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08-07-2017 | Fuente: abc.es
El G20 sigue fiel al libre comercio
EE.UU. no abrirá una guerra comercial, como muchos predecían, y se ha limitado a introducir en el documento final de la cumbre del G20 una frase que reconoce «el papel de instrumentos legítimos de defensa» en el ámbito comercial. El Grupo de los Veinte logró esta formulación durante negociaciones que se han prolongado toda la noche del viernes al sábado y consiguen que la cumbre no termine con un fracaso, al menos en este fundamental apartado. El libre comercio, vaca sagrada del mundo capitalista, ha definido la economía global desde la II Guerra Mundial en adelante y pasa ahora por un cuestionamiento que parte de la administración estadounidense encabezada por Donald Trump y que se alimenta de la salida de Reino Unido de la UE. El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha planteado la posibilidad de abandonar varios acuerdos comerciales, en particular el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá (NAFTA, por sus siglas en inglés). Incluso la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha propuesto nuevas barreras a las importaciones mientras que en Europa las negociaciones comerciales con Estados Unidos y Canadá han tropezado con dificultades. También se han estancado las negociaciones de liberalización del comercio mundial conocidas como la Ronda Doha de la OMC y la cumbre del G20 tenía como uno de sus objetivos lograr una declaración conjunta que frene ese proceso y demuestre que la economía global puede seguir contando con el activo del comercio internacional. Adam Smith, el economista escocés del siglo XVIII que muchos ven como el fundador de esa ciencia, ya estaba a favor del libre comercio. Fue David Ricardo, en el siglo XIX, quien expuso el concepto de la ventaja comparativa que Trump impone ahora desde Washington. Pero, teorías aparte, la práctica parece demostrar que las restricciones comerciales que los gobiernos imponen como barreras, en particular aranceles o impuestos-, tienen impacto sobre las importaciones y sobre el PIB. Las empresas y los trabajadores que están protegidos pueden vender más de sus productos en el mercado doméstico a corto plazo, pero los consumidores pierden, al tener que pagar un precio más alto. Y por consumidores hemos de entender también las empresas, a las que les resulta más caro producir y terminan vendiendo menos, la pescadilla que se muerde la cola. El economista francés Frederic Bastiat, del siglo XIX, lo expuso así: «No tiene más sentido ser proteccionista porque otros países tienen aranceles; es como bloquear nuestros puertos porque otros países tienen costas rocosas». Pero Trump piensa que los beneficios del proteccionismo superan a sus costes, al menos en materia de creación de empleo. En Hamburgo ha hecho declaraciones en las que se quejaba de que «durante décadas nos han estado arrancando nuestros puestos de trabajo en EE.UU.» y determina que el libre comercio ha tenido perdedores (EE.UU.) y ganadores (Alemania y China), por lo que se temía que en esta cumbre del G20 se negase rotundamente a posicionarse a favor. De momento, ha logrado el reconocimiento de esos «instrumentos legítimos de defensa» en el ámbito comercial que no se concretan en el documento y cuya aplicación a la práctica terminará de definir si el libre comercio sigue pareciéndose al que conocíamos hasta ahora o no. El comunicado final del G20, ya pactado en ese punto, será sometido a la aprobación de los mandatarios en horas de la tarde. «Mantendremos los mercados abiertos destacando la importancia de marcos de comercio e inversión ventajosos para todos; continuaremos combatiendo el proteccionismo, incluidas todas las prácticas comerciales injustas y reconoceremos el papel en este ámbito de los instrumentos legítimos de defensa», reza el texto del acuerdo en materia de comercio. Los Veinte se comprometen por tanto a esforzarse «por garantizar posibilidades equilibradas a través de la promoción de un ambiente favorable para el comercio y la inversión. Asimismo reafirmamos la importancia de la transparencia de relaciones comerciales previsibles y beneficiosas para ambas partes», continúa. Un texto que dice lo contrario del postulado «America first» de Trump, pero que deja abierta la puerta a políticas proteccionistas puntuales. Una concepción muy amplia de esos «instrumentos legítimos» incluiría los aranceles que Trump amenazó con imponer a las importaciones de acero y que Europa considera que violarían las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). En la antesala de la reunión, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, había advertido claramente a Estados Unidos que los europeos también responderían con medidas y se especulaba con que gravarían las importaciones agrarias estadounidenses, arrancando así la temida guerra comercial. Pero no parece ser el caso, puesto que el documento recoge también el compromiso por ceñirse a las reglas de los organismos internacionales como la OMC, la Conferencia de las Naciones Unidas de Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Además se llama a los entes internacionales como la OCDE, la OMC, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a continuar su labor «para entender mejor los impactos del comercio e informar a los líderes del G20 en 20182, un reconocimiento a los foros internacionales y a la multilateralidad que nadie garantizaba con Trump en Hamburgo».
