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Noticias de asia central

21-08-2019 | Fuente: abc.es
¿Por qué Trump quiere comprar Groenlandia?
¿Por qué Donald Trump quiere hacer de Groenlandia el 51 estado de EE.UU.? Este inmenso territorio helado ofrece a primera vista pocos atractivos, pero sus recursos naturales y su situación geográfica lo convierten en una apuesta de futuro frente los apetitos de China y Rusia en el Ártico. Ante la oferta de compra de esta posesión danesa autónoma por el exmagnate inmobiliario, Copenhague y el gobierno local han dejado claro que Groenlandia no está en venta . «Groenlandia no es danesa, es groenlandesa», replicó la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. En respuesta, Trump ha pospuesto la visita que tenía prevista a primeros de septiembre a Dinamarca, su aliado en la OTAN. Groenlandia -«tierra verde» en danés- no tiene de vegetal más que el nombre ya que la isla de dos millones de kilómetros cuadrados (casi cuatro veces la superficie de Francia) está recubierta en su 85% de hielo. Era una colonia danesa hasta 1953, cuando entró en la «Comunidad del Reino» danés. En 1979, la isla accedió al estatus de «territorio autónomo» cuya economía depende en gran medida de las aportaciones de Copenhague. Sus 55.000 habitantes -de los que más de 17.000 viven en la capital Nuuk- son en más del 90% Inuits llegados de Asia central. Este inmenso territorio se encuentra en primera línea de la fusión de los hielos árticos, una región que se recalienta al doble de velocidad que el resto del planeta. Según la Organización meteorológica mundial, el nivel de los océanos continúa subiendo alrededor de 3,3 milímetros por año y el fenómeno parece acelerarse: el nivel de los mares ha aumentado entre un 25 y un 30% más rápido entre 2004 y 2015 en comparación con el periodo de 1993 a 2004. La fusión de la capa de hielo de Groenlandia está en el origen del 25% de este aumento, contra el 5% de hace 20 años, y amenaza con intensificarse a medida que se derriten los glaciares y las capas de hielo. Si desapareciera por completo, se elevaría en siete metros el nivel de los océanos. La riqueza de su subsuelo Aunque Groenlandia exporta su pescado, son sobre todo sus entrañas las que suscitan el interés de las potencias extranjeras: el subsuelo groenlandés contiene minerales preciosos (oro, rubíes, uranio, olivino) y reservas petroleras y de gas. Pekín dispone de una licencia para una mina de tierras raras. El derretimiento de los glaciares también deja al descubierto una especie de harina de roca, rica en minerales que pueden ser utilizados como fertilizantes para suelos agotados o áridas, en África o en América del Sur, por ejemplo. Al final de la Guerra fría, Washington abandonó el Ártico, pero la situación cambió con las nuevas pretensiones chinas y el intervencionismo de Rusia más allá de sus fronteras. China ha desarrollado allí una presencia que por el momento es sobre todo económica y científica. Teje su red para ganar mercados y espera beneficiarse eventualmente de la ruta del Norte, que acorta el trayecto entre los océanos Pacífico y Atlántico. En cuanto a Rusia, espera convertirse en la primera potencia económica y militar del Ártico, aprovechando también la ruta del Norte y la apertura del paso del Noreste que simplificaría la entrega de hidrocarburos en el sudeste asiático. No es la primera vez que los Estados Unidos intentan meter mano en Groenlandia. En 1867 el departamento de Estado manifestó su interés. Después, en 1946, el presidente Harry S. Truman ofreció por la isla 100 millones de dólares de la época, en oro (unos 1.300 millones actuales, según el cálculo de Business Insider), y territorios en Alaska. En vano. Los estadounidenses desarrollaron su base aérea de Thule en el extremo noroeste de Groenlandia. Con 600 hombres, la base de la OTAN opera sistemas de alerta para la detección de misiles balísticos y de vigilancia satelital. Trump puede haber consultado un libro de texto de Historia al proponer la compra de Groenlandia a Dinamarca. El reino escandinavo ya acordó en 1916 la venta por 25 millones de dólares de las Indias Occidentales Danesas, en las Antillas, convertidas en las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
21-08-2019 | Fuente: abc.es
¿Cuál es el precio de Groenlandia?
