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Noticias de asia central

30-08-2021 | Fuente: abc.es
Las etnias de Afganistán
Afganistán es un país único y diverso. Se encuentra entre el subcontinente indio, Asia Central y Oriente Próximo, pero no pertenece a ninguna de estas tres regiones de forma clara. Esto ha propiciado que en su territorio se entremezclen diferentes etnias y culturas, con distintas interpretaciones de la fe islámica. Así, en este país cohabitan pueblos procedentes de Irán y Turquía, además de pequeñas comunidades de origen árabe, mongol e indoeuropeo. Cabe destacar que hasta el año 1979, cuando se instaura la República Democrática de Afganistán, no comienzan a recopilarse datos censales. Esto, sumado a los diferentes conflictos que han tenido lugar en el país a lo largo de la historia, ha dificultado la realización de estadísticas sobre la población y conocer de forma precisa la composición demográfica afgana. Por este motivo, los datos que se manejan actualmente a la hora de elaborar el mapa étnico de Afganistán se basan en estimaciones y en los datos recabados en la década de los 70. Actualmente el grupo más numerosos es el de los pastunes, conocidos como pathans en Pakistán, donde son al menos 12 millones. Conforman en torno al 38 % de la población afgana y, por ello, muchos se refieren a ellos como, simplemente, 'afganos'. Están repartidos por el este y sur del país principalmente y fueron el origen del Estado afgano en el siglo XVIII. Los tayikos representan el 25 % de la población de Afganistán y son de origen Persa (de hecho hablan un dialecto persa). Se agrupan alrededor de la ciudad de Herat, al oeste del país, y en las montañas del noreste, próximos a Tayikistán, donde tienen su propio Estado nacional fuera de las fronteras afganas. Algo parecido ocurre con los uzbekos, que tienen su Estado nacional en Uzbekistán, o los turcomanos, en Turkmenistán. Los baluchis y los baouis son dos etnias que se han mezclado a través de la historia. El principal foco de estos pueblos se encuentra en el sur de Kandahar, a lo largo de la frontera con el Beluchistán paquistaní. Por otro lado, los nuristanis, llamados 'kafir' (infieles) hasta su conversión frozada al islam en el siglo XIX, viven en las montañas del noreste de Kabul. Otra de las etnias mayoritarias en Afganistán son los hazaras, pues representan en torno al 15 % de la población del país. Residen en la región central, a la que se refieren como Hazarajat, y al noreste de Pakistán. Son los principales enemigos de los pastunes, ya que profesan la fe islámica de la rama chií, juzgado como herejía por los suníes. Sus diferentes intentos por obtener una autonomía, en cooperación con la resistencia del norte, han sido reprimidos violentamente por los talibán. El islam suní y el islam chií El islam es la segunda religión con más fieles del mundo solo superada por el cristianismo. En el año 2010, según los datos recabados por el Pew Research Center en el proyecto 'Global Religious Futures', había en el mundo unos 1.600 millones de musulmanes. Es decir, un 23 % de todas las personas del globo profesaba la fe islámica. En 2020, se estima que este porcentaje ascendió al 24,9 %. Una de cada cuatro personas es musulmana a día de hoy.Afganistán es un país único y diverso. Se encuentra entre el subcontinente indio, Asia Central y Oriente Próximo, pero no pertenece a ninguna de estas tres regiones de forma clara. Esto ha propiciado que en su territorio se entremezclen diferentes etnias y culturas, con distintas interpretaciones de la fe islámica. Así, en este país cohabitan pueblos procedentes de Irán y Turquía, además de pequeñas comunidades de origen árabe, mongol e indoeuropeo. Sin embargo, el islan no es único, sino que está dividido en dos principales facciones desde la muerte del profesa Mahoma: los suníes y los chiíes. Cuando en el año 632 murió el profeta, entre sus seguidores surgieron discrepancias sobre quién debía ser su sucesor. Los fieles se dividían en tres corrientes: - Chiíes: Los chiíes pedían que el sucesor de Mahora fuera su yerno y primo, Alí, quein, según ellos, había sido designado como sucesor por el propio profeta. - Suníes: Los suníes querían como sucesor de Mahora a su suegro, Abu-Bakr, mercader de La Meca y miembro de la tribu Quaraish. - Jariyíes: Los jariyíes, una rama minoritaria en la actualidad, pensaban que cualquier musulmán podía ser califa y, aunque en un principio apoyaron a Alí, finalmente se escindieron y comenzaron a pelear por sus creencias. Finalmente el sucesor de Mahoma fue Abu-Bakr, su suegro, quien se convirtió en el primer Califa y expandió el imperio del islam. Además, realizó la primera compilación del Corán, que hasta entonces se recitaba de forma oral. A Abu-Bakr le siguieron Umar y Otman y finalmente, Alí, el primo de Mahoma y el verdadero sucesor para los chiíes. Tras la muerte de Alí en la batalla de Siffin, los chiíes fueron perseguidos y los suníes comenzaron a ser cada vez más poderosos. Para la rama chií, los imanes son descendientes e hijos de Alí y jefes supremos de su comunidad. La mayoría de los musulmanes chiíes todavía espera la llegada del último imán, Ismael. Según sus creencias, Ismael despareció en el siglo XIX, pero que este volverá cuando comience el fin del mundo, cuando regresará para rescatar a sus fieles del infierno. En Afganistán, hay una mayoría suní. De hecho, los talibanes, los fundamentalistas religiosos que tomaron el poder el pasado 15 de agosto tras la huida del presidente afgano, proceden de los pastunes, suníes. Algunos tayikos son también chiíes pero la mayoría chií es hazara, uno de los pueblos más reprimidos de Afganistán.
