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Noticias de frente nacional

14-07-2019 | Fuente: abc.es
Los «maravillosos» líos de la familia Le Pen
Las tribulaciones, deudas y enfrentamientos (jurídicos, económicos y políticos), incluso las aventuras «intimas» de Jean-Marie Le Pen, su hija Marine y su nieta Marion, se han convertido en un «culebrón» que hipoteca las ambiciones políticas del partido familiar, Agrupación Nacional (AN, ex Frente Nacional, FN, extrema derecha), que las recientes elecciones europeas consagraron como primer partido de Francia. Jean-Marie Le Pen (91 años), el patriarca que refundó la extrema derecha francesa en los años 60 y 70 del siglo pasado, llegando a eliminar al candidato socialista (Lionel Jospin), en la primera vuelta de unas elecciones presidenciales (2012), ha pedido la intervención del Estado, la justicia, para intentar conseguir, con poco éxito, que su hija Marine (51 años) le pague una deuda de varios millones de euros. Marine Le Pen, por su parte, ha pedido a los cuadros de cu partido, AN, que eviten cualquier «trato» público, privado o político con su sobrina, Marion Maréchal, que usó el apellido Le Pen entre 2010 y el 2018, hasta que decidió romper con su tía, para defender sus ideas políticas personales, con un éxito imprevisible. El resto de los miembros del clan Le Pen (hermanas, «compañeros» sentimentales y burocracia interna del partido familiar) asisten a esos enfrentamientos públicos con callada resignación. Harta de las «ocurrencias» de su padre, Marine Le Pen decidió hace años expulsarlo del partido que él había fundado. Jean-Marie Le Pen respondió con todo tipo de acusaciones y zancadillas, familiares, políticas, públicas y privadas. Sin romper nunca definitivamente con su hija. Entre el patriarca y la «refundadora» del FN, convertido en AG, para distanciarse del patriarca fundador, existían y existen importantes intereses comunes, comenzando por el dinero. Los Le Pen comparten el «balón de oxígeno» de los amigos y banqueros próximos a Vladimir Putin. La corriente Marion Cuando el partido de su hija, AN, fue consagrado como el primer partido de Francia, en las recientes elecciones europeas, Jean-Marie Le Pen desenterró los trapos sucios de las deudas financieras de su hija, reclamando el dinero de sus préstamos personales y recordando que Marine sigue teniendo por pagar importantes créditos conseguidos en Moscú. Maniobrero emérito, desde su primera juventud, Jean-Marie Le Pen lleva años atizando otra guerra sorda contra Marine, alentando las ambiciones personales de su nieta Marion Maréchal, hija (fuera del matrimonio) de Yann Le Pen, señora con una vida sentimental «muy intensa». Desde niña, Marion fue presentada en sociedad con un doble apellido, Maréchal Le Pen. Maréchal es el apellido de su padre adoptivo, Samuel Maréchal, que decidió adoptar a la hija de su madre y un periodista, Roger Auque. Cuando Marion descubrió, muy pronto, que sus ambiciones personales chocaban con las ambiciones de su tía Marine, decidió borrar el Le Pen de su nombre de guerra política. Marion Maréchal Le Pen, entre 2010 y 2018, se convirtió en Marion Maréchal cuando la nieta del patriarca decidió romper con el partido de su tía, para iniciar una nueva vida, no solo política. Separada del padre de su hija, al año y medio de celebrar un matrimonio civil, Marion comenzó por intentar «robar» a su tía algunas «amistades» políticas europeas, para terminar creando algo así como una «academia» política, en la periferia de Lyon (en el centro de Francia), donde hace campaña «subterránea» en defensa de un programa político «propio», próximo pero «diferente» al de su tía, con muchos contactos con extremas derechas y derechas ultra nacionalistas europeas. Respondiendo calladamente a las maniobras de su sobrina, Marine Le Pen ha terminado por exigir a los cuadros de su partido que eviten cualquier contacto con Marion Maréchal. Problemas jurídicos Esa tela de araña de líos familiares tiene prolongaciones jurídicas muy diversas, en Europa y Francia. Los servicios jurídicos del Parlamento Europeo (PE) siguen pensando que Marine y Jean-Marie Le Pen utilizaron el dinero que recibían, como euro parlamentarios, para financiar actividades políticas en Francia. La justicia francesa también sigue esa «pista». Las truculentas declaraciones de Le Pen (padre) y las «ocurrencias» de Marine, difundiendo imágenes que pudieran ser «incitación al odio», según la justicia francesa, contribuyen a dar «más color», si cabe, al histórico clan familiar que ha dominado con mano de hierro los sucesivos partidos de la extrema derecha francesa. Tras su reciente gran victoria en las elecciones europeas, Marine Le Pen esperaba y espera que las próximas elecciones municipales (primavera de 2020) confirmen esa «tendencia», permitiéndole ganar un nuevo impreciso de alcaldías. Está por ver como terminarán evolucionado e influyendo las «cacerolas» de los escándalos íntimos, familiares y políticos, que ninguna de las partes desea enterrar de alguna manera.