08-07-2017 | Fuente: abc.es
El G-20 sigue fiel al libre comercio
EE.UU. no abrirá una guerra comercial, como muchos predecían, y se ha limitado a introducir en el documento final de la cumbre del G20 una frase que reconoce «el papel de instrumentos legítimos de defensa» en el ámbito comercial. El Grupo de los Veinte logró esta formulación durante negociaciones que se han prolongado toda la noche del viernes al sábado y consiguen que la cumbre no termine con un fracaso, al menos en este fundamental apartado. El libre comercio, vaca sagrada del mundo capitalista, ha definido la economía global desde la II Guerra Mundial en adelante y pasa ahora por un cuestionamiento que parte de la administración estadounidense encabezada por Donald Trump y que se alimenta de la salida de Reino Unido de la UE. El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha planteado la posibilidad de abandonar varios acuerdos comerciales, en particular el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá (NAFTA, por sus siglas en inglés). Incluso la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha propuesto nuevas barreras a las importaciones mientras que en Europa las negociaciones comerciales con Estados Unidos y Canadá han tropezado con dificultades. También se han estancado las negociaciones de liberalización del comercio mundial conocidas como la Ronda Doha de la OMC y la cumbre del G20 tenía como uno de sus objetivos lograr una declaración conjunta que frene ese proceso y demuestre que la economía global puede seguir contando con el activo del comercio internacional. Adam Smith, el economista escocés del siglo XVIII que muchos ven como el fundador de esa ciencia, ya estaba a favor del libre comercio. Fue David Ricardo, en el siglo XIX, quien expuso el concepto de la ventaja comparativa que Trump impone ahora desde Washington. Pero, teorías aparte, la práctica parece demostrar que las restricciones comerciales que los gobiernos imponen como barreras, en particular aranceles o impuestos-, tienen impacto sobre las importaciones y sobre el PIB. Las empresas y los trabajadores que están protegidos pueden vender más de sus productos en el mercado doméstico a corto plazo, pero los consumidores pierden, al tener que pagar un precio más alto. Y por consumidores hemos de entender también las empresas, a las que les resulta más caro producir y terminan vendiendo menos, la pescadilla que se muerde la cola. El economista francés Frederic Bastiat, del siglo XIX, lo expuso así: «No tiene más sentido ser proteccionista porque otros países tienen aranceles; es como bloquear nuestros puertos porque otros países tienen costas rocosas». Pero Trump piensa que los beneficios del proteccionismo superan a sus costes, al menos en materia de creación de empleo. En Hamburgo ha hecho declaraciones en las que se quejaba de que «durante décadas nos han estado arrancando nuestros puestos de trabajo en EE.UU.» y determina que el libre comercio ha tenido perdedores (EE.UU.) y ganadores (Alemania y China), por lo que se temía que en esta cumbre del G20 se negase rotundamente a posicionarse a favor. De momento, ha logrado el reconocimiento de esos «instrumentos legítimos de defensa» en el ámbito comercial que no se concretan en el documento y cuya aplicación a la práctica terminará de definir si el libre comercio sigue pareciéndose al que conocíamos hasta ahora o no. El comunicado final del G20, ya pactado en ese punto, será sometido a la aprobación de los mandatarios en horas de la tarde. «Mantendremos los mercados abiertos destacando la importancia de marcos de comercio e inversión ventajosos para todos; continuaremos combatiendo el proteccionismo, incluidas todas las prácticas comerciales injustas y reconoceremos el papel en este ámbito de los instrumentos legítimos de defensa», reza el texto del acuerdo en materia de comercio. Los Veinte se comprometen por tanto a esforzarse «por garantizar posibilidades equilibradas a través de la promoción de un ambiente favorable para el comercio y la inversión. Asimismo reafirmamos la importancia de la transparencia de relaciones comerciales previsibles y beneficiosas para ambas partes», continúa. Un texto que dice lo contrario del postulado «America first» de Trump, pero que deja abierta la puerta a políticas proteccionistas puntuales. Una concepción muy amplia de esos «instrumentos legítimos» incluiría los aranceles que Trump amenazó con imponer a las importaciones de acero y que Europa considera que violarían las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). En la antesala de la reunión, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, había advertido claramente a Estados Unidos que los europeos también responderían con medidas y se especulaba con que gravarían las importaciones agrarias estadounidenses, arrancando así la temida guerra comercial. Pero no parece ser el caso, puesto que el documento recoge también el compromiso por ceñirse a las reglas de los organismos internacionales como la OMC, la Conferencia de las Naciones Unidas de Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE). Además se llama a los entes internacionales como la OCDE, la OMC, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a continuar su labor «para entender mejor los impactos del comercio e informar a los líderes del G20 en 20182, un reconocimiento a los foros internacionales y a la multilateralidad que nadie garantizaba con Trump en Hamburgo».
