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Noticias de al qaeda

20-05-2022 | Fuente: abc.es
Un matrimonio italiano y su hijo, secuestrados en Malí por un grupo musulmán
Tres italianos -padre, madre y su hijo- y un ciudadano de Togo fueron secuestrados por «hombres armados» en Malí, un país con gran inestabilidad política, con grupos terroristas ligados a Al Qaeda y al Estado islámico. Los italianos son un matrimonio de misioneros voluntarios de los Testigos de Jehová. La familia vive desde hace tiempo en Malí y tiene doble nacionalidad. La sede de la Congregación cristiana de los Testigos de Jehová en Italia informa que «no hay misioneros nuestros enviados a ese país». Aunque esta congregación no excluye «que alguien a título personal, como voluntario, haya ido a Malí para ayudar a las comunidades locales. Pero no tenemos conocimiento de ello». «Estamos haciendo todo lo posible para asegurar la liberación de los secuestrados», dijo una fuente de seguridad maliense, según informó la agencia de noticias AFP. El ministerio de Asuntos Exteriores de Italia ha anunciado que su Unidad de Crisis está realizando los controles e investigaciones necesarios, y que el jefe de la diplomacia italiana, Luigi Di Maio, sigue personalmente la evolución del secuestro. Malí, un polvorín El secuestro fue realizado con toda probabilidad por miembros del Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes. Tuvo lugar en la noche del jueves en Sincina, en el distrito de Koutiala, que se encuentra en el sureste de Malí, un país que se ha convertido en polvorín. Desde el año 2012, es escenario de ataques perpetrados por grupos yihadistas vinculados a Al-Qaeda y al estado islámico. La situación se hace más explosiva aún por la violencia de todo tipo que llevan a cabo milicias y bandoleros, que se hacen pasar por formaciones de autodefensa. La violencia, que comenzó en el norte de Malí en el 2012, se extendió al centro y luego a los países vecinos, Burkina Faso y Níger, causando miles de muertes de civiles y militares, y cientos de miles de desplazados, a pesar del despliegue de fuerzas de la ONU, francesas y africanas. Precisamente, el lugar del secuestro de los tres italianos y el togolés está en el sudeste del país, casi en la frontera con Burkina Faso. Malí fue escenario de dos golpes de Estado liderados por el mismo grupo de coroneles: El primero, en agosto de 2020; luego, en mayo de 2021. Ahora está gobernado por una Junta Militar que se ha alejado de Francia y sus socios, prefiriendo a Rusia en el intento de frenar el avance yihadista. La Junta, bajo el mando del coronel Assimi Gota, ha abandonado su compromiso inicial de devolver el poder a los civiles tras las elecciones que deberían haberse celebrado el pasado mes de febrero. La Comunidad de Estados de África Occidental impuso sanciones a la Junta Militar, una dictadura que recurre a eslóganes y consignas patrióticas y soberanas, silenciando a la oposición. Borrel: «Redefinir misión en Malí» Ante la noticia del secuestro, Josep Borrell, el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, se ha pronunciado sobre la situación en Malí en una rueda de prensa: «Presentaremos un plan para reducir el tamaño de nuestra misión en Malí. Hemos decidido suspender todas las actividades de entrenamiento de tropas y ya no veo perspectivas de que estas actividades se reanuden en un futuro próximo. Necesitamos reducir los efectivos, de forma coordinada, y desplegarlos en otros países de la región, y luego -concluyó Borrell- ver cómo se pueden redefinir los objetivos de la misión para seguir asistiendo al pueblo de Malí».
