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Noticias de conflictos

01-01-1970 | Fuente: abc.es
Trump, el osado negociante que nunca pierde
El Despacho Oval acoge desde este viernes al primer hombre de negocios, al primer presidente que está dispuesto a «gestionar el país como una empresa». Según se mire, Donald Trump siempre ha hecho política, pero no tal y como la entendemos. Su capacidad para llegar a acuerdos ha estado detrás de cada operación, de cada paso con el que ha edificado su imperio, el mismo que ahora traspasa a dos de sus hijos, Donald Jr. y Eric. Aunque difícilmente va a dejar de interesarse por el rumbo que adopte el grupo, Trump Organization, y por los pasos de los nuevos gestores. Como los posibles conflictos de interés serán una constante en el mandato que se abre. La diferencia es que el promotor inmobiliario neoyorquino no está acostumbrado a buscar acuerdos mediante el diálogo. Como ya saben las grandes multinacionales automovilísticas, su política consiste en negociar, pero sólo para ganar: amenaza, ablanda, y después ejecuta. Para sus críticos, el primer populista que habitará en la Casa Blanca no pasa de ser un charlatán megalómano que ha sabido conectar con sectores en dificultades con un mensaje fácil. Un populista más. Pero, visto en perspectiva el año y medio de recorrido electoral, con el añadido de dos meses de traspaso de poderes, nadie puede negarle una instintiva y hábil forma de llevar todas las polémicas que él mismo crea a un terreno favorable. Con el cheque en blanco de los advenedizos en el establishment que abomina. A nadie puede sorprender que Donald Trump se convierta en el presidente con menos popularidad de la historia reciente. Su particular forma de enfrentarse con el rival, bien por diferencia de criterios, bien porque le conviene para mantener viva su comunicación con el exterior, le ha ido granjeando enemigos en cada batalla, que toma como si fuera la última. Demócratas, republicanos, mujeres, hispanos, afroamericanos, altos ejecutivos, periodistas? En las primarias, en la campaña, en el periodo de transición? No hay grupo que no se sienta hoy llamado a una afrenta de quien aspira a ser noticia para estar vivo, en una mezcla de necesidad vital y de caldo de cultivo para preparar cada victoria. Pero el nuevo presidente de EE.UU. también llega con una imagen favorable en materia económica y de lucha contra el terrorismo. En ambos casos, seis de cada diez estadounidenses creen que lo hará bien. Es su asidero para abrirse un camino que ni siquiera sus compañeros de partido en el Congreso se lo pondrán fácil. Como ocurrió cuando derrotó a 16 de ellos en la carrera por la nominación. Internado militar Donald John Trump (Queens, Nueva York, 1946) alcanza la cumbre de sus aspiraciones, que no es otra que el triunfo. Convertido en el presidente que con más edad entra en la Casa Blanca, a los 70 años, para él no puede haber mayor victoria que alcanzar el primer puesto del mundo. Para entender la forma de pensar del magnate hay que remitirse al machacón mensaje que le transmitió su padre de que en el mundo está dividido entre ganadores y perdedores, winners y losers. Según su propia confesión, su otra gran influencia para convertirse en la ambiciosa y osada persona que es hoy fue el internado militar en el que su progenitor le ingresó con sólo trece años. Una determinada forma de convertir al travieso niño, aficionado a las peleas que desataba siempre que perdía al béisbol, en el disciplinado empresario capaz de sobreponerse a tres grandes momentos de negocios en bancarrota. Una convicción y una gran tenacidad, combinadas con el rápido aprendizaje del negocio inmobiliario y de la construcción al que le sometió su padre, permitieron que el cuarto (y no otro) de dos hijos de inmigrantes, Fred Trump y Marie Anne MacLeod, un alemán y una escocesa, se convirtiera en heredero e impulsor de la compañía. Pero Donald marcaría diferencias pronto en la forma de llevar el negocio. En el Nueva York de los años 70 y 80, que empezaba a poner de moda Manhattan en el mundo, no bastaba con trabajar duro. El dicharachero, rubio y fornido hombretón de Queens se valió de su carácter extrovertido y su don de gentes para atraer a los famosos a los edificios que construía. Una capacidad de convicción que le ha servido para rodearse de un creciente número de fieles, incluidos muchos miles de trabajadores blancos de los estados industriales más deteriorados que, desencantados de su apuesta demócrata, le entregaron su decisivo voto. Su lenguaje directo, y a veces bravucón, conectó bien con ese nuevo público, que le permitió presumir de «ensanchar la base del Partido Republicano». Presidente-marca Así llenó de clientes la Trump Tower, que décadas después ha convertido en templo trumpista de visitas durante la transición de poderes, donde acaba de pergeñar su Administración y equipo de confianza. A su demostrada habilidad de vendedor, quien también es considerado ya primer presidente-marca sumó una obsesiva insistencia en exhibir su apellido en cada edificio, con el doble objetivo de hacer marca y de perpetuarla. Siempre adornado con la inconfundible visión del mármol y el oro. Un ansia comunicadora semejante no podía sino irrumpir como medio de comunicación. Inicialmente, como hiciera Silvio Berlusconi para alcanzar el poder, Trump quiso ir más allá de una agitada vida social y los concursos de misses, que le limitaban si acaso a la alta sociedad neoyorquina, y se enroló en la televisión. Pero, a diferencia del empresario italiano, su apuesta, que ha terminado siendo acertada, fue convertirse en comunicador. Era su forma de tener proyección, de llegar a la gran masa. Con el mismo éxito, su gran descubrimiento, el juguete con el que disfruta y marca la agenda política y periodística cada día, su cuenta de Twitter, le ha ayudado decisivamente a alcanzar la presidencia de EE.UU. Casi nadie lo pensaba, ni siquiera él, que ya había previsto construir un imperio mediático a partir de sus millones de seguidores, lo que él llama su «movimiento». Un manejo personal que le permite arremeter un día contra la cadena CNN y otro día contra The New York Times, lo que le ha dado notoriedad desde el primer día en que se lanzó a la carrera electoral. Con la ventaja de quien tiene poco que perder en las disputas mediáticas, su capacidad para decir una cosa y la contraria es directamente proporcional al tamaño del fin con el que justifica los medios. De la vida entendida como una guerra diaria no se ha librado ni la revista Forbes. Desde que en los años 90 osara cuestionar el valor real de su fortuna, cada vez que la publicación da a conocer su célebre ránking de estadounidenses más ricos, Trump le disputa la veracidad. El momento más sonado se produjo durante las primarias republicanas. Después de que Forbes anunciara que el valor de su imperio no superaba los 4.200 millones de dólares, situándole en el puesto 143, el magnate proclamó que en realidad poseía 10.000 millones. Una cifra que le permitía diferenciarse de los políticos y presumir de pagarse su campaña.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
