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Noticias de epidemia

25-05-2020 | Fuente: abc.es
Más de la mitad de las regiones de Rusia intensifican hoy la desescalada
Junto con un gran número de países europeos y de la antigua Unión Soviética, más de la mitad de los 85 entes territoriales que constituyen la Federación de Rusia levantan hoy las medidas de confinamiento obligatorio, muchas otras restricciones dictadas para combatir el coronavirus y pasan a la llamada «segunda fase», algunas incluso a la «tercera», la última antes de acometer la normalización completa. Así lo aseguró ayer la directora del órgano de control Rospotrebnadzor, Anna Popova, en declaraciones a los medios de comunicación. La provincia de Moscú, según su gobernador, Andréi Vorobiov, es una de las regiones que hoy estrenan «segunda fase», tras permanecer tan sólo una semana en la primera. Vorobiov dijo que abrirán restaurantes pequeños y cafeterías, negocios de servicios, como peluquerías y salones de belleza, además de tintorerías y algunos locales comerciales, pero controlando estrictamente el aforo. Sin salvoconducto Desde el sábado en la región de Moscú tampoco hacen falta los salvoconductos QR para poder circular en coche o utilizar el transporte público. Se podrá salir a la calle para dar paseos o practicar deporte. Lo que sí se sigue exigiendo es guardar la distancia social y utilizar guantes y mascarilla. Al igual que en la capital, en la región moscovita funcionan desde el 18 de mayo la industria y las obras de construcción de edificios. En Siberia muchas regiones, especialmente las menos densamente pobladas, pasan a la «tercera fase» y permitirán la circulación completa de personas, abrirán los parques y hasta los grandes centros comerciales. Sin embargo, en la ciudad de Moscú, epicentro de la epidemia dentro de Rusia por tener la mayor densidad de población, las medidas de confinamiento continuarán vigentes por lo menos hasta el 31 de mayo y seguirá siendo necesario tramitar los códigos QR para utilizar cualquier tipo de transporte, incluido el particular. La única suavización de las restricciones que hoy comienza en la capital rusa es la reanudación de la actividad de la mayor parte de los Centros Multifuncionales de Servicios Estatales (MFTs en sus siglas en ruso) para la tramitación de una gran gama de gestiones oficiales y el alquiler de vehículos de uso compartido (car sharing). Inquietud por Daguestán Mientras tanto, sigue suscitando preocupación la situación en la república caucásica de Daguestán por el importante incremento de contagios registrados en los últimos días. Se ha enviado desde Moscú a la zona refuerzos de médicos y fuerzas del Ministerio de Protección Civil con equipos de desinfección. Daguestán ocupa el quinto lugar en Rusia en número de casos confirmados por contagio de COVID-19. La desescalada que hoy se intensifica en Rusia, según la especialista en enfermedades infecciosas del Ministerio de Sanidad ruso, Elena Malínnikova, «puede provocar una segunda ola de contagios, pero estamos preparados para ello». En entrevista al rotativo «Parlámentskaya Gazeta», Malínnikova sostiene que, de producirse, «un rebrote de los casos de COVID-19 no tendría la gravedad que antes, ya que se ha creado una cierta inmunidad colectiva y el virus se está debilitando». Rusia tiene ya 353.427 infectados, tras registrar en las últimas 24 horas 8.946 nuevos casos, 347 contagios más que los registrados el domingo. Anota además un total de 3.633 decesos, después de experimentar desde ayer un incremento de 92, que supone 61 menos que el día anterior. En Moscú los contagios han aumentado en 2.560, lo que supone un incremento de 44 con respecto al domingo, sumando en total 166.473 infectados. Los decesos se han incrementado en 41, siendo 18 menos que el día anterior, con lo que eleva el total a 2.034 muertos.
