido denunciados también por la Unión Europea, Australia, Canadá y Estados Unidos, que amenaza con revisar el estatus económico especial que otorga a Hong Kong como castigo al régimen. Compareciendo este domingo ante los medios en la Asamblea Nacional Popular, el ministro de Exteriores chino, Wan Yi, ha intentado rebajar la tensión, exacerbada también por las acusaciones de la Casa Blanca sobre la catástrofe global del coronavirus. «Tenemos que estar alerta ante los esfuerzos de algunas fuerzas políticas en América que quieren secuestrar las relaciones con China y están empujando a ambos países hacia una denominada nueva Guerra Fría», señaló. Ante la creciente hostilidad internacional hacia China y el riesgo de desacoplamiento con la segunda mayor economía del planeta, Wang Yi advirtió de «esto es un peligroso intento de revertir el curso de la Historia». Asegurando que «China no tiene intención de cambiar a EE.UU., y mucho menos de reemplazarlo», propuso «por el bien de los dos pueblos, y también por el futuro de la humanidad, encontrar un modo de coexistir pacíficamente a pesar de las diferencias en los sistemas y culturas de ambas sociedades». Curiosamente, Wang Yi trataba de disipar el regreso a un mundo bipolar, pero acabó recurriendo a la misma «coexistencia pacífica» que ya enarbolara la extinta Unión Soviética durante la «Guerra Fría».
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