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Las playas en Italia, un lujo para ricos

21-07-2022 - Fuente: abc.es
Las playas italianas son un paraíso para algunos, porque en teoría son públicas, pero el 50 por ciento de las costas están gestionadas por establecimientos privados. Por falta de vigilancia, algunos de ellos han privatizado cada centímetro de la costa. Una ley de concurrencia del Gobierno Draghi , exigida por la Unión Europea, podría acabar con increíbles abusos. En un país con 5.000 kilómetros de playas, si se descartan las zonas con mar contaminado, cerca de desembocaduras de ríos o junto a puertos ?lo que no invita a darse un baño?, en realidad solo quedan pocos tramos libres donde es posible darse un baño gratis . La mayoría de las buenas playas italianas están ocupadas por establecimientos para bañistas explotados por manos privadas gracias a las concesiones del Estado. Italia es de hecho el único país europeo que no pone límites a este tipo de concesiones. Los datos de algunas regiones son increíbles. En Liguria y Emilia-Romaña, donde están algunas de las playas más bellas de Italia, el 70% está ocupado por establecimientos privados ; en Campania, el 67,7 %; en la región de las Marcas, el 61,8%. En algunos lugares turísticos, como Forte dei Marmi, en la región de Toscana, se llega al 90%. Esta situación impide a los más pobres darse un baño y tumbarse a tomar el sol sobre una toalla en la playa. Es un derecho que hoy es negado en muchas zonas del país, un caso único en Europa. Para los concesionarios que explotan las playas, el negocio es redondo, pero el Estado percibe una cantidad irrisoria. Así lo estima el Tribunal de Cuentas, cuyos datos indican que en 2020 el Estado recaudó 92,5 millones por 12.166 concesiones «de uso turístico» para establecimientos balnearios, frente a una facturación difícil de estimar con precisión (el negocio 'negro' también está presente), pero que en los últimos años ha sido cuantificada en 15.000 millones de euros anuales por Nomisma, una consultora de estrategia empresarial. Noticia Relacionada reportaje Si Madrid, del éxodo en el Seiscientos a la nueva meca vacacional Jesús Nieto La capital, por motivos económicos, sociológicos o de costumbres, ha cambiado la manera de afrontar la holganza del estío. Eso sí, muy lentamente y con sus particularidades El coste medio de una licencia por el alquiler anual del establecimiento en la playa es de 5.180 euros , pero más de la mitad de las concesiones pagaban una cifra inferior a 2.000 euros (la mediana era de 1.720). Un decreto de 2020 elevó la renta mínima a 2.500 euros para 2021, Pasar una jornada en el mar le cuesta hoy a una familia no menos de cien euros , un 12 % más caro que en 2021. El Codacons, principal asociación en defensa de los consumidores y del medio ambiente, hace estas cuentas: «Teniendo en cuenta los gastos de transporte (combustible), alquiler de una sombrilla y dos tumbonas, bebidas (sándwiches, agua, helado, café) y aparcamiento, una familia (matrimonio y dos hijos) gasta de media este año cien euros en un día de playa, con una media de aumento del 12% en relación con el 2021». Alquilar una sombrilla y dos tumbonas durante el fin de semana, en un establecimiento medio, cuesta entre 25 y 30 euros al día, cantidad que asciende a cien en instalaciones de mayor nivel. Para el abono mensual, las tarifas varían en un establecimiento medio entre 500 y 700 euros, mientras que para el abono de temporada el precio oscila entre 1.500 y 2.200 euros, dependiendo de las zonas de Italia y las instalaciones. Prohibido llevar agua En algunos establecimientos se imponen rígidas normas para sacar más dinero de los clientes. Por ejemplo, Gerardo Della Ragione, alcalde de Bacoli, un municipio de 26.500 habitantes en el área de Nápoles, denunció recientemente a los establecimientos que registraban a los bañistas en busca de alimentos llevados a la playa para obligarlos a utilizar el bar y restaurante de las instalaciones. «Es intolerable prohibir incluso la entrada de botellas de agua a la playa o alimentos de los niños. Es intolerable ?añadió el regidor? registrar, a la entrada de las playas de baño, las neveras portátiles de las familias para impedir el acceso con bocadillos preparados en casa. En Bacoli hay que eliminar estos estos desmanes«, declaró el alcalde a los medios italianos. Conviene distinguir entre los empresarios: no todos son como el de Bacoli, que abusan y se aprovechan, además, de los escasos controles públicos. Algunos son honestos y gestionan bien, preocupándose por respetar el medio ambiente. Los establecimientos en la playa son un negocio redondo, hasta el punto de que algunos personajes famosos han emprendido esta aventura empresarial. Es el caso de Arrigo Sacchi, 76 años, mítico entrenador del Milan y de la selección nacional, que se ha 'reinventado' profesionalmente, abriendo este año el establecimiento Clan 292 , con restaurante, en Milano Marittima, en la costa adriática de la región de