25-05-2020 | Fuente: abc.es
La Ley de Seguridad que quiere imponer China reactiva la revuelta de Hong Kong
No ha tardado Hong Kong en movilizarse contra la Ley de Seguridad Nacional que le quiere imponer China sin pasar por su Parlamento regional, anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular en Pekín. Tal y como se esperaba, ayer estallaron las primeras protestas, ya que muchos consideran que dicha regulación, que penará la subversión, la secesión, el terrorismo y las injerencias extranjeras, viola la autonomía de la que disfruta la excolonia británica bajo el principio de «un país, dos sistemas» y coarta sus libertades, mayores que en el resto de China. Ni la amenaza del coronavirus, ya controlado en la ciudad, ni la prohibición de manifestarse impidieron que miles de personas se congregasen en el distrito comercial de Causeway Bay, escenario habitual de las protestas del año pasado reclamando democracia. Al igual que entonces, la tensión fue en aumento entre los manifestantes, que se cubrían el rostro con máscaras y entonaban cánticos contra el régimen chino portando banderas y carteles, y los antidisturbios, que habían montado un fuerte dispositivo para evitar concentraciones y desplegado hasta su cañón de agua. Cargas y gas lacrimógeno Para dispersar a la multitud, los agentes dispararon gases lacrimógenos y cargaron contra las barricadas montadas en las calles que conducen al vecino distrito de Wan Chai, según mostró la radiotelevisión pública RTHK. Para despejar los obstáculos del camino, se ayudaron del cañón de agua, cuyo chorro acabó propulsando a varias personas y también a algunos periodistas. Los manifestantes, en su mayoría jóvenes ataviados de negro, se enfrentaron a la Policía lanzando ladrillos y otros objetos. Al grito de «¡Levántate por la libertad, la revolución de nuestros tiempos!» y «¡La independencia es la única salida para Hong Kong!», quemaron neumáticos y basura en las calles y destrozaron los escaparates de algunas tiendas. Al anochecer, el Gobierno local informó en un comunicado de que la Policía había arrestado a al menos 180 personas, entre quienes había 40 que habían montado barricadas y también políticos y consejeros de distrito de la oposición demócrata. Se suman así a los más de 8.300 detenidos desde el estallido en junio de las manifestaciones contra la ya retirada ley de extradición a China, que empezaron de forma pacífica y derivaron en una violenta revuelta por la democracia que sacudía cada semana a Hong Kong hasta la llegada del coronavirus. Según el periódico South China Morning Post, los hospitales atendieron a una decena de heridos por las peleas callejeras. Por las redes sociales circulan imágenes de pandillas de jóvenes de negro, el uniforme de los manifestantes, pegando salvajemente a quienes trataban de retirar las barricadas, entre ellos un abogado de 40 años. Aunque no por una reyerta, sino por un ataque de pánico, en estado crítico se encuentra una limpiadora de 51 años que sufría del corazón y se desmayó cuando un grupo de personas entró a la carrera en el baño donde estaba trabajando. Un verano caliente Con el control de la epidemia del coronavirus y el anuncio de la Ley de Seguridad Nacional, que será promulgada entre junio y agosto, vuelve la agitación social y se espera otro «verano caliente». Además de criticar que dicha normativa sea impuesta directamente desde Pekín en el Anexo III de la Ley Básica, mini-Constitución de Hong Kong, la oposición demócrata teme perder las mayores libertades políticas de las que goza la excolonia británica. Y es que la ley prevé la creación de oficinas de la seguridad pública china para perseguir delitos como la subversión, el separatismo y el terrorismo, acusaciones que el autoritario régimen de Pekín usa habitualmente para condenar a los disidentes en el continente sin las garantías legales que priman en Occidente. Aunque las autoridades chinas y la jefa ejecutiva del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, insisten en que se respetarán los derechos políticos y económicos, la ciudad más libre de Asia teme un aumento de la represión. En el objetivo están la oposición demócrata y los activistas críticos con el régimen del Partido Comunista, que ahora tienen libertad de expresión y reunión para organizar movilizaciones multitudinarias como la vigilia anual recordando la matanza de Tiananmen. Tras su devolución por parte del Reino Unido en 1997, China se había comprometido a respetar dichas libertades bajo el principio de «un país, dos sistemas», vigente en teoría durante 50 años. Alertando de que la nueva Ley de Seguridad Nacional supondrá el fin de dicho modelo, 186 diputados y diplomáticos de 23 países han firmado una declaración denunciando la «flagrante violación» de la Declaración Conjunta Sino-Británica que selló en 1984 el retorno de Hong Kong. «Si la comunidad internacional no puede confiar en que Pekín cumpla su palabra sobre Hong Kong, la gente tendrá recelos para aceptarla en otros asuntos», advirtió el comunicado, redactado por el último gobernador de la colonia, Christopher Patten, y el secretario de Exteriores británico, Malcom Rifkind. Entre los firmantes destacan 44 diputados británicos, ocho miembros de la Cámara de los Lores y senadores estadounidenses muy críticos con China, como Marco Rubio y Ted Cruz. Los planes de Pekín han sido denunciados también por la Unión Europea, Australia, Canadá y Estados Unidos, que amenaza con revisar el estatus económico especial que otorga a Hong Kong como castigo al régimen. En