LA CUCHARA, de Salvador Enríquez, lleva al grupo Teatro de los Deseos de gira por Jaén
29/11/2007
El Grupo 'Teatro de los Deseos', de Quesada (Jaén) que el pasado abril estrenó en España, en la Casa de Cultura de Quesada, la obra de teatro LA CUCHARA, de Salvador Enríquez, ha comenzado una breve gira por la provincia de Jaén con la citada obra.
El pasado 27 de octubre la representaron en Bailén. Las próximas funciones serán: 3 de noviembre en Mengíbar. 18 de noviembre en Villacarrillo. 29 de noviembre en Bélmez de la Moraleda y 30 de noviembre en Torredelcampo.
La obra está interpretada por Antonio Ramón Gázquez (Ñofo) y Helena Izquierdo. Dirección: Helena y Ñofo, con asesoría en dirección de Benjamín Manzano Badía. En la introducción participan como La Humanidad, Isa, Lía, Noelia, Pili, Virginia y Yolanda.
En la parte técnica están: Sonido: Isa y Noelia. Música: Ñofo. Maquillaje y vestuario: Rosa Valiente. Iluminación: Benjamín Manzano Badía. Escenografía y cartelería: Helena y Nofo.
Sobre LA CUCHARA, escribió el autor en el programa de mano del estreno lo siguiente:
Los dos personajes de La cuchara son, más que nada, símbolos; de ahí que la obra se haya representado en diversos países (Argentina, donde se estrenó; México, El Salvador y Perú) indistintamente por actores y/o actrices. No existe en el texto ninguna connotación que haga referencia a hombre o mujer. El conflicto pretende ir más allá del sexo al que ambos pudieran pertenecer.
Pero, eso sí, son símbolos “humanizados”, con toda su carga de ambiciones y deseos. Están inmersos en el conflicto por la supervivencia. Un conflicto, por otra parte, muy humano, más aún si éste se plantea, como ocurre en La cuchara, en la situación límite en la que el mundo –nuestro mundo- ha llegado a su fin y es necesario comenzar de nuevo. Para ese imaginario comienzo se toma el barro como un símbolo de la creación, según la Biblia, y al mismo tiempo de la riqueza que puede originar, pero esta riqueza, en contra de lo que se pudiera pensar, no lleva a la felicidad, sino a la destrucción.
Las ambiciones desmesuradas, el desigual reparto de la riqueza, la ambición de poder, son otros tantos ingredientes con los que se construye esta obra breve.
Lo que se ve, la situación escénica en la que se encuentran los personajes, es irreal; la letra, lo que se dicen, sí podría ser real. De dar cuerpo a esos personajes (“Gran” y “Pobre”) se ocupan en esta función Ñofo y Helena Izquierdo, con la ayuda de Benjamín Manzano. Ellos, con su trabajo, tratarán de hacernos reflexionar sobre un conflicto que, posiblemente, no nos sea ajeno.
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