¿Por qué Donald Trump quiere hacer de Groenlandia el 51 estado de EE.UU.? Este inmenso territorio helado ofrece a primera vista pocos atractivos, pero sus recursos naturales y su situación geográfica lo convierten en una apuesta de futuro frente los apetitos de China y Rusia en el Ártico. Ante la oferta de compra de esta posesión danesa autónoma por el exmagnate inmobiliario, Copenhague y el gobierno local han dejado claro que Groenlandia no está en venta . «Groenlandia no es danesa, es groenlandesa», replicó la primera ministra danesa, Mette Frederiksen. En respuesta, Trump ha pospuesto la visita que tenía prevista a primeros de septiembre a Dinamarca, su aliado en la OTAN. Estados Undios compró en el pasado tres territorios: Alaska, Luisiana y Florida. Pero solo el caso de Alaska puede compararse. Alaska era un territorio ruso que Estados Unidos lo compró por 7,2 millones de dólares de la época, unos 117 millones de euros en 2019. Si midiesemos por el tamaño de la isla, esta costaría 175 millones de dólares. El presidente estadounidense, pensaba ofrecer a Dinamarca la posibilidad de asumir el subsidio anual de 600 millones de dólares que paga a Groenlandia, así como a efectuarle «un gran pago» inmediato que no ha sido revelado «para incentivar la transacción», informa el medio. Según el Washington Post, si se midiese el precio de Groenlandia sería de hasta 38.500 millones de euros. Llegan a esta conclusión suponiendo que el PER (ratio precio-beneficio) fuera la media de las empresas del S&P 500, 21,3. El beneficio sería el PIB del año 2016, unos 2.700 millones de dólares y con esto estiman la cantidad total. Aunque hay que tener en cuenta que esta cifra estaría inflada, debido a que una cuarta parte de la economía del país proviene de subvenciones de Dinamarca. Groenlandia -«tierra verde» en danés- no tiene de vegetal más que el nombre ya que la isla de dos millones de kilómetros cuadrados (casi cuatro veces la superficie de Francia) está recubierta en su 85% de hielo. Era una colonia danesa hasta 1953, cuando entró en la «Comunidad del Reino» danés. En 1979, la isla accedió al estatus de «territorio autónomo» cuya economía depende en gran medida de las aportaciones de Copenhague. Sus 55.000 habitantes -de los que más de 17.000 viven en la capital Nuuk- son en más del 90% Inuits llegados de Asia central. Este inmenso territorio se encuentra en primera línea de la fusión de los hielos árticos, una región que se recalienta al doble de velocidad que el resto del planeta. Según la Organización meteorológica mundial, el nivel de los océanos continúa subiendo alrededor de 3,3 milímetros por año y el fenómeno parece acelerarse: el nivel de los mares ha aumentado entre un 25 y un 30% más rápido entre 2004 y 2015 en comparación con el periodo de 1993 a 2004. La fusión de la capa de hielo de Groenlandia está en el origen del 25% de este aumento, contra el 5% de hace 20 años, y amenaza con intensificarse a medida que se derriten los glaciares y las capas de hielo. Si desapareciera por completo, se elevaría en siete metros el nivel de los océanos. La riqueza de su subsuelo Aunque Groenlandia exporta su pescado, son sobre todo sus entrañas las que suscitan el interés de las potencias extranjeras: el subsuelo groenlandés contiene minerales preciosos (oro, rubíes, uranio, olivino) y reservas petroleras y de gas. Pekín dispone de una licencia para una mina de tierras raras. El derretimiento de los glaciares también deja al descubierto una especie de harina de roca, rica en minerales que pueden ser utilizados como fertilizantes para suelos agotados o áridas, en África o en América del Sur, por ejemplo. Al final de la Guerra fría, Washington abandonó el Ártico, pero la situación cambió con las nuevas pretensiones chinas y el intervencionismo de Rusia más allá de sus fronteras. China ha desarrollado allí una presencia que por el momento es sobre todo económica y científica. Teje su red para ganar mercados y espera beneficiarse eventualmente de la ruta del Norte, que acorta el trayecto entre los océanos Pacífico y Atlántico. En cuanto a Rusia, espera convertirse en la primera potencia económica y militar del Ártico, aprovechando también la ruta del Norte y la apertura del paso del Noreste que simplificaría la entrega de hidrocarburos en el sudeste asiático. No es la primera vez que los Estados Unidos intentan meter mano en Groenlandia. En 1867 el departamento de Estado manifestó su interés. Después, en 1946, el presidente Harry S. Truman ofreció por la isla 100 millones de dólares de la época, en oro (unos 1.300 millones actuales, según el cálculo de Business Insider), y territorios en Alaska. En vano. Los estadounidenses desarrollaron su base aérea de Thule en el extremo noroeste de Groenlandia. Con 600 hombres, la base de la OTAN opera sistemas de alerta para la detección de misiles balísticos y de vigilancia satelital. Trump puede haber consultado un libro de texto de Historia al proponer la compra de Groenlandia a Dinamarca. El reino escandinavo ya acordó en 1916 la venta por 25 millones de dólares de las Indias Occidentales Danesas, en las Antillas, convertidas en las Islas Vírgenes de Estados Unidos.