30-08-2021 | Fuente: abc.es
El mapa de las etnias de Afganistán
Afganistán es un país único y diverso. Se encuentra entre el subcontinente indio, Asia Central y Oriente Próximo, pero no pertenece a ninguna de estas tres regiones de forma clara. Esto ha propiciado que en su territorio se entremezclen diferentes etnias y culturas, con distintas interpretaciones de la fe islámica. Así, en este país cohabitan pueblos procedentes de Irán y Turquía, además de pequeñas comunidades de origen árabe, mongol e indoeuropeo. Cabe destacar que hasta el año 1979, cuando se instaura la República Democrática de Afganistán, no comienzan a recopilarse datos censales. Esto, sumado a los diferentes conflictos que han tenido lugar en el país a lo largo de la historia, ha dificultado la realización de estadísticas sobre la población y conocer de forma precisa la composición demográfica afgana. Por este motivo, los datos que se manejan actualmente a la hora de elaborar el mapa étnico de Afganistán se basan en estimaciones y en los datos recabados en la década de los 70. Actualmente el grupo más numerosos es el de los pastunes, conocidos como pathans en Pakistán, donde son al menos 12 millones. Conforman en torno al 38 % de la población afgana y, por ello, muchos se refieren a ellos como, simplemente, 'afganos'. Están repartidos por el este y sur del país principalmente y fueron el origen del Estado afgano en el siglo XVIII. Los tayikos representan el 25 % de la población de Afganistán y son de origen Persa (de hecho hablan un dialecto persa). Se agrupan alrededor de la ciudad de Herat, al oeste del país, y en las montañas del noreste, próximos a Tayikistán, donde tienen su propio Estado nacional fuera de las fronteras afganas. Algo parecido ocurre con los uzbekos, que tienen su Estado nacional en Uzbekistán, o los turcomanos, en Turkmenistán. Los baluchis y los baouis son dos etnias que se han mezclado a través de la historia. El principal foco de estos pueblos se encuentra en el sur de Kandahar, a lo largo de la frontera con el Beluchistán paquistaní. Por otro lado, los nuristanis, llamados 'kafir' (infieles) hasta su conversión frozada al islam en el siglo XIX, viven en las montañas del noreste de Kabul. Otra de las etnias mayoritarias en Afganistán son los hazaras, pues representan en torno al 15 % de la población del país. Residen en la región central, a la que se refieren como Hazarajat, y al noreste de Pakistán. Son los principales enemigos de los pastunes, ya que profesan la fe islámica de la rama chií, juzgado como herejía por los suníes. Sus diferentes intentos por obtener una autonomía, en cooperación con la resistencia del norte, han sido reprimidos violentamente por los talibán. El islam suní y el islam chií El islam es la segunda religión con más fieles del mundo solo superada por el cristianismo. En el año 2010, según los datos recabados por el Pew Research Center en el proyecto 'Global Religious Futures', había en el mundo unos 1.600 millones de musulmanes. Es decir, un 23 % de todas las personas del globo profesaba la fe islámica. En 2020, se estima que este porcentaje ascendió al 24,9 %. Una de cada cuatro personas es musulmana a día de hoy.Afganistán es un país único y diverso. Se encuentra entre el subcontinente indio, Asia Central y Oriente Próximo, pero no pertenece a ninguna de estas tres regiones de forma clara. Esto ha propiciado que en su territorio se entremezclen diferentes etnias y culturas, con distintas interpretaciones de la fe islámica. Así, en este país cohabitan pueblos procedentes de Irán y Turquía, además de pequeñas comunidades de origen árabe, mongol e indoeuropeo. Sin embargo, el islan no es único, sino que está dividido en dos principales facciones desde la muerte del profesa Mahoma: los suníes y los chiíes. Cuando en el año 632 murió el profeta, entre sus seguidores surgieron discrepancias sobre quién debía ser su sucesor. Los fieles se dividían en tres corrientes: - Chiíes: Los chiíes pedían que el sucesor de Mahora fuera su yerno y primo, Alí, quein, según ellos, había sido designado como sucesor por el propio profeta. - Suníes: Los suníes querían como sucesor de Mahora a su suegro, Abu-Bakr, mercader de La Meca y miembro de la tribu Quaraish. - Jariyíes: Los jariyíes, una rama minoritaria en la actualidad, pensaban que cualquier musulmán