Infortelecom

Noticias de cambio climatico

19-09-2021 | Fuente: abc.es
¿Por qué la Celac se ha convertido en la cumbre más importante para la izquierda?
El poder de convocatoria entre la extrema izquierda latinoamericana de Andrés Manuel López Obrador es innegable. El presidente de México ha ejercido en estas dos jornadas (viernes y sábado) como el anfitrión en la VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en Ciudad de México, en la que ha conseguido reunir, después de un lustro, a 17 jefes de Estado -más la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez y una docena de cancilleres- que pretende otorgar las herramientas precisas para combatir la pandemia, comenzar un fondo para desastres naturales y crear un ente para una carrera espacial común. Pero, bajo esta premisa subyace la notoria intención de imprimir carácter a este mecanismo regional para sustituir a la Organización de Estados Americanos (OEA) y así poder zafarse de un ente en el que América Latina y El Caribe están bajo la supervisión de los todopoderosos Estados Unidos y Canadá, que nunca han formado parte de la Celac. En esta reunión se debería dar absoluta prioridad a los tres fines por los que México -presidente pro tempore de la comunidad durante dos años consecutivos- ha convocado a los 33 países que lo conforman: la producción de vacunas y la lucha contra el cambio climático. Además, los diferentes gobiernos latinoamericanos pretenden plantar la semilla para la creación de un ente que le otorgue mayor presencia internacional y un proyecto que se auspicia como fundamental: la formalización de la Agencia Regional Espacial para lanzar un satélite que vigile los fenómenos meteorológicos y mejore la comunicación móvil y el plan de seguridad alimentaria en sinergia con la ONU. Además, está sobre la mesa la creación de una vacuna conjunta, entre los cuatro países que la están llevando a cabo, para luchar contra el Covid-19 y reducir la dependencia de grandes laboratorios y donaciones extranjeras. La presencia de Maduro y Castillo A finales de 2011 ya se vieron las caras una treintena de jefes de Estado en la inauguración de la primera cumbre transcurrida en Caracas con un Hugo Chávez ejerciendo de coordinador. Lo más curioso es que el proyecto consiguió cuajar un año antes como una idea en México para que naciera la «semilla de la América nueva», según declaró Felipe Calderón, entonces presidente mexicano y afiliado al Partido Acción Nacional (PAN), considerado la derecha del país mesoamericano. El que fuera el mandatario hace dos sexenios (del 2006 al 2012) comentó como recibió a presidentes de «todos los signos políticos», aunque desaprueba la invitación del actual presidente, López Obrador, a su homólogo cubano Miguel Díaz-Canel, dos meses después de las protestas de la población. Así Calderón ha manifestado que «en los eventos patrios los protagonistas fueron exclusivamente mexicanos». En la primera cumbre de la Celac, hace once años, Calderón afirmó consolidar la comunidad como «el vínculo de unión en la que todos los estados son hermanos». Sin embargo, otros mandatarios ya dejaban ver sus intenciones. Así, Hugo Chávez declaró en la misma reunión: «A medida que pasen los años la Celac dejará atrás a la vieja y desgastada OEA». Ya por aquel entonces Venezuela afirmaba que la OEA obedecía a los intereses de Estados Unidos y estaba obsoleta ante la influencia de la superpotencia en esta organización. Aún sin consenso entre los 33 miembros del bloque, México con el Gobierno de López Obrador en el poder tiene claro su parecer en palabras del ministro de Asuntos Exteriores, Marcelo Ebrard: «Es hora de decirle adiós OEA en su sentido intervencionista, injerencista y hegemonista y que venga otra organización que construyamos políticamente en acuerdo con Estados Unidos». Lo cierto es que la llegada de Miguel Díaz-Canel a México está creando controversia como demuestra las continuas manifestaciones, a favor y en contra, del mandatario a las puertas de la embajada de Cuba, sita en la colonia residencial de Polanco. La aparición de Nicolás Maduro por sorpresa en la noche del viernes a la Ciudad de México, acompañado de su pareja Cilia Flores y su hijo Nicolás Maduro, aumentará el foco sobre su reunión con López Obrador. Una de las n otorias ausencias es la de Alberto Fernández, presidente de Argentina, después del varapalo electoral del kirchnerismo en el que el 70% de los argentinos no votó al peronismo lo que ha provocado la dimisión de varios ministros y que ha obligado a Fernández al reemplazo de su gabinete empezando por la cartera de Relaciones Internacionales y continuando por Educación, Ciencia, Justicia, Agricultura y Seguridad, entre otros. Fernández debería haber tomado el testigo de la presidencia de la Celac. El presidente peruano, Pedro del Castillo, también está presente en una visita de 24 horas en el considerado como su primer viaje oficial al exterior. Un mandatario que persiste en su silencio ante la prensa y con una agenda oficial casi secreta en la que sólo ha trascendido un lacónico mensaje: «Reafirmar el compromiso del Perú con la democracia y los derechos humanos ante la comunidad internacional». Castillo es más que bienvenido a México, como constata las declaraciones de López Obrador a su llegada al poder: «Es mucho lo que nos une». «Nos da muchísimo gusto este triunfo», agregó López Obrador. Por el contrario, Jair Bolsonaro rechazó la invitación porque, según sus palabras, esta cumbre «daba protagonismo a regímenes no democráticos». AMLO consciente de la pérdida de poder, tal y como refleja las últimas elecciones intermedias en las que no consiguió la ansiada mayoría calificada necesaria para una pretendida renovación de la Constitución, se hace fuerte en un liderazgo internacional para mantener a la izquierda en el poder en una Latinoamérica que ha sufrido gravemente por la crisis sanitaria y económica.