07-07-2019 | Fuente: abc.es
Le Pen pide al Estado que bloquee las cuentas su hija
Jean-Marie Le Pen (91 años) ha pedido a la Administración del Estado que sean bloqueados 4,5 millones de euros en las cuentas bancarias de su hija, Marine Le Pen (50 años), o su partido, Agrupación Nacional (AN, extrema derecha, ex Frente Nacional, FN), que sigue pagar los préstamos familiares y bancarios que financiaron su campaña presidencial de 2017. Le Pen prestó a su hija 6 millones de euros para financiar la campaña de 2017. Dos años después, Marine Le Pen solo ha pagado 1,5 millones de euros. Y continúa adeudando a su padre 4,5 millones de euros, que reclama el pago de la deuda. Temiendo ser víctima de las dificultades financieras de su hija, el patriarca de la extrema derecha ha pedido una intervención judicial y administrativa: bloquear las cuentas bancarias de su hija y su partido, para conseguir el reconocimiento de la deuda, cuando menos, a la espera de poder recobrar la totalidad del dinero prestado. Se trata de un problema económico de imprevisible calado. Entre 2016 y 2017, los bancos franceses consideraban que Marine Le Pen y su partido eran clientes «indeseables». Y se negaron a conocer préstamos para financiar la campaña presidencial finalmente perdida, contra Emmanuel Macron. Años antes, Vladimir Putin ya había ofrecido a Marine Le Pen un «paraguas» bancario excepcional. El 2014, bancos y empresas rusas, próximas al presidente ruso ofrecieron a Le Pen (hija) créditos por un montante de 9,5 millones de euros. La prensa francesa afirma que Marine Le Pen debiera «reembolsar» la totalidad o buena parte de esos préstamos el próximo mes de septiembre. Con dos meses de antelación, Jean-Marie Le Pen ha apretado el cuello económico de su hija con unas exigencias que dejan al descubierto una crisis económica excepcional de la extrema derecha, que se convirtió en el primer partido de Francia en las recientes elecciones europeas.
27-06-2019 | Fuente: abc.es
Los haitianos en República Dominican aumentaron un 12,4 por ciento en los últimos cinco años
Una visita al mercado binacional de Dajabón, en el noroeste de la República Dominicana, pegado al límite fronterizo con Haití, ilustra bien el fenómeno de la inmigración haitiana en suelo dominicano. La masiva llegada de compradores haitianos para adquirir productos básicos que no se encuentran en su país, junto con la abrumadora presencia de vendedores haitianos afincados en la nación de acogida hablan de una penetración haitiana que en las provincias fronterizas provoca recelos entre los dominicanos y motiva la estrecha vigilancia del Ejército (hasta cinco controles militares se ocupan de inspeccionar los autobuses que desde allí viajan a Santo Domingo). A pesar de los esfuerzos del Gobierno dominicano por estabilizar la cifra de personas que llegan del otro lado de la frontera, la población haitiana en República Dominicana sigue aumentando. Las estadísticas oficiales hablan de una presencia en el país de 751.080 residentes de origen haitian o ?el 7,3 por ciento del total de la población registrada? si bien se estima que, contando con la inmigración ilegal, la cifra supera el millón (el número oficial de habitantes es de 10,1 millones). La mayor vigilancia fronteriza ha limitado el crecimiento de la inmigración (aún así en los últimos cinco años los residentes llegados de Haití aumentaron un 8,6 por ciento, llegando a ser 497.825), pero se ha acelerado el nacimiento en la República Dominicana de niños de padres haitianos (un incremento del 20,6 por ciento, alcanzado los 253.255), de acuerdo con la Encuesta Nacional de Inmigrantes referida al periodo 2012-2017. El 88,5 por ciento de los extranjeros que viven en República Dominicana son de origen haitiano. Inseguridad y xenofobia El desequilibrio socioeconómico entre los dos países que comparten la isla de la Española ?Haití es el más pobre de América, República Dominicana el que más crece económicamente (un siete por ciento en 2018, cifra similar a la de los últimos años, si bien en 2019 el crecimiento podría bajar al cinco y medio por ciento, según el FMI)? hacen irremediable el flujo de personas de un lado de la frontera al otro. La fuerte presencia de haitianos en labores del campo y en trabajos precarios y callejeros en las ciudades ha provocado brotes de xenofobia y cierta sensación de inseguridad entre parte de la población dominicana. Su fácil reconocimiento, por ser generalmente de piel más oscura (en el proceso de la independencia de Haití, a comienzos del siglo XIX, la población esclava mató a los blancos, por lo que apenas hubo mezcla racial) facilita la segregación. De todos modos, aunque algunos dirigentes políticos han lanzado mensajes populistas contra la inmigración, el tono general de la vida política ha evitado dejarse llevar por la demagogia. A favor, en contra Organizaciones internacionales, deseosas de resolver el problema de Haití mediante una mayor integración entre los dos países, han destacado el beneficio mutuo que supone la migración haitiana. El Fondo de Población de Naciones Unidas indicó en 2013 que los inmigrantes haitianos aportaban el 5,4 por ciento del PIB dominicano, al tiempo que las remesas enviadas por estos a su lugar de origen, por un valor de 1.300 millones de dólares, constituían una cuarta parte del PIB de Haití, país que cuenta con siete millones de personas censadas. Quienes más han criticado la presencia haitiana han destacado el gasto que supone para la sanidad pública, pues esta tiene que atender a miles de mujeres haitianas que buscan los hospitales dominicanos para dar a luz, incluso aunque tengan su residencia habitual en Haití. En 2018, en las provincias dominicanas con mayor número de partos el 29 por ciento correspondió a mujeres extranjeras, la mayoría haitianas. Un estudio de la Fundación Global Democracia y Desarrollo indica que entre 2013 y 2016 el Estado dominicano destinó más de seis millones de dólares a la atención de parturientas extranjeras en centros de salud públicos. La mayor tasa de fecundidad entre las mujeres haitianas permite aventar el miedo a una «invasión», algo que afecta un nervio esencial de la sociedad dominicana, que entre 1822 y 1844 estuvo bajo dominio haitiano y después conoció diversos intentos de control desde la otra parte de la isla. El recelo, en cualquier caso, es mutuo, pues al «Degüello de Moca» de 1805, cuando los haitianos pasaron a cuchillo a medio millar de dominicanos, se contrapone la «Masacre de Perejil» de 1937, cuando Rafael Trujillo ordenó la eliminación masiva de los haitianos que vivían en República Dominicana (murieron al menos 18.000 personas). Denuncia y regularización Si bien cuando se les pregunta de manera expresa, los dominicanos se pronuncian por una política especialmente estricta frente a la inmigración ilegal, las encuestas no sitúan directamente la inmigración como el principal problema del país, de acuerdo con el sondeo Gallup-Hoy publicado las últimas semanas. Para el 68,3 por ciento de los dominicanos, el mayor problema es la delincuencia, sobre todo robos y asaltos, seguido del paro y del alto coste de la vida y la corrupción. Por debajo del diez por ciento quedan otros asuntos, como el de la inmigración haitiana. No obstante, hay que tener en cuenta que muchos dominicanos vinculan la inseguridad con la fuerte presencia de haitianos en el país. El partido que ha hecho bandera del descontento por el elevado número de haitianos en la sociedad dominicana y que más denuncia «el peligro haitiano» es el Frente Nacional Progresista (FNP), que el pasado mes de noviembre hizo una declaración pública en favor de levantar un muro en la frontera entre los dos países. Sin embargo, el FNP apenas cuenta en las preferencias electorales de los dominicanos y no alcanzó representación en el parlamento en las elecciones generales de 2016. Ante la inquietud social, la República Dominicana procedió a una regularización de inmigrantes ilegales, siguiendo dos sentencias del Tribunal Constitucional, de 2013 y 2014. En este proceso se aceptó el registro de unos 200.000 haitianos. Desde entonces, las autoridades aseguran haber devuelto a Haití cerca de 30.000 personas.