podía ser califa y, aunque en un principio apoyaron a Alí, finalmente se escindieron y comenzaron a pelear por sus creencias. Finalmente el sucesor de Mahoma fue Abu-Bakr, su suegro, quien se convirtió en el primer Califa y expandió el imperio del islam. Además, realizó la primera compilación del Corán, que hasta entonces se recitaba de forma oral. A Abu-Bakr le siguieron Umar y Otman y finalmente, Alí, el primo de Mahoma y el verdadero sucesor para los chiíes. Tras la muerte de Alí en la batalla de Siffin, los chiíes fueron perseguidos y los suníes comenzaron a ser cada vez más poderosos. Para la rama chií, los imanes son descendientes e hijos de Alí y jefes supremos de su comunidad. La mayoría de los musulmanes chiíes todavía espera la llegada del último imán, Ismael. Según sus creencias, Ismael despareció en el siglo XIX, pero que este volverá cuando comience el fin del mundo, cuando regresará para rescatar a sus fieles del infierno. En Afganistán, hay una mayoría suní. De hecho, los talibanes, los fundamentalistas religiosos que tomaron el poder el pasado 15 de agosto tras la huida del presidente afgano, proceden de los pastunes, suníes. Algunos tayikos son también chiíes pero la mayoría chií es hazara, uno de los pueblos más reprimidos de Afganistán.
29-08-2021 | Fuente: abc.es
La Comisión Europea pide a los gobiernos que actúen antes de que lleguen los refugiados
La Comisión Europea parece haber aprendido bien las lecciones del pasado. La presidenta Úrsula von der Leyen está decidida a evitar a toda costa que se repita lo que sucedió en la crisis de los refugiados sirios que empezó en 2015 y que provocó una fractura gravísima entre varios países y las instituciones comunitarias, cuando sus gobiernos se negaron a acoger la cuota de demandantes de asilo que les pedía la Comisión, presidida entonces por el luxemburgués Jean-Claude Juncker. El miedo a que una nueva llegada masiva de extranjeros pudiera a su vez espolear a los partidos populistas de corte euroescéptico o a los gobiernos que estos ya controlan constituye la mayor pesadilla para Bruselas, especialmente si se piensa que este mes de septiembre son las elecciones generales en Alemania, el país más importante de la UE, y que el tema podría entrar en la recta final de la campaña. Von der Leyen ha empezado lanzando un mensaje muy claro en este sentido: «Afganistán no es un problema unicamente europeo, sino que afecta a todo el mundo», dijo el martes pasado al término de la reunión virtual del G-7. «Los países miembros son los encargados de decidir qué harán con aquellos que han traído a sus territorios respectivos con visas humanitarias» y mientras tanto ya existe una unidad que está a punto de coordinar una fórmula de reubicación voluntaria de esas personas», dijo Von der Leyen, para que los gobiernos no adopten tampoco políticas tan divergentes que generen reacciones conflictivas por parte de los vecinos. Sin cuotas Es decir que la presidenta descarta completamente la idea que se utilizó en la anterior crisis de establecer cuotas obligatorias, incluso aunque fueran, como se acabó aceptando entonces, intercambiables con aportaciones económicas destinadas a aquellos que sí acepten acogerlos. Hay países como Austria que ya ha descartado formalmente aceptar a afganos y el canciller Sebastian Kurz ha declarado que su país «ya ha hecho una contribución desproporcionada» en apoyo a Afganistán, pero hay otros que están sintiendo presión social para que los acojan. Ylva Johansson, comisaria europea de Interior, declaró esta semana que en la UE «hemos aprendido la lección de 2015 para que no nos encontremos frente a una nueva crisis migratoria», y subrayó que los estados miembros no deben tomar medidas unilaterales por su cuenta y, en cambio, actuar como un bloque unido antes de que el problema llegue a Europa. «No deberíamos esperar hasta que tengamos refugiados afganos en nuestras fronteras. Tenemos que intervenir mucho antes. Y eso también, por supuesto, incluye invertir más dinero». En efecto, la gran diferencia con el problema que se creó en la UE con la llegada de los sirios es que ahora los afganos no han llegado (todavía) a las fronteras europeas, como sí sucedió en 2015 cuando las islas griegas se llenaron con millones de personas que huían de la guerra y que unicamente tuvieron que atravesar una franja