La última llamada de Obama, a Merkel
Obama tenía ayer en agenda dos llamadas a líderes extranjeros: el presidente de India, Narendra Modi, y el de Afganistán, Ashraf Ghani, una conversación en la que también participó el jefe del Ejecutivo afgano, Abdulá Abdulá. Se trataba de agradecerles «su compromiso con el pueblo afgano» y pedirles «continuar sus esfuerzos para mejorar la unidad nacional» tras más de una década de conflicto que aún no se ha cerrado del todo, dado que no ha habido un proceso de paz con los talibanes, y que obliga a EE.UU. a mantener 8.400 soldados en el país. Con esto había terminado su trabajo como presidente. Pero antes de abandonar la Casa Blanca, ya junto a su mujer, Michelle, pidió a sus asistentes una última conexión telefónica. Con Angela Merkel. Era ya de noche en Berlín y Merkel se encontraba a su vez junto a su marido, el científico Joachim Sauer. Obama justificó la llamada explicando que «después de ocho años trabajando juntos era lo correcto» y Merkel y su marido restaron importancia al salto de protocolo. Se mostraron «encantados». Fue una conversación personal entre las dos parejas y Obama agradeció a la canciller alemana, según ha informado la Casa Blanca, «su firme liderazgo», al tiempo que le pedía que siguiera trabajando por un asunto «esencial», la estrecha relación trasatlántica. En un diálogo informal y distendido, tanto Barak Obama como su mujer expresaron «su aprecio por su amistad personal» que los une a la canciller alemana e instaron a Merkel a seguir con «sus esfuerzos para profundizar la alianza entre Alemania y Estados Unidos». «El presidente y la canciller coincidieron en que la cooperación estrecha entre Washington y Berlín y entre Estados Unidos y Europa es esencial para asegurar un fuerte vínculo transatlántico, un orden internacional basado en las reglas, y la defensa de valores que han hecho tanto por el progreso humano en nuestros países y el mundo», resumió el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, en un comunicado. La evidente lectura política de la llamada es un mensaje a Trump, que ha declarado la OTAN «obsoleta», pero también había una motivación personal, la de una amistad sincera que se ha ido desarrollando entre los dos jefes de gobierno a fuego lento, porque Merkel y Obama no siempre fueron amigos. En 2008, cuando los alemanes celebraban la victoria electoral de Barack Obama, el equipo del presidente estadounidense reprochaba a Merkel un feo durante su campaña electoral, el hecho de haber prohibido que el candidato pronunciase un discurso frente a la Puerta de Brandeburgo. El demócrata tuvo que conformarse con la plaza frente a la Columna de la Victoria, donde cerca de 200.000 personas lo recibieron como a un segundo Kennedy y como a un salvador tras la era Bush, un espectáculo que no fue del gusto de la canciller alemana. En el primer año de su mandato, en 2009, Obama visitó dos veces Alemania, pero evitó viajar a Berlín, algo que fue interpretado como una afrenta. También la abstención de Alemania en la votación de las Naciones Unidas sobre una intervención militar en Libia, en 2011, afectó las relaciones entre ambos. Según Josef Braml, de la Sociedad Alemana de Política Exterior, «tuvimos grandes problemas, porque conflictos internos habían obligado a Obama a descargar problemas sobre nosotros, en política de seguridad y política económica, de manera que la relación llegó a ser bastante tensa». El deshielo llegó en 2011, cuando Obama había tenido más oportunidades de seguir de cerca las políticas de la canciller alemana y otorgó a Merkel la «medalla de la libertad», la mayor distinción que puede recibir un extranjero. En 2013, finalmente, Obama se hizo la foto ante la puerta de Brandemburgo, y lo hizo junto a Merkel. Para entonces se había forjado ya una relación que ni siquiera pudo dañar el gran escándalo del espionaje estadounidense en suelo alemán, que incluso había pinchado el móvil de la canciller alemana. Enfurecida, Merkel pronunció una de sus frases más famosas: «el espionaje entre amigos y aliados es inaceptable», pero culpó a la NSA, no a Obama. Fuentes diplomáticas alemanas afirman que lo que ha impresionado a Obama de Merkel es su «pragmatismo, su fiabilidad y su profesionalidad». Ha dicho de ella que ha sido su «mejor aliada». En la cumbre del G7, celebrada en la localidad bávara de Elmau, en 2015, se hicieron una de las fotos más memorables de esta relación, en la que Obama aparecía sentado en un banco con los brazos extendidos y Merkel de pie, relajada y entusiasmada en una conversación informal como la que, anoche, mantuvieron por teléfono.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El equipo de Trump: blancos, ricos y con poca experiencia
Donald Trump prometió durante la campaña electoral que, de llegar a la Casa Blanca, gestionaría el país igual que sus negocios. Todavía no se sabe cómo impregnará de práctica empresarial su presidencia de EE.UU., pero la configuración de su Gabinete muestra que tratará de ser fiel a la promesa: dominan los millonarios, los líderes de multinacionales y los ejecutivos de Wall Street, mientras que perfiles con amplia experiencia de servicio público son minoría. De alguna manera, su Gabinete es una versión grupal de sí mismo. Se estima que la fortuna acumulada de Trump se eleva a 13.100 millones de dólares, un valor mayor que el Producto Interior Bruto de 70 países del mundo. Ese número incluye los 3.700 millones de dólares que la revista Forbes calcula para el propio Trump ?