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Noticias de disturbios raciales

14-06-2020 | Fuente: abc.es
Trump retrasa su mitin en Oklahoma por la tensión racial
Con las protestas por la muerte de George Floyd dando coletazos, Donald Trump anunció esta semana su vuelta al ruedo electoral, que no pisaba desde marzo por la pandemia de Covid-19. Sería el 19 de junio en Tulsa (Oklahoma), un territorio muy «?trumpista» que le regalaría un baño de multitudes para relanzar la campaña de su reelección, afectada por el golpe sanitario y económico del coronavirus y por las protestas raciales por la muerte de Floyd. El viernes por la noche, sin embargo, Trump anunció que retrasaba en un día su mitin, al 20 de junio, y en el mismo lugar. Tanto la fecha como el lugar escogidos habían provocado una reacción furiosa en sectores amplios de la minoría negra. En primer lugar, porque el 19 de junio se celebra «Juneteenth», el día en el que se declaró por primera vez el fin de la esclavitud. En aquel día de 1865, un general unionista comunicó a los esclavos de Galveston (Texas) que eran libres tras la victoria frente a los rebeldes confederados. El escenario del mitin también está cargado de significado. Tulsa sufrió uno de los peores episodios de disturbios raciales en el historia de EE.UU. En la madrugada del 1 de junio, una turba de hombres blancos armados arrasaron el barrio negro de Greenwood, después de una disputa por una supuesta violación de un joven negro a una chica blanca (resultó no ser cierta). Murieron cientos de personas y se destruyó buena parte del barrio. Con todas las grandes ciudades de EE.UU. levantadas en protestas contra los abusos policiales hacia la minoría negra y por la denuncia de un racismo estructural que tiene su raíz en la era de la esclavitud y en la discriminación legal, el mitin en Tulsa en «Juneteenth» parecía una afrenta o un descuido. Durante un par de días, Trump defendió la fecha. En una entrevista grabada este jueves, aseguró que el mitin sería una «celebración» y que él ha hecho «más por la comunidad negra que cualquier otro presidente. Le doy un pase a Abraham Lincoln, que le hizo bien, aunque es cuestionable». El viernes, sin embargo, dio marcha atrás, en una decisión que será muy bien recibido por sus bases moderadas. «Habíamos programado nuestro mitin en Tulsa para el 19 de junio, algo muy importante», escribió en Twitter. «Por desgracia, sin embargo, esto coincidiría con la festividad de Juneteenth. Muchos de mis amigos y seguidores afroamericanos se pusieron en contacto para que consideráramos cambiar la fecha por respecto a este festivo y en cumplimiento de esta ocasión importante y de todo lo que representa».
04-06-2020 | Fuente: abc.es
El exsecretario de defensa de Trump, James Mattis, le condena: «Nos divide»
El primer secretario de Defensa de Donald Trump y uno de los generales del Marine Corps más condecorados en la historia reciente criticó ayer abiertamente al presidente por desplegar las fuerzas armadas para sofocar los disturbios raciales. En una tribuna sin precedentes, James Mattis, que ocupó el cargo entre 2017 y 2019 definió a Trump como «el primer presidente que no intenta unir al pueblo estadounidense. Ni siquiera finge intentarlo. En cambio, trata de dividirnos». «Estamos padeciendo las consecuencias de tres años de este esfuerzo deliberado. Estamos padeciendo las consecuencias de tres años de falta de liderazgo adulto. Podemos unirnos sin él, aprovechando las fortalezas inherentes a nuestra sociedad civil. Esto no será fácil, visto lo sucedido los pasados días, pero se lo debemos a nuestros conciudadanos, a las generaciones pasadas que derramaron su sangre para defendernos, y a nuestros hijos», escribió Mattis. Estas palabras las ha publicado la revista «The Atlantic» tras una semana de protestas en todo el país por la muerte bajo custodia policial de George Floyd, un hombre de raza negra de 46 años. En los disturbios posteriores han muerto seis personas, y hay 200 ciudades en todo el país bajo toque de queda. El lunes, Trump movilizó al ejército y a los antidisturbios para desalojar una protesta ante la Casa Blanca y poder salir a la calle a tomarse una foto ante una inglesa cuyos bajos habían sido incendiados el día anterior. Mattis se había mantenido en silencio desde que dejó la administración. En su larga carta de dimisión, sí se desmarcó de la política de Trump, y le dijo abiertamente: «Usted tiene el derecho a tener un secretario de Defensa cuyas visiones están mejor alineadas con las suyas en estos y otros asuntos, creo que es lo correcto para mí dejar el cargo». No le dio las gracias. Trump, molesto, dijo en una reunión con líderes republicanos que Mattis estaba sobrevalorado. Después, en un discurso, el general se rió de las críticas: «El presidente dijo lo mismo de Meryl Streep como actriz, así que esto me convierte en la Meryl Streep de los generales». Mattis, cuyo apoyo en el Marine Corps era «Perro Rabioso», ha servido en las dos guerras del Golfo y en Afganistán. Llegó a general de cuatro estrellas y tiene entre sus condecoraciones la Medalla por Servicio Distinguido de Defensa, la Medalla del Servicio Superior de Defensa, la Legión al Mérito y la Medalla de Bronce. Trump, como suele hacer, respondió ayer a Mattis en Twitter: «Probablemente, lo único que Barack Obama y yo tenemos en común es que ambos tuvimos el honor de despedir a Jim Mattis, el general más sobrevalorado del mundo. Pedí su carta de renuncia y acerté», dijo Trump en Twitter. «Su fuerza principal no era la militar, sino las relaciones públicas».