06-07-2017 | Fuente: abc.es
Angela Merkel: «No me veo como mediadora entre Trump y Putin»
El presidente de Rusia, Vladimir Putin y su homólogo estadounidense mantendrán mañana su primer cara a cara en el marco de la cumbre del G20 en Hamburgo. Todo ello, en un contexto en que parece muy lejano la cálida bievenida que dispensaron al magnate desde Moscú cuando derrotó a la demócrata Hillary Clinton en las elecciones del pasado mes de noviembre. Las expectativas que se había creado sobre una mejora de las difíciles relaciones entre Moscú y Washington, no se han producido y Trump se verá cara a cara con su homólgo ruso seis meses después de aterrizar en la Casa Blanca. Sobre el tapete las discrepancias siguen concentrándose en Ucrania y Siria, tal y como sucedía con la anterior administración estadounidense. Por este motivo, desde el Kremlin han afirmado que se trata en mucho más que un saludo. «Esperamos que se establezca un diálogo de trabajo que es vitalmente necesario para el mundo, a fin de elevar la eficacia a la hora de resolver la masa crítica de conflictos y problemas que aumenta día a dia», ha apuntado el portavoz del Kremlin Dmitri Peskov. Desde Alemania, país anfitrión de la cumbre, Merkel ha asegurado sobre el primer cara a cara de los mandatarios que «no me veo a mí misma como mediadora entre Trump y Putin, ya que tenemos posiciones nítidas en temas como Ucrania», en referencia a sus críticas sobre la presencia rusa en este país. En esta primera visita a Alemania de Trump, Merkel ha anunciado que «representará los intereses de Alemania y Europa y que el rol de anfitriona es el de buscar acuerdos». Entendimientos que ve factibles en temas como el cambio climática. «Sabemos que Estados Unidos quieren dejar el Acuerdo del Clima de París, pero creo que hay muchas otras materias sobre la que podemos ponernos de acuerdo». Por su parte, el exlíder soviético Mijaíl Gorbachov ha pedido este jueves al presidente de Rusia, Vladímir Putin, y su colega de EEUU, Donald Trump, que den un impulso a la relación bilateral de la misma forma que él lo hizo en la cumbre de Reikiavik con el entonces mandatario estadounidense Ronald Reagan: «Se necesita ahora que los líderes (de Rusia y Estado Unidos) den un impulso (a las relaciones), como ocurrió en Reikiavik en 1986», ha apuntado el expresidente de la URSS en declaraciones a la agencia RIA Novosti. A su juicio, este esfuerzo debería de tener incidencia «en todo el abanico de cuestiones y no solo en algunos puntos, por muy importantes que sean estos». El padre de la Perestroika ha insistido en que «hay que poner todo sobre la mesa y restablecer el mecanismo de la cooperación». En esta línea Gorbachov ha lamentado que el primer encuentro entre Putin y Trump, que tendrá lugar mañana en el marco de la cumbre del G20 en Hamburgo, se produzca con tanta tardanza: «Se ha perdido mucho tiempo que hay que recuperar con el fin de restablecer la confianza», ha explicó. El exmandatario soviético también ha recordado que en 1985 el entorno de Reagan no quería que asistiera a la cumbre de Ginebra.
06-07-2017 | Fuente: abc.es
Trump: «Habrá que hacer algo con Corea»
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha amenazado hoy desde Varsovia con que «habrá consecuencias» por lo que ha calificado como «el mal comportamiento del Gobierno de Corea del Norte». Se refería a la orden de lanzamiento por parte de Kim Jong-un de un misil intercontinental capaz de llegar a Alaska, el territorio de EE.UU. más cercano a sus costas. En rueda de prensa conjunta con su homólogo polaco, Andrzej Duda, Trump ha reconocido ciertas reservas y ha admitido que no le gustaría que «Corea del Norte se convierta en una nueva Siria», pero se ha mostrado muy seguro al afirmar que «habrá que hacer algo» ante el camino emprendido por el gobierno de Pyongyang, que considera «peligroso» y «vergonzoso». Trump agregó que la administración estadounidense está analizando varias respuestas «severas», pero no ha querido entrar en detalles sobre una posible reacción militar de Washington contra Corea del Norte. «Yo no dibujo líneas rojas», ha respondido, recordando el «gran error» que a su juicio supuso para su antecesor, Barack Obama, trazar la línea roja de las armas químicas en Siria. Trump no ha tenido reparos en acusar durante este viaje internacional a Obama de haber sabido de la interferencia rusa en las elecciones estadounidenses y de no haber hecho nada «porque creía que la candidata de su partido, Hillary