12-08-2019 | Fuente: abc.es
El órdago indio en Cachemira resucita viejos fantasmas
El Gobierno nacionalista de la India anunció la semana pasada una decisión sin precedentes: tras casi 70 años de autonomía, la conflictiva provincia de Jammu y Cachemira ?escenario de dos guerras con la vecina Pakistán y origen de uno de los conflictos más enquistados del mundo? quedaba despojada de su estatus especial con el fin de «acelerar su integración en el resto del país». La medida, asentada bajo el pretexto de «acabar con la corrupción, el separatismo insurgente y el atraso económico», en palabras del primer ministro indio, Narendra Modi, cogió desprevenidos a muchos. Las intenciones, sin embargo, venían ya de lejos. El intercambio de ataques con Pakistán en febrero, surgido a raíz de un atentado contra un convoy militar indio en Cachemira, enardeció a gran parte de la sociedad india, que considera al país vecino un enemigo irreconciliable y reclama la provincia como parte intrínseca del territorio nacional. Conscientes del rédito electoral que podía comportar un uso partidista de la delicada situación en Cachemira, el partido gobernante (BJP, que ya consiguió ampliar en mayo la holgada mayoría de la que ya gozaba en el Parlamento, muy en parte gracias a los acontecimientos de febrero) consumó la semana pasada un golpe de efecto con el que espera reforzar su popularidad y ocultar las múltiples carencias de su gestión. Pero las lecturas de la medida van probablemente más allá, según razon la investigadora especializada en Asia Ana Ballesteros, del «think tank» Cidob. «Es muy posible que la decisión haya venido dada por las negociaciones de las últimas semanas entre EE.UU. y Pakistán con el objetivo de sellar la paz en Afganistán. La intención de Islamabad es que Washington haga una serie de concesiones a cambio de obtener su colaboración para intervenir en ese país, y eso pasa por un respaldo en Cachemira», sostiene Ballesteros, que recuerda además que «las relaciones de la India con EE.UU. atraviesan un momento de tensión derivada de la guerra comercial que han iniciado». El hecho de que tanto Pakistán como la India celebren su Día de la Independencia esta semana (14 y 15 de agosto, respectivamente) contribuye, asimismo, a caldear los ánimos. «Es muy probable que el Ejecutivo indio haga bandera de la medida para agitar su marcado discurso nacionalista. Por otra parte, Pakistán tampoco querrá ser visto como el Estado débil, por lo que puede que esto los lleve a incrementar su belicosidad», señala la investigadora. Ante el desarollo de los acontecimientos de esta semana ?envío de tropas adicionales, detención de más de 400 políticos y activistas, corte de las comunicaciones y protestas masivas? Pakistán suspendió el miércoles las relaciones diplomáticas con la India, canceló el escaso comercio bilateral que mantenía y anunció además que denunciará a su vecino ante la ONU por «haber violado varias de las resoluciones aprobadas para mantener la paz». Pero es la posibilidad de que un nuevo conflicto estalle lo que más preocupa en la provincia. «La situación ahora mismo es poco previsible. Existe, como siempre, la posibilidad de que Pakistán respalde a grupos insurgentes como ha venido haciendo desde hace años, pero no está tan claro que las hostilidades puedan conducir a un nuevo conflicto abierto. Lo que es innegable, sin embargo, es que la medida soliviantará todavía más a una población ya de por sí muy humillada y hastiada», analiza Ballesteros. Decisión salomónica La historia se remonta a 1947. El Imperio británico, exhausto tras dos guerras mundiales y abrumado ante el imparable fervor nacionalista de muchas de sus colonias, abandonó el Raj tras casi un siglo de ocupación y dividió el subcontinente indio en dos países: uno de mayoría hindú, India, y otro de población musulmana, Pakistán. La brusquedad de la partición, fuente de violentos altercados intercomunales entre los millones de desplazados que huyeron despavoridos a un lado y otro de la frontera, sentó las bases de un conflicto que dura hasta la fecha. Pero es, en definitiva, la disputa por una región cuyo territorio queda repartido entre ambos países lo que se convierte en el principal casus belli de un enfrentamiento que suma ya siete décadas. «Tanto en la India como en Pakistán, el conflicto de Cachemira es un fenómeno que moviliza a numerosas facciones, ya que forma parte de sus respectivas identidades nacionales», explica Ballesteros. Enclavada en la parte suroccidental de los Himalayas, el Valle de Cachemira es hogar de un variado crisol de etnias y culturas diseminadas en un radio de 140 kilómetros. Tras ser dominado por distintas dinastías e imperios del entorno, los británicos recalaron en él en 1845, convirtiéndolo en un principado que retuvieron hasta 1947. Todo se complicó, sin embargo, a partir de ese momento. A la hora de decidir a cuál de los dos nuevos países quería unirse, el monarca local (un hindú al mando de una región de mayoría musulmana) se declaró neutral, lo que llevó a buena parte de los cachemiros próximos al lado paquistaní a levantarse en armas contra la administración. Esta, temerosa, solicitó ayuda a India, que acudió a su rescate con la condición de que Cachemira pasara a formar parte de su territorio. Se produjo entonces una rápida escalada de las hostilidades que derivó en la primera guerra indo-pakistaní. Tras meses de combates, la lucha terminó encallando y precipitó la intervención de la ONU, que fijó una Línea de Control para delimitar sendas administraciones y evitar nuevas tensiones. Fue inútil. Las guerras se sucedieron (1965, 1999) y ambos países se embarcaron en una carrera nuclear y armamentística con la que se amenazan mutuamente. Cachemira ?cuya población reclama un referéndum de independencia que nunca ha llegado a producirse? se convierte así en una de las regiones más militarizadas del mundo y en el campo de batalla de la India y Pakistán, donde ha ido forjándose además una importante actividad insurgente que se manifiesta con cierta periodicidad. Un territorio geoestratégico La disputa territorial entraña también una dimensión geopolítica, como recuerda el periodista Tim Marshall en su libro «Prisioneros de la geografía». Por un lado, el control de la región por parte de la India podría otorgarla una ventana a Asia Central, y crear de paso una obstrucción en las comunicaciones entre China ?que retiene un 25 por ciento de Cachemira? y Pakistán, cuya relación no hace más que mejorar. Por el otro, un hipotético dominio de Islamabad le reportaría el acceso al río Indo, un recurso de gran valor para su robusta industria algodonera.