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Trump militariza su respuesta a la peor oleada de disturbios de EE.UU.
Ante una nación en llamas, sumida en la angustia de noches encadenadas de disturbios, incendios y saqueos, el presidente ha optado por la fuerza, militarizando su respuesta. El lunes por la tarde, Donald Trump emergió de la Casa Blanca y dio un breve discurso a las puertas del Despacho Oval. «Si cualquier ciudad o estado se niega a adoptar las medidas necesarias para defender la vida y la propiedad de sus residentes, desplegaré al Ejército para solucionar yo rápidamente el problema», dijo el presidente. Desde el patio en el que hablaba el Presidente, lugar habitual de sus discursos y ruedas de prensa, se escuchaban las explosiones de las granadas aturdidoras. A los manifestantes a los que en ese momento, 25 minutos antes del toque de queda de las 19.00, desalojaban los antidisturbios y los soldados de la Guardia Nacional, Trump les dijo: «En este momento avanzan miles y miles de soldados fuertemente armados, personal militar y agentes del orden a acabar con los disturbios, los saqueos, el vandalismo, los asaltos y esta destrucción desenfrenada». Varias leyes le impiden al Presidente movilizar al Ejército dentro de las fronteras del país, y por lo general sólo puede hacerlo en caso de que se declare una insurrección, como hizo de hecho Bill Clinton ante los disturbios raciales de Los Ángeles en 1992. En otros casos -intervenciones de rescate desastres naturales como huracanes o terremotos, por ejemplo- sólo los gobernadores pueden activar a la Guardia Nacional, compuesta por reservistas. En Washington, Trump pudo movilizar el lunes a más de un millar de soldados porque la capital es en sí misma un distrito federal, sin gobernador y dependiente directamente del Gobierno central. La noche del lunes y la madrugada del martes fueron las más violentas en la capital de EE.UU. hasta ahora, con constantes choques entre los antidisturbios y los manifestantes, cientos de los cuales quedaron encerrados hasta que se levantó al amanecer el toque de queda en una pequeña calle del barrio de Logan Circle. Algunos vecinos les abrieron las puertas de sus casas y les dejaron pasar la noche durmiendo dentro. Generales sobre el terreno Helicópteros militares volaban bajo mientras los saqueos, con rotura de lunas e incendios, se propagaban por toda la ciudad. Durante toda la noche se oían claramente disparos en todo el centro de la capital, normalmente desierto de noche. Generales vestidos de uniforme supervisaban el dispositivo de seguridad junto al secretario (ministro) de Defensa Mark Esper y el fiscal general (ministro de Justicia) William Barr. Las protestas comenzaron de forma pacífica, pero pronto han devenido en disturbios violentos en las principales ciudades del país, que están aplicando toques de queda. A la ira por la muerte bajo custodia policial de un hombre de raza negra, George Floyd, se ha añadido el malestar por la desigualdad y la destrucción de 40 millones de empleos por la pandemia de coronavirus. Los manifestantes entonan cánticos por igual contra el racismo, contra el capitalismo y contra el presidente, quien de hecho ha condenado la muerte de Floyd en repetidas ocasiones. Para el Presidente, según dijo en su discurso del lunes, estos disturbios son algo más grave y sombrío que la legítima desazón por el racismo imperante en algunos cuerpos policiales . «Estos días nuestra nación se ha visto afectada por anarquistas profesionales, turbas violentas, incendiarios, saqueadores, criminales, antifascistas y otros similares», dijo el presidente. En las protestas han muerto al menos seis personas, y hay más de 5.000 detenidos en todo el país. El presidente mantuvo una videoconferencia con los gobernadores afectados el lunes y les conminó a activar la Guardia Nacional. De lo contrario, dijo, parecerán «una panda de idiotas» y le obligarán a desplegar las fuerzas armadas de forma unilateral, algo para lo que en principio debería activar las leyes necesarias para ahogar una insurrección. Estas palabras de Trump, y el despliegue del Ejército en Washington, han despertado la ira entre sus críticos. La senadora Kamala Harris, que se postula para la candidatura a la vicepresidencia, le acusó de actuar como «un dictador». «Sus accions son claramente ilegales», dijo el gobernador de Illinois, J.B. Pritzke. «Es muy peligroso», añadió la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Trump se dirige a un EE.UU. sumido en el caos: «Soy el presidente de la ley y el orden»