de Turquía para llegar a las puertas de Europa. La segunda es que los europeos no descartan negociar con los talibanes, cosa que rehusaron hacer con el dictador sirio Bashar al Assad. Tanto Von der Leyen como el Alto Representante Josep Borrell han manifestado claramente que la idea no les repugna. Borrell lo ha llegado a justificar por el hecho de que «ellos han ganado la guerra». El factor turco Queda el factor turco, que fue el elemento que si por un lado permitió aliviar la presión migratoria sobre la UE por el otro convirtió al autócrata de Ankara, Recep Tayyip Erdogan, más que en un árbitro, en un jugador con la posibilidad de chantajear a la UE a base de amenazar con dejar pasar a los demandantes de asilo, incluyendo ya entonces junto a los sirios a una proporción relevante de afganos que tal vez temían que sucediera lo que finalmente ha acabado pasando. Las noticias de que Kazajistán, un país de Asia central próximo a la frontera afgana, ha desmontado los campos de refugiados que acababa de levantar para acoger a decenas de miles (se hablaba de 70.000 en un primer momento) de sus vecinos afganos se pueden interpretar también como una estrategia para esperar a que se lo pidan los europeos, de manera que puedan poner antes un precio, siquiera político, a las peticiones de ayuda que muy probablemente llegarán de la UE. En todo caso, la idea de Von der Leyen es aprovechar esta crisis para acabar de convencer a los países miembros de que deben trabajar para acordar la necesaria reforma de la reglamentación sobre asilo y migración, una piedra en la que han tropezado reiteradamente todos sus antecesores. «Estoy convencida de que ha llegado el momento de que los países se pongan por fin de acuerdo en la reforma de la legislación sobre migración y asilo».
25-08-2021 | Fuente: abc.es
Aleksánder Lukashenko, el dictador que convierte en arma a los inmigrantes
Alexánder Lukashenko, que cumplirá 67 años el lunes 30 de agosto y ejerció como profesor de historia e ingeniero agrónomo, es hoy día el dirigente europeo que más tiempo lleva en el poder. Como forma de chantaje y venganza por las sanciones, se dedica actualmente a azuzar a la Unión Europea (UE), propiciando la entrada desde Bielorrusia de inmigrantes ilegales procedentes de Oriente Próximo y Asia Central. Polonia y las tres repúblicas bálticas le acusan de perpetrar un «ataque híbrido» contra sus fronteras con un claro objetivo «desestabilizador». Lukashenko advirtió el lunes que «es absolutamente seguro que los afganos se sumarán a los flujos procedentes de países destruidos como Siria, Irak o Libia. En realidad ya lo han hecho y,.. Ver Más
23-08-2021 | Fuente: abc.es
La importancia geopolítica de Afganistán
El pasado domingo 15 de agosto, el presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, abandonaba el país junto a un reducido número de colaboradores, lo que propició la toma de Kabul por parte de los talibanes, cuyo avance en las últimas semanas había tomado un ritmo muy peligroso. Así, la bandera blanca del Emirato Islámico de Afganistán ya puede verse en lo alto del palacio presidencial. Miles de afganos tratan de escapar con las pocas pertenencias que pueden atesorar y es que, aunque no se haya derramado sangre durante la toma de la capital, se teme que los fundamentalistas islámicos vuelvan a imponer su ley, la ley islámica, la ' Sharía ', en su forma más redical, con todas las consecuencias que esta tiene para la vida de los ciudadanos y, especialmente, para la vida de las mujeres y las niñas. Los talibanes irrumpieron en el panorama informativo mundial el 11 de septiembre de 2001, cuando Al Qaeda, respaldada por este grupo de integristas religiosos, estrelló cuatro aviones Boeing de pasajeros en diferentes puntos deEstados Unidos. En ese momento, el gobierno estadounidense declaró la 'guerra al terrorismo' o la 'guerra contra el terror' y, de la mano de la OTAN, invadió Afganistán bajo el propósito 'Operación Libertad Duradera'. Los objetivos de esta operación eran capturar a Osama bin Laden, destruir al grupo terrorista Al-Qaeda y derrocar al régimen talibán. En menos de un mes Kabul había caído y los talibanes se retiraron a otras zonas de Afganistán. En veinte años, la presencia militar internacional en el país no logró expultar a los integristas, que siguieron mantieniendo el control