13-02-2022 | Fuente: abc.es
El Daesh busca un nuevo líder ante la ausencia de figuras conocidas en su núcleo duro
La muerte del líder de Estado Islámico, Abú Ibrahim al Hashimi al Quraishi, en una operación llevada a cabo por las fuerzas especiales de Estados Unidos en la provincia siria de Idlib (noroeste) ha sumido al grupo yihadista en un nuevo proceso para elegir quién encabezará la red, si bien la presión militar internacional ha reducido el círculo de confianza del que podría salir el nuevo dirigente terrorista. Al Hashimi, quien fue nombrado tras la muerte de octubre de 2019 del 'califa' del grupo, Abú Bakr al Bagdadi -también en una operación estadounidense en Idlib-, estuvo poco más de dos años al frente del grupo, periodo en el que no realizó declaraciones ni participó en actos públicos. La muerte de Al Hashimi genera dudas sobre la capacidad organizativa de Estado Islámico de reagruparse y nombrar a un líder con las credenciales militares y religiosas de los anteriores jefes de la organización terrorista, que tuvieron una especial relevancia en sus capacidades de reclutamiento. The Soufan Center, el centro de estudios que dirige el exagente del FBI Ali Soufan, ha resaltado que «ante el surgimiento de filiales descentralizadas y ramas en África y el sur de Asia, cómo afecte esto a sus operaciones e ideologías definirá la violencia y el conflicto en muchos lugares clave». «Si el núcleo de Estado Islámico es incapaz de comunicarse con sus ramas regionales, grupos como Estado Islámico en África Central (ISCA), Estado Islámico en África Occidental (ISWA) y Estado Islámico Provincia de Jorasán (ISKP) podrían centrarse más en asuntos locales o provinciales», ha explicado. En este sentido, Hassan Hassan, experto en yihadismo y redactor jefe de la revista 'New Lines Magazine', ha apuntado a la especial relevancia de la red conocida como 'qaradish', que aglutina al principal núcleo central y fundacional de Estado Islámico, socavada durante los últimos años de lucha antiterrorista. Hassan ha incidido en que el grupo ya nombró a Al Hashimi como líder a pesar de no pertenecer a una comunidad árabe --si bien Estado Islámico aseguró que pertenecía a la tribu de los coraichitas, de la que era miembro el profeta Mahoma--, en una muestra del debilitamiento de la organización. El nombramiento tuvo lugar después de que el principal favorito para suceder a Al Baghdadi, Abu Alí al Anbari, con una posición cimentada en el movimiento yihadista internacional, muriera en un bombardeo estadounidense en 2018, privando al 'califa' de su entonces mano derecha. Al Hashimi fue además diferente a los anteriores líderes debido a que era una figura prácticamente desconocida, en contraste con Al Baghdadi o el yihadista jordano Abú Musab al Zarqaui, quien fundó en 2004 Al Qaeda en Irak (AQI), del que surgiría posteriormente Estado Islámico. Pese a ello, Hassan ha destacado que los servicios de Inteligencia identificaron rápidamente a Al Hashimi y lograron determinar su paradero, a pesar de no haber aparecido en público o emitido comunicados, algo que habitualmente ha servido para localizar a los sospechosos. De esta forma, ha dicho que esto fue en parte posible «debido a que el número de candidatos para el Estado Islámico post-califato era extremadamente pequeño», antes de agregar que el hecho de que Al Bagdadi y Al Hashimi estuvieran escondidos en Siria demuestra su frágil situación en Irak. «Agreguen a estos problemas internos una serie de factores que benefician a sus enemigos, incluida la creciente fortaleza de grupos rivales y gobiernos y el debilitamiento del movimiento yihadista internacional, y queda claro que las posibilidades de recuperación de la organización son escasas», ha argüido. Los desafíos de un perfil bajo En esta línea, Colin Clarke, investigador de The Soufan Center, ha dicho que la muerte de Al Hashimi "es un varapalo para Estado Islámico, especialmente si su sustituto es otro operativo de bajo perfil, en lugar de una celebridad visible como Al Bagdadi". «Los líderes menos conocidos habitualmente tienen problemas para inspirar a nuevos seguidores y generar una propaganda que resuene entre potenciales reclutas», ha dicho, si bien ha advertido de que «dada la histórica resiliencia de Estado Islámico, hay pocos motivos para creer que el golpe será el mazazo mortal que Estados Unidos desea». Clarke, en un artículo de opinión publicado en 'Politico', ha resaltado que el reemplazo del líder de Estado Islámico «probablemente será un desafío» para el grupo, «especialmente si el nuevo líder no es alguien con una reputación que iguale a la de los anteriores cabecillas yihadistas, como Al Bagdadi y Al Zarqaui». «La sucesión presenta a los grupos terroristas con decisiones difíciles. Los líderes carismáticos y de alto perfil pueden ser efectivos a la hora de reclutar, pero también presentan objetivos atractivos a los esfuerzos antiterroristas», ha explicado. De esta forma, ha recordado que "las transiciones de liderazgo crean además el riesgo de diferencias entre comandantes destacados, abriendo tensiones de larga duración entre facciones que se encuentran en competencia interna", lo que abriría un nuevo frente de crisis para la organización yihadista. Por contra, Ben Connable ha apuntado en un artículo para el 'think tank' Atlantic Council que la muerte de Al Hashimi «es irrelevante para el esfuerzo general de disuadir y derrotar a los grupos terroristas en el mundo». «No ha dado un 'duro golpe' a Estado Islámico (..) porque no es el tipo de organización que pierde el paso cuando su líder es eliminado», ha argüido, antes de recordar que el grupo «funciona como una organización paraguas para muchas organizaciones regionales semiindependientes y a nivel de país». Reorganizaciones pasadas En este sentido, ha dicho que George W. Bush afirmó tras el anuncio de la muerte de Al Zarqaui que se trataba de «un duro golpe» para Al Qaida, mientras que sobre el terreno fue reemplazado y se registró un «significativo aumento» de la