Donald Trump emergió este lunes cuando cayó el toque de queda en Washington, para proclamarse «presidente de la ley y el orden». Justo en ese momento, los antidisturbios desalojaban las calles aledañas a la Casa Blanca. Con disparos de los cañones de pelotas de goma y gas lacrimógeno perceptibles de fondo, el Presidente se dirigió a la nación desde el patio de su residencia para anunciar que ha ordenado la movilización en la capital de «miles y miles de soldados fuertemente armados para poner fin a los disturbios, los saqueos, el vandalismo, las agresiones y los destrozos». Dijo Trump que se considera «amigo de los manifestantes pacíficos». Mientras, la Policía Militar y cuerpos antidisturbios de variada procedencia cargaban contra manifestantes que hasta ese momento habían protestado de forma pacífica, cantando lemas como «No puedo respirar», las últimas palabras de George Floyd, el hombre de reza negra que murió bajo custodia policial la semana pasada en Mineápolis después de que un agente le hincara la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos. Tras su breve discurso, Trump demostró el por qué del desalojo masivo. Él y algunos miembros de su Gobierno caminaron hasta la iglesia de San Juan, unos minutos antes rodeada de manifestantes, para visitarla tras el incendio de su sacristía ayer. En esa pequeña iglesia, a escasos metros de la Casa Blanca, han rezado todos los presidentes desde principios del siglo XIX, incluido el propio Trump. Ante las escaleras del templo, el Presidente alzó un brazo con una Biblia en la mano. <blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Urgente. Acaban de desalojar las calles en torno a la Casa Blanca. Gas lacrimógeno, pelotas de goma y antidisturbios. Este es el momento. En 15 minutos, toque de queda. <a href="https://t.co/p6tiZpuTcq">pic.twitter.com/p6tiZpuTcq</a></p>&mdash; David Alandete (@alandete) <a href="https://twitter.com/alandete/status/1267588349277220865?ref_src=twsrc%5Etfw">June 1, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Tras tres días de disturbios, incendios y saqueos, el Presidente ordenó un dispositivo de seguridad insólito alrededor de la Casa Blanca. Por orden constitucional, el Ejército sólo puede desplegarse dentro de las fronteras de EE.UU. en caso de insurrección, para prevenir golpes de estado. Hay sin embargo excepciones que le dan a Trump cierto margen de maniobra en caso de disturbios. Sí puede movilizarse, por ejemplo, la Guardia Nacional, compuesta de reservistas, en casos de grave riesgo para la seguridad pública. Ayer, esa Guardia Nacional se desplegó en el centro de Washington a las 19.00, cuando cayó el toque de queda decretado por la alcaldesa tras las tres noches encadenadas de disturbios, incendios y saqueos. Tras el desalojo, muchos manifestantes, enmascarados, se dispersaron por las calles aledañas. Fueron momentos de caos, entre los ruidos de los cañones de pelotas de goma y el efecto del gas lacrimógeno. Los antidisturbios avanzaban, escudo en una mano y porra en la otra. Tras ellos, policía montada, indicando a los que se les resistían que retrocedieran. Un helicóptero sobrevolaba a la multitud. Algunos manifestantes hincaron las rodillas en señal de resistencia. No sabían que los policías les estaban apartando para que el Presidente pudiera acercarse a la iglesia. Cuando Trump volvió a cruzar la verja de la Casa Blanca, el cordón policial retrocedió, y los manifestantes pudieron regresar donde estaban antes.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Esto pasa a las puertas de la Casa Blanca mientras Trump se dirige a la nación. Carga de antidisturbios y perímetro de seguridad. <a href="https://t.co/lSJQ5mClh0">pic.twitter.com/lSJQ5mClh0</a></p>&mdash; David Alandete (@alandete) <a href="https://twitter.com/alandete/status/1267589766108925956?ref_src=twsrc%5Etfw">June 1, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> El discurso y el paseo de Trump fueron una demostración clara de fuerza, después de quedar encerrado en la Casa Blanca durante tres días, rodeado de disturbios, fuegos y saqueos. El viernes el Servicio Secreto le llegó a bajar a él y a su familia al búnker que no se empleaba desde los años de George W. Bush y los atentados terroristas del 11-S. Ni siquiera en tiempos de Richard Nixon, con los disturbios raciales posteriores al asesinato de Matin Luther King y las protestas contra la guerra de Irak se vieron, como ayer, convoyes militares entrando en el complejo de la Casa Blanca y cargas policiales de semejante magnitud. Era un claro mensaje visual, porque después, en su breve discurso, el Presidente dijo que si los gobernadores no ahogan los disturbios, movilizará como sea a las fuerzas armadas.
