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Noticias de enfermedades infecciosas

11-04-2020 | Fuente: abc.es
EE.UU. pasa los 2.000 muertos en un día y 500.000 contagiados, con la vista puesta en reabrir su economía
La epidemia de coronavirus gana terreno cada día en EE.UU., aunque aparecen por fin los indicios de que lo peor, el crecimiento exponencial de casos que amenaza con saturar la infraestructura hospitalaria, podría haber pasado. La primera potencia mundial ya pasa del medio millón de casos confirmados. EE.UU. acumula casi un tercio de los contagios contabilizados en todo el mundo, según el recuento global que actualiza la Universidad Johns Hopkins. Además, de acuerdo con este mismo centro, el país es también ya el primer país del mundo en registrar un aumento de más de 2.000 muertes por coronavirus en un solo día. En concreto, se contabilizaron 2.108 fallecidos en 24 horas. El epicentro de la crisis sigue en el estado de Nueva York, que ayer sobrepasaba los 170.000 contagios. Los 19,5 millones de personas en su territorio suponen el 0,25% de la población mundial, pero acumula más del 10% de los contagios de esta pandemia. Ayer, Nueva York sumaba más de diez mil nuevos casos y 777 fallecidos en un día. Sin embargo, las perspectivas empiezan a ser esperanzadoras. El aumento del número de hospitalizaciones e ingresos en UCI -la variable que hay que controlar para que no se desborden los hospitales y se multipliquen los fallecimientos- parece estancarse. De hecho, cayó el número de pacientes en UCI (por la mínima, 17 ingresados en terapia intensiva menos que en la víspera), la primera vez que ocurre desde el principio de la crisis. «Somos cautelosamente optimistas, estamos ralentizando la tasa de infección», aseguró ayer en su rueda de prensa diaria el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. Las proyecciones de los modelos estadísticos que manejaba su administración parece que no se van a cumplir: eran escenarios en los que Nueva York necesitaría cerca de 140.000 camas de hospital y entre 30.000 y 40.000 ventiladores para los casos más graves, un nivel de infraestructura hospitalaria muy difícil de alcanzar. «Parece que la curva finalmente va a ser mucho más baja», se felicitó, aunque insistió en que la contención de la epidemia tiene que ver con el cumplimiento del distanciamiento físico. El optimismo sobre el principal foco mundial de la pandemia llegó hasta la Casa Blanca. Deborah Birx, la doctora que forma parte del grupo de trabajo de la Administración de Donald Trump, aseguró ayer que por primera vez desde el comienzo de la crisis empieza a advertir una corrección de la curva de contagios. «Por primera vez en EE.UU. estamos viendo una nivelación como la que tuvo Italia hace una semana aproximadamente», dijo la experta. «Eso nos da esperanzas de que ocurra ese cambio, y no solo en zonas específicas». Trump ha mantenido una posición ambivalente en la tensión entre establecer medidas restrictivas para evitar la expansión de la epidemia y la necesidad de volver a poner en marcha el país para recuperar una economía que se desploma (y que amenaza con afectar su reelección, que se decide el próximo noviembre). Cuando la epidemia estaba en pleno crecimiento, aseguró que pondría al país «en marcha» para este mismo domingo, un objetivo irrealizable que ha tenido que trastocar. En los últimos días, trata de conjugar ambos objetivos y repite que hace todo lo posible para vencer la epidemia pero, al mismo tiempo, asegura que la economía se «reabrirá muy muy pronto». Algunas voces en su Administración presionan para que lo segundo se acelere. Su secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, aseguró el jueves que es posible que el país esté listo para reactivarse el próximo mes de mayo. Su fiscal general, William Barr, calificó las restricciones a la ciudadanía y a los negocios en la mayoría de los estados de «draconianas» y apoyó que se revisen ese mismo mes. «Quien puede decidir cuándo es apropiado abrir el país es el virus», sentenció la autoridad médica de EE.UU. en enfermedades infecciosas, Anthony Fauci, un rostro conocido para los estadounidenses por sus apariciones en las ruedas de prensa de Trump. En la de ayer, insistió en que, a pesar de los avances contra la epidemia, no es momento de pensar «en dar marcha atrás de ninguna forma» contra las medidas de mitigación. Birx añadió que, aunque se progresa, EE.UU. todavía no ha llegado al pico de contagios. Trump se felicitó de que las proyecciones apuntan ahora a un cifra de víctimas mucho menor de lo esperada en un principio. Los modelos hablaban de un total de entre 100.000 y 140.000 víctimas y ahora lo dejan en torno a las 60.000. El presidente de EE.UU. se felicitó por los progresos de Nueva York y por la estabilización de otros focos calientes de la epidemia, como las áreas metropolitanas de Detroit y Nueva Orleans.