violencia en Irak. Connable ha sostenido que Donald Trump describió a Al Baghdadi como «el importante» tras su muerte, si bien Al Hashimi ha encabezado un proceso de reestructuración que llevó a la «expansión» del grupo yihadista a nivel mundial, con un mayor número de combatientes a finales de 2021 que en cualquier momento de las últimas dos décadas, según datos del Wilson Center. «En lugar de vacilar, Estado Islámico probablemente continuará recuperándose de su derrota operacional en Siria e Irak. Expandirá sus operaciones en Afganistán (..) y seguirá socavando la estabilidad con ataques terroristas en Europa, África Asia e incluso América Latina y Estados Unidos», ha reseñado. Pese a todo ello, la coalición internacional contra Estado Islámico ha resaltado esta semana que la muerte de Al Hashimi «es otro golpe significativo» a la organización y ha recalcado que «sigue comprometida a lograr una derrota duradera» del grupo. «Nosotros, como coalición, mantendremos la presión necesaria para evitar cualquier intento de Estado Islámico de reconstituirse o recuperar y mantener territorio en Siria e Irak», ha dicho, ante el repunte de los ataques del grupo durante los últimos meses, incluid el perpetrado en enero contra una cárcel en la provincia siria de Hasaka (noreste) gestionada por las autoridades kurdas, en un intento por tomar las instalaciones y liberar a miles de reos. Por ello, la coalición ha subrayado que «la derrota duradera de Estado Islámico en Siria e Irak» sigue siendo su «principal prioridad». «Seguiremos usando la experiencia de la coalición para hacer frente a las ramas y redes globales de Estado Islámico y llevando a sus miembros ante la justicia. Usaremos todas las herramientas disponibles en la búsqueda de este objetivo y no descansaremos hasta que Estado Islámico deje de constituir una amenaza», ha remachado.
03-02-2022 | Fuente: abc.es
EE.UU. anuncia la muerte en Siria del líder del Daesh
Estados Unidos ha vuelto a eliminar al líder de Daesh. Según ha anunciado este jueves el presidente Joe Biden, tras una operación con soldados sobre el terreno en Siria, las fuerzas militares estadounidenses rodearon en la localidad de Atmeh, en la provincia de Idblid, a Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurayshi, apodado Hajji Abdullah, que desde 2019 es el líder de ese grupo. Este se suicidó y mató a su familia, incluidos varios niños, detonando un explosivo, según la Casa Blanca. El presidente y la vicepresidenta Kamala Harris siguieron la operación desde la sala de crisis de la Casa Blanca, con información en directo que llegaba desde el terreno. A Biden se le informó del paradero de Hajji Abdullah hace aproximadamente un mes y dio la autorización de eliminarlo este 2 de febrero. Petición de recompensa para capturar a Qurayshi.«Anoche, bajo mi dirección, las fuerzas militares estadounidenses en el noroeste de Siria llevaron a cabo con éxito una operación antiterrorista para proteger al pueblo estadounidense y a nuestros aliados, y hacer del mundo un lugar más seguro. Gracias a la pericia y valentía de nuestras Fuerzas Armadas, hemos eliminado del campo de batalla a Abu Ibrahim al-Hashimi al-Qurayshi, el líder de ISIS. Todos los estadounidenses han regresado sanos y salvos de la operación», dijo el presidente Biden al efectuar su anuncio. Fueron las fuerzas especiales estadounidenses las que llevaron a cabo lo que el Pentágono calificó como un ataque antiterrorista a gran escala en el noroeste de Siria. «La misión fue exitosa», dijo antes que el presidente Biden el portavoz del Pentágono, John Kirby, en un comunicado. Fuentes de la administración estadounidense informaron a la prensa de la operación este jueves y dijeron que Hajji Abdullah coordinaba todas las operaciones del ISIS, «desde África hasta Afganistán». Según la información proporcionada por las fuerzas armadas estadounidenses, las bajas civiles fueron las que provocó Hajji Abdullah al detonarse. Dice la Casa Blanca que los uniformados norteamericanos evacuaron a ocho niños y otros civiles que el líder terrorista empleaba como escudos humanos en los pisos más bajos de la construcción en la que vivía. Los niños fallecidos fueron los que él mató al suicidarse con los explosivos, según las mismas fuentes. Restos de sangre y destrozos en una vivienda tras el ataque - AFP En la operación se emplearon helicópteros, y uno de ellos se averió, por lo que fue destruido por los propios soldados estadounidenses. Un incidente similar ocurrió en otra misión de alto riesgo e Pakistán en 2011, en la que EE.UU. mató a Osama bin Laden, el líder de Al Qaeda. Caída en popularidad de Biden Ya en 2019, bajo la presidencia de Donald Trump, EE.UU. mató en esa zona al anterior líder de ese grupo terrorista, Abu Bakr al-Baghdadi. Desde entonces el ISIS ha quedado diezmado, cada vez más reducido a una zona todavía fuera del control del régimen sirio en el noroeste del país, en la provincia de Idlib. Quedan en ese área unos pocos soldados estadounidenses, un destacamento que permanece en ese lugar desde la era Trump. Biden anuncia esta operación justo en un momento bajo de su presidencia, con su popularidad caída al 40 por ciento tras una serie de problemas encadenados, entre ellos la catastrófica retirada de Afganistán, durante la cual hubo un ataque terrorista de la filial en Kabul del mismo Estado Islámico, o ISIS-K, en el que murieron 13 soldados estadounidenses. La provincia de Idlib está controlada en gran medida por combatientes respaldados por Turquía, pero también es un bastión de Al Qaeda y Daesh y el lugar de residencia de varios de sus más destacados integrantes. Varias partes de Siria e Irak han padecido en semanas recientes un resurgimiento del mismo Daesh. El mes pasado, más de 100 combatientes de ese grupo terrorista atacaron una prisión en el noreste de Siria en un intento de liberar a militantes suyos permisos. Al menos 200 reclusos y 30 miembros de las fuerzas de seguridad murieron en los enfrentamientos durante la motín fracasado.