02-06-2020 | Fuente: abc.es
Trump amenaza con la intervención del Ejército si no cesan las protestas
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Trump emergió este lunes cuando caía el toque de queda en Washington, al filo de las 19.00, para proclamarse «presidente de la ley y el orden». Justo en ese momento, los antidisturbios desalojaban las calles aledañas a la Casa Blanca. Con disparos de los cañones de pelotas de goma y gas lacrimógeno perceptibles de fondo, el presidente se dirigió a la nación desde el patio de su residencia para anunciar que ha ordenado la movilización en la capital de «miles y miles de soldados fuertemente armados para poner fin a los disturbios, los saqueos, el vandalismo, las agresiones y los destrozos». Tras su breve discurso, Trump demostró el por qué del desalojo masivo. Él; su hija y yerno, y algunos miembros de su Gobierno caminaron hasta la iglesia de San Juan, unos minutos antes rodeada de manifestantes, para visitarla tras el incendio de su sacristía ayer. En ese pequeño templo, a escasos metros de la Casa Blanca, han rezado todos los presidentes desde principios del siglo XIX, incluido el propio Trump. Ante las escaleras de la iglesia, el presidente alzó un brazo con una Biblia en la mano. El discurso y el paseo de Trump fueron una demostración clara de fuerza, después de quedar encerrado en la Casa Blanca durante tres días, rodeado de disturbios, fuegos y saqueos. El viernes el Servicio Secreto le llegó a bajar a él y a su familia al búnker que no se empleaba desde los años de George W. Bush y los atentados terroristas del 11-S.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Urgente. Acaban de desalojar las calles en torno a la Casa Blanca. Gas lacrimógeno, pelotas de goma y antidisturbios. Este es el momento. En 15 minutos, toque de queda. <a href="https://t.co/p6tiZpuTcq">pic.twitter.com/p6tiZpuTcq</a></p>&mdash; David Alandete (@alandete) <a href="https://twitter.com/alandete/status/1267588349277220865?ref_src=twsrc%5Etfw">June 1, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Ayer se cumplió una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Vandalismo como el de estos días no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo, estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa Blanca. Trump, fiel a su carácter, no había renunciado durante los últimos días a sus provocaciones. Comenzó la semana pasada calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia de la frase.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">..These THUGS are dishonoring the memory of George Floyd, and I won?t let that happen. Just spoke to Governor Tim Walz and told him that the Military is with him all the way. Any difficulty and we will assume control but, when the looting starts, the shooting starts. Thank you!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1266231100780744704?ref_src=twsrc%5Etfw">May 29, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> En una tensa videollamada mantenida ayer con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, el presidente les acusó de débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». En los disturbios habían muerto a fecha de ayer al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones durmieron ayer bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a pedir refuerzos al Pentágono de forma inmediata. Cálculo electoral El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia . Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales».