él asegura que es mucho mayor, en torno a los 10.000 millones de dólares?, aunque otros miembros de su equipo tienen más dinero. Destacan la elegida para secretaria de Educación, Betsy DeVos, con una fortuna de 5.100 millones de dólares, y los otros dos miembros del Gabinete con más de mil millones: el empresario Wilbur Ross, apodado «el rey de la bancarrota», nominado para secretario de Comercio, con 2.500 millones de dólares; y Linda McMahon, que gestionará el departamento de Pequeñas Empresas, con 1.350 millones de dólares. Excepto el vicepresidente Mike Pence y el nominado para secretario de Interior, Ryan Zinke, todos los elegidos por Trump de los que se ha tenido acceso a sus finanzas tienen un patrimonio de más de 2,5 millones de dólares. Esto contrasta con el Gabinete saliente de Barack Obama, con una fortuna total estimada de menos de 3.000 millones de dólares, cuya gran mayoría provienen de la fortuna de la secretaria de Comercio, Penny Pritzker, que acumula 2.400 millones, según Forbes. El Gabinete de Trump es 34 veces más rico que el que tenía George W. Bush cuando dejó la Casa Blanca hace ocho años, con 390 millones de dólares. Y el patrimonio de la Administración Trump todavía sería más jugoso si se contabilizan las fortunas de otros nominados para puestos importantes que no son del Gabinete presidencial, como el vicesecretario de Comercio, Todd Ricketts (5.300 millones) o el secretario de la Armada, Vincent Viola (1.790 millones). El problema de tener una fortuna amplia, cuando se desembarca en el servicio público, es que abre el abanico de conflictos de interés. El presidente está exento de ellos ?su actividad abarca todos los ámbitos de gobierno?, pero los altas cargos de cada departamento tienen que demostrar que no tendrán poder de mando sobre sectores en los que tienen intereses económicos. El tamaño y la diversidad de las fortunas y los negocios de algunos nominados está suponiendo un lastre en el proceso de confirmación, que depende del Senado. «Se nos presentó el problema de que la Administración Trump no estaba preparada para presentar una propuesta de Gabinete», criticó a Politico el senador demócrata Sheldon Whitehouse para explicar el retraso en la confirmación de los nominados, el más largo que se recuerda. «Y han agravado el problema eligiendo a millonarios con situaciones financieras enormemente complicadas y a gente con grandes conflictos de interés», añadió. A eso se le añade otro problema: el 52% de los nominados por Trump no tiene experiencia directa en el servicio público ?frente al 87% del de Obama y el 96% del de George W. Bush?, lo que ha despertado críticas, al igual que la presencia de tres pesos pesados de Goldman Sachs, a pesar del discurso anti Wall Street que ofreció durante buena parte de la campaña. El capítulo en el que el Gabinete de Trump suspende sin paliativos es en diversidad: entre las 23 personas nominadas a un cargo del Gabinete o de un nivel similar, solo hay cuatro mujeres. Mike Pence, vicepresidente Mike Pence, vicepresidenteEl vicepresidente es la antítesis de Donald Trump: de maneras suaves, con tono sosegado, devoto evangélico, conservador férreo, con experiencia en el servicio público y sin un duro en el banco. Su patrimonio es de 211.000 dólares, según los último datos disponibles divulgados en 2012, una nimiedad comparado con los 3.700 millones que se le atribuyen al presidente. Como muchos otros candidatos a vicepresidente, la elección de Pence tuvo una clara intención electoralista. Frente a un Trump insultón, soez y mujeriego, un multimillonario de Nueva York al que sería difícil calificarle de republicano y sin conexión real con la América profunda, Pence es una figura respetada por el mundo conservador estadounidense. Llegó a la campaña desde su puesto de gobernador en Michigan, uno de los estados industriales del «Rust Belt» ?el cinturón oxidado? que fue clave en la victoria de Trump. Tiene también experiencia en Washington, donde fue diputado de la Cámara de Representantes. Su ascendencia con los legisladores conservadores será muy útil para engrasar las relaciones del presidente con los líderes republicanos en el Congreso, que se han demostrado tumultuosas. Rex Tillerson, secretario de Estado Rex TillersonEl elegido para secretario de Estado no podrá evitar que su mandato esté bajo la lupa. Tras unas elecciones con un protagonismo especial de Rusia ?desde la sintonía de Trump con Putin hasta la constatación de que el Kremlin trató de influir en las elecciones a favor del candidato republicano?, Rex Tillerson ha sido nominado para dirigir la diplomacia estadounidense después de dos décadas de relaciones estrechas con Putin, como consejero delegado de ExxonMobil, el gigante petrolero. Stephen Bannon, estratega jefe Stephen BannonEs complicado prever qué impacto tendrá Stephen Bannon en la Administración Trump, pero solo su nombramiento indica cuál será el tono de la nueva presidencia. Bannon recibió el cargo de Estratega Jefe de la Casa Blanca, después de haber sido presidente de la campaña de Trump. La mano derecha ideológica de Trump en Washington es un personaje oscuro, conocido por ser el dueño de Breitbart, la gran plataforma mediática de la extrema derecha en EE.UU. Jared Kushner, yerno y asesor Jared KushnerTrump ha tenido una confianza ciega en su familia durante la campaña electoral. Tres de sus cuatro hijos adultos ?Ivanka, Donald Jr. y Eric? han formado parte tanto del equipo de campaña como del de transición a la presidencia. Pero la figura con más peso es la de Jared Kushner, el marido de Ivanka, al que se le atribuyen decisiones clave sobre fichajes, sobre todo para los directores de campaña. Ahora, Jared e Ivanka serán asesores del presidente en la Casa Blanca.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Donald Trump: «Voy a traspasar el poder de Washington al pueblo»
Donald Trump va a seguir siendo Donald Trump . Ni el boato de la toma de posesión del cargo que había ansiado durante décadas fue capaz de elevar la forma y el discurso del promotor inmobiliario neoyorquino. Es su personalidad, pero también su determinación de ser comprendido y seguir conectado al «movimiento» que le ha llevado a la Casa Blanca. Ayer, Estados Unidos no culminó solo un traspaso de poderes. Lo que se ha producido es un traspaso de un mundo a otro. El que representaban las alusiones a los principios y valores de un teórico, profesor de Derecho, al del discurso directo y sin circunloquios de quien se dispone a gestionar el país como una empresa. Así, la oratoria de un intelectual, a veces falto de ejecutoria política, dejó paso ayer al discurso mitinero del primer multimillonario, hombre de negocios, que se sienta en el Despacho Oval, quien avisó de que va a pasar «inmediatamente a la acción». Con un modo de hacerse escuchar inequívocamente populista, pero también comprometido con movilizar el país desde el minuto uno. Como el alto ejecutivo que pretende desesperezar su compañía. Un espíritu nuevo Escuchar al presidente número 45 de los Estados Unidos de América remití ayer a un espíritu nuevo, que rompe con la sucesión , que rompe con la sucesión de relevos que el establishment se ha dado a sí mismo durante décadas, muy alejado de casi todos los 44 predecesores. Se abría paso ayer la comparación con Andrew Jackson (1829-1837), el séptimo presidente del país. De origen irlandés y escocés, el