09-11-2018 | Fuente: abc.es
Concluye antes de tiempo y sin resultados la conferencia de paz de Moscú sobre Afganistán
La conferencia sobre Afganistán que comenzó este viernes en Moscú y que deberia haber continuado mañana sábado, ha concluido un día antes de lo previsto sin ningún resultado y sin que ni siquiera se haya producido un contacto directo entre las autoridades afganas y los talibanes. Esta mañana había comenzado en el Hotel Prezident de Moscú un nuevo intento de sentar en la misma mesa a representantes de ambas partes, con la idea de que algún día pongan fin a las hostilidades y firmen la paz. La tarea se presentaba ingente y ni siquiera había plena certeza de que en la capital rusa se lograra un diálogo directo entre las dos partes enfrentadas. Esos temores se han visto finalmente confirmados. Los mediadores rusos recalcaban que esta conferencia tenía carácter exclusivamente consultivo y que no habría probablemente acuerdos ni tampoco declaración final. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, abrió el encuentro con un breve discurso asegurando que en su país están «comprometidos a hacer todo lo posible conjuntamente para ayudar a Afganistán a abrir un nuevo capítulo en su historia». La reunión prosiguió después a puerta cerrada. Las autoridades afganas estuvieron representadas por el Alto Consejo para la Paz de Afganistán y los talibanes por emisarios llegados desde la ciudad de Doha, la capital de Qatar. Las conversaciones tienen lugar a través de mediadores y el solo hecho de que las partes llegaran hoy o mañana a un contacto directo se habría considerado un éxito significativo. Asisten también a la conferencia diplomáticos y viceministros de Exteriores de Pakistán, EEUU, India, China y algunos países del Asia Central ex-soviética. Se da la circunstancia de que el movimiento talibán en Rusia está catalogado como grupo terrorista. Pese a ello, Moscú lleva tiempo llamando a un diálogo con ellos como único medio de posibilitar un acuerdo de paz. Los talibanes y el Gobierno afgano mantuvieron su primera y única reunión en julio de 2015, pero los esfuerzos de acercamiento se frustraron y no ha habido forma después de reanudar las conversaciones. También fracasaron el denominado Grupo a Cuatro (Afganistán, EEUU, Pakistán y China) y las reuniones a seis bandas organizadas por Rusia. Treinta años de la retirada de las tropas soviéticas La conferencia que acaba de comenzar este viernes en Moscú debería haberse celebrado el pasado 4 de septiembre, pero tuvo que suspenderse al negarse Kabul a participar en ella. Se argumentó que este proceso «debe estar dirigido por afganos». El Kremlin, no obstante, puso toda la carne en el asador para relanzar los preparativos y llegar a la actual convocatoria. Esta nueva mediación de Rusia en el conflicto afgano se inscribe dentro de un esfuerzo pacificador más del presidente Vladímir Putin, acusado de atizar conflictos, envenenar a «traidores» y desestabilizar las democracias occidentales. Adquiere para el Kremlin una especial importancia, ya que se produce en la víspera del aniversario de la intervención de la URSS en Afganistán. En febrero de 2019 se cumplirán 30 años de la retirada de las tropas soviéticas del país centroasiático y en diciembre, también del año que viene, 40 del comienzo de la contienda.
09-11-2018 | Fuente: abc.es
Comienza en Moscú una conferencia para la paz en Afganistán
Esta mañana ha comenzado en el Hotel Prezident de Moscú un nuevo intento de sentar en la misma mesa a representantes del Gobierno afgano y a los talibanes con la idea de que algún día pongan fin a las hostilidades y firmen la paz. La tarea se presenta ingente y ni siquiera hay plena certeza de que en la capital rusa se logre un diálogo directo entre las dos partes enfrentadas. Los mediadores rusos recalcan que esta conferencia, que finalizará mañana sábado, tiene carácter exclusivamente consultivo y no habrá probablemente acuerdos ni tampoco declaración final. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha abierto el encuentro con un breve discurso asegurando que en su país «estamos comprometidos a hacer todo lo posible conjuntamente para ayudar a Afganistán a abrir un nuevo capítulo en su historia». La reunión prosiguió después a puerta cerrada. Las autoridades afganas están representadas por el Alto Consejo para la Paz de Afganistán y los talibanes por emisarios llegados desde la ciudad de Doha, la capital de Qatar. Las conversaciones tienen lugar a través de mediadores y el solo hecho de que las partes llegaran hoy o mañana a un contacto directo se consideraría un éxito significativo. Asisten también a la conferencia diplomáticos y viceministros de Exteriores de Pakistán, EEUU, India, China y algunos países del Asia Central ex-soviética. Se da la circunstancia de que el movimiento talibán en Rusia está catalogado como grupo terrorista, pese a ello, Moscú lleva tiempo llamando a un diálogo con ellos como único medio de posibilitar un acuerdo de paz. Los talibanes y el Gobierno afgano mantuvieron su primera y única reunión en julio de 2015, pero los esfuerzos de acercamiento se frustraron y no ha habido forma después de reanudar las conversaciones. También fracasaron el denominado Grupo a Cuatro (Afganistán, EEUU, Pakistán y China) y las reuniones a seis bandas organizadas por Rusia. La conferencia que acaba de comenzar hoy en Moscú debería haberse celebrado el pasado 4 de septiembre, pero tuvo que suspenderse al negarse Kabul a participar en ella. Se argumentó que este proceso «debe estar dirigido por afganos». El Kremlin, no obstante, puso toda la carne en el asador para relanzar los preparativos y llegar a la actual convocatoria. Esta nueva mediación de Rusia en el conflicto afgano se inscribe dentro de un esfuerzo pacificador más del presidente Vladímir Putin, acusado de atizar conflictos, envenenar a «traidores» y desestabilizar las democracias occidentales. Adquiere para el Kremlin una especial importancia, ya que se produce en la víspera del aniversario de la intervención de la URSS en Afganistán. En febrero de 2019 se cumplirán 30 años de la retirada de las tropas soviéticas del país centroasiático y en diciembre, también del año que viene, 40 del comienzo de la contienda.