Clinton, iba a ganar», dando por hecho que, efectivamente, tanto Rusia como «otros países y personas» interfirieron en el proceso electoral norteamericano. «Si hubiese pensado que él iba a ganar los comicios presidenciales de noviembre, sí que hubiese actuado», ha dicho, para a renglón seguido volver al asunto de Corea y repetir que «lo que sí puedo afirmar con seguridad es que habrá consecuencias». El presidente estadounidense inicia así su visita a Europa para asistir a la cumbre del G20 que se celebra a partir de mañana en Hamburgo, Alemania. Su primer mensaje ha sido un llamamiento a las naciones aliadas a que se sumen, no sólo a combatir el terrorismo, sino también la amenaza de Corea del Norte. Su tono ha sido más conciliador que en otras ocasiones, Trump ha reconocido en Varsovia haber sido «muy duro» estos últimos meses con los aliados de la OTAN que no gastan el 2 % de su Producto Interior Bruto en Defensa, pero se ha felicitado por el hecho de que ahora, precisamente gracias a su «insistencia», el dinero europeo está fluyendo hacia la Alianza Atlántica. Para tranquilidad de su primer anfitrión y dado que Polonia se siente muy amenazada por Rusia, el presidente de EEUU ha garantizado que su país está ?comprometido? con la defensa del centro y este de Europa, y ha criticado la actividad ?desestabilizadora de Rusia en el continente. Esta tarde, ya en Hamburgo, Trump se reunirá con la canciller alemana Angela Merkel y dejará entrever hasta qué punto está dispuesto a ceder en su postura sobre puntos cruciales en la cumbre del G20, como son la protección del clima, una declaración a favor del libre comercio, un plan Marshall para el desarrollo de África y una línea de actuación común sobre inmigración y refugiados. El presidente de Polonia, Duda, ha calificado de «histórica» la visita y ha afirmado que Washington es consciente de que Polonia es un país importante y líder en Europa Central. «Para nosotros, la visita del presidente Donald Trump es realmente muy importante, incluso diría que, si uno mira el contexto de esta visita, se puede decir que es incluso histórica», ha dicho, «Trump sabe de la importancia y el peso de Polonia, uno de los mayores países de Europa, y por eso viene a Varsovia». Entre los analistas, sin embargo, parece haber bastante consenso acerca del motivo por el que Trump ha pisado Europa en Polonia, y no en Alemania, y que no sería otro que desairar conscientemente a Angela Merkel, anfitriona del G20 y dispuesta a hacer triunfar en la cumbre posiciones radicalmente contrarias a las de EE.UU. Duda ha aprovechado la ocasión para hablar directamente con Trump de temas cruciales para su país y en las que difiere de Merkel, como la seguridad energética. Polonia desea apostar por la importación regular de gas licuado desde Estados Unidos, una opción con la que busca reducir su dependencia energética de Rusia, principal proveedor de carburante en Europa Central y Oriental. Polonia ya ha recibido un primer cargamento de gas licuado llegado por mar desde Estados Unidos, lo que para Duda hace viable que a largo plazo este carburante llegue desde el otro lado del Atlántico. Después de la reunión con Duda, Trump tiene previsto un encuentro con jefes de Gobierno de Europa Central y Oriental y un discurso en la céntrica plaza Krazinksi de Varsovia, donde se encuentra el monumento al alzamiento de la ciudad contra la ocupación nazi, símbolo de la independencia nacional. El Kremlin responde Por su parte, el Gobierno ruso ha rechazado las declaraciones de Trump y su acusación de que Moscú juegue un papel «desestabilizador» en Europa, y ha confiado en que la próxima reunión entre el mandatario norteamericano y su homólogo, Vladimir Putin, Washington aclare su postura. «No estamos de acuerdo con este enfoque», ha dicho el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, preguntado por esta cuestión en una rueda de prensa, según ha informado la agencia de noticias rusa Sputnik. Peskov ha confesado que el Gobierno ruso «no comprende» la posición estadounidense. «Por ello esperamos el primer encuentro entre los dos presidentes (..) Será una buena oportunidad para conocerse y entender el verdadero enfoque de cada uno en las relaciones bilaterales», ha apuntado. Trump y Putin se reunirán por primera vez este viernes en los márgenes de la cumbre del G20 que se celebra en la ciudad alemana de Hamburgo. El secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, espera igualmente que sea «un buen intercambio».