un encuentro con los diputados de esta ciudad y de la vecina Macao, el viceprimer ministro Han Zheng les aseguró que «la intención del Gobierno es firme y la ley será implementada hasta el final». Tal y como informa la televisión estatal CCTV, también les dijo que solo se dirigiría contra un número pequeño de personas: los activistas que buscan la independencia, los radicales violentos y los manifestantes que pretenden hundir la economía local con su canto de guerra «Si ardemos, vosotros os quemáis con nosotros», sacado de «Los juegos del hambre». Por su parte, el Gobierno local respondió anoche en un comunicado a las críticas internacionales defendiendo la necesidad de la ley por la violencia de las protestas, prometiendo además libertad e independencia judicial. Pero, al ser China un régimen autoritario, pocos se lo creen. Pekín apela a la «coexistencia pacífica» con EE.UU. para evitar una nueva «Guerra Fría» Junto a la guerra comercial, las disputas territoriales en el Mar del Sur de China y las acusaciones sobre el coronavirus, la revuelta de Hong Kong se suma a la larga lista de enfrentamientos que el régimen de Pekín mantiene con Estados Unidos. Compareciendo en la Asamblea Nacional Popular, la reunión anual del Parlamento orgánico chino, el ministro de Exteriores, Wang Yi, intentó ayer rebajar la tensión, exacerbada por la catástrofe global que ha desatado la pandemia. «Tenemos que estar alerta ante los esfuerzos de algunas fuerzas políticas en América que quieren secuestrar las relaciones con China y están empujando a ambos países hacia una denominada nueva Guerra Fría», señaló en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín ante un reducido grupo de periodistas. Con el fin de evitar contagios, a todos ellos se les había hecho la prueba del coronavirus horas antes y habían sido aislados hasta la rueda de prensa. Para Wang, «desgraciadamente, no solo el coronavirus está barriendo el mundo, un virus político también se está extendiendo por EE.UU. Este virus político aprovecha cada oportunidad para manchar a China». Ante la creciente hostilidad internacional hacia el régimen de Pekín por la pandemia y el riesgo de desacoplamiento de Occidente con la segunda mayor economía del planeta, advirtió de que «esto es un peligroso intento de revertir el curso de la Historia?. Asegurando que «China no tiene intención de cambiar a EE.UU., y mucho menos de reemplazarlo?, propuso «por el bien de los dos pueblos, y también por el futuro de la humanidad, encontrar un modo de coexistir pacíficamente a pesar de las diferencias en los sistemas y culturas de ambas sociedades». Curiosamente, Wang Yi trataba de disipar los temores a un mundo bipolar, pero acabó recurriendo a la misma «coexistencia pacífica» que ya enarbolara la extinta Unión Soviética durante la «Guerra Fría». Con un tono más mesurado, que contrasta con el que emplean los «lobos guerreros? que están proliferando entre los diplomáticos chinos, tendió la mano a sus vecinos, Rusia, Japón y Corea del Sur. Además, apeló a la colaboración con la Unión Europea, pero eludió la crisis con Australia por la investigación del coronavirus. Y, dentro de la «diplomacia de las mascarillas» con que Pekín intenta mejorar su imagen, también prometió más ayuda para África.
24-05-2020 | Fuente: abc.es
Al menos 120 detenidos en las primeras protestas en Hong Kong contra la «ley antisubversión» de China
No ha tardado Hong Kong en movilizarse contra la Ley de Seguridad Nacional que le quiere imponer China sin pasar por su Parlamento regional, anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular en Pekín. Tal y como se esperaba, este domingo han estallado las primeras protestas, ya que muchos consideran que dicha regulación, que penará la subversión, la secesión y el terrorismo, viola la autonomía de la que disfruta la excolonia británica bajo el principio de «un país, dos sistemas» y amenaza sus libertades, mayores que en el resto de China. Ni la amenaza del coronavirus, ya controlado en la ciudad, ni la prohibición policial de manifestarse para guardar la distancia social han impedido que la multitud se congregue en el distrito comercial de Causeway Bay, escenario habitual de las protestas del año pasado reclamando democracia. Como entonces, la tensión ha ido en aumento entre los manifestantes, que iban ataviados con máscaras y entonaban cánticos contra el régimen chino portando banderas y carteles, y los antidisturbios, que habían montado un fuerte dispositivo para evitar concentraciones y desplegado hasta su cañón de agua. Para dispersar a la multitud, los agentes han disparado gases lacrimógenos y han llevado a cabo cargas entre las barricadas montadas en las calles que conducen al vecino distrito de Wan Chai, según ha mostrado la radiotelevisión pública RTHK. A tenor de un comunicado de la Policía difundido en Facebook, a las 16.30 (10.30, hora peninsular española) habían sido arrestadas ya 120 personas, entre las que figuraban 40 que habían montado barricadas en la calle Gloucester. Se suman así a los más de 8.300 detenidos desde el estallido en junio de las manifestaciones contra la ya retirada ley de extradición a China, que empezaron de forma pacífica y derivaron en una violenta revuelta por la democracia que sacudía cada semana a Hong Kong hasta la llegada del coronavirus. Con el control de la epidemia y el anuncio de la Ley de Seguridad Nacional, que podría ser promulgada a finales de junio, vuelve la agitación política y se espera un «verano caliente». Además de criticar que dicha