de ciertas zonas. La retirada de Estados Unidos de Afganistán tras dos décadas ha propiciado la rápida vuelta de los talibanes. Los fundamentalistas tratan de dar al mundo una imagen más moderada e incluso se han mostrado en el afán de colaborar con la comunidad internacional para repatriar a los extranjeros que se encuentran actualmente en Afganistán. Sin embargo, la violencia ha comenzado y son ya varios los muertos en el aeropuerto de Kabul. La importancia de Afganistán en el tablero internacional Afganistán es un país pobre, pero su importancia estratégica es indudable. Está situado en el corazón de Asia, en el cruce de caminos entre Eurasia, Asia Central, China, India y Oriente Próximo. Además, está situado en la confluencia de varias potencias nucleares, como son China, Pakistán, India, Rusia e Irán. Por eso mismo, son varios los estados que parecen querer dar cierta legitimidad diplomática al régimen taliban que vuelve a liderar Kabul después de más de veinte años. Por otro lado, Afganistán cuenta con unos recursos minerales y naturales que hacen al país atractivo para ciertas potencias mundiales. De hecho, es uno de los centros mineros más importantes a nivel internacional. Se calcula que las reservas petroleras, la mayoría de ellas situadas en el norte, tienen un valor de 2,3 billones de euros. Las reservas de gas natural también son relevantes. Actualmente se trabaja en el proyecto TAPI, un gasoducto que pretende conectar Turkmensitán, Afganistán, Pakistán y la India para el transporte de gas. Afganistán cuenta además con recursos minerales como el cromo, el cobre, el oro, el hierro, el cinc, el plomo, el mármol y algunas piedas preciosas. Sin embargo, dos de sus recursos más valiosos son el cobalto y el litio, materiales muy utilizados en la industria tecnológica a día de hoy.
20-08-2021 | Fuente: abc.es
Ofensiva diplomática europea para evitar la desintegración del Estado afgano
Los países de la OTAN confirmaron este viernes su intención de intensificar en lo posible las misiones de rescate desde el aeropuerto de Kabul, mientras esperan ganar tiempo para establecer vías de comunicación con los talibanes que permitan fijarse objetivos más a largo plazo. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, tras la reunión que mantuvo con los ministros de Exteriores de la Alianza, reconoció que EE.UU. mantiene como fecha de final de operaciones el 31 de agosto y que «solo en ese momento» determinará quién queda por ser evacuado y a quién más deben imprescindiblemente rescatar sus tropas. Hay otros países, sin embargo dispuestos desde ya mismo a prolongar los puentes aéreos durante más tiempo. «Mientras continúen las operaciones de evacuación, mantendremos nuestra estrecha cooperación operacional a través de los medios militares aliados en el aeropuerto internacional Hamdi Karzai», prometió a las decenas de miles de personas que todavía tienen la esperanza de llegar a subir en los aviones de rescate. «Nuestro objetivo es sacar a nuestro personal, a la gente que ha trabajado para la OTAN, los aliados y los países socios, pero también a los afganos en peligro, y estamos trabajando muy duro para ayudar a la población afgana. Hemos conseguido ya sacar a bastantes y seguiremos trabajando para sacar a más», insistió. Y mientras se prolongan las evacuaciones, los servicios de diplomacia internacionales buscan la manera de entablar una relación de influencia con los talibanes sin reconocer su legitimidad en el gobierno de Afganistán. La más pragmática en este sentido es la canciller alemana Angela Merkel, que hoy admitió que «ahora será necesario dialogar con los talibanes (?) e intentar salvar las vidas de aquellos que están amenazados, para que puedan abandonar el país». Merkel se mostró «molesta» con el cambio de poder en el país centroasiático y lamentó que «los talibanes hayan recibido más apoyo exterior del que nos hubiera gustado», pero en aras del pragmatismo subrayó que la prioridad absoluta es ayudar ahora a quienes cooperaron con Alemania durante los veinte años que duró la misión en Afganistán, «darles refugio en Alemania y sacar de allí a cuantas personas se pueda en los próximos días». Su siguiente objetivo, tan urgente como importante, es la lucha contra el terrorismo. Recordó que desde el 11-S «la situación con el terrorismo en Afganistán ha