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Noticias de elecciones

19-06-2019 | Fuente: abc.es
Trump se lanza a por la reelección centrado en ataques a los demócratas
Cuatro años y dos días después de presentar su candidatura a las presidenciales de 2016, Donald Trump dio este martes por la noche el inicio oficial a su campaña de reelección. Fue en un mitin multitudinario, en el Amway Center de Orlando, un estadio de la NBA -aquí juegan los Orlando Magic- con capacidad para 20.000 personas que se quedó pequeño. Según el propio Trump, hubo peticiones de más de 120.000 personas para asistir. Es imposible corroborarlo pero es innegable que había colas para coger sitio desde el día anterior y que ningún candidato demócrata podría emular una entrada en la confrontación electoral con este baño de masas. El mitin en Florida -un estado clave, de los que dan y quitan elecciones- no supuso un regreso de Trump a la campaña electoral, porque nunca la ha abandonado. Pero fue un desembarco a lo grande, un macrofestival «trumpiano», desbordado de asistencia y teñido del color rojo republicano en gorras y camisetas. El vicepresidente de EE.UU., fue el encargado de calentar al respetable: «Estamos aquí por una sola razón: EE.UU. necesita cuatro años más de Donald Trump», proclamó sobre el presidente, «un líder que creyó en vosotros». Pero lo que de verdad desató la euforia fue la presencia de Trump, que celebró la enorme presencia de seguidores y se lanzó a un discurso largo, más allá de la hora y cuarto, con entradas y salidas constantes del guión que tenía preparado. Trump trató de defender los progresos conseguidos por su Administración, en su particular estilo hiperbólico: «Tenemos quizá la mejor economía de la historia de nuestro país», «el sueño americano es ahora mejor, más grande y más fuerte», «hemos conseguido más que cualquier otro presidente y en el medio de una caza de brujas», dijo en referencia a las investigaciones en su contra sobre la trama rusa, obstrucción a la justicia y otras que los demócratas impulsan en el Congreso. «Ningún presidente debería pasar por ello», dijo sobre las investigaciones, que retrató como un ataque contra su electorado, más que contra él. La tónica de su discurso -y quizá lo que queda por delante en la campaña- fueron los ataques duros contra los demócratas. «Esta elección no será un veredicto sobre el progreso que hemos hecho, sino un veredicto sobre la conducta anti americana de aquellos que han tratado de destruir a nuestra democracia y a vosotros», dijo sobre la oposición. «¿Os imagináis un presidente y un Congreso demócratas en 2020?», preguntó, con una respuesta preparada, en la que pronosticó que «os quitarán vuestros derechos constitucionales mientras llenan EE.UU. de inmigrantes ilegales para ampliar su base de votantes». Con los demócratas, amenazó, llegará el «socialismo radical y el fin del sueño americano» y, en un guiño a la tendencia izquierdista de la mayoría de candidatos demócratas, entre ellos candidatos que no rechazan la etiqueta de socialista, proclamó, como en el discurso sobre el estado de la unión, que «EE.UU. nunca sera socialista». Durante su intervención, Trump recuperó algunos de los grandes temas -todavía muy lejos de solucionarse- de su campaña de 2016, como la guerra comercial con China («tendremos un gran acuerdo o no habrá acuerdo»), el muro con México («avanza muy rápido, a finales del año que viene tendremos unos 650 kilómetros») o la reforma sanitaria de Obama, que, aunque ha eliminado en parte, no ha conseguido que el Congreso acabe con ella. A pesar de ser un discurso importante, de inicio de campaña, en un escenario espectacular, Trump no ofreció grandes novedades en su mensaje, que sigue anclado en el lema populista de «Make America Great Again» (Hacer EE.UU. grande otra vez), reconvertido ahora en «Keep America Great» (Mantener la grandeza de EE.UU.). Tampoco dedicó ataques contundentes a ninguno de sus posibles contrincantes en la elección del año que viene y que dentro de unos días se medirán en los primeros debates de las primarias demócratas. Seguro que habrá tiempo para eso.