normativa sea impuesta directamente desde Pekín en el Anexo III de la Ley Básica, mini-Constitución de Hong Kong, la oposición demócrata teme perder las mayores libertades políticas de las que goza la excolonia británica. Y es que la ley prevé la creación de oficinas de la seguridad pública china para perseguir delitos como la subversión, el separatismo y el terrorismo, acusaciones que el autoritario régimen de Pekín usa habitualmente para condenar a los disidentes en el continente sin las garantías legales que priman en Occidente. Aunque las autoridades chinas y la jefa ejecutiva del Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, insisten en que se respetarán los derechos políticos y económicos, la ciudad más libre de Asia teme un aumento de la represión. En el objetivo están la oposición demócrata y los activistas críticos con el régimen del Partido Comunista, que ahora tienen libertad de expresión y reunión para organizar movilizaciones políticas como la vigilia anual recordando la matanza de Tiananmen. «Un país, dos sistemas» Tras su devolución por parte del Reino Unido en 1997, China se había comprometido a respetar dichas libertades bajo el principio de «un país, dos sistemas», vigente en teoría durante 50 años. Alertando de que la nueva Ley de Seguridad Nacional supondrá el fin de dicho modelo, 186 diputados y diplomáticos de 23 países han firmado una declaración denunciando la «flagrante violación» de la Declaración Conjunta Sino-Británica que selló en 1984 el retorno de Hong Kong. «Si la comunidad internacional no puede confiar en que Pekín cumpla su palabra sobre Hong Kong, la gente tendrá recelos para aceptarla en otros asuntos», advirtió el comunicado, redactado por el último gobernador de la colonia, Christopher Patten, y el secretario de Exteriores británico, Malcom Rifkind. Entre los firmantes destacan 44 diputados británicos, ocho miembros de la Cámara de los Lores y senadores estadounidenses muy críticos con China, como Marco Rubio y Ted Cruz. Los planes de Pekín han sido denunciados también por la Unión Europea, Australia, Canadá y Estados Unidos, que amenaza con revisar el estatus económico especial que otorga a Hong Kong como castigo al régimen. Compareciendo este domingo ante los medios en la Asamblea Nacional Popular, el ministro de Exteriores chino, Wan Yi, ha intentado rebajar la tensión, exacerbada también por las acusaciones de la Casa Blanca sobre la catástrofe global del coronavirus. «Tenemos que estar alerta ante los esfuerzos de algunas fuerzas políticas en América que quieren secuestrar las relaciones con China y están empujando a ambos países hacia una denominada nueva Guerra Fría», señaló. Ante la creciente hostilidad internacional hacia China y el riesgo de desacoplamiento con la segunda mayor economía del planeta, Wang Yi advirtió de «esto es un peligroso intento de revertir el curso de la Historia». Asegurando que «China no tiene intención de cambiar a EE.UU., y mucho menos de reemplazarlo», propuso «por el bien de los dos pueblos, y también por el futuro de la humanidad, encontrar un modo de coexistir pacíficamente a pesar de las diferencias en los sistemas y culturas de ambas sociedades». Curiosamente, Wang Yi trataba de disipar el regreso a un mundo bipolar, pero acabó recurriendo a la misma «coexistencia pacífica» que ya enarbolara la extinta Unión Soviética durante la «Guerra Fría».
24-05-2020 | Fuente: abc.es
Xi Jinping endurece el discurso para desviar las críticas internas por el coronavirus
Ni el coronavirus ni la «Guerra Fría» contra Estados Unidos apartan al régimen chino de su creciente control sobre Hong Kong. Más bien al revés, el presidente Xi Jinping juega esta carta de la Ley de Seguridad Nacional sobre la excolonia británica para desviar posibles críticas internas por su enfrentamiento con Trump y por la pandemia, ya que la catástrofe que ha desatado en todo el mundo ha puesto a China en la picota. Por ese motivo, y a pesar de los rebrotes en el nordeste que han obligado a cerrar varias ciudades, el régimen se ha arriesgado a celebrar la reunión anual de su Asamblea Nacional, suspendida en marzo por la epidemia. A pesar del peligro, ha convocado en Pekín a 3.000 diputados venidos de todo el país, a los que ha hecho las pruebas del coronavirus y confinado en hoteles para una sesión acortada a una semana y con la presencia de medios reducida al mínimo. Con esta reunión, según analiza para ABC el profesor de Política Jean-Pierre Cabestan, de la Universidad Baptista de Hong Kong, el régimen pretende «volver a la normalidad, mostrar al mundo que China va por delante en la pandemia y que el Partido Comunista está unido incluso aunque Xi Jinping no aparezca tanto en los medios y se mencione menos su discurso». A su juicio, «Xi ha quedado debilitado incluso aunque siga en el poder hasta 2022». Pero cree que es «difícil decir» si podrá perpetuarse más allá de sus dos mandatos, como pretendía al reformar la Constitución en 2018. Para este experto, «la nueva Ley de Seguridad Nacional no es el fin de ?un país, dos sistemas?, pero confirma el cambio hacia otra interpretación en la que el Gobierno central tiene más que decir y Hong Kong y su sociedad gozarán de menos autonomía». Por eso, vaticina que «tendrá un impacto negativo en las libertades políticas, pero no afectará a los negocios». El problema, según Cabestan, «es que va a reiniciar las protestas, sobre todo entre los jóvenes, aunque está por ver si el resto de la sociedad se echa a la calle para protestar y oponerse a este proyecto».