héroe de la Guerra de la Independencia llegó al cargo apelando a «la toma de posesión del pueblo» y abrió la Casa Blanca a cualquier persona que quisiera acercarse a celebrarla con él. Su compromiso fue combatir «la aristocracia de unos pocos». Como era también retrotraerse al candidato republicano que, de acto en acto, recorrió el país con el machacón mensaje de recuperar una nación secuestrada por los políticos y amenazada por los perjuicios económicos de un enemigo exterior. Que su final fuera idéntico al de todos sus discursos de campaña lo dice todo: «Vamos a hacer América más fuerte, más sana, más orgullosa, más segura y más grande». Con el espíritu de Jackson, Trump volvió a reencontrarse con el candidato republicano que, de mitin en mitin, recorrió el país con el machacón mensaje de recuperar una nación secuestrada por los políticos, y también amenazada por los perjuicios económicos de un enemigo exterior. Que su final fuera idéntico al de todos sus pronunciamientos de campaña lo dice todo: «Vamos a hacer América más fuerte, más sana, más orgullosa, más segura y más grande». Galería de imágenes Vea la galería completa (14 imágenes) Mensaje a las clases medias Mientras se dirigía Trump a los cientos de miles de congregados, el rostro de Barack Obama era un poema. El ya expresidente, que exhibió ayer el rol del cierre de filas institucional, alejado esta vez de la agresiva cara política destapada las semanas anteriores, no lograba encajar una declaración de intenciones que hace saltar por los aires todos los convencionalismos de una acomodada clase política. Al igual que ponía en peligro su propio legado. Las apelaciones reiteradas del nuevo presidente a la «desatención» que las clases medias y los pobres habían sufrido durante su mandato, sin citarlo, desencajaban literalmente la faz de Obama. Lo lanzó a los cuatro vientos Trump, en su habitual forma de dirigirse desde el estrado, dedo en alto: «No permitiremos que los políticos protesten y después no hagan nada para resolver los problemas». Un mensaje que sigue manteniendo al presidente outsider en el bando de los «buenos», el que le asegura su conexión directa y permanente con la calle. Una evidente manera de advertir a todo el sistema, incluidos sus compañeros de viaje republicanos que aunque él ha entrado en Washington, difícilmente Washington va a entrar en él. Ayer, el escenario era el mismo que durante dos siglos ha sido testigo del acto de renovación institucional más respetado por un país que se resiste a poner en riesgo la democracia más antigua del mundo moderno. Un engalanado Capitolio, adornado con banderas nacionales, cientos de invitados de los tres poderes públicos y de todo el cuerpo diplomático acreditado en la capital del mundo, había sido preparado para la ocasión. Como cada cuatro años. En primera instancia, le tocó el turno al vicepresidente electo, Mike Pence, quien juró el cargo ante la Biblia. A continuación, el exgobernador de Indiana saludó a la concurrencia en compañía de su mujer, Karen. Cuando hubo terminado sus palabras, Trump se acercó al balconcillo situado junto a las escalinatas del Capitolio. Le acompañaba el presidente saliente, Barack Obama, testigo y garante de que el largo traspaso de poderes terminara de rematarse. Con la estética de campaña Trump vestía con la misma estética con la que se había presentado ante sus fieles en campaña: trajeado y con un largo abrigo azul marino, en contraste con la corbata roja. Su mujer, Melania, a punto de ser la Primera Dama, sujetaba los dos ejemplares de las Sagradas Escrituras. A la conocida como Biblia Lincoln, que se utiliza como tradición incuestionable desde que el recordado presidente jurara sobre ella, el presidente electo había añadido la que le regaló su madre cuando contaba con sólo doce años. Después de que Trump pronunciara sus palabras de aceptación del cargo y compromiso ineludible con el país que ya gobierna, respondió a la aclamación del público con el puño derecho en alto, que agitó en su particular forma de transmitir su victoria a su ejército de acólitos. Era el We the People (Nosotros, el Pueblo) que encabeza la Constitución en toda su expresión: el presidente formando parte de él. Donald Trump lanzó esencialmente las mismas promesas que en la campaña electoral le habían aupado a la presidencia. En el tono cercano al mismo espíritu rebelde y contestatario que el magnate neoyorquino ha utilizado siempre, anunció la llegada de «una nueva visión», con la que pretende que su paso por el Despacho Oval no sea algo testimonial: «Voy a transferir el poder de Washington a vosotros». Una frase a la que añadió una de las pocas reflexiones profundas de su intervención, en la que denunció que hasta ahora «el establishment no ha protegido a todos los ciudadanos de este país; más bien se ha llevado los réditos del Gobierno, permitiendo el cierre de fábricas y la pérdida de bienestar en algunos estados». Trump no va a abandonar a los obreros de raza blanca que le han conducido a la presidencia, especialmente en los estados industriales más deteriorados por la crisis. El arrojo y el intervencionismo que demostró durante la transición, metiendo en cintura a las multinacionales automovilísticas mediante la amenaza de aranceles a la importación, recibieron ayer un renovado compromiso. En un tono genérico, insistió repetidas veces en los nuevos aires proteccionistas que llegan con la Administración: «En cualquier decisión, pondremos a América por delante». Y, cuando se refirió a futuras decisiones concretas, dio a entender que hará todo con tal de «beneficiar a las familias y a los trabajadores, y evitar que se lleven nuestros empleos». Ayer, Trump dejó caer una advertencia a las grandes corporaciones norteamericanas en forma de una doble máxima, como si el nuevo presidente de Estados Unidos pretendiera reducir todos sus mandamientos a dos: «Comprad americano y contratad a americanos». Los dólares malgastados En su alocución paternalista y protectora, una argumentación simple anunció un nuevo repliegue de Estados Unidos con respecto al país promotor del libre comercio que ha impulsado el cambio del mundo desde la Segunda Guerra Mundial. Partiendo de una sonora crítica a los «billones y billones de dólares malgastados en proteger las fronteras exteriores», el nuevo presidente realizó el simple planteamiento de que todo ese dinero irá destinado a «las autopistas, al ferrocarril, a los hospitales, y a un sinfín de infraestructuras». Se espera que una de las primeras decisiones que adopte Trump desde la Casa Blanca sea la puesta en marcha de un ambicioso plan de inversiones, valorado en un billón de dólares, para el que espera contar