16-01-2022 | Fuente: abc.es
Liberados los rehenes secuestrados en una sinagoga de Texas
Tres rehenes secuestrados este sábado por la mañana en una sinagoga cerca de Fort Worth, en Texas, fueron liberados a última hora de la noche, después de horas de cerco policial. Otro rehén había sido liberado unas horas antes por el sospechoso del secuestro, un hombre que se cree que actuaba en solitario. En la operación policial para liberar a los tres rehenes que quedaban en su poder, el sospechoso perdió la vida. Los medios de comunicación que estaban a las afueras del templo escucharon una detonación seguida de varias disparos veinte minutos antes de que la policía anunciara la liberación de los secuestrados y la muerte del sospechoso. Se trataba de un hombre que exigía la liberación de una terrorista paquistaní para acabar con el secuestro. El incidente comenzó a las diez de la mañana durante un servicio religioso del ?shabat?, el festivo semanal judío, en la sinagoga Beth Israel de Colleyville, una localidad a unos 25 kilómetros de Fort Worth, una de las principales ciudades de Texas. En una retransmisión por Facebook del servicio, que ya ha sido retirada, se pudo escuchar al sospechoso hablar de forma enérgica, a veces a los gritos, con alguien a través de su teléfono y con afirmaciones espeluznantes: ?No llores por mí, voy a morir?. La sinagoga fue pronto cercada por equipos de asalto de la policía y negociadores del FBI. Entre los cuatro secuestrados estaba un rabino, que podría ser quien dirige la sinagoga, Charlie Cytron-Walker. En su conversación con las fuerzas de seguridad y los negociadores, según informó ABC News, el sospechoso exigió para el fin del secuestro la liberación de Aafia Siddiqui, a quien calificó de su «hermana». Siddiqui fue condenada en 2010 por tratar de matar a autoridades estadounidenses en Afganistán durante su detención. La mujer, una neurocientífica paquistaní que estudió en el prestigioso MIT estadounidense, había sido detenida por sospechas de formar parte de Al Qaeda. Ahora cumple una sentencia de 86 años de prisión cerca de donde se produjo el secuestro, en la localidad de Carswell. Después de la operación policial, efectivos de la policía inspeccionaron la sinagoga para cerciorarse de que no había una amenaza de bomba en el edificio. Los incidentes violentos y atentados en sinagogas se han intensificado en los últimos años en las sinagogas de EE.UU. El más grave fue en Pittsburgh en 2018, cuando murieron once personas en un ataque a un templo judío. De hecho, este mismo verano, la sinagoga donde sucede el secuestro recibió formación para casos como este por parte de la organización Secure Community Network, que asesora a organizaciones judías para casos de ataques violentos.
