Infortelecom


Afganos que reinventaron su vida entre nosotros tras huir del terror talibán

14-08-2022 - Fuente: abc.es
Shadab Rahimi, Khatera Safi y Subot Kohi abandonaron Afganistán para escapar del fundamentalismo islámico impuesto por los talibanes. Refugiados en España, recuerdan y relatan el camino que les llevó a dejar todo atrás para conservar su vida. Shadab Rahimi De San Bernardo SHADAB RAHIMI (26 años) «Cuando vi a ese hombre ahorcado en la grúa, decidí abandonar el país» Shadab Rahimi decidió abandonar Kabul cuando vio a un hombre ahorcado en una grúa cerca de su casa. Ahora vive como refugiado en Leganés, donde toma clases de español. Le gusta «llevar la barba bien afeitada» y pasear por las noches en un parque cercano a su casa, mientras agradece a Dios el hecho de seguir vivo, porque siente que aquí no le va a «matar nadie». Antes de la llegada de los talibanes, trabajaba como informático en una empresa norteamericana y daba clases de inglés a niños de la comunidad. Vivía en una casa cerca del aeropuerto con sus padres, su mujer y una de sus cuatro hermanas. Cuenta que, aunque la protección sobre ellas debía ser constante, puesto que Afganistán nunca fue un país del todo seguro -él mismo fue víctima de un atentado terrorista-, «todas pudieron estudiar en la Universidad». Hoy esto no sería posible. Noticia Relacionada reportaje Si Las escuelas secretas para niñas que desafían a los talibanes Mikel Ayestaran La llegada del 'emirato' supuso el cierre de las aulas para las estudiantes de secundaria y ahora florecen escuelas secretas en domicilios particulares para hacer frente a la decisión talibán Intuía que la firma del Acuerdo de Doha en 2020, que supuso la retirada de facto de las tropas norteamericanas del país, devolvería el terror a sus calles. Cuando se hizo efectiva, siguió por televisión cómo los talibanes, empezando por Kandahar, iban sometiendo provincia tras provincia hasta tomar el Palacio Presidencial de Kabul el 15 de agosto de 2021. Ese día Shadab vio a alguno de sus amigos correr hacia al aeropuerto. Le gritaban: «Ven con nosotros, escapa y salva tu vida». Sin imaginar todo lo que le esperaba, rio y volvió a casa. Fue a la mañana siguiente cuando empezó a ponerse nervioso. Ninguno de sus conocidos respondía al teléfono, la gente estaba huyendo en aviones militares y empezó a escuchar disparos y explosiones fuera de su casa. Su madre no le permitía salir a la calle, «eres nuestro único hijo varón. Si mueres, ¿qué vamos a hacer sin ti?». La situación en la capital afgana ya era insostenible. «Los talibanes patrullaban todas las calles, golpeaban a niños y mujeres y disparaban a la gente. Cuando vi a ese hombre colgado de una grúa , volví a casa y le dije a mis padres que debíamos escondernos y hacer las maletas para huir», cuenta Shadab. Siguiendo las indicaciones del periodista Antonio Pampliega y de Mustafa, un traductor del Ejército español, debían dirigirse al aeropuerto con una prenda de color rojo para que los militares españoles pudieran identificarles. Con muchas dificultades, puesto que la madre de Shadab iba en silla de ruedas y su hermana estaba embarazada, se desplazaron en coche al aeropuerto. A cien metros de la puerta principal, la gente se amontonaba a los lados de la carretera. «Nunca había visto nada igual, parecía una película de zombis». Los talibanes habían bloqueado la entrada principal: «Empezaron a disparar al aire, todo el mundo empezó a correr». Caos en el aeropuerto En ese momento, Shadab, que iba al volante, dio la vuelta y escapó para buscar otro camino, dejando atrás a las milicias talibanes. Cuando consiguieron llegar a la zona desde donde despegaban los aviones militares, se adentraron entre la muchedumbre. «Había más de mil personas amontonadas, durmiendo en el suelo y colapsando el acceso. No podíamos acceder a la puerta, no podíamos volver hacia donde estaban los talibanes y, si nos quedábamos quietos, nos aplastaba la gente que venía por detrás», cuenta. Después de esperar varias horas, la gente empezó a avanzar. «Era la primera vez que estábamos cerca de la puerta de embarque», afirma Shadab. Una vez allí, una soldado búlgara o portuguesa, no lo recuerda bien, disparó al aire para que su madre y su hermana pudieran pasar entre la gente. «Había personas que entregaban a sus niños a los militares. Fueron momentos muy duros. Mi mujer dejó atrás a toda su familia», comenta. Finalmente, Shadab y su familia lograron subir al avión : «Habíamos conseguido dejar atrás la crueldad. Fue la primera vez que me relajé. Me sentía como un pájaro que escapa de una jaula». El 23 de agosto de 2021, después de hacer una parada en Dubai, llegaron a España. Shadab cuenta, con los ojos vidriosos, que nunca olvidará a las primeras personas que le acogieron: «Ahora pienso como una persona que está viva. Allí, cuando me iba a dormir, solo deseaba poder despertar ». Vive con tristeza la situación en la que se encuentra su país, «hay hambre, violencia.. si estás en contra de los talibanes tus vecinos te denuncian y te matan por la noche. Primero que la religión está la Humanidad». Antes de volver paseando a casa, comenta la guerra de Ucrania: «Es un país europeo, Afganistán está en Asia. Soy consciente, primero ayudas a tu vecino, pero