12-09-2021 | Fuente: as.com
El preocupante informe sobre el cambio climático publicado en 220 revistas médicas
Los científicos advierten de que las altas temperaturas ha aumentado un 50% la muerte en personas mayores de 65 años, además de provocar diversas enfermedades.
10-09-2021 | Fuente: abc.es
Biden y Xi dialogan para que la «competencia» entre EE.UU. y China no acabe en «conflicto»
En su segunda conversación telefónica desde que llegó a la Casa Blanca en enero, Biden llamó este jueves por la noche al presidente chino, Xi Jinping, para reconducir las malas relaciones entre ambos países. Tras varios años de desencuentros por la «guerra comercial» abierta por Trump, la pandemia del coronavirus no ha hecho más que agrandar sus diferencias políticas. Con la tensión creciente en el mar del Sur de China, Taiwán y, ahora, Afganistán, de fondo está la rivalidad entre las dos mayores potencias del mundo, una emergente y otra en declive, en una suerte de «Nueva Guerra Fría». En medio de un clima cada vez más enrarecido, ambos dirigentes han conversado por teléfono durante una hora y media para asegurarse de que esa «competencia» no derive en un «conflicto», según recoge la agencia France Presse citando la versión de la Casa Blanca. Por su parte, la agencia china de noticias Xinhua informa de que Biden y Xi mantuvieron «una comunicación amplia, sincera y profunda» e «intercambios sobre las relaciones bilaterales y los asuntos relevantes de interés común». Durante la llamada, el presidente de Estados Unidos confió en que «la dinámica siga siendo competitiva y no tengamos ninguna situación en el futuro que nos lleve a un conflicto no intencionado». Tal y como explicaron funcionarios de la Casa Blanca a AFP, Biden habló con Xi para «manejar de forma responsable» esta competencia y que las acciones de Washington no sean malinterpretadas por Pekín. A tenor de los medios estatales chinos, Xi se quejó de que la política de la Casa Blanca sobre China había provocado «serias dificultades» en la relación bilateral e insistió en que recuperar esos lazos «es crucial para el futuro y el destino del mundo». Con esta intervención directa, Biden se involucra personalmente en las relaciones con China después de dos intentos diplomáticos que acabaron en sonados fracasos. El primero fue la bronca que protagonizaron en marzo en Alaska el secretario de Estado Antony Blinken y el consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, con el jefe de la diplomacia china y miembro del Politburó, Yang Jiechi, y el titular de Exteriores, Wang Yi. Ante los periodistas, los cinco minutos de saludos protocolarios se convirtieron en un duelo dialéctico en cuanto los estadounidenses mencionaron los espinosos asuntos de Hong Kong, Xinjiang, Tíbet y Taiwán. De inmediato, los chinos respondieron con la ferocidad que está caracterizando a los «lobos guerreros» de su antes tranquila diplomacia, lo que fue celebrado con euforia en las redes sociales por los círculos más nacionalistas. También fue tensa, o al menos infructuosa, la visita a Tianjin en julio de la subsecretaria de Estado Wendy Sherman. Por su parte, el reciente viaje del enviado estadounidense para el cambio climático, John Kerry, parece haber desatascado algo la relación con China, que liga su colaboración en este campo con la mejora en otros asuntos bilaterales. Tirando de su relación personal con Xi Jinping, a quien trató con frecuencia cuando era vicepresidente con Obama, Biden no ha dudado en llamarlo para mejorar sus relaciones. Tal y como recordó en una entrevista con la televisión CBS en febrero, «he tenido 24 o 25 horas de encuentros privados con él desde que era vicepresidente y he viajado 17.000 millas con él. Lo conozco bastante bien». Sobre la mesa están, además de sus divergencias ideológicas y comerciales, asuntos peligrosos para la estabilidad mundial como las reivindicaciones territoriales en el mar del Sur de China y la reclamación de Taiwán, la represión en Hong Kong y Xinjiang y, ahora, el nuevo escenario que se dibuja en Afganistán tras la retirada de EE.UU. y la llegada de Pekín.