empeorado desde entonces y la comunidad internacional debe seguir combatiendo el renacimiento de ese terrorismo en Afganistán». Merkel hacía estas apreciaciones en el palacio del Kremlim, donde por última vez visitaba oficialmente al presidente ruso, Vladimir Putin, antes de las elecciones alemanas del 26 de septiembre a las que ya no se presenta. Afganistán se hizo con el protagonismo absoluto en la agenda de este último viaje y Merkel hizo lo posible por involucrar a Putin en el esfuerzo diplomático internacional, a sabiendas de que Rusia conserva influyentes contactos con ellos. La respuesta de Putin a sus ruegos fue tibia. El presidente ruso llamó a prevenir la desintegración del Estado afgano tras la toma de poder de los talibanes y alertó contra cualquier injerencia exterior en el país. «El movimiento talibán controla a día de hoy prácticamente todo el territorio del país, incluida la capital», dijo, «esta es la realidad y debemos partir de ella sin permitir, sin lugar a dudas, la desintegración del Estado afgano». Putin hizo una encendida crítica de la imposición de valores democráticos a terceros países por parte de Occidente, una política que tachó de «irresponsable» porque ignora las tradiciones y los deseos de esos pueblos. «Ya vimos lo que pasó con la Primavera Árabe y ahora con Afganistán», repitió, «todos nuestros socios deben convertir esto en una regla universal, tratar con respeto a los gobiernos y armarse de paciencia, tanto si les gusta como si no». En opinión de Putin, Occidente no tiene ahora otra opción que «darle a los pueblos el derecho a decidir por sí mismos su propio destino, independientemente de cuánto tiempo les lleve recorrer la senda de la democratización», en lugar de «imponer experimentos» que «nunca tuvieron éxito». En otros tiempos, nadie mejor que Merkel para obtener al menos algún gesto de Putin, de entre los líderes europeos. Pero con la eterna canciller ya de salida del gobierno, la UE envió esta vez sucesivas misiones para tratar de sensibilizar a Putin, que recayeron en el francés Emmanuel Macron y en el italiano Mario Draghi, que goza de reputación entre los socios europeos por su paso por el BCE y que igualmente mantuvo una conversación telefónica con el presidente ruso. Ambos insistieron en la magnitud de la crisis humanitaria que obliga a intentar rescatar a cuantos afganos sea posible. Macron y Draghi obtuvieron de Putin apenas una declaración de disposición a ayudar a establecer la paz y la estabilidad en Afganistán a través de la cooperación, incluyendo los esfuerzos realizados en el marco del Consejo de Seguridad de la ONU y en el G 20. Peligro terrorista Putin estuvo de acuerdo con los jefes de gobierno con los que ha mantenido conversaciones sobre Afganistán en que el principal peligro a que se enfrenta Occidente es la salida de terroristas de territorio afgano, camuflados como refugiados y cuyo objetivo sería llevar a cabo atentados que desestabilicen los países vecinos. Por eso asintió ante la «necesidad de aunar esfuerzos» por parte de la UE y de Rusia, para normalizar la situación en Afganistán y poner freno a movimientos migratorios fuera de control. Paliar la crisis humanitaria entra dentro de sus prioridades y a Rusia, concretó, le conviene restaurar la estabilidad en Asia Central.
16-08-2021 | Fuente: abc.es
Los talibanes vuelven a imponer su emirato en Afganistán
La bandera blanca del Emirato ondea en lo más alto del palacio presidencial de Kabul. Menos de 24 horas después de anunciar en un mensaje a la nación que había puesto en marcha «consultas» con líderes políticos y socios internacionales para encontrar «una solución política que aporte paz y estabilidad al pueblo afgano», Ashraf Ghani y su equipo más cercano de colaboradores abandonaron Afganistán . Tras la toma de todas las capitales provinciales del país sin apenas resistencia en apenas dos semanas, los talibanes cercaron la capital por la mañana y anunciaron que estaban dispuestos a negociar una «transición pacífica», pero a las pocas horas sus tropas entraron en la capital y el presidente voló a un lugar seguro en Asia Central.. Ver Más
10-08-2021 | Fuente: as.com
Tan grande como Messi: la historia de Abdu Rozik
El tayiko es el influencer más importante de Asia Central desde su enfrentamiento otro fenómeno viral como Habsullah, de Dagestan.
