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El cadáver de una posible víctima de Covid-19 permanece 30 horas en la calle en Río de Janeiro

22-05-2020 - Fuente: abc.es
El cadáver de una posible víctima de Covid-19 permanece 30 horas en la calle en Río de Janeiro
Un cuerpo extendido en el suelo pudriéndose durante 30 horas en la calle de un barrio pobre de Río de Janeiro es el retrato de las grandes diferencias que se viven en los tiempos de Covid-19 en Brasil, país que es el epicentro del coronavirus de América del Sur con más de 20.000 muertes. Mientras unos tienen la protección de buenos hospitales privados y condiciones para protegerse en casa, muchos cuentan con la sanidad pública, de buena calidad, pero que nunca da abasto, menos en una pandemia. Los sistemas de salud en varios estados brasileños han superado su capacidad, con las unidades de cuidados intensivos llenas, incapaces de recibir nuevos pacientes con coronavirus. Valnir da Silva, un hombre pobre de 62 años que vivía en las calles de Río, falleció en una vereda del barrio de Arara, en la zona norte de la ciudad, y es probablemente una de las víctimas no contabilizadas entre los 20.000 muertos que ya se cuentan en Brasil, el tercer país en número de contagios, después de Estados Unidos y Rusia. Especialistas como Domingos Alves, investigador del Laboratorio de Inteligencia en Salud (LIS) de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (USP), creen que hay muchos más casos que no están siendo notificados, probablemente el doble de los oficiales. «La desigualdad en Brasil puede hacer que la pandemia sea más extensa», explica el líder de un grupo de científicos que se han unido para buscar datos más precisos. Uno de los problemas de Brasil, según el especialista, es que Brasil es uno de los países que menos exámenes sobre el contagio han hecho. Manaos, en la Amazonía, llegó a registrar un aumento de personas que mueren en sus hogares, una realidad que puede ocurrir en otras ciudades. El cadáver de Valnir, encontrado por periodistas de la agencia Reuters, permaneció 30 horas en ese barrio marginal, uno de tantos donde la enfermedad se arrastra sin control, no sólo en Río, sino en las ciudades grandes del gigante sudamericano, con 210 millones de habitantes. Según vecinos entrevistados por la agencia de noticias, que llegó al local a las 7 de la mañana del domingo, el cuerpo de Silva estaba en el mismo lugar donde había fallecido el sábado por la mañana, encajonado entre una fila de coches estacionados y una pequeña cancha de fútbol donde pequeños jugaban un partido. La ambulancia lo dejó donde estaba Clientes de un bar vecino contaron que Silva se deprimió tras la muerte de su esposa hace unos meses, motivo que lo llevó a vivir en la calle. Antes de morirse, el sábado, el hombre se quejó de que no podía respirar y los vecinos llamaron a una ambulancia, que no llegó a tiempo. Lo más espeluznante de la historia, es que cuando la ambulancia llegó alrededor de las 4 de la tarde, se fue sin llevarse el cuerpo. Según el registro de defunción verificado por la agencia, los sanitarios se limitaron a registrar su muerte como un paro cardíaco y otra causa no identificada. Según la sanidad pública, la ambulancia no tenía la responsabilidad de recoger el cuerpo y no informó si le hicieron una prueba de coronavirus a Silva. Los vecinos, sin embargo, apuntan a esa causa. La Policía tampoco asumió la remoción del cadáver, porque sólo puede hacerlo en caso de delitos. Esa fue la información dada al hijastro de Silva, Marcos Vinicius Andrade da Silva, de 26 años, cuando se presentó en la comisaría más cercana para pedir ayuda. El joven finalmente consiguió que un servicio funerario se llevase el cuerpo, a las 5 de la tarde del domingo. «Nos sentimos aliviados de haberlo llevado.., pero también muy tristes por lo que sucedió», declaró el muchacho. Silva fue enterrado el lunes, en una ceremonia a la que asistieron cuatro parientes.