24-05-2020 | Fuente: abc.es
Hong Kong prepara otro «verano caliente» contra la Ley de Seguridad china
Tras la revuelta del año pasado reclamando democracia, interrumpida durante estos últimos meses por la epidemia del coronavirus, Hong Kong se prepara para otro «verano caliente» de protestas contra el autoritario régimen chino. Cuando parecía que no había problema más importante que la amenaza global de la pandemia, que ha rebrotado en el nordeste del país con casos importados de la vecina Rusia, en la antigua colonia británica ha caído como una bomba la decisión de Pekín de promulgar una Ley de Seguridad Nacional para penar la subversión, la secesión, el terrorismo y las injerencias extranjeras. Anunciada el viernes en la apertura de la Asamblea Nacional Popular, la reunión anual del Parlamento orgánico de China, la moción será aprobada la próxima semana para que su Comité Permanente redacte esta nueva Ley lo antes posible. Aunque la legislación de Hong Kong compete a su Parlamento local en virtud del principio «un país, dos sistemas», que otorga a la ciudad autonomía y más libertades que al resto de China, Pekín tiene potestad para promulgar directamente ciertas normas. Así se lo permite el artículo 18 de la Ley Básica, que hace de mini-Constitución de Hong Kong y establece que las regulaciones nacionales se pueden incluir en su Anexo III cuando se refieran a la defensa, asuntos exteriores y «otras cuestiones fuera de los límites» de su Gobierno regional. Amparándose en esta premisa, el régimen pretende imponer dicha Ley de Seguridad Nacional sin que sea debatida ni enmendada en el Consejo Legislativo (Legco) de Hong Kong, donde la oposición demócrata montaría una bronca monumental. Como el Comité Permanente de la Asamblea Nacional se reúne dos veces al mes y puede llevarle dos o tres sesiones redactar esta ley, se calcula que entrará en vigor entre junio y agosto. En virtud del artículo 23 de la mini-Constitución de Hong Kong, el Gobierno local tenía que haber promulgado esta ley, pero medió millón de personas se echaron a las calles cuando intentó hacerlo en 2003. Ahora, con el enrarecimiento del clima político y la previsible victoria de la oposición demócrata en las elecciones al Parlamento de septiembre, Pekín ha perdido la paciencia y tomado cartas en el asunto. De esta manera, quiere dotarse de una herramienta ilegal para «detener y castigar las injerencias extranjeras que persigan actividades subversivas, secesionistas de infiltración o dañinas» para Hong Kong. Pero, al tratarse de un régimen autoritario, sus intenciones han vuelto a hacer saltar todas las alarmas entre los grupos opositores de la ciudad, que disfrutan de unas libertades que no existen en el resto de China y temen perderlas. Sus miedos se basan en la represión que sufren los disidentes en el continente, que legalmente pueden ser detenidos por la Policía hasta seis meses sin pasar por un tribunal y suelen ser condenados por delitos como «subversión contra el poder del Estado» y «buscar problemas». Sin ir más lejos, por esos cargos fue sentenciado a once años de prisión el difunto Nobel de la Paz Liu Xiaobo. Además, la ley prevé la implantación en Hong Kong de oficinas de la seguridad pública china, lo que espanta en la ciudad por su fama de intimidar y hacer «desaparecer» a los activistas que osan desafiar al Partido Comunista. Al ser una de las ciudades más libres de Asia, a Hong Kong le aterra perder su autonomía y el principio de «un país, dos sistemas» que, desde su devolución por parte del Reino Unido en 1997, en teoría tenía que estar vigente durante 50 años. Ahora es «un país, un sistema» «El presidente Xi Jinping se ha cargado toda la pretensión de «un país, dos sistemas». Están anunciando al mundo que Hong Kong ya no está bajo este principio. Ahora es "un país, un sistema" cuando puedan imponer esta ley. También le están diciendo al mundo que la Declaración Sino-Británica está eliminada y lo que queda es la confrontación de China contra Hong Kong», criticó ante los medios el veterano político Lee Cheuk-yan, presidente del Partido Laborista y uno de los organizadores de las masivas manifestaciones del año pasado. Como uno de los líderes de la Alianza de Hong Kong en Apoyo a los Movimientos Democráticos y Patrióticos de China, viene luchando contra el autoritarismo de Pekín desde la matanza de Tiananmen, donde fue detenido por llevar donaciones recogidas en Hong Kong. Por su destacado papel y su gestión al frente del Museo de Tiananmen en la ciudad, el único que hay en China, Lee es uno de los que teme ser objetivo de la nueva Ley de Seguridad Nacional. Lo mismo le ocurre al joven y combativo activista Joshua Wong, acusado por la propaganda china de «traidor» por el apoyo que recibe desde Estados Unidos. «Esta Ley de Seguridad Nacional matará los movimientos democráticos de Hong Kong, ya que sus protestas pueden ser clasificadas como intentos de subversión contra la autoridad, justo lo que ahora ocurre en China», escribió en Twitter Wong, quien llamó a nuevas movilizaciones. Para calmar los ánimos, la jefa ejecutiva del Gobierno local, Carrie Lam, compareció el viernes por la noche con todo su equipo con el fin de apoyar la Ley. «Nos proporcionará el mejor sistema para garantizar la prosoperidad y la estabilidad de Hong Kong y no afectará al sistema capitalista ni al imperio de la ley. Tampoco dañará los intereses de los inversores extranjeros, que están legalmente protegidos», anunció, según recoge el periódico ?South China Morning Post?. Pero el proyecto de ley despierta tantas inquietudes que la Bolsa de Hong Kong sufrió sus mayores pérdidas en cinco años al caer un 5,6 por ciento y los banqueros temen una fuga de capitales de la ciudad, uno de los centros financieros del mundo. En el frente diplomático, el Reino Unido, Australia y Canadá han firmado una declaración conjunta instando a China a respetar el principio de «un país, dos sistemas» y la Unión Europea ha pedido «debate democrático, consulta a las partes interesadas y respeto a los derechos y libertades de Hong Kong». Por su parte, EE.UU. podría modificar el estatus económico especial que le concede a la ciudad, por donde entra el 70 por ciento de la inversión extranjera en China. Al igual que el año pasado, cuando una ley de extradición a China ya retirada desató las mayores protestas de su historia, Hong Kong se prepara para otro «verano caliente».