27-10-2021 | Fuente: abc.es
El Pentágono alerta de que ISIS-K podría tener capacidad de atacar EE.UU. en 2022
La comunidad de inteligencia de Estados Unidos ha concluido que el Estado Islámico en Afganistán podría tener la capacidad de atacar EE.UU. en tan solo seis meses, y tiene la intención de hacerlo, ha asegurado un alto funcionario del Pentágono ante el Congreso. Las declaraciones de Colin Kahl, subsecretario de Defensa para la Política, son el último recordatorio de que Afganistán aún podría plantear serias preocupaciones de seguridad nacional para Estados Unidos incluso después de que terminó con derrota su guerra de dos décadas en Afganistán. Los talibanes están enfrentados al Daesh, que han boicoteado sus primeras semanas de gobierno con múltiples atentados suicidas y ataques con bomba contra la secta minoritaria chií. Incluso han decapitado a un miembro de la milicia talibán por parte del Estado Islámico en la ciudad oriental de Jalalabad. En un testimonio ante el Comité de Servicios Armados del Senado, Kahl dijo que aún no estaba claro si los talibanes tienen la capacidad de luchar contra el Estado Islámico de manera efectiva luego de la retirada de Estados Unidos en agosto. Estados Unidos luchó contra los talibanes y contra grupos en huelga como Estado Islámico y Al Qaeda. «Los talibanes y el ISIS-K son enemigos mortales. Así que los talibanes están muy motivados para perseguir al ISIS-K. Su capacidad para hacerlo está por determinar», dijo Kahl. El ministro interino de Relaciones Exteriores, Amir Khan Muttaqi, del nuevo gobierno talibán, ha dicho que se abordará la amenaza de los militantes del Estado Islámico. También dijo que Afganistán no se convertiría en una base para ataques a otros países. Kahl sugirió que Al Qaida en Afganistán planteaba un problema más complejo, dados sus vínculos con los talibanes. Fueron esos vínculos los que desencadenaron la intervención militar de Estados Unidos en Afganistán en 2001, luego de los ataques de Al Qaida el 11 de septiembre en Nueva York y Washington. Los talibanes habían albergado a líderes de Al Qaida.
11-10-2021 | Fuente: abc.es
Irak anuncia la detención del antiguo 'ministro de Finanzas' de Daesh
Las autoridades de Irak han anunciado este lunes el arresto de Sami Jasim Muhamad al Yaburi, un hombre cercano al antiguo líder de Daesh, Abú Bakr al Bagdadi, que ejerció como 'ministro de Finanzas' del grupo yihadista, en una operación «compleja» llevada a cabo en el extranjero. «Mientras los héroes de las fuerzas de seguridad estaban centrados en la seguridad de las elecciones (parlamentarias del domingo), los colegas de los servicios de Inteligencia llevaban a cabo una completa operación externa para capturar a Sami Jasim», ha dicho el primer ministro iraquí, Mostafá al Kazemi. Así, Al Kazemi ha subrayado a través de su cuenta en la red social Twitter que el detenido «estaba al frente de las finanzas de Daesh y era un 'número dos' de Abú Bakr al Bagdadi». «Larga vida a Irak y a nuestros valientes héroes», ha apuntado. Por su parte, la Célula de Medios de Seguridad ha publicado una fotografía de Al Yaburi, alias 'Abú Asia' y 'Abú Abdulqadir al Zubaidi' tras su detención, que ha sido llevada a cabo «en una operación cualitativa de las valientes fuerzas del Servicio Nacional de Inteligencia y operaciones especiales». Uno de los más buscados «El criminal es considerado uno de los más buscados a nivel internacional y es cercano al comité encargado de gestionar la organización -en referencia a Daesh-», ha indicado la Célula de Medios de Seguridad, que ha incidido en que el detenido tiene también lazos con el nuevo líder del grupo yihadista. En este sentido, ha hecho hincapié en que Daesh «ha sufrido duros golpes durante el periodo reciente con el arresto y la muerte de varios de sus líderes y emires más importantes, lo que mejora la seguridad del país y evita que la organización lleve a cabo sus operaciones criminales en Irak». «Renovamos nuestro compromiso con el pueblo de Irak de que todas nuestras fuerzas de seguridad serán un ojo que nunca duerme para mantener la seguridad y la estabilidad en todo el país», ha remachado la Célula de Medios de Seguridad en una serie de mensajes publicados a través de Twitter. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones en 2015 contra Al Yaburi por dar apoyo financiero a Daesh y resaltó que el hombre supervisaba las finanzas del grupo yihadista, así como sus operaciones sobre petróleo, gas, antigüedades y recursos minerales. Así, el Departamento de Estado anunció una recompensa de cinco millones de dólares por información que pudiera llevar a la detención de Al Yaburi, quien previamente había sido miembro de Al Qaeda en Irak (AQI), germen de Daesh. Al Yaburi fue además el 'número dos' del grupo yihadista en la ciudad de Mosul. Por su parte, Al Bagdadi murió en 2019 durante una operación llevada a cabo por las fuerzas especiales estadounidenses en el noroeste de Siria. Irak anunció la victoria militar sobre Daesh en diciembre de 2017, cerca de tres años después de que el grupo se hiciera con parte del país y de Siria y proclamara un 'califato' liderado por Al Baghdadi, si bien las células yihadistas de la organización siguen activa y han perpetrado decenas de atentados desde entonces.