19-06-2019 | Fuente: abc.es
Trump lanza en Florida la campaña para su reelección el año que viene
Se acaban de cumplir cuatro años desde que Donald Trump bajó las escaleras mecánicas de la Torre Trump de Nueva York para anunciar su candidatura a presidente en las elecciones de 2016. Entonces se le tomaba por una más de las excentricidades de campaña, un buscador de fortuna que aprovecharía un par de discursos polémicos para llamar la atención y emprender un nuevo proyecto televisivo. Entonces el gran favorito de los republicanos era Jeb Bush, hijo y hermano de presidentes. Entonces se equivocaron todos. Cuatro años después, Trump va a por más. Después de un triunfo electoral histórico y de dos años y medio de presidencia volcánica, el multimillonario neoyorquino presentó ayer su campaña de reelección en Orlando (Florida). Trump no se tuvo que volver a poner el traje electoral porque nunca se lo ha quitado. Durante este tiempo en la Casa Blanca, siempre se ha encontrado mucho más a gusto en los mitines entre seguidores, improvisando, a tumba abierta, que en las farragosas políticas públicas, la compleja relación con los legisladores republicanos o el tacto de las visitas de estado. Nada más llegar a la presidencia, se fue de gira de celebración y después ha continuado con mítines con el lema de su campaña (?Make America Great Again?). Es una muestra más de la forma en la que el presidente de EE.UU. ha sacudido las normas del juego político. Durante la campaña, escandalizó -y, sobre todo, se comió la atención de los medios- con declaraciones exageradas, falsedades, motes ofensivos a sus contrincantes, insultos a periodistas y vetos a medios de comunicación. Al mismo tiempo, creó un mensaje innovador y atractivo para buena parte del electorado, saltándose las normas establecidas de comunicación política, sin mirar al guión, apelando a su descontento y con el trampolín de su cuenta en Twitter. Encarar la reeleción Ahora ha vuelto a trastocar esas normas con la forma de encarar la reelección. Los presidentes en sus cargos no suelen tener dificultades para obtener la nominación de sus partidos y ese es el caso de Trump. Sus antecesores optaron por dejarla de lado la reelección y centrarse en su Administración hasta bien entrado su primer mandato. Trump es diferente: más que un candidato, se considera el líder de un movimiento. Se esfuerza en conservar la energía -esa palabra que adora, sobre todo para acusar a sus enemigos de no tenerla- que despertó en 2016 y que debe prolongar hasta el año que viene. El mitin de ayer en Florida -un estado clave- es además una forma de robar la iniciativa a los candidatos demócratas y controlar la dinámica de la campaña desde el primer minuto: recibió un baño de multitudes, en un estadio para 20.000 personas (había gente haciendo cola desde 40 horas antes del inicio), rodeado de su familia y con un discurso tan agresivo como en 2016; mientras tanto, la semana que viene, una veintena de candidatos demócratas de todo pelaje se repartirán cuchilladas en los primeros debates. El que más sufrirá será el favorito, Joe Biden, al que le espera una campaña de desgaste por parte de candidatos escorados a la izquierda y que sudará para conservar su mensaje centrista. Hace cuatro años, Trump iniciaba la campaña calificando a los inmigrantes mexicanos de «criminales» y «violadores», llamaba a la guerra comercial contra China y prometía acabar con Obamacare. Son temas que permanecen en su reelección (ayer se confirmó que habrá una reunión con Xi Jinping en el G-20, y anunció deportaciones masivas y una nueva reforma sanitaria) , pero con la agresividad renovada y con el espaldarazo de una economía que, de momento, va viento en popa. Entonces, las encuestas no le daban posibilidades. Ahora, no demasiadas (Fox News, la cadena más amable con el presidente, da a Biden una distancia de diez puntos). Habrá que ver si la historia se repite.