09-04-2020 | Fuente: abc.es
La autoridad médica de EE.UU. sobre coronavirus: «No deberíamos volver a darnos la mano»
España, Italia, EE.UU. y el resto de los países más afectados por el coronavirus están todavía en plena pelea contra la pandemia. Después de semanas de confinamiento, no hay un horizonte claro sobre cuándo y a qué ritmo se recupera la normalidad de la vida cotidiana: el trabajo, las relaciones sociales y familiares, los viajes, las aficiones? Quizá el mundo no vuelva a ser del todo como antes del coronavirus. A eso parece apuntar Anthony Fauci, la autoridad médica de EE.UU. enfermedades infecciosas y rostro familiar para los estadounidenses como miembro destacada del grupo de trabajo de la Casa Blanca frente a la pandemia. En una entrevista este miércoles con «The Washington Journal», reconoció que la vuelta a la normalidad no será de una tacada y que habrá prácticas relacionadas con la contención de la epidemia que se mantendrán . «Una de ella es lavarse las manos de forma compulsiva. La otra es no dar nunca la mano a nadie», dijo. Fue más allá: «Creo que no deberíamos volver a darnos la mano, si debo ser honesto. No solo sería buena para prevenir el coronavirus; también disminuiría los casos de gripe». EE.UU. es el país con más casos del mundo, con más de 430.000 contagios, y ha contabilizado cerca de 15.000 muertos. La gran mayoría de sus 327 millones de habitantes están bajo órdenes de confinamiento (aunque en la mayoría de los casos se puede salir a pasear y hacer ejercicio si se mantiene la distancia física) y la Casa Blanca recomienda desde el 16 de marzo normas de distanciamiento social para todo el país. Más tarde, durante la rueda de prensa diaria del presidente, Donald Trump, insistió en su postura sobre darse la mano: «Podría sonar como una locura, pero realmente va a tener que ser de esa forma». Durante varios momentos de la crisis, el propio Trump ha asegurado que a él nunca le ha gustado mucho dar la mano y que ha tenido que acostumbrarse desde su desembarco en la política. Sin embargo, ha advertido que el coronavirus quizá cambie esa costumbre social.
09-04-2020 | Fuente: abc.es
Siempre a vueltas con el orden mundial, Henry Kissinger lo tiene claro: de la actual atmósfera surrealista del Covid-19 emergerá un mundo diferente. Como ha explicado en el «Wall Street Journal», cuando la pandemia acabe resultará inevitable un ajuste de cuentas por los fallos de gestión acumulados por diferentes gobiernos: «Las naciones se unen y prosperan en la creencia de que sus instituciones pueden prever la calamidad, detener su impacto y restaurar estabilidad. Cuando la pandemia termine, las instituciones de muchos países se percibirán como un fracaso». Desde su pesimista punto de vista (a los 96 años no parece que vaya a empezar a dudar de su realismo político), Kissinger advierte que el virus tiene la habilidad de disolver sociedades y causar profundas perturbaciones sociales, económicas y políticas con el consiguiente sufrimiento a repartir entre más de una generación. Y para que los efectos de esta epidemia no sean totalmente devastadores, «Big K» receta un esfuerzo titánico en tres frentes: lucha contra las enfermedades infecciosas, reconstrucción de la economía mundial, y salvaguarda del orden liberal internacional. A modo de contraste, Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations, ha argumentado que no toda gran crisis necesariamente tiene que ser un punto de inflexión histórica. Y ante el dilema de metamorfosis o aceleración, Haass considera que el mundo pospandemia va a resultar demasiado familiar. Según sus reflexiones, lo previsible es una mayor aceleración en tendencias geopolíticas ya consolidadas. Según Haass, EE.UU. tendrá menos influencia en el mundo. Aunque el «modelo americano» lleva ya bastante tiempo perdiendo atractivo, para beneficio de potencias como China o de populistas como Trump con su «America First». La pandemia también tiene el potencial de reforzar la «recesión democrática» evidente durante los últimos 15 años; y actuar como bonanza para el nacionalismo en detrimento del multilateralismo, empezando por el proyecto europeo puesto una vez más a prueba a pesar de llevar tiempo perdiendo fuelle.