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La ola de disturbios raciales empuja a Estados Unidoshacia el abismo
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Hoy se ha cumplido una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Semejante vandalismo no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa blanca. El presidente, fiel a su carácter, no ha renunciado a sus provocaciones. Comenzó calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado una madrugada en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia exacta de la frase. Hoy, Trump volvió con más leña para el fuego. En una tensa videollamada con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, les acusó de ser débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», miembros del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa», abreviatura de «antifascista». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. Brigadas de rescate El presidente añadió: «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». La capital, sin embargo, volvió a amanecer ayer saqueada, la plaza ante la residencia presidencia similar a un campo de batalla, a pesar de que el domingo por la noche el FBI movilizó hasta a la brigada de rescate en secuestros para ayudar al Servicio Secreto y a la policía local. Hoy, el fiscal general (ministro de Justicia), William Barr, ordenó más refuerzos, y envió unidades antidisturbios de la red federal de prisiones a Miami y Washington. En los disturbios habían muerto a fecha de hoy al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones de personas durmieron la noche del domingo bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a que pidieran refuerzos al Pentágono de forma inmediata. En estos momentos de angustia nacional, es habitual que los presidentes se dirijan a la nación para calmar ánimos, pero Trump se ha resistido a hacerlo. Preguntada su portavoz, Kayleigh McEnany, por si el presidente estaba planificando algún mensaje televisado desde el Despacho Oval, esta respondió: «Un discurso no va a pararle los pies a los antifascistas». Ley y orden El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia apoyando a los manifestantes, a los que colocó, todos, en el mismo saco. Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales». Los ocho años de gobierno de Obama, sin embargo, no remediaron el viejo problema de la brutalidad policial contra personas de raza negra. Trump ha recordado varias veces en días recientes que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió Floyd, son demócratas, desde el alcalde a los senadores del estado de Minnesota. En lugar de unidad en este insólito contexto de pandemia y saqueos, EE.UU. vive una división sin precedentes. Tras la videollamada con el presidente, varios gobernadores demócratas le acusaron directamente de incendiar los ánimos. Por ejemplo, según dijo la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer: «Las peligrosas palabras de este presidente deberían preocupar seriamente a todos los estadounidenses, porque transmiten un mensaje claro sobre los planes de esta Administración de plantar las semillas del odio y la división, lo que, me temo, provocará más violencia y destrucción». Son palabras inusualmente duras proferidas contra el que en crisis pasadas se ha erigido como referente moral de la nación, o al menos lo ha intentado.
01-06-2020 | Fuente: abc.es
La ola de disturbios raciales empuja a Estados Unidos a un abismo
La ola de protestas raciales por la muerte de un hombre negro bajo custodia policial se ha convertido en un insólito estallido violento que recorre todo Estados Unidos, de norte a sur y de costa a costa, justo durante el estertor de una pandemia de coronavirus que ha provocado al menos 100.000 muertos y 40 millones de parados en todo el país, y a apenas cinco meses de unas reñidas elecciones en las que Donald Trump se juega la presidencia. Hoy se ha cumplido una semana desde la muerte bajo arresto de George Floyd, sospechoso de haber pagado en un comercio de Mineápolis con un billete de 20 dólares falso. Un policía, ya bajo arresto, le hincó la rodilla en el cuello durante casi nueve minutos, mientras este suplicaba, repetidamente: «No puedo respirar». Esas tres palabras se han convertido en el grito de guerra de estas protestas, que al caer la noche se vuelven violentas. Semejante vandalismo no se veía ni en Washington ni en el resto del país desde los disturbios raciales provocados por el asesinato del reverendo Martin Luther King en 1968. Hubo, en años recientes, protestas por otras muertes de personas negras a manos de agentes de policía blancos, sobre todo las de Michael Brown en Ferguson en 2014 y Freddie Gray en Baltimore en 2015. Ninguna, sin embargo estalló con la fuerza y violencia de ahora. Todas estas fueron, también, antes de que Trump ingresara en la Casa blanca. El presidente, fiel a su carácter, no ha renunciado a sus provocaciones. Comenzó calmando ánimos, lamentando la «trágica» muerte de Floyd y prometiendo «justicia». Después, en un mensaje publicado una madrugada en Twitter, amenazó con duras represalias rescatando una antigua frase de tintes racistas, proferida por un jefe de policía de Miami en 1967: «Cuando comiencen los saqueos, comenzarán los disparos». La red social etiquetó esos mensajes después por «glorificar la violencia», y el presidente respondió que no conocía la procedencia exacta de la frase. Hoy, Trump volvió con más leña para el fuego. En una tensa videollamada con los gobernadores