29-10-2018 | Fuente: abc.es
Una mujer se perfila como nueva presidenta de Georgia
Todo indica que Salomé Zurabishvili, antigua embajadora georgiana en París y ex ministra de Exteriores, sustituirá a Gueorgui Margvelashvili al frente de Georgia tras las elecciones presidenciales celebradas este domingo en este país transcaucásico. Un sondeo a pie de urna la señala a ella como vencedora, ya en primera vuelta, con un 52% de los sufragios. Otra encuesta, sin embargo, la da también como ganadora, pero con un número de votos por debajo del 50%, con lo que tendría que ir a una segunda vuelta dentro de tres semanas con su más inmediato adversario, Grigol Vashadze, hombre próximo al polémico expresidente del país, Mijaíl Saakashvili. En cualquier caso y puesto que Zurabishvili es la candidata oficial y, por tanto, cuenta con el apoyo del primer ministro, Mamuka Bajtadze, del magnate Bidzina Ivanishvili, el más rico de Georgia, y del partido mayoritario en el Parlamento, la formación «Sueño Georgiano», se da por hecho que en una eventual segunda vuelta sería ella quien de todas formas terminaría imponiéndose. Últimas elecciones presidenciales Pero, si fuera así y a tenor de una reforma constitucional adoptada el año pasado, tendría sus poderes significativamente reducidos en comparación con su predecesor. Eso sí, su mandato será de seis años y no de cinco como hasta ahora. Estas elecciones serán además las últimas que se celebren en Georgia para elegir a un presidente, ya que, a partir de 2024, el nuevo jefe del Estado será designado por los 150 diputados del Parlamento y 150 compromisarios elegidos en las administraciones locales. Zurabishvili, de 66 años, nació en Francia y no visitó Georgia hasta 1986. Fue nombrada embajadora en el país galo en 2003 y, al año siguiente, Saakashvili la hizo ministra de Exteriores, cargo en el que se mantuvo hasta 2006. Tras su destitución, se distanció de Saakashvili. Su más inmediato contrincante en los comicios de este domingo, Grigol Vashadze, de 60 años, también fue ministro de Exteriores. Su victoria hubiese posibilitado el regreso al país de Saakashvili, fundador del Movimiento Nacional Unido (UNM). Esta organización encabeza la plataforma de 11 partidos opositores que respalda a Vashadze. De los 3,5 millones de georgianos convocados ayer a las urnas, acudieron el 38%. Tanto Zurabishvili como Vashadze defienden el ingreso de Georgia en la UE y la OTAN además de mantener estrechos lazos con EE.UU. Tras la guerra relámpago de agosto de 2008 con Rusia, y la pérdida definitiva del control sobre Osetia del Sur y Abjasia, las relaciones entre Moscú y Tiflis siguen siendo muy tensas. Por el país pasan los gaseoductos y oleoductos que transportan a Europa los carburantes procedentes de Azerbaiyán y Asia Central.
11-10-2018 | Fuente: abc.es
China legaliza los campos de internamiento de extremistas para combatir el terrorismo
Las autoridades de la región china de Xinjiang han introducido en su legislación el uso de centros «para educar y transformar a la gente influenciada por el extremismo» religioso, en los que organizaciones de defensa de los Derechos Humanos denuncian que actualmente hay un millón de musulmanes detenidos. La legalización de estos centros, de la que informa este jueves el diario independiente «South China Morning Post», se produce después de que en agosto pasado China desmintiera en la ONU la existencia de campos de reeducación que albergan a uigures y otras minorías de confesión musulmana en la región, situada en el noroeste del país. El artículo 17 de la nueva normativa revisada, que entró en vigor este martes, señala que los gobiernos regionales «pueden establecer organizaciones de educación y transformación y supervisar departamentos como los centros de formación profesional para educar y transformar a las personas que han sido influenciadas por el extremismo». Es la primera vez que China habla abiertamente de estos centros en Xinjiang, donde reconoce que aplica «medidas», aunque sin especificar cuáles, para combatir el extremismo religioso, al mismo tiempo que defiende que existe libertad religiosa. La nueva cláusula prohíbe algunas prácticas como llevar velo o barba «anormal» por considerar que fomentan el extremismo. Agresiva campaña gubernamental Bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo, en los últimos meses el Gobierno chino ha emprendido una agresiva campaña gubernamental con detenciones arbitrarias y adoctrinamiento político contra musulmanes, que sufren «lavados de cerebro» en estos centros, donde se registran torturas y muertes bajo custodia, según Amnistía Internacional. Algunos exdetenidos, incluso, han alertado de suicidios en estos centros, donde las personas permanecen retenidas sin estar acusadas formalmente de ningún delito y sin contacto con su familia o abogados. Líderes del partido comunista en Xinjiang animan públicamente a los funcionarios a combatir «hasta la muerte» la expansión de las prácticas islámicas en la región, donde reconocen que se está llevando a cabo una batalla ideológica. En el país asiático se calcula que hay unos 23 millones de musulmanes, aproximadamente un 1,7 por ciento de la población, entre ellos minorías étnicas como los hui (repartidos en todo el país) u otras ligadas a los pueblos de Asia Central, tales como uigures, kazajos, uzbecos, kirguises o tayikos.