03-07-2017 | Fuente: abc.es
Estados Unidos quiere que la Unión Europa se sume a las sanciones contra Venezuela
El director de la oficina de políticas e implementación de sanciones de la Casa Blanca, Tarek Fahmy, ha iniciado una gira por Europa para convencer a los aliados europeas de que dicten sanciones contra la Venezuela de Nicolás Maduro. Tras reunirse con miembros del Ministerio de Exteriores, Fahmy mantuvo un encuentro con periodistas en la embajada estadounidense en el que dejó constancia de su «creciente preocupación» por la situación del país latinoamericano y destacó la importancia de España a la hora de implementar las sanciones por su «especial relación» con Venezuela. Hasta la fecha, Bruselas no ha querido adoptar medidas contra el gobierno venezolano, a pesar de la resolución aprobada en abril por la Eurocámara en la que se denunciaba la «brutal represión» ejercida por Maduro. Por su parte, Estados Unidos mantiene en vigor sanciones parciales contra una veintena de personas y entidades venezolanos, entre policías, militares y miembros del Tribunal Supremo, que tienen sus activos congelados en los bancos estadounidenses y prohibida la entrada al país. Además, está sancionado el vicepresidente venezolano Tareck el Aissami por su «significativo papel en el narcotráfico internacional», en palabras del Departamento del Tesoro. Por el momento no se han aplicado sanciones sectoriales o contra las importaciones, como las que sí rigen para Cuba o Corea del Norte, ya que, asegura Fahmy, «no buscan hacer daño al pueblo venezolano». «Las sanciones son un elemento más de nuestra política exterior, no el único», explicó el director, «es difícil decidir qué sanciones imponer porque no sabemos qué va a pasar en el futuro. Continuamente estamos revisando las sanciones y negociando su implementación con nuestros aliados». En el caso concreto de Venezuela, son varias las dificultades que encuentra la Administración estadounidense, como la millonaria compra de deuda venezolana por Goldman Sachs o su enorme dependencia petrolífera (hasta el 9% de las importaciones de crudo en Estados Unidos provienen de Venezuela). Rusia, Irán y Corea del Norte Tarek Fahmy hizo también referencia a las sanciones que EE.UU mantiene contra otros países. En el caso de Rusia, expresó su convicción de que «es importante mantener la presión hasta que no veamos cambios palpables». Hacía referencia Fahmy al acuerdo de paz de Minsk, firmado para poner fin a la guerra en Ucrania y cuyo incumplimiento por parte de Rusia ha propiciado que tanto EE.UU como la UE apliquen sanciones contra las finanzas y la energía rusas, sanciones prorrogadas esta misma semana por seis meses más. Respecto a Irán, Fahmy destacó que «ambas partes están cumpliendo su parte del acuerdo», y por tanto están siendo retiradas las sanciones contra Teherán. El detenimiento del programa nuclear iraní ha llevado a Washington a levantar las sanciones que afectaban a bancos, empresas e individuos relacionados con la industria atómica. Este mismo fin de semana, Donald Trump, tras reunirse con el presidente surcoreano, le pidió al mundo una «respuesta decidida» contra el régimen de Pyonyang. «Estados Unidos llama a otros poderes regionales a unirse a nosotros en la implementación de las sanciones ya existentes», y que implican la prohibición de comerciar con Corea del Norte o la congelación de sus activos entre otras medidas. La aceleración de la carrera armamentística y el incremento de las provocaciones ha convertido a Corea del Norte en «una de las prioridades de este gobierno», aseguró Fahmy. Hace pocos días, EE.UU sancionaba a un banco chino tras acusarle de servir como puerta de acceso de Corea del Norte al sistema financiero estadounidense.
29-06-2017 | Fuente: abc.es
Merkel reagrupa al G-20 en la defensa del clima
«No vamos a quedarnos esperando hasta que el último se convenza con las pruebas científicas disponibles de que el cambio climático es una amenaza», ha dicho, sarcástica, la canciller alemana en su declaración de gobierno ante el pleno del Bundestag y de cara a la cumbre del G-20, preparatoria de la de Hamburgo, en la que se reúnen hoy en Berlín los jefes de gobierno europeos de países miembros del club de los 20. Merkel estaba aludiendo sin citarlo a Donald Trump, al que se ha referido también indirectamente cuando anunciaba que el G-20 está dispuesto a defender el libre comercio. «El que crea que los problemas de este mundo se pueden solucionar con el aislamiento y el proteccionismo, comete un craso error», ha dicho en su intervención en el Reichstag, «por eso, hoy más que nunca, sólo juntos conseguiremos encontrar las respuestas correctas a las cuestiones centrales de nuestros tiempos». «Desde la decisión de Estados Unidos de abandonar el acuerdo del clima de París estamos más decididos que nunca a trabajar para que sea un éxito», ha desafiado desde el gobierno alemán y con el apoyo sin excepción de todos los grupos parlamentarios. Ante el pleno del parlamento alemán, Merkel ha reconocido que el disenso con Estados Unidos en este campo es notorio. «Disimularlo