01-10-2021 | Fuente: abc.es
EE.UU. acaba en Siria con uno de los líderes de Al Qaida, responsable de planificar ataques en la región
El Pentágono informó el jueves de que el 20 de septiembre mató en Siria a uno de los actuales líderes de Al Qaida, encargado de la planificación y financiación de ataques en esa zona, Salim Abu-Ahmad. El portavoz del Comando Central de las Fuerzas Armadas de EE.UU., el Mayor John Rigsbee, confirmó su muerte, y dijo que «no hay indicios de víctimas civiles como resultado del ataque», tal y como recoge el diario 'Military Times'. Al Qaida ha quedado debilitada en la escena internacional tras años de persecución por parte de EE.UU. Además compite con otro grupo yihadista, Estado Islámico, nacido en Irak y presente en Siria y Afganistán. El 29 de agosto, otro ataque con drones de EE.UU., en Afganistán, mató a 10 civiles, incluidos siete niños. El objetivo era un trabajador humanitario afgano a quien el Pentágono creyó por error un militante yihadista. Tras la salida de Afganistán, y la muy probable retirada de Siria e Irak, EE.UU. tiene intención de depender cada vez más de ataques con drones, o aviones no tripulados, que ya son muy comunes en su estrategia contra el yihadismo.<blockquote class="twitter-tweet"><p lang="en" dir="ltr">?Salim Abu-Ahmad was responsible for planning, funding, and approving trans-regional al-Qaeda attacks,? Army Maj. John Rigsbee, a CENTCOM spokesman, told Military Times. ?There are no indications of civilian casualties as a result of the strike.&quot; <a href="https://t.co/Ad1tcA5gJy">https://t.co/Ad1tcA5gJy</a> <a href="https://t.co/6ikAHCL1oi">pic.twitter.com/6ikAHCL1oi</a></p>&mdash; ArmyTimes (@ArmyTimes) <a href="https://twitter.com/ArmyTimes/status/1443687124683927554?ref_src=twsrc%5Etfw">September 30, 2021</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> Hace poco, tras la retirada de EE.UU. de Afganistán, el actual líder de Al Qaieda, Ayman al Zawahiri, publicó un extenso tratado sobre el grupo y su futuro. Se cree que Zawahiri, un egipcio de 70 años, se esconde en Afganistán o Pakistán. Según dijo el Pentágono, el líder de Al Qaieda muerto el 20 de septiembre en Siria era «responsable de la planificación, financiación y aprobación transregionales de los ataques» del grupo. Varios grupos de observadores del conflicto, como los Cascos Blancos, dijeron que el ataque con dron hizo estallar un vehículo que viajaba por un camino rural en el noroeste de Siria, en Idlib, zona controlada por los rebeldes que se oponen al régimen de Bachar el Asad. El vehículo quedó totalmente carbonizado, partido por la mitad, según una imagen. EE.UU. ha llevado a cabo ataques en Idlib anteriormente, dirigidos contra líderes y terroristas de Al Qaeda y el Estado Islámico. De hecho, allí mató en 2019 a Abu Bakr al-Baghdadi, que se escondía en la provincia tras proclamar el califato. No fue con un dron, sino con un comando de fuerzas especiales. Gran parte de Idlib y las provincias vecinas de Alepo siguen en manos de la oposición armada siria, dominada por grupos radicales, incluido Hayat Tahrir al-Sham, vinculado a Al Qaida.
12-09-2021 | Fuente: elpais.com
11-S: los ataques contra EE UU que cambiaron el mundo
El mundo cambió durante la mañana del 11 de septiembre de 2001 cuando cuatro aviones secuestrados por miembros de Al Qaeda fueron utilizados para atentar contra edificios simbólicos del poder de EE UU. Fueron 149 minutos de terror y caos que provocaron la muerte de 2.996 personas. Fue el mayor ataque en suelo estadounidense y cuyas consecuencias perduran, como lo demuestra la polémica salida de Afganistán, país invadido después de la tragedia para derrocar al régimen talibán que dio cobijo a Osama Bin Laden.