16-09-2018 | Fuente: abc.es
El Gran Hermano chino vigila en Xinjiang
Campos de reeducación en medio del desierto, controles policiales con pruebas biométricas, cámaras de vigilancia capaces de reconocer las caras, «aplicaciones espía» en los móviles y hasta comisarios políticos viviendo en casa como si fueran uno más de la familia. No es una versión en «Black Mirror» de «1984», sino la provincia china de Xinjiang. A 4.000 kilómetros de Pekín, en la frontera con Asia Central, esta gigantesca región de mayoría musulmana sufre la mayor represión vista en China desde los oscuros días de la «Revolución Cultural» (1966-76). Si entonces el objetivo era el culto al «padre de la patria», Mao Zedong, ahora lo es la erradicación del islamismo más extremista. Con la excusa de combatir el terrorismo yihadista y el independentismo, el régimen de Pekín lleva a cabo una masiva campaña de adoctrinamiento que parece una pesadilla orwelliana. Así lo denuncian recientes informaciones de medios internacionales y un informe de 117 páginas de la ONG Human Rights Watch (HRW), que ha entrevistado a 58 uigures, la etnia musulmana autóctona de la zona. Hablando todos desde el exilio, cinco han estado detenidos en campos de reeducación y 38 tienen familiares en ellos. Dicho informe recoge «detenciones arbitrarias masivas, torturas e invasivos controles sobre la vida diaria» de los 13 millones de uigures que habitan en Xinjiang, que hablan una lengua emparentada con el turco y suspiran por la independencia para formar el Turkestán Oriental. Dicha represión también la sufren otras minorías fronterizas, como los kazajos, pero no los 12 millones de «han», la etnia mayoritaria en China, que suman el resto de la población. Con tres veces la superficie de España, Xinjiang es una zona estratégica para el régimen por su petróleo, gas y fronteras en Asia Central. Para acabar con los atentados y revueltas que han sacudido durante los últimos años esta región, el régimen lanzó en 2014 una campaña que se ha endurecido desde que Chen Quanguo, secretario provincial del Partido Comunista, fue trasladado desde el Tíbet en 2016. Bajo su cargo, se ha construido una red de campos de reeducación donde se calcula que podría haber confinados un millón de uigures, la inmensa mayoría sin haber sido condenados por ningún delito. Por el mero hecho de acudir con frecuencia a la mezquita, leer el Corán o rezar en público, llevar una barba larga o tener familiares en 26 «países musulmanes peligrosos», los uigures son encerrados durante meses y sometidos a un alienante lavado de cerebro. En clases colectivas, deben cantar alabanzas al Partido Comunista, aprender mandarín y renegar no solo de la violencia yihadista, sino también de algunos principios y costumbres del islam. «Pedí un abogado y me dijeron que no me hacía falta, porque no estaba preso, sino en un campo de educación política donde lo único que tenía que hacer era estudiar», relata en el informe de HRW un uigur que se pasó varios meses detenido. Otros denuncian torturas y malos tratos generalizados, que se suman al dolor por estar apartados de sus familias sin haber sido condenados por nada. Marcados con códifos QR Incluso fuera de los campos, el control es tan asfixiante que viola la más estricta intimidad de los uigures. Además de ser estrechamente vigilados y de no poder conseguir un pasaporte, la Policía ha colocado en sus casas códigos QR con todos los datos de la familia que mora en ella. Para asegurarse de que son «buenos ciudadanos», comisarios del Partido Comunista incluso pasan algunos días en sus domicilios y los animan a denunciar a sus vecinos. «Desde principios de 2017, los funcionarios locales venían dos veces por semana a mi casa y algunos hasta se quedaban por la noche. Oficialmente llamados ?nuevos parientes?, nos leían propaganda y nos hacían muchas preguntas y fotos», detalla en el informe otra exiliada de 52 años cuyo hijo está en un campo de reeducación. Con el despotismo de siempre y la tecnología del siglo XXI, el «Gran Hermano» chino vigila en Xinjiang. La ONU pide transparencia y EE.UU., sanciones Con un millón de uigures confinados en campos de reeducación, la represión del régimen chino está siendo tan masiva e indiscriminada en Xinjiang que ha alertado a la ONU. Reunido a mediados del mes pasado en Ginebra, su Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial definió la región como una «zona sin derechos» y exigió información a los diplomáticos de Pekín. Negando las evidencias, como las torretas de vigilancia y las alambradas que rodean dichos campos, la delegación china aseguró que eran «centros educativos de formación profesional». A pesar de las dificultades que tienen los periodistas extranjeros para llegar a dichos campos, de donde son expulsados rápidamente por la Policía o matones locales, están aflorando más denuncias sobre esta creciente represión que contradicen a la propaganda oficial. Hasta tal punto que un comité del Congreso de Estados Unidos ha planteado una moción para imponer sanciones a siete cargos chinos, entre ellos el secretario del Partido Comunista en Xinjiang, Chen Quanguo, por esta flagrante violación de los derechos humanos.