Emilia-Romagna, al noreste de Italia. En el establecimiento de Arrigo Sachi las sombrillas son pocas y bien espaciadas, para permitir a los bañistas pasar un día relajado de playa. «La filosofía que proponemos a nuestros clientes del Clan es una acogida familiar en un oasis de paz y belleza», explica Simona Sacchi, mánager e hija del exentrenador. Briatore, emblemático El caso más emblemático es el del empresario italiano Flavio Briatore (72 años), considerado en este país como una especie de rey Midas, porque lo que toca, especialmente en el sector turístico, lo transforma en oro. Es muy famoso su establecimiento toscano Twiga Beach Club, el más lujoso de la costa, cuyo lema es «la playa más soñada de Italia», con 45 tiendas árabes en 5.834 metros cuadrados, en Marina di Pietrasanta, en la provincia de Lucca, a 380 kilómetros de Roma. Factura más de cuatro millones de euros y paga al Estado por la concesión del alquiler de la playa 17.619 euros. Briatore reconoció abiertamente que, en su caso, la tarifa a pagar al Estado no debía descender de los 100.000 euros por la concesión anual. En el Twiga Beach , un día de sol y mar alquilando una tienda árabe (4x4 metros, desde 2 a 6 personas) puede costar un ojo de la cara, dependiendo de los servicios que se pidan y si es por un día, una semana, un mes o toda la estación veraniega. El precio oscila entre los 300 y 1.000 euros por día . La más cara es la 'tienda presidencial', que incluye dos camas marroquíes, televisión, música, wifi, caja fuerte, agua fresca, fruta, ducha, toallas perfumadas y personalizadas, además de camareros a disposición e incluso la seguridad en la playa. El establecimiento cuenta con dos bares, un restaurante, una piscina equipada y otras zonas para relajarse, incluyendo una peluquería. Flavio Briatore, como empresario, expone muy claramente su filosofía sobre el turismo de lujo: « El rico quiere todo y de forma inmediata . Yo sé bien cómo razona quien tiene mucho dinero: no quiere prados ni museos, sino lujo, servicios impecables y mucha movida. Este es el turismo que deja dinero«. Resulta muy difícil encontrar una playa para darse un baño libremente, sin tener que pagar sombrilla y tumbona Legambiente, asociación ambientalista italiana, al igual que otros colectivos, ha denunciado durante muchos años la creciente dificultad para encontrar playas libres . Quienes no pueden o no quieren pagar para darse un baño, deben buscar con paciencia una playa accesible y gratuita. Esta situación se ha mantenido durante décadas. Además de pagar alquileres muy bajos al Estado, los propietarios de los establecimientos en las playas han podido renovar las concesiones automáticamente. Los propietarios constituyen un auténtico lobby, hasta el punto de lograr que fuera letra muerta la llamada 'directiva Bolkestein' de la Unión Europea, aprobada en 2006, que exige concurso público para la concesión de los establecimientos. El Gobierno populista que en 2019 componían el Movimiento 5 Estrellas y la Liga acordó concederles una nueva prórroga hasta 2034. Ahora, con el Gobierno Draghi ha llegado la reforma, impuesta por la Unión Europea, para que Italia pueda recibir los fondos de reconstrucción (220.000 millones de euros en cinco años). El Ejecutivo de Mario Draghi ha presentado un proyecto de ley de concurrencia para liberalizar ciertos servicios, como los establecimientos de playa y los taxis , dos sectores muy sensibles en Italia. De hecho, la Liga contesta el decreto. Las actuales licencias de playas dejarían de ser válidas a partir de 2024. Draghi quería tener aprobado el decreto antes de las vacaciones, pero la caída de su Gobierno pone en riesgo algunas de las sustanciales reformas que introduce, porque se opone la Liga de Salvini. La UE impone el cambio Las nuevas licencias de establecimientos se concederán por concurso público, fomentando la participación de «las pequeñas y microempresas», estableciendo un «número máximo de concesiones» para evitar que grandes grupos controlen las playas italianas. Otro punto importante de la ley es la exigencia de garantizar un equilibrio entre playas libres y con licencia. Además, los concesionarios deben asegurar un impacto mínimo sobre el paisaje, el medio ambiente y el ecosistema. No será fácil poner en práctica la ley, teniendo en cuenta la lucha feroz que ya han planteado los concesionarios. En algunas zonas son evidentes las ilegalidades . Por ejemplo, en establecimientos de Pozzuoli, municipio de 81.600 habitantes en el área de Nápoles, o en Ostia, cerca del antiguo puerto de Roma, se han construido muros y barreras para impedir el acceso a las playas a quien no paga, según han denunciado los medios italianos. Y algunos establecimientos, tanto en el norte como en el sur del país, se han construido sin los permisos correspondientes restaurantes y áreas deportivas o se han eliminado o nivelado dunas para llenar así de sombrillas y tumbonas nuevos establecimientos. Aún queda camino para que en Italia el mar no sea un lujo para ricos.