no sería honesto. En todo caso yo no lo haré», ha admitido, después de que el semanario alemán «Der Spiegel» haya publicado que su equipo de gobierno trabaja en la elaboración de un documento para enviar desde la cumbre del G-20, que se celebrará el próximo mes en Hamburgo, con un mensaje claro a favor de la protección del clima, aunque el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, habría sugerido a Merkel no incluir el tema del clima en la declaración final de la cumbre para asegurarse el apoyo de Trump. Un desafío existencial Merkel ha adelantado un «gran consenso» y ha calificado la protección climática es un «desafío existencial». «En otras palabras, el acuerdo del clima es irreversible y no es negociable», ha sentenciado sobre el asunto. A lo largo de su discurso, Merkel ha insistido en que estos principios son válidos, tanto para el G-20 como para la Unión Europea, a la que ha descrito en un momento de entusiasmo gracias a la resurrección del eje franco-alemán. «Helmut Kohl siempre supo», aprovechó para homenajear al líder cristianodemócrata recientemente fallecido, «que para que Europa funcione es necesario una Francia fuerte, una Alemania fuerte y una fuerte relación de confianza entre Francia y Alemania». Desde esta confianza, Merkel ha señalado que la cumbre de la Unión Europea celebrada la semana pasada abordó temas decisivos que también ocuparán al G-20, como la lucha contra el cambio climático, la amenaza del terrorismo internacional, las posibilidades que ofrece la globalización y la digitalización, así como las causas del flujo migratorio. «Ninguno de estos desafíos se detiene hoy en las fronteras de un país», advirtió, «solo juntos podemos afrontarlos». A punto de recibir en la Cancillería de Berlín a la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, a la que se sumarán a mediodía el resto de jefes de gobierno, incluido el presidente Español Mariano Rajoy, Merkel marca territorio y fija distancias con Trump, con cuya administración no dejan de surgir dificultades. Tras varias cancelaciones de visitas, por ejemplo, la ministra de Defensa de Alemania, Ursula von der Leyen, y su homólogo estadounidense, James Mattis, apenas han logrado escenificar esta semana unidad entre Washington, Berlín y Bruselas en un encuentro en Baviera, en el que Mattis ha declarado que «la alianza atlántica se mantiene fuerte y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) es hoy tan relevante como lo fue antaño cuando se fundó». Cancelación de última hora Con las críticas del presidente de Estados Unidos al superávit comercial de Alemania como telón de fondo, el ministro de Comercio estadounidense, Wilbur Ross, ha cancelado por su parte en el último minuto una visita oficial a Berlín. La ministra de Economía de Alemania, Brigitte Zypries, quien esperaba mantener un encuentro de trabajo con su homólogo esta semana, lamentó lo ocurrido y dijo que «es una pena que no haya podido producirse» ese intercambio de opiniones, no solo sobre el superávit comercial, sino también sobre la intención de la Administración estadounidense de poner bajo lupa las importaciones de acero, que afectarían tanto a la industria europea como a la alemana. Los desencuentros entre los dos gobierno, por tanto, van en aumento y marcarán sin duda la reunión del G-20. Un día después del G-7 celebrado en Italia, Merkel no ocultó ya la desconfianza que empaña en la actualidad las relaciones señalando que «los tiempos en los que podríamos confiar completamente en otros han quedado en parte atrás». Merkel ha garantizado, en todo caso, que en el marco del encuentro multilateral, hará todo lo posible para lograr un amplio respaldo de las mayores potencias económicas del mundo a favor del libre comercio.
04-06-2017 | Fuente: abc.es
Merkel encarna la oposición de Europa al nuevo nacionalismo de Trump
Merkel ha respondido a la decisión de Trump de abandonar el Pacto del Clima llamando a las naciones del mundo a no seguir su ejemplo y a respaldar un nuevo liderazgo de Occidente que, involuntariamente, parece recaer sobre sus hombros. «Al contrario, emprenderemos el camino con resolución, en Alemania, en Europa y en el mundo, para unir todas las fuerzas y hacer frente a los grandes desafíos de la humanidad», dijo en unas declaraciones a la prensa, a la que había convocado precipitadamente y fuera de agenda. «Nada nos va a detener», enfatizaba su voluntad de llegar hasta el final. En ninguno de los numerosos momentos críticos de sus tres legislaturas había la metódica Merkel convocado a los periodistas en la Cancillería con apenas media hora de antelación. Ni con ocasión de la crisis nuclear de Fukushima, que la llevó a legislar el abandono exprés de la energía atómica en Alemania; ni tras la invasión de Crimea por parte de Rusia, una crisis a la que después ha dedicado esfuerzos ímprobos; ni cuando llegaron un millón de refugiados sin avisar en Alemania; ni siquiera tras los atentados terroristas que han estado sufriendo las capitales europeas, incluida Berlín. «Bueno, Trump ha hecho saltar muchas agendas», justificaba el personal de