14-06-2019 | Fuente: abc.es
La Justicia confirma el fraude de la familia Le Pen con fondos del Parlamento Europeo
Filtraciones judiciales confirman que el Frente Nacional (FN, extrema derecha), el partido refundado por Marine Le Pen, lleva años utilizando de manera fraudulenta los fondos, sueldos y subvenciones del Parlamento Europeo (PE). Fundado por Jean-Marine Le Pen, padre de Marine, el FN fue el partido más votado en Francia en las elecciones europeas del 2014, cuando consiguió el 24,86 % de los votos, derrotando con severidad a la derecha a izquierda históricas. La familia Le Pen ya aspiraba entonces, hace cinco años, a liderar a las extremas derechas europeas, con un grupo parlamentario propio, en el PE. Sin embargo, un rosario de escándalos a repetición y un enfrentamiento brutal con su padre, obligaron a Marine Le Pen a refundar el partido de la extrema derecha francesa. La heredera del FN decidió cambiar de nombre al partido fundado por su padre, que comenzó a llamarse Agrupación Nacional (AN) tras un congreso excepcional celebrado el 2018. La instrucción judicial de los escándalos nacionales y europeos siguió su curso. Varios jueces, en Bruselas, Estrasburgo y París, comenzaron a sospechar que los Le Pen, el padre, la hija y varios miembros de su partido, utilizaron de manera fraudulenta los fondos, sueldos y subvenciones del PE. Comenzó una larga y compleja batalla judicial. Un juez ha terminado filtrando al vespertino «Le Monde» y otros medios, varios documentos comprometedores, según los cuales, la familia Le Pen y sus amigos políticos habrían montado un «chiringuito» contable y administrativo, con el fin de utilizar en beneficio de su partido, el antiguo FN, la nueva AN, los fondos financieros del Parlamento Europeo. El proceso sigue su curso. Entre otros procesos. Hace años, la justicia francesa también abrió una investigación penal contra Marine Le Pen, tras la publicación de fotos reales o montajes fotográficos de ejecuciones terroristas, consumadas por asesinos islamistas. En su día, la Justicia pidió un análisis psiquiátrico de Marine Le Pen, para intentar «comprender» la publicación de imágenes atroces. La presidenta del antiguo FN se negó a realizar tales exámenes. Ese proceso también sigue su curso, a la espera de una fecha todavía desconocida para ser juzgado. Se trata de dos procesos paralelos pero inflamables: utilización ilegal de fondos europeos; publicación de imágenes que pudieran incitar al odio. Continuará.
12-06-2019 | Fuente: abc.es
La jugada «peronista» de Mauricio Macri
La nueva Argentina que Mauricio Macri intentó construir se convirtió, en menos de cuatro años, en una obra inconclusa. Los andamios de ese monumento, a una democracia sólida y moderna, se le hicieron, en buena medida, arena. El presidente argentino, en lugar de aliviar los problemas heredados de sus ciudadanos, los agravó. Errores de cálculo, un contexto internacional adverso y la limitación propia para generar confianza dieron como resultado, el quiero y no puedo alumbrar un país mejor. Dicho esto, no es poco ni despreciable la gestión de una Administración con la brújula correcta pero la ruta del GPS, insistentemente, despistada. Las elecciones de octubre y el riesgo a perder frente a una «fórmula» de pesadilla como es la encarnada por la expresidenta Cristina Fernández y su exjefe de Gabinete, Alberto Fernández, sacudieron el inmovilismo o apoltronamiento de Macri. El presidente vio las orejas del lobo de la derrota en las urnas y por fin, reaccionó. La elección del peronista Miguel Angel Pichetto, como su compañero en la papeleta (a vicepresidente), es prueba de ello. Pichetto es un histórico leal al poder de turno de los suyos mientras estuvieron en la Casa Rosada (incluida la viuda de Néstor Kirchner) y miembro de lo que Macri llama «el peronismo razonable». El cambio de filas implica, a efectos reales, la creación de algo parecido a un frente nacional. El «fichaje» de Pichetto supone que la UCR (Unión Cívica Radical), la Coalición Cívica y el Pro que fundó Macri cierran filas con un sector importante del peronismo dispuesto a compartir el poder. El otro, el del «kirchnerismo» que saqueó a la Argentina y desfila por el banquillo de los acusados, entendió rápido una jugada inesperada que recibió como una bofetada, con la palma abierta, en el rostro del sueño de su regreso a la Casa Rosada. Las últimas encuestas advertían un retroceso en la inflación que ha reventado el bolsillo de los argentinos y un frenazo en el ascenso del dólar, la única moneda que existe, a la hora de la verdad, para la población. El escaparate de las obras públicas terminadas (cloacas, puentes y túneles) que empieza a estar a la vista parecía sumarse a un ánimo electoral algo más favorable para el oficialismo. Pero el Gobierno entendió que si era suficiente para hoy podía no valer para mañana. Necesitará a casi todos los sectores para concretar las reformas de fondo previstas. Macri renunciará al término Cambiemos, la coalición que le llevó al poder, se inventará otro de consenso y se reinventará a sí mismo junto a adversarios que, al menos hoy, parecen pensar más en su país que en ambiciones personales. Si pasara en Suecia no sería un noticia pero, quizás, estamos, de verdad, ante el nacimiento de una nueva Argentina.