07-09-2021 | Fuente: abc.es
Del spa al carbón y viceversa: la ciudad polaca que emergió por la minería quiere volver a ser balneario
El lema «no hay libertad sin solidaridad», que ha trascendido las fronteras polacas y sus luchas sindicales protagonizadas por Solidarno?? (cuya historia comenzó en los astilleros de Gda?sk), resuena aún en la hoy pujante Polonia, que no olvida las luchas mineras contra el régimen comunista. En pleno pulso con Bruselas en sus numerosos frentes, desde el judicial al del cambio climático, el primer ministro polaco Mateusz Moraviecki, acompañado por Piotr Duda, líder del histórico sindicato polaco Solidarno??, honraba el pasado viernes el 41 aniversario del Acuerdo de Jastrzebie, en la localidad Jastrz?bie-Zdrój (en el sur de Polonia), preludio de la caída del comunismo. En 1980, la localidad alto-silesiana fue escenario de huelgas masivas del sector minero que obligaron al Gobierno comunista a mejorar las condiciones laborales de los mineros con medidas que iban desde las subidas salariales a los fines de semana libres. «Si la mina no se hubiera declarado en huelga, si otras plantas no se hubieran declarado en huelga por ella, ¿habría surgido Solidarno??? Yo creo que no. Por supuesto, nunca lo sabremos, pero es el hecho de que una planta tras otra se levantaron con postulados similares; esto hizo que fueran más fuertes, más grandes y más poderosas. Este hecho provocó que toda Polonia se convirtiera en terreno para la Insurrección de Solidarno?? que las autoridades comunistas ya no pudieron extinguir», pronunció el primer ministro Morawiecki en su discurso del viernes ante el monumento levantado en honor a las protestas. De un pequeño pueblo de apenas 5.000 habitantes a mediados del siglo XX, dedicado al spa desde 1860, la minería hizo crecer casi de la nada a Jastrz?bie Zdrój. En plena frontera con la República Checa, se convirtió en tres décadas en una de las ciudades (90.000 habitantes) con mayor renta per cápita del país. Entre los años 60 y 70, se inició la construcción de minas, hasta un total de cinco, y urbanizaciones para los desplazados de otras regiones atraídos por las grandes condiciones de trabajo. En la última década, la tasa de desempleo en la localidad ha caído del 8,9% al 5,7%. Actualmente, más de 20.000 de los habitantes de la ciudad trabajan en las minas. Aquí más de uno echa de menos el comunismo Sin embargo, la herencia del pasado lastra la transformación económica de la zona, que no ve otro horizonte que el del carbón. «Aquí más de uno echa de menos el comunismo», señala la presidenta del municipio Anna Hetman,. No en vano, subraya Hetman, «en la época comunista, los mineros tenían muchas ganancias e incluso recibían pisos por instalarse aquí». «Los altos salarios y la seguridad laboral del sector están reduciendo la creatividad de las personas y provocando que no estén interesadas en iniciar su propio negocio. Sumado a la dependencia del sector minero, el modelo cultural y familiar donde el marido trabaja y la mujer trabaja como ama de casa está provocando la despoblación de la región», agrega. El carbón coquizable -empleado para la producción de acero y que es el mayoritario en el municipio- ha sido declarado recurso estratégico de la Unión Europea, por lo que se espera que la transición sea más lenta que la de carbón duro. Aunque el horizonte sea 2050, la alcaldesa de la localidad pretende recurrir al Fondo de Transición Justa para diversificar la economía local. Sin embargo, la apertura de nuevas minas y el de nuevas licencias de minas por parte de las autoridades polacas supondría, según explican fuentes europeas a este diario, que la partida reservada para la región del flamante Fondo de Transición Justa, con un presupuesto global de 17.500 millones de euros y elemento clave del Pacto Verde para las regiones mineras, no llegue a Alta Silesia. Desde el ayuntamiento ahora buscan rescatar su etapa como pueblo balneario, condición perdida en 2007, para diversificar la economía ante una potencial decadencia de su minería. Esta localidad se encontraba entre las siete con un mayor índice de mortalidad por partículas de aire contaminado en Europa, según un estudio de The Lancet. Fondo de Ttransición Justa Sin renunciar a la transformación económica de la zona, el ayuntamiento busca la manera de apoyar a los mineros que se verán obligados a cambiar de industria: se establecerán nuevas empresas de tecnología en la zona y se ampliará significativamente la oferta de servicios turísticos asociados a las aguas termales. «El problema es la apertura de nuevas minas y es imposible bloquear las concesiones en el Ministerio de Clima. Esto puede excluir a subregiones enteras de solicitar fondos. La posición de la Comisión es inequívoca: una mina abierta descalifica a toda la subregión», dicen desde Jastrzebie-Zdroj. Precisamente esta semana se cumplían también 100 días de actividad ilegal de la mina de Turow, que bajo la dirección de la empresa estatal PGG, con la que este diario se trató de poner en contacto sin éxito, provee lignito a la planta de