su oficina. Pero en absoluto se trataba de una reacción improvisada. Merkel, de hecho, contaba seguramente con que esto iba a suceder cuando a principios de año decidió presentar por cuarta vez su candidatura en las elecciones generales alemanas que tendrán lugar en septiembre. La canciller ha mantenido la relación de confianza con Obama e incluso se ha acercado a Ivanka TrumpEn el momento de tomar esa decisión, Trump había llegado a la Casa Blanca y el equipo alemán había tendido puentes hacia la nueva administración estadounidense, como la estrecha relación de la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, con el secretario de Defensa de EE.UU., James Mattis, o los contactos establecidos por el exministro Karl Theodor zu Guttenberg. Merkel, por su parte, ha mantenido la relación de confianza con Obama e incluso se ha acercado personalmente a Ivanka Trump, para la que organizó un foro de mujeres del G20 en Berlín. La canciller se ha esforzado por conocer a fondo al nuevo presidente de EE.UU. y ha soportado con paciencia sus salidas de pata de banco, hasta dar con el asunto global y causa a su juicio suficientemente noble que justificase un plante en toda regla, la lucha contra el cambio climático. Merkel ha identificado el momento para plantar la resistencia que siempre supo que terminaría presentando ante el nacionalismo político y económico enarbolado por Trump. «Para afrontar retos internacionales que ponen en cuestión nuestros valores, nuestros intereses y nuestra forma de vida», explicó en su día los motivos por los que se presentaba de nuevo a las elecciones. Norbert Röttgen, el portavoz en materia de Exteriores y Seguridad de la Unión Cristianodemócrata (CDU), justifica el paso hacia delante de Merkel explicando que es Trump el que ha abdicado del liderazgo de décadas de EE.UU. «El presidente estadounidense no está en situación de liderar la Alianza Atlántica, ni siquiera parece que lo desee», dice, sugiriendo que alguien tiene que hacerlo y recordando que Alemania está hace tiempo dispuesta a aumentar sus gastos en Defensa. Röttgen señala además que el hecho de que Trump haya roto la baraja y se esté repartiendo de nuevo las cartas en el equilibrio global jugará sin duda a favor del proceso de integración europea, que se intensificará a partir del próximo otoño. Extraños amigos Por ahora, la búsqueda de un nuevo equilibrio ha llevado a Merkel a encontrar extraños amigos. Al tiempo que se distanciaba públicamente de EE.UU., ha recibido en Berlín al primer ministro de India, Narendra Modi, y al primer ministro chino, Li Kequiang, con quienes protagonizó sendas declaraciones públicas a favor del comercio global y de la protección del clima, ocultando bajo la alfombra las reivindicaciones alemanas sobre derechos humanos en esos dos países y pasando por alto significativas diferencias culturales, políticas y económicas. Su gran apuesta en este nuevo mapa geopolítico, sin duda, es Europa. Está convencida de que la existencia y fortaleza de la UE es la mejor garantía para la paz, pero todavía tiene que convencer a los socios europeos de que conviene aumentar un gasto militar que, por ejemplo en el caso de España debería doblarse, y resolver el imposible sudoku de la deuda. Quizá esté guardando un as en la manga para después de las elecciones, como un inesperado giro en su hasta ahora tajante negativa a la mutualización de la deuda, que reverdezca las voluntades europeas tras el Brexit. Pero por ahora solo hay declaraciones de buenas intenciones, tanto en las charlas con Macron como en los encuentros asiáticos.
30-05-2017 | Fuente: abc.es
Trump dice que la política comercial y militar alemana es «muy mala» para Estados Unidos
El presidente de EEUU, Donald Trump, ha asegurado este martes que la política comercial y militar de Alemania es «muy mala» para su país y advirtió de que «esto va a cambiar». «Tenemos un déficit comercial enorme con Alemania, además de que ellos pagan mucho menos de lo que deberían en la OTAN. Esto es muy malo para EE.UU y va a cambiar», ha escrito Trump en su cuenta de Twitter. We have a MASSIVE trade deficit with Germany, plus they pay FAR LESS than they should on NATO & military. Very bad for U.S. This will change? Donald J. Trump (@realDonaldTrump) 30 de mayo de 2017Estos comentarios de Trump se producen después de que la canciller alemana, Angela Merkel, asegurara en un mitin el pasado domingo que «los tiempos en los que se podía confiar en otros han quedado atrás», en referencia a EEUU y Reino Unido. Merkel explicó que esa era su conclusión tras las cumbres del G7 y la OTAN, en las que participó Trump y en las que quedaron patentes las marcadas diferencias entre las políticas de la nueva Administración estadounidense y sus socios europeos y occidentales. «Nosotros los europeos tenemos que tomar nuestro destino en nuestras manos», dijo la canciller, sólo dos días después de que Trump calificase de «malos, muy malos» a los alemanes en un encuentro con la cúpula de la Unión Europea, aunque según uno de sus asesores ese calificativo iba dirigido exclusivamente al comercio.