con las grandes constructoras privadas. Su alusión a la protección de las fronteras propias sirvió al nuevo mandatario para lanzar el gran alegato nacionalista: «Cuando América está unida, América es mucho más fuerte», expresó, poco antes de adelantar con una nueva llamada su intención de «redescubrir el patriotismo». Trump se mostró agresivo en algunos de sus mensajes, pero en ningún momento se le escuchó el tono belicista que algunos medios le habían augurado, tras el nombramiento de varios generales, calificados de halcones. Aunque utilizó la expresión «terrorismo radical islamista» cuando prometió su combate y liquidación, fue su única alusión a una guerra durante el discurso, lo que viene a indicar que la presencia militar de Estados Unidos en el exterior puede limitarse combatir a los yihadistas de Daesh. Un planteamiento que le acercaría a Ronald Reagan, el presidente republicano que eludió el desgaste de la participación del país en costosos y sufridos conflictos bélicos. Y para cerrar su discurso, Trump enfatizó: «Estaremos protegidos por nuestro ejército; pero, lo que es más importante, estaremos protegidos por Dios».
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El Departamento de Justicia afirma que el yerno de Trump puede trabajar como asesor para la Casa Blanca
Donald Trump puede contratar a su yerno, Jared Kushner, como asesor en la Casa Blanca sin contradecir ninguna ley federal. Así lo señaló este sábado el Departamento de Justicia de Estados Unidos al que el equipo del presidente había consultado su opinión. Las dudas sobre el papel de Kushner en la nueva administración estadounidense emergieron al entenderse que podía existir un conflicto de intereses para Trump dado sus amplios intereses empresariales, la historia de emplear a miembros de la familia, y la influencia de su hija Ivanka Trump, que está casada con Kushner. El Departamento ha resuelto que si Trump decide oficialmente elegir a Kushner para un cargo se le aplicarían las leyes sobre conflictos de intereses y en ese caso el yerno del presidente se tendría que atener a las posibles restricciones. No obstante, en el informe gubernamental se asegura que el Congreso «no ha bloqueado y no podría bloquear» que el presidente busque consejo por parte de miembros de su familia. «Incluso si el estatuto antinepotista evitara que el presidente contratara a familiares como asesores en la Casa Blanca, el presidente podría consultar libremente a esos familiares como ciudadanos privados», ha asegurado el informe.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El mundo que Obama deja al nuevo presidente
En sus ocho años como presidente de Estados Unidos, Barack Obama se ha enfrentado a uno de esos periodos donde los cambios y el desequilibrio supera con creces la capacidad de cualquier gobierno para ofrecer respuestas eficientes. En su caso, el presidente número 44 llegó al despacho oval con las mejores intenciones bajo el prisma del idealismo internacionalista esbozado en un inevitable artículo en la revista Foreign Affairs. Su política exterior multicultural estaba basada en valores y no tanto en estrechas definiciones del interés nacional. Y su hoja de ruta internacional pasaba a través de alianzas en lugar del unilateralismo generado tras el 11-S, con mucha más fuerza que consenso. Estos deseos quedaron simbolizados desde el mismo momento de la llegada de Obama al despacho oval, con órdenes tajantes para cerrar la prisión extrajudicial de Guantánamo y prohibir la práctica de torturas en interrogatorios a sospechosos de terrorismo internacional. Sin embargo, la desbordada realidad de dos guerras simultáneas ?Afganistán e Irak? que sobrepasaban con creces las capacidad militar y financiera de Estados Unidos, terminó por imponerse. Y Obama empezó a desvincularse gradualmente de los multimillonarios experimentos de hard power promovidos por la Administración Bush para terminar con una visión mucho más calculada y realista en la que ha alineado los recursos de EE.UU. con sus objetivos internacionales, empezando por distinguir entre amenazas vitales y amenazas menores con la consiguiente dosificación de respuestas. Para Obama, Washington no debía empeñarse en seguir interpretando el papel de villano, ni pecar de orgullo al rebasar sus capacidades de forma temeraria. Para calibrar la Doctrina Obama, el documento de referencia es la entrevista concedida la pasada primavera a la revista The Atlantic. En ese prolijo análisis, el presidente reconoció que había terminado por contagiarse de un preocupante fatalismo sobre las limitaciones de Washington en la arena internacional. Especialmente ante una serie de profundas y poderosas fuerzas ?el tribalismo, líderes que no están a la altura y la prevalencia del miedo? que conspiran, chocan y limitan las mejores intenciones americanas en el mundo. Desde hace más de dos siglos, los grandes debates intelectuales que acompañan a la formulación de la política exterior de Estados Unidos se han empeñado en encontrar una gran estrategia omnipresente, una doctrina que lo explique todo. Y por eso resulta tan disonante que el propio Obama haya formulado el principio de no stupid shit (algo así como «no más cagadas») para distanciarse de la destructiva adicción al uso de la fuerza por parte de la Administración Bush. Bajo ese conformador principio escatológico, EE.UU. ha terminado por asumir una desesperante pasividad ante conflictos como el de Siria, apostar por un pivotaje hacia Asia y cuestionar viejas amistadas y enemistades. Obama incluso ha presumido de algunos éxitos «potencialmente históricos». Con una lista en la que figura el nuevo tratado contra el cambio climático; el TPP con Asia que representa un 40% del PIB mundial; el delicado acuerdo nuclear con Irán; y, por supuesto, el esfuerzo por normalizar relaciones diplomáticas con Cuba. Por supuesto, ante la llegada de la Administración Trump, estos grandes éxitos parecen más bien una lista de especies amenazadas y en vía de extinción. Ya que la gran mayoría de todas esas decisiones no son compartidas por el nuevo ocupante de la Casa Blanca, empeñado en cuestionar toda clase de principios que han dominado la política exterior del país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Estas diferencias entre la visión internacional del presidente número 44 y del número 45 prometen resultar muy problemáticas en un país no acostumbrado a modificar radicalmente la dirección de su política exterior. Con el agravante de haber operado más allá de sus fronteras bajo sustanciales niveles de consenso bipartidista entre republicanos y demócratas. Cambios dramáticos Este cisma también se solapa con muchos de los frentes