06-04-2020 | Fuente: abc.es
El «momento Pearl Harbor»: Nueva York entra en su semana más trágica
La catástrofe del coronavirus ha llegado telegrafiada a EE.UU., como un tsunami que se sabe que arribará a la costa. En Nueva York, ya está aquí. En las últimas semanas, los casos se han amontonado en el estado, en especial en la ciudad que le da nombre, un polvorín para la epidemia. Durante semanas, el virus campó a sus anchas, sin una reacción pronta, en la ciudad más grande de EE.UU. -23 millones de personas en su área metropolitana-, con los neoyorquinos agolpados en los vagones de metro, en las oficinas, en los ascensores de los rascacielos, en los andenes de los cercanía que los traen de los suburbios a Manhattan. En los últimos días, los contagios han crecido de forma exponencial, hasta llegar a cerca de 125.000 casos ayer. Como en una cascada de piezas de dominó, los contagios multiplicaron las hospitalizaciones y los ingresos en UCI. El sistema hospitalario de Nueva York está como un vaso de agua a punto de desbordarse. La consecuencia de ello es un aumento inmediato de los fallecidos, ante la imposibilidad de dar ventiladores y cuidados de UCI a todos los que lo necesitan. Dos semanas letales Las autoridades no ocultan la situación. «Van a ser dos semanas letales», aseguró este sábado Donald Trump, después de que al principio de la epidemia despreciara su gravedad e incluso dijera a finales de marzo que el país estaría «en marcha» esta misma semana y las iglesias «hasta arriba» en Pascua, este domingo. «Va a ser una mala semana», reconocía ayer en una entrevista en la CBS Anthony Fauci, la autoridad médica del Gobierno de EE.UU. en enfermedades infecciosas. «No la tenemos bajo control», dijo sobre la epidemia. «Eso sería una afirmación falsa. Nos está costando ponerla bajo control». Quien fue más crudo en la descripción de los próximos días fue el director de Salud Pública de la Casa Blanca, Jerome Adams. «Francamente, esta va a ser la semana más dura y más triste en la vida de la mayoría de los estadounidenses», aseguró en una entrevista en Fox News, en la que recurrió a episodios clavados en la conciencia del país. «Este va a ser nuestro momento Pearl Harbor, nuestro momento 11-S, y no va a ser en un lugar. Va a ocurrir en todo el país». Al cierre de esta edición, los contagios en EE.UU. pasaban con amplitud de 325.000, con diferencia el país más afectado del mundo. Los fallecimientos iban camino de diez mil, apenas un rasguño comparados con la proyección más optimista de la Casa Blanca, que los sitúa entre 100.000 y 140.000 al final de la crisis. La primera trinchera de esta batalla, la primera línea de playa sobre la que impacta el tsunami es Nueva York. La ciudad vive una atmósfera estremecedora. Fuera de los muros de los hospitales, parece que la capital financiera y cultural del mundo está metida en un domingo prolongado, muda por el cierre de la mayoría de los negocios, sin el murmullo habitual del tráfico, ausentes las bocinas, los gritos, la música que se escapa de los bares. El silencio solo lo quiebra el trajín de ambulancias, un recordatorio constante de que vivimos en guerra sanitaria y la conexión entre dos realidades paralelas y desconcertantes. La gente pasea por los parques, toma el sol tímido de abril en la yerba, sale a correr y a andar en bicicleta, la mayoría respeta las normas de distanciamiento que han impuesto las autoridades (el confinamiento no impide salir a la calle). Mientras, en los pasillos de los hospitales se agolpan los enfermos y se acaban los ventiladores. Hospitales desbordados «Hay hospitales desbordados», reconoce a este periódico un médico, que trabaja en el de Mt. Sinaí, uno de los centros más prestigiosos de EE.UU., y que prefiere mantenerse en el anonimato. En el vestíbulo de su hospital, una maravilla diseñada por I.M. Pei, el arquitecto de la pirámide del Louvre de París, ha sido transformado para incluir camarotes que atiendan a pacientes de coronavirus. Entre los diferentes edificios del recinto hospitalario, hay