09-06-2019 | Fuente: abc.es
La extrema derecha, primer partido obrero de Francia
La extrema derecha se consolida como el primer partido de los obreros de Francia, confirmando una evolución de gran calado en la historia política nacional, tras el hundimiento histórico de la derecha y las izquierdas tradicionales. Todos los estudios publicados tras las elecciones europeas del 26 de mayo pasado confirman la misma tendencia avanzada por el Ifop, referencia canónica en el campo de los análisis sociológicos: el 47 % de los electores obreros y el 32 % de los empleados votaron al partido de Marine Le Pen, Agrupación Nacional (AN, ex Frente Nacional, FN), que consiguió el 23,31 % de los votos nacionales. Esa evolución de fondo coincide con el hundimiento históricos de las izquierdas socialistas (6,19%) y comunistas (2,49%), el estancamiento y retroceso de la extrema izquierda populista (6,31%), la escasa representación obrera del voto ecologista (13,47%), consagrando a Emmanuel Macron como el líder más estimado por los electores de centro y derecha actuales, cuando su partido quedó en segundo puesto con el 22,41% de los votos. Con un 8,48%, la derecha tradicional quedó muy alejada del voto popular. La implantación muy mayoritaria de la extrema derecha se manifestó por vez primera en la primera vuelta de la elección presidencial de 1995, cuando Jean-Marie Le Pen eliminó al candidato socialista, Lionel Jospin. Por vez primera en la historia política de Francia, el electorado popular se alejaba de los candidatos de izquierda para votar de manera significativa al candidato de la extrema derecha, derrotado en la segunda vuelta por Jacques Chirac, conservador. Desde entonces, todas las elecciones han confirmando siempre una lenta pero firme ascensión de la extrema derecha. Los modelos electorales franceses, mayoritarios, a dos vueltas, han frenado e impedido la entrada masiva de la extrema derecha en los municipios, gobiernos regionales y Asamblea Nacional. Pero ese funcionamiento del modelo electoral contribuyó a favorecer el nacimiento de la franquicia de los chalecos amarillos, donde se confunden los electorados de extrema izquierda y de extrema derecha. Evolución del voto En las presidenciales de 1988, el 59,2% de los obreros votaban a las izquierdas; y la extrema derecha solo contaba con un 17,6% de voto obrero. En 1995, el 48,5% de los obreros seguían votando a las izquierdas; pero la extrema derecha comenzó a contar con el 21,1% del voto obrero. El 2002, el voto obrero de izquierdas cayó al 38,7% mientras que el voto obrero de extrema derecha creció al 25,6%. El 2007 el voto obrero de izquierda fue del 40 %, cuando los obreros dudaron entre el voto de derechas tradicional (Sarkozy, que consiguió el 27,9 % del voto obrero) y el voto de extrema derecha, que consiguió el 15,6%. El 2012 (hundimiento de Sarkozy, triunfo de Hollande) se inició la ascensión final (¿?) de la extrema derecha, que consiguió aquel año el 30,9% de los votos, cuando el voto obrero de izquierdas se estancó en el 40,1% y el voto obrero de derecha retrocedió al 24,3. Derecha y extrema derecha ya eran votadas por el 65,2 % de los obreros franceses Las elecciones europeas del 2014 convirtieron a la extrema derecha de la familia Le Pen en el primer partido obrero de Francia, con el 35% del voto obrero. Tendencia confirmada en las presenciales del 2017, cuando Marine Le Pen consiguió el 40% de los votos obreros frente a Emmanuel Macron. Las elecciones europeas del mes de mayo pasado han confirmado y ampliado la tendencia y marea de mucho fondo que viene de muy lejos, de las postrimerías de los dos mandatos presidenciales de François Mitterrand (1981 - 1995), el fracaso de los mandatos de Jacques Chirac (1995 - 2002), el fin desafortunado de la presidencia Sarkozy (2002 - 2007), el hundimiento faústico de la presidencia Hollande (2007 - 2012) y la incomprensión muy profunda de la presidencia Macron, elegido el 2017. Pascal Perrineau, uno de los mejores especialistas en la historia de la extrema derecha francesa resume ese proceso histórico de este modo: «Los obreros y los empleados siguen representando el 20 y 27% de la población francesa, aproximadamente. Con los años, la desindustrialización, la mundialización, el hundimiento de los sindicatos y las izquierdas, han creado un vacío de representación? los obreros con menos formación y peor pagados, las clases medias que temen la precariedad, los funcionarios de las categorías más modestas, se sienten olvidados y mal representados por las elites políticas, muy alejadas de una Francia obrera, periférica, que también es víctima de peores servicios públicos. Quizá el voto obrero no sea siempre un voto de adhesión, pero siempre es un voto de protesta?».