electricidad de la zona que a su vez genera el 5% de la electricidad de Polonia. Más de un 70% de la red eléctrica polaca depende del oro negro polaco. Situada en la región o voivodato de Baja Silesia, en el suroeste polaco a pocos kilómetros de Dresde (Alemania) y la frontera checa, Praga alega que la mina está drenando el suministro de agua. Sin acuerdo por el plan de recuperación polaco La madre de todas las batallas, al menos la económica para Polonia, son los fondos de los planes de recuperación pandémica, que si se aprueba finalmente, Varsovia podría recibir hasta 23.000 millones de euros en subvenciones y 34.000 millones de euros en préstamos. La Comisión Europea, que había respaldado los proyectos presentados por 18 estados miembros, todavía se resiste a dar luz verde al plan de recuperación de Polonia. El principal obstáculo: el respeto al Estado de derecho y sobre todo al principio de primacía que garantiza la superioridad del Derecho europeo sobre el nacional.
27-08-2021 | Fuente: as.com
¿Por qué los peces espada apuñalan a los tiburones?
Algunos expertos achacan el comportamiento de estos ejemplares al cambio climático, mientras que otros otros sugieren que son encuentros accidentales.
21-08-2021 | Fuente: abc.es
Grecia levanta una valla en la frontera con Turquía para blindarse ante la llegada de refugiados afganos
Ante el potencial aumento de llegadas de afganos a Europa, Grecia ha levantado un alto muro de hormigón con alambradas, que tendrá un largo de casi 40 kilómetros y la instalación de una barrera digital (de la que no se conocen los detalles) de 220 kilómetros. Los ministros de Defensa, Nikos Panayotópulos, y de Protección Civil, Mijális Jrisojoídis, visitaron ayer la frontera terrestre entre Grecia y Turquía, en el norte del país. Allí continuaba la construcción del muro de hormigón, que es una ampliación de uno anterior de 12 kilómetros, cuesta 63 millones de euros según informó el gobierno el año pasado. Se conoce que la protección de esta frontera terrestre con Turquía incluirá cañones de sonido, torreones de vigilancia con cámaras de largo alcance, sensores y visión nocturna, asi como drones. Los dos ministros han visitado también el centro de coordinación de la policía en Orestiada (muy cerca de la frontera) y la sede de la División de Infantería que se encuentra allí. Jrisojoídis declaró que Grecia no puede esperar pasivamente «por un posible impacto» refiriéndose a una futura llegada incontrolada de inmigrantes, incluyendo afganos, insistiendo en que «nuestras fronteras permanecerán inviolables». Protección de sus fronteras por tierra y mar La prioridad de Grecia seguirá siendo la protección eficaz de sus fronteras marítimas y terrestres. Y según confirmó ayer el nuevo portavoz gubernamental Yanis Ikonomu, «el gobierno alineará sus acciones con la Unión Europea, a la que hemos pedido una postura y un tratamiento unidos». Porque Grecia quiere que «quede absolutamente claro para los terceros países y para Turquía que no se tolerará ninguna instrumentalización de esta situación». Las autoridades griegas ya han comenzado a preparar un plan para hacer frente a una nueva crisis de refugiados, estimando que unos 500.000 refugiados provenientes de Afganistán se trasladarán a diferentes países en el próximo futuro. Se espera que se tardará varias semanas, alrededor de un mes, para que nuevos refugiados se encuentren en Turquía intentando llegar a Grecia. Nadie desea la repetición de la situación de marzo 2020 en la que millares de personas intentaban cruzar desde Turquía para seguir al resto de Europa, y en la que los militares griegos con apoyo de Frontex consiguieron que ninguno pasara tras días de gran tensión y tumulto en el territorio turco. No se habla ya de las acusaciones contra las fuerzas griegas que supuestamente mataron a tres personas y utilizaron gases lacrimógenos para defender la frontera de los inmigrantes ilegales, la gran mayoría afgana y africana (y no siria como se pensaba inicialmente). Y tampoco se quiere volver a la situación de 2015 en la que un millón de personas entraron por tierra y por mar para seguir su largo viaje por Europa hasta que se cerraron todas las fronteras y muchos se tuvieron que quedar en Grecia. Mitsotakis y Erdogan, una relación necesaria Los últimos y dramáticos acontecimientos en Afganistán ha provocado también un nuevo contacto telefónico directo entre el Primer Ministro griego Kiriakos Mitsotakis y el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ayer tarde. Un avance diplomático importante frente a un problema común, el de la inmigración ya que ambos países se verán muy posiblemente afectados por nuevos flujos migratorios en los próximos días. Ambos políticos, según los medios griegos, están de acuerdo en que se enfrentan al mismo desafío y coinciden en la necesidad de apoyar a los países cercanos a Afganistán para que los refugiados no estén muy alejados de sus hogares. Mitsotakis y Erdogan trataron también las consecuencias del cambio climático, al que se han visto enfrentados ambos países en estas últimas semanas.