tiendas de campaña para atender la demanda. En frente, en pleno Central Park, uno de los símbolos de Nueva York, el grupo evangélico Samaritan?s Purse ha montado en pocos días un hospital de campaña con 68 camas para desviar a los pacientes cuando no se da abasto. Este doctor, que no es un especialista en urgencias ni en enfermedades cardiorrespiratorias, asume que esta misma semana el hospital necesitará utilizar una «segunda línea» de médicos de otras especialidades, como reumatólogos, digestivos o cardiólogos. Dentro de poco, no habrá suficientes manos entre la «primera línea», los médicos de urgencias, los intensivistas, los neumólogos? Mientras tanto, reciben formación diaria sobre el uso de ventiladores y tratamiento a pacientes de coronavirus para ese momento. La situación es mucho peor en otros hospitales de la ciudad. En el Maimonides de Brooklyn, no hay material de protección suficiente para los sanitarios, que tienen que usar las mismas protecciones durante días. Sus camas de UCI se han expandido, pero no es suficiente, con los pasillos de la zona de urgencia llenos de enfermos entubados. A finales de la semana pasada, el 80% de los pacientes de este hospital eran por coronavirus y se espera que esta semana ya sean todos hospitalizados por la epidemia. Uno de los principales problemas es que los enfermos más graves ocupan las camas de terapia intensiva durante mucho tiempo, lo que colapsa las UCI. «Quienes están en estado crítico tardan mucho tiempo en mostrar señales de recuperación», aseguró a «The Washington Post» Stephan Kamholz, jefe del servicio de cuidados pulmonares de Maimonides, el hospital que lleva el nombre del eminente médico judío de la Córdoba del siglo XII. «Algunos de los primeros pacientes que necesitaron ventilación mecánica, hace tres semanas y media, todavía la tienen? si es que siguen vivos». La misma situación desesperada se vive en otros hospitales de la ciudad donde el vaso ya está desbordado, como el de Elmhurst, en Queens, al que se refiere muchas veces Trump en sus comparecencias, ya que se crió muy cerca; o el Brooklyn Central, donde un médico de UCI aseguraba esta semana a «The New York Times» que faltaban protecciones, camas o sedantes; o el New York Presbyterian en Columbia, donde se utilizan ventiladores para dos pacientes. De espaldas a la realidad Mientras la gente corre absorta a la realidad en los parques fluviales sobre las orillas del Hudson y del East River, hay filas de camiones frigoríficos a las afueras de los hospitales para los muertos, la ciudad ha permitido a los crematorios trabajar las 24 horas del día porque no dan abasto -hay lista de espera de hasta diez días para incinerar a los muertos- y las autoridades van contrarreloj para soportar una infraestructura hospitalaria que es como un andamio que se desploma. El centro de convenciones Javits, el mayor de la ciudad, y donde el ejército de EE.UU. ha montado un hospital de 2.500 camas -la versión neoyorquina del Ifema de Madrid- iba a acoger a pacientes sin coronavirus y aliviar a los hospitales de la ciudad. Ante el aumento de casos, se dedicará a enfermos de la epidemia. Algo similar podría ocurrir con el buque-hospital USNS, que llegó la semana pasada a los muelles de Nueva York con el mismo objetivo. El secretario de Defensa, Mark Esper, reconoció ayer que tratará a enfermos de coronavirus «si es necesario». Ayer, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, ofreció los últimos datos sobre la epidemia en el estado y eran algo optimistas, con una bajada del incremento diario de contagios y hospitalizaciones y, por primera vez, de muertos. Cuomo fue cauteloso con la posibilidad de que Nueva York esté llegando al pico de la epidemia, algo que, en cualquier caso, no se notará esta semana. Mientras tanto, la crisis se expande en otras zonas del país. En Michigan, la gobernadora, Gretchen Whitmer, aseguró que los hospitales ya están llenos. En Luisiana, su homólogo, John Edwards, pronosticó que su estado se quedará sin ventiladores este jueves.