internacionales sometidos a dramáticos cambios en los últimos ocho años. Cuando en enero de 2007 Obama estaba enfilando su salto a la primera fila de la política de Estados Unidos, Steve Jobs presentaba el iPhone. Y desde entonces, la proliferación de teléfonos inteligentes, tabletas, acceso a internet y redes sociales no ha hecho más que dispararse. Con los consiguientes cambios asociados a la política general, la acción de gobierno y la forma de hacer campañas electorales. En particular, las redes sociales como Facebook y Twitter ahora son tan relevantes, o incluso más, que la televisión tradicional en el camino a la Casa Blanca. En la era Obama, el problema del cambio climático a pesar de las dudas y polémicas iniciales ha conseguido imponerse como uno de los principales retos para todo el mundo. La proliferación de climatología extrema, el deshilo del Ártico y la subida de temperaturas (con tres años consecutivos de plusmarcas confirmados esta misma semana) ilustran la existencia de una amenaza global que no puede ser enfrentada sin cooperación multilateral. Otro de los grandes cambios internacionales acelerados durante la presidencia de Obama, ha sido la proliferación de Estados fallidos, guerras y conflictos. Además de una explosión en el número de refugiados y desplazados, sin precedentes desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Es verdad que el censo de dictadores ha disminuido un poco pero la emergencia de actores no estatales como Daesh han suplantado cualquier saldo positivo sobre todo en el mundo árabe. En este periodo, China ha empezado a flexionar sus músculos a través de reclamaciones de soberanía marítima en detrimento de sus vecinos. El régimen comunista insiste en que, salvo la causa del libre comercio, no se considera obligado por un orden internacional formulado sin su voz ni su voto. Al mismo tiempo, Rusia ha continuado cuestionando la soberanía de países vecinos en su empeño de recrear esferas de influencia soviéticas. Y la pasividad occidental en Siria ha sido la gran oportunidad aprovechada por Putin para reclamar un papel positivo y hegemónico. En estos años, la globalización ha llegado a su máxima expresión y también a su máximo descrédito con ayuda de la grave crisis financiera que se encontró Obama al llegar a la Casa Blanca. Estas circunstancias se complican con el fundado pesimismo de que nada va a ser como antes de la crisis en virtud de una transformación radical en toda clase de sectores a través de robots ciberfísicos. Es decir, la cuarta revolución industrial resultado de la convergencia de tecnologías digitales, físicas y biológica, con el potencial de eliminar millones de puestos de trabajo en todo el mundo. Estas ansiedades, junto al descrédito de partidos políticos tradicionales como los demócratas en Estados Unidos o la socialdemocracia en Europa, han provocado en ambas orillas del Atlántico una epidemia de desafección, polarización y populismo. Este panorama más que problemático contrasta con las aspiraciones de unidad nacional, cambio y esperanza ofrecidos hace justo ocho años por Barack Obama al tomar posesión como presidente de Estados Unidos.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
El Senado de EE.UU. confirma a Mike Pompeo para dirigir la CIA
El Senado de Estados Unidos confirmó hoy al congresista por Kansas Mike Pompeo como próximo director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el gobierno del presidente Donald Trump, sustituyendo así a John Brennan. De este modo, Pompeo será el encargado de limar las asperezas entre el Gobierno de Trump y la agencia de inteligencia, quien reveló en los últimos meses la presunta participación del Kremlin en los resultados electorales para favorecer al magnate. El congresista no ha encontrado demasiada oposición en su proceso de confirmación en la Cámara Alta, al contrario que otros nominados del multimillonario, quienes han generado más dudas entre la propia bancada republicana. Los republicanos del Senado esperaban votar la nominación de Pompeo el viernes pasado, después de la toma de posesión de Trump, pero los demócratas lograron retrasarlo para abrir el debate. Los senadores demócratas Ron Wyden (Oregón), Richard Blumenthal (Connecticut) y Patrick Leahy (Vermont) se habían opuesto a lo que consideraron una «confirmación apresurada» y exigieron más tiempo para que la nominación de Pompeo fuese «examinada, cuestionada y debatida», pero solo la dilataron hasta hoy. Pompeo tomará el timón de la agencia de espionaje más importante del país en un momento crítico para la seguridad nacional de Estados Unidos, cuando la inteligencia, tradicionalmente un tema no partidista, ha sido lanzada a la arena política con la aparición de las filtraciones rusas. El senador por Vermont Bernie Sanders también se manifestó en contra de la nominación de Pompeo, sobre todo por su apoyo al espionaje masivo de las agencias estadounidenses sin preservar la privacidad de los ciudadanos a través de sus cuentas digitales. El hasta ahora congresista por Kansas, se encargará de la inteligencia estadounidense mientras aumentan los problemas de seguridad cibernética, la ambición nuclear de Corea del Norte y la amenaza terrorista del Daesh. Rex Tillerson, más cerca Horas antes, el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara alta aprobó por un resultado muy ajustado al empresario petrolero Rex Tillerson para convertirse en el próximo secretario de Estado. Con 11 votos a favor y 10 en contra -todos los demócratas-, Tillerson logró evitar el escollo del comité al contar finalmente con el apoyo de John McCain, Lindsay Graham y Marco Rubio, los republicanos que habían planteado más dudas acerca de su nominación por sus vínculos con Rusia. Ahora su candidatura pasará al pleno del Senado, donde previsiblemente será aprobada sin mayores problemas, ya que los republicanos son mayoría. «Dada la incertidumbre que existe tanto en el país como en el extranjero sobre la dirección de nuestra política exterior, estaría en contra de nuestros intereses nacionales retrasar innecesariamente esta confirmación o convertirla en una controversia», afirmó Rubio horas antes en un comunicado emitido a través de Facebook. «Por lo tanto, a pesar de mis reservas, apoyaré la nominación del señor Tillerson en el comité y en el pleno del Senado. Sin embargo, los próximos nombramientos a puestos importantes en el Departamento de Estado no recibirán de mí el mismo nivel de deferencia que he dado a esta nominación», agregó el senador. Durante las audiencias de escrutinio, las principales preocupaciones de los senadores fueron la larga relación personal de Tillerson con el presidente ruso, Vladímir Putin, y los posibles conflictos de interés derivados de esa amistad y de su cargo anterior como presidente de una petrolera con negocios en todo el mundo. Otros se mostraron preocupados por los informes que apuntan a que ExxonMobil presionó al Gobierno estadounidense para que levantara las sanciones impuestas a Rusia después de la anexión de la península de Crimea en 2014, aunque Tillerson negó durante la audiencia haberse implicado jamás en esa actividad. Hubo también senadores alarmados por la afirmación de Tillerson de que no había conversado con el nuevo presidente, Donald Trump, sobre la política hacia Rusia, o por su reticencia a condenar la campaña contra las drogas del presidente filipino, Rodrigo Duterte, cuyas fuerzas de seguridad han ejecutado a 6.100 personas.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Los muros que dividen el mundo