18-06-2019 | Fuente: abc.es
Boris Johnson lidera con gran diferencia la segunda votación de la carrera por suceder a May
El grupo parlamentario conservador eliminó el martes al exministro del Brexit, Dominic Raab, de la elección de nuevo líder, deparando la primera gran sorpresa del proceso, que situaba al ministro de Interior, Sajid Javid, y al de Ayuda al Desarrollo, Rory Stewart, como los que menos posibilidades tenían de superar la segunda criba en las votaciones de los diputados conservadores. Raab, que tuvo dificultades en el debate del pasado domingo para justificar su disposición a suspender la actividad del Parlamento si se convertía en un obstáculo para marcharse de la UE sin acuerdo, ha obtenido 30 votos. Boris Johnson encabeza de nuevo la lista de apoyos, con 126, seguido de Jeremy Hunt, 46, Michael Gove, 41, Stewart, 37, y Javid, 33. Hoy se celebrará una nueva votación que eliminará al que reciba menos apoyos y, tras pasar una cuarta vez por las urnas, el jueves, quedarán los dos candidatos que tendrán que someterse al voto postal de los 160.000 afiliados al partido. Los supervivientes a la criba de ayer participaron en un debate televisivo dos horas después de conocerse los resultados. Un sondeo de YouyGov ilustra la fuerza de la candidatura de Johnson, una vez que supere las votaciones de diputados. El 63% de los afiliados quiere el Brexit aunque cause «daño significativo» a la economía. El 61% lo desea, aunque Escocia se separe, y el 59% aunque Irlanda del Norte se una a la república. Al 54% no le importa que se destruya su partido si se alcanza el Brexit. Solo la elección del laborista Jeremy Corbyn como primer ministro es un precio que no pagarían. Maniobras El movimiento de los votantes por los candidatos eliminados define estos nuevos pasos del proceso electoral. Andrea Leadsome y Esther McVey expresaron su apoyo a Johnson tras ser descartadas en la primera ronda. Y Matt Hancock también apostó por el favorito tras renunciar a seguir en la carrera electoral por no tener opción de ganar suficientes apoyos para avanzar. Sam Gymah, que no logró los ocho avales necesarios para participar en las elecciones, y Mark Harper, eliminado por no obtener el mínimo de 17 apoyos en la primera votación, no han querido hacer público su voto. Gymah proponía la celebración de un segundo referéndum y justifica su silencio porque los candidatos quieren negociar un nuevo acuerdo con la UE, pero no presentan un plan B si no lo logran. El voto lógico de Theresa May sería por Stewart, que quiere convencer a los afiliados conservadores y al grupo parlamentario de que el Acuerdo para la Retirada de la UE alcanzado por la primera ministra interina es la mejor opción, aunque sea impopular en los sondeos y fuera rechazado por el Parlamento. Pero May guardó silencio sobre su voto. Las tácticas de estos días pueden crear rencores futuros en el grupo parlamentario. Se sugería que estrategas del «equipo Johnson», con Gavin Williamson -el exministro de Defensa y exjefe de disciplina del grupo parlamentario- a la cabeza, podrían incitar a votantes potenciales de Johnson a dar su papeleta a otros, como Jeremy Hunt, para dañar a candidatos más temibles, como Gove o Stewart. Williamson, despedido del Gabinete por May tras una investigación sobre quién había filtrado a la prensa una discusión en el Consejo Nacional de Seguridad para contratar a la empresa china de telecomunicaciones Huawei, fue ayudante personal de David Cameron y de la propia May, y ahora lo es del favorito para sustituirla. Fue el último diputado en votar.
18-06-2019 | Fuente: as.com
El Japón-Inglaterra recrea la semifinal del Mundial de Canadá
Ambas selecciones se medirán este miércoles por el liderato del Grupo D, con el recuerdo de la semifinal ganada a las inglesas por las niponas en Canadá 2015.