06-04-2020 | Fuente: abc.es
El «momento Pearl Harbor»: Nueva York entra en su semana más trágica por el coronavirus
La catástrofe del coronavirus ha llegado telegrafiada a EE.UU., como un tsunami que se sabe que arribará a la costa. En Nueva York, ya está aquí. En las últimas semanas, los casos se han amontonado en el estado, en especial en la ciudad que le da nombre, un polvorín para la epidemia. Durante semanas, el virus Covid-19 campó a sus anchas, sin una reacción pronta, en la ciudad más grande de EE.UU. -23 millones de personas en su área metropolitana-, con los neoyorquinos agolpados en los vagones de metro, en las oficinas, en los ascensores de los rascacielos, en los andenes de los cercanía que los traen de los suburbios a Manhattan. En los últimos días, los contagios por coronavirus han crecido de forma exponencial, hasta llegar a cerca de 125.000 casos ayer. Como en una cascada de piezas de dominó, los contagios multiplicaron las hospitalizaciones y los ingresos en UCI. El sistema hospitalario de Nueva York está como un vaso de agua a punto de desbordarse. La consecuencia de ello es un aumento inmediato de los fallecidos, ante la imposibilidad de dar ventiladores y cuidados de UCI a todos los que lo necesitan. Dos semanas letales Las autoridades no ocultan la situación. «Van a ser dos semanas letales», aseguró este sábado Donald Trump, después de que al principio de la epidemia despreciara su gravedad e incluso dijera a finales de marzo que el país estaría «en marcha» esta misma semana y las iglesias «hasta arriba» en Pascua, este domingo. «Va a ser una mala semana», reconocía ayer en una entrevista en la CBS Anthony Fauci, la autoridad médica del Gobierno de EE.UU. en enfermedades infecciosas. «No la tenemos bajo control», dijo sobre la epidemia. «Eso sería una afirmación falsa. Nos está costando ponerla bajo control». Quien fue más crudo en la descripción de los próximos días fue el director de Salud Pública de la Casa Blanca, Jerome Adams. «Francamente, esta va a ser la semana más dura y más triste en la vida de la mayoría de los estadounidenses», aseguró en una entrevista en Fox News, en la que recurrió a episodios clavados en la conciencia del país. «Este va a ser nuestro momento Pearl Harbor, nuestro momento 11-S, y no va a ser en un lugar. Va a ocurrir en todo el país». Al cierre de esta edición, los contagios en EE.UU. pasaban con amplitud de 325.000, con diferencia el país más afectado del mundo. Los fallecimientos iban camino de diez mil, apenas un rasguño comparados con la proyección más optimista de la Casa Blanca, que los sitúa entre 100.000 y 140.000 al final de la crisis. La primera trinchera de esta batalla, la primera línea de playa sobre la que impacta el tsunami del coronavirus es Nueva York. La ciudad vive una atmósfera estremecedora. Fuera de los muros de los hospitales, parece que la capital financiera y cultural del mundo está metida en un domingo prolongado, muda por el cierre de la mayoría de los negocios, sin el murmullo habitual del tráfico, ausentes las bocinas, los gritos, la música que se escapa de los bares. El silencio solo lo quiebra el trajín de ambulancias, un recordatorio constante de que vivimos en guerra sanitaria y la conexión entre dos realidades paralelas y desconcertantes. La gente pasea por los parques, toma el sol tímido de abril en la yerba, sale a correr y a andar en bicicleta, la mayoría respeta las normas de distanciamiento que han impuesto las autoridades (el confinamiento no impide salir a la calle). Mientras, en los pasillos de los hospitales se agolpan los enfermos y se acaban los ventiladores. Hospitales desbordados «Hay hospitales desbordados», reconoce a este periódico un médico, que trabaja en el de Mt. Sinaí, uno de los centros más prestigiosos de EE.UU., y que prefiere mantenerse en el anonimato. En el vestíbulo de su hospital, una maravilla diseñada por I.M. Pei, el arquitecto de la pirámide del Louvre de París, ha sido transformado para incluir camarotes que atiendan a pacientes de coronavirus. Entre los diferentes edificios del recinto hospitalario, hay