23-05-2020 | Fuente: abc.es
El Gobierno ruso prevé un aumento de la mortalidad en mayo por COVID-19 en el conjunto del país
Rusia registra ya un total de 335.882 contagios desde el comienzo de la pandemia y solamente 3.388 fallecimientos por COVID-19, lo que indica un porcentaje de mortalidad muy bajo, si las cifras oficiales no mienten y si los criticados métodos de conteo reflejan con exactitud la realidad. Sin embargo, durante la videoconferencia gubernamental del viernes, presidida por el presidente Vladímir Putin, la viceprimera ministra encargada del operativo de lucha contra la pandemia, Tatiana Gólikova, admitió que sus cálculos «indican que en mayo se producirá un incremento significativo de la mortalidad» causada por el virus. Hoy, de momento, no está siendo así, ya que en el país eslavo se han registrado 139 nuevas muertes por coronavirus, que son 11 menos que las 150 anotadas el viernes, cuando se alcanzó el mayor número de decesos en un solo día. También en Moscú ha bajado la cifra de fallecimientos, pasando de 73 el viernes a 67 hoy, con un total de 1.934 decesos hasta la fecha. Las autoridades sanitarias rusas muestran en sus recuentos oficiales solamente las muertes cuya causa directa es el coronavirus, tras realizar la autopsia. Sin embargo, en otros países incluyen todos los fallecimientos de pacientes que dieron positivo en las pruebas, aunque la muerte pudiera haber sido debida en concreto a otra dolencia. Gólikova, no obstante, insistió ayer en que Rusia «nunca ha ocultado su situación en cuanto a la mortalidad» causada por el COVID-19. Según declaró, «nos ajustamos a las exigencias formuladas por la Organización Mundial de la Salud». Lo que sí ha aumentado de ayer a hoy en Rusia y también en Moscú ha sido el número de infectados, aunque no de forma crítica. En todo el país se han registrado 9.434 nuevos casos, lo que supone un repunte de 540 contagios por encima de las cifras registradas el viernes, mientras en la capital rusa ha habido 3.190 nuevos contagios, lo que supone un incremento de 202 con respecto al día anterior. En cuanto a la cantidad de personas restablecidas, en Rusia se eleva desde ayer a 8.111 curados, número que estar por debajo de los 9.434 nuevos contagios y rompe así la tónica de recuperación de la epidemia. El número total de dados de alta en Rusia alcanza los 107.936. En Moscú, foco principal todavía de la enfermedad. sin embargo, la situación sí es algo mejor, el total de curados en la ciudad supera los 47.000 tras 3.831 nuevas altas, lo que mantiene a la capital rusa en la dinámica positiva de más recuperados que nuevos contagiados, que hoy ascendieron a 3.190. En su intervención ante los ministros, Putin constató ayer esa mejoría señalando que «según las informaciones objetivas que recibimos y las valoraciones de los expertos, la situación a nivel general en el país se estabiliza. Tanto en Moscú, la primera en encarar la pandemia, como en otras muchas regiones rusas se reduce paulatinamente la cantidad de nuevos contagios diarios». Aunque lamentó que la recuperación «no está siendo todo lo rápida que quisiéramos».
22-05-2020 | Fuente: abc.es
China renuncia a su objetivo de crecimiento económico por la incertidumbre del coronavirus
El coronavirus ha alterado tanto el mundo que ya ni siquiera China se atreve a fijar su objetivo de crecimiento económico para este año. Por primera vez desde 1990, cuando se empezaron a publicar estas previsiones, el primer ministro, Li Keqiang, ha evitado dicho dato en la inauguración este viernes de la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento orgánico del régimen. En una reunión retrasada dos meses por la epidemia, y ante 3.000 diputados pertrechados con mascarillas, Li reconoció que China se veía obligada a cambiar sus planes de crecimiento para la economía. Su pronóstico, calculado en torno al 6 por ciento, debía ser revisado después de que el Producto Interior Bruto (PIB) haya caído un 6,8 por ciento en el primer trimestre por el estallido de la enfermedad COVID-19 en Wuhan en enero y la paralización total del país para evitar su propagación. «Me gustaría destacar que no hemos fijado un objetivo específico de crecimiento económico este año. Esto se debe a que nuestro país se enfrentará a algunos factores que son difíciles de predecir en su desarrollo debido a la gran incertidumbre sobre la pandemia de COVID-19 y el ambiente financiero y comercial del mundo», leyó el «premier» en su discurso, acortado para la ocasión. En su opinión, «no marcar un objetivo de crecimiento nos permitirá concentrarnos en asegurar la estabilidad y seguridad» en frentes como como el empleo, el sector financiero, el comercio y la inversión exterior e interna, así como en áreas como la seguridad laboral, las necesidades básicas de vida, las operaciones de las entidades de mercado, la seguridad alimentaria y energética, la estabilidad de las cadenas de suministro e industriales y el normal funcionamiento del gobierno. «Somos conscientes de las dificultades y problemas a los que nos enfrentamos. El "shock" de la pandemia de COVID-19 ha enviado al mundo a una severa recesión, alterado las