18-06-2019 | Fuente: elpais.com
La alcaldesa que se llevó el bastón de mando tras perder las elecciones
La anterior regidora asegura que lo compró y que es de su propiedad
18-06-2019 | Fuente: abc.es
Dudas sobre el estado de salud de Merkel después de sufrir temblores durante un acto oficial
La canciller alemana, Angela Merkel, trató de sacar hierro este lunes a las especulaciones desatadas sobre su estado de salud por el visible temblor de manos y piernas que sufrió mientras recibía al presidente de Ucrania, Vladímir Zelenski, de visita de trabajo en Berlín. «Estoy bien, me he bebido al menos tres vasos de agua, que parece que me faltaban, ahora me siento de nuevo bien», dijo la canciller al ser preguntada por esa cuestión en una comparecencia conjunta con Zelenski, posterior al encuentro mantenido en Cancillería. La líder alemana atribuyó así a un supuesto problema de deshidratación el temblor, mientras dirigía una sonrisa a Zelenski, quien a su vez apuntó, en tono jovial que había visto a la canciller «muy segura». Las imágenes de la canciller bajo el sol, con signos de debilidad física y sujetándose repetidamente las manos para tratar de calmar el temblor, durante aproximadamente medio minuto y mientras sonaba el himno alemán, se convirtieron rápidamente en objeto de comentarios en los medios alemanes. VIDEO: German Chancellor Angela Merkel shook uncontrollably during a visit by Ukraine's new president on a hot day in Berlin. Merkel later told reporters she was fine and clearly hadn't drunk enough water. Read the full story here: https://t.co/ELI0r9FdtN pic.twitter.com/aKWzWtilLE? AP Europe (@AP_Europe) June 18, 2019 Merkel, quien el próximo 17 de julio cumplirá 65 años, llegó al poder en 2005 y fue reelegida para un cuarto mandato tras las elecciones generales del pasado 2017. El pasado octubre, tras una serie de derrotas de su bloque conservador en comicios regionales, anunció que no optará a un nuevo mandato tras la presente legislatura, que previsiblemente acabará en 2021, y organizó su relevo como líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) tras 18 años al frente del partido. En diciembre del año pasado fue elegida para la jefatura del partido Annegret Kramp-Karrenbauer, leal a la línea de Merkel aunque con un perfil más derechista que ésta. Esta retirada gradual precipitó los rumores de un final abrupto de la legislatura, aunque hasta ahora Merkel ha insistido, cada vez que se le ha preguntado, que su propósito es agotar su mandato. Asimismo ha afirmado reiteradamente que, tras retirarse de la Cancillería, no pretenderá asumir ningún otro cargo político, ni a escala alemana o europea. A AKK -como se denomina en Alemania a su sucesora- no la favorecen los sondeos, que la sitúan muy por debajo en cuanto a la valoración ciudadana, ni está suficientemente consolidada como líder del partido. Desde hace semanas, los sondeos de intención de voto colocan al bloque conservador de Merkel por debajo de los Verdes, a los que se pronostica se convertirían en primera fuerza en Alemania en caso de celebrarse ahora elecciones anticipadas. El líder de los Verdes Robert Habeck -quien comparte la presidencia de esa formación con Annalena Baerbock- supera hoy claramente en la valoración de los alemanes a AKK. Al desgaste del bloque de Merkel se une la situación dramática de su socio de coalición, el Partido Socialdemócrata (SPD), que se encuentra bajo mínimos en los sondeos.