tiendas de campaña para atender la demanda. En frente, en pleno Central Park, uno de los símbolos de Nueva York, el grupo evangélico Samaritan?s Purse ha montado en pocos días un hospital de campaña con 68 camas para desviar a los pacientes cuando no se da abasto. Este doctor, que no es un especialista en urgencias ni en enfermedades cardiorrespiratorias, asume que esta misma semana el hospital necesitará utilizar una «segunda línea» de médicos de otras especialidades, como reumatólogos, digestivos o cardiólogos. Dentro de poco, no habrá suficientes manos entre la «primera línea», los médicos de urgencias, los intensivistas, los neumólogos? Mientras tanto, reciben formación diaria sobre el uso de ventiladores y tratamiento a pacientes de coronavirus para ese momento. La situación es mucho peor en otros hospitales de la ciudad. En el Maimonides de Brooklyn, no hay material de protección suficiente para los sanitarios, que tienen que usar las mismas protecciones durante días. Sus camas de UCI se han expandido, pero no es suficiente, con los pasillos de la zona de urgencia llenos de enfermos entubados. A finales de la semana pasada, el 80% de los pacientes de este hospital eran por coronavirus y se espera que esta semana ya sean todos hospitalizados por la epidemia de coronavirus Covid-19. Uno de los principales problemas es que los enfermos de coronavirus más graves ocupan las camas de terapia intensiva durante mucho tiempo, lo que colapsa las UCI. «Quienes están en estado crítico tardan mucho tiempo en mostrar señales de recuperación», aseguró a «The Washington Post» Stephan Kamholz, jefe del servicio de cuidados pulmonares de Maimonides, el hospital que lleva el nombre del eminente médico judío de la Córdoba del siglo XII. «Algunos de los primeros pacientes que necesitaron ventilación mecánica, hace tres semanas y media, todavía la tienen? si es que siguen vivos». La misma situación desesperada se vive en otros hospitales de la ciudad donde el vaso ya está desbordado, como el de Elmhurst, en Queens, al que se refiere muchas veces Trump en sus comparecencias, ya que se crió muy cerca; o el Brooklyn Central, donde un médico de UCI aseguraba esta semana a «The New York Times» que faltaban protecciones, camas o sedantes; o el New York Presbyterian en Columbia, donde se utilizan ventiladores para dos pacientes. De espaldas a la realidad Mientras la gente corre absorta a la realidad en los parques fluviales sobre las orillas del Hudson y del East River, hay filas de camiones frigoríficos a las afueras de los hospitales para los muertos, la ciudad ha permitido a los crematorios trabajar las 24 horas del día porque no dan abasto -hay lista de espera de hasta diez días para incinerar a los muertos- y las autoridades van contrarreloj para soportar una infraestructura hospitalaria que es como un andamio que se desploma. El centro de convenciones Javits, el mayor de la ciudad, y donde el ejército de EE.UU. ha montado un hospital de 2.500 camas -la versión neoyorquina del Ifema de Madrid- iba a acoger a pacientes sin coronavirus y aliviar a los hospitales de la ciudad. Ante el aumento de casos, se dedicará a enfermos de la epidemia. Algo similar podría ocurrir con el buque-hospital USNS, que llegó la semana pasada a los muelles de Nueva York con el mismo objetivo. El secretario de Defensa, Mark Esper, reconoció ayer que tratará a enfermos de coronavirus «si es necesario». Ayer, el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, ofreció los últimos datos sobre la epidemia de coronavirus en el estado y eran algo optimistas, con una bajada del incremento diario de contagios y hospitalizaciones y, por primera vez, de muertos. Cuomo fue cauteloso con la posibilidad de que Nueva York esté llegando al pico de la epidemia, algo que, en cualquier caso, no se notará esta semana. Mientras tanto, la crisis se expande en otras zonas del país. En Michigan, la gobernadora, Gretchen Whitmer, aseguró que los hospitales ya están llenos. En Luisiana, su homólogo, John Edwards, pronosticó que su estado se quedará sin ventiladores este jueves.