24-07-2018 | Fuente: abc.es
Dos tercios de los migrantes muertos en 2018 en el mundo se ahogaron en el Mediterráneo
Desde enero de 2014, han muerto y desaparecido 28.052 personas mientras intentaban alcanzar otros países a través de las principales rutas migratorias del mundo. Según los datos de Missing Migrants Project (Proyecto de Migrantes Desaparecidos) de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), los años 2015 y 2016 fueron los más trágicos. Aunque desde 2017 se ha producido un significativo descenso del flujo migratorio en la ruta del Mediterráneo, esta continúa siendo la ruta donde se producen más muertes y desapariciones. La ruta del Mediterráneo además de ser la más transcurrida, es la que presenta unas cifras más elevadas de muertes en comparación con las del resto del mundo. A través de ella discurren diferentes travesías que cruzan la zona central del Mediterráneo (Italia), la parte oriental (Grecia y Chipre) y la occidental (España). Únicamente teniendo en cuenta el registro de llegadas de migrantes referentes a estos cuatro países, se puede afirmar que el Mediterráneo es la ruta que presenta un mayor flujo migratorio. La ruta que realizaron estas personas corresponde a la del Mediterráneo Central. Tiene su origen en el Cuerno de África, Túnez o Libia, y los destinos principales son las costas de Sicilia, la isla de Lampedusa o Malta. De las tres travesías del Mediterráneo esta es donde un mayor número de migrantes perdieron la vida, según datos de Missing Migrants Project. Desde 2014 hasta el 19 de julio de 2018 se tiene constancia de 14.630 muertes, de las cuales 4.581 corresponden a 2016. Con unas cifras menores se encuentra la ruta del Mediterráneo Oriental, donde en el mismo periodo de tiempo murieron 1.477 personas, siendo 2015 el año más mortífero. Los migrantes que viajan por esta travesía, entre Turquía y Grecia, suelen ser refugiados que huyen de la guerra de Siria. El Estrecho de Gibraltar es un enclave principal en la ruta del Mediterráneo Occidental. Los migrantes que hacen esta travesía marítima llegan hasta diferentes puntos de la costa española, pero también de la costa francesa. En España la migración desde esta travesía no ha dejado de crecer desde 2015, y está siendo especialmente concurrida en lo que llevamos de año. A pesar de que estas tres travesías que se desarrollan en el Mediterráneo hacen que sea la ruta más concurrida, no es la única que existe de gran volumen. A lo largo de diferentes grupos geográficos del mundo hay otras peligrosas rutas migratorias donde también se producen trágicos incidentes. África y Oriente Medio El continente africano tiene tres principales puntos de origen desde los cuales comienzan las rutas migratorias. Los migrantes que salen de África del Norte realizan la ruta del Mediterráneo. En su mayoría provienen de Libia, pero también inician la travesía desde Marruecos, Túnez o Argelia. Dentro de la trágica situación y la alta mortalidad, los datos referentes a este concepto son menores que los registrados en la frontera de México con Estados Unidos. Desde África Subsahariana confluyen distintos flujos migratorios, uno dirigido hacia el norte del continente y otro hacia el sur. Una de las travesías dirigidas al norte es la que cruza el desierto del Sáhara para llegar hasta Argelia y alcanzar la costa. Los migrantes que se dirigen hacia la parte oriental del sur de África cruzan República Democrática del Congo, país en el que se registraron el mayor número de muertes de los meses de 2018. Según los datos de Missing Migrants Project, en este país se produjeron 47 de las 102 muertes de este último año. Todos ellos murieron ahogados en el río Ubangui, uno de los principales afluentes del río Congo. Mozambique, Zambia y las costas de Madagascar fueron países en los que muchos de ellos perdieron la vida. Otra de las rutas migratorias es la que da comienzo en el Cuerno de África y tiene como destino Italia y Malta. Uganda, Somalia, Etiopía, Kenia o Yibuti son algunos de los países de procedencia de los migrantes que se dirigen a la Península Arábiga atravesando el Mar Rojo o el Golfo de Adén. A través de la ruta migratoria de Oriente Medio, desde 2014 a 2018 murieron 482 personas mientras realizaban la travesía desde países como Siria, Irán o Irak. Los migrantes de se dirigen hacia Turquía para cruzarla y llegar al sureste de Europa. La mayoría perdieron la vida en accidentes de vehículo y alcanzados por disparos. América También en el transcurso de 2014 a 2018 se sucedieron movimientos migratorios en América del Sur, Caribe y América Central, en donde, por orden de mención, se produjo un menor flujo migratorio pero un porcentaje de mortalidad mayor. Según la Organización Internacional para las Migraciones, la mayoría de los migrantes de América del Sur son procedentes de los países andinos y se dirigen a Brasil, Chile o Argentina. En otros casos, su destino es Estados Unidos, Canadá, Italia o España. La ruta que atraviesa el Caribe tiene mayor afluencia migratoria con respecto a la anterior. Missing Migrants Project estima que fueron 636 las personas que viajaron a través de ella en los últimos cuatro años, mientras que 251 murieron en el mismo período de tiempo. Algunos de los migrantes se dirigen hacia América Central mientras que otros van desde Haití a Dajabón, en República Dominicana. América Central es la ruta más concurrida comparada con las dos anteriores. En torno a unas 1.374 personas realizaron la travesía. De ellas 189 murieron, según cifras de Missing Migrants Project para los últimos cuatro años y los pasados meses de 2018. Frontera de México con Estados Unidos La ruta de la frontera de México con Estados Unidos es una de las más mortíferas en relación al flujo migratorio registrado. Desde 2014 hasta 2018, la cifra de muertes y desapariciones estimada por la Organización Internacional para las Migraciones, es de 1.619 de los 1.827 hombres, mujeres y niños que viajaron a través de ella. Entre las causas de muerte de las que se tiene constancia, la más numerosa fue por ahogamiento, al igual que en el Mediterráneo. Asia En la región de Asia las migraciones se suceden año tras año. Según Missing Migrants Project desde el 6 de enero de 2014 hasta el 16 de julio de 2018, en el Sur de Asia, Asia Central, Sudeste y Este del continente también se han producido desplazamientos migratorios. La ruta del Sudeste asiático presenta un flujo migratorio más elevado en comparación con las del resto del continente, un total de 2.900 personas fueron las que decidieron desplazarse, de las cuales murieron 705 en estos cuatro últimos años. Una de las rutas se inicia en Bangladesh, Myanmar, Sri Lanka o Bangkok, y desemboca en Yakarta o Malasia, lugar desde donde continúan la travesía marítima hasta Canadá. A través del Mar Arábigo se desarrolla otra cuyo destino es Europa, comienza en Medan o Sumatra y el primer destino es la Península Arábiga.