18-06-2019 | Fuente: elpais.com
Guerra sucia en las elecciones sindicales de policías y funcionarios de prisiones
Denuncias de insultos, amenazas e incitación al odio durante la campaña de los comicios que se celebran en comisarías y prisiones este miércoles
18-06-2019 | Fuente: abc.es
La jefa del Gobierno de Hong Kong se niega a dimitir y la oposición planea más protestas
«Estamos muy decepcionados y enfadados porque Carrie Lam no ha dimitido, no ha anulado el proyecto de ley y no ha criticado la violencia de la Policía en las manifestaciones», criticó justo tras su comparecencia Bonnie Leung, vicecoordinadora del Frente Civil por los Derechos Humanos, que ha organizado las dos multitudinarias marchas de los pasados fines de semana. Además de no aceptar las disculpas de la jefa ejecutiva, aseguró que «no se merece una segunda oportunidad porque el Gobierno ha engañado muchas veces a la gente». Para coordinar la respuesta durante los próximos días, el Frente se reunirá este miércoles con los diputados pro-democráticos del Parlamento, dijo en una multitudinaria rueda de prensa improvisada en la calle justo a las puertas de la sede del Gobierno. A la espera de lo que decidan, el combativo líder estudiantil Joshua Wong, que salió ayer de la cárcel, avanzó que «habrá más acciones y una campaña de desobediencia civil en las dos próximas semanas, antes de la cumbre del G20 en Japón (28 y 29 de junio) y del aniversario de la devolución de Hong Kong a China (1 de julio)». Con «una campaña sin líderes, descentralizada y masiva», como están siendo estas protestas protagonizadas por jóvenes congregados a través de Telegram y Facebook, Wong se ha propuesto «enterrar la carrera política» de Carrie Lam porque «no ha escuchado a la gente y tiene que pagar el precio». Uno de sus objetivos es que la crisis política que vive Hong Kong, la más grave desde la «Revuelta de los Paraguas» que el mismo colideró en 2014, esté presente en la cita del G20 la próxima semana en Osaka. Como está previsto que en ella se reúnan el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el de China, Xi Jinping, para hablar de la guerra comercial, los manifestantes quieren que las protestas de Hong Kong sean uno de los asuntos sobre la mesa. «Además de tratar la guerra comercial, Trump debería hablar con Xi Jinping sobre la erosión de las libertades y los derechos humanos que sufre Hong Kong», respondió Joshua Wong cuando ABC le preguntó qué esperaba de dicho encuentro. Lejos de solucionarse, el conflicto se agrava y amenaza con enturbiar la presencia de Xi Jinping en el G20. En lugar de retirar la polémica ley, como pedía la oposición, la jefa ejecutiva la ha enterrado «de facto», lo que supone un nuevo error político porque, a fin de cuentas, viene a ser lo mismo, pero sin darle la satisfacción de la victoria a los manifestantes. Más enrabietados aún que antes, y envalentonados por haber parado la ley, todo indica que volverán a las calles hasta derribar al Gobierno. Aunque Joshua Wong admitió que «no importa quién sea nombrado jefe ejecutivo porque no tenemos elecciones y será otro títere de Pekín», confesó que ese era el «objetivo a corto plazo para que el Gobierno escuche a la opinión pública». A largo, será el pleno sufragio universal.
18-06-2019 | Fuente: abc.es
Trump 2020: regresa a la campaña de la que nunca se fue
Se acaban de cumplir cuatro años desde que Donald Trump bajó por las escaleras mecánicas de la Torre Trump de Nueva York, entre adornos dorados y en compañía de su mujer, Melania, para anunciar su candidatura a presidente en las elecciones de 2016. Entonces se le tomaba por una más de las excentricidades de las campañas electorales, un buscador de fortuna que aprovecharía un par de discursos polémicos y, con suerte, ser incluido en los debates electorales para llamar la atención, mejorar su marca y emprender un nuevo proyecto televisivo. Entonces el gran favorito de los republicanos era Jeb Bush -hijo y hermano de presidentes-, el representante del ?establishment? conservador. Entonces