04-04-2020 | Fuente: as.com
Un investigador aconseja no abrir el Camp Nou hasta otoño
Oriol Mitjà, especialista en medicina interna y enfermedades infecciosas insistió en RAC1 en mantener "las medidas de distanciamiento social" por el COVID-19.
03-04-2020 | Fuente: abc.es
El experto de la Casa Blanca exige el confinamiento en todo EE.UU. tras el récord de muertes en un día
Anthony Fauci es la voz más prestigiosa en Estados Unidos en la lucha contra la epidemia del coronavirus y este viernes ha exigido que todos los estados del país decreten medidas de confinamiento para frenar su expansión. Fauci es el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas y, como miembro destacado del grupo de trabajo de la Casa Blanca sobre coronavirus, aparece de forma habitual en las ruedas de prensa que ofrece el presidente de EE.UU., Donald Trump. EE.UU. es el país con más casos del mundo, cerca de 250.000 contagios, y ya ha superado los 6.000 muertos. Entre el miércoles y el jueves se registraron 1.169 fallecidos, lo que marcó un récord de decesos por coronavirus en 24 horas, de acuerdo con los datos de la Universidad Johns Hopkins. Sin embargo, la reacción a la epidemia es un mosaico de órdenes de confinamiento estatales y en algunos estados, los menos afectados por ahora, ni siquiera se han impuesto. Una treintena de los 50 estados del país -que representan al 80% de la población- han establecido órdenes a sus ciudadanos de quedarse en casa, en diferentes grados. La mayoría imponen que solo vayan a trabajar quienes participen en servicios esenciales, aunque en la mayoría de los casos se permite a los ciudadanos salir a pasear o a hacer ejercicio si mantienen la distancia física. Resistencia de Trump Muchas voces, sin embargo, han reclamado que haya una respuesta nacional en la que el Gobierno federal imponga a todo el país el confinamiento. Trump se ha resistido a «cerrar el país» -según su propia terminología- porque hay estados donde el impacto de la epidemia es de momento pequeño y lo ha justificado en el reparto de competencias propias de un sistema federal, donde los estados tienen autoridad en la mayoría de las decisiones. La respuesta al coronavirus «se ejecuta localmente, la gestionan los estados y la supervisa la Administración federal», se ha cansado de decir el vicepresidente, Mike Pence. Los expertos médicos de la Casa Blanca han hecho equilibrios para no contradecir a Trump en esta postura y defender a la vez que es necesaria una reacción unitaria y enérgica. Fauci, finalmente, se ha desmarcado. «No entiendo por qué no está ocurriendo eso», respondió a la pregunta de si los estados deberían tener una respuesta coordinada a la epidemia. «No quiero entrar en la tensión entre ?órdenes federales? y ?derechos de los estados?», dijo el experto. «Pero si miras a lo que está pasando en el país, no entiendo cómo no lo estamos haciendo. Realmente deberíamos hacerlo», dijo sobre el establecimiento de una orden para todo el país.
02-04-2020 | Fuente: as.com
Los nuevos test comprados por España funcionan al quinto día de infección
Este dato lo asegura un estudio de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). Las pruebas más fiables siguen siendo las PCR.