cadenas de suministro y causado una contracción del comercio internacional y la inversión y la volatilidad de los mercados», alertó Li Keqiang. Para hacer frente a este impacto, anunció que el Gobierno «dará prioridad a estabilizar el empleo y asegurar los estándares de vida» con «medidas extraordinarias para tiempos inusuales». Entre ellas destaca un aumento del déficit fiscal de un billón de yuanes (128.000 millones de euros), hasta alcanzar un 3,6 por ciento del PIB, por encima del 2,8 por ciento del año passado. Por primera vez desde la inyección de dinero público que hizo para hacer frente a la crisis de 2008, otro billón de yuanes será emitido en bonos especiales del Tesoro para luchar contra la epidemia, que serán destinados a los Gobiernos locales con la condición de que se «aprieten el cinturón». Además, las autoridades «rebajarán los impuestos y tasas, reducirán los intereses de los préstamos y fomentarán el consumo y la inversión» para dinamizar la economía. Con dicha rebaja, se espera reducir este año la carga fiscal de empresas y particulares en 2,5 billones de yuanes (321.000 millones de euros), según informa el periódico «South China Morning Post». Con una tasa de paro prevista del 6 por ciento, medio punto por encima sobre el año pasado pero seguramente mucho mayor, el objetivo es crear nueve millones de empleos, frente a los once de 2019. Por su parte, la subida del índice de precios al consumo se fijó en un 3,5 por ciento, también medio punto más que el año pasado. A pesar de las informaciones que apuntaban a un notable incremento de los gastos militares, su subida será del 6,6 por ciento, la menor en dos décadas y por debajo del 7,5 por ciento del año pasado. A tenor de las cifras oficiales, ascenderán a 1,27 billones de yuanes (163.000 millones de euros). Aunque Pekín asegura que es algo menos del 2 por ciento del PIB, los expertos militares sospechan que hay partidas ocultas que elevan su presupuesto militar. Este año, la Asamblea Nacional también viene marcada por una moción instando a su Comité Permanente a promulgar una Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong, que vive desde el año pasado sus protestas más graves desde su devolución a China en 1997. Aunque la antigua colonia británica tiene su propio Parlamento local para sacar adelante dicha ley, que ya fue rechazada con una manifestación de medio millón de personas en 2003, la agitación política que vive la ciudad ha hecho perder la paciencia a Pekín. Haciendo frente a las crecientes demandas de democracia, el autoritario régimen del Partido Comunista pretende imponer dicha ley en los anexos de la mini-Constitución de Hong Kong sin pasar por su Parlamento, lo que avivará la revuelta penando la subversión, el secesionismo y las actividades que amenacen la seguridad nacional. Debido a esta quiebra de los principios de «un país, dos sistemas» y «alto nivel de autonomía» vigentes en el antiguo enclave británico, la Bolsa de Hong Kong ha caído este viernes más de un 3,5 por ciento y la oposición ha llamado a nuevas movilizaciones.
22-05-2020 | Fuente: abc.es
Sombras chinescas
La economía china crecerá este año por debajo de la cifra de 2019 ?que supuso un 6,1 por ciento de incremento respecto al anterior? por el impacto del coronavirus, pero todo indica que el régimen anunciará hoy un crecimiento significativo de su gasto militar. El mensaje que quiere dar al mundo el régimen comunista es claro: su poderío militar será en el futuro un factor disuasorio para quienes pretendan plantarle cara. La Alianza Atlántica ya advirtió hace tiempo de que las reglas del juego están cambiando, y que la nueva amenaza militar de China no está tan lejos como algunas capitales europeas creen, aunque solo sea porque los misiles de Pekín ya pueden alcanzar fácilmente territorio de la UE. Desde que se expandió en marzo la pandemia del covid-19, China ha respondido a las críticas mundiales con una escalada retórica sin precedentes, y ahora quiere mostrar también sus misiles. «Estos son mis poderes», es el mensaje no tan sutil que pretende lanzar el dictador comunista Xi Jinping, con la Asamblea Nacional Popular de los más de 2.000 títeres del partido como decorado. Xi no quiere dar la cara y permitir una investigación internacional del origen del coronavirus, y por eso recurre a todo tipo de subterfugios. Sin una pesquisa independiente sobre lo ocurrido en Wuhan es imposible conocer qué hay de cierto en la propaganda triunfalista de Pekín ?que afirma haber vencido la pandemia en el país? y qué parte son meras sombras chinescas, esos efectos ópticos teatralizados para confundir al espectador. Lo cierto es que el mundo occidental sigue atrapado por una epidemia que salió de China. Seguimos sin saber cómo es posible que el coronavirus viajara desde Wuhan a Europa primero, y después a América, sin rozar apenas las grandes urbes chinas de Pekín y Shanghai. Lo que, en el inicio, fue recibido por algunos analistas no tan finos como el «Chernobil chino», aquel accidente nuclear que contribuyó al hundimiento de la Unión Soviética, ha resultado ser un episodio que amenaza con colapsar el mundo libre.