18-08-2021 | Fuente: as.com
La NASA muestra cómo influirá en las playas españolas el cambio climático
De cara a 2100, la subida del nivel del mar afectará especialmente a las playas de Cádiz y Canarias, donde crecerá 75 y 81 centímetros, respectivamente.
15-08-2021 | Fuente: abc.es
Adiós al carbón: la transición más traumática de Polonia sin un plan ?B?
La mina es el coche nuevo, es el viaje de verano, es la parroquia; la mina son los amigos, son los estudios de ingeniería; la mina es papá con el mono de trabajo y la cara tiznada; es el hogar, es la vida. Desde hace siglo y medio la minería de carbón es lo que vertebra la identidad de Alta Silesia, región histórica entre la actual Polonia y República Checa. En este voivodato, donde miles de mineros se sumergen cada día bajo tierra para extraer el combustible que más calienta sus hogares en invierno, el carbón es mucho más que un mineral: es historia colectiva y orgullo. Esta minería, que resistió a las guerras napoleónicas y las ocupaciones nazi y comunista, tiene, sin embargo, los días contados por su poca rentabilidad, la lucha contra el cambio climático y el agotamiento de los recursos. La batalla por diseñar la transición del corazón minero europeo se está jugando también en Bruselas, donde Varsovia negocia sobre si alargar o no la vida útil de la minería para cumplir con los objetivos europeos de neutralidad climática para 2050 y reducir en un 55 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. La concesión de nuevas licencias de minas por parte de las autoridades polacas supondría, según explican fuentes europeas a este diario, que la partida reservada para la región del flamante Fondo de Transición Justa, con un presupuesto global de 17.500 millones de euros y elemento clave del Pacto Verde para las regiones mineras, no llegue a Alta Silesia. Entre las estrictas condiciones para recibir los pagos, Polonia no puede desarrollar nuevos proyectos mineros. «Para mí, la minería significa tradición familiar», dice Henryk, minero retirado de 62 años, que vivió en los noventa el despido de miles de mineros como él con la primera fase de reconversión. Sobre el césped de un bar de Orzesze, una pequeña ciudad minera rodeada del verde intenso de los bosques, están su hija, su nieto ?un bebé de tan solo unos meses, su yerno y dos amigos más. Todos tienen algo que ver con la mina. La pureza del paisaje contrasta con las humeantes chimeneas de las centrales eléctricas de carbón en las afueras. En los mapas de contaminación del aire en Europa, esta zona es la que suele estar más en rojo. «Impacta nuestro cerebro, nuestros pulmones y nuestro corazón. Sufrimos infecciones pulmonares, y sobre todo patologías relacionadas con el riego sanguíneo y enfermedades cerebrales tempranas», denuncia el activista ecologista Patryk Bialas. En invierno, las ajadas calderas de los hogares más desfavorecidos generan una bruma casi insoportable por la quema de carbón ?en el mejor de los casos?, plásticos y hasta basuras en una localidad que registró el pasado año el aire más contaminado de Europa, según IQAir, empresa de tecnología para la calidad del aire. «No, no temo criar a mi niño aquí. Se adaptará. Mi abuela llegó a vivir 97 años, y mi otra abuela pasa los 90», asegura Zuzanna, hija de Henryk y madre del bebé mientras el abuelo juega orgulloso con el pequeño. Según la Universidad belga de Hasselt, los niños de Rybnik, vecina de Orzesze, están entre tres y nueve veces más expuestos a la contaminación del aire que en Estrasburgo. Precisamente de Rybnik es el eurodiputado Lukasz Kohut (S&D), miembro de la comisión de Industria, Investigación y Energía (ITRE) del Parlamento Europeo (PE) que ha tratado el Fondo de Transición Justa y que fue noticia el pasado diciembre cuando se dirigió al pleno en su lengua materna, el silesiano, no reconocido oficialmente ni como lengua ni como identidad en Polonia. «Teníamos una muy buena propuesta del PE, 44.000 millones de euros; 8.000 millones para Silesia. Pero en el Consejo Europeo de julio (de 2020), el primer ministro Morawiecki [del partido conservador Ley y Justicia, PiS] estaba más centrado en defenderse contra la cláusula sobre el estado de derecho de los planes de recuperación que de defender los Fondos de Transición», lamenta Kohut, que reconoce no ser el político más popular de su región natal, especialmente entre los mineros. «Lo dije en 2019 cuando nadie hablaba de ello y el gobierno de Ley y Justicia