Cuando los berlineses salieron a la calle durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989 para echar abajo el Muro que había dividido su ciudad durante más de veinte años, el mundo pensó que el hormigón, las verjas y los alambres se derrumbarían junto al bloque comunista derrotado en la Guerra Fría. No fue así, y esos materiales siguieron partiendo territorios ?Marruecos y el Sáhara Occidental desde 1987, Guántanamo del resto de Cuba desde 1959? y reforzando fronteras entre países, como entre Corea del Norte y Corea del Sur desde 1953; la India y Pakistán desde los 80; Israel y Siria e Israel y Líbano desde 1967; Sudáfrica y Zimbabue desde 1984, y Sudáfrica con Mozambique desde 1975. Lugares con muros o vallas para contener la inmigración o por conflictos territoriales. Gráficos: Luis Cano Conflictos de tipo diverso ?militares, migratorios o vinculados con el terrorismo? sirvieron para justificar esas construcciones, y aún todas ellas siguen en pie. Otras muchas, especialmente después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, se han sumado a las ya existentes. Así lo muestra un gráfico de la revista «Courrier International»: de las 11 que había en 1989, los lugares del mundo donde el alambre y el hormigón dominan el paisaje y dividen el territorio han pasado a ser 70 en la actualidad. Los muros que separan Israel de Cisjordania ?levantado en 2002, y todavía sin terminar? e Israel de Gaza ?construido en 2005? son los más conocidos, junto al que se eleva en la frontera entre Estados Unidos y México, iniciado en 2006 y aún en marcha. El presidente Donald Trump ha aprobado este miércoles las órdenes ejecutivas para ampliarlo, justificando su decisión como indispensable para garantizar la «seguridad nacional». Contra la globalización La construcción de muros y verjas en el mundo «es una reacción a la globalización, porque los países sienten que están perdiendo su hegemonía», explica José Antonio Manrique a ABC. Una medida más bien inútil, como señala este profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Deusto: «La interdependencia viene de mucho tiempo atrás, y es imposible aplicar políticas proteccionistas o cerrar los mercados y los países a influencias externas o a ciudadanos extranjeros». Entre otras cosas, debido a que «un muro no va a frenar los riesgos, porque los problemas transnacionales, como las epidemias o el terrorismo, nos afectan de una forma u otra pese a las fronteras o los límites». Élisabeth Vallet investiga desde hace años la proliferación de muros y verjas en el mundo, y coincide con Manrique cuando señala la causa de este fenómeno: «La mundalización inició un proceso de desindustrialización que ha generado desigualdades, y la población tiene sentimiento de vulnerabilidad». Por ello, «se instaló una especie de miedo, que fue alimentado por el 11 de septiembre, y ha habido un repliegue al interior de las fronteras, por una especie de crispación identitaria», explica a ABC esta profesora de Geografía de la Universidad de Québec en Montreal. El terrorismo ha sido uno de los argumentos más esgrimidos para justificar el levantamiento de muros en Europa. La crisis de los refugiados ha servido de excusa a países como Hungría para construir verjas en su frontera con Croacia y con Serbia. Eslovenia tomó la misma decisión en su frontera con Croacia. El objetivo era cortar la ruta de los Balcanes, que los refugiados recorrían tras abandonar Turquía y cruzar el Egeo. La travesía marítima era ineludible, dado que Bulgaria y Grecia levantaron muros en su frontera con Turquía en 2014 y 2013, respectivamente.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Putin propone desarrollar armas robóticas en Rusia
El presidente ruso, Vladímir Putin, propuso este jueves a la industria armamentística rusa desarrollar armas robóticas, capaces de «cambiar de forma fundamental todo el sistema de armamentos para las fuerzas armadas» convencionales. «Los complejos robóticos autónomos son una vía de futuro muy importante» para la industria, dijo el jefe del Kremlin en una reunión de la comisión industrial-militar rusa. Los desarrollos en el ámbito de los armamentos destinados a las fuerzas armadas convencionales, agregó, «deben tener en cuenta los conflictos potenciales» y la situación actual en este terreno «tanto en el mundo como en nuestro país». «Se debe analizar en profundidad la experiencia práctica en el empleo del armamento y la tecnología militar, incluida la obtenida en combate tanto por nosotros como por otros países», subrayó Putin. Por otro lado, destacó que la industria debe prestar especial atención en crear y mejorar el equipamiento para las tropas de infantería, ya que «su papel en los posibles conflictos armados es muy grande». «Nuestro objetivo es dotarles de las mejores armas, de armamento moderno, para elevar sustancialmente su potencial de combate», aseveró. Capacidad de despliegue La movilidad y la capacidad de desplegarse en cualquier punto del planeta en el plazo más breve posible es clave para la capacidad de actuación de la infantería, indicó Putin. En medio de lo que parece la vuelta a la dialéctica de la Guerra Fría entre Rusia y Occidente -al menos hasta la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos- Rusia y el bloque de la OTAN han reforzado su presencia militar en las fronteras entre este país y Europa del Este. Sin embargo, en su tradicional rueda de prensa anual celebrada en diciembre pasado, Putin descartó entrar en una carrera armamentística con Occidente, entre otras cosas para «no gastar recursos que no tenemos». Algunos países europeos, sobre todo Polonia y las tres repúblicas bálticas, ven amenazada su seguridad tras la decisión del Kremlin de anexionarse la península de Crimea y de apoya a los separatistas prorrusos del este de Ucrania.