no podemos olvidarnos de quien está allí». Khatera Safi Ignacio Gil KHATERA SAFI (27 años) «Los talibanes quieren expulsar a las mujeres afganas de la sociedad» Mujer, fiscal y jugadora del equipo paralímpico nacional de baloncesto, Khatera Safi estuvo amenazada desde el primer momento en que los talibanes volvieron al poder. «El día que llegaron a Kabul fue uno de los peores de mi vida. Yo luchaba por los derechos de las mujeres en Afganistán . Ahora los talibanes quieren expulsarnos de la sociedad», afirma. Trató de escapar del país nada más caer la capital, con la primera operación del Ejército español, Antígona I , pero no lo consiguió: «Esperé tres días en el aeropuerto, estaba colapsado, los talibanes golpeaban a todo el mundo. Hubo una explosión y, como no puedo correr, caí al suelo hiriéndome las rodillas. La gente me aplastaba . Entonces volví a casa para esconderme». Ella y su familia tuvieron que cambiar de localización, ya que muchos vecinos delataban a los disidentes para ganarse el favor del nuevo régimen. Durante dos meses vivieron escondidos , con miedo a que alguien pudiera matarles por el trabajo de Khatera como jurista, contrario a la Ley islámica. «Me sentía como una prisionera. Mi padre salía a veces a por comida, pero no quería que los talibanes le mataran por mi culpa», cuenta. No hay esperanza En octubre de 2021, con la ayuda de la organización 'Too young to wed', huyó a Pakistán junto a uno de sus hermanos, donde estuvieron cinco meses antes de volar a España. Sin embargo, tuvo que dejar atrás al resto de su familia, que todavía permanece en Afganistán: «Cuando finalmente pude venir a España, estaba emocionada y triste al mismo tiempo. No soy del todo feliz aquí . Estoy preocupada por mi familia, ellos siguen en peligro. Viven escondidos, no pueden trabajar y no tienen dinero para comprar comida. Espero que el Gobierno de España pueda ayudarles a escapar». Khatera es pesimista respecto al futuro de Afganistán y de los afganos. Por su especialización, conoce bien las prácticas de los talibanes, así como la 'Sharía' que rige desde hace un año el país. «No hay esperanza para los afganos, especialmente para las mujeres. A ellas no les permiten estudiar, no pueden trabajar, las maltratan. Viven con miedo a expresarse, no pueden ser independientes. Necesitan ayuda», afirma. Ahora, su principal preocupación es encontrar trabajo para pagar las necesidades de sus familiares. Entrena todos los días en el gimnasio que hay cerca del centro de refugiados donde vive. Recibe clases de español, aunque se queja de que «es mucho más difícil que el inglés». Espera poder mudarse pronto a otra ciudad española, seguir estudiando y jugar al baloncesto: «Quiero tener una vida activa en España. Encontrar trabajo cuanto antes, volver a jugar al baloncesto, que es mi pasión, seguir estudiando Derecho y, si se puede, algún día llegar a ser fiscal». Subot Kohi Imagen cedida SUBOT KOHI (67 años) «La comunidad internacional ha vendido a los afganos» Subot Kohi no abandonó Afganistán con la última llegada de los talibanes, sino cuatro años antes. Era periodista en Kabul, lo que, al igual que su ateísmo, le ponía   en el punto de mira de grupos fundamentalistas islámicos. «El Corán tiene paradojas que no se amoldan al presente. Se escribió hace 1.400 años..», afirma. Perdió a 14 compañeros de profesión en un atentado terrorista cerca de la embajada estadounidense. Después de aquello llegó a Madrid, donde regenta un restaurante junto a su mujer. «Durante mi vida he salido y he vuelto en muchas ocasiones a Afganistán. Ahora no creo que pueda. El futuro del país es dramático, el islamismo radical se ha impuesto». Subot cuenta que antes había trabajo, negocios, las mujeres podían estudiar, se celebraban elecciones, había prensa.. «Ahora la gente lucha por llevarse un trozo de pan a la boca. Los intelectuales, los progresistas, la gente que simplemente no es fundamentalista vive escondida. Los niños y las mujeres viven en la pobreza y la inseguridad». Siguió la caída del régimen afgano en manos de los talibanes por televisión. También estuvo en contacto con amigos y familiares que no habían logrado huir del país. De hecho, actualmente intenta que el Ministerio del Interior rescate a dos familias que viven atemorizadas, ya que colaboraron con el Ejército español. «La comunidad internacional ha vendido a los afganos. Estados Unidos ha dejado sin salida a la población», afirma. No está en contra de la retirada de las tropas occidentales, pero achaca el desmoronamiento del Ejército afgano a lo pactado en Doha: «El Gobierno afgano fue engañado, le dijeron a los altos funcionarios que no lucharan contra los talibanes. Podrían haber resistido y la situación del país hoy sería distinta». Subot dice vivir tranquilo y feliz desde su llegada a España. «Quiero agradecer el trato que he recibido. Tenéis un país excelente con una cultura fuerte. No me siento fuera de lugar , no me siento como un extranjero aquí», dice. Sí se queja, sin embargo, del olvido que sufre la causa afgana: «Cuando empezó la guerra en Ucrania todo el mundo se centró en eso. Es normal, se trata de una cuestión importante para las economías europeas, pero nosotros tenemos que pensar en la gente que necesita comer en Afganistán».