defendía que no había fecha de caducidad para el carbón», agrega. Al libre mercado En apenas tres décadas, Alta Silesia, región de cuatro millones y medio de habitantes, ha pasado de contar con 70 minas de carbón a cerca de una veintena. Hasta los 80, la minería generaba 250.000 empleos directos. Ahora, solo 80.000 silesianos trabajan en minas de carbón, pero «300.000 trabajan en empresas que dependen indirectamente de la minería», apunta la diputada opositora liberal Monika Rosa. Para muchos hogares, esta industria es la principal fuente de ingresos. De momento, Silesia cuenta con un nivel de paro del 5 por ciento, uno de los más bajos del país, gracias a otros sectores tecnológicos. Jan Bondaruk, del Instituto Central de Minería de Katowice, dependiente del Ministerio polaco de Bienes del Estado, teme «cómo puede afectar este cambio tan drástico en todo el ecosistema de la región». Las condiciones fijadas por Bruselas, apunta, «pueden llevar al colapso económico de Alta Silesia: algunas licencias que tenemos se extienden más allá de 2049. Soy hijo de esta región y su minería y no quiero ver eso». Aunque Bondaruk cree que los Fondos de Transición Justa pueden hacer que miles de vidas sean mejores para el futuro, «no pondría todas las esperanzas en este mecanismo, no es que la UE vaya a pagar por todo». En Katowice, capital de la región de Alta Silesia, muchas de las antiguas construcciones postindustriales de ladrillo en las barriadas, de herencia prusiana, son demolidas o revitalizadas, intentando encontrar una segunda vida como el Museo de Silesia (que era una mina) o el Parque de Silesia, el gran orgullo verde de la ciudad, con fondos que en su mayoría provienen de la UE. Si la extracción de carbón polaco disminuye cada año, los sueldos siguen la dirección opuesta, en un país que mejora la vida de sus ciudadanos a velocidad de crucero desde la entrada en la UE. El sueldo medio de un empleado en el sector minero ha pasado del equivalente a 20 dólares en los últimos años del comunismo ?según fuentes locales? a cerca de 1.500 de media (el salario medio neto de Polonia ronda los 1.000). Interior de la mina de Guido, en la ciudad industrial de Zabrze - Óscar Chamorro Desde Dabrowa Górnicza, otra ciudad industrial de la zona, y en línea con los recuerdos de Henryk, los más veteranos de la fábrica de coque (principal derivado del carbón para la fabricación de acero) del Grupo estatal JSW relatan los traumáticos años 90: «Pasamos de una economía planificada donde teníamos garantizado un comprador sin importar lo que necesitaran a una situación de incertidumbre por la economía de libre mercado». Al contrario que la principal empresa minera estatal PGG, cuyo negocio depende principalmente del contaminante y poco ecológico carbón térmico, el futuro de JSW ?el mayor productor europeo de coque? parece más halagüeño. «El carbón coquizable es una de las materias primas críticas para la UE», aseguran desde la empresa. Bruselas lo considera un mineral estratégico para reducir la dependencia europea de Australia y China en la producción de acero. Días después de entrevistar a la presidenta de JSW, Barbara Piontek, una de las primeras polacas al mando de la minería del país, tanto ella como su equipo fueron cesados. Entre las razones, según fuentes locales: las desavenencias con los sindicatos, como el histórico Solidarnosc, en constante lucha por mantener las condiciones salariales y de trabajo de los mineros y que mantiene una gran influencia electoral y simbólica sobre el gobierno del PiS. De visita en la fábrica, convertida en sauna por el efecto de la lluvia y el paso de un vagón de carbón en llamas, un trabajador señala uno de los contenedores: «Miren, aquí podemos ver un cargamento de coque con dirección España (en concreto Asturias, aunque no han querido detallar el nombre de la empresa destinataria)». Coste de la electricidad La extrema dependencia energética polaca de la industria del carbón entorpece precisamente la transformación ?verde? del país. Tres cuartas partes de su electricidad procede del oro negro polaco. El rápido aumento de la tasa de las emisiones de CO2 y el alto coste del carbón doméstico, entre otras razones, han hecho que la producción de energía sea cada vez menos competitiva, según un informe del ?think tank? local Forum Energii. La tendencia al alza de los precios de la electricidad al por mayor en Polonia no ha cambiado durante años: sigue siendo el país más