18-05-2019 | Fuente: abc.es
Le Pen mantiene su primer puesto para las europeas según todos los sondeos
Todos los sondeos anuncian un «terremoto» político en Francia, con motivo de las elecciones europeas. La extrema derecha de Marine Le Pen se cotiza como posible gran vencedora, al frente del primer partido de Francia. Emmanuel Macron confirma su aislamiento político continental. Las izquierdas históricas, socialistas y comunistas, se hunden ante la ascensión de la extrema izquierda populista. Todos los sondeos de las últimas dos semanas afirman que Agrupamiento Nacional (AN, ex-Frente Nacional, FN), el partido de Marine Le Pen, puede conseguir entre el 23 y el 24 % de los votos nacionales, convirtiéndose en el partido más votado, el primer partido de Francia. La extrema derecha francesa ya ganó de manera espectacular las elecciones europeas del 2014 (con un 25 % de los votos). Cinco años después, el mismo triunfo parece más llamativo, cuando otros partidos a la derecha o extrema derecha del Partido Popular Europeo (PPE), anuncian una ola ultra conservadora muy considerable en toda Europa. En segundo puesto, según todos los sondeos, La República En Marcha (LREM, liberal reformista), el partido de Emmanuel Macron, se ha estancado en torno al 21 o el 22 % de las intenciones de voto. Una diferencia de solo 1 ó 2 puntos, pero altamente simbólica, si se confirmarse que el partido del presidente queda relegado a un segundo puesto. LREM parece víctima del aislamiento personal de Macron, en toda Europa. Nathalie Loiseau, la cabeza de lista del partido de Macron, no consigue ser visible. Exministra de asuntos europeos, gran conocedora de la «cocina administrativa» de la UE, no consigue despegar ni dar visibilidad al proyecto presidencial de Renacimiento de Europa. Renacimiento, con R mayúscula. Proyecto ultra ambicioso que no ha conseguido despertar gran interés fuera ni dentro de Francia. Salvarse de la quema Los Republicanos (LR, derecha tradicional) sigue siendo víctimas de la retirada política de Nicolas Sarkozy, sustituido por unos aspirantes a líderes que no consiguen salir del hoyo de un modesto 12 % de intenciones de voto. Se trata de un retroceso histórico del conservadurismo francés tradicional, que tuvo personalidades eminentes, de Valery Giscard d?Estaing a Jacques Chirac. A la izquierda, socialistas y comunistas corren el riesgo del hundimiento histórico. El PS apenas tiene un 5 % de intenciones de voto. El peor resultado potencial de la historia del socialismo francés, que tuvo personalidades europeas de los más altos vuelos, como François Mitterrand o Jacques Delors. El PCF apenas tiene un 3 % de intenciones de voto. El comunismo francés se instala en el gueto de los grupúsculos insignificantes. No habrá comunistas franceses en el nuevo Parlamento Europeo (PE), elegido el próximo día 26. A la izquierda, el único partido que se salva del hundimiento es La Francia Insumisa (LF, extrema izquierda populista), cuyo líder, Jean-Luc Mélenchon, ha intentado montarse al carro de la franquicia de los chalecos amarillos, donde cohabitan familias de extrema izquierda y extrema derecha. En la recta final de la campaña, LFI ha sido víctima de una crisis espectacular: varios de sus cuadros han abandonado el partido de extrema izquierda para apoyar a la extrema derecha de Le Pen. Tragedia política de gran calado: todas las izquierdas, juntas, «pesan» menos que la extrema derecha de Le Pen. Europa Ecología / Los Verdes (EELV) es una federación de familias ecologistas que se cotizan con un 7 % de intenciones de voto. Solos, aislados, sin grandes aspiraciones, los ecologistas franceses quedarían contentos si consiguieran evitar una catástrofe. Existen, todavía, tres grupúsculos de ultra derecha, Francia en Pie (FeP), Los Patriotas (LP), Unión Popular Republicana (UPR), que suman, juntos, entre un 6 y un 8 % de votos, robados a la extrema derecha de Le Pen. A la extrema izquierda, otros dos grupúsculos, Lucha Obrera (LO) y Generación, apenas suman un 3 ó 4 % de intenciones de voto. Votos robados a las izquierdas tradicionales, caídas en una crisis catastrófica. Un archipiélago Esa fragmentación excepcional del paisaje político francés parece anunciar un terremoto o un cambio muy profundo, cuando menos. Todos los partidos políticos tradicionales, de izquierda o derecha, se han instalado en una crisis sin precedentes. Y los nuevos partidos no cuentan con ningún apoyo excepcional. Emmanuel Macron ha devorado a todos los partidos de centro y derecha tradicionales. Pero no cuenta con un apoyo nacional masivo. Sus ambiciones europeas no han encontrado el eco esperado en Alemania, que no comparte los proyectos europeos del presidente francés. Marine Le Pen ha recentrado a la extrema derecha que su padre organizó en torno al difunto Frente Nacional (FN). Y ha creado un partido de nuevo cuño, Agrupación Nacional (AN), que puede convertirse en el primer partido de Francia, con un programa antieuropeo, antiliberal, anticapitalista, haciendo campaña contra todos los pilares de la Unión Europea (UE). Grandes beneficiarios de la antigua Política Agraria Común (PAC), los agricultores y las clases medias francesas no comparten tal hostilidad contra Europa. Varios sociólogos y estudiosos comienzan a afirmar que Francia está viviendo una gran mutación, convertida en un «archipiélago» de comunidades culturales que no siempre se entienden entre ellas. La recta final de las elecciones europeas parece confirmar, en cualquier caso, que Francia está cambiando de modelo político.