se equivocaron todos. Cuatro años después, Trump va a por más. Después de un triunfo electoral histórico, contra pronóstico, y de dos años y medio de presidencia volcánica, el multimillonario neoyorquino presenta su campaña de reelección este martes en Orlando (Florida). Trump no se tendrá que volver a poner el traje electoral porque nunca se lo ha quitado. Durante este tiempo en la Casa Blanca, siempre se ha encontrado mucho más a gusto en los mitines entre seguidores, improvisando, a tumba abierta, que en las farragosas políticas públicas, la compleja relación con sus aliados republicanos en el Congreso o el tacto de las visitas de estado. Nada más llegar a la presidencia, se fue de gira de celebración, con mítines en algunos de los estados clave que le habían brindado la victoria, en el llamado «Thank You Tour». Pero el fin de la gira no fue el fin de los mítines, que han continuado con el nombre de su lema electoral, «Make America Great Again Rally» (Mitin «Hacer a EE.UU. grande otra vez»). Sus apariciones habituales con la gorra roja de «Make America Great Again» son una evidencia literal de que ha seguido en la caravana electoral. Es una muestra más de la forma en la que Trump ha sacudido las normas del juego político. Durante la campaña, escandalizó -y, sobre todo, se comió la atención de los medios- con declaraciones exageradas, falsedades, motes ofensivos a sus contrincantes políticos, insultos a periodistas y vetos a algunos medios de comunicación. Al mismo tiempo, creó un mensaje innovador y atractivo para buena parte del electorado, saltándose las normas establecidas de comunicación política, sin mirar al guión, apelando a su descontento y con el trampolín de su cuenta en Twitter y el altavoz de los medios convencionales. Ahora ha vuelto a trastocar esas normas con la forma de encarar la campaña de reelección. Los presidentes en sus cargos no suelen tener dificultades para obtener la nominación de sus partidos y ese es el caso de Trump, que no tendrá que hacer campaña de primarias. Sus antecesores optaron por dejarla de lado la reelección y centrarse en su Administración hasta bien entrado su primer mandato. Barack Obama no anunció que iría a por la reelección hasta abril de 2011 y no apareció en un mitin hasta mayo del año siguiente, seis meses antes de las elecciones. El caso de George W. Bush fue similar: anunció que se presentaría a las elecciones de 2004 en 2003, pero no hizo campaña hasta el año electoral. Trump es diferente: más que un candidato, se considera el líder de un movimiento. Se esfuerza en conservar la energía -esa palabra que adora, sobre todo para acusar a sus enemigos de no tenerla- que despertó en 2016 y que debe prolongar hasta noviembre del año que viene. El mitin de este martes en Florida -un estado clave, de esos que dan y quitan elecciones- es además una forma de quitarles la iniciativa a los candidatos demócratas y sentar las bases de la campaña desde el primer minuto. Él se dará un baño de multitudes, en un estadio para 20.000 personas (había gente haciendo cola desde 40 horas antes del inicio), rodeado de su familia y con un discurso todavía más agresivo que en 2016, mientras que, la semana que viene, una veintena de candidatos demócratas de todo pelaje repartirán cuchilladas y mostrarán sus diferencias en los primeros debates televisados. Hace cuatro años, en su rascacielos neoyorquino, Trump iniciaba la campaña calificando a los inmigrantes mexicanos de «criminales» y «violadores», llamaba a la guerra comercial contra China y prometía acabar con Obamacare, la reforma sanitaria de su antecesor. Serán temas a los que regresará en su elección, pero con la agresividad renovada y con el espaldarazo de una economía, al menos de momento, que va viento en popa. Entonces, las encuestas no le daban posibilidades. Ahora, no demasiadas (la más reciente, de Fox News, la cadena más amable con el presidente, da a Joe Biden, favorito demócrata, una distancia de diez puntos). Habrá que ver si la historia se repite.