caro de la región y, a veces, también de toda la UE. Pero, a diferencia de España, «el Gobierno polaco mantiene bajos los precios artificialmente. En los últimos diez años, para los hogares apenas aumentó. Aumentará debido a los costos de CO2, tarifas y capacidad del mercado de combustible», advierte la presidenta de Forum Energii, Joanna Mackowiak-Pandera. En los últimos años, el sector ha estado importando a niveles récord carbón ruso (pese a su enemistad histórica), australiano y colombiano, más rentables que el nacional. Jugarse la vida en la mina está a la orden del día. Puede ser un incendio, fruto de una explosión en un entorno con alto contenido en metano; o un terremoto, el peligro más impredecible. «Nos alegra cuando la tierra tiembla un poco, puesto que así se libera la tensión de las rocas. Porque si se acumula algún día, podrían liberar la energía y matarnos a los que estamos ahí. Eso sí, no nos enteraríamos de que ya estamos muertos», bromea Damian. Para Micha?, en cambio, la minería también significa estrés por si un día una capa de las reservas de carbón aplasta a los trabajadores que supervisa como cargo intermedio. Micha? y Damian, de 34 y 35 años respectivamente, forman parte de la última generación de mineros. Son ingenieros de una mina de carbón de coque. Mientras que para las generaciones anteriores la minería es parte de su identidad, para ellos es un trabajo más, que les garantiza un buen sueldo y estabilidad para al menos 25 años. «En mis tiempos, ser minero era un trabajo prestigioso. Es lo que más noto que ha cambiado», señala el veterano de la mesa, Henryk. Así lo reconoce Damian, para quien la minería es sobre todo ingeniería, su gran pasión, y donde ningún día se parece al anterior. Para ilustrar mejor su jornada laboral, Damian se sirve de una maqueta en forma de mina ?que construye empleando un par de cartones y tubos? con la que imparte charlas por los colegios de la zona. Sobre la una de la tarde, recibe la llamada de su jefe. «Me comenta lo que vamos a hacer hoy junto a mi equipo. Y yo les transmito la información. Así que cogemos nuestro uniforme de trabajo y vamos bajo tierra», describe. «Un ascensor enorme nos lleva a 850 metros bajo tierra, donde nos espera el tren que nos conduce a nuestras galerías. Y ya luego ahí todo es perforar y perforar con una cabeza tractora o explosivos», detalla. Para Micha?, la minería de carbón está siendo una suerte de chivo expiatorio de la cruzada ?verde? europea mientras se sigue importando carbón de países extracomunitarios y apenas se presta atención a otros tipos de minería: «¿Por qué todo es sobre la minería de carbón y poco sobre los demás?». Son las 10 de la mañana cuando una excursión escolar de un colegio enfila hacia las profundidades de la mina de Guido, levantada a mediados del siglo XIX por un aristócrata alemán y que hoy simboliza el orgullo turístico de Alta Silesia y de la revitalización de la localidad de Zabrze. La algarabía de los jóvenes muchachos se desvanece a los pocos instantes de adentrarse en el yacimiento. En plena simulación, los ruidos de la mina ensordecen a la excursión: primero suena la campana, luego baja el ascensor, circulan los vagones y la gran máquina excavadora Alpina AM-50 hace acto de presencia para perforar las capas de carbón. Una transición brusca «La minería no perjudica ?per se?, sino que desarrolla la región, la transforma», sostiene Konrad Kolakowski, que ha sido portavoz de la principal atracción turística de la zona y ahora representa al equipo de fútbol de la localidad, mientras recorre las galerías de la mina. De las cuatro minas de hace 30 años, no sobrevive ni una. «Mi bisabuelo fue minero, mi abuelo fue minero, mi madre fue minera», recuerda emocionado. Con dos niveles, de 170 y 320 metros de profundidad respectivamente, Guido es la mina abierta al público más profunda de Europa. Otras poblaciones tratan de seguir su ejemplo con mayor o menor éxito, pero «el turismo no puede sustituir a esta industria. Silesia no es ni Barcelona ni Roma». Las poblaciones mineras se mantienen escépticas ante la imparable transición ?verde? que, a su juicio, avanza demasiado brusca y sin alternativas viables. De fondo persiste la idea entre los activistas y políticos locales de que las potencias occidentales (Alemania y Francia) y orientales (China y Rusia) quieren destruir la industria y la minería polacas sin ofrecer un plan B a cambio de vender su tecnología y minerales.