01-04-2020 | Fuente: abc.es
Trump recomienda a los estadounidenses taparse con bufandas para evitar contagios
La escasez de mascarillas es un problema que afecta a todos los grandes focos de coronavirus, y EE.UU. no es una excepción. El asunto llegó este martes hasta el presidente del país, Donald Trump, que sugirió a los estadounidenses que se taparan con bufandas para contribuir a frenar la expansión de la enfermedad. «Mucha gente tiene bufandas, se puede usar una bufanda», dijo Trump. «Y si la gente lo quiere hacer, claramente no hay nada malo en ello». Es obvio que las mascarillas homologadas son mucho más efectivas que enrollarse la cara en una bufanda de casa. Pero, ante el tamaño de la epidemia y la falta de mascarillas, la prioridad es que estas vayan a quienes más las necesitas. «Una de las cosas que me ha dicho hoy el doctor Fauci ?dijo en referencia a Anthony Fauci, la autoridad de EE.UU. en enfermedades infecciosas? es que no queremos que todo el mundo esté compitiendo contra los hospitales. Las necesitamos verdaderamente», dijo sobre este elemento de protección para que los trabajadores sanitarios no se contagien y puedan seguir tratando a pacientes en un país muy golpeado por la epidemia: en EE.UU. hay casi 200.000 contagios y las proyecciones presentadas por la Casa Blanca apuntan a que, en el mejor de los escenarios, morirán entre 100.000 y 240.000 estadounidenses por el coronavirus. En estos momentos, la recomendación de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de EE.UU. (CDC, en sus siglas en inglés) es que lleven máscaras aquellos diagnosticados con la enfermedad y el personal sanitario. «Hay pocas mascarillas y deben guardarse para los que cuidan de enfermos», dice su página web. Diferentes voces en EE.UU. han reclamado que se generalice el uso de mascarillas para evitar la expansión de la epidemia, sobre todo tras la constatación de que el contagio puede ser sin síntomas. Se había pensado que las recomendaciones del CDC o las directrices del grupo especial de coronavirus de la Casa Blanca podrían cambiar para instaurar su uso masivo. Pero, mientras se acelera su producción y distribución, las mascarillas deberán priorizarse para los sanitarios. Una bufanda, como las que recomienda ahora Trump, p uede dar una protección mínima frente a las partículas contaminadas que expulsamos por las vías respiratorias. «No es una mala idea, al menos por un tiempo», dijo.
01-04-2020 | Fuente: abc.es
Trump recomienda a los estadounidenses taparse con bufandas para evitar contagios por coronavirus
La escasez de mascarillas es un problema que afecta a todos los grandes focos de coronavirus, y EE.UU. no es una excepción. El asunto llegó este martes hasta el presidente del país, Donald Trump, que sugirió a los estadounidenses que se taparan con bufandas para contribuir a frenar la expansión de la enfermedad. «Mucha gente tiene bufandas, se puede usar una bufanda», dijo Trump. «Y si la gente lo quiere hacer, claramente no hay nada malo en ello». Es obvio que las mascarillas homologadas son mucho más efectivas que enrollarse la cara en una bufanda de casa. Pero, ante el tamaño de la epidemia del coronavirus y la falta de mascarillas, la prioridad es que estas vayan a quienes más las necesitas. «Una de las cosas que me ha dicho hoy el doctor Fauci ?dijo en referencia a Anthony Fauci, la autoridad de EE.UU. en enfermedades infecciosas? es que no queremos que todo el mundo esté compitiendo contra los hospitales. Las necesitamos verdaderamente», dijo sobre este elemento de protección para que los trabajadores sanitarios no se contagien y puedan seguir tratando a pacientes en un país muy golpeado por la epidemia: en EE.UU. hay casi 200.000 contagios y las proyecciones presentadas por la Casa Blanca apuntan a que, en el mejor de los escenarios, morirán entre 100.000 y 240.000 estadounidense s por el coronavirus . En estos momentos, la recomendación de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de EE.UU. (CDC, en sus siglas en inglés) es que lleven máscaras aquellos diagnosticados con la enfermedad y el personal sanitario. «Hay pocas mascarillas y deben guardarse para los que cuidan de enfermos», dice su página web. Diferentes voces en EE.UU. han reclamado que se generalice el uso de mascarillas para evitar la expansión de la epidemia del virus Covid-19, sobre todo tras la constatación de que el contagio puede ser sin síntomas. Se había pensado que las recomendaciones del CDC o las directrices del grupo especial de coronavirus de la Casa Blanca podrían cambiar para instaurar su uso masivo. Pero, mientras se acelera su producción y distribución, las mascarillas deberán priorizarse para los sanitarios. Una bufanda, como las que recomienda ahora Trump, p uede dar una protección mínima frente a las partículas contaminadas que expulsamos por las vías respiratorias. «No es una mala idea, al menos por un tiempo», dijo.