de los estados afectados, muchos de ellos demócratas, les acusó de ser débiles. A los manifestantes les calificó de «terroristas», miembros del movimiento de izquierda radical y violenta «antifa», abreviatura de «antifascista». «Si no les domináis, se van a hacer con vosotros, vais a parecer una panda de idiotas», añadió. Brigadas de rescate El presidente añadió: «La mayoría sois débiles. Tenéis que arrestar a más gente, debéis seguirlos, debéis encerrarlos por 10 años, y esto ya no volverá a pasar, ya veréis. Lo estamos haciendo aquí en Washington». La capital, sin embargo, volvió a amanecer ayer saqueada, la plaza ante la residencia presidencia similar a un campo de batalla, a pesar de que el domingo por la noche el FBI movilizó hasta a la brigada de rescate en secuestros para ayudar al Servicio Secreto y a la policía local. Hoy, el fiscal general (ministro de Justicia), William Barr, ordenó más refuerzos, y envió unidades antidisturbios de la red federal de prisiones a Miami y Washington. En los disturbios habían muerto a fecha de hoy al menos seis personas, unas 4.000 habían sido detenidas y al menos 45 millones de personas durmieron la noche del domingo bajo toque de queda. La Guardia Nacional, una fuerza militar compuesta de reservistas, estaba desplegada en la mitad de estados, y Trump instó a los gobernadores, que son quienes la activan, a que pidieran refuerzos al Pentágono de forma inmediata. En estos momentos de angustia nacional, es habitual que los presidentes se dirijan a la nación para calmar ánimos, pero Trump se ha resistido a hacerlo. Preguntada su portavoz, Kayleigh McEnany, por si el presidente estaba planificando algún mensaje televisado desde el Despacho Oval, esta respondió: «Un discurso no va a pararle los pies a los antifascistas». Ley y orden El cálculo del presidente parece ser, ante todo, electoral. Su equipo sabe que en 1972, tras los disturbios posteriores a la muerte de Luther King, Richard Nixon arrasó en las elecciones, con un rotundo éxito de una campaña cimentada en el eslogan «Nixon, ahora más que nunca». Este fin de semana, Trump prometió «ley y orden», y acusó a los demócratas de justificar la violencia apoyando a los manifestantes, a los que colocó, todos, en el mismo saco. Mientras arden Nueva York, Filadelfia, Miami, Los Ángeles, Washington y decenas de ciudades más, el predecesor de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama, pidió que «toda esta rabia justificada se canalice en acciones pacíficas, sostenidas y efectivas, para que este momento sea un punto de inflexión en el largo viaje de este país hacia sus más elevados ideales». Los ocho años de gobierno de Obama, sin embargo, no remediaron el viejo problema de la brutalidad policial contra personas de raza negra. Trump ha recordado varias veces en días recientes que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió Floyd, son demócratas, desde el alcalde a los senadores del estado de Minnesota. En lugar de unidad en este insólito contexto de pandemia y saqueos, EE.UU. vive una división sin precedentes. Tras la videollamada con el presidente, varios gobernadores demócratas le acusaron directamente de incendiar los ánimos. Por ejemplo, según dijo la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer: «Las peligrosas palabras de este presidente deberían preocupar seriamente a todos los estadounidenses, porque transmiten un mensaje claro sobre los planes de esta Administración de plantar las semillas del odio y la división, lo que, me temo, provocará más violencia y destrucción». Son palabras inusualmente duras proferidas contra el que en crisis pasadas se ha erigido como referente moral de la nación, o al menos lo ha intentado.
30-05-2020 | Fuente: abc.es
Trump amaga con el despliegue del Ejército contra los disturbios por la muerte de Floyd en Mineápolis
La ira por las heridas raciales a vuelto a Washington, como suele hacer cada cierto tiempo, pero en esta ocasión en año electoral y con Donald Trump en la Casa Blanca. Una turba rodeó el viernes la residencia del presidente, tumbó vallas y se enfrentó al Servicio Secreto, que tuvo que confinar a Trump durante unas cuantas horas, hasta que la multitud marchó avenida Pennsylvania arriba, hacia el cercano hotel que lleva el nombre del presidente. Este había condenado rápidamente el supuesto homicidio de George Floyd e intentó mostrar empatía con aquellos que denunciaban la brutalidad policial del caso. Pero fiel a su carácter, Trump no pudo mantenerse mucho tiempo alejado de la polémica. Primero, el jueves por la noche el presidente, para criticar los disturbios, recuperó en Twitter una vieja frase muy cargada racialmente: «Cuando comienzan los saqueos, comenzarán los disparos». Esa frase la pronunció en 1967 un jefe de policía de Miami para definir su estrategia policial contra los disturbios raciales, y la hizo suya el candidato supremacista George Wallace. Twitter, alertado de ella, etiquetó el mensaje del presidente diciendo que «glorifica la violencia». Desde ese momento, cualquier semblanza de estrategia dirigida desde la Casa Blanca para contener los disturbios que están prendiendo en todo EE.UU. saltó por los aires. Trump denunció que los manifestantes son en realidad radicales del movimiento antifascista. Después se vio en la obligación de aclarar que todas las autoridades de Mineápolis, donde murió George Floyd, son demócratas, del alcalde a los senadores del estado. Y finalmente ha convocado para esta noche [madrugada en España] a sus partidarios