02-07-2018 | Fuente: abc.es
Y allá a su frente Estambul
La dramática cumbre de jefes de Estado y de gobierno de la UE celebrada el pasado jueves y viernes discurrió con drama y nocturnidad, alta y baja política, y un gran protagonista ausente: Turquía. Nada más acabar el Consejo Europeo, Bruselas anunció el desbloqueo del segundo paquete millonario de ayudas al vecino oriental por valor de 3.000 millones de euros, destinados a la financiación del programa de atención a refugiados sirios por las autoridades de Ankara. El gobierno italiano, cuya facción xenófoba chantajea vilmente a sus socios comunitarios con la política migratoria, mantenía el veto a este segundo tramo del acuerdo alcanzado entre la UE y Turquía en marzo de 2016: 6.000 millones en ayudas a cambio de la repatriación «exprés» a suelo turco de inmigrantes y refugiados sirios llegados a Grecia. El pacto, criticado por los organismos de derechos humanos, ha resultado en la práctica en unos pocos miles de pasajes en avión hacia Turquía. Pero se considera también que, más allá de estas devoluciones, ha jugado un papel clave en la reducción sustancial de llegadas de migrantes y refugiados por la frontera Este de la Unión. En 2015 llegaron por el Mediterráneo un millón de personas, frente a 172.000 en 2017. Por tanto, pase lo que pase con los acuerdos de solidaridad con Alemania firmados por una docena de países y con la construcción de «centros controlados» en países de tránsito -las dos decisiones principales del Consejo Europeo en esta materia-, Turquía seguirá siendo una pieza clave en la gestión física, política? y psicológica de las fronteras de la UE. Hablamos de un país de 80 millones de habitantes, dos veces más extenso que Alemania, decimoctava potencia económica del mundo y la sexta economía de Europa, empatada con Holanda. Tiene al frente a un islamista autoritario y ultranacionalista, Recep Tayyip Erdogan, que ha ganado todas las elecciones en el país desde 2002 y que hace una semana obtuvo un nuevo mandato presidencial hasta 2023. El líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) rozará entonces los 70 años, y el país celebrará el centenario de la llegada al poder del padre de la Turquía moderna, Mustafá Kemal Ataturk. El programa electoral del AKP incluía, de hecho, un anexo de 35 páginas con el listado de las construcciones de hospitales, puertos, carreteras y túneles con el que Erdogan quieren conmemorar la efeméride, incluido un nuevo aeropuerto internacional y un canal en el Bósforo. Un programa de populismo económico de un autócrata megalómano del que debemos tener en cuenta al menos tres cosas. En lo ideológico, el AKP ha acudido a la cita electoral coaligado con el MHP, un partido ultranacionalista rayando en la extrema derecha cuyos matones tienen por costumbre apalear a izquierdistas, profesores y activistas. En lo económico, su keynesianismo populista tiene pies de barro. El PIB turco creció un 7,4% el año pasado y el déficit fiscal se sitúa en un saludable 2,4% del PIB. Pero la inflación cabalga a doble dígito y la lira se ha depreciado un 74% con respecto al dólar en la última década. «La lira seguirá siendo la principal oposición a Erdogan, impondrá algo de disciplina», explicaba recientemente al Financial Times Alvaro Ortiz Vidal-Abarca, economista jefe para Turquía del BBVA. En tercer lugar, debemos considerar su política exterior. Bajo Erdogan, Turquía -miembro de la OTAN- se ha distanciado de Occidente. En 2003 negó el paso al ejército de EE.UU. para abrir un segundo frente por el norte durante la invasión de Irak. El coqueteo con la adhesión a la Unión Europea -un objetivo rechazado por Francia y Alemania y promovido cínicamente por Reino Unido para diluir el núcleo federalista europeo- ha dado paso a la desconfianza. Turquía no quiere ser un mero puente entre Occidente y el Islam. Se reivindican, al contrario, como el centro de un nuevo espacio post-otomano que le sitúa como actor clave en Oriente Medio, los Balcanes, el Cáucaso, el Caspio, Asia Central, el Mediterráneo, el Golfo Pérsico y el Mar Negro. Una visión que le ha llevado a reforzar lazos con Rusia y con Arabia Saudí en el nombre de la doctrina de «profundidad estratégica» que apadrinó Ahmed Davutoglu, el «gurú» diplomático de Erdogan. De los seis ingredientes que el gran historiador de la región, William Cleveland, atribuye al kemalismo, Erdogan toma del héroe de Gallipoli el reformismo, el nacionalismo, el populismo, el estatismo y el republicanismo turco. El sexto, el laicismo, marca la diferencia. Ataturk prohibió el uso público del velo, desmanteló las órdenes místicas sufíes y difundió una traducción al turco del Coran. Y pasaba las horas rodeado de alcohol y mujeres en su suite del Pera Palace de Estambul, como contaba magistralmente Manu Leguineche en su libro Hotel Nirvana. Erdogan aspira, en cambio, a reislamizar la vida pública turca. Y, para ello, está dando el poder a la pequeño-burguesía piadosa y emprendedora de la Anatolia central, en detrimento de las élites occidentalizadas de Estambul y los militares kemalistas. Ojo a Turquía.