11-09-2021 | Fuente: abc.es
Nueva York recuerda en silencio a sus víctimas
El silencio ha sobrecogido el World Trade Center de Nueva York, el principal escenario del mayor ataque sufrido por EE.UU. en su historia, en el vigésimo aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Fue a los 8.46 de la mañana en Nueva York, el instante en el que el primer avión secuestrado por terroristas de Al Qaeda impactó en la hermana Norte de las Torres Gemelas. Solo el tañido de las campanas de la capilla de St. Paul, que tiene su cementerio pegado a lo que fue la Zona Cero de los ataques, rompió la quietud del momento, que se repetiría después en los otros momentos significativos del atentado: el impacto del segundo avión contra la torre Sur, el ataque con un tercer avión secuestrado al Pentágono, el accidente de una cuarta nave en una zona rural de Pensilvania -los pasajeros y la tripulación ya sabían lo que había ocurrido en Nueva York y Washington y se enfrentaron a los terroristas- y los derrumbes de las dos torres. Fallecieron casi tres mil personas. Las campanas de St. Paul -la iglesia más vieja de Manhattan, levantada en 1766 y que, de forma milagrosa, fue una de las pocas estructuras que sobrevivieron a los ataques- doblaron por todos ellos. Los nombres de las víctimas se leyeron uno a uno, en una letanía interminable. Muchos de ellos eran compañeros de Mike, que pertenecía al cuerpo de bomberos de Nueva York (FDNY, en sus siglas en inglés), el colectivo más afectado por la tragedia. «Todos los héroes que no pudieron volver a casa es lo que me duele de verdad», decía a este periódico sobre las pérdidas de sus compañeros. Iba vestido con una camiseta del FDNY y la cara quemada por el sol. Él pertenecía entonces a una estación de Brooklyn y vino hasta aquí tras los ataques. Sobrevivió a los ataques. «No soy muy consciente de lo que pasó aquel día, la adrenalina te hace trabajar en el caos», dice sobre un momento «para el que nadie está preparado. Solo sabíamos que era horrible». Mike, como muchos otros que participaron en labores de rescate, sufre cáncer por la inhalación del polvo tóxico que dejaron los derrumbes. Aquello convirtió las calles de esta zona, hoy impolutas, entre rascacielos refulgentes de nueva creación, en un mar de ceniza. Como Mike, muchos neoyorquinos se concentraron en las inmediaciones de la Zona Cero, en un ambiente de recogimiento y recuerdo. Todo el complejo del World Trade Center, surgido del amasijo de cristal, metal y escombros que dejaron los ataques, estaba cerrado al paso. Solo pudieron entrar autoridades -entre ellos, el presidente de EE.UU., Joe Biden-, supervivientes y familiares de las víctimas.
11-09-2021 | Fuente: abc.es
Nueva York llora a sus muertos, con unos Estados Unidos en crisis
Las campanas fueron lo único que sonó en las inmediaciones del World Trade Center de Nueva York, este sábado a las 8.46 de la mañana. Veinte años antes de ese instante, un avión secuestrado por Al Qaida se estrellaba contra la hermana Norte de las Torres Gemelas, en el inicio de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. En medio de un silencio sobrecogedor, doblaban las campanas para recordar sus muertos -casi tres mil- desde la capilla de St. Paul, uno de los símbolos de aquel episodio trágico. Es la iglesia más antigua de Manhattan y, de forma milagrosa, sobrevivió a los ataques. Mientras las torres se derrumbaban y otros edificios veían su estructura dañada de forma mortal, la pequeña capilla de 1766 se mantuvo en pie con insolencia. Durante meses después de los ataques, fue un centro de operaciones para bomberos y personal de emergencia. St. Paul representa la fortaleza de EE.UU., que se puso a prueba en aquellos atentados y que ahora, veinte años después, está cuestionada. El presidente del país, Joe Biden, viajó a Nueva York para unirse a supervivientes, familiares de víctimas y autoridades en un aniversario marcado por el momento bajo de su mandato. El 11 de septiembre estaba en el calendario como una fecha triunfal para Biden. Optó por el simbolismo de elegirlo como la fecha de la culminación de la retirada de las tropas de Afganistán, la guerra que EE.UU. eligió como respuesta a los atentados del 11-S. En lugar de poder celebrarle una salida limpia de una guerra que hace ya años era impopular, Biden es el responsable de un fiasco mayúsculo, una evacuación desorganizada y trágica, que deja a Afganistán en manos de los talibanes -a quienes se combatió por proteger a Al Qaeda-, con el cierre de la sangre derramada por trece militares estadounidenses en un atentado suicida en Kabul. Al mismo tiempo, Biden contaba con que la pandemia de Covid-19 -con abundancia de vacunas en Estados Unidos- estaría bajo control a estas alturas, pero la variante Delta y la negativa de muchos estadounidenses a vacunarse ha descarrilado esos planes: los contagios, hospitalizaciones y muertes se han disparado, una situación que también amenaza la recuperación económica. Llamada a la unidad Biden llegó a la Zona Cero acompañado de dos familias presidenciales demócratas: Barack y Michelle Obama y Bill y Hillary Clinton. No estuvo