a la Casa Blanca, para defenderle, se supone, de nuevos cercos como el del viernes. En un movimiento de alto riesgo, el presidente también ofreció movilizar a las fuerzas armadas para contener los disturbios en Mineápolis, una militarización del conflicto en toda regla. «Tenemos al ejército listo, si es que quieren llamarlo. Podemos enviar tropas muy rápidamente», dijo el presidente. Aunque los gobernadores pueden movilizar a la Guardia Nacional, compuesta de reservistas, las fuerzas armadas sólo pueden movilizarse plenamente dentro de las fronteras de EE.UU. si se declara una insurrección. A las protestas se le han sumado saqueos en varias ciudades. El gobernador de Minnesota, Tim Waltz, rechazó inicialmente esa ayuda. El presidente no ha considerado necesario, hasta ahora, dirigirse a la nación para intentar calmar esta creciente animosidad. En un acto anunciado como una rueda de prensa el viernes, Trump se fue sin aceptar preguntas. Después, en una mesa redonda con empresarios volvió a ofrecer sus condolencias a la familia de Floyd, sin más. Cortejo a los afroamericanos Hoy, el presidente ha viajado a Florida a presenciar el segundo intento del lanzamiento al espacio de la cápsula de Space X, y de camino ha querido aclarar que sus partidarios, los de la gorra roja con el lema «Make America Great Again» («Hagamos América Grande de Nuevo») «aman a los negros, quieren mucho a los afroamericanos». Es año electoral, y aunque en 2016 sólo obtuvo el 8% del voto de las personas de raza negra, en meses pasados el presidente ha cortejado a varios de sus líderes, confiando en mejorar en lo posible ese porcentaje. A pesar de los esfuerzos de Trump por congraciarse con las minorías raciales, estas no olvidan su apoyo a los supremacistas que en 2017 se manifestaron en la localidad de Charlottesville Virginia, provocando unos disturbios en los que murió una mujer. «Había gente buena en ambos lados», dijo entonces. Muchos de los que el viernes rodearon la Casa Blanca decían haber participado en anteriores protestas motivadas por aquellos hechos, y en algunos de sus carteles se leía «Remember Charlottesville» o «Recordad Charlottesville». Por la oferta de movilizar a las fuerzas armadas, todo indica a que Trump va a aprovechar esta oportunidad para presentarse como el presidente y candidato del orden y la fuerza. Será más fácil de explicar para él que el hecho de que EE.UU. haya superado los 100.000 casos de coronavirus, algo que parece haber quedado en un segundo plano.
30-05-2020 | Fuente: abc.es
Trump desafía a las redes sociales con nuevas reglas
Donald Trump le ha declarado una guerra al mensajero que puede acabar transformando internet y las redes sociales tal y como se conocen hoy. El insólito decreto que el presidente aprobó el jueves ha abierto un largo proceso en que el gran aparato gubernamental de la Casa Blanca ha plantando cara a las grandes plataformas de distribución de internet en pleno año electoral, todo por unos mensajes del presidente sobre fraude en las urnas y disturbios raciales que han sido corregidos o amonestados por los administradores de Twitter. En el centro de esta batalla política se encuentra una legislación hasta ahora poco conocida pero que ha sentado los cimientos del internet actual: la Ley de Decencia en las Comunicaciones de 1996. En su sección 230, establece: «Ningún proveedor o usuario de un servicio informático interactivo será tratado como el editor o portavoz de ninguna información proporcionada por otro proveedor de contenido o información». Gracias a ella, hasta ahora las grandes empresas de internet, como Facebook o Twitter, no han sido responsables legales de lo que se ha publicado en ellas. <blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">REVOKE 230!</p>&mdash; Donald J. Trump (@realDonaldTrump) <a href="https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1266387743996870656?ref_src=twsrc%5Etfw">May 29, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> El presidente Trump denunció el jueves que esas redes sociales «han tenido un poder incontrolado para censurar, restringir, editar, dar forma, ocultar y alterar prácticamente cualquier forma de comunicación entre los ciudadanos particulares y entre las grandes audiencias. No hay precedente en la historia de EE.UU. de que un número tan pequeño de empresas controlen una esfera tan grande de interacción humana. No podemos permitir que eso siga sucediendo». Antes Twitter había etiquetado como falsos dos mensajes de Trump sobre supuesto fraude en el voto por correo. Después del decreto, la red social añadió a otro mensaje del presidente sobre los disturbios raciales en Minnesota un mensaje en el que le acusaba de violar los términos de uso por «glorificar la violencia». En ese mensaje censurado, el presidente decía «cuando los saqueos comienzan, comenzarán también los disparos». Luego, Trump negó en otro mensaje que estuviera amenazando con ordenar disparar a los manifestantes. Lo que el presidente ha ordenado es que el secretario (ministro) de Comercio Wilbur Ross prepare con el fiscal general (ministro de Justicia) William Barr un nuevo marco regulatorio con la Comisión Federal de Comunicaciones, que supervisa el sector de internet. El objetivo es forzar a las redes sociales a hacerse responsables de lo que publican, incluida la moderación de comentarios. De ese modo, si etiquetan o borran comentarios del presidente o de otros, pueden enfrentarse a denuncias por censura, que es lo que Trump busca en este caso en concreto.