01-01-1970 | Fuente: abc.es
Marine Le Pen es la gran beneficiaria del «Penelopegate» de François Fillon
François Fillon, candidato conservador a la presidencia francesa, desea ser interrogado por la policía judicial «lo antes posible» para explicar «con detalle» las «dudas» sobre el presunto «empleo ficticio» de su esposa como asistente parlamentaria. Penelope Fillon percibió unos 500.000 euros, entre 1998 y 2012, de los presupuestos del Estado por ese trabajo. El semanario satírico Le Canard Enchaîné ha asegurado que habría cobrado el sueldo de asistente parlamentaria de su propio esposo y de su sustituto entre 2007 y 2012 ?cuando Fillon fue primer ministro de Nicolas Sarkozy? sin realizar ningún trabajo concreto. La decisión, el miércoles, de la oficina central de lucha contra las infracciones financieras de investigar el trabajo real o ficticio de la esposa de François Fillon dio al «Penelopegate» un rumbo incierto. Durante los últimos tres años, 52 esposas, 28 hijos y 32 hijas de diputados de izquierda y derecha se han beneficiado de ese sobre Todos los diputados franceses disponen de un sobre de 9.561 euros mensuales para pagar a discreción hasta cinco colaboradores personales. Durante los últimos tres años, 52 esposas, 28 hijos y 32 hijas de diputados de izquierda y derecha se han beneficiado de ese sobre. Se trata de un comportamiento legal, moralmente dudoso, si esposas e hijos no realizan en realidad el trabajo por el que cobran un salario público. Si Fillon no consiguiese probar el trabajo concreto realizado por su esposa, correría el riesgo de haber cometido un presunto delito de «extorsión de fondos al Estado», que el Código Penal puede castigar con multas de hasta un millón de euros y diez años de cárcel. Fillon desea ser interrogado a la mayor brevedad por la policía judicial que instruye provisionalmente el caso de su esposa, con el fin de «aportar todas las pruebas necesarias para demostrar su inocencia». Mientras esas pruebas no sean conocidas, la presunción de inocencia del candidato conservador queda empañada por dudas de fondo: numerosos testigos han declarado a la prensa que «nunca vieron» ejercer ningún trabajo concreto a Penelope Fillon. El candidato conservador ha multiplicado las declaraciones en radio y televisión. Indignado, se considera víctima de una campaña de «bombas fétidas», destinada a «intentar enturbiar» su campaña. François Fillon es el favorito en las elecciones presidenciales de finales de abril y primeros de mayo. Penelope Fillon sigue un discurso de su esposo, François Fillon, desde la tribuna de invitados en la Asamblea Nacional en 2007- Reuters A la espera de las pruebas que Fillon debiera hacer públicas para «limpiar su honor», según su propia terminología, Le Canard Enchaîné ha publicado otra información importante: Fillon no declaró a la alta autoridad de la transparencia de la vida pública los ingresos de su esposa como asistente parlamentaria (500.000 euros) y «colaboradora» de La Revue des Deux Mondes (5.000 euros mensuales durante varios años). La Alta autoridad de la transparencia de la vida pública es una institución creada en 2013 con el fin de intentar controlar la situación patrimonial y los eventuales conflictos de intereses de diputados, senadores, ministros, colaboradores y dirigentes de organismos públicos. En su declaración de 2014, Fillon no habría hecho mención a los ingresos de su esposa. ¿Debía hacerlo, tratándose de ingresos de años anteriores? Fillon y los portavoces de su partido, Los Republicanos (LR, conservador), insisten en que se trata de una «campaña de bombas fétidas e intento de desestabilización». A apenas tres meses de la primera vuelta de la elección presidencial, el 23 de abril, el «Penelopegate» introduce un factor de extrema incertidumbre. Históricamente, los electores franceses deciden su voto durante los cien días anteriores a la primera vuelta, por lo que el escándalo estalla en el momento potencialmente más nocivo para el candidato conservador. Macron Los candidatos socialistas se cotizan muy bajo en los sondeos para poder beneficiarse directamente del «Penelopegate». Por el contrario, Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional (FN, extrema derecha), pudiera ser la primera gran beneficiaria del «río revuelto» conservador. En otro plano, Emmanuel Macron, ex ministro de Economía de François Hollande, candidato «social reformista», sigue aspirando a dar un «aldabonazo» hoy menos imposible que ayer.