Donald Trump pero sí uno de sus grandes aliados en la lucha contra el resultado de las elecciones presidenciales del año pasado: Rudy Giuliani, que era el alcalde de Nueva York en el momento de los ataques. De forma sorprendente, Joe Biden no habló este sábado desde el memorial del 11-S, las dos fuentes excavadas sobre las huellas de las Torres Gemelas. Tampoco lo hizo en los otros dos escenarios de los atentados, a los que viajó después: la zona rural de Pensilvania en la que cayó uno de los aviones secuestrados -los pasajeros y la tripulación sabían de lo ocurrido en Nueva York y se enfrentaron a los terroristas- y el Pentágono, en Washington, donde se estrelló otro. Lo único que se pudo escuchar del presidente llegó en la víspera, con un mensaje grabado en vídeo. Fue, sobre todo, una llamada a la unidad del país, en un momento de máxima polarización, todavía bajo la sombra del asalto al Capitolio del 6 de enero. En aquella ocasión, una turba de seguidores de Trump, que sostuvo y sostiene que las elecciones por las que Biden llegó a la Casa Blanca fueron un fraude, irrumpió con violencia en la sede de la soberanía popular para evitar la certificación del candidato demócrata como ganador. Biden aseguró que la unidad no significa que todo el mundo piense lo mismo, sino que los estadounidenses compartan «un respeto y una fe fundamentales los unos hacia los otros». También que un «verdadero sentido de unidad nacional» surgió tras el 11-S, cuando EE.UU. en bloque se comprometió a combatir el terrorismo. No se escuchó la voz del presidente, pero sí la de algunos familiares de las víctimas y de supervivientes. Y, sobre todo, los nombres de todos los fallecidos, uno por uno, en una letanía que se alargó hasta entrada la tarde. Solo la interrumpían los momentos de silencio dedicados los episodios clave de los atentados: el impacto del primer avión en la torre Norte (8.46), el segundo avión en la torre Sur (9.03), el tercero en el Pentágono (9.37), el desplome de la torre Sur (9.59), el accidente del cuarto avión en Shanksville, Pensilvania (10.03) y el derrumbamiento de la torre Norte (10.28). Después de cada uno de ellos, hubo una actuación musical: desde el himno del país hasta la aparición de Bruce Springsteen, acompañado de una guitarra, que cantó ?I?ll see you in my dreams? (?Te veré en mis sueños?). Entre silencio y actuaciones, seguían sonando los nombres de los fallecidos aquel día. Muchos de ellos eran compañeros de Mike, que pertenecía al cuerpo de bomberos de Nueva York (FDNY, en sus siglas en inglés), el colectivo más afectado por la tragedia. «Todos los héroes que no pudieron volver a casa es lo que me duele de verdad», decía a este periódico sobre esas pérdidas en las inmediaciones de la Zona Cero, donde no podía entrar el público. Iba vestido con una camiseta del FDNY, que perdió a casi 350 de sus miembros. Él pertenecía a una estación de Brooklyn y vino hasta aquí tras los ataques. Sobrevivió al derrumbe de las torres, convertidas en una trampa mortal para muchos de sus compañeros. «No soy muy consciente de lo que pasó aquel día, la adrenalina te hace trabajar en el caos», aseguraba sobre un momento «para el que nadie está preparado. Solo sabíamos que era horrible». Mike, como muchos que participaron en labores de rescate, ha sufrido cáncer por la inhalación del polvo tóxico que dejaron los derrumbes. Aquello convirtió las calles de esta zona, hoy impolutas, entre rascacielos refulgentes de nueva creación, en un mar de ceniza. Como este bombero, muchos neoyorquinos se concentraron en las inmediaciones de la Zona Cero, en un ambiente de recogimiento y recuerdo. Entre ellos, Paul, con una gran bandera estadounidense apoyada sobre su cuerpo. «Es un día muy duro», reconocía. «Vengo para asegurarme de que esto no se olvida, que por desgracia es lo que está pasando en EE.UU. Cada vez se reconoce menos a la gente que cayó aquí, y yo vengo a mostrar mi respeto». Un día radiante Cerca de él, una azafata de vuelo de Suiza, en tránsito en Nueva York, se acercó hasta la confluencia de las calles Fulton y Dey, justo en frente del espectacular intercambiador que el arquitecto español diseñó para el nuevo World Trade Center. Ella trabajaba hace veinte años en el sector de la aviación y el impacto «fue demoledor». Pero la tragedia también le tocó en lo personal: un amigo de la infancia de su marido viajaba en el avión que se estrelló contra la torre sur. «Es muy triste y emocionante a la vez», aseguraba con la mirada puesta en el 1 World Trade Center, el gran rascacielos que emergió en sustitución de las Torres Gemelas, el más alto de EE.UU. en la actualidad. De fondo, un cielo azul puro, sin rastro de nubes, igual que el que los neoyorquinos recuerdan de la mañana del 11 de septiembre de 2001 antes de que llegaran los aviones secuestrados. En pocas horas, el lugar se convirtió en un infierno, oscurecido por una gran nube de ceniza. La culminación del fracaso en Afganistán, la brecha política entre estadounidenses y la pandemia pertinaz hacen que este año su recuerdo sea más duro que nunca.
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