29-11-2017 | Fuente: abc.es
Trump propaga vídeos de ultras británicos contra los musulmanes
Quienes pensaban que el compromiso matrimonial, anunciado esta semana, entre el Príncipe Enrique y una actriz californiana era la mayor novedad en las relaciones entre el Reino Unido y EE.UU., no contaban con Donald Trump y su cuenta de Twitter. El presidente de EE.UU. compartió ayer en la red social tres vídeos con contenido violento de la cuenta de una líder de un partido de extrema derecha del Reino Unido, lo que ha provocado una lluvia de críticas en ambos lados del Atlántico y la condena del Gobierno británico. Los vídeos muestran a supuestos musulmanes -su contenido no ha sido verificado- cometiendo diferentes actos de violencia. En el primero, bajo el título «Inmigrante musulmán da una paliza a un chico holandés en muletas», aparece un adolescente que golpea a otro en un parque; el segundo muestra a un hombre de apariencia musulmana que destroza una estatua de la Virgen María; en el tercero aparece una turba, supuestamente en Egipto, que lanza a un joven desde una azotea y después le golpean. Trump, que no comentó los vídeos, los retuiteó desde la cuenta de Jayda Fransen, líder de «Britain First» -imposible no acordarse de «America First», uno de los lemas electorales de Trump-, un partido británico reciente de extrema derecha, con un fuerte discurso racista y antiislámico. Serie de tuits rebotados por Donald Trump en su cuenta de Twitter - ABC La propagación de este tipo de contenido -sin verificar, proveniente de organizaciones radicales, con el objetivo de sembrar el odio contra la población musulmana- es sorprendente para un presidente de EE.UU., pero se enmarca dentro del discurso antiislámico y el tono racista que ha rodeado a Trump desde que se presentara como candidato a la presidencia en 2015. A finales de ese año propuso la creación de un registro de musulmanes y, tras la matanza de San Bernardino, defendió la prohibición de entrada a todo creyente del islam en el país. El año pasado, todavía durante la campaña electoral, aseguró que «el islam nos odia» y retuiteó mensajes de cuentas supremacistas y una cita de Mussolini. Una vez en la Casa Blanca, ha peleado con los tribunales para instaurar un veto migratorio a diversos países musulmanes y causó indignación con su respuesta equívoca ante los disturbios raciales de Charlottesville (Virginia) este verano. Como presidente, sin embargo, Trump se había abstenido de propagar contenidos de este tipo en las redes sociales, donde es una de las voces más influyentes (En Twitter cuenta con 43 millones de seguidores). Cómo accedió a los vídeos de Fransen, una agitadora con muy poco seguimiento incluso en el Reino Unido, es una incógnita. Todo apunta a que los vio en la cuenta de Twitter de Ann Coulter, una analista política conservadora de EE.UU. Si su decisión de compartirlos fue un impulso incontrolado o un cálculo político es difícil de saber. Trump vive una semana decisiva con la tramitación de la reforma fiscal, pieza central de su agenda reformista. Lo que está claro es que el movimiento provoca el mismo ciclo que sus otras salidas de tono populistas: consternación y crítica en los medios y en la clase política, refuerzo de su posición entre sus bases y vuelta a la casilla de salida hasta la próxima polémica. Condena de May La diferencia es que en esta ocasión su decisión salpica a un país aliado, el Reino Unido. Los políticos, organizaciones civiles y los analistas británicos almorzaban ayer con la consternación de ver al presidente de EE.UU. refrendar las posturas de «Britain First» y dar pábulo a Fransen, una activista condenada por ataques verbales a mujeres musulmanas y por su discurso de odio contra el islam. La condena llegó hasta el número diez de Downing Street: «Britain First trata de dividir nuestras comunidades con el uso de narrativas de odio que diseminan mentiras y crean tensión», aseguró un portavoz del Gobierno de Theresa May. «Lo que el presidente ha hecho está mal», añadió sobre sus mensajes en Twitter. Otros vieron con buenos ojos la conducta de Trump: la propia Fransen, tan sorprendida como el resto por haber captado la atención del presidente de EE.UU.; representantes de la extrema derecha de EE.UU., como e l exdirigente del Ku Klux Klan David Duke; o miembros de su Administración. Sarah Sanders, secretaria de Prensa, defendió la actuación de Trump: «La amenaza es real», dijo refiriéndose a los vídeos.