11-08-2021 | Fuente: as.com
El segundo lago más grande de Bolivia es ahora un desierto
Los expertos apuntan a que el lago Poopó, que se llenaba cada 50 años, ya no volverá a recibir agua debido al cambio climático que afecta a la zona.
11-08-2021 | Fuente: abc.es
Biden logra aprobar el gran plan de infraestructuras
Demócratas y republicanos aparcaron momentáneamente sus diferencias este martes para aprobar un plan de infraestructuras de un billón de dólares que supone un logro para la administración de Joe Biden, que aceptó reducir el gasto previsto a la mitad. Fueron 69 -de 100- los senadores que apoyaron este paquete de inversiones, con 19 republicanos uniéndose a los demócratas, en una muestra de bipartidismo poco común en Washington hoy en día. Ahora, la Cámara de Representantes debe ratificar la ley de gasto, aunque la presidenta de esta, la demócrata Nancy Pelosi, ha dicho que no lo hará a menos que el Senado apruebe un presupuesto con abultados programas sociales y un gasto previsto de otros 3,5 billones de dólares, al que los republicanos se oponen en bloque. El nuevo plan de infraestructuras aprobado en el Senado contempla grandes partidas para reconstrucción de carreteras, distribución de agua potable, mejora de obras públicas y refuerzo de la conexión a internet por banda ancha. Es la primera vez que este último apartado tecnológico se incluye dentro del conjunto de elementos, dotaciones o servicios necesarios para el buen funcionamiento de EE.UU. Hacer realidad una vieja promesa La ley de infraestructuras, negociada en jornadas maratonianas en el Capitolio, consta de 2.700 páginas, y comenzó como una iniciativa de 10 senadores dispuestos a hacer realidad una vieja promesa de prácticamente todos los presidentes, la de mejorar las estructuras del país, incluidos carreteras, aeropuertos y ferrocarriles. Las partidas incluyen mejoras en ambas costas para combatir los efectos inmediatos del calentamiento global y una sustitución plena de las tuberías de agua que tengan plomo, que son tóxicas. Otro punto contemplado en este gran paquete de infraestructuras es el de reforzar los servicios públicos contra ciberataques, después de que «hackers» extranjeros se infiltraran, entre otros, en los servidores de la red eléctrica, según denunció el propio gobierno federal recientemente. En otros ciberataques, esos «hackers» interrumpieron el suministro de gasolina y la distribución de los productos de una gran empresa cárnica. A pesar de las presiones del expresidente Donald Trump, que se ha pronunciado repetida e insistentemente en contra del acuerdo de infraestructuras que a él se le escapó, un grupo de republicanos centristas se han unido a los demócratas, incluidos Lisa Murkowski, de Alaska, y Rob Portman, de Ohio. Una de las principales críticas de los otros conservadores es que este paquete de inversiones aumentará unos 265.000 millones de dólares al déficit público durante la próxima época, según la Oficina de Presupuesto del Congreso. Pobreza y cambio climático Para llegar a un compromiso, los demócratas en el Senado han aceptado que este gran paquete de mejora de las infraestructuras se apruebe no con un aumento de los impuestos a las rentas más altas, sino apropiándose de fondos de otras partidas, incluidas las ayudas por los efectos de la pandemia. El otro presupuesto de 3,5 billones, que incluye apartados para pagar programas contra la pobreza y para combatir el cambio climático, deberán aprobarlo los demócratas, si es que lo hacen, en solitario en el Senado. Para ello necesitan todos sus votos, que son 50, más el de desempate de la vicepresidenta Kamala Harris, además de sortear el más que probable veto republicano con un ardid formal. Normalmente, el Senado de EE.UU. sólo aprueba leyes si hay un apoyo de 60 votos de los 100 para proceder a debate y votación final. Eso garantiza al menos cierto grado de bipartidismo. Pero en el caso de los presupuestos, el partido mayoritario, si no llega a los 60 escaños, puede forzar un voto por mayoría simple.