22-05-2020 | Fuente: abc.es
Trump se niega a ponerse mascarilla en público: «No quiero darle ese gusto a la prensa»
Donald Trump visitó este jueves una factoría de Ford y se negó a ponerse una mascarilla en público, a pesar de que es obligatorio en ese lugar de trabajo y de las presiones a su alrededor para que lo haga. El presidente de EE.UU. ha optado por no usar la protección delante de las cámaras, a pesar de que la autoridad médica de su Administracios, los Centros para el Control y la Protección de Enfermedades (CDC, en sus siglas en inglés), la recomiendan de forma generalizada desde el 3 de abril para frenar la expansión del Covid-19. Ayer volvió a no hacerlo, aunque después apareció una imagen en la que el presidente la llevaba durante su visita privada a la fábrica, cuando estaba fuera de la mirada de los medios. En las últimas semanas, se han multiplicado los llamamientos a que el presidente se ponga la mascarilla para dar ejemplo en medio de una pandemia que ha provocado casi 95.000 muertes en el país y que sigue creciendo en muchos estados. Trump se ha negado siempre a hacerlo, a pesar de que se ha convertido en obligatoria para toda la plantilla de la Casa Blanca y de que se la han puesto altos cargos, gobernadores de todo el país, autoridades médicas y hasta su vicepresidente, Mike Pence. El rechazo a la mascarilla parece una cuestión de imagen y de política: no dar muestra de debilidad ante la pandemia, sino de que se está en el camino de superar una crisis que amenaza con evitar su reelección en las presidenciales del próximo noviembre. Este jueves ha dado señales de ello, cuando explicó por qué no se la ponía: «No quiero darle ese gusto a la prensa», dijo a los reporteros mientras conversaba con los ejecutivos de Ford, todos ellos ataviados con la mascarilla. Tanto la normativa de la fábrica de Ford, como la regulación del estado para este tipo de visitas exigían llevar mascarilla. Incluso la fiscal general de Michigan, Dana Nessel, advirtió que no hacerlo supondría una «responsabilidad legal». Después de que se viera al presidente sin la protección, aseguró a la CNN que el presidente es «un niño petulante que se niega a seguir las normas. Y debo decir que esto no se puede tomar a broma». Trump también es consciente de que la protección se ha convertido en un asunto ideológico en EE.UU., donde la celeridad en la reactivación y las restricciones para frenar la epidemia forman parte de la polarización política que vive el país. Un sector de la población ve en la mascarilla un símbolo de la pérdida de libertad que han supuesto las restricciones y del impacto económico que ha infligido al país. Quienes están en contra de usarlas, a pesar de la recomendación de la propia Administración Trump, son las bases del presidente. Según una encuesta de Quinnipiac de esta semana, el 87% de los demócratas está a favor de la obligación de que se lleve mascarilla en público, mientras que solo el 40% de los republicanos lo aprueba. Como ha hecho en anteriores ocasiones, Trump dijo que no la usaba «porque no es necesario» ya que se hace test de Covid-19 diarios y la gente de su alrededor también (lo que no evita que se pueda contagiar o que pueda contagiar a otros). Pero después dijo que se había puesto la mascarilla, fuera de las cámaras, durante la visita a la planta, que Ford ha transformado para construir ventiladores, con los que se trata en las UCI a los enfermos más graves con el virus. Mostró con su mano a las cámaras la mascarilla, de color azul oscuro y con el sello presidencial. Pero en una imagen filtrada por el portal TMZ se veía a Trump con la protección puesta, en un momento en el que las cámaras no estaban permitidas.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">Donald Trump Wears Mask at Ford Plant <a href="https://t.co/nr4dCMnGBp">https://t.co/nr4dCMnGBp</a></p>&mdash; TMZ (@TMZ) <a href="https://twitter.com/TMZ/status/1263590651582509058?ref_src=twsrc%5Etfw">May 21, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Después, en un discurso, el contraste se volvió a ver, cuando Trump invitó a varios trabajadores a subir al estrado a hablar y todos lo hicieron detrás de sus mascarillas. Su discurso fue lo más parecido a un mitin de campaña. Incluso utilizó la canción de los Rolling Stones que utiliza en la citas de campaña. Y, aunque las grandes concentraciones de personas están lejos de celebrarse en EE.UU., Trump aseguró que «los mítines tienen que volver» y que lo harán «más pronto que tarde». En sus palabras, Trump ofreció un panorama optimista para la economía de EE.UU., a pesar de que el país se encamina a una recesión segura y se espera que el desempleo, que ya está en el 15%, supere el 20%. «Será una remontada épica, ya veréis, ya está ocurriendo», dijo a ejecutivos y trabajadores de la empresa. «Nos esperan grandes cosas el año que viene», aseguró a pocos meses de unas elecciones en las que la economía, que hasta ahora iba viento en popa, iba a ser su gran carta. Trump también aseguró que, en el caso de una segunda oleada en otoño o invierno, como los expertos anticipan que ocurrirá, «no vamos a cerrar el país». El presidente aseguró que lo que se hará es «apagar los fuegos».
21-05-2020 | Fuente: as.com
La UEFA confía en que otoño ya haya partidos con público
"La humanidad ha sobrevivido a muchas guerras y a muchas epidemias y, sin duda, sobreviviremos al nuevo coronavirus", declara Ceferin al diario esloveno Dnevnik.
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