18-06-2019 | Fuente: abc.es
La tardía reacción de Macri al apagón ensombrece su campaña para ser reelegido
El día después del mayor apagón de la historia, no se hizo la luz para Mauricio Macri. El presidente argentino tuvo que encajar las críticas por el «domingo negro» y de paso, asumir los resultados electorales (a la Gobernación) de cuatro provincias donde no pudo cantar victoria propia aunque sus principales adversarios, tampoco. En el epicentro de SADI, las siglas perversas del Sistema Argentino de Interconexión, se encuentra las causas del fundido en negro del domingo que dejó a toda Argentina a oscuras y a parte de Uruguay y Paraguay en las sombras. Las causas que explican un fenómeno insólito -no sucedió ni en las peores épocas de la primera década de siglo- se conocerán con certeza dentro de un par de semanas. El caos, en el Día del Padre y de las votaciones a Gobernador en las provincias de Santa Fe, Formosa, San Luis y Tierra del Fuego, donde el oficialismo no tuvo triunfos, sirvió en bandeja la critica a degüello contra Macri de los candidatos presidenciales que, hasta ahora, parecían perder fuelle de cara a las elecciones de octubre. Alberto Fernández, el compañero de «fórmula» de Cristina Fernández, no perdonó al identificar el corte masivo de luz como «el símbolo del fracaso de la política enérgetica». Sergio Masa, ex jefe de Gabinete como Fernández, de la viuda de Néstor Kirchner, también aprovechó una oportunidad inmejorable para fustigar al Gobierno por un acontecimiento que sucede, «después de tres años de tarifazos de más del 1.000 por ciento de aumentos en energía.. Nos dijeron que era para inversión y el resultado es un enorme apagón». Dicho esto, exigió que los responsables del área acudan al Congreso a dar explicaciones. El escenario el lunes no era dramático pero unas 10.000 personas permanecían, todavía, sin suministro eléctrico. Gustavo Lopetegui, secretario de Energía y pieza permanente, desde el inicio del Gobierno, del círculo de máxima confianza de Macri, garantizó: «Yo diría que hay cero posibilidades de que vuela a ocurrir un apagón masivo». Extraordinario Las explicaciones de lo ocurrido, en rigor, no están claras. «El domingo la demanda era muy baja. Es muy extraordinario que esto haya ocurrido. Nunca había ocurrido en la historia de Argentina», se sinceraba en declaraciones a la emisora de radio La Red. «En unos 15 días», reiteró, se conocerán las causas. Antes, «en las próximas 72 horas -añadió Lopetegui- las empresas tienen que suministrar el informe de todos los eventos que estaban sucediendo hasta las 7.07. Ahí fue cuando se desconectó», detalló en alusión a la hora en que a todos los argentinos, salvo en Tierra del Fuego, provincia al sur del sur, se les vino la noche aunque había salido el sol. «Cammesa (compañía que administra el mercado mayorista elécrico) va a realizar el estudio y en unos 15 días vamos a saber cuál fue la sucesión de acontecimientos». Entretanto, las hipótesis se suceden y la que cobra más fuerza apunta a un fallo en la conexión entre las centrales de Yaciretá (fronteriza y gestionada con Paraguay) y Salto Grande. La alarma habría saltado pero pasado desapercibida. Todas las explicaciones parecen pocas frente a una población que parecía, después de años de sacrificio, empezar a tener un cierto grado de sosiego con el repunte de la economía, una inflación en aparente retroceso, estabilidad momentánea del dólar y las empresas que cotizan en bolsa en luna de miel (las 20 principales duplicaron su valor) tras el anunció de que el actual presidente intentará la reelección de la mano de un peronista histórico como Miguel Angel Pichetto. Ambos se han puesto al frente de la flamante coalición Juntos por el Cambio que mete en la misma bolsa, a la socialdemócrata Unión Cívica Radical (UCR), al Pro que fundó el presidente, la Coalición Cívica de Elisa Carrió y a lo que el Gobierno denomina «peronismo racional» que equivale al no kirchnerista. Las críticas a Mauricio Macri fueron severas por un hecho sin precedentes en la historia de Argentina pero también por salir a dar explicaciones tarde y hacerlo por las redes sociales. Siete horas después de que la fiesta del Día del Padre (también para él) se convirtiera en una escena más propia de velatorio, el presidente intervino reconociendo el caos y afirmando, «estamos trabajando para que todos puedan tener energía lo antes posible». Energía, caballo de batalla La energía fue el primer caballo de batalla que la Administración Macri se empeñó en domar nada más llegar a la Casa Rosada. El por entonces ministro de Energía, Juan José Aranguren, declaró como primera medida, sin contemplaciones, la «Emergencia enérgetica» hasta el 2017 pero advirtió que se necesitaría mucho más tiempo hasta recuperar la normalidad. Tras más de una década de estar congeladas las tarifas (las más baratas del mundo) y prácticamente paralizadas las inversiones, el Gobierno acometió un accidentado proceso de renovación y actualización de precios. Medida impopular pero necesaria, el apagón resucitó los peores fantasmas de los argentinos pero también de Mauricio Macri sensible a cualquier cimbronazo que pueda poner en más en riesgo su reelección.
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