25-02-2021 | Fuente: abc.es
Irritación en el entorno de Navalni por la decisión de Amnistía Internacional
La decisión de la ONG Amnistía Internacional (AI) de retirar al principal opositor ruso, Alexéi Navalni, condenado a dos años y medio de prisión, la condición de «preso de conciencia» ha causado en el entorno del político represaliado y en la oposición rusa en general un sentimiento de sorpresa e irritación. Navalni se pronunció hace unos 15 años en contra de la llegada de inmigrantes a Rusia procedentes de Asia Central y el Cáucaso y AI ha considerado que tales mensajes están impregnados de «odio». El responsable de la red de sedes regionales de Navalni, Leonid Vólkov, exiliado en Alemania y reclamado por la Justicia rusa por llamar la menores de edad a participar en acciones de protesta, ha escrito en Twitter que «si una organización cuya razón de ser es ayudar a presos políticos (..) hace cosas que perjudican a esos presos políticos, entonces esa organización está muerta». También en Twitter, Kira Yarmish, la portavoz de Navalni, actualmente en arresto domiciliario, ha calificado de «vergonzoso» que Amnistía Internacional prive al líder opositor ruso del estatus de «preso de conciencia», «por unas declaraciones hechas a mediados de la década de los 2000, haciendo caso a las peticiones de los propagandistas del poder ruso». En términos parecidos se ha expresado Iván Zhdánov, director del Fondo de Lucha contra la Corrupción creado por Navalni (FBK), que emplea también el término «vergüenza». En señal de protesta, el abogado del FBK, Alexánder Golovach, también en prisión, ha renunciado a su condición de «preso de conciencia», que Amnistía Internacional le concedió en 2018. Oleg Stepánov, jefe de la organización en Moscú de la formación opositora, sostiene que la medida de AI en relación con Navalni después de los tuits del canal estatal ruso Russia Today (RT) «es un juego abierto del lado de la dictadura». Y es que en AI han reconocido que algunos medios de comunicación rusos estatales han lanzado una campaña de desprestigio contra Navalni. Organización de sesgo nacionalista La publicación digital rusa Mediazona señala directamente a RT como principal instigador de tal campaña. Amnistía Internacional recibió solicitudes de revisión del estatus de Navalni, una de ellas de Katia Kazbek, una colaboradora de RT en Nueva York, que llamó al disidente ruso «nacionalista y racista». Personas que conocieron a Navalni en tiempos pasados aseguran que fundó una organización de sesgo nacionalista y participó en las llamadas «marchas rusas», manifestaciones convocadas por grupos ultranacionalistas y de extrema derecha, algunas de ellos con ramificaciones en la cúpula del Kremlin en aquellos años, entre ellos Stanislav Surkov, antiguo asesor del presidente Vladímir Putin. Natalia Zviáguina, directora de la oficina de Amnistía Internacional en Rusia, considera que «un preso de conciencia no debe incitar el odio contra los inmigrantes». A su juicio, «un rechazo a aquellas declaraciones permitiría a AI reconsiderar su decisión». Zviáguina, sin embargo, no ha aclarado a qué palabras concretas de Navalni se refiere. Tras recuperarse del envenenamiento sufrido en Siberia el pasado verano, el dirigente opositor regresó de Alemania el pasado 17 de enero, día cuando AI le otorgó el estatus de «preso de conciencia». Fue detenido nada más pasar el control de pasaporte. Después fue condenado a dos años y medio de prisión por una causa que él considera «amañada y motivada políticamente» y su apelación contra tal sentencia fue rechazada el viernes de la semana pasada. Contra él hay en curso dos causas judiciales más y actualmente espera en la prisión moscovita de Matrósskaya Tishiná, de detención preventiva, que se decida en qué colonia penitenciaria deberá cumplir la pena.
04-01-2021 | Fuente: abc.es
Helga Schmid llega a la OSCE para construir un nuevo equilibrio con Rusia
Helga Schmid, experimentada y carismática diplomática alemana de 59 años, reunió a principios de diciembre suficiente consenso en torno a su nombre para ocupar el cargo de secretaria general de la OSCE, una organización que atraviesa una profunda crisis. «Si alguien puede hacer algo, esa es Helga», sugieren fuentes diplomáticas alemanas. Dada la situación geopolítica que la presidencia de Donald Trump ha impulsado desde EE.UU. en la última legislatura, el equilibrio de la OSCE ha cobrado prioridad en los objetivos de la UE y la receta es otra mujer alemana que ha trabajado una media de 16 horas al día durante las dos últimas décadas y media, un perfil similar al de Ursula von der Leyen. A partir de hoy, dirigirá la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, que reúne a 57 países, con el objetivo de ganar relevancia. Excepto en el este de Ucrania, donde la OSCE garantiza en gran medida que se mantenga un alto el fuego entre los separatistas y el gobierno de Kiev, y en la exitosa lucha contra el contrabando de armas en los Balcanes, la organización es apenas visible. Hasta ahora, la OSCE no ha desempeñado ningún papel en la mediación de crisis actuales como las de Bielorrusia o Nagorno-Karabaj en el sur del Cáucaso. Pero se trata de una plataforma internacional a la que la UE desea sacar mucho más partido. Los miembros son todos los países europeos, Turquía, los estados sucesores de la Unión Soviética, junto a Estados Unidos y Canadá. En ninguna otra mesa se sientan juntos actualmente los representantes de Europa, América, Rusia