26-05-2017 | Fuente: abc.es
Juncker desmiente que Trump sea «agresivo» con Alemania
Alemania está perpleja. Las declaraciones de Donald Trump durante la cumbre de la OTAN filtradas a la prensa sitúan diplomáticamente a este país entre los enemigos de EE.UU. y por delante de otras potencias tradicionalmente hostiles como Rusia o China. «Los alemanes son malos, muy malos», han sido las palabras textuales del presidente norteamericano, que ha reprochado además a la industria alemana su superávit y sus exportaciones. «Miren solamente la cantidad de coches que venden en EE.UU», ha dicho en Bruselas, «vamos a parar eso». Son varios los medios de comunicación alemanes que, citando diversas fuentes, han reproducido las palabras de Trum, que fueron pronunciadas ayer en presencia del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, además de la jefa de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini. En una rueda de prensa celebrada esta mañana en la ciudad siciliana de Taormina, sin embargo, Juncker ha tratado esta mañana de quitar hierro a las palabras del presidente estadunidense, asegurando que «no fue agresivo con Alemania». Según su versión de los hechos, el encuentro que mantuvieron con el mandatario estadounidense «fue franco y constructivo» y ha desmentido desmentido incluso: «no es verdad que dijera eso sobre los alemanes». Mucho menos contundente se ha mostrado Donald Tusk, quien comparecía en la misma rueda de prensa y ha declinado comentar la noticia, limitándose a comentar que, en estos casos, «se necesitan más bien fontaneros profesionales que diplomáticos indiscretos». Las informaciones publicadas por el semanario Der Spiegel y el periódico Süddeutsche Zeitung, han añadido que las autoridades europeas hubieron de explicar a Trump durante la reunión cómo funciona la UE en el nivel más básico, corrigiendo su idea de que Alemania pudiera adoptar políticas comerciales al margen del resto de los socios del euro y aclarando que no es posible la negociaciones de tratados comerciales con los países europeos uno por uno. Juncker ha reconocido que explicó a Trump que «no debía comparar la posición comercial de Estados Unidos con la de un país individual y ni siquiera con la de la UE». La canciller alemana Angela Merkel, por su parte, solamente ha valorado de forma positiva la decisión de la OTAN de integrarse «formalmente» en la coalición internacional contra Daesh, precisando que no significa que vaya a haber nuevas aportaciones por parte de Alemania a esa lucha, tal como exigió Trump en tono imperativo durante la reunión en Bruselas. La prensa alemana, que se ha caracterizado durante los últimos meses por sus críticas posiciones ante la nueva administración estadounidense, se pregunta ahora por los motivos por los que Trump odia a Alemania, entre los que se cita su éxito económico, la amistad con Obama, la política de refugiados de Merkel, el posicionamiento en organizaciones internacionales y la mentalidad alemana, que a diferencia de Trump, repele el riesgo. No son pocos los analistas que recurren a la psicología familiar y citan también al abuelo de Trump, alemán que emigró a EEUU y que no fue admitido de vuelta por haberse escaqueado del cumplimiento del serivio militar.
26-05-2017 | Fuente: abc.es
Las duras críticas de Trump en Bruselas: «Los alemanes son malos, muy malos»
Alemania está perpleja. Las declaraciones de Donald Trump durante la cumbre de la TAN filtradas a la prensa sitúan diplomáticamente a este país entre los enemigos de EE.UU. y por delante de otras potencias tradicionalmente hostiles como Rusia o China. ?Los alemanes son malos, muy malos?, han sido las palabras textuales del presidente norteamericano, que ha reprochado además a la industria alemana su superávit y sus exportaciones. ?Miren solamente la cantidad de coches que venden en EE.UU?, ha dicho en Bruselas, ?vamos a parar eso?. Son varios los medios de comunicación alemanes que, citando diversas fuentes, han reproducido las palabras de Trump, que fueron pronunciadas ayer en presencia del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y del presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, además de la jefa de la diplomacia comunitaria, Federica Mogherini. En una rueda de prensa celebrada esta mañana en la ciudad siciliana de Taormina, sin embargo, Juncker ha tratado esta mañana de quitar hierro a las palabras del presidente estadunidense, asegurando que ?no fue agresivo con Alemania?. Según su versión de los hechos, el encuentro que mantuvieron con el mandatario estadounidense ?fue franco y constructivo? y ha desmentido desmentido incluso: ?no es verdad que dijera eso sobre los alemanes?. Mucho menos contundente se ha mostrado Donald Tusk, quien comparecía en la misma rueda de prensa y ha declinado comentar la noticia, limitándose a comentar que, en estos casos, ?se necesitan más bien fontaneros profesionales que diplomáticos indiscretos?. Las informaciones publicadas por el semanario Der Spiegel y el periódico Süddeutsche Zeitung, han añadido que las autoridades europeas hubieron de explicar a Trump durante la reunión cómo funciona la UE en el nivel más básico, corrigiendo su idea de que Alemania pudiera adoptar políticas comerciales al margen del resto de los socios del euro y aclarando que no es posible la negociaciones de tratados comerciales con los países europeos uno por uno. Juncker ha reconocido que explicó a Trump que ?no debía comparar la posición comercial de Estados Unidos con la de un país individual y ni siquiera con la de la UE?. La canciller alemana Angela Merkel, por su parte, solamente ha valorado de forma positiva la decisión de la OTAN de integrarse ?formalmente? en la coalición internacional contra Daesh, precisando que no significa que vaya a haber nuevas aportaciones por parte de Alemania a esa lucha, tal como exigió Trump en tono imperativo durante la reunión en Bruselas. La prensa alemana, que se ha caracterizado durante los últimos meses por sus críticas posiciones ante la nueva administración estadounidense, se pregunta ahora por los motivos por los que Trump odia a Alemania, entre los que se cita su éxito económico, la amistad con Obama, la política de refugiados de Merkel, el posicionamiento en organizaciones internacionales y la mentalidad alemana, que a diferencia de Trump, repele el riesgo. No son pocos los analistas que recurren a la psicología familiar y citan también al abuelo de Trump, alemán que emigró a EEUU y que no fue admitido de vuelta por haberse escaqueado del cumplimiento del serivio militar.