12-05-2019 | Fuente: abc.es
La extrema derecha puede convertirse en el primer partido de Francia
Varios sondeos pronostican que Agrupación Nacional (AN, ex Frente Nacional, FN, extrema derecha), el partido de Marine Le Pen, será la primera fuerza política de Francia en las elecciones europeas del próximo día 26. Hasta ayer, todos los sondeos anunciaban un empate técnico de AN y el partido de Emmanuel Macron, La República En Marcha (LREM), con unas intenciones de voto muy semejantes, entre el 21 y el 22 %, con diferencias del 0,5 y el 1 %, a la alza a la baja. El último sondeo de Le Figaro (matutino conservador), TF1 (primera cadena de tv, privada) y RTL (primera cadena radio, privada), anuncia por vez primera la victoria de AN, con un 22,5 / 23 % de intenciones de voto, con una ligerísima ventaja sobre LREM, que pudiera obtener un 22 %. Se trata de una mínima y eventual ventaja, sintomática. LREM parece ser víctima del liderazgo invisible de Nathalie Loiseau, ex ministra de asuntos europeos, prácticamente invisible e inaudible, a dos semanas de un voto políticamente sensible, para Francia y Europa. Emmanuel Macron se ha visto forzado a entrar personalmente en campaña, con un resultado todavía imprevisible. AN también es víctima de la inexperiencia inaudible de Joan Bardella, el candidato de AN, que cuenta con la presencia permanente de Marine Le Pen en todos sus mitines y actos de campaña, enarbolando siempre su bandera contra una «Europa carcelaria», presentando el voto del próximo día 26 como un plebiscito contra Macron, defensor de un «renacimiento europeo». Todos los sondeos siguen confirmando el hundimiento histórico de las izquierdas francesas. El PS sigue al borde de un precipicio, con un 4,5 % por ciento de intenciones de voto: el peor pronóstico de su historia. El PCF sigue instalado en su condición de grupúsculo, con un 3 % de intenciones. La Francia Insumisa (LFI, extrema izquierda populista) cuenta con un 10 % de intenciones de voto. Esas tres izquierdas, juntas, pesan entre un 17 y 19 % de intenciones de voto, de 3 a 5 puntos menos que la extrema derecha de Marine Le Pen. Existen, todavía, otras dos listas de extrema derecha, que suman un 4 % de intenciones de voto. Los Repúblicanos (LR, derecha tradicional) siguen «huérfanos» de Nicolas Sarkozy, con un 12,5 % de intenciones de voto. Otras cinco listas de ecologistas y extremas izquierdas oscilan entre un 1 y un 7 % de intenciones de voto, confirmando que las elecciones europeas se han transformado, en Francia, en un duelo a primera sangre política entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen.
07-05-2019 | Fuente: abc.es
«La extrema derecha, la extrema izquierda y el movimiento islamista son las fuentes del antisemitismo en Francia»
Cruces gamadas sobre el retrato de Simone Veil, superviviente de Auschwtiz y expresidenta del Parlamento Europeo, en los buzones de un barrio de París. Cruces gamadas sobre las lápidas del cementerio judío de Quatzenheim, una pequeña localidad de Alsacia. Mireille Knoll, una anciana de 85 años, asesinada de varias puñaladas por su «pertenencia a una religión», el judaísmo, en su piso de la capital francesa. Insultos antisemitas, negacionismo y saludos nazis de algunos miembros de los chalecos amarillos, que recorren las calles desde noviembre. En Francia, las agresiones antisemitas aumentaron un 75% en 2018, pasando de las 311 de 2017 a las 541 del año pasado, informó hace tres meses el ministro del Interior, Christophe Castaner. Aunque la comunidad judía parece bien acogida en la sociedad francesa, algunos mitos de raigambre antisemita persisten. Un 89% de los ciudadanos franceses «están de acuerdo» en que los «franceses judíos» son tan franceses «como los otros», según un sondeo de Ipsos. Al mismo tiempo, el 36% cree que «los judíos tienen una relación especial con el dinero», dando crédito a ese mito que hace del judío un hombre rico. Las dificultades con la memoria histórica agravan este panorama. Un sondeo de la empresa CSA revelaba en 2012 que la mayoría de los jóvenes franceses desconocen qué fue la redada del Velódromo de Invierno, triste episodio de colaboracionismo durante la Ocupación nazi. El expresidente Jacques Chirac fue el primero en reconocer la responsabilidad de Francia en ese suceso, que se saldó con la deportación de miles de judíos a campos de exterminio. Lo hizo en 1995, medio siglo después de que se produjera. Chirac también fue el primer presidente que no era un adulto durante la Segunda Guerra Mundial. El antisemitismo, se puede concluir, es un fenómeno que salpica la historia francesa desde el siglo XIX. «La patria de los derechos del hombre -leemos en «A vueltas con la cuestión judía» (Anagrama, 2011), de Élisabeth Roudinesco-, la primera que emancipó a los Judíos, en 1791, estuvo también, alrededor de 1850, entre las primeras que generaron tesis antisemitas, y ya en 1940 traicionó su propio ideal con la instauración del régimen de Vichy». Abraham Bengio (Tánger, 1949), presidente de la Comisión de Cultura de la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo (Licra, por sus siglas en francés), acudió al Centro Sefarad-Israel de Madrid para explicar las causas del rebrote de ese odio en Francia. Su asociación trabaja desde 1927, año de su fundación, para combatir la violencia contra los judíos. Las agresiones antisemitas aumentaron un 75% en Francia de 2017 a 2018. ¿Por qué se ha producido ese incremento? ¿Está el antisemitismo incrustado en la sociedad francesa? Ha habido un aumento de las agresiones racistas en general, y en particular de las antisemitas, en Francia. Hay que relativizar los datos: se dice que en 2018 aumentaron un 75% respecto a 2017, pero 2017 fue un año tranquilo. Por otra parte, no se puede negar que antes del año 2000 se contaban unas 100 agresiones anuales contra los judíos. A partir de entonces, hay entre 250 y 1.000 cada año. Hay varias razones para este aumento impresionante. La primera, que el efecto sedante del Holocausto se ha acabado. La tragedia de la Segunda Guerra Mundial fue enorme. Cuando terminó, proclamar que se era antisemita no resultaba posible. Era demasiado odioso. Georges Bernanos decía algo muy cínico: «Hitler ha deshonrado el antisemitismo». Es decir, que en Francia, antes de 1939, la derecha era antisemita, pero jamás hubiera matado o agredido a nadie; la Shoah había «deshonrado» al antisemitismo, entonces. Por otro lado, los últimos supervivientes del Holocausto se están muriendo. Si hablas a los jóvenes de hoy en día de la guerra, es como si les hablaras de los romanos o de Napoleón. Además, los movimientos ultraderechistas están levantado la cabeza. La ultraderecha es antisemita porque lo tiene en los genes. El antisemitismo forma parte de su patrimonio ideológico. En Francia, el