y Bielorrusia. En ningún otro foro coinciden los principales diplomáticos de Armenia y Azerbaiyán. Pero no sirve de nada si los miembros no se unen y prefieren bloquearse entre sí. Durante los últimos 15 años, los estados autoritarios bajo el liderazgo de Moscú han tratado de hacer cumplir en el seno de la organización su propia definición de democracia, seguridad internacional y violaciones de derechos humanos. Pero ni siquiera los estados occidentales están siempre de acuerdo en temas fundamentales como la lucha contra el terrorismo internacional. El principal objetivo de Schmid es convencer a Moscú de que actuar juntos es mejor y más barato a largo plazo que perpetuarse en el papel de alborotador internacional. Forjar coaliciones y ganar credibilidad, un proceso que solamente avanzará milímetro a milímetro. Figura de consenso Schmid, actualmente secretaria general del Servicio Europeo de Acción Exterior, ha cuajado como figura de consenso para poner fin a las disputas internas. Sustituirá a Thomas Greminger y será la primera mujer en ocupar este cargo. Junto a ella, ocupará otro puesto de responsabilidad vacante desde hace más de cuatro meses la portuguesa Teresa Ribeiro, que sustituirá como representante de Libertad de Prensa en la OSCE a Harlem Désir, cuya continuidad en un segundo mandato fue bloqueada por Azerbaiyán, una república autoritaria del Cáucaso, en respuesta a las críticas recibidas por la censura y arrestos de periodistas. La Oficina de la OSCE sobre Instituciones Democráticas y Derechos Humanos (ODIHR) será dirigida por el italiano Matteo Mecacci. Su antecesora, la exministra de Exteriores islandesa Ingibjörg Sólrún Gísladóttir, había sido vetada para seguir en el puesto por Tayikistán, después de que la ODIHR denunciara que en las elecciones de marzo en ese país se habían vulnerado derechos y libertades. El comisionado para las minorías nacionales será Kairat Abdrakhmanov, que en el pasado fue ministro de Exteriores de Kazajistán. Los cuatro cargos de dirección de la organización son tradicionalmente atribuidos a occidentales, a pesar de que, desde hace años, Rusia y Asia central denuncian falta de representación. Moscú había exigido que uno de los cargos directivos recayera en un representante de la Comunidad de Estados independientes (CEI), creada tras la desaparición de la Unión Soviética. Pero los occidentales se opusieron, reprochando a Rusia sus exigencias sin aceptar a cambio que se vuelvan a calcular los baremos de las contribuciones. En 2019, Estados Unidos financió la institución en un 11,5%, por encima del 9% que aportan Francia, Alemania, Italia y Reino Unido. Rusia solo aporta 6%, y algunas contribuciones, con las de Georgia o Armenia (0,5% cada uno) son simbólicas. Schmid ya jugó un papel clave, como secretaria general adjunta del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) en Bruselas, en la negociación del acuerdo nuclear con Irán para el llamado grupo de los seis (cinco poderes de veto de la ONU más Alemania), una labor por la que recibió la Cruz Federal del Mérito de primera clase y la Medalla Manfred-Wörner. A lo largo de su trayectoria, ha tejido una tupida red de contactos extendida por todo el mundo y sus colaboradores destacan su capacidad de rompehielos forjada a la sombra de destacadas personalidades políticas. El exministro alemán de Exteriores Joschka Fischer, de Los Verdes, la puso al frente de su oficina. Y después del traslado de Schmid a Bruselas a principios de 2006, el entonces jefe diplomático de la UE, Javier Solana, la envió durante años a numerosas misiones secretas, desde Bielorrusia al Líbano, de Israel a Kosovo. Ahora le ha sido encargado un nuevo equilibrio en la relación con Vladimir Putin, que desearía que la OSCE se concentrara únicamente en temas de seguridad, pero al que serán planteadas cuestiones sobre el Estado de derecho. Los europeos desean también acercarse a países de Asia central a través de la OSCE, por ser la única organización internacional en la que están a un nivel de igualdad con los rusos. Helga Schmid se formó en Literatura, Historia y Política en la Universidad de Múnich. También estudió Derecho Internacional y de la Unión Europea, Economía y Relaciones Internacionales en la Academia Diplomática de Viena. Desde 1988 ha sido adjunta del ministro de Asuntos Europeos, entre 1991 a 1994 oficial de prensa y asuntos públicos de la embajada alemana en Washington D. C., hasta 1998 Schmid trabajó como asesora política del ministro de Asuntos Exteriores Klaus Kinkel y desde 1998 a 2000 ocupó el mismo cargo con el ministro de Asuntos Exteriores verde Joschka Fischer. Entre 2000 y 2005, ocupó varios puestos ejecutivos en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín, entre ellos el de jefa de personal político y jefa de la Oficina Ministerial de 2003 a 2005, hasta que en 2006 pasó a ser directora del Servicio de Planificación de Políticas y Alerta Temprana del alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Javier Solana, en la Secretaría General del Consejo de la Unión Europea en Bruselas. Tras la creación del Servicio Europeo de Acción Exterior, Schmid se convirtió en secretaria general adjunta de asuntos políticos en 2010 y participó en las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán, como autora principal del tratado de cien páginas que se concluyó con éxito en 2015. En septiembre de 2016, relevó a Alain Le Roy como secretaria general del Servicio Europeo de Acción Exterior.