Frente Nacional es una de las fuentes del antisemitismo. La segunda es el movimiento islamista. La mayoría de los musulmanes son personas apacibles que quieren vivir en paz con sus vecinos y practicar su religión, pero una parte hace una lectura fundamentalista del Corán, seleccionando los versículos más contrarios a la libertad y la tolerancia. Eso, junto al antisionismo fanático, que no solo odia la política de Netanyahu, sino la de cualquier gobierno israelí, está en el origen de agresiones muy preocupantes. Ningún judío había muerto en Francia por el hecho de serlo después de la Segunda Guerra Mundial. Desde 2004, ha habido 12 judíos asesinados por serlo, y todos, sin excepción, a manos de islamistas. A eso añade una tercera fuente, es que es la ultraizquierda, que se ha olvidado de la lucha de clases y la ha reemplazado por la raza. A eso hay que sumar la creencia popular absurda de que los judíos tienen mucho dinero, como ocurrió en el caso de Ilan Hamimi, un judío francés que fue secuestrado y torturado y que solo tenía una tienda de telefonía móvil, pero no poder económico. Los chalecos amarillos han sido acusados de antisemitismo. Han aparecido vídeos donde se puede ver a sus integrantes llamando «gran mierda» al filósofo francés Alain Finkielkraut, que tiene ascendencia judía. También le espetaron «Francia es nuestra. Vuelve a Tel-Aviv». ¿Considera que el movimiento tiene un componente antisemita? Sería injusto decir que todos lo hacen. Los chalecos amarillos son un movimiento amplio y heterogéneo que al principio tenía reivindicaciones sobre el precio de los carburantes, el nivel de vida o el poder adquisitivo, y que no tenían nada que ver con el antisemitismo. Se ganaron la simpatía de la mayor parte de la sociedad francesa, con el 80% de apoyo. Luego, la violencia y algunas reivindicaciones absurdas lo han reducido. Los chalecos nunca han tenido portavoces que hablaran en su nombre o una línea ideológica. Los que quedan están bajo la influencia de la ultradereha y de la extrema izquierda. De entre ellos, los que no votan, que son mayoría, tienen simpatía por los extremos. Son gente, aunque suene elitista decir esto, que nunca ha leído un periódico ni oído una emisión de radio decente. Su única fuente de información es internet, con ideas complotistas y sobre contubernios donde el antisemitismo juega un papel central. Por ejemplo, hay algún miembro de la protesta que ha salido a la calle con un cartel donde pone: «Macron, puta de los judíos». El problema es que los otros chalecos no han protestado ni han dicho que se retire porque desacredita el movimiento. De Macron, que no es judío, también se dijo que era víctima de ataques antisemitas, al parodiarse que hubiera trabajado para la banca Rothschild. Sí. Por ser banquero de los Rothschild, que ahora son insignificantes en Francia, no como en el siglo XIX. La banca Rothschild alude directamente a los judíos. Ha habido chalecos amarillos que han hecho pintadas con la palabra «Juden», «judíos» en alemán, en almacenes de París. Es la misma palabra que los nazis escribían en los comercios judíos durante la noche de los cristales rotos para marcar los comercios que había que agredir. También hay chalecos que han manifestado su adhesión a Dieudonné. El humorista que inventó la «quenelle». Dicen que es un saludo nazi invertido, aunque él lo niega. Dieudonné es exhumorista, en realidad. Se ha pasado al Frente Nacional, es amigo de los Ayatolás y viaja a Irán, no por amor a la religión, sino por odio a Israel y a los judíos. Dice que la «quenelle» significa que «se la vamos a meter hasta el fondo a los judíos». Hay chalecos amarillos que hacen ese gesto en un cementerio judío o delante de la fotografía de Ana Frank. El problema es que no haya otros chalecos que denuncien que hacer eso es una perversión que no tiene nada que ver con sus reivindicaciones, porque, cuando se hace un vez tras otra, eres cómplice o estúpido. Volviendo a ese imaginario del antisemitismo, que define al judío como un banquero rico, o como un ser en la sombra que manipula el mundo a su antojo, es llamativo que muchos movimientos de derecha radical hayan puesto en el punto de mira a Soros, un magnate húngaro al que acusan de expandir el «progresismo». No conozco bien el tema de Soros. Sé que es de origen judío, húngaro, y quizá un capitalista poco dado a la filantropía, pero Orbán le ha utilizado para azuzar el antisemitismo en su país, con la idea de que es judío y rico. Nuestra prioridad para combatir el racismo y el antisemitismo no está solo en escuelas, institutos o en la universidad, sino también en internet. El ciberodio es horrible. Primero, porque es anónimo. Segundo, porque va a una velocidad increíble. Publicas algo, y en poco tiempo da la vuelta al mundo. El ciberodio también es muy difícil de combatir porque es apátrida. ¿Cuál es la sede social que alberga ese contenido odioso? En Estados Unidos hicieron un experimento hace pocos años. Tenían un robot de inteligencia artificial. Duró 24 horas, porque el robot se volvió nazi a fuerza de leer tuits. Esto demuestra lo peligrosas que pueden ser las redes cuando no se controlan. Por eso, nuestro objetivo es que la ley en Francia, y en toda Europa, cambie. A veces parece que hay cierto desconocimiento en Francia sobre algunos episodios antisemitas de su pasado. Por ejemplo, un sondeo publicado en 2012 afirmaba que la mayoría de los jóvenes no sabían qué había sido la redada del Velódromo de Invierno, uno de los episodios más graves de la Ocupación. ¿Puede suceder algo así en Alemania, por ejemplo? Los alemanes han hecho un trabajo admirable. Cuando visité Alemania por primera vez, hace ya bastantes años, tenía cierto recelo. Sin embargo, descubrí un país donde se había hecho un trabajo de memoria admirable. Me reconcilié con los alemanes de hoy. En el parlamento alemán, en la entrada, hay un letrero donde pone «Dem Deutschen Volke». En una placa, te explican que el que fundió el metal para poner esas palabras, el autor de ese símbolo del orgullo nacional alemán, fue un judío asesinado en Auschwizt. En Francia, cuando se hizo una estatua del capitán Dreyfus, era para ponerla delante de la Escuela Militar. La Escuela Militar y el ministro de Defensa dijeron que ni hablar, que no era posible poner una estatua de Dreyfus allí. Ahora la puedes ver en París, pero está en el patio del Museo de la Historia del Judaísmo. Francia padeció la Ocupación, aunque hubo colaboracionistas franceses terribles. Sobre el hecho de que un porcentaje muy elevado de los jóvenes no sepa lo que es la Shoah, ni haya oído hablar de la redada del Velódromo de Invierno, me temo que, si se hicieran encuestas sobre acontecimientos nacionales en España o en Reino Unido, no tengo muy claro que hubiera un conocimiento mayor.
08-04-2019 | Fuente: abc.es
Vox y el Frente Nacional dejan solo a Salvini en su intento por unir a la derecha radical europea
Partió hoy lunes de Milán la batalla de los ultraderechistas en su intento por conquistar Europa. El vicepresidente del gobierno italiano y ministro del Interior, Matteo Salvini, líder de la Liga Norte, convocó en la capital lombarda una reunión de los partidos populistas europeos con el objetivo de construir un bloque cuya gran ambición es «convertirse en el primer partido en Europa», según explicó el propio Salvini. Algunos analistas consideraron un fracaso la convocatoria del líder de la Liga, porque a Milán no acudieron algunas de las figuras clave de la derecha radical europea, como Marine Le Pen, líder del Frente Nacional, o Viktor Orban, primer ministro de Hungría. Al líder de la Liga solamente lo acompañaron Joerg Meuthen (Alternativa para Alemania), Olli Kotro (Verdaderos Finlandeses) y Anders Vistisen (Partido Popular Danés). Salvini, que recientemente prometió que 20 partidos populistas de diferentes países asistirían a la cumbre de ayer de Milán, justificó así las ausencias: «Hoy hablo en nombre de todos los partidos, la gran cita de todos ellos será el 18 de mayo en Milán», que servirá de cierre de la campaña de las elecciones europeas. Vox tampoco acudió. Según medios locales italianos, el partido español sí estaba invitado al encuentro para trazar una futura alianza para la Eurocámara, pero fuentes de la formación liderada por Santiago Abascal confirmaron a ABC que ni les llegó una invitación ni asistieron a la cita. Vox de hecho siempre ha evitado que se les identifique con las formaciones de ultraderecha. No obstante, Abascal y su vicesecretario de Relaciones Internacionales, Iván Espinosa de los Monteros, sí buscan una alianza con el Gobierno «anti Macron» polaco. Internacional populista El objetivo de estos partidos es impulsar una internacional soberanista o populista en la que se integren todos los partidos ultraderechistas y euroescépticos. Se trata de un proyecto contradictorio, porque se piensa en una alianza, lo que, por definición, implica una cesión parcial de soberanía, pero estos líderes colocan en el primer puesto de sus objetivos la defensa a ultranza de los intereses de cada Estado. El crecimiento en votos y la llegada al gobierno de algunos países europeos de fuerzas políticas antisistema, a las que genéricamente se les llama populistas, ha reactivado su aspiración de unirse para cambiar los equilibrios del Parlamento Europeo, tradicionalmente controlado por los socialistas y populares. Con este proyecto, Salvini intenta que la Liga juegue la carta de eje de la balanza o pernio para unir a las derechas radicales de Francia, Austria, Bélgica, Alemania, Polonia y hasta Finlandia y Dinamarca. A pesar de los esfuerzos de Salvini, que sueña con que surja una «nueva primavera unida», las diferencias en las estrategias y perspectivas políticas de los diferentes partidos populistas pueden impedir o dificultar que formen un grupo unido. Hay quien vaticina su fracaso, como han hecho los populistas del Movimiento 5 Estrellas (M5E). El M5E tiene claras diferencias políticas con la Liga, a pesar de que forman un gobierno de coalición en Italia. El líder del Movimiento, Luigi Di Maio, ha afirmado que le «preocupa la alianza de Salvini con quien niega el Holocausto». Salvini definió a esta alianza, o «internacional soberanista», como la «Europa del sentido común». El manifiesto programático conjunto, por ahora, se limita a una serie de líneas comunes muy generales, cuyo principal objetivo es que se conceda mayores poderes a los gobiernos. Por ejemplo, en relación con la defensa de las fronteras externas de la Unión, el líder de la Liga solo apunta una frase genérica: «Nosotros sabremos cómo usar bien los 10.000 hombres de Frontex» (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas). En un intento por hacer una síntesis de los objetivos de las distintas fuerzas de derecha radical, Salvini se refirió sobre todo, como punto de unión de la alianza, a la «recuperación de la soberanía nacional», un capítulo que el ministro del Interior le sirve para evocar fundamentalmente el problema de la inmigración: «No